Archivo mensual: agosto 2011

GLOSARIO Y DICCIONARIO TAURINOS. VIII.

POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE.

   En mi afán de seguir buscando aquellos términos que por su original denominación aplican en el espectáculo taurino, encontré una curiosa coincidencia que se hizo presente allá por 1887, año en el que las corridas de toros recuperaban su dinámica en la ciudad de México, luego de una larga prohibición impuesta entre los años de 1867 a 1886. Ya desde 1884 y con la aparición del periódico “El Arte de la Lidia”, en el que uno de sus responsables fue Julio Bonilla, se hizo notar en buena parte de las páginas dedicadas al quehacer que, entre 1884 y 1887 se dio en la provincia, varios de sus colaboradores comenzaron a mostrar interés por desvelar diversos significados que la técnica y la estética supondrían en unos momentos en que aún no estaba del todo declarada la etapa que he denominado como de asunción del toreo de a pie, a la usanza española en versión moderna. Por tanto, quienes detentaban por aquel entonces el control taurino eran dos figuras centrales: Bernardo Gaviño, ya en plena decadencia, y que habría de morir el 11 de febrero de 1886. El otro caso fue el de Ponciano Díaz. Sin embargo, el tipo de expresión que predominaba era la de un toreo a la “mexicana”, si nos atenemos al hecho de que calificar con esa etiqueta aquel tipo de manifestaciones, era por el simple hecho de que estaban en boga un conjunto de suertes resultantes de aquel periodo de fascinación que puso en práctica el diestro portorrealeño, matizando los festejos no sólo del entramado que se fundaba en la técnica, pero más aún en la herencia española, de la que aún soplaban algunos vientos, puesto que hubo algún distanciamiento con todo aquello que proviniera de España, y no tanto por el hecho de no emparejarse con los adelantos que ocurrían en la península, sino por el hecho de que Gaviño impuso un control el cual se convirtió en la directriz de muchos de los festejos que entonces se desarrollaron durante el periodo de su mayor vigencia, que va, por lo menos de 1835 a 1886. Aquello era un conjunto de representaciones híbridas y combinadas, lo mismo a pie que a caballo, agregándoseles toques de “fantasía” basada en la incorporación de mojigangas, globos aerostáticos, jaripeo, coleo y manganeo. De la misma forma, también estaban presentes los toros embolados, los fuegos de artificios, las cucañas o palos ensebados que fueron un gran muestrario de la riqueza que ostentaba el espectáculo en aquellos momentos.

   A la llegada de Ponciano Díaz, las suertes que se practicaban eran un perfecta puesta en escena de todo aquello que ocurría en el campo pero que se podía practicar en los ruedos y viceversa. Todo esto no era suficiente para darle a la tauromaquia un sentido formal, de ahí que cuando corría el año de 1887, comenzaron a surgir una serie de impresos que vindicaban y reivindicaban a las “Tauromaquias” como tratado. Un primer ejemplo es el de Luis G. Inclán, quien para 1862 publicaba su ESPLICACIÓN DE LAS SUERTES DE TAUROMAQUIA QUE EJECUTAN LOS DIESTROS EN LAS CORRIDAS DE TOROS, SACADA DEL ARTE DE TOREAR ESCRITA POR EL DISTINGUIDO MAESTRO FRANCISCO MONTES. México, Imprenta de Inclán, San José el Real Núm. 7. 1862. Por fortuna, dicha obra es hoy una realidad en la interesante edición facsimilar presentada porla Unión de Bibliófilos Taurinos de España y que se publicó en Madrid el año de 1995.

   Volviendo al año 1887, al menos dos ediciones dieron constancia no de la de Montes, pero sí de la de José Delgado “Pepe Hillo”, lo que recuperaba un documento que para entonces, ya era en España anacrónico y pasado de moda, pero no para nuestro país.. Fue tal la importancia que desprendía el contenido de ese documento que tanto en la ciudad de México como en Orizaba salieron impresas dos ediciones de un mismo título.

   El impresor de Orizaba, Juan C. Aguilar fue aún más allá, pues en la portada advertía que se trataba de la “Primera edición mexicana, Corregida al estilo de las suertes del país y aumentada con el uso del manejo de la reata y el jaripeo”. Con esto, afirmaba de alguna manera el hecho de que no bastaba con la “Tauromaquia” de “Pepe Hillo”. Era necesario seguir glorificando una serie de suertes que, sobre todo en manos de Ponciano Díaz alcanzaban la dimensión “non plus ultra”.

