ACLARACIONES SOBRE EL ORIGEN DE ATENCO. (Fin de este capítulo).

DEL ANECDOTARIO TAURINO MEXICANO.

 POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE.

    A todo lo anterior que ya se ha dicho y escrito alrededor de una historia sumida en mitos, pero más mentiras que verdades, falta agregarle una serie de datos de los que he hecho acopio en más de 25 años de investigación. Se trata de comprobar lo que sostuve en mi tesis, al respecto del “esplendor y la permanencia”. Para ello no encontré otro periodo más claro que va de 1815 1915. Antes de este segmento de tiempo, las noticias son verdaderamente aisladas por un lado e inconsistentes por otro, puesto que las pocas fuentes que existen al respecto, apenas dan idea sobre la presencia de los toros de Atenco, o aquellos que procedían de las dehesas del Condado de Santiago Calimaya.

   Los años posteriores a 1915 escapan del interés central de dicha investigación académica, por lo que creo que será en otro trabajo de naturaleza similar, el cual dé cuenta del comportamiento de dicha ganadería en el siglo XX, e incluso lo que va del XXI, para encontrar que Atenco sigue siendo noticia hasta el día de hoy. De ese conjunto de datos me cuestionaban un buen día al respecto de si estaban fundamentados del todo. Y mi respuesta fue y sigue siendo afirmativa. Hubo necesidad de hacer una exhaustiva y meticulosa revisión a diversas fuentes, tanto bibliográficas como hemerográficas. De igual forma, sirvieron muchos carteles e incluso el entrecruzamiento de información para comprobar su participación en diversas plazas, tanto del país como del extranjero. A continuación presentaré un resumen de esta investigación.

   En el registro de participación que tuvieron los toros de Atenco entre 1815 y 1915, el balance arroja la cantidad de 1116 encierros, si para ello el término “encierro” va de los dos y hasta los doce toros que llegaron a lidiarse en una sola jornada en ese mismo número de fechas. Para entender un poco más la presente situación, traigo hasta aquí las palabras que incluí en la “Introducción” de esa parte de mi tesis doctoral.

   Habiendo iniciado esta fascinante aventura allá por 1985, cuando me di cuenta de la importancia que cobraba día a día el protagonismo de tres historias entrelazadas: la hacienda de Atenco, Bernardo Gaviño y Ponciano Díaz, hoy, a 25 años de haber realizado ese “periplo”, tengo muy claro diversos aspectos que pretendo desarrollar aquí como un balance de todo ese quehacer. Fue necesario para ello realizar una exhaustiva revisión a diversas fuentes y luego, ya con todos los datos reunidos al respecto, concebir tres diferentes trabajos[1] que quedan concluidos de manera definitiva. Y lo digo así, contundentemente, puesto que puedo afirmarlo sobre el hecho de haber reunido si no toda, al menos sí la mayoría de la información que me permitiera generar una serie de conclusiones al respecto.

   En el caso particular aquí planteado, tengo que establecer algunos parámetros que permitan entender la dinámica a que fue sometida la rigurosa reunión de datos, misma que, por razones de ajuste viene a integrarse como un capítulo más de la tesis doctoral, no previsto en su idea original; más bien como un agregado posterior, alterando, pero enriqueciendo al mismo tiempo dicha investigación.

   Nunca imaginé que, como resultado de tan acuciosa revisión, tuviese reunido más de un millar de informes sobre la presencia de esta hacienda ganadera en el periodo 1815-1915, por lo que me parece oportuno presentar a continuación algunos aspectos interpretativos.

   A este trabajo podría denominarlos también como “… de los mil… encierros de Atenco”, como si me refiriera a la genial octava sinfonía “De los mil”[2] de Gustav Malher, monumental en sí misma, y que así se conoce por el hecho de que debe ser interpretada por 850 cantantes y 171 instrumentos que constituyen el gran orgánico que merece considerarla así.

   En el balance general que debo plantear, existe un importante conjunto de condicionantes que nos van a permitir entender la dinámica de esta hacienda ganadera misma que, por su capacidad primero. Y por su extensión después, (incluyendo los diversos conflictos que enfrentó), la capacidad para cumplir con todos y cada uno de los compromisos establecidos, mismos que aquí se relacionan.

   A lo largo de esta complicada revisión, entre bibliográfica y hemerográfica, sin dejar de incluir la del documento de archivo, carteles o impresos, puedo adelantar el siguiente balance:

 1.-Que de una primera etapa de revisión hecha entre 1985 y 2006, se contaba únicamente con los datos reunidos en la tesis doctoral, además de aquellos tomados de las biografías de Ponciano Díaz Salinas y Bernardo Gaviño y Rueda. Para entonces, uno y otro mostraban los siguientes números:

 De la tesis doctoral: 523 encierros.

