EFEMÉRIDES TAURINAS DECIMONÓNICAS. DE LA PRIMERA A LA QUINTA.

EFEMÉRIDES TAURINAS DECIMONÓNICAS Nº 5.

 LA JURA COMO EMPERADOR DE AGUSTÍN ITURBIDE Y SU POLÉMICO DESENLACE.

PRIMERA de CUATRO PARTES.

 POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE

 Esta efeméride se remonta al 24 de enero de 1823.

    La jura de un monarca supuso, durante el período virreinal un buen conjunto de fiestas de las denominadas repentinas, y donde los festejos taurinos fueron elemento indispensable para su realización. En mi libro Tratado de la poesía mexicana en los toros. Siglos XVI-XXI, incluyo, en el “Anexo de obras”, la reunión de todas –o casi todas- las relaciones, descripciones de fiestas o relaciones de sucesos que tuvieron que ver, y para el caso del que aquí me ocupo, con las juras de diversos monarcas. Tomo 2 de los 365 ejemplos alli relacionados para no desviarme del tema y que refieren la jura del primer Borbón, Felipe V en 1701, a saber:

 1701. Montoya y Cárdenas, Ambrosio Francisco: Diseño festivo del amor. Obstentativa muestra de la lealtad, acclamacion alegre Con que la muy noble, Augufta Imperial Ciudad de la Puebla de los Ángeles en el dia diez de Abril del año de 1701. Juro por fu Rey, y Señor natural al Invinctiffimo Señor D. Phelipe V. de efte nombre, Monarcha Supremo de dos Mundos. Que efcrivia D. (…) Clérigo Presbytero defte Obifpado de la Puebla. Impresso: En la Puebla, poa (sic) los Herederos del Capitan Juan de Villa Real, en el Portal de las flores.

 1701. Isla (José Francisco de): BUELOS de la Imperial Aguila Tetzcucana, A las radiantes Luzes, de el Luminar mayor de dos Efpheras. Nuestro Inclito Monarca, el Catholico Rey N. Sr. D. Phelippe Qvinto [Que Dios guarde] Cuia fiempre Augufta Real Mageftad, aclamó jubilosa la Americana Ciudad de Tetzcuco, el día 26 de Junio de efte año de 1701. Siendo Alferes Real en ella El Cap. don Andrés de Bongoechea y Andvaga, Alcalde, que fue de la Santa Hermandad, por los Hijofdalgo de la Villa de Oñate, fu Patria en la Noble Provincia de Guipufca, en la Cantabria. Descrivelos [Con vna Pluma de fobredicha Aguila, de fu Patrio nido] Joseph Francisco de Isla: Dedicándolos Al Cap. Don Miguel Velez de la Rea, Cavallero del Orden Militar de Santiago, Diputado Mayor de la Contratación de la Flota de Efpaña,  etc. De cargo del Almirante General D. Manuel de Velasco. Con licencia: En México, por los herederos de la viuda de Bernardo Calderón.

    Pues bien, en 1823, el eje de atención fue Agustín de Iturbide, personaje que pasa por ser “héroe” y “antihéroe” de la historia de México. “Libertador” de México y primera cabeza del Estado independiente (primer como presidente de la regencia, luego como emperador). Impulsor del “Plan de Iguala”, un hombre que se pavoneó por el escenario en el ridículo traje del emperador Agustín I, acusado por el virrey Apodaca de tomar el trono simple y sencillamente porque “estaba ávido de poder”. Y más aún: que “si algo ocasionó el fracaso fue la asunción de Iturbide al trono, y no el Plan de Iguala en sí”. Aquellos años marcaban en definitiva la separación de España con la independencia de México, fundados en el Tratado de Córdoba que buscaba no sólo la independencia, sino la autonomía. Así que habiéndose podido cubrir de gloria, Agustín de Iturbide durante los 18 meses que duró su régimen, fueron tiempos de intensa confrontación, polarización política, envidias, pero también desilusiones ocasionadas, entre otras cosas, por la burda manera en cómo se manejó este personaje al grado que fue blanco de satanización como tirano y usurpador. Nos dice Timothy E. Anna en El imperio de Iturbide[1] al respecto de dichas increpaciones:

 Esto es profundamente injusto para Iturbide. Pudo haber sido un hombre con una visión limitada, un producto de su época, un rebelde reticente, un buscador de poder. Pero como dice (Francisco) Bulnes: “Si debe bajar de su pedestal Iturbide por ambicioso de poder, tenemos que echar abajo a todos los héroes de la independencia, exceptuados Morelos y Matamoros”. La manera en la que el Plan de Iguala abarcó a todos los elementos, convenció a Iturbide de que él era, según sus palabras, la única voz de la voluntad del pueblo (esto nos recuerda hechos recientes del conflicto en Egipto y donde justo el reclamo social por la salida de Hosni Mubarak con 31 años en el poder, llevó a Mohamed El-Baradei –premio Nobel de la paz- a proclamarse como un salvador, siempre y cuando “la única voz de la voluntad sea la del pueblo”). En el peor de los casos –continua apuntando T. E. Anna-, eso es egocentrismo, no tiranía. Fue capitulado sin una preparación previa para el liderazgo nacional. Luego luchó por crear un Estado unificado y un aparato de gobierno funcional. Su voluntad de restaurar el disuelto Congreso Constituyente sugiere que empezaba a aprender la necesidad de conciliar, si bien su dedicación al orden permaneció en un lugar preponderante e impuso límites a su flexibilidad. Después de todo, fue su temor a que las provincias se dispersaran en todas direcciones, y se condujera a una atomización de México, lo que hizo que regresara al país en 1824.[2]

Archivo General Municipal de Puebla.

Actas de Cabildo, 1857. Vol. 123-A.

   Con este perfil tan necesario como aclaratorio, es que podemos comprender parte de aquellos momentos iniciales de un nuevo estado-nación que se llamó México y que, durante el curso del siglo XIX fue blanco de ambiciones, pugnas, desmantelamiento, recorte territorial, invasiones y guerras.

   Regresando al asunto que es motivo de esta efeméride, ocurre que el 24 de enero de 1823 se desarrolló la Jura al trono como emperador de Agustín I, fiesta cuyo contenido era el conjunto de diversas celebraciones civiles, militares y religiosas que, durante varios días, incluyeron en ese bagaje un buen número de corridas de toros. Las noticias al respecto de los festejos taurinos son casi nulas, salvo aquella expresión apasionada que Carlos María de Bustamante expuso en El águila Mexicana, Nº 14 del 28 de abril de 1823:

 Principio es sabido que los tiranos, cuando quieren que los pueblos no conozcan sus grillos, ni sus desgracias, los tienen sumergidos en diversiones, ellas les hacen olvidar la libertad, les hacen prescindir del recobro de sus derechos, a tal estado y tan lamentablemente puso Iturbide al pueblo de México. Se horroriza mi corazón sensible a tanta desgracia; y más cuando ve que introdujo unas diversiones, que las naciones cultas miran con horror, que sólo sirven para encallar (sic) los corazones, para ver con frialdad el asesinato, la sangre y la muerte; tal es, público respetable (a quien dirijo estos mal ordenados renglones) las corridas de toros, que si queremos que los pueblos del orbe nos tengan por cultos, es de precisión absoluta abolirlas de nuestra patria. En ellas no reina más que el desorden, la disolución, el lujo y lo fatuo, y por último cuán poco lisonjero es para una joven tierna, para un delicado niño, el ver que un hombre atrevido se presenta con serenidad al frente de una fiera, que resiste su choque, y que después de estar lidiando con ella, la inmola a la punta de una espada, estas impresiones feroces se arraigan en su corazón, y he aquí cómo se forman los hombres insensibles al dulce encanto de las artes, al hermoso atractivo de la virtud (…)[3]

    Como podrá notarse, antes de cerrar esta primera parte, Bustamante fue opositor declarado a las corridas de toros en su tiempo. En el Diario histórico de México, su obra más representativa, y que abarca un trabajo del día a día entre 1822 y 1848, en cuanto había motivos para descargar su descontento hacia el espectáculo taurino, lo dejaba plasmado en términos muy parecidos al que acabamos de dar lectura.

 CONTINUARÁ

 


[1] Heriberto Lanfranchi: La fiesta brava en México y en España 1519-1969, 2 tomos, prólogo de Eleuterio Martínez. México, Editorial Siqueo, 1971-1978. Ils., fots., T. I., p. 125.

[2] Timothy E. Anna: El imperio de Iturbide. México, Consejo Nacional Para la Cultura y las Artes-Alianza Editorial, 1991. 261 p. (Los Noventa, 70).