   En cambio, Ignacio Cumplido, impresor del otro ejemplar en la ciudad de México fue más conservador y respetó, hasta donde le fue posible la integridad de la fuente original, haciendo una transcripción que se apegara a la experiencia del antiguo diestro sevillano, muerto el 11 de mayo de 1801.

http://es.wikipedia.org/wiki/Archivo:Portada_tauromaquia_pepehillo.jpg

    En dicha fuente existe una serie de definiciones que, por ser motivo de la presente sección, no dudaré en citar algunas de ellas, con el propósito de encontrar si ese anacronismo ya se materializó o sigue vigente aún. Y aún más. Me pregunto si el “anacronismo” del que me ocupo fue una concepción teórica que se adaptó al también “anacrónico” estado de cosas que se mantenía en el quehacer taurino de antes de la “reconquista vestida de luces” que detona vigorosa a partir de 1887.

   Me refiero a la reconquista vestida de luces, que debe quedar entendida como ese factor el cual significó reconquistar espiritualmente al toreo, luego de que esta expresión vivió entre la fascinación y el relajamiento, faltándole eso sí, una dirección, una ruta más definida que creó un importante factor de pasión patriotera, chauvinista si se quiere, que defendía a ultranza lo hecho por espadas nacionales –quehacer lleno de curiosidades- aunque muy alejado de principios técnicos y estéticos que ya eran de práctica y uso común en España.

   Por lo tanto, la reconquista vestida de luces no fue violenta sino espiritual. Su doctrina estuvo fundada en la puesta en práctica de conceptos teóricos y prácticos absolutamente renovados, que confrontaban con la expresión mexicana, la cual resultaba distante de la española, a pesar del vínculo existente con Bernardo Gaviño. Y no solo era distante de la española, sino anacrónica, por lo que necesitaba una urgente renovación y puesta al día, de ahí que la aplicación de diversos métodos, tuvieron que desarrollarse en medio de ciertos conflictos o reacomodos generados básicamente entre los últimos quince años del siglo XIX, tiempo del predominio y decadencia de Ponciano Díaz, y los primeros diez del XX, donde hasta se tuvo en su balance general, el alumbramiento afortunado del primer y gran torero no solo mexicano; también universal que se llamó Rodolfo Gaona.

Contenido temático de la “Tauromaquia” de “Pepe Hillo”

publicada por Ignacio Cumplido en la ciudad de México. 1887.

    Aunque habiendo desglosado estos puntos con el detalle que merece el asunto, creo que debo seguir en la próxima entrega.

 CONTINUARÁ.

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NAUMAQUIA Y NO TAUROMAQUIA.

CRÓNICA.

 POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE.

 NAUMAQUIA Y NO TAUROMAQUIA.

   La palabra naumaquia nos refiere un “combate naval” o espectáculo representando una batalla naval escenificado en una piscina. Tal fue la impresión que dejó a su paso la suma de ocurrencias en la que fue sexta novillada en la plaza de toros “México”, misma que se desarrolló bajo intenso aguacero, el cual dejó a su paso un ruedo en el que parecía haber ocurrido un verdadero combate. Ese “campo de batalla” quedó en pésimo estado, el cual apenas daba tregua para alguna reparación permitiendo continuar con cada uno de los seis pasajes que se vivieron en medio de una incómoda y húmeda circunstancia.

   Desconozco las causas por las cuales la empresa, pero sobre todo la autoridad no permitieron que hubiese mejores condiciones, por ejemplo con una buena distribución de serrín evitando así más de un momento de riesgo y peligro. En todo caso se pudo corroborar el buen desagüe con que cuenta el ruedo de la plaza capitalina, que a ratos parecía una enorme piscina, pero también un penoso lodazal por el que novilleros y cuadrillas intentaron cuanto estuvo a su alcance. Fue imposible observar un buen espectáculo dado que los novillos de Pozohondo, además de que fueron ásperos en su mayoría, se aquerenciaron de más en los pocos terrenos que se prestaban a alguna posibilidad de lucimiento, misma que no alcanzó para que Fernando Labastida, César Ibelles y Juan Pedro Moreno pudieran salir airosos en medio de tales inconvenientes. Y no los justifico, aunque su desesperación los llevó a excederse en un afán inútil de dar la nota.

   Fue lamentable por otro lado, la presencia de un sector del público que llegó bastante entusiasmado del futbol y se metió a la plaza con afanes de seguir impulsando un asunto que se sentía tan ajeno, y que a ratos llegó a ser tan molesto que lo único que sacaron fue un enrarecimiento del ambiente. Por fortuna, los efectos de la lluvia desvanecieron sus impulsos y por fin guardaron silencio.

