Archivo mensual: mayo 2011

EFEMÉRIDES TAURINAS NOVOHISPANAS

POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE

 Antonio de Robles nos vuelve a sorprender con su Diario de Sucesos Notables (1665 – 1703), para lo cual las noticias más destacadas durante el año del señor de 1668 fueron las siguientes:

 -Auto de la fe de Santo Domingo (3 de febrero).

-Venida de nuestra señora de los Remedios (13 de junio).

-Beatificación de Santa Rosa del Perú (12 de febrero en Perú).

    El ilustre Alonso Ramírez de Vargas escribió la: Descripción de la alegre venida y vuelta de la milagrosa imagen de Nuestra Señora de los Remedios a esta Ciudad de México el año de mil seiscientos sesenta y ocho, por causa de la gran sequedad y epidemia de viruelas, &. C. Sácala a luz en esta nueva impresión D. Joseph de Barreda. Cádiz. Impresa por Jerónimo Peralta, 1725.

    En los mismos términos, un autor que sólo se le identifica como José de Jesús también preparó una Descripción métrica de la venida de la milagrosa imagen de Nuestra Señora de los Remedios a la Ciudad de México, fiestas y novenario que se le hicieron, y vuelta a su santuario. México, viuda de Bernardo Calderón.

    Tanto Ramírez de Vargas como José de Jesús, más aquel que este, deben haber referido, como lo hicieron en otras obras de tal corte, los festejos taurinos motivados por ocasión tan significativa como la de la venida y vuelta de la milagrosa imagen de Nuestra Señora de los Remedios, ocasión de gran notoriedad que implicaba el traslado de tan importante icono, con objeto de atenuar los graves daños producidos, en este caso por la sequedad y epidemia de viruelas que se abatió por rumbos del centro novohispano.

    También en ese año de 1668 se solemnizó y se dedicó el Templo Metropolitano de México. Dicha obra mostró avances representativos como ya la conocemos en nuestros días, aunque faltaran las dos torres que, para 1803 daban por terminada tan grandiosa obra arquitectónica, tras la participación que tuvo en ella el arquitecto Manuel Tolsá, quien remató la fachada con su “Trinidad”.

   Es muy probable que, dada la conclusión de tan destacada obra, pudieron incluirse en las fiestas de la dedicación algunas corridas de toros, que, aunque no quedaron consignadas, este suceso en sí mismo, era suficiente motivo y pretexto para desencadenar la felicidad de la población de la capital novohispana, teniendo a unos cuantos metros el centro de la actividad taurina de aquellas épocas. Me refiero a la plaza de toros del Volador.

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SE RIFARÁN GUAJOLOTES, CARNEROS y HASTA UN NOVILLO.

EFEMÉRIDES TAURINAS DECIMONÓNICAS.

 POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE

 Esta efeméride ocurrió el domingo 29 de octubre de 1865.

   Gracias a la prensa de la época, podemos enterarnos que ese domingo otoñal, se celebró en la plaza de toros del Paseo Nuevo, un curioso, curiosísimo festejo, en cuyo cartel se anunciaba lo que sigue:

 PLAZA DE TOROS DEL PASEO NUEVO, D.F. Domingo 29 de octubre de 1865. Cuadrilla de Bernardo Gaviño. Toros de Atenco. Cuatro toros de muerte. Dos para el coleadero. Ofrenda y rifa de 10 guajolotes, cada uno con un billete de la lotería de la Virgen, seis carneros y un novillo manso.-Mojiganga de los Hombres gordos de Europa. Toro embolado para los aficionados.

    La Orquesta, 2ª época, México, jueves 28 de octubre de 1865, T. I., N°94 comentó:

“Plaza de toros.

   “Sabemos que la empresa de los cuernos está preparando para el domingo 29 una magnífica función, en la que tendrá lugar la rifa de 10 guajolotes, llevando cada uno un billete entero de la próxima lotería de la Virgen de Guadalupe, de 6 y grandes y gordos carneros y de un hermoso novillo. He aquí la ofrenda que la empresa piensa dar al público que asista a la referida corrida. No es mala, ¿verdad?

 

Sobre todo, señores

Los guajolotes,

Que llevarán cual novias

Ricas, sus dotes.

Luego el novillo.

Y además los carneros…

Ir es preciso.

Dos días antes, en LA SOMBRA, D.F., del 27 de octubre de 1865, ya se relamían los bigotes, y el poeta anónimo nos obsequia una curiosa descripción sobre los “sentimientos encontrados” que percibió en algunos sectores de aquella sociedad capitalina.

