ACLARACIONES SOBRE EL ORIGEN DE ATENCO.

POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE.

    Retomando el caso sobre la génesis de la tauromaquia en México, pero sobre todo, con aquello que tiene que ver con la de Atenco, considerada la primera y más antigua ganadería de nuestro país y del orbe taurino, me parece oportuno traer una EDITORIAL que publiqué el pasado 31 de enero, y con ese objeto continuar aquí en el intento de poner claridad al manejo indebido de datos relacionados con esta unidad de producción agrícola y ganadera. Antes de continuar, sólo deseo hacer público el esfuerzo que, por 25 años he dedicado en una investigación académica que ha culminado con la presentación de mi tesis doctoral en historia, llevando el siguiente título:

 ATENCO: La ganadería de toros bravos más importante del siglo XIX. Esplendor y permanencia. Tesis que, para obtener el grado de Doctor en Historia presenta José Francisco Coello Ugalde. México, Universidad Nacional Autónoma de México, División de Estudios de Posgrado. Colegio de Historia. 251 p. + 651 de anexos. (Pendiente de su presentación).

 CONTRA LA ESPECULACIÓN EN LA HISTORIA.

    Cuando la historia se convierte en un instrumento coherente y equilibrado de interpretación y análisis, no puede uno más que expulsar a la especulación, la mentira y hasta la mitomanía, defectos que se producen cuando la validez del suceso histórico en cuestión pierde sustancia, esencia, debido sobre todo a la interpretación que cada uno solemos dar a ese hecho.

   La fiesta taurina es lo suficientemente fuerte para desatar pasiones que producen en buena medida partidarismos, escisiones, pros y contras por este o aquel torero; por esa o aquella razón. Y en ello, le va la vida. Una vida por cierto bastante añeja y que se conserva entre nosotros luego de 485 años, a pesar de todos los pesares.

   Uno de esos primeros fenómenos que cayeron en la distorsión es el capítulo de la génesis de Atenco, la ganadería de toros más antigua de México, cuyo origen, como encomienda[1] tiene fecha del 19 de noviembre de 1528 y que se conserva hasta nuestros días. Así que haga usted sus cuentas. Estamos hablando de un territorio con 483 años de antigüedad.

   Pues bien, cuando se hace referencia al pie de simiente originario, se suele mencionar el caso de los “doce pares de toros y de vacas” de procedencia navarra, una casta peculiar en España y que hoy resurge en otra ganadería, gracias a los quehaceres de Miguel Reta, que ha dedicado un empeño especial para que Alba Reta, dehesa de reciente cuño, y pura casta navarra ocupe un lugar de privilegio entre las casas ganaderas de la península ibérica. Recuperando el hilo de la conversación, debo decir que esa primera mención es legada por Nicolás Rangel en su libro Historia del toreo en México. Rangel realizó una actividad en el campo de la investigación, tanto en la Universidad Nacional como en el Archivo General de la Nación Mexicana, colaborando en obras como la Antología del Centenario,[2] o “Los estudios universitario de D. Juan Ruiz de Alarcón y Mendoza”[3] entre otras.

   Sin embargo, la cita que Rangel nos proporciona no tiene sustento, no existe el aparato erudito o aparato crítico que permitiría afirmar el dicho, de ahí que pase a formar parte de las especulaciones. Sin embargo, esas debilidades históricas han sido suficientes para consolidar una razón que se cree a pie juntillas. Veamos cómo plantea el asunto:

    El conquistador, Lic. Juan Gutiérrez Altamirano, primo de Hernán Cortés, había obtenido de éste, como repartimiento, el pueblo de Calimaya con sus sujetos; y con otras estancias que había adquirido en el valle de Toluca, llegó a formar la hermosa Hacienda de Atenco, llamada así por ser el nombre del pueblo más inmediato. Para poblar sus estancias con ganado bovino, lanar y caballar, hizo traer de las Antillas y de España, los mejores ejemplares que entonces había, importando de Navarra doce pares de toros y vacas seleccionados que sirvieron de pie veterano a la magnífica ganadería que ha llegado a nuestros días.[4]

    Datos de esa magnitud merecen el descubrimiento mismo de la ganadería de bravo en México y por muchos años así se le ha considerado.

   ¡Grave error!

   Varios motivos que contradicen este asunto, forman un abigarrado expediente que sirve de evidencia y muestra certera de que la historia en cuanto tal tiene mucho por ofrecer en el plano de las precisiones.