   Si hay que apuntar algo es la presencia de Juan Pedro Moreno, es que salió con espíritu de novillero, mostrando cosas interesantes, pero también otras donde puso en evidencia sus pocos adelantos, sobre todo al iniciar la faena en su segundo, último de la tarde. Sin más ni más comenzó la faena con una serie por la derecha, sin haber echado mano del recurso de la lidia, como para tener mejor idea a qué tipo de novillo se enfrentaba. Al transcurrir los minutos, su propósito fue desdibujándose, pues pretendiendo series por ambas manos, todo quedaba en la brevedad de dos pases y el remate. Es cierto, el novillo al dar un giro durante el primer tercio se lastimó la pata derecha, aunque siguió embistiendo y lo hizo ya, durante la parte final de la faena en condiciones bastante aceptables. Ese punto pasó de noche en Juan Pedro que, a mi juicio, desaprovechó la clase de este ejemplar, que traía en la sangre evidencias de la añeja estirpe de Malpaso. Al final, sus restos fueron retirados en medio de fuertes aplausos.

   Otro punto que no se acabó de entender fue la actuación del Juez de Plaza, quien en algunos aspectos de la lidia en su conjunto no se hizo notar como autoridad de la autoridad, lo que le valió la descalificación de diversos sectores repartidos por aquí y por allá en una desolada y triste plaza “México”. Papel incómodo el de un “juez de plaza”, pero si por alguna razón acepta presidir desde el palco que le corresponde es con objeto de aplicar la ley (en este caso el reglamento), con un criterio que debe imponer desde el principio de su mandato en la tarde que le corresponde hacerlo. Ese criterio además, debe estar bastante apegado al equilibrio para evitar en buena medida los inoportunos descalabros que vienen acompañados de la desaprobación popular.

   Para terminar, llama la atención que, precisamente el público, ese sector de público que demandó la oreja en el primero de Juan Pedro Moreno, y que increpó al Juez por negarla, luego y de manera extraña ya no estimuló la vuelta al ruedo del poblano, lo cual indica que la concesión se habría convertido en un exceso y no en una justa y afortunada premiación.

   En fin, urgía un buen café y llegar pronto a casa, que lo demás fue lo de menos.

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RECOMENDACIONES y LITERATURA. “LUNA TURQUESA”.

POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE.

 2 LIBROS 2 DE “LUNA TURQUESA”.

    Para los taurinos “Luna Turquesa” resulta un seudónimo muy torero, gitano, para ser más claros.

   Y es que acaba de salir publicado el segundo de esos libros. De entrada me remito al primero de ellos, el cual tiene varias vertientes que comentaré en seguida.

   Antes de todo me resulta un acto heroico publicar un libro en estos tiempos, y si a eso agregamos el hecho de que se convierte en un objeto al que no se le aplicó ningún precio económico, sino estimativo, por lo tanto adquiere un valor intrínseco especial, cosa que se agradece, como lo agradezco de veras.

   Por otro lado, es heroico también el hecho de que sea una mujer el que lo represente, si sabemos que en estos tiempos de apertura, todavía el espectáculo de los toros se cierra a la presencia directa de las mujeres en los toros. Afortunadamente ya comienzan a posicionarse, pero su caso es afortunado porque significa frescura en medio de tanto lugar común.

   En cuanto a su contenido, nada mejor que recordar una anécdota personal. Hace muchos años, un jovencito inquieto –como lo era el autor de estas notas-, se tomó el atrevimiento de mostrarle a Rafael Solana hijo algunos textos para saber su opinión al respecto. La respuesta del maestro fue contundente: “Escriba, no deje de escribir. Si al menos escribe una cuartilla, hágalo permanentemente, diario, pues con ello afinará su estilo, su forma de escribir”.

   Creo que tengo necesidad de transmitirle a la autora esa experiencia pues el estilo que trasciende en su trabajo es claro, tiene hechura, aunque podría sugerirle (y espero no me lo tome a mal) el que pueda afinar algunos aspectos que tocan el sentido coloquial de la expresión. Me decía un amigo: “La juventud se quita con los años”, y precisamente el hecho de matizar en demasía sus textos con ese tipo de recursos, me parece que siguiendo la práctica de lo cotidiano, de no dejar de escribir, se dejará ver en nuevos textos con un pulimento que usted será la primera en notarlo. No soy nadie para hacer este tipo de comentarios, ni tampoco poseo los créditos de un literato en potencia o el de un crítico dispuesto a destrozar o pulverizar la literatura que llega a sus manos, con objeto de aplicar métodos destructivos. Mi objetivo aquí es comentarle el sabor de boca que me dejaron sus textos que, por otro lado, son absolutamente distintos a los de la “crítica” de nota, a los “telegrafistas” que nos van dando descripción pormenorizada del acontecimiento, como si ese fuera en realidad el propósito de entender o conocer a profundidad el toreo.
   Lo suyo es todo lo contrario, se distancia, como ya dije, de los lugares comunes y esa es una muy buena carta de presentación para imponerse frente a los demás. Hoy día, a falta de críticos honestos, tenemos simplemente comentaristas, por lo que tiene usted una oportunidad para colocarse en lugar de privilegio. Creo que vendrán más trabajos que, como este, le van a ir dando aliento a la crítica.

