RECOMENDACIONES y LITERATURA.

POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE.

 ¿SON LAS REGLAS DE ALBEITERÍA LO MISMO QUE LOS VERSOS DEDICADOS A DON PASCASIO ROMERO, E IGUAL A JARIPEOS?

    Entre 1872 y 1873 se dio a la imprenta un conjunto de versos que, con el paso de los años, se convertiría en himno para los charros y toda esa grey de hombres de campo dedicados en cuerpo y alma a las tareas relacionadas con caballos domesticados para andar entre los ganados mayores, más que menores. Su autor es el conocido Luis G. Inclán, quien publicó a lo largo de muchos años obras que le son características dada la fuerte relación que tuvo con este género de actividades, además de otras, las que demostró como empresario de la plaza de toros del Paseo Nuevo en Puebla, y su gran afecto a las peleas de gallos, sin olvidar la más entrañable historia –también en verso-, dedicada al Chamberín, su caballo más famoso. De igual forma, no podemos olvidar ASTUCIA. El jefe de los hermanos de la hoja. O los charros contrabandistas de la rama. Novela histórica de costumbres mexicanas con episodios originales, y todo su quehacer en el medio periodístico.

   Ese conjunto de versos es, ni más ni menos que DON PASCASIO ROMERO, personaje que debe haber sido íntimo de Inclán. Era un ranchero rico pero… sin experiencia, cuya angustia se tradujo en encontrar a una mujer que quería, y solo encontró un amargo pasaje, a pesar de que al principio

 Distraído y entretenido,

Cuando el crujir de un vestido

Me causó tal atención,

Que me brincó el corazón

Y hasta solté un relincho.

    Y es que aquella muy linda potranca resultó respingona. 

¡Mas cual sería mi pesar

al verla desensillada!

Toda estaba embadurnada

Con muchísima maestría;

El pecho y anca tenía

Con mil trapos figurada.

(. . . . . . . . . .)

Por el chasco que he llevado;

Me tiene huído, azorado

Y sus daños resintiendo.

(. . . . . . . . . .)

Mas yo tonto, presumí,

Mejores a las de aquí

Porque las miré catrinas;

Ya he visto que son charchinas

Y sus mañas conocí.

 

Reniego de mi torpeza

Y juro a Dios, por mi vida,

Que la yegua más lucida

Es manca de la cabeza;

Tanta melena le pesa

Y estando siempre de anquera,

Les resulta una cojera,

Resbalan las herraduras,

Se lastiman las cinturas

Y siempre andan mondaleras.

 

Por fin he quedado hoy día

Ya casado y sin mujer,

Porque quise obedecer

Las reglas de albeitería.

¡Maldita la suerte mía!

¡Maldita mi vanidad!

¡Maldita mi ceguedad!

Abran los ojos, muchachos:

Miren bien, no sean tan machos

Como yo fui, la verdad.

    Pues bien, con esta historia abreviada, no queda sino pasar a la lectura de ambas versiones, una, que ya sabemos es de la inspiración de Luis G. Inclán, mientras que la otra es réplica de la misma, con otras tantas modificaciones, hechas en 1906, ya veremos por quien. El trabajo restante es anotar todas aquellas citas empleadas tanto por Inclán y en JARIPEOS, que ambas exaltan todos esos principios de la veterinaria entendidos como las Reglas de Albeitería. 

DON PASCASIO ROMERO

 

Un don Pascasio Romero

Que gran caudal heredó,

A esta capital llegó

A disfrutar su dinero.

Allá en estilo ranchero

Concibió el extraño plan,

De buscar con mucho afán

Una mujer que quería,

Con reglas de albeitería,

Entre las hijas de Adán.

 

A todas cuantas miraba

Les fijaba la atención,

Les hacía su aplicación

Y mil defectos hallaba.

-Esa-, muy triste exclamaba

mirando una linda güera,

hará pedazos la anquera

es mal pelo ese dorado,

ninguna se me ha logrado

y menos siendo llanera.

 

Aquella otra azafranada

Por alazana es preciosa,

Pero arisca y cosquillosa

Y con siniestra mirada;

Anda tan encapotada

Todo el paso trastocando,

Que falsamente pisando

Y asentando la ranilla,

Cada tranco trastrabilla

Y ya se está emballestando.

 

La rubia sí que es hermosa,

Parece de buena alzada,

Pero anda muy despapada

Y una mondinga horrorosa;

La otra sin duda es más briosa,

Trota sobre la cadera.

¡Ah caramba! Es estrellera

y además gorbeteadora;

por fuerza tropezadora

y de pésima carrera.

 

De buena estampa es la blanca,

Bien amarrada y de rollo,

Pero tiene anca de pollo

Medio cazcorva y lunanca;

Y aunque es todavía potranca

Y está con la cuenca hundida

La crin y cola crecida,

Siempre estará puerca y sucia;

No quiero tordilla rucia

Que es de lejos conocida.

 

Me gusta la morenita

Según y como orejea,

Más de todo pajarea,

Se acochina y encabrita;

No importa que sea mansita

Ni que esté bien arrendada,

Si a cada momento armada

Se agarrota y amartilla;

No sirve para la silla,

Es penca y no vale nada.

 

Me arrancho con la trigueña,

Tiene empaque de ligera,

Mas dicen que es carretera

Y sobre todo mesteña;

Es de pezuña pequeña

Por estar gafa y despeada,

De los encuentros venteada

Por ser muy fogosa y loca;

De mal gobierno, peor boca

Y además encanijada.

 

¡Caramba! –exclamé enojado

mirando tanta lacrada.

¿Qué no habrá una en la manada

Según y como he pensado?

En vano tanto ganado

Que consume las pasturas.

¡Lástima de composturas

Para aparecer graciosas,

Si son charchinas roñosas

Y de tan mala andadura!

 

En fin, tanto me empeñaba

En buscar y rebuscar,

Que al cabo llegué a encontrar

Lo que yo tanto deseaba.

En el zócalo me hallaba

Distraído y entretenido,

Cuando el crujir de un vestido

Me causó tal atención,

Que me brincó el corazón

Y hasta solté un relincho.

 

Pues pasó muy majestuosa

Por enfrente de mi banca,

Una muy linda potranca

Con una cara de rosa;

Chulísima, muy garbosa

Me echó un vistazo al soslayo,

Y yo cual baboso payo

Allí me quedé estacado,

Sorprendido, apajarado

Cual si me cayera un rayo.

 

Al punto, sin dilación

Me la seguí pastoreando,

Y a la vez que iba pensando

Miré con satisfacción:

Lindos ojos de venado,

Color limpio, apiñonado,

Lomo cuate, acanalado,

Con siete cuartas de alzada,

Boca y rienda delicada

Y un camperito asentado.