NOVEDADES.

 

Muy pródigo está el tiempo en aventuras;

Se nos hacen saber cosas ignotas,

Destiérrense las penas y amarguras

De lágrimas no viertan gruesas gotas

Tenemos paz, felicidad, dulzuras

De disidentes hay grandes derrotas,

Y puesto que está el tiempo ya tan vario,

Gozar y divertirse es necesario.

 

Todo en la capital bulle y rebulle,

Por dó quiera se miran novedades.

¡Oh qué hermoso es tener quien a uno arrulle

Al hallarse en las últimas edades!

El que no duerme o mama, bien engulle,

Pues todas son aquí felicidades,

Este tiempo dicho será eterno

Que bien montado está, y a lo moderno.

 

Prepárense en la plaza grandes cosas,

Salones en el centro se levanta,

Grandes circos, maromas asombrosas,

Que dizque aterran bien, si no es que espantan,

En las calles las gentes presurosas

Se atropellan, se pisan, se atarantan,

Y demostrando está bien su alegría

Que esperan de los muertos el gran día.

 

Pero no es esto todo, ya desde antes

Diversiones sin se nos ofrecen:

A la ópera se van los diletantes

Que pasar un buen rato bien merecen,

Cierto es que quieren ser buenos cantantes

Aunque siempre de voces adolecen;

Pero saben la nota tanto tanto,

Que aprenden desde luego bien el canto.

 

Hay otros que no pierden la costumbre

Y se van apoyados en su báculo

Unas veces al patio o la techumbre,

Al Nacional nombrado hoy espectáculo,

Y desde la soberbia altiva cumbre

Escuchan con placer, sin grande obstáculo

Cierto ruido confuso o alharaca,

Música nacional, música austriaca.

 

Otros esperan ver grandes corridas

De toros, lazar brutos y valientes,

Apuestas se hacen, juéganse partidas

Entre ciertas y ciertas gentes,

No queremos decir que sean perdidas

Que personas son siempre muy decentes;

Pero que al ver tan solo un par de cuernos

Brincan como se brinca en los infiernos.

 

Ya que hablamos de toros os diremos

Que veáis en el cartel qué cosas raras

Para el domingo próximo tenemos,

Las entradas nos dicen no son caras,

Y a más de diversión rifa hallaremos

Que mosca podrá dar, la cosa es clara,

Y además se tendrán en unos lotes,

Dicen, gordos, soberbios guajolotes.

 

México es hoy la tierra de placeres,

De entusiasmo sin fin, de diversiones;

La cuna de hermosísimas mujeres

El centro, la reunión de papalones,

Y pues se hallan aquí tan grandes seres,

Donde siempre se vive de ilusiones

En México vivimos y a porfía

Gozando del placer y la alegría.

 Anónimo.

 Pues bien, la corrida se desarrolló al estilo de lo indicado en el cartel, lo cual significa que fue un acontecimiento entre alucinante y fascinante. En algún intermedio se llevó a cabo el anunciado “sorteo” y he aquí los resultados, mismos que se publicaron en LA SOMBRA, D.F., del 31 de octubre de 1865:

 PLAZA DE TOROS.

Se nos remite para su publicación lo siguiente:

Lista de los números premiados en la rifa de 10 guajolotes, 6 carneros y 1 novillo, que tuvo verificativo el 29 de octubre.

Guajolotes.-Números premiados: 132, 801, 1150, 1871, 2533, 3668, 3928, 5490, 5720 y 6853.

Carneros.-Números premiados: 1500, 2587, 2642, 4258, 5796 y 6833.

Novillo.-9184

   Además, se incluye en esta nota, el efecto que produjo una “falsa alarma” que circuló por esos días en La Nación y que la propia Sombra se encargó de desmentir.

   El Sr. Gaviño hace presente, tanto a su familia ausente como al público en general, que no es cierto haya muerto, como han publicado algunos periódicos de esta capital”.

   La Sombra añade:

(…) la culpa del notición,

que no ha sido mal petardo

para el Valiente Bernardo,

que lo diga la Nación.

   Si alguno de ustedes posee el o los boletos premiados, favor de dirigirse a las oficinas de la plaza de toros “Paseo Nuevo”, domicilio conocido, de la ciudad de México para, en el acto, hacerles entrega, ya sea de un guajolote, un carnero o del novillo que fueron rifados. (El último párrafo ha sido una ocurrencia del responsable de este blog. N. del A.)

CARTEL ANUNCIADOR DE LA MEMORABLE EFEMÉRIDE.