   Celebro y saludo la aparición de su libro, en espera de que veamos más trabajos. Es deseo de muchos que se enriquezca la oferta literaria de tema taurino, cuyo balance es bastante pobre por estos días en nuestro país.

   Grata sorpresa fue encontrarme con el hecho de que desde hace unos días ya circula una nueva reunión de crónicas en el segundo de la serie. Siguiendo el mismo estilo del anterior, me parece que va afinando, pero sobre todo demostrando más cordura en sus comentarios, mismos que, como en el primero, se reúnen en escritos que no son abundantes, requieren de unos cuantos párrafos para darnos idea, para recordar también los hechos de que fuimos testigos, sobre todo en el coso capitalino. Agrega en esta nueva presentación algunos textos que dan idea de que sus propósitos por escribir no solo el acontecimiento, sino dar una serie de puntos de vista que corresponden a otros tantos aspectos que ocurren en la actualidad, o ya son cosa del pasado –como por ejemplo-, el recuerdo que hace de Alberto Balderas. Analiza el retorno de José Tomás, la presentación de Ignacio Garibay en las Ventas el 22 de mayo pasado, o la experiencia sevillana que protagonizó José Mari Manzanares hijo del que afirma:

   “Y (ahí está) el rostro del torero, con una marcada seriedad, porque no viene a hacer mercadotecnia barata, viene a jugarse la vida y viene a meter el universo en su espuerta”.

   También no tiene desperdicios el texto que titula “Genios en extinción”, donde destacan apreciaciones como las que siguen:

   “Un genio debe hacer lo que nadie más es capaz de hacer. Hacer lo preciso, en el momento preciso, bajo el exclusivo encargo de su corazón, y no repetir jamás esa hazaña; quizá otra, pero la misma nunca”.

   “Los taurinos que estuvieron ahí (refiriéndose a una jornada en específico), hablarán de ese instante por siempre. Y sus hijos, los de los taurinos, seguirán hablando de ese día, como un legado impalpable… invaluable”.

   “La existencia de genios es de vital importancia, ya que sin ellos todo perdería su verdadera proporción”.

   Pues bien, con estas apreciaciones que dejan ver a una taurina, a una escritora en franco camino a la consolidación, no puedo sino recomendar sus dos libros cuya lectura se va como agua y quizá hasta “de una sentada”. Es cierto, estos trabajos vienen a renovar en buena hora, el débil catálogo literario-taurino mexicano de nuestros días. ¡Felicidades!

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ILUSTRADOR TAURINO. DE NIÑOS TOREROS…

POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE.

 LA PRESENCIA INFANTIL EN LAS CORRIDAS DE TOROS.

 A don Amadeo Riva, aficionado peruano que anda en búsqueda de algunas “perlas” de la tauromaquia, le brindo esta “faena”.

    Si nos atenemos al hecho de que muchos “profesionales”, es decir, aquellos que ostentan la categoría de “matador de toros”, se formaron desde la etapa de becerrista, entonces tenemos por consecuencia un cúmulo de toreros cuya trayectoria se encuentra marcada desde esos orígenes.

   Ahí están, por ejemplo, Rodolfo Gaona, José Gómez Ortega, Fermín Espinosa, los “niños” Bienvenida, Carlos Arruza, los “Chicos de Querétaro”, Luis Miguel “Dominguín”, Eloy Cavazos, Pedro Gutiérrez Moya “El niño de la capea”, Juan Pedro Galán, “Manolo” Mejía, “El Juli” y otros tantos que, en mayor o menor medida trascendieron o sigue trascendiendo.

   También encontramos el caso reciente de Juan Pablo Llaguno, Michel Lagravere o Nicolás Gutiérrez, quienes vienen abriéndose paso en festejos donde aparecen, lo mismo de traje corto andaluz que vestidos de luces.

http://www.altoromexico.com/2010/index.php?acc=noticiad&id=9081

    Sin embargo, y hasta donde se puede tener una primera contemplación, no hay escritos que nos remitan a este capítulo de la historia taurina de nuestro país, de ahí que intente bordar algunos apuntes al respecto, partiendo desde mediados del siglo XIX donde se han detectado ciertos antecedentes. Veamos.