 

Cabeza bien presentada,

Chica oreja y ancha frente;

Modo de ver imponente,

Modo de andar arrogante;

Testera enjuta y labrada

Con cuello torcaz y espada,

Encuentro preponderante,

Corta carona y cenceña,

Anca ancha, casquimuleña

Y crin y cola abundante.

 

Antes que se escabullera

A la cola me pegué,

Mi pasión le declaré

Para que al tanto estuviera;

Le ofrecí cuanto quisiera:

Buen pesebre, harta cebada,

Mucho mejor ensillada,

Cuidada en caballeriza;

Y con amable sonrisa

Me dirigió una mirada.

 

Ella, sin hacerme caso

El trotecito apuraba,

De vez en cuando orejeaba

Y más apretaba el paso;

Se metió de chiflonazo

En un grande abrevadero.

Sabiendo su comedero

Siempre le seguí la pista,

Y no la perdí de vista

Porque soy muy tesonero.

 

Después de andar de estrellero

Sufriendo y dando de vueltas,

Con recados, cartas sueltas,

Logré entrar a su potrero;

Me costó mucho dinero

El verme correspondido.

Ella sólo había admitido

Si el cura en formal contrato,

Nos echaba el garabato

Y con la coyunda uncido.

 

No hice más que apechugar

Y entré el yugo resignado,

Mi fierro le fue plantado

Y ya no hubo que esperar.

¡Mas cual sería mi pesar

al verla desensillada!

Toda estaba embadurnada

Con muchísima maestría;

El pecho y anca tenía

Con mil trapos figurada.

 

Tres dientes tenía postizos

Y la que pensé potrilla,

Era una yegua de trilla

Y de colmillos macizos;

Por supuesto, sus hechizos

Con un desengaño tal,

Fueron a dar al corral

Y yo me quedé abismado,

Maldiciéndome en castizos

Por guaje y por animal.

 

Era baya deslavada,

Tenía el lomo con uñeras

Empinadas las caderas

Y con la anca derribada;

Lupia, esparaván, tusada

Y por no alargar el cuento,

Un pellejo ceniciento

Picado de garrapata,

Un gabarro en cada pata

Y apestando toda a ungüento.

 

No he visto otra más mañosa

Entre todas las manadas,

Rompía el estribo a patadas

Y era de hocico asquerosa;

Respingona, melindrosa,

Con los asientos quebrados,

Los ijares barbechados,

De muermo siempre amagada,

Matalota rematada,

Penquísima en todos grados.

 

Ensillada y enfrenada

En vano la proponía;

Por otra al pelo no había

Quien me hiciera la cambiada.

¡Qué mas que ni regalada

 

me la quiso un alfarero!

Menos un carretonero

Y costándome tanto oro,

Se la dejé a mi vaquero

Por ver si la mata un toro.

 

Al ver a las forliponas

Tan anchas y encopetadas,

Todas con caras pintadas

Y las gualdrapas amponas,

Rabeosas y respingonas

Y falsedad presumiendo,

De miedo me estoy muriendo

Por el chasco que he llevado;

Me tiene huído, azorado

Y sus daños resintiendo.

 

Por casa las rancheritas

Lucen lo que Dios ha dado,

No hay género almidonado,

Cojines de pinturitas.

Son dóciles y mansitas,

Mas yo tonto, presumí,

Mejores a las de aquí

Porque las miré catrinas;

Ya he visto que son charchinas

Y sus mañas conocí.

 

Reniego de mi torpeza

Y juro a Dios, por mi vida,

Que la yegua más lucida

Es manca de la cabeza;

Tanta melena le pesa

Y estando siempre de anquera,

Les resulta una cojera,

Resbalan las herraduras,

Se lastiman las cinturas

Y siempre andan mondaleras.

 

Por fin he quedado hoy día

Ya casado y sin mujer,

Porque quise obedecer

Las reglas de albeitería.

¡Maldita la suerte mía!

¡Maldita mi vanidad!

¡Maldita mi ceguedad!

Abran los ojos, muchachos:

Miren bien, no sean tan machos

Como yo fui, la verdad.

 

Luis G. Inclán.

 Ahora sigue:

 En la portada del manuscrito, una fotografía del caballo Garañón

Un Ranchero rico pero… sin experiencia.

A mi querido sobrino Gabriel Barbabosa O., y a su digna esposa.

México, D.F., a 13 de octubre de 1964. 

E. Lechuga.

 De Gabriel Barbabosa O., para Luis Barbabosa O. Toluca, Méx., 25 de noviembre de 1979. 

JARIPEOS

 

Un don Pascasio Romero

Que gran caudal heredó,

A esta capital llegó

A disfrutar su dinero.

Allá en estilo ranchero

Concibió el extraño plan,

De buscar con mucho afán

Una mujer que quería,

Con reglas de albeitería,

Entre las hijas de Adán.

 

A todas cuantas miraba

Les fijaba la atención,

Les hacía su aplicación

Y mil defectos hallaba.

-Esa-, muy triste exclamaba

mirando una linda güera,

hará pedazos la anquera;

es mal pelo ese dorado,

ninguna se me ha logrado

y menos siendo llanera.

 

Aquella otra azafranada

Por alazana, es graciosa,

Pero arisca quisquillosa

Y de siniestra mirada,

Anda tan encapotada,

Con el paso trastocando

Que falsamente pisando

Asentando la ranilla

Cada tranco trastabilla

Y ya se está emballestando.

 

La rosilla es primorosa,

Parece de buena alzada,

Pero anda muy despapada

Y una mondinga horrorosa;

La otra si, que es estilosa,

Trota sobre la cadera.

¡Ah caramba! Es estrellera

y además gorbeteadora;

por fuerza tropezadora

y de pésima carrera.

 

De buena estampa es la blanca,

Bien amarrada y de rollo,

Pero tiene anca de pollo

Medio cazcorva y lunanca;

Aunque es todavía potranca

Y está con la cuenca hundida

La crin y cola torcida,

Siempre estará puerca y sucia;

No quiero tordilla rucia

Que es de todos conocida.

 

Me suscribo a la trigueña,

Porque parece ligera,

Pero no que es estrellera

Con mano blanca y anesteña

Tiene la oreja pequeña

Pésimos cascos, espeada

De los encuentros venteada

Por ser muy fogosa y loca

De mal gobierno, pero boca

Y además encanijada.

 

Me gusta la morenita

Según y como orejea,

Más de todo pajarea,

Se acochina y se encabrita;

No importa sea mansita

Ni que esté bien arrendada,

Si a cada momento armada

Se agarrota y amartilla;

No es buena para la silla,

Es penca y no vale nada.