Bernardo Gaviño: 532 festejos, de los cuales, 322 correspondían a ganado de Atenco;

Ponciano Díaz: 352 festejos, de los cuales, 35 correspondía a ganado de Atenco.

    Hoy día, en este último balance, el resultado es como sigue:

 De la tesis doctoral: 1116 encierros.

Bernardo Gaviño: 721 festejos, de los cuales, 388 corresponden a ganado de Atenco;

Ponciano Díaz: 651 festejos, de los cuales, 71 corresponden a ganado de Atenco.

2.-Ahora bien, del balance a que me refiero, y para poder entender algunas de sus circunstancias, se aplicaron para ello varios criterios de justificación, a saber:

 a)Cronológico. Originalmente estaba previsto todo el siglo XIX. Sin embargo, dado que sólo se encontraban datos hasta 1815, decidí desplazar el rango a 1915, mismo que ahora tiene el presente trabajo.

b)Gráfico y estadístico, contando para ello con varias tablas:

             b.1)La general, que diera en un gráfico de barras la presencia anual de los encierros en su conjunto;

            b.2)La particular por población, ciudad o país (sabiendo que no fue México el único país donde se lidió dicho ganado, sino también en Cuba, Guatemala y los E.U.A.);

            B.3)La de las plazas donde fueron lidiados;

            b.4)La de los toreros que los enfrentaron;

            b.5)La de carteles o comparecencia sin datos;

            b.6)Otros no previstos.

 3.-Los criterios o síntomas que debieron producir ausencia de datos concretos, tales como:

 a)Antihispanismo;

b)Antitaurinismo;

c)Periodos de prohibición o de irregularidad en la integración no sólo de carteles, sino de temporadas más o menos estables;

d)Posturas ideológicas o políticas de la prensa, reflejadas en el hecho de que mientras un periódico sí reportaba el cartel de cierto festejo para una fecha determinada, otro no lo hacía, aún a pesar de que en la sección de avisos, diversiones o diversiones públicas sí aparecieran otros datos que correspondían, en todo caso a funciones de teatro, pero no de toros;

e)La natural repugnancia en la mayoría de las notas. El ejercicio de la crónica fue dándose lentamente y en otro sentido, es claro encontrar en posturas contrarias, como la de Enrique Chávarri y Guillermo Prieto en El Monitor Republicano por ejemplo, la crónica en sentido favorable o desfavorable, según aparecieran sus apuntes diaria o semanalmente, y

f)Omisión de datos.

4.-La irregularidad en los festejos y su poca formalidad, en apego a la costumbres a ciertas normas, formó una idea de la poca seriedad en la organización del espectáculo en su conjunto.

   Sin embargo, con el balance alcanzado puede tenerse una idea del significado que alcanzó a tener esta hacienda ganadera, que no alcanzó, por otro lado El Cazadero, hacienda que ni siquiera le iba a la zaga, pero que era con la que más encuentros tuvo a lo largo del siglo XIX.

   Ahora bien, a raíz de la exploración documental que se llevó a cabo, es preciso puntualizar que los valores se modificaron, por lo que ello significó la necesaria adecuación en los tres trabajos que se convirtieron en fuente original de información. Además, los datos se enriquecen con la evidencia gráfica de carteles e inserciones periodísticas, así como por la presencia de nuevas poblaciones y otros protagonistas que participaron a lo largo del siglo XIX mexicano. Es de hacer notar que la preponderancia de la hacienda de Atenco se elevó significativamente en el número de participaciones con el ganado que se enviaba a las plazas, así como por datos de su presencia no sólo en el país; también en el extranjero. Por lo tanto, como ya se sabe, el número se elevó a 1116, resultado de una minuciosa revisión. Es de lamentar que la prensa, en dos distintas corrientes y tendencias, así como por los intereses creados a su alrededor, no haya sido un elemento donde quedaran plasmados esos datos contundentes y comprobatorios alusivos al asunto aquí tratados. Esa “oscuridad” en los registros sobre diversiones como las corridas de toros dejen ver que el espectáculo no gozaba de buena reputación, fundamentalmente por razones en las que la empresa en turno estaba detentada por personajes “non gratos” o posicionados en una condición política de privilegios, lo cual también era reflejo de que los periódicos demostraran o minimizaran aquella actividad lúdico-comercial.