   Pero antes de comenzar, sólo quiero remitir a los interesados a un pasaje que ya apareció publicado en APORTACIONES HISTÓRICO-TAURINAS MEXICANAS, desde el pasado 10 de mayo bajo el título de: TESTIMONIO INFANTIL DE JOAQUÍN GARCÍA ICAZBALCETA A LA LUCHA DE UN TORO Y UN TIGRE REAL, EL 21 DE ABRIL DE 1838, EN PLENA GUERRA DE LOS PASTELES. (https://ahtm.wordpress.com/2011/05/10/efemerides-taurinas-decimononicas-2/)

    En febrero de 1854 así se anunciaba el siguiente cartel: PLAZA DE TOROS DEL PASEO NUEVO, D.F. Domingo 12 de febrero. Cuadrilla de Bernardo Gaviño. 5 toros de Cazadero. Además, cuadrilla completa de niños de 8 a 12 años que jugarán sucesivamente 3 ó 4 becerros. Toro embolado.

    Dos semanas después, el domingo 26 de febrero de 1854 se repetía en casi las mismas circunstancias el cartel del 12. Esto también ocurrió en la plaza de toros del Paseo Nuevo como sigue: Primera función de Carnaval. Cuadrilla de Bernardo Gaviño. Toros de El Cazadero. Cuadrilla completa de máscaras. Corrida de becerros. Además, la cuadrilla completa de niños de 8 a12 años, 4 becerros de la Concepción. Uno de los muchachos pondrá banderillas a caballo, y en uno de los intermedios se le echará un becerro para colear. Toro embolado. Esta función fue en obsequio de SS.AA.SS el Sr. Presidente de la república mexicana, benemérito de la patria, general D. Antonio López de Santa Anna y su digna esposa.

   Esa “cuadrilla completa de niños de 8 a 12 años” es la que debe haber comandado Pablo Mendoza, padre de dos de ellos, como se confirmará más adelante.

   Cuatro años más tarde sucede un caso parecido y fue la plaza principal de San Pablo escenario para la presentación de la

CUADRILLA DE NIÑOS / TOROS / EN LA / PLAZA PRINCIPAL / DE SAN PABLO./ DOMINGO 10 DE ENERO DE 1858. / GRAN / CORRIDA DE TOROS.

   Los toros de Atenco y el Cazadero que justamente han tenido nombradía, y que el público ya los ha visto, no es difícil que también la tengan igual o mejor los de otra ganadería, como lo verá y quedará desengañado el respetable público, para lo cual suplica el que suscribe, a sus amigos y favorecedores, que no dejen de concurrir a la presente corrida, por ser los toros de una raza que ha dejado mucha fama en la plaza de Querétaro, en donde los jugó el inteligente

PABLO MENDOZA: / quien habiéndolos elogiado, tanto por su hermosa presencia, como por su bravísima condición, no se dudó un momento en mandarlos traer; y se lidiarán, la tarde citada, por primera vez en esta capital, asegurando los individuos que los han escogido, que desde luego no tendrán competidores.

LA / VALIENTE CUADRILLA DE PABLO MENDOZA, / picará, lidiará, banderillará y dará muerte a los toros que la luz de la tarde le permita. / Para amenizar más esta famosa corrida, se presentará también a picar, banderillar y dar muerte a dos bravos toretes / UNA / Cuadrilla de Niños, / adiestrada y ensayada por el experto capitán Pablo Mendoza, en cuya cuadrilla trabajarán sus dos hijos, los que con tantos aplausos y gusto del respetable público ejecutan los lances de la tauromaquia.

Dos Toros para el Coleadero / cubrirán los demás intermedios, terminando la función con un excelente / TORO EMBOLADO / para los aficionados / (…) / JAVIER DE HERAS.

Tip. De M. Murguía.

Antonio Abad Ojuel Don Antonio y Emilio L. Oliva Paíto: LOS TOROS. Prólogo de Antonio Díaz-Cañabate. Barcelona, Librería Editorial Argos, S.A., 1966. 463 p. Ils., retrs., facs.

    El asunto siguió despertando interés, por lo que algunas semanas después y en las funciones de Carnaval se presentó la misma puesta en escena:

PLAZA PRINCIPAL / DE S. PABLO. / TOROS DE ATONGO (Atenco) Y EL CAZADERO, / PARA EL / DOMINGO 14 Y MARTES 16 DE FEBRERO / DE 1858. / ¡ÚLTIMAS CORRIDAS DELA TEMPORADA! / EN EL PRESENTE CARNAVAL.

   Constante la empresa en presentar espectáculos agradables a un público que tanto la distingue con sus favores, no ha omitido gasto alguno para complacerlo; en tal virtud se congratula al decir a sus favorecedores, que para las tardes de los días expresados están dispuestas dos funciones variadas y divertidas, que sin duda merecerán la aprobación de todo el vecindario de México, y particularmente de la digna concurrencia que tenga la bondad de presenciarlas; y sin embargo de los crecidos gastos que causan estas dos corridas, sigue el obsequio al público con la baja de precios.