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MINIATURAS TAURINAS. PONCIANO DÍAZ ANTE LOS GRINGOS.

POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE.

    Ponciano Díaz no fue ajeno a los norteamericanos. El 7 de diciembre de 1884 fue a actuar hasta la ciudad de Nueva Orleáns, lidiando toros de Durango y Chihuahua (que no sabemos si también los estoqueó, en virtud de que es un país que no ha hecho suya esta tradición). Pero no solo eso. También en aquella jornada, tuvo oportunidad de mostrar, junto a su cuadrilla, lo mejor del repertorio de piales y manganas. Más tarde, en sus actuaciones en Villa de Allende, Chihuahua, por diciembre de 1886, de seguro algunos norteamericanos atestiguaron sus actuaciones. En seguida, y como parte de esta reseña, lo hizo en Paso del Norte, en 1887. Finalmente, tuvo oportunidad de actuar en Laredo, Texas, E.U.A. en agosto de 1894, por lo menos dos tardes.

   Llama la atención, la manera en que el corresponsal de El Arte de la Lidia hace su reseña, destacando las precauciones que tomó el de Atenco para no ser sorprendido de manera por demás descarada, justo al momento de liquidar a sus enemigos. Pero es mejor que lo cuente la reseña y no yo, que por otro lado lo haría bastante mal.

Dice El Arte de la Lidia, Año III, Nº 11, del 9 de enero de 1887:

 Ponciano Díaz. Por cartas que hemos recibido de Paso del Norte y de Villa Lerdo, sabemos algo del trabajo del valiente diestro que encabeza estas líneas.

Las corridas que ha toreado en Paso del Norte han estado regulares y los toros a que ha dado muerte han sido buenos mayor parte. Como a todas las corridas asistió público de los Estados Unidos, Ponciano se vio apurado a la hora de matar, pues fue necesario que llevara el estoque casi envuelto en la muleta, para a la hora suprema, dar la estocada y que la muerte de los toros fuera instantánea, y así, llegaran a creer nuestros primos que en la muleta llevaba el matador alguna sustancia para narcotizar a la fiera. En cuestión de toros, ignoran todo y además, desconocen por completo el espectáculo, sólo les agradan las pantomimas.

    Desde luego, “alguna sustancia para narcotizar a la fiera” era lo que llevaban sus estoques. Nos parece ciertamente ingenua la apreciación en la que Ponciano, solo trataba de atenuar o disimular la “suerte suprema”.

   Por otro lado, parece harto interesante la forma en que concluye el corresponsal sus anotaciones, indicando que los norteamericanos, por lo menos, los del sur de esta nación que podían presenciar corridas de toros como las de aquel entonces, “desconocen por completo el espectáculo, sólo les agradan las pantomimas”. Y si “pantomimas” son o fueron muy frecuentes por esos rumbos, sería interesante poder descubrir quién las promovía, pues no fue sino hasta casi finalizar el siglo XIX, que por sitios tan alejados, actuaban las cuadrillas de Timoteo Rodríguez y de María Aguirre “La Charrita mexicana”. Diez años antes a estos acontecimientos, no contamos con información para revelar a los que fomentaban ese tipo de espectáculo, no para reprochárselos, sino para entender la forma en que los daban a conocer, entendiendo que así podían dar gusto a las aficiones fronterizas de ambos países. 

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EL ÚLTIMO ENCUENTRO.

RECOMENDACIONES y LITERATURA.

 POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE

    El texto del que me valgo para la presente recomendación no es precisamente un libro de toros. Se trata de la novela El último encuentro[1], escrita por Sándor Márai. La distancia de 41 años hace que se recupere en términos no muy gratos la profunda amistad de tres personajes esenciales, dos militares y una tercera, ausente, pero que influyó en buena medida sobre el destino de aquellos dos jóvenes que construyeron unos lazos entrañables los cuales, por azares del destino se dispersaron misteriosamente.    No contaré la historia de un maravilloso trabajo. Los invito a que hagan la gozosa lectura.

   Avanzada esta, encontré varias razones que explican algunos aspectos en los cuales hoy se encuentra muy activa la polémica, más en contra que a favor de los toros, pero que los elementos allí tratados, sirven para justificar muchos de los significados del espectáculo.

   Nos dice Márai que reunidos Konrád y su esposa Kirsztina en Egipto, donde pasaban su luna de miel, fueron alojados en la casa de una familia árabe. En cierto momento, al llegar unas visitas “todos hombres, señores con sus criados” el ambiente de aquel hogar cambió radicalmente.