[3] Op. Cit., p. 253.

 

 

 

 

EFEMÉRIDES TAURINAS DECIMONÓNICAS Nº 4.

 POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE.

    La presente efeméride ocurrió el 7 de abril de 1833.

 En LA ANTORCHA, D.F., del 6 de abril de 1833, p. 4 aparece la siguiente noticia:

 DIVERSIONES PÚBLICAS.

    Se ha concluido la plaza de Toros de la plazuela de S. Pablo, y mañana debe ser su primera función. La hermosa vista que ella presenta y el especial gusto y elección del empresario, nos prometen que presentará una diversión excelente y completa en su género.-También hay toros de once en la de Necatitlán y Alameda.

    Luego de haber permanecido inactiva dicha plaza con motivo de un incendio provocado en el curso de 1821, se hicieron todas las gestiones para poner en marcha los trabajos que dieron por resultado la construcción de un nuevo coso en el mismo lugar que había estado desde 1788. Por lo tanto, me refiero a la segunda época de la Real Plaza de Toros de San Pablo, que abarca de 1833 a 1848. Con la parquedad mostrada por la prensa de la época, donde apenas puede uno enterarse de la información concreta del estreno, no queda sino mencionar un hecho afortunado. Visitaban el país dos viajeros extranjeros: Mathieu de Fossey (que llegó a México el 13 de febrero de 1831) y John Moritz Rugendas (cuya residencia abarca de 1831 a 1834). Aquel era un profesor francés que dejó testimonio de sus diversas fascinaciones en “Le Mexique”. En el capítulo IV de la mencionada obra se ocupa ampliamente del asunto. Habiendo estado en la ciudad de México en 1833 no dejaron de darse corridas, (especialmente en una plaza cercana a la Alameda) pero no había en él esa tentación por acudir a uno de tantos festejos hasta que

 Acabé por dejarme convencer; pero la primera vez no pude soportar esta escena terrible más de media hora… [Algún tiempo después volvío…] y acabé por acostumbrarme bastante a las impresiones fuertes que tenía que resistir hasta el final del espectáculo…

    Como es amplísima la descripción de su asistencia a la plaza de San Pablo y corto este espacio, sólo dejo mencionados estos datos, pues uno más de estos viajeros, el pintor alemán Rugendas, es quien se encarga de sintetizar todo lo mencionado por el autor galo en un bellísimo testimonio que hoy ilustra la presente anécdota.

   El colorido intenso con que recrea aquella tarde, que probablemente sea la de la inauguración, nos permite entender que el acontecimiento fue presenciado por don Valentín Gómez Farías, quien ocupó la Vicepresidencia Constitucional apenas el 1º de abril anterior, sustituyendo al General Manuel Gómez Pedraza. Recordaré que en esos momentos estaba en funciones un congreso con mayoría de liberales “exaltados”, el cual se convirtió en el aliado necesario para que Gómez Farías llevara a cabo una serie de reformas en 1833 que afectaban especialmente a la iglesia y al ejército. Así fue como fue sancionado finalmente el código centralista conocido como las Siete Leyes.

   Las banderolas tricolores dan idea de la dimensión de aquel festejo en el que bien pudieron haber actuado los hermanos Luis y Sóstenes Ávila o también el portorrealeño Bernardo Gaviño que, según El Arte de la Lidia ya estaba en nuestro país desde 1829 y no en 1835 como afirman otras fuentes.

  Toro embolado y fuegos de artificio dieron fin a aquella fascinante inauguración.

   No puedo dejar de mencionar el hecho de que en los días posteriores a este acontecimiento, la prensa siguió reportando festejos como los que se indican a continuación:

 LA ANTORCHA, D.F., del 7 de abril de 1833, p. 4: TOROS. En la plaza de S. Pablo, en las tardes de estos tres días y en la de Necatitlán, hoy y mañana, de once; y pasado mañana en la tarde.

    También hubo una corrida de toros más el lunes 8, según lo afirma Heriberto Lanfranchi[1] prosiguiendo aquel ramillete de festejos hasta el domingo 2 de junio cuando se anunció el último de ellos.

 LA ANTORCHA, D.F., del 9 de abril de 1833, p. 4: TOROS. Esta tarde en las plazas de S. Pablo y Necatitlán.