La función del Domingo está arreglada de la manera siguiente:

Después de ejecutados algunos lances de la tauromaquia por la / CUADRILLA DE PABLO MENDOZA,

Se presentará en el redondel de la plaza una sorprendente reunión de figuras estrambólicas, cuyos trajes están arreglados al carnaval como lo indica la viñeta, a ejecutar con un breve toro embolado los lances que les dice su arrojo.

   Concluida que sea esta célebre travesura, se presentará (a solicitud de muchas familias que desean verlos), la

CUADRILLA DE NIÑOS / para desempeñar con dos BRAVOS TORETES las suertes que la tauromaquia demarca, y que con tanto aplauso del público lo han hecho en otras ocasiones.

La función del Martes está dispuesta como sigue: / Dada muerte al segundo toro de la lidia tendrá lugar el / NUEVO Y DIVERTIDO INTERMEDIO,

Compuesto de otras figuras tanto o más raras que las del día anterior, a ejecutar también con un valiente TORO EMBOLADO cuantas suertes les aconseje su valor.

   Concluido este gracioso intermedio se presentará la

CUADRILLA DE NIÑOS / a lidiar otros dos / BRAVOS TORETES, / con los que se ejecutarán los lances que previene la tauromaquia. / Los otros intermedios los cubrirán en las presentes corridas los / TOROS PARA EL COLEADERO. / Finalizando en cada corrida con el / TORO EMBOLADO / de costumbre. / Javier de Heras. / TIP. DE M. MURGUIA.

   Y pasaron los años. Para el 17 de diciembre de 1886, el Congreso de la Unión abrogó la prohibición de las corridas de toros en México; en consecuencia, y dado el aumento de la afición, en 1887 se construyeron nuevas plazas, entre ellas la “Bernardo Gaviño”. El 19 de mayo de 1887 se organizó una novillada para inaugurar dicha plaza en el barrio de Jamaica, con una cuadrilla de niños toreros, de la que era capitán Jesús Adame; picador, José Alfaro, y banderillero, “El Gallo”, de escasos diez años, así como Manuel Mejías Luján “Bienvenida”, banderillero español.

 CONTINUARÁ.

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REVELANDO IMÁGENES. EL SOPLO EN HITCHCOCK…

POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE.

    Uno cae en la cuenta de que el personaje retratado es ni más ni menos que Alfred Histcock, director entre otras genialidades cinematográficas de “Recuerda”, “Spellbound” o… “Cuéntame tu vida”, que así es como recuerdo haberla visto anunciada. Han pasado muchos años y desde entonces esta película me marcó, en otra marcada nostalgia justo cuando fui a verla al entrañable cine “Bella época”. En ella comparten papel protagónico Gregory Peck e Ingrid Bergman. De todo lo anterior debo afirmar que “Cuéntame tu vida” es una película harto recomendable.

   Pero al interiorizarse en la imagen, imaginaría a Antonio Gades o a Israel Galván, “baiolaores” de dos distintas épocas que, sin menoscabo de sus genialidades, se verían acompañados por uno más que es el aquí presente. Pero no. Sucede que Hitchcock fue retratado en diversas secuencias mientras dirigía alguna de sus geniales producciones. Sin embargo, parece que Alfred se encuentra en el tablao, dejándose llevar por el “duende”, el “aquel” o el “soplo” para refrendar en Gades lo “clásico” y en Galván lo “heterodoxo” y moderno, una especie de Rudolf Nureyev del flamenco.

   En la secuencia de Hitchcock también se aparece una desagradable sombra que recuerdan aquellas poses de Hitler frente al espejo, mera referencia temporal. Pero no es el caso. Aquí, los claroscuros dan el contraste perfecto para hacer destacar aún más la figura de este inglés universal.

La Jornada. Espectáculos. 4 de agosto de 2011.

    Por supuesto que para escribir las presentes líneas he encontrado un refugio gozoso escuchando flamenco, mientras descubro a un “cantaor” que me recuerda, en buena medida a “Juanito” Valderrama. Se trata de “Arcángel”. Escúchenlo, van a encontrarse una grata sorpresa.

   Y mientras me admira Galván (véase YouTube: http://www.youtube.com/watch?v=J6df9ah0MiA, Israel Galván y Arcángel en los Jueves Flamencos de Cajasol), lo observo con tal atención para entender en qué momento se da el diálogo con dios y en qué otro conversa con el diablo para alcanzar las genialidades de que es capaz en el escenario.