   Todos nos sentamos alrededor del fuego sin decir palabra. Krisztina era la única mujer entre nosotros. A continuación, trajeron un cordero, un cordero blanco; el anfitrión sacó un cuchillo y lo mató con un movimiento imposible de olvidar… Ese movimiento no se puede aprender; ese movimiento oriental todavía conserva algo del sentido simbólico y religioso del acto de matar, del tiempo en que ese acto significaba una unión con algo esencial, con la víctima. Con ese movimiento levantó su cuchillo Abraham contra Isaac en el momento del sacrificio; con ese movimiento se sacrificaba a los animales en los altares de los templos antiguos, delante de la imagen de los ídolos y deidades; con ese movimiento se cortó también la cabeza a san Juan Bautista… Es un movimiento ancestral. Todos los hombres de Oriente lo llevan en la mano. Quizás el hombre haya nacido con ese movimiento al separarse de aquel ser intermedio que fue, de aquel ser entre animal y hombre… según algunos antropólogos, el hombre nació con la capacidad de doblar el pulgar y así pudo empuñar un arma o una herramienta. Bueno, quizás empezara por el alma, y no por el dedo pulgar, yo no lo puedo saber (afirma Konrád). El hecho es que aquel árabe mató el cordero, y de anciano de capa blanca e inmaculada se convirtió en sacerdote oriental que hace un sacrificio. Sus ojos brillaron, rejuveneció de repente, y se hizo un silencio mortal a su alrededor. Estábamos sentados en torno del fuego, mirando aquel movimiento de matar, el brillo del cuchillo, el cuerpo agonizante del cordero, la sangre que manaba a chorros, y todos teníamos el mismo resplandor en los ojos. Entonces comprendí que aquellos hombres viven todavía cercanos al acto de matar: la sangre es una cosa conocida para ellos, el brillo del cuchillo es un fenómeno tan natural como la sonrisa de una mujer o la lluvia. Aquella noche comprendimos (creo que Krisztina también lo comprendió, porque estaba muy callada en aquellos momentos, se había puesto colorada y luego pálida, respiraba con dificultad y volvió la cabeza hacia un lado, como si estuviera contemplando sin querer una escena apasionada y sensual), comprendimos que en Oriente todavía se conoce el sentido sagrado y simbólico de matar, y también su significado oculto y sensual. Porque todos sonreían, todos aquellos hombres con rostro de piel oscura, de rasgos nobles, todos entreabrían los labios y miraban con una expresión de éxtasis y arrobamiento, como si matar fuera algo cálido, algo bueno, algo parecido a besar. Es extraño, pero en húngaro, estas dos palabras, matanza y besos, ölés y ólelés, son parecidas y tienen la misma raíz…

    Ahora bien, sorprende una afirmación que Konrád, en la pluma de Márai, plantea la visión que me parece no es de rechazo, sino de clara comprensión del hecho presenciado que analiza en estos términos:

    Somos occidentales, o por lo menos llegados hasta aquí e instalados. Para nosotros, matar es una cuestión jurídica y moral, o una cuestión médica, un acto permitido o prohibido, un fenómeno limitado dentro de un sistema definido tanto desde un punto de vista jurídico como moral. Nosotros también matamos, pero lo hacemos de una forma más complicada; matamos según prescribe y permite la ley. Matamos en nombre de elevados ideales y en defensa de preciados bienes, matamos para salvaguardar el orden de la convivencia humana. No se puede matar de otra manera. Somos cristianos, poseemos sentimiento de culpa, hemos sido educados en la cultura occidental. Nuestra historia, antigua y reciente, está llena de matanzas colectivas, pero bajamos la voz y la cabeza, y hablamos de ello con sermones y con reprimendas, no podemos evitarlo, éste es el papel que nos toca desempeñar. Además está la caza y sólo la caza. En las cacerías también respetamos ciertas leyes caballerescas y prácticas, respetamos a los animales salvajes, hasta donde lo exijan las costumbres del lugar, pero la caza sigue siendo un sacrificio, o sea, el vestigio deformado y ritual de un acto religioso ancestral, de un acto primigenio de la era del nacimiento de los humanos. Porque no es verdad que el cazador mate para obtener su presa. Nunca se ha matado solamente por eso, ni siquiera en los tiempos del hombre primitivo, aunque éste se alimentara exclusivamente de lo que cazaba. A la caza la acompañaba siempre un ritual tribal y religioso. El buen cazador era siempre el primer hombre de la tribu, una especie de sacerdote. Claro, todo esto perdió fuerza con el paso del tiempo. Sin embargo, quedaron los rituales, aunque debilitados.