   Aconseja Jacob Burckhardt “No regañemos a los muertos. Entendámoslos”. Si bien Nicolás Rangel se desempeñó mejor en la crítica literaria (véase la Antología del Centenario) que como historiador, su obra Historia del Toreo en México pasa a ser un texto muy interesante, aunque me parece -en lo personal-, una historia positivista, que solo registra pero sin navegar en profundidades del fundamento. Es decir no se compromete. Que es útil, lo ha sido, aunque en partes deja que desear por la ligereza de su construcción salvada por los conocimientos literarios y taurinos del leonés.

   Con el planteamiento anterior manifiesto mi desacuerdo, en virtud de que ese dato pone en entredicho no sólo el origen de esta hacienda (y no es que lo niegue, y por consecuencia pretenda liquidarlo de un plumazo), sino también la procedencia del pie de simiente, en unos momentos en los que, la cantidad de ganado mayor o menor establecido para entonces enla Nueva España, va incrementándose rápidamente, sobre todo entre las nuevas propiedades territoriales, donde los señores encomenderos van fijándose ese propósito. Haya o no llegado dicho “pie de simiente”; se encuentre o no el documento del que se valió Rangel para sustentar su hipótesis, hace que se cuente también con otros testimonios, con el suficiente peso para dar otro entorno a ese origen y desarrollo, ocurrido en la hacienda de Atenco.

   Si Nicolás Rangel nos dice que los doce pares de toros y de vacas “raíz brava para Atenco”, fueron traídos para un fin específico: crear un pie de simiente, su aseveración está lejos de toda realidad. La profesionalización de la ganadería llegó mucho tiempo después (últimos años del siglo XVIII en España; fines del XIX en México). En España, hacia 1732 se fue haciendo común la práctica impuesta porla Maestranzaen dos vertientes: una, que sus empleados salían a buscar los toros asilvestrados o bien, encargaba a un varilarguero de su confianza la compra de reses en el circuito de abastos). En tanto el ganado que se empleaba para las fiestas poseía una cierta casta, era bravucón, y permitía en consecuencia el lucimiento de los caballeros y las habilidades de pajes y gentes de a pie. El abasto, disponiendo de la coyuntura del rastro, y la plaza son los únicos destinos del ganado, aunque al parecer no fue posible que mediara entre ambos aspectos alguna condición particular. Por lo tanto, durante buena parte del siglo XVI, no había evidencia clara en la crianza y búsqueda específica de bravura en el toro.

   Ahora bien, ¿qué hay sobre las reses navarras?

   Ni Carriquiri ni Zalduendo existían para entonces. Los toros navarros y su acreditada fiereza son bien reconocidos desde el siglo XIV pues no faltaban fiestas, por ejemplo en Pamplona, lugar donde se efectuaron con frecuencia. Posibles descendientes de don Juan Gris y ascendientes del marqués de Santacara (Joaquín Beaumuont de Navarra y Azcurra Mexía) pudieron haber tenido trato con alguno de los descendientes de Juan Gutiérrez Altamirano directamente en el negocio de compra-venta de los ganados aquí mencionados, y que pastaron por vez primera en tierras atenqueñas.[5]

   Presuponen algunos que los toros navarros eran de origen celta. Gozaban de pastos salitrosos en lugares como Tudela, Arguedas, Corella y Caparroso dominados por el reino de Navarra.

   En el curso de la Edad Media, fiestas y torneos caballerescos abarcan el panorama y nada mejor para ello que toros bravos de indudable personalidad, cuyo prestigio y fama hoy son difíciles de reconocer en medio de escasas noticias que llegan a nuestros días.

   Es cierto también que con anterioridad a los hechos de 1528, inicia todo un proceso de introducción de ganados en diversas modalidades para fomentar el abasto necesario para permitir una más de las variadas formas de vivir europeas, ahora depositadas en América.

   Sobre el misterio de los “doce pares de toros y de vacas” acaso habría que plantear si dentro de la intensa labor de evangelización, era necesario establecer una figura en el grupo no de “doce pares de toros y de vacas”, sino de los “doce apóstoles” que parecen ser recordados por aquellos doce misioneros franciscanos que llegaron a México el 13 de mayo de 1524, enviados por el Papa Clemente VII: fray Martín de Valencia en calidad de Custodio, nueve frailes sacerdotes: Francisco de Soto, Martín de la Coruña, Antonio de Ciudad Rodrigo, García de Cisneros, Juan de Rivas, Francisco Jiménez, Juan Juárez, Luis de Fuensálida y Toribio de Benavente (Motolinía), más dos legos fray Juan de Palos y fray Andrés de Córdoba. Un año antes se habían instalado Pedro de Gante, Juan de Tecto y Juan de Aora. En conjunto, se dedicaron a la conversión y defensa del indio.[6]

   A todo lo anterior, no me resta sino afianzarme en el territorio confiable de la historia, con objeto de encontrar la certeza y una más confiable veracidad de los hechos, antes que vernos acometidos por errores como los que se difunden en términos de meros rumores y especulaciones. Como se ve, esta es una entre muchas de las razones que obligan a tener mayor cuidado para manejar la historia.