 LA ANTORCHA, D.F., del 20 de abril de 1833, p. 4: TOROS. Mañana en la tarde, en las plazas de S. Pablo, Necatitlán y Alameda.

 LA ANTORCHA, D.F., del 4 de mayo de 1833: TOROS. En la plaza de la Alameda, de once; y en la de S. Pablo y Necatitlán, por la tarde.

 LA ANTORCHA, D.F., del 18 de mayo de 1833, p. 4: TOROS MAÑANA. En la plaza de la Alameda de once, y en la de Necatitlán y S. Pablo en la tarde.

 LA ANTORCHA, D.F., del 25 de mayo de 1833: TOROS. En las plazas de S. Pablo y Necatitlán, por la tarde; y en la Alameda de once.

 Y esto, un poco para confirmar el dicho del propio M. de Fossey al respecto de que “Todos los domingos y días de fiesta hay corridas de toros, casi cien por año…”

John Moritz Rugendas. http://es.wikipedia.org/wiki/Mauricio_Rugendas

Museo Nacional de Historia. Castillo de Chapultepec.

“Corrida de toros en la Plaza de San Pablo”. John Moritz Rugendas (1833). Óleo sobre cartón.


[1] Heriberto Lanfranchi: La fiesta brava en México y en España 1519-1969, 2 tomos, prólogo de Eleuterio Martínez. México, Editorial Siqueo, 1971-1978. Ils., fots., T. I., p. 129.

 

 

 

 

EFEMÉRIDES TAURINAS DECIMONÓNICAS Nº 3.

 Por: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE

 La presente efeméride corresponde al 19 de noviembre de 1856, fecha de nacimiento de Ponciano Díaz Salinas. (PARTE II)

    Recuperado el hilo de la conversación en Ponciano Díaz, debo mencionar que tuvo el privilegio de ser poseedor de una summa del toreo, misma razón que sirvió para que su fama escalara unos niveles sin precedentes, hasta convertirlo en ídolo popular. La anécdota que a continuación se incluye, es el mejor ejemplo de aquella circunstancia.

   En los días de mayor auge del lidiador aborigen, el sabio doctor don Porfirio Parra decía a Luis G. Urbina, el poeta, entonces mozo, que se asomaba al balcón de la poesía con un opusculito de “Versos” que le prologaba Justo Sierra:

 -Convéncete, hay en México dos Porfirios extraordinarios: el Presidente y yo. Al presidente le hacen más caso que a mí. Es natural. Pero tengo mi desquite. Y es que también hay dos estupendos Díaz -Ponciano y don Porfirio-: nuestro pueblo aplaude, admira más a Ponciano que a don Porfirio.

 Y aquí una curiosa interpretación:

 En aquellos felices tiempos, comenta Manuel Leal, con esa socarronería monástica que le conocemos, había tres cosas indiscutibles: La Virgen de Guadalupe, Ponciano Díaz y los curados de Apam…

    Su fama sube como la espuma del mar y como gran personaje le dedican versos, corridos; su figura queda registrada en grabados, cromolitografías. Lo cantan en marchas y zarzuelas. El 15 de enero de 1888, al inaugurar su plaza, la de “Bucareli”, tal ocasión se convirtió en un festejo inenarrable, ya que, entre otras cosas, su pecho fue cruzado por bandas tricolores, y su cabeza coronada por laureles. De los cielos descendió Joaquín de la Cantolla y Rico, y al bajar de la canastilla, este “poncianista furibundo” le dio un fuerte abrazo. Y Ponciano, tanto a pie como a caballo hizo las delicias esa tarde, como ocurriría en muchas otras jornadas. El 17 de octubre de 1889 y en la plaza de Madrid, recibió la alternativa de Salvador Sánchez “Frascuelo” y Rafael Guerra “Guerrita”. Pero tal fecha parece haberse convertido en el parteaguas de su destino. Y es que Ponciano habiendo sido el pendón del nacionalismo taurino por varios años, hasta antes de la alternativa, por el sólo hecho de recibirla en España, tal circunstancia representó para él, pero sobre todo para la afición incondicional, el momento de la traición. Así que regresar a México y volver a torear ya no fue lo mismo. La afición le dio la espalda y Ponciano tuvo que refugiarse en provincia con afanes de recuperar viejas glorias. Pero ya nada fue igual. A este acontecimiento debe sumarse el hecho de que se convierte en empresario, y buen empresario para eso de los dineros, pero malo, muy malo para eso de los resultados en el ruedo. Adquiere ganado de dudosa procedencia y su plaza, la de “Bucareli” fue blanco de la furia popular en más de una ocasión. Pero allí no para todo. Al “torero con bigotes” le dio por la bebida y al morir, el 15 de abril de 1899, precisamente de cirrosis hepática muere también el último reducto de aquellas manifestaciones híbridas, tanto a pie como a caballo de las que fue particular exponente, y guerrero en más de cien batallas frente a un ya bien consolidado ejército que detentaba el capítulo del toreo de a pie, a la usanza española en versión moderna, al parecer su máximo enemigo. Como dato curioso Debo agregar que en otra investigación de mi autoría denominada: Ponciano Díaz Salinas, torero del XIX, a la luz del XXI, trabajo que, en forma paralela realicé junto al de la hacienda de Atenco y a la biografía de Bernardo Gaviño y Rueda, concluyo que de las 554 actuaciones contabilizadas hasta este momento, Ponciano Díaz se enfrentó en 62 ocasiones a toros de Atenco, datos por demás interesantes, y que nos dan una idea de la dimensión adquirida por este personaje, a quien se le prodigaron decenas de versos como los que a continuación reproduzco y que se publicaron en 1887:

 

DÍSTICOS.

 

Eres humilde artista mexicano

Cual fue valiente Cuauhtemoc, tu hermano.

 

México bate palmas glorificando a su hijo,

Que eclipsa los laureles del bravo Lagartijo.

Ni Cara-ancha, ni el Gallo, ni Espartero

Te superan a ti como torero.

 

Héroe en la plaza, simpático al lidiar

Eres perfecto amigo, un ángel en tu hogar.

 

Brilla en tu frente la audacia y el valor

Nadie te iguala, sereno matador.

 

No hay más allá, ni más certera mano

Al matar, que la diestra de Ponciano.

 

Viva siempre el diestro mexicano

Emulo digno del torero hispano.

 

Te aplaudimos contentos, placenteros,

Orgullo de tu patria, rey de los toreros.

 

Es tu gloria escuchar al mexicano

Entusiasta gritar: ¡¡Ahora Ponciano!!

 

En el valiente suelo mexicano

Nació para la lid el gran Ponciano.

 Anónimo.

La misma suerte, fue ejecutada en la antigua plaza de Madrid, en julio de 1889. Daniel Perea dejó para la posteridad esta maravillosa cromolitografía, rememorando al torero y charro mexicano Ponciano Díaz Salinas quien, el 17 de octubre siguiente recibiría la alternativa en dicha plaza.

 

 

 

EFEMÉRIDES TAURINAS DECIMONÓNICAS Nº 2.

Por: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE

La presente efeméride corresponde al 19 de noviembre de 1856, fecha de nacimiento de Ponciano Díaz Salinas, por lo que con ese motivo lo recordamos. (PARTE I)

   El toreo en México no es obra de la casualidad. No es de ayer. Tiene ya casi 500 años entre nosotros, de ahí que sea conveniente una lectura detenida a cada uno de los principales pasajes que lo han constituido. Por eso, en esta ocasión, he decidido centrar mi atención en un importante personaje de finales del siglo XIX. Me refiero a Ponciano Díaz Salinas. Quizá una buena parte de la población actual sepa algo de él porque existen algunas calles que llevan su nombre. Sin embargo estamos ante un personaje, que por sí solo ocupa un capítulo importante en esta revisión.

   Ponciano Díaz viene al mundo el miércoles 19 de noviembre de 1856, por lo que bien vale la pena celebrar el 154 aniversario de su nacimiento, mismo que ocurre en la hacienda ganadera de Atenco, enclavada en el Valle de Toluca. Sobre Ponciano se han tejido diversas historias que se tiñen de un romanticismo que raya en la chabacanería, y con eso es preciso terminar, pero también aclarar, evitando en la medida de lo posible que se siga deformando su perfil en tanto ser humano de carne, hueso y espíritu.

   Es cierto que Ponciano se forma en un medio eminentemente rural y allí forja buena parte de lo que significó como charro, conviviendo entre toros y caballos, expresiones que luego trascendería en el espacio urbano. Para 1876 comenzó su andar por plazas, acompañando a sus coterráneos Tomás Hernández “El Brujo”, y sus hijos Felipe y José María Hernández quienes hicieron suyos los consejos del torero español Bernardo Gaviño y Rueda, mismo que con notable frecuencia acudía a seleccionar ganado atenqueño para lidiarlo más tarde en distintas plazas del centro del país.