    Finalmente, y para el propósito de esta recomendación que ya se ve, trae bastante sustancia para la reflexión, aparece un importante párrafo que amplía los significados de la caza, como sigue:

 Los pájaros se ponen a cantar, un cervatillo corre por el sendero, lejos, a unos trescientos pasos de distancia, y tú te escondes entre los arbustos y pones allí toda tu atención. Has traído el perro, no puede perseguir al venado… el animal se detiene, no ve, no huele nada, porque el viento viene de frente, pero sabe que su final está cerca; levanta la cabeza, vuelve el cuello tierno, su cuerpo se tensa, se mantiene así durante algunos segundos, en una postura magnífica, delante de ti, como paralizado, como el hombre que se queda inmóvil ante su destino, impasible, sabiendo que el destino no es casualidad ni accidente, sino el resultado natural de unos acontecimientos encadenados, imprevisibles y difícilmente inteligibles. En ese instante lamentas no haber traído tu mejor arma de fuego. Tú también te detienes en medio de los arbustos, te paralizas, tú también, el cazador. Sientes en tus manos un temblor ancestral, tan antiguo como el hombre mismo, la disposición para matar, la atracción cargada de prohibiciones, la pasión más fuerte, un impulso que no es ni bueno ni malo, el impulso secreto, el más poderoso de todos; ser más fuerte que el otro, más hábil, ser un maestro, no fallar. Es lo que siente el leopardo cuando se prepara para saltar, la serpiente cuando se yergue entre las rocas, el cóndor cuando desciende de las alturas, y el hombre cuando contempla su presa.

    Hasta aquí con estas consideraciones que permiten un fiel de la balanza para entender cómo, desde una visión ajena, que no necesariamente se acerca a explicar lo soterrado del toreo, nos lo aclara a partir de estos pasajes que a mí me han parecido claves en esta obra para traerlos hasta aquí, ponerlos a la consideración de los lectores para que ustedes también puedan realizar el mismo ejercicio de análisis. No importa si son aficionados a los toros o contrarios a este espectáculo. Me permito sugerir que se trata de poner en práctica algo tan sencillo que se llama “sentido común” de las cosas, para tratar de entender lo que ha sido el papel de la humanidad desde los tiempos más primitivos en el que el hombre, ya consciente de sus actos, con el raciocinio de por medio, comenzó a definir el destino de lo que hoy somos. Y el hombre, enfrentado a sus necesidades tuvo que desarrollar y practicar la caza con el objeto preciso de la “disposición para matar” (“la disposición a la muerte” que decía José Alameda). Por eso tuvo que matar, y no para cometer un acto indebido, sino para materializar el “sentido sagrado y simbólico de matar” –como ocurre entre los hombres de Oriente-, mientras que para el hombre occidental “matar es una cuestión jurídica y moral, o una cuestión médica, un acto permitido o prohibido, un fenómeno limitado dentro de un sistema definido tanto desde un punto de vista jurídico como moral”. Entramos pues en un territorio que otras culturas han cuestionado en uno u otro sentido, lo que ha provocado una polarización o deformación del significado original que ha producido las reacciones encontradas de nuestros días.

   Me parece que la oportuna lectura de Sándor Márai viene en un buen momento para mostrar razones y no desvaríos o simples impulsos pasionales e irracionales que no siempre traen por consecuencia buenos resultados. Es preciso que usted, lector, traslade las circunstancias relatadas en El último encuentro y las deposite en el ámbito taurino. Encontrará semejanzas representativas que no son ajenas al texto de nuestro autor. Enfrentadas dos sociedades, pero también integradas en el devenir que la humanidad ha mostrado en el curso de muchos años, permite entender que el entrecruzamiento cultural habido siglos atrás, nos deja ver el múltiple mestizaje que hoy somos como sociedades modernas. No hacerlo nos condena a vivir ajenos a esa circunstancia.

   Ya entramos por el sendero en el que las partes en el debate tienen que ponerse de acuerdo, evitando lo que cuestiona Fernando Savater en su último libro dedicado a los toros: Tauroética. El autor hispano recalca el hecho de que

    “En cuanto a la retórica sublime que tanto encandila entre quienes están a favor o en contra de la fiesta (“la tauromaquia es la expresión del alma española y por eso nunca podrá ser erradicada de nuestro país”, “las corridas de toros son formas de sadismo colectivo, anticuado y fanático, que disfruta con el sufrimiento de seres inocentes”, así como sus diversas variantes) reconozco que me aburren soberanamente. Me pasa lo mismo que al admirable Monsier Teste de Valéry: “la bêtise n´est pas mon fort”.[2]


[1] Fernando Savater: Tauroética. Madrid, Ediciones Turpial, S.A., 2011, 91 p. (Colección Mirador)., p. 14-15.