 

Por fin exclamé enojado

Mirando tanta lacrada,

¿Qué no habrá una en la manada,

según y como he deseado;

De valde tanto ganado,

Con sillas tan primorosas,

Lástima de composturas

Para aparecer graciosas

Si son charchinas roñosas

Y de tan mala andadura.

 

En fin, tanto me he empeñado

En buscar y rebuscar,

Que al cabo llegué a encontrar

Lo que ya tanto he deseado.

En el zócalo me hallaba

Distraído y entretenido,

Cuando el crujir de un vestido

Me causó tal emoción,

Que me brincó el corazón

Y hasta pegué un relinchido.

 

Pues pasó muy majestuosa

Por enfrente de mi banca,

Una muy linda potranca

Con una cara de rosa;

Chulísima, muy garbosa

Me echó un vistazo al soslayo,

Y yo cual baboso payo

Allí me quedé estancado,

Sorprendido, apajarado

Cual si me cayera un rayo.

 

Al punto, y sin dilación

Me la seguí pastoreando,

Y a la vez que iba aplicando

Reglas de comparación:

Miré con satisfacción,

Lindos ojos de venado,

Color blanco apiñonado,

Con siete cuartas de alzada,

Boca y rienda delicada

Y un camperito asentado.

 

Cabeza bien presentada,

Larga oreja y ancha frente;

Modo de ver imponente,

Testera enjuta y labrada

Con cuello torcaz y espada,

Encuentro preponderante,

Al despertar arrogante

Corta carona y cenceña,

Anca ancha, patimuleña

Con crin y cola abundante.

 

Antes que se me escabullera,

A su cola me pegué,

Mi pasión le declaré

Para que al tanto estuviera;

 

Le ofrecí cuanto quisiera:

Buen pesebre, harta cebada,

Cuidarla en caballeriza;

Y con amable sonrisa

Me dirigió una mirada.

 

Ella, sin hacerme caso

El trotecito apuraba,

De vez en cuando orejeaba

Y más apretaba el paso;

Se metió de chiflonazo

En un grande abrevadero.

Y sabiendo su comedero

Ya no la perdí de vista,

Y siempre le seguí la pista

Porque soy muy tesonero.

 

Después de andar de estrellero

Sufriendo mil largas vueltas,

Con recados, cartas sueltas,

Logré entrar en su potrero.

 

Me costó mucho dinero

El verme correspondido.

Ella sólo había admitido

Si el cura formal contrato,

Nos echaba el garabato

 

Y con la coyunda uncido.

No hice más que apechugar

Entré al yugo resignado,

Mi fierro le fue plantado

Y no hubo que desear.

¡Mas cual sería mi pesar

al verla desensillada!

Toda estaba embadurnada

Con muchísima maestría;

El pecho y anca tenía.

 

Con mil trapos figurada.

Tres dientes tenía postizos

Y la que juzgué potrilla,

Era una yegua de trilla

Y de colmillos macizos.

 

Por supuesto, sus hechizos

Con un desengaño tal,

Fueron a dar al corral

Y yo, me quedé abismado;

Por guaje, para mi mal

Era baya deslabada

Tenía el lomo con uñeras

Empinadas las caderas

Y con el anca derribada

Lupia, esparaván, tusada,

Y por no alargar el cuento,

Un pellejo ceniciento.

 

Picado de garrapata

Un garbanzo en cada pata

Y apestando toda di ungüento.

 

No he visto otra más mañosa

Entre todas las manadas,

Rompía el vestido a patadas

Respingona, endemoniada,

Con los asientos quebrados,

Los ijares barbechados,

De muermo siempre amagada,

Matalota rematada,

Y de siniestra mirada.

 

En fin semejante bola,

Que mi dada era barata

No es buena para la cola

Y menos para la reata.

 

Ensillada y enfrenada

En vano la proponía;

Por otra al pelo no había

Quien me hiciera la chambiada.

 

Qué mas que ni regalada

me la quiso un alfarero,

Tampoco un carretonero

Y costándome tanto oro,

Por ver si la mata un toro

Se la dejé a un baquero.

Por ver si la mata un toro.

 

Al ver a las forliponas

Tan anchas y encopetadas,

Todas con caras pintadas

Y las gualdrapas amponas,

Raviosas y reparonas

Y falsedad presumiendo,

De miedo me estoy muriendo

Por el susto que he llevado;

Me tiene muy azorado

Y su daño resintiendo.

 

Por casa las rancheritas

Lucen lo que Dios ha dado,

No hay género almidonado,

Cojines de pinturitas.

Son dóciles y mansitas,

Mas yo tonto, presumí,

Mejores a las de aquí

Porque las juzgué catrinas;

Y he visto que son charchinas

Y su daño resentí.

 

Tanta melena le pesa

Y estando siempre de anquera,

Les resulta una cojera,

Resbalan las herraduras,

Se lastiman las cinturas

Y siempre anda mondalera.

 

Por fin he quedado hoy día

Ya casado y sin mujer,

Porque quise conocer

Las reglas de albeitería.

 

¡Maldita la suerte mía!

¡Maldita mi vanidad!

¡Maldita mi ceguedad!

 

Abran los ojos, muchachos:

Miren bien, no sean tan machos

Como fui, a la verdad.

 

Hoy el que quiere encontrar,

A la mujer de su amor,

Se la tiene que buscar

Con tren y a todo vapor,

Para no descarrilar

En la primera estación.

Su mangana y al tirón

No busque de paso o trote

Charra y de pronto garrote

Si no se volca el vagón.

 Copia de la que me obsequió mi querido primo-compadre, que su alma de Dios goce, esperamos en su misericordia infinita (D. E. Paz).

Valeriano Lechuga

 Toluca, agosto 30, 1906

 

DON PASCASIO ROMERO[1]

 

Un don Pascasio Romero

Que gran caudal heredó,

A esta capital llegó

A disfrutar su dinero.

Allá en estilo ranchero

Concibió el extraño plan,

De buscar con mucho afán

Una mujer que quería,

Con reglas de albeitería,[2]

Entre las hijas de Adán.

 

A todas cuantas miraba

Les fijaba la atención,

Les hacía su aplicación

Y mil defectos hallaba.

-Esa-, muy triste exclamaba

mirando una linda güera,[3]

hará pedazos la anquera[4]

es mal pelo ese dorado,

ninguna se me ha logrado

y menos siendo llanera.[5]

 

Aquella otra azafranada[6]

Por alazana[7] es preciosa,

Pero arisca[8] y cosquillosa[9]

Y con siniestra mirada;

Anda tan encapotada[10]

Todo el paso trastocando,

Que falsamente pisando

Y asentando la ranilla,[11]

Cada tranco[12] trastrabilla

Y ya se está emballestando.[13]

 

La rubia sí que es hermosa,

Parece de buena alzada,

Pero anda muy despapada[14]

Y una mondinga[15] horrorosa;

La otra sin duda es más briosa,[16]

Trota sobre la cadera.