 

LA “A” DE ATENCO.

    Pero todavía hay más cosas que deben ponerse en claro.

   Adelantaré aquí lo que en una siguiente entrega se habrá de detallar. Me refiero a los siguientes puntos:

-Sobre algunas apreciaciones que Luis González Obregón hizo de las fiestas que los indios celebraban a finales del siglo XVI, y donde la marcada necesidad de que fuesen con toros, establece la condición de que ya eran una costumbre.

-De que fue hasta 1652 en que se tuvo una primera noticia relacionada con toros, no conocidos propiamente con el nombre de su procedencia: Atenco, sino porque para dichas fiestas “dieron los toros los condes de Santiago de Calimaya…”

-De que en el último tercio del siglo XVIII fue muy posible la llegada de un pie de simiente, que procedía directamente de la región navarra,  dato que se corroboraría en 1858 con la siguiente afirmación:

 PLAZA DEL PASEO NUEVO, PUEBLA, PUE. En 1858 fue nuevamente reedificada dicha plaza, estrenándola -así fue anunciado- Bernardo Gaviño, llevando de segundo espada a Pablo Mendoza, con toros de Atenco, “entonces ganadería recientemente fundada”. Fueron los festejos, para celebrar los Días de Todos Santos, la primera semana del mes de noviembre.[7]

-Ocuparme del movimiento de ganado bravo que tuvo Atenco entre 1815 y 1915.

CONTINUARÁ

 


[1] La encomienda es una institución de origen castellano que pronto adquirió en las Indias caracteres peculiares que la hicieron diferenciarse plenamente de su precedente peninsular.

   Por la encomienda, un grupo de familias de indios mayor o menor según los casos, con sus propios caciques quedaba sometido a la autoridad de un español encomendero. Se obligaba éste jurídicamente a proteger a los indios que así le habían sido encomendados y a cuidar de su instrucción religiosa con los auxilios del cura doctrinero. Adquiría el derecho de beneficiarse con los servicios personales de los indios para las distintas necesidades del trabajo y de exigir de los mismos el pago de diversas prestaciones económicas.

[2] Antología del Centenario. Estudio documentado de la literatura mexicana durante el primer siglo de Independencia (1800-1821). Obra compilada bajo la dirección del maestro Justo Sierra, por Luis G. Urbina, Pedro Henríquez Ureña y Nicolás Rangel. México, Universidad Nacional Autónoma de México, 2ª edición, 1985. 2 V. (Coordinación de Humanidades. Facultad de Filosofía y Letras).

[3] Nicolás Rangel, “Investigaciones bibliográficas: Los estudios universitarios de d. Juan Ruiz de Alarcón y Mendoza”, en Boletín de la Biblioteca Nacional de México, X (1913), núms.1 y 2.

[4] Nicolás Rangel: Historia del toreo en México, 1521-1821. México, Imp. Manuel León Sánchez, 1924. 374 p. fots., p. 10.

[5] Alejandro Villaseñor y Villaseñor: Los condes de Santiago. Monografía histórica y genealógica. México, “El Tiempo”, 1901. 392 p. 64-65. En 1711, el conde Don Nicolás salió electo alcalde ordinario dela Ciudad de México, noticia que encontramos en la obra del Padre Cavo.

[6] José Francisco Coello Ugalde: “Atenco: La ganadería de toros bravos más importante del siglo XIX. Esplendor y permanencia”. Tesis que, para pretender el grado de Doctor en Historia presenta (…). México, Universidad Nacional Autónoma de México, Facultad de Filosofía y Letras, División de Estudios de Posgrado, Colegio de Historia. 2006. 251 p. + 700 p. de anexos (titulación en trámite).

[7] Heriberto Lanfranchi: La fiesta brava en México y en España 1519-1969, 2 tomos, prólogo de Eleuterio Martínez. México, Editorial Siqueo, 1971-1978. Ils., fots., T. I, p. 163.

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