[2] Sándor Márai: El último encuentro. Barcelona,2ª edición. Publicaciones y Ediciones Salamandra, S.A., 2010. 187 p. (Letras de Bolsillo, 97), p. 110-114.

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EFEMÉRIDES TAURINAS NOVOHISPANAS.

POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE.

 Estas son las noticias que Antonio de Robles recoge en su Diario de Sucesos Notables (1665 – 1703) en el año del señor de

 1667

 -Venida de nuestra Señora de los Remedios (11 de mayo).

-Novenario a nuestra señora (12 de mayo).

-Beatificación de San Pedro Arbúes. Fuegos en la plazuela y toros (17 de septiembre).

-Remate de las bóvedas de catedral con muchas fiestas (22 de diciembre).

    Volvemos nuevamente con Antonio de Robles, ese personaje que en el compendio maravilloso de sus noticias, nos permite reencontrarnos con un siglo que muchos han calificado de “oscuro”. La supuesta “oscuridad” de un siglo brillante, intenso como fue el XVII. ¡Nada más y nada menos que el siglo de oro de las letras españolas! Un siglo donde el barroco se desplegó de manera caudalosa en todos los órdenes. Un siglo en el que el toreo también alcanzó en la Nueva España cotas que hoy nos resultan increíbles dada la ostentación, el boato, la magnificencia con que ocurrieron diversos festejos, y donde un novohispano como Juan Ruiz de Alarcón, no aquí pero sí en la España de 1623 retrató con espléndida pluma e imaginación un “juego de cañas” que quedó plasmado en su Elogio descriptivo…:

 

(…….)

 

En torno lustra la cuadrada arena

el concertado alarde en lento paso,

y en orden de sus rayos la enajena

la puerta, que al Oriente les da ocaso;

suspensa está en la admiración la pena

de la ocultada pompa, que al Parnaso

en vano musas a alabarla ofrece;

alábela el callar, que no enmudece.

 

(…….)

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JOSÉ MOYANO EN CELAYA…

REVELANDO IMÁGENES TAURINAS MEXICANAS. REVELADO Nº 17: JOSÉ MOYANO EN CELAYA…

 POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE.

    José Moyano era banderillero. A principios del siglo XX impulsó en España la “Sociedad filantrópica taurina”, que no era otra cosa que amparar el triste y abandonado estado en que quedan muchos de los picadores, banderilleros y puntilleros, cuando sufren alguna cogida, o en las postrimerías de su vida torera, evitando así que se presentara el peor de los estados, aquel en el que después de mil privaciones y miserias estos “humildes de la fiesta” van a morir en el rincón de un hospital. Dicha “Sociedad” encontró acogida entre toreros como Antonio Fuentes, “Bombita-chico”, “Machaquito” y “Cocherito de Bilbao”.

   La misión de la Sociedad fue remediar los accidentes que sufriesen los toreros en activo, proporcionándoles médicos y farmacéuticos y medios con que alimentarse hasta su restablecimiento.

   Este José Moyano vino a México durante varias temporadas en la transición de los siglos XIX y XX. Aquí lo vemos, en la ensoñadora placita de Celaya, en la calle de Aldama. Dicha plaza, con una vista primitiva, donde para algunos había sido construida a finales del XVIII y para otros, en ocasión de algunas fiestas que estaban por celebrarse a finales de la octava década del XIX, pero que no habiendo un espacio idóneo para ello, fue preciso construirla, conforme a los dictados arquitectónicos de aquella época.

Colección del autor.

   Moyano era un tipo simpático, que se hizo querer entre nuestros antepasados, y hasta conocemos de él una auténtica “puesta en escena”, la que realizó para cierta vista cinematográfica allá por 1902 en la plaza de toros de la Villa de Guadalupe, en la ciudad de México.

Colección del autor.

   Lo encontramos refugiado en el burladero, llevando en la mano izquierda un par de banderillas de las del zarzo de lujo, pero es que ¡iba a banderillar José Moyano!

   Quizá se trate del festejo mayor que los celayenses esperaban durante todo el año: la corrida de navidad, una navidad en los primeros años del siglo pasado. La figura del toro queda reflejada bajo los rayos del sol como una especie de sombra en espera de plasmarse en los muros de alguna cueva, como la de Altamira o Lascaux. Y aquella multitud que colma los tendidos, son entusiastas aficionados que vistieron sus mejores galas, donde creo, a nadie le falta un sombrero, mientras otros se cubren del “güero” con sus sombrillas y paraguas.