   Uno más de los efectos era la caótica composición de la corrida, pero sobre todo, con motivo de que seguía siendo un legado de herencia española y por el hecho de conservar fuertes síntomas de barbarie y retroceso, cuestionables a los ojos de mentalidades más avanzadas, que sellaron un pacto con el progreso. Asimismo, no debe olvidarse que a esa importante cantidad de festejos asistieron personajes de la política que impusieron sus reglas, o sus tendencias políticas que afectaban seriamente los intereses de una prensa limitada en su libertad de expresión, así que ignorando los entornos donde se movían dichos personajes, generaban su propio campo de difusión. Es curioso que durante la celebración de una corrida, el registro se diera en un periódico pero en otro no, lo cual conlleva un significado de circunstancias como las referidas aquí.

   El rubro de las diversiones públicas ocupó, en términos de avisos e inserciones un espacio destacable, pero son las corridas de toros uno de esos elementos que no gozaron de buena reputación. Tan es así que en las notas aisladas que se publicaron al respecto, era notorio el rechazo con que se redactaba y salvo la apertura de algunos, se publicaban comentarios, sobre todo cuando se exaltaba el hecho de que la finalidad del festejo fuese con fines benéficos. De ese modo, y hasta antes de la aparición de la que se cree es la primera crónica taurina (El Orden. Nº 50, año I, del martes 28 de septiembre de 1852) la postura mediática era radical; dejándose notar el repudio a tal “diversión” pero sobre todo al hecho de lo que apuntaba líneas atrás; es decir, al rechazo a una herencia española que quedó grabada en el imaginario colectivo del nuevo país, al punto de su pervivencia y permanencia hasta nuestros días.

Fierro quemador y divisa de la ganadería de Atenco.

   Finalmente, debo mencionar que las ciudades o poblaciones a donde fueron lidiados los toros de Atenco, son entre otras, las siguientes:

   Desde luego, las plazas de toros en la ciudad de México como el Paseo Nuevo, San Pablo, y luego la de Bucareli, Paseo, Colón, Mixcoac, Tacubaya, la “Bernardo Gaviño”, y la de San Agustín de las Cuevas, en Tlalpan. También la “México” de la Piedad, la de la Villa de Guadalupe, Chapultepec y “El Toreo”. En el estado de México, las de Toluca, Amecameca, Tenango del Valle, Tenancingo, Texcoco, Calimaya, Zinacantepec, Santiago Tianguistenco, Cuautitlán, Tlalnepantla y el Huisachal, Mineral del Oro y San Bartolo Naucalpan. En Puebla, la de la ciudad capital. Pachuca, Hidalgo; en Veracruz, tanto la del puerto como en Orizaba. En Cuernavaca, Cuautla y Miacatlán. San Juan del Río, y la “5 de mayo” en Querétaro; León e Irapuato, Guanajuato; Morelia y Zitácuaro, San Luis Potosí, Monterrey, Nuevo León, Nuevo Laredo, Tamaulipas; y Saltillo, Coahuila.

   En el extranjero, cito los siguientes datos.

1895: CORRIDA VERIFICADA EN LA EXPOSICIÓN DE ATLANTA, ESTADOS UNIDOS DE NORTEAMÉRICA. 2, 3, 4, 5, 6 y 7 de diciembre. Bravos, salvajes y feroces toros, han sido importados a todo costo de los famosos ranchos de Cruces y Atenco, cerca de la ciudad de México. ¿Quiénes integraban la cuadrilla? Matador, Manuel Caballero.-Banderilleros: Rafael Muñoz, Mochilón, Margarito de la Rosa, Miguel Bello, Enrique Gabardón.-Picadores y Lazadores: Crescencio Rodríguez, Amado de la Vega.

1897: PLAZA DE TOROS “CARLOS III”, LA HABANA, CUBA.-Domingo 25 de abril. Por primera vez se lidiaron toros mexicanos en el extranjero y fueron 2 de Atenco que estoqueó Juan Jiménez “El Ecijano”. Abundando en estos datos, El Imparcial, D.F., del 14 de abril de 1897, p. 1, dice lo siguiente:

    El Ecijano parte para la Habana el día 18 y dará allí una serie de corridas en la plaza de Carlos III.

   Ya se embarcaron los picadores Gasparote y Calleja y los banderilleros Corito, Pollo de Málaga, Pepe-Hillo y Nava.

   Fueron llevados cuatro toros de Atenco, cuatro del Cazadero, dos de Miura, uno de Ibarra y otro del Marqués del Saltillo.

   El día 25 se da la primera corrida.

 1898: PLAZA DE TOROS DE REGLA, LA HABANA, CUBA. 30 de enero. Existe el registro en verso de la corrida que allí se celebró. Veamos:

 Desde la Habana.