¡Ah caramba! Es estrellera[17]

y además gorbeteadora;[18]

por fuerza tropezadora[19]

y de pésima carrera.

 

De buena estampa es la blanca,

Bien amarrada y de rollo,[20]

Pero tiene anca de pollo

Medio cazcorva[21] y lunanca;[22]

Y aunque es todavía potranca

Y está con la cuenca hundida

La crin y cola crecida,

Siempre estará puerca y sucia;

No quiero tordilla rucia[23]

Que es de lejos conocida.

 

Me gusta la morenita

Según y como orejea,[24]

Más de todo pajarea,[25]

Se acochina[26] y encabrita;

No importa que sea mansita

Ni que esté bien arrendada,[27]

Si a cada momento armada

Se agarrota[28] y amartilla;[29]

No sirve para la silla,

Es penca[30] y no vale nada.

 

Me arrancho[31] con la trigueña,

Tiene empaque de ligera,

Mas dicen que es carretera[32]

Y sobre todo mesteña;[33]

Es de pezuña pequeña

Por estar gafa[34] y despeada,[35]

De los encuentros[36] venteada[37]

Por ser muy fogosa y loca;

De mal gobierno, peor boca

Y además encanijada.

 

¡Caramba! –exclamé enojado

mirando tanta lacrada.[38]

¿Qué no habrá una en la manada

Según y como he pensado?

En vano tanto ganado

Que consume las pasturas.

¡Lástima de composturas

Para aparecer graciosas,

Si son charchinas[39] roñosas[40]

Y de tan mala andadura!

 

En fin, tanto me empeñaba

En buscar y rebuscar,

Que al cabo llegué a encontrar

Lo que yo tanto deseaba.

En el zócalo me hallaba

Distraído y entretenido,

Cuando el crujir de un vestido

Me causó tal atención,

Que me brincó el corazón

Y hasta solté un relincho.

 

Pues pasó muy majestuosa

Por enfrente de mi banca,

Una muy linda potranca

Con una cara de rosa;

Chulísima, muy garbosa

Me echó un vistazo al soslayo,

Y yo cual baboso payo[41]

Allí me quedé estacado,[42]

Sorprendido, apajarado

Cual si me cayera un rayo.

 

Al punto, sin dilación

Me la seguí pastoreando,[43]

Y a la vez que iba pensando

Miré con satisfacción:

Lindos ojos de venado,[44]

Color limpio, apiñonado,[45]

Lomo cuate,[46] acanalado,[47]

Con siete cuartas[48] de alzada,

Boca y rienda delicada

Y un camperito asentado.

 

Cabeza bien presentada,

Chica oreja y ancha frente;

Modo de ver imponente,

Modo de andar arrogante;

Testera[49] enjuta y labrada

Con cuello torcaz[50] y espada,[51]

Encuentro preponderante,

Corta carona[52] y cenceña,[53]

Anca ancha, casquimuleña[54]

Y crin y cola abundante.

 

Antes que se escabullera

A la cola me pegué,

Mi pasión le declaré

Para que al tanto estuviera;

Le ofrecí cuanto quisiera:

Buen pesebre, harta cebada,

Mucho mejor ensillada,

Cuidada en caballeriza;

Y con amable sonrisa

Me dirigió una mirada.

 

Ella, sin hacerme caso

El trotecito apuraba,

De vez en cuando orejeaba

Y más apretaba el paso;

Se metió de chiflonazo[55]

En un grande abrevadero.

Sabiendo su comedero

Siempre le seguí la pista,

Y no la perdí de vista

Porque soy muy tesonero.

 

Después de andar de estrellero

Sufriendo y dando de vueltas,

Con recados, cartas sueltas,

Logré entrar a su potrero;

Me costó mucho dinero

El verme correspondido.

Ella sólo había admitido

Si el cura en formal contrato,

Nos echaba el garabato

Y con la coyunda[56] uncido.[57]

 

No hice más que apechugar

Y entré el yugo resignado,

Mi fierro le fue plantado

Y ya no hubo que esperar.

¡Mas cual sería mi pesar

al verla desensillada![58]

Toda estaba embadurnada

Con muchísima maestría;

El pecho y anca tenía

Con mil trapos figurada.

 

Tres dientes tenía postizos

Y la que pensé potrilla,

Era una yegua de trilla[59]

Y de colmillos macizos;

Por supuesto, sus hechizos

Con un desengaño tal,

Fueron a dar al corral

Y yo me quedé abismado,

Maldiciéndome en castizos

Por guaje[60] y por animal.

 

Era baya[61] deslavada,

Tenía el lomo con uñeras,[62]

Empinadas las caderas

Y con la anca derribada;

Lupia,[63] esparaván,[64] tusada[65]

Y por no alargar el cuento,

Un pellejo ceniciento[66]

Picado de garrapata,

Un gabarro[67] en cada pata

Y apestando toda a ungüento.

 

No he visto otra más mañosa

Entre todas las manadas,

Rompía el estribo a patadas

Y era de hocico asquerosa;

Respingona,[68] melindrosa,[69]

Con los asientos quebrados,[70]

Los ijares barbechados,[71]

De muermo[72] siempre amagada,[73]

Matalota[74] rematada,

Penquísima[75] en todos grados.

 

Ensillada y enfrenada

En vano la proponía;

Por otra al pelo[76] no había

Quien me hiciera la cambiada.

¡Qué mas que ni regalada

 

me la quiso un alfarero!

Menos un carretonero

Y costándome tanto oro,

Se la dejé a mi vaquero

Por ver si la mata un toro.

 

Al ver a las forliponas[77]

Tan anchas y encopetadas,

Todas con caras pintadas

Y las gualdrapas[78] amponas,[79]

Rabeosas[80] y respingonas

Y falsedad presumiendo,

De miedo me estoy muriendo

Por el chasco[81] que he llevado;

Me tiene huído, azorado

Y sus daños resintiendo.

 

Por casa las rancheritas

Lucen lo que Dios ha dado,

No hay género almidonado,

Cojines de pinturitas.

Son dóciles y mansitas,

Mas yo tonto, presumí,

Mejores a las de aquí

Porque las miré catrinas;[82]

Ya he visto que son charchinas

Y sus mañas conocí.