   El 1º de enero de 1877 nuestro personaje actúa en Santiago Tianguistenco, México como “Capitán de gladiadores”, término que se daba por aquella época al primer espada de una cuadrilla. Dos años más tarde, y en Puebla, Gaviño, le concede el 13 de abril una alternativa apócrifa, por la sencilla razón de que Bernardo no había obtenido ese privilegio en España, habiendo salido de su patria a edad muy temprana. En un libro –inédito aún- y que es de mi autoría lo defino así: Bernardo Gaviño y Rueda: Español que en México hizo del toreo una expresión mestiza durante el siglo XIX. Y es que este personaje ejerció un radio de influencia sin precedentes, ya que se convierte en un auténtico “patriarca” o “mandón” del toreo. Sin embargo, no contaba con alternativa. Pero esto, para él, era lo de menos. Varias generaciones de toreros “aborígenes”, término con el que la prensa de la época definía a los nuestros, abrevaron de la experiencia de aquel “maestro” quien influyó no sólo entre la gente de coleta. También se codeó lo mismo con presidentes de la república que con el pueblo llano. Tales circunstancias, permitieron a Gaviño el control absoluto de la tauromaquia en México de mediados del siglo XIX, y entendió que con el ganado de Atenco tenía garantizada la construcción de un “imperio” que luego devino “dictadura” pues imponía, fijaba línea, levantaba o tiraba muros, habiendo momentos en que su decisión estaba por encima de todo.

   El Bernardo Gaviño que he estudiado por muchos años, fue un torero que, según el rastreo de todas sus actuaciones, alcanza las 690 no sólo en nuestro país. También en Uruguay, Cuba, Venezuela y Perú, y aunque haya algunos autores que no le den la importancia que merece, todos esos años por ruedos nacionales y extranjeros significan no una casualidad. Sí un hecho concreto de realidades para entenderlo como una gran figura que legó, en este caso a nuestra tauromaquia los cimientos elementales que permitieron la adquisición de un espíritu que, en sus manos no podía ser ni nacionalista ni tampoco hispano, y menos en unos momentos de definición para el nuevo país que empezaba a ser México. En todo caso se puso en práctica un nuevo mestizaje taurino, cuya puesta en escena fue un in crescendo fascinante tarde a tarde. Gaviño además, fomenta un espectáculo de ricos matices parataurinos cuya concepción va de la lidia convencional de varios toros, pasando por agregados como mojigangas, jaripeos, manganeos, toros embolados, globos aerostáticos, fuegos de artificio… y todo en una misma función. Esto se repitió intermitentemente hasta el punto de que aquellos pasajes se desgastaron tanto que ya no fue posible mantenerlos porque llegó el momento en que el gaditano envejeció y ya no pudo mantener su imperio. Una colateral importante en su periplo fue el torero atenqueño Ponciano Díaz.

 CONTINUARÁ

 31 de diciembre de 2010.

La figura de Ponciano nos deja ver en este grabado su primera adaptación con la tauromaquia mexicana de la octava década del siglo XIX. Esa montera como molcajete y el bigote le dan al torero una singular representación.

 

EFEMÉRIDES TAURINAS DECIMONÓNICAS Nº 1

 POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE

 SOBRE CORRIDAS DE TOROS EN 1847…

    Hasta hace algún tiempo se tenía la creencia de que, a raíz de la invasión norteamericana a nuestro país, y que se consumó de manera dramática el 14 de septiembre de 1847, cuando el ejército invasor entró a la ciudad de México, la plaza de toros de San Pablo, única que funcionaba por aquel entonces, fue desmantelada para que el maderamen sirviera como parte de las trincheras desde las cuales los soldados y voluntarios mexicanos pudiesen repeler el ataque en un momento verdaderamente tenso y amargo para la historia de nuestro país. Por otro lado, el dicho se va diluyendo en función de nuevas razones que le dan un giro al respecto. En primer lugar existe el argumento de que ya advertidas las autoridades de la capital sobre la marcha emprendida por el ejército estadounidense hacia la ciudad de México, y entre las diversas medidas una de ellas fue organizar una comisión especial, al mando del Lic. José Urbano Fonseca con objeto de establecer los hospitales de sangre que fuesen necesarios para enfrentar el estado de emergencia. De esa forma, fue el 16 de agosto de ese mismo año, cuando el Gral. Manuel María Lombardini se dirige a Fonseca girándole instrucciones para que el Ayuntamiento dispusiera del edificio que pertenecía al colegio de los Agustinos de San Pablo. A dicho lugar fueron enviadas las hermanas de la Caridad con objeto de que estuviesen prestas a la atención de los heridos, habilitándose al interior de dicho espacio el hospital de campaña. Entre los requerimientos de infraestructura fue necesario desmantelar parte de la plaza de toros de San Pablo, aledaña a dicho claustro, de ahí que puertas y lumbreras se convirtieron en camas que sirvieron para dar acomodo a los enfermos.