   Mi padre, que había nacido en el emblemático sitio ferrocarrilero de Empalme Escobedo, a unos kilómetros de esta población del bajío mexicano, pronto llegó con sus padres y vivieron en una casa vecina a la plaza de toros. Su afición lo transportaba a recordar los tiempos en que pudo ver a “Chicuelo”, a “Armillita”, a Garza o al “Soldado”. Y me contaba que la “corrida de Navidad” era todo un acontecimiento en la entonces sosegada Celaya. Si nos remontamos algunos años atrás a esta cita, debo decirles que el arraigo de la fiesta de toros tuvo como resultado infinidad de festejos a donde torearon, por aquellos primeros años del siglo XX figuras tales como: Cesáreo Hernández “El Españolito”, Antonio Salas “Salitas”, Agustín Velasco, Arcadio Ramírez “Reverte Mexicano”. Allí se presentó el 2 de junio de 1901 la banderillera potosina María Hernández. También se dejaron ver toreros como el viejo Manuel Hermosilla, Leopoldo Camaleño, José Rivas “Morenito chico de San Bernardo”, Antonio Ortiz “Morito”, “Morenito de Valencia”, Antonio Montes, quienes lidiaron toros de Jalpa, La Labor, Parangueo, Cazadero, del Copal y del Labrador.

   Finalmente debo decir que las corridas de feria en esa ciudad ocurrían alegremente los días 22, 24, 25 y 26 de diciembre, así como el 1º de enero, sin que faltaran otras fechas como en abril, mayo, junio, julio y hasta septiembre, lo que indica que los toros en Celaya no eran una casualidad…

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GLOSARIO y DICCIONARIO TAURINOS. VII

POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE.

    Cuando mi obligación es dar a conocer términos, elementos o conceptos que no estando necesariamente en diccionarios taurinos, pero sí en todo aquel bagaje que lo contextualice, tuve oportunidad de encontrar en la edición digital de La Jornada de Oriente del 9 de agosto de 2010 un material que, por sus características, me parece interesante y a la vez curioso. El “Glosario taurino-jornalero” fue realidad gracias a la manera alternada en que lo concibieron Horacio Reiba, Leonardo Paéz y “Lumbrera Chico” luego de que estos tres personajes claves en la crítica de toros de nuestro país, realizara conjuntamente una charla el pasado 22 de julio de 2010 en la entrañable ciudad de Puebla de los Ángeles. Así que la autoría se reparte entre la tercia ya referida, misma tercia a la que reconozco la autoría y los derechos del caso. Veamos.

 Lunes 9 de agosto de 2010. La Jornada de Oriente.

Glosario táurico-jornalero.

 ALCALINO (Horacio Reiba).

 Del diálogo taurino sostenido en Profética el jueves 22 de julio por los cronistas Leonardo Páez, Lumbrera Chico (de La Jornada nacional ambos) y Horacio Reiba (de esta casa editorial) hemos extraído algunos términos que el columnista juzga indispensables, tanto para honrar tan señalada ocasión como para fijar en la memoria del lector sus significados, útiles a una mejor comprensión del preocupante estado de la fiesta de toros en México. Contribuyeron también con su participación dialogante los amigos Antonio Moreno, Juan Huerta y Jaime Oaxaca, entre otros.

 En contra de lo que es usual, este glosario no respetará un orden alfabético, sino las relaciones semánticas que sirvan de enlace a los vocablos que a continuación se definen.

 Toreo. Arte popular tradicional que, para llevarse a cabo, requiere la unión indisociable y dinámica de ética y estética. La ausencia de cualquiera de estos dos elementos lo malogrará irremediablemente.

 Estética. Disciplina abocada al estudio de la belleza en cualquiera de sus formas; muy relacionada con las bellas artes y su perfeccionamiento conceptual, técnico y estilístico.

Ética. Parte de la filosofía que trata sobre los principios del bien y del mal. Está relacionada con las conductas y actitudes humanas, sustentadas en valores de carácter moral.

 Testigo. En la Roma clásica, el hombre que presentaba testimonio ante un juez o ante los dioses se tomaba los testículos para simbolizar, a modo de juramento, su compromiso con la verdad. En tauromaquia, el testimonio que está obligado a dar el torero se traduce en la actitud viril de enfrentar con arte y sin trampa al toro íntegro que demandan la tradición y el reglamento taurino vigente.