30 de enero de 1898.

De regreso del antiguo

gran imperio mejicano

tenemos aquí a don Luis (Mazzantini),

el matador de reaños

que ha sabido colocarse

en un puesto de los altos

por su mucha voluntad

ante los brutos astados.

Da su primera corrida

hoy, y aquí va a demostrarnos

que lo que dicen de él

es con motivos sobrados

y si gran cartel se trae

lo tiene muy bien ganado.

Con él torea (José) Centeno

un torero sevillano

que ha sabido conquistarse

en estos países cálidos

un puesto de los mejores,

porque es un torero bravo

que ni le asustan las fieras

ni ignora lo que entre manos

trae delante de los públicos;

viene en el puesto del maño,

que se quedo mal herido

En la patria de Ponciano.

Con estos dos matadores

y con tres toritos bravos

de doña Celsa Fontfrede

y tres toros mejicanos

de la vacada de Atenco

no resulta el cartel malo

y esta la plaza de Regla

que no sabe ni un garbanzo

cuando don Luis y sus gentes

hacen el paseo clásico

entre la inmensa alegría

de un público entusiasmado.

(. . . . . . . . . . . . . . .)

Anónimo.[3]

 PLAZA DE TOROS DE LA HABANA, CUBA. El Toreo, Madrid, del 28 de febrero de 1898, p. 4, aparece el siguiente e interesante dato:

   Habana.-De la corrida que se celebró el día 20 del actual se nos comunica por cablegrama el siguiente dato:

   “Se lidiaron tres toros de Miura y tres de Atenco, que no dieron buenos resultados.

   La corrida fue organizada por la colonia vasco-navarra.

   “Mazzantini, que mató los seis toros, logró cumplir. (En realidad, alternó con él José Centeno).

   “Al quinto lo banderilleó, siendo muy aplaudido”.

    En 1907: PLAZA DE TOROS EN GUATEMALA. En El Toreo, Madrid, del 25 de febrero de 1907, p. 4, aparece la interesante nota que a continuación reproduzco:

 Guatemala 17 de febrero.

   Los toros de Atenco (4) fueron buenos y despenaron seis caballos.

   “Saleri” lanceó muy bien de capa los cuatro toros, escuchando palmas.

   A dos de ellos les puso banderillas al quiebro, siendo ovacionado.

   Y, por último, mató los cuatro bichos con tanta habilidad, que el público le sacó de la plaza en hombros, hasta dejarlo en el carruaje que le había de conducir al hotel.

   En espera que toda esta información haya permitido poner claridad a los contrastes “oscuros” que se manejan con singular alegría y relajamiento, espero haber presentado los datos más pertinentes del caso para entender, en cierta medida, cuáles han sido algunos de los comportamientos al interior de la emblemática e histórica hacienda de Atenco.

Muchas gracias por su atención.


[1] José Francisco Coello Ugalde: APORTACIONES HISTÓRICO-TAURINAS MEXICANAS Nº 10, SERIE: BIOGRAFÍAS TAURINAS, Nº 1. “Bernardo Gaviño y Rueda, español que en México hizo del toreo una expresión mestiza durante el siglo XIX. México, 2010. 344 p. Ils., fots., cuadros. Inédito.

–: APORTACIONES HISTÓRICO-TAURINAS MEXICANAS Nº 13, SERIE: BIOGRAFÍAS TAURINAS, Nº 2. “Ponciano Díaz Salinas, torero del XIX, a la luz del XXI. (Ampliado al año 2010). Biografía. Prólogo de D. Roque Armando Sosa Ferreyro. Con tres apéndices documentales de: Daniel Medina de la Serna, Isaac Velázquez Morales y Jorge Barbabosa Torres”. México, 2010, 399 p. Ils., fots., cuadros. Inédito.

–: APORTACIONES HISTÓRICO-TAURINAS MEXICANAS Nº 16. ATENCO: La ganadería de toros bravos más importante del siglo XIX. Esplendor y permanencia. Tesis que, para obtener el grado de Doctor en Historia presenta José Francisco Coello Ugalde. México, Universidad Nacional Autónoma de México, División de Estudios de Posgrado. Colegio de Historia. 251 p. + 651 de anexos. Ils., fots., maps., cuadros.

[2] Monumental sinfonía coral compuesta entre junio y agosto de 1906 y orquestada y finalizada en la primera mitad de 1907. Estrenada en el Neue Musikfesthalle Múnich el 12 de septiembre de 1910, fue el mayor éxito del compositor durante su vida.

[3] El Enano, Madrid, del 27 de febrero de 1898, p. 4.

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