POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE.
La fascinación, asombro o espanto que resultan de consultar a través de la Internet múltiples condiciones de “búsqueda”, nos ha llevado a pensar que gracias a esta herramienta y en términos de información, lo tenemos todo a nuestro alcance. Bueno…, casi todo. Grandes centros educativos de reconocimiento mundial, como la Universidad Nacional Autónoma de México, ha puesto al alcance del usuario TODA LA UNAM EN LÍNEA (http://www.unamenlinea.unam.mx/). Ello refiere que, en su primera etapa ya están a sólo un clic de los interesados buena parte de sus acervos, y con el tiempo supongo, se encontrará todo aquello que ha sido susceptible de digitalizar. Pero no todo. La “panacea” tomará más tiempo.
Y al decir que no todo lo que uno busca aparece finalmente en el menú de resultados, es porque me he encontrado con un caso parecido, casos como el del Centro Cultural “Tres Marías” (Morelia, Michoacán), esfuerzo descomunal que el Dr. Marco Antonio Ramírez ha capitalizado en su colección biblio y hemerográfica –la más importante del país-, acompañada también de valiosas piezas que ya dan forma a un museo que se encuentra en el mismo conjunto. Todo ello ha sido una dedicada atención hacia el tema de los toros, pasión de don Marco Antonio. En el “link” “GARBOSA” (http://www.bibliotoro.com/) cuando uno pretende encontrar ciertos elementos de información, resueltos seguramente a través de la ficha rápida “Dublin-Core”, con todo y las casi cerca de 11 mil referencias, aún no aparece todo. Por ejemplo, cuando uno pide datos sobre Argentina Silver, la búsqueda no produjo ningún documento. Pues bien ¿qué obra existe de esta autora que no refiera “Garbosa”?
Hace tiempo tuve oportunidad de conseguir un curioso, curiosísimo ejemplar de unos cuentos escritos por Argentina Silver, su alias literario. Argentina Fernández para servirle a usted, a Dios y a don Porfirio… El libro es una de esas raras ediciones, que salió de la Imprenta Didot, S. de R.L., ubicada en Naranjo Nº 28, Col. Santa María la Ribera y que vio la luz en 1959. Tiene varios apuntes de QUELAR, incluso el de la portada es de él o ella y que representa a un curioso fantasma, amanoletado, que lleva montera y sale en esa figura siempre representada de los inexistentes fantasmas, emergiendo del ruedo del que para el dibujante, era el ruedo de la plaza de toros “El Toreo” de la colonia Condesa.
La curiosa presentación del volumen impreso en papel revolución, me permiten encontrar en El FANTASMA del TOREO a un sobreviviente editorial, ahora con 53 años, tan frágil que hay que tenerlo en lugar especial para que no siga desprendiendo algo que parece más que polilla, la pulverización provocada por el tiempo.
La autora refiere la extraña presencia de una rara silueta en torno a las calles que un día dieron referencia al emblemático coso. Esa figura según el cuento, se aparecía con bastante frecuencia, lo que ya no provocaba el mismo espanto del principio, e incluso hasta se volvió alguien habitual.
En este raro, rarísimo ejemplo de la literatura mexicana del siglo XX, el tema taurino no escapó a la autora, como también sucede en el todavía más enigmático asunto de otra autora, esta del siglo XVII de la que también un día daré a conocer datos de un impreso que para muchos coleccionistas se volvió un auténtico misterio…
Moraleja: Confiar todo a la Internet no soluciona nuestras vidas.