 

Reniego de mi torpeza

Y juro a Dios, por mi vida,

Que la yegua más lucida

Es manca de la cabeza;

Tanta melena le pesa

Y estando siempre de anquera,

Les resulta una cojera,

Resbalan las herraduras,

Se lastiman las cinturas

Y siempre andan mondaleras.[83]

 

Por fin he quedado hoy día

Ya casado y sin mujer,

Porque quise obedecer

Las reglas de albeitería.

¡Maldita la suerte mía!

¡Maldita mi vanidad!

¡Maldita mi ceguedad!

Abran los ojos, muchachos:

Miren bien, no sean tan machos[84]

Como yo fui, la verdad.

 

Luis G. Inclán.[85]

   Por su parte, tengo a mi alcance otro texto, seguramente una transcripción enriquecida que hizo en su momento Valeriano Lechuga,[86] que fue redactado en 1906, seguramente padre de este E. Lechuga y charro consumado por añadidura, quien no da crédito a Luis G. Inclán como autor original de la misma pieza, y que debe haber trascendido entre aquellos charros y vaqueros de la región del valle de Toluca.

(En la portada del manuscrito, un retrato del caballo Garañón[87]) 

“Un Ranchero” rico pero… sin experiencia.

A mi querido sobrino Gabriel Barbabosa O., y a su digna esposa.

México, D.F., a 13 de octubre de 1964.

 E. Lechuga. 

De Gabriel Barbabosa O., para Luis Barbabosa O.

Toluca, Méx., 25 de noviembre de 1979.

 

JARIPEOS[88]

 

Un don Pascasio Romero

Que gran caudal heredó,

A esta capital llegó

A disfrutar su dinero.

Allá en estilo ranchero

Concibió el extraño plan,

De buscar con mucho afán

Una mujer que quería,

Con reglas de albeitería,

Entre las hijas de Adán.

 

A todas cuantas miraba

Les fijaba la atención,

Les hacía su aplicación

Y mil defectos hallaba.

-Esa-, muy triste exclamaba

mirando una linda güera,

hará pedazos la anquera;

es mal pelo ese dorado,

ninguna se me ha logrado

y menos siendo llanera.

 

Aquella otra azafranada

Por alazana, es graciosa,

Pero arisca quisquillosa[89]

Y de siniestra mirada,

Anda tan encapotada,

Con el paso trastocando

Que falsamente pisando

Asentando la ranilla

Cada tranco trastabilla

Y ya se está emballestando.

 

La rosilla es primorosa,

Parece de buena alzada,

Pero anda muy despapada

Y una mondinga horrorosa;

La otra si, que es estilosa,[90]

Trota sobre la cadera.

¡Ah caramba! Es estrellera

y además gorbeteadora;

por fuerza tropezadora

y de pésima carrera.

 

De buena estampa es la blanca,

Bien amarrada y de rollo,

Pero tiene anca de pollo

Medio cazcorva y lunanca;

Aunque es todavía potranca

Y está con la cuenca hundida

La crin y cola torcida,

Siempre estará puerca y sucia;

No quiero tordilla rucia

Que es de todos conocida.

 

Me suscribo a la trigueña,

Porque parece ligera,

Pero no que es estrellera

Con mano blanca y anesteña[91]

Tiene la oreja pequeña

Pésimos cascos, espeada[92]

De los encuentros venteada

Por ser muy fogosa y loca

De mal gobierno, pero boca

Y además encanijada.

 

Me gusta la morenita

Según y como orejea,

Más de todo pajarea,

Se acochina y se encabrita;

No importa sea mansita

Ni que esté bien arrendada,

Si a cada momento armada

Se agarrota y amartilla;

No es buena para la silla,

Es penca y no vale nada.

 

Por fin exclamé enojado

Mirando tanta lacrada,

¿Qué no habrá una en la manada,

según y como he deseado;

De valde tanto ganado,

Con sillas tan primorosas,

Lástima de composturas

Para aparecer graciosas

Si son charchinas roñosas

Y de tan mala andadura.

 

En fin, tanto me he empeñado

En buscar y rebuscar,

Que al cabo llegué a encontrar

Lo que ya tanto he deseado.

En el zócalo me hallaba

Distraído y entretenido,

Cuando el crujir de un vestido

Me causó tal emoción,

Que me brincó el corazón

Y hasta pegué un relinchido.

 

Pues pasó muy majestuosa

Por enfrente de mi banca,

Una muy linda potranca

Con una cara de rosa;

Chulísima, muy garbosa

Me echó un vistazo al soslayo,

Y yo cual baboso payo

Allí me quedé estancado,

Sorprendido, apajarado

Cual si me cayera un rayo.

 

Al punto, y sin dilación

Me la seguí pastoreando,

Y a la vez que iba aplicando

Reglas de comparación:

Miré con satisfacción,

Lindos ojos de venado,

Color blanco apiñonado,

Con siete cuartas de alzada,

Boca y rienda delicada

Y un camperito asentado.

 

Cabeza bien presentada,

Larga oreja y ancha frente;

Modo de ver imponente,

Testera enjuta y labrada

Con cuello torcaz y espada,

Encuentro preponderante,

Al despertar arrogante

Corta carona y cenceña,

Anca ancha, patimuleña[93]

Con crin y cola abundante.

 

Antes que se me escabullera,

A su cola me pegué,

Mi pasión le declaré

Para que al tanto estuviera;

 

Le ofrecí cuanto quisiera:

Buen pesebre, harta cebada,

Cuidarla en caballeriza;

Y con amable sonrisa

Me dirigió una mirada.

 

Ella, sin hacerme caso

El trotecito apuraba,

De vez en cuando orejeaba

Y más apretaba el paso;

Se metió de chiflonazo

En un grande abrevadero.

Y sabiendo su comedero

Ya no la perdí de vista,

Y siempre le seguí la pista

Porque soy muy tesonero.

 

Después de andar de estrellero

Sufriendo mil largas vueltas,

Con recados, cartas sueltas,

Logré entrar en su potrero.

 

Me costó mucho dinero

El verme correspondido.

Ella sólo había admitido

Si el cura formal contrato,

Nos echaba el garabato

 

Y con la coyunda uncido.

No hice más que apechugar

Entré al yugo resignado,

Mi fierro le fue plantado

Y no hubo que desear.

¡Mas cual sería mi pesar

al verla desensillada!

Toda estaba embadurnada

Con muchísima maestría;

El pecho y anca tenía.

 

Con mil trapos figurada.

Tres dientes tenía postizos

Y la que juzgué potrilla,

Era una yegua de trilla

Y de colmillos macizos.

 

Por supuesto, sus hechizos

Con un desengaño tal,

Fueron a dar al corral

Y yo, me quedé abismado;

Por guaje, para mi mal

Era baya deslabada

Tenía el lomo con uñeras

Empinadas las caderas

Y con el anca derribada

Lupia, esparaván, tusada,

Y por no alargar el cuento,

Un pellejo ceniciento.