   Así era la plaza de toros:

 

México pintoresco. Colección de las principales iglesias y de los edificios notables de la ciudad. Paisajes de los suburbios. L. introducción por, Francisco de la Maza. México, Instituto Nacional de Antropología e Historia, 1967. Ils. Pocas imágenes existen sobre la Real Plaza de toros de San Pablo. Esta vista corresponde al apunte de un pintor anónimo quien, para 1853 alcanza la gloria de ver publicado su México pintoresco. De entre las 45 acuarelas, la Nº 11 ilustra los exteriores de la famosa plaza de toros de San Pablo, que funcionó entre 1788 y 1864 en la ciudad de México.

   Antes de esta disposición, el domingo 17 de enero de 1847 se celebraba en San Pablo el siguiente festejo:

   De la exhaustiva revisión de la prensa de la época fue posible encontrar datos de al menos dos festejos por aquellos días:

Cartel anunciador para el festejo del 26 de septiembre de 1847 que se publicó en The American Star, D.F.

    Otro, en muy parecidas circunstancias ocurrió el 17 de octubre siguiente. Juan Bensley que ese era el nombre del empresario o “director de la compañía del Circo americano” estaba en nuestro país desde 1843, como puede comprobarse en el siguiente dato:

 2479. 1843. Junio, 26. Juan Bensley solicita licencia para unas funciones que quiere presentar. Caja 77–A , exp. 37, 2 ff.[1]

    Justo ese mismo año, Román Sotero, que era, a la sazón el administrador de la hacienda de Atenco, le planteaba a D. José Juan Cervantes, el propietario en la habitual correspondencia el siguiente asunto:

 Señor D. José Juan Cervantes

Atenco, 22 de enero de 1847

   (…) De ganado del cercado contamos hoy con 3000 cabezas, entre ellas muchos toros buenos para el toreo.

   Román Sotero (Rúbrica)[2]

   Pero claro, no faltó ni el chisme ni el imprudente que, a “toro pasado”…

   En la edición de THE AMERICAN STAR, D.F., del 24 de mayo de 1848, p. 3 nos topamos con esta noticia inquieta:

ALARMA.

Se nos ha dicho que el Domingo en la tarde un mexicano dio en la plaza de toros el grito de “mueran los blancos, vivan los indios”. Este grito aislado en la plaza de San Pablo puede tener eco por multitud de puntos y ser inspirado de antemano de puntos distantes, que un día se levanten con barbaridad, ¡¡¡Atención!!! Las más grandes desventuras se dan a conocer por pequeñas indicaciones al parecer insignificantes, en realidad muy significativas.

   Lamentablemente, siendo tan pocos los datos, aún así ha sido posible concebir una idea del pulso taurino en un año por demás complicado como fue el de 1847.

 24 de diciembre de 2010.


[1] Yaminel Bernal Astorga: “Fondos del siglo XIX (1826–1861). Inventario de las cajas 43 a 111–A de la Sección D.” Archivo Histórico del Municipio de Colima. 2002. 533 p., p. 293.

[2] José Francisco Coello Ugalde: “Atenco: La ganadería de toros bravos más importante del siglo XIX. Esplendor y permanencia.” Tesis de doctorado en Historia de México. Proyecto pendiente de su titulación, por parte de la Universidad Nacional Autónoma de México. Facultad de Filosofía y Letras, Colegio de Historia. México, 2006. 251 p. + 629 p. (ANEXOS). Ils., fots., cuadros, maps., facs.

Deja un comentario

Archivado bajo EFEMÉRIDES TAURINAS DECIMONÓNICAS

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s