   Afortunadamente con Gades y Galván encontré la referencia perfecta para llevarlos hasta un imaginario “tablao” donde figurones de esta talla, nos deslumbran entre cante y palmas, que ya llegará la madrugada…

   Vayan pues estas líneas, con todo el respeto que merecen tres grandes de la escena, cada uno en su “parcela”: Alfred Hitchcock, Antonio Gades e Israel Galván.

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EL ARTE… ¡POR EL ARTE! EL PANTEÓN RECREADO. 4 de 4.

POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE.

 MELANCOLÍA N° 16

Supe un buen día

que se presentaría el milagro.

Llegó como llegan las aves

de repente, como se fueron.

Cuánta esperanza desfallece

de un amor-fuego que se va

traspasando vedadas fronteras

donde las almas juegan a ignorarse.

Muerte: muchas veces te deseo;

te aborrezco desesperado otras.

Fue la ilusión un camino

brilló y se apagó entre latidos

que lo surcaron siempre indescifrable

para llegar a ser lujuria ensangrentada

“rayo que no cesa”

que lo dijo Miguel

en medio de todas sus cárceles

hasta en la gozosa cárcel de la poesía.

Ya iremos recordando

qué fue de la vida…

MELANCOLÍA N° 17

 De la nostalgia

padecemos su dolor

y aunque con ella

el gozo alimenta lo ya ido,

no podemos dejar de sufrir.

Todas las espinas

escriben un verso

y acontece que se buscan con la mirada

de secreto diálogo

hasta descubrir lo que parece

la revelación del misterio.

Fácil parece la difícil

voluntad de no morir

y ellos, desde su interior

escarban intermitentemente;

son ajenas a una razón

que no se les escapa.

Viven, se sienten en el abandono

y a veces son más que un Dios

ofician sin saberlo,

escapan de la muerte con la suerte,

exorcizan su propio destino.

Ellos son almas fugaces

cuya vida parece no ser

de este espacio del universo.

MELANCOLÍA N° 18

 ¡Qué ausente vas!

tu pérdida parece irreparable,

el paso andado:

y “puede morir el hombre”

el paso que diste atrás

y “pudo morir el arte”[1]

No dejes alucinarte por la derrota

sabes que te espero

pero quizás no sea hoy.

Anda pues tu camino…

MELANCOLÍA N° 19

 La gloria no sabe de los dolores;

estuvo aquí y se fue.

Tanto la pretendemos. Con uno se queda.

Salen a pasear los dos

luego de la batalla:

¡qué reposo hacen del estrépito,

qué locura de la razón!

Su deseo mutuo pasa inadvertido

del otro lado del mar.

Aquí la tormenta no tiene fin.

MELANCOLÍA N° 20

 …ya moriré, deseando sentir

descansada mi alma

sin el terror del tiempo…

EN

MÉXICO

CIUDAD,

EN EL DÍA 30

DE AGOSTO

DEL AÑO DE GRACIA

MILÉSIMO

NOVECENTÉSIMO

Y NONAGÉSIMO

NOVENO.

LAVS  DEO


[1] Lo dijo sabiamente “José Alameda” en su magistral sentencia: “Un paso adelante, y puede morir el torero. Un paso atrás, y puede morir el arte”.

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CRÓNICA. APRECIAR, AFIRMAR, APRENDER Y OBSERVAR.

POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE.

   Parecía que, pasadas las seis de la tarde, el “parte de guerra” sería dado con la anodina frase de “sin novedad…”. Sin embargo, fue Antonio Galindo quien se desperezó para hacernos despertar algún interés en una jornada que se estaba yendo “sin pena ni gloria”, a pesar de que siempre, una novillada tiene muchísimas aristas que descubrir o que mostrar.

   Tarde que se tornó variopinta, con el sol por ratos, con el viento entrometido en otros. Amago de lluvia también, fueron los ambientes que definieron el telón de fondo para una serie de escenificaciones donde daba la impresión de estar viendo giros significativos en el proceso de la lidia. Me explicaré.

   El concepto de la lidia ha cambiado radicalmente. Correr el toro a una mano nada más sale al ruedo, ya desapareció de entre las suertes practicadas hasta hace algunos años. Es una rareza y si por ahí lo desempolvan, es motivo de aplausos. Ahora bien, cuando el matador o novillero luego de los lances de recibo y dadas las condiciones para el desarrollo del primer tercio, suelen llevar al toro hasta la jurisdicción, y dejar que lo piquen pero ya no intervenir en el quite, ha generado una alteración importante en la lidia. No solo por el hecho de retirar al burel de esa “jurisdicción”, sino porque ya no es usual pretender el lucimiento. Es decir, “el quite” como una suerte de auxilio a favor del varilarguero o del caballo, hoy día sigue confundiéndose como el momento en que el torero en turno brilla en algún lance, pero no es “quite”. Además, la actitud que asumen muchos es demasiado pasiva, permanecen como convidados de piedra, a menos que se produzca un momento de inesperada sorpresa. Por tanto, esta es una más de esas prácticas en desuso a la que se añade la ausencia del espíritu de competencia.