 

Picado de garrapata

Un garbanzo[94] en cada pata

Y apestando toda di ungüento.

 

No he visto otra más mañosa

Entre todas las manadas,

Rompía el vestido a patadas

Respingona, endemoniada,

Con los asientos quebrados,

Los ijares barbechados,

De muermo siempre amagada,

Matalota rematada,

Y de siniestra mirada.

 

En fin semejante bola,

Que mi dada era barata

No es buena para la cola

Y menos para la reata.

 

Ensillada y enfrenada

En vano la proponía;

Por otra al pelo no había

Quien me hiciera la chambiada.[95]

 

Qué mas que ni regalada

me la quiso un alfarero,

Tampoco un carretonero

Y costándome tanto oro,

Por ver si la mata un toro

Se la dejé a un baquero.

Por ver si la mata un toro.

 

Al ver a las forliponas

Tan anchas y encopetadas,

Todas con caras pintadas

Y las gualdrapas amponas,

Raviosas[96] y reparonas[97]

Y falsedad presumiendo,

De miedo me estoy muriendo

Por el susto que he llevado;

Me tiene muy azorado

Y su daño resintiendo.

 

Por casa las rancheritas

Lucen lo que Dios ha dado,

No hay género almidonado,

Cojines de pinturitas.

Son dóciles y mansitas,

Mas yo tonto, presumí,

Mejores a las de aquí

Porque las juzgué catrinas;

Y he visto que son charchinas

Y su daño resentí.

 

Tanta melena le pesa

Y estando siempre de anquera,

Les resulta una cojera,

Resbalan las herraduras,

Se lastiman las cinturas

Y siempre anda mondalera.

 

Por fin he quedado hoy día

Ya casado y sin mujer,

Porque quise conocer

Las reglas de albeitería.

 

¡Maldita la suerte mía!

¡Maldita mi vanidad!

¡Maldita mi ceguedad!

 

Abran los ojos, muchachos:

Miren bien, no sean tan machos

Como fui, a la verdad.

 

Hoy el que quiere encontrar,

A la mujer de su amor,

Se la tiene que buscar

Con tren y a todo vapor,

Para no descarrilar

En la primera estación.

Su mangana[98] y al tirón[99]

No busque de paso[100] o trote[101]

Charra[102] y de pronto garrote[103]

Si no se volca el vagón.

 Copia de la que me obsequió mi querido primo-compadre, que su alma de Dios goce, esperamos en su misericordia infinita (D. E. Paz).

 Valeriano Lechuga

Toluca, agosto 30, 1906.

    Como se ve, son apenas un conjunto pequeño de cambios y modificaciones, lo que altera la forma, no el fondo de este singular verso, emblemático en sí mismo y que ha conseguido fascinar a varias generaciones de charros, de los más ponedores y hasta los que hacen de este deporte nacional solo una expresión de pasatiempo. Ignorar estos versos es como desconocer el catecismo o los diez mandamientos y que entre los charros mismos, es imperdonable. 


[1] Hugo Aranda Pamplona: Luis Inclán El Desconocido. 2a. ed. Gobierno del Estado de México, 1973. 274 pp. Ils., retrs., fots., facs., p. 50. ¿Quién era el tal Pascasio Romero?

   Al respecto, Aranda Pamplona nos responde que Luis G. Inclán, animado también por la publicación del Album microscópico. Ensayos poéticos dedicados a mi simpática y querida hermana Julia, que manuscrito en pequeñísima letra dirigió José Luis a la dama más joven de la familia, el charro escritor se dio el lujo de sacar a la luz y en una hoja suelta, el mejor poema charro jamás escrito: Don Pascasio Romero. A pesar de su brevedad, posee una substancia y un jugo de los más depurados; es una soberbia cátedra de albeitería que desde su aparición hasta hace unos veinticinco años, recitaban a coro y de memoria los auténticos hombres de a caballo, que comprendían a la perfección y gozaban los términos usados por el charro escritor, para describir las andanzas y monólogos del ranchero rico que vino a la capital a buscar esposa, cual si tratara de encontrar una buena yegua de vientre. El campirano fracasó ante la falsedad de las citadinas y tuvo que volver a su terruño casado y sin mujer.

[2] Albeitería: Veterinaria.

[3] Jesús Flores y Escalante: Morralla del Caló Mexicano. México, Asociación Mexicana de Estudios Fonográficos, y Dirección General de Culturas Populares del CONACULTA, 1994. 150 pp. Ils., p. 61.

Güera y/o güero: adj. pop. En México, persona de rasgos no indígenas. Der: güerito (a). / En forma burlona, a los morenos se les dice: “Güero color de piano”.

[4] Anquera: Cubierta de cuero a manera de gualdrapa, que se pone a las caballerías que se están educando para la silla. Antiguamente se usaba como lujo o para torear a caballo.

[5] Llanera y/o llanero: El animal que se ha criado o ha crecido en los llanos.

[6] Azafranada: de color de azafrán, o de tono rojo anaranjado.

[7] Alazana: pelaje simple de las caballerías, del que existen muchas variedades.

[8] Arisco, ca: Áspero, intratable. Dícese de las personas y de los animales.

[9] Cosquillosa y/o cosquilloso: Término empleado por los charros y vaqueros que describe el nervio de los caballos y que solo, con el uso de la anquera es posible controlarles cuando se hace necesario emplear a estos animales para tareas donde deben convivir cerca de ganado mayor.

[10] Encapotar: Recoger el cuello las caballerías, acercando su barba al encuentro, o pecho.

[11] Ranilla: Parte media del casco de los equinos, entre los pulpejos.

[12] Tranco: Paso largo o salto que se da abriendo mucho las piernas. Hablando de caballerías, y por extensión de personas, a paso largo / a trancos, de prisa y sin arte.

[13] Emballestarse: Contraer las caballerías la emballestadura, que es una enfermedad de los equinos, producida por el debilitamiento de sus manos o patas.

[14] Despapar: Llevar las caballerías muy levantada su cabeza.

[15] Mondinga: Marcha de la caballería, que al cambiar el paso más lento y acelerarlo, hace un movimiento parecido al de la cuna, lo que origina otro más rápido y desgarbado, al que se aplican nombre irónicos tales como: caballo de cura, de mondelele, etc.

[16] Brío: Fogosidad de las caballerías.

[17] Estrellear: Despapar demasiado las caballerías, llevando tan levantada que parece que tratan de mirar el cielo.

[18] Gorbetear: Despapar y mover continuamente su cabeza, las caballerías.

[19] Tropezador: Que tropieza con frecuencia.