 Afición. Enfermedad hereditaria que aqueja a una parte de la población nacional cada día más escasa.

 Taurófilo. Aficionado al toreo o cualquier forma de tauromaquia. Persona que gusta de las corridas de toros.

 Mexhincado. Variedad del taurófilo nacional firmemente convencido de que todo lo que venga de España es, por ese solo hecho, superior al producto nacional correspondiente, que él considera un mero sucedáneo, despojado de las mejores virtudes del original.

 Taurino.Como sustantivo, se refiere a las personas operativamente implicadas en cualquier aspecto relacionado con la organización y puesta en escena de las corridas de toros o novillos. Ejemplo: ganaderos, empresarios, apoderados, publicronistas… como adjetivo, califica al toro de lidia y las cosas de su entorno y el de la tauromaquia.

 Publicronistas. Periodista especializado que se caracteriza por entender su oficio como un patrimonio expendible al mejor postor, que en el caso de la fiesta de toros suele ser alguien relacionado con algún torero, ganadero, empresario o cualquier otro elemento interesado en que el referido ensalce exageradamente y sin motivo justificado a quien ha comprado subrepticiamente sus servicios profesionales, justamente con esa finalidad.

 Biodiversidad. Suma de especies animales y vegetales que alojan los ecosistemas del planeta. Si un ecosistema dado sufre alteraciones profundas, es posible que algunas de las especies que lo conforman, o el ecosistema en su conjunto, se encuentren en peligro de extinción.

 Habitauro. Ecosistema endémico –es decir, limitado a unos pocos nichos culturales– en el que interactúan como elementos esenciales el toro, el torero, la autoridad competente, el público espectador–lector y los cronistas y críticos en los diversos medios, en una relación dialéctica cuyas tensiones han dado como resultado el hecho cultural llamado toreo. En los últimos tiempos, este peculiar ecosistema ha acusado una considerable degradación que hace peligrar su futuro, particularmente en México.

 Toro bravo mexicano. Variedad del toro de lidia de origen español desarrollada por el talento y la dedicación de los ganaderos escrupulosos de este país (cuando los había). Esta subespecie bovina se distingue por su buena casta, que redunda en una movilidad exigente, atenuada por la excelente clase de sus embestidas. Su tamaño y el de su cornamenta siempre fue armonioso y nunca exagerado, nada que ver con la mastodóntica presentación de las actuales reses hispanas.

 Sufrimiento. Categoría psicológica exclusivamente humana que sobreviene de manera súbita o continuada cuando la mente se abstrae en pensamientos relacionados con su finitud, o cuando el dolor vence las resistencias sensibles del organismo. Los animales pueden experimentar dolor, enfermedad y muerte, pero nada ni nadie ha podido demostrar que sufran.

 Animalista. Persona empeñada en hacer que las especies animales que pueblan la Tierra sean sujetos de una serie de derechos que, en su opinión, deberían quedar consagrados jurídicamente. Su evidente hipersensibilidad suele desaparecer cuando se trata de la defensa y promoción de los derechos humanos, tanto individuales como, sobre todo, colectivos.

 Abolicionista. Animalista cuya mentalidad, claramente integrista, lo ha convertido en militante activo en favor de la supresión de las corridas de toros.

 Integrista. Quien ha decidido imponer a los demás su ideología y visión del mundo, o una parte fundamental de la misma.

 Riqueza. Acumulación inmoderada de capital, generalmente económico (sobre todo bajo el neoliberalismo en boga), que implica el sometimiento al dinero de los valores individuales y culturales, base del antiguo humanismo.

 Olinarquía. Según definición de Jaime Avilés, es la unión perversa que se da en determinados países (como el nuestro) entre las oligarquías nacionales y las bandas organizadas del narcotráfico, duplicando así el daño infligido a la sociedad.

 Inmunidad al ridículo. Desarreglo mental, inducido por un narcisimo incontrolable, que se traduce en incapacidad para percibir cuándo las actitudes, actos o declaraciones propias caen o amenazan con caer en lo absurdo, grotesco o ridículo. Ejemplo típico: la actual olinarquía mexicana.

 Ninis. Designa a los 7 millones de jóvenes mexicanos que en la actualidad ni estudian ni trabajan. E indirectamente, subraya la incapacidad de los promotores taurinos para encontrar entre esa población ávida de oportunidades al menos un novillero con hambre y personalidad capaces de apasionar a la aletargada afición. A cambio, tal ejército de la desesperanza abastece sin cesar a las fuerzas del crimen organizado, aportando sicarios al servicio de la muerte.

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