   Sin haber terminado el primer tercio, se ha vuelto costumbre de que nada más el toro o el novillo reciben el puyazo, de inmediato el picador procede a “tapar la salida”, cuando sabemos que ese método es más que recomendable para toros mansos o huidizos, pero no para todos los que estos personajes tienen obligación de realizar la suerte como lo establece la costumbre. Quizá la costumbre se interprete de diferentes maneras, quedando al libre albedrío tal ejecución. Si entendemos que la suerte ideal es que el picador reciba al toro para castigarlo, picando en lo alto, sin “marrar”, sin “bombeos” y sin “estiras y aflojas”, sino sosteniendo la vara con tal firmeza que cause admiración ver la suerte en sí misma, como para darnos idea si el toro fue capaz de llegar al peto humillando o no, empujando con los riñones o no o si durante la suerte misma podrían estar ocurriendo cambios de comportamiento que sean concluyentes para el tercio final, cambios de los que el matador, su cuadrilla y quizá hasta el apoderado mismo deben estar percibiendo segundo a segundo.

   Llegado el tercer tercio, está ocurriendo un fenómeno riesgoso: si los muchachos se empeñan en poner en práctica un mismo procedimiento, ignorando lo que el término “lidia” supone, están condenados a perder buena parte de la faena en intentos del “toreo” sin más. Por ejemplo, en el segundo de la tarde, Juan Vicente se dobló con mucha sapiencia, enterado de que habría de “castigar” por abajo a su enemigo y así pasárselo con menor dificultad en las siguientes series. Y así ocurrió, sólo que no midió el ritmo, por lo que la faena presentó signos de rapidez y no de reposo, pero ahí estábamos viendo la aplicación del método adecuado. Los inicios de faena con el toque arriesgado de un “péndulo” en los medios no tiene nada de malo, pero sigue la misma referencia de muchas faenas, por lo que todo queda en el intento, intento que se desvanece en pegar pases y más pases, sin haber calibrado las condiciones del “enemigo”, como fue el caso de “Manolo” Olivares, quien además se embarullaba en cada pase, perdiendo un tiempo considerable entre la extensión del temple y la ligazón para el siguiente pase. Recordemos que citar, templar, mandar y ligar son esas cuatro dimensiones de las que en algún momento hablaba con bastante conocimiento de causa Fermín Rivera, no sólo en la teoría. También en la práctica.

   Uno más de esos detalles propios de las novilladas es la “falta de callejón”, o lo que es lo mismo, voces que, venidas desde ese sitio de la plaza signifiquen una forma de orientar o dar las recomendaciones más convenientes para afirmar los hechos producidos directamente en el ruedo. Da la impresión de que varios novilleros son dejados a la deriva pues no les acompaña una voz cantante digna de escucharse o para afianzarse en ella como voz providencial.

   Todos estos detalles se notaron de manera evidente durante el curso del quinto de los festejos en la plaza de toros “México”, que volvió a presentar un panorama desolador en los tendidos. Afortunadamente el reloj de la “Monumental” ya recuperó sus manecillas por lo que la verdadera dimensión del tiempo regresó de nuevo. Y ese tiempo, luego de las seis de la tarde, que parecía iba a irse sin dejarnos alguna señal de su presencia, por fortuna, y solo de manera intermitente permitió que Antonio Galindo se acordara de que es Antonio Galindo. Sus lances de recibo, por faroles y de rodillas eran lucecillas de entusiasmo en el inminente atardecer. Del mismo modo inició la faena con la muleta, aunque esta se deshiló y su costura no tuvo firmeza. De estocada fulminante se quitó de enfrente al último de los de San Antonio de Padua, justos en presentación y desiguales en juego. Algunas decenas de asistentes reclamaron la oreja misma que concedió “usía”.

   Recuerdo que alguna vez, el entrañable Dr. Pablo Pérez y Fuentes concedió una oreja por la sola estocada, aunque lo demás fuera lo de menos. Si aquí el juez valoró la ejecución de la suerte suprema, y si a ello sumó ese manojo de detalles afortunados del tlaxcalteca, la oreja estaba mejor que concedida; de otra forma habría sido un detalle generoso de su parte, pero no la justa aplicación de un criterio que además de ser el de la autoridad misma, lo compartiera con los asistentes.

   Como se habrá podido ver, una novillada siempre trae consigo tal cantidad de detalles que por sí misma se convierte en la mejor forma de apreciar, afirmar, aprender y observar, cuatro razones como citar, templar, mandar y ligar.

 21 de agosto de 2011.

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