[20] Carlos Rincón Gallardo y Romero de Terreros (Marqués de Guadalupe Gallardo.-Marqués de Villahermosa de Alfaro.-Ex – Inspector General de las Fuerzas Rurales de la Federación.-Ex – Presidente de la Comisión de Carreras y de la del Stud-Book del Jockey Club de México.-Ex – Presidente del Club de Charros Mexicanos.-Ex – Presidente de la Junta Directiva del Concurso Hípico Mexicano.-Vice – Presidente de Honor del Club Hípico Francés de México.-Juez Honorario del International Jockey Club de México.-Socio Honorario de la Asociación Nacional de Charros): LA EQUITACIÓN MEXICANA. HABANA, 1917. México, Talleres Linotipográficos, J.P. Talavera, 1923. 118 pp. Ils., retrs., fots., p. 44. El autor debe referirse a la acción de usar la reata, y sobre todo cuando esta se amarra a los tientos de la silla una vez que se ha enrollado, con vueltas más bien chicas que grandes, y se sujeta a los tientos o correas que para el objeto tienen las sillas tanto al lado de montar, en el basto, debajo de las cantinas o árganas, cuanto en las que están al lado de la garrocha y que, además, sirven para sujetar los enreatados a la campana del fuste.

[21] Cascorvo: Aplícase a la caballería que tiene las patas corvas.

[22] Lunanca: Aplícase a los caballos y otros cuadrúpedos, cuando tienen una anca más alta que la otra.

[23] Rincón Gallardo…, La equitación mexicana…, op. Cit., p. 17. Tordillo rusio: Enteramente blanco, con el cuero prieto.

[24] Orejear: Mover o empinar las orejas, los animales.

[25] Pajarear: Asustarse las caballerías, moviéndose con violencia.

[26] Acochinarse: Obstinarse las caballerías en no obedecer. Acular, o sea recular con la grupa rígida y el cuello extendido.

[27] Arrendar: Educar las caballerías, haciéndolas a la rienda.

[28] Agarrotarse: Endurecerse la reata de lazar. Ponerse rígidas las caballerías.

[29] Amartillarse: Agarrotarse, amacharse, armarse o plantarse las caballerías.

[30] Penca: Caballería de silla, sin ley ni brío.

[31] Arrancharse: juntarse en ranchos. Acomodarse a vivir en algún sitio o alojarse en forma provisional.

[32] Carretera: Se dice de la caballería que adolece del vicio de huir, cuando, no está montada.

[33] Mesteña: Bestia mostrenca, cerril, huraña. Por extensión se aplica al animal doméstico sin dueño, y a veces, aunque indebidamente, al orejano o sea el que carece de fierro.

[34] Gafa: Caballería que padece gafedad, o sea contracción de los cascos.

[35] Leovigildo Islas Escárcega: VOCABULARIO CAMPESINO NACIONAL. OBJECIONES AL VOCABULARIO AGRÍCOLA NACIONAL PUBLICADO POR EL INSTITUTO MEXICANO DE INVESTIGACIONES LINGÜÍSTICAS EN 1935. México, Editorial Beatriz de Silva, 1945. 287 pp., p. 179. Despeado o espiado: Animal que sufre la despeadura.

Despeadura: En las caballerías, escasez de casco, por desgaste excesivo de la superficie plantar, a causa de caminar el animal sin herraje en pisos ásperos o pedregosos, o por desbastar demasiado el casco al herrarlo, lo que consecuentemente ocasiona dolor al animal y la claudicación consiguiente.

[36] Encuentro: Pecho de la caballería.

[37] Ventear: Marcar a las caballerías con el fierro de la venta.

[38] Lacrada: Bestia caballar que tiene lacras o cicatrices.

[39] Charchina: Caballejo; matalote.

[40] Flores y Escalante…, Morralla del Caló…, op. Cit., p. 122. Roñoso (a). m. Y f.Adj. pop. Modesto, de aspecto escuálido. / Tipo avaro.

[41] Payo: Campesino ignorante y rudo.

[42] Estacado: Se dice por estacada. Conjunto de estacas clavadas en el suelo.

[43] Pastear: Comer el ganado la yerba en el potrero o pastal. Pacer, apacentar. Pero también es la acción del pastor o cuidador de rebaños, de proteger o vigilar a los mismos para que no se produzca la desbandada.

[44] Ojos de venado: Los de las caballerías, cuando presentan un círculo obscuro a su alrededor.

[45] Apiñonado: De color de piñón. Dícese, por lo común, de las personas algo morenas.

[46] Lomo cuate o lomos cuates: El de las caballerías, cuando presenta una especie de canal, que es señal de gordura.

[47] Acanalado o de canal (Caballo): El que por conformación especial, cuando está completamente gordo presente una especie de canal en el lomo y grupa.

[48] Cuarta: Azote para las caballerías, hecho de correas de cuero tejidas. El tiro o parte principal mide por lo regular 21 centímetros (una cuarta), a lo que obedece su nombre; aunque las hay de mayor largo y aún con alma de plomo.

[49] Testera: Frente de los animales. Labrada: la que en los equinos luce como adorno el remolino de pelos, llamado de la cabeza.

[50] Torcaz: Collar. Dícese de la paloma torcaz.

[51] Espada (romana): Remolino de pelo que se forma en el lado izquierdo del cuello de las caballerías.

[52] Carona: Parte del cuerpo de la caballería, sobre la cual se coloca la montura. Sudadero grueso y acojinado que se pone debajo de ésta.

[53] Cenceña: Animal equino que por conformación natural es delgado y enjuto.

[54] Casquimuleño: Dícese de la caballería que tiene los cascos semejantes a los del ganado mular.

[55] Chiflonazo: Suma velocidad con que arrancan o pasan los animales.

[56] Coyunda: Correa fuerte y ancha, o soga de cáñamo, con que se uncen los bueyes.

[57] Uncir: Poner el yugo a las reses que se dedican al tiro.

[58] Desensillar: Quitar la silla a las caballerías.

[59] Islas Escárcega, VOCABULARIO CAMPESINO…, op. Cit., p. 273. Yegua de trilla: La hembra de la especie caballar, llamada antiguamente egua. De trilla: Acción de trillar. Época en que se hace la trilla. Conjunto de lo trillado. En el Norte de México, trilladero.

[60] Flores y Escalante…, Morralla del Caló…, op. Cit., p.60. Guaje: adj. pop. Hacerse el tonto. / Cuando alguno de los cónyuges comete bigamia, “hace guaje” a la pareja. / Vaina entre morada, rojo y verde que contiene unos granos que son utilizados para condimentar salsas y guisar el delicioso “guaxmole”, para algunos paladares exageradamente fuerte. Esta vaina es indigesta y solamente quien está acostumbrado a comerla desde niño está en condiciones de darle el visto bueno. Viene de la voz náhuatl guaxe, que quiere decir vaina. Su uso se extiende a Hidalgo, Puebla, Guerrero, Tlaxcala y Oaxaca. Fruto del cuescozomate que una vez seco sirve de recipiente a la gente del campo como cantimplora y al que cortado a la mitad se le llama jícara.

[61] Bayo: Pelaje de los solípedos, del que existen muchas variedades.

[62] Uñera: Mancha de pelo blanco que en ocasiones presentan las caballerías en el lomo y en otras partes del cuerpo, a resultas de mataduras o rozaduras. Caballo uñerado.

[63] Lupia: Tumor blando que se forma en la parte anterior y media de las rodillas de las caballerías, y que a veces se endurece.

[64] Esparaván: Tumor que afecta la parte interna del corvejón de los equinos.

[65] Tusar: Recortar la cerda a las bestias. También: Tusadero: Acción de tusar a las bestias, comúnmente cerriles.

[66] Probablemente Luis G. Inclán se haya referido a este término “pellejo ceniciento”, a una piel chamuscada o manchada.

[67] Gabarro: Tumor en las partes laterales de la corona del casco, y en la cuartilla de las caballerías.

[68] Flores y Escalante…, Morralla del Caló…, op. Cit., p. 120. Respingo. m. pop. Responder ante una acción de ofensa o de agravio. Quien no respinga es que ya está desmayado o muerto.

[69] Melindroso: Se dice del animal delicado para comer.

[70] Asientos quebrados: Partes de las mandíbulas inferiores de las caballerías, situadas entre los colmillos y las primeras muelas o lugares equivalentes, en las que radica la acción del freno con que se les gobierna. Quebrados: los que están lesionados por la brusquedad del jinete o la acción del freno.

[71] Ijares barbechados: Nombre de las dos cavidades situadas entre las costillas falsas y las caderas de las caballerías. Barbechados: se les dice así cuando por el castigo aplicado con las espuelas, se asemejan a los barbechos.

[72] Muermo: Enfermedad contagiosa de las caballerías, que se caracteriza por la producción de botones y ulceraciones en la piel y en las mucosas.

[73] Amagar: Hacer ademán de herir o golpear. Manifestar en alguien sus primeros síntomas una enfermedad.

[74] Matalote: Caballo pesado, lento, sin brío.

[75] Penquísima: Superlativo de penca, caballería de silla, sin ley ni brío, y/o penco: Caballo, en forma festiva.

[76] Al pelo: Recomendada, o como se dice vulgarmente en México, “así me la recetó el doctor”.

[77] Forlipona: Luis G. Inclán, usa el que ya, en estos tiempos es un anacronismo, pero que debe referirse a las señoras o señoritas de sociedad de muy buena apariencia, tanto física como en belleza.

[78] Gualdrapa: Cobertura larga, de seda o lana, que cubre y adorna las ancas de la mula o caballo.

[79] Ampón: Amplio, repolludo, ahuecado.

[80] Rabeosa: Caballería que rabea, o sea que mueve el rabo con frecuencia en todas direcciones, especialmente cuando se le castiga.

[81] Flores y Escalante…, Morralla del Caló…, op. Cit., p. 34. Chasco. m. pop. Jarro poblano de barro para tomar pulque con el que se juegan bromas. “Llevarse un chasco” es fracasar en algún propósito.

[82] Ibidem., p. 24. Catrina. F. Pop. Jarra poblana o de Guadalajara, comúnmente de vidrio recuperado en color azul o verde que hasta la década de los sesenta dejó de usarse como medida pulquera. De igual forma, también se refiere a las mujeres de una buena condición económica. En el arte, José Guadalupe Posada, hizo de sus “Calaveras catrinas” toda una expresión de la sociedad en tiempos del periodo conocido como “porfiriato”. De igual forma, Catrín, na: Elegante, bien vestido, engalanado, emperejilado.

[83] Mondalera: Flaquencia de las caballerías y de otros animales domésticos.

[84] Flores y Escalante…, Morralla del Caló…, op. Cit., p. 81. Macho: m. Pop. Se dice que los mexicanos somos todos machos, debido a la herencia española, aunque también podría existir influencia prehispánica. El macho mexicano es depredador, inconsciente, abyecto e irresponsable. Por otro lado, el excesivo machismo conlleva muchas características homosexuales reprimidas. Jalisco o algunos jaliscienses han acuñado frases como: “No te rajes, Jalisco…”, “Palabra de macho…”. “Yo soy macho de Jalisco…”, cuando también, en México, todos sabemos que en este estado existe –según la Vox Dei, vox pópuli- un alto grado de homosexualismo.

[85] Aranda Pamplona, Luis Inclán… op. Cit., p. 175-9.

[86] Dato que me proporcionó el Arq. Luis Barbabosa Olascoaga.

[87] Garañón: Caballo semental.

[88] Jaripeo: Conjunto de los ejercicios del deporte nacional mexicano, tales como lazar, colear, jinetear animales brutos y colear la reata. Fiesta en la que se ejecutan dichos ejercicios.

[89] Quisquillosa, sa: Que se para en quisquillas o pequeñeces.

[90] Estilosa: Que tiene modo, manera, forma.

[91] Anesteña: (¿?) No se encontró en los diferentes diccionarios este término.

[92] Espeada: (¿?)No se encontró en los diferentes diccionarios este término.

[93] Patimuleña: Semejante a casquimuleña.

[94] Similar a gabarro.

[95] Flores y Escalante…, Morralla del Caló…, op. Cit., p. 32. El trabajo o la chamba. Trabajo que no tiene todas las características de una labor en forma y se aplica a los subempleados regularmente. / Der: chambón, chambista, chambeador y/o cambiador, chambero.

[96] Raviosas: Igual a rabeosa.

[97] Reparonas: Reparar, corcovear. Saltar las caballerías encorvando el lomo.

[98] Mangana: Lazo que debe de atrapar solamente las extremidades delanteras, o sean las manos de un animal.

[99] Tirón. Tirón falso: En la suerte de colear, el que se da estirando y soltando inmediatamente la cola de la res.

[100] Paso, o paso llano: Andar sencillo y cómodo de las caballerías.

[101] Trote: Marcha de las caballerías, en la cual el cuerpo del animal es soportado en los miembros diagonal y alternativamente.

[102] Charra: Probablemente se refiera a gente o cosa de mal gusto.

[103] Garrote: Garrotazo, trancazo, golpe.

Deja un comentario

Archivado bajo RECOMENDACIONES Y LITERATURA

Deja un comentario

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s