LA JURA DE AGUSTÍN DE ITURBIDE.

EFEMÉRIDES TAURINAS DECIMONÓNICAS.

 LA JURA COMO EMPERADOR DE AGUSTÍN ITURBIDE Y SU POLÉMICO DESENLACE. TERCERA de CUATRO PARTES.

 POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE

 Esta efeméride se remonta al 24 de enero de 1823.

    Habiendo dejando pendiente o abandonado desde hace algún tiempo el caso de las fiestas que se celebraron durante la coronación de Agustín de Iturbide en 1823, es preciso que retome el asunto para no causar ninguna al respecto de estos quehaceres.

    Al anuncio de la coronación de Agustín de Iturbide, como Agustín I, no podían faltar las corridas de toros, de las que apenas existen algunas evidencias, contadas por la pluma de uno de los más importantes historiadores de aquel momento: Carlos María de Bustamante, quien parece darnos –además-, las suficientes pistas para conocer algunas de las incidencias que ocurrieron tanto con la plaza de toros de San Pablo, como con la “plaza de toros de México” en aquellos años.

   El “libertador” de México y la primera cabeza del Estado independiente de este país (primero como presidente de la regencia, luego como emperador), gobernó desde septiembre de 1821 hasta marzo de 1823, ciclo de los más fascinantes de la historia de México, puesto que en ese lapso enfrentó el reto de crear un gobierno y forjar una nación a partir de un vasto territorio que hasta entonces había sido una colonia de España, un territorio que entonces abarcaba buena parte de lo que hoy son parte de los estados del sur de Norteamérica. Luego de la emancipación, el problema fundamental de México estaba fincado en cómo organizarse a sí mismo como una entidad separada, asunto este que se encontraba en manos -fundamentalmente- de nuestro personaje. Sin embargo, Iturbide fue un fenómeno que no merece el estatus de no-persona. Tanto él como su imperio no son populares y hacia ambas figuras el odio popular fue sintomático. Finalmente, era un hombre de carne, hueso y espíritu, pero el pueblo y las figuras más importantes del ambiente político -Bustamante entre ellas-, lo atacaron de forma tal que acabaron destruyéndolo.

   En esta breve revisión que nos sirve para conocer el perfil de aquel periodo, vayamos ahora a conocer lo que Bustamante escribió en su Diario Histórico de México, larga reseña de varios años y de la que ya se han publicado –por fortuna- dos discos compactos que la contienen en su parte esencial, faltándole a ello las reproducciones facsimilares de todos los documentos que adjuntó Bustamante-. La primer nota de tinte taurino, escrita por Bustamante -que tiene un carácter severamente crítico, puesto que el historiador mexicano no era aficionado y hasta repudiaba el espectáculo-, aparece el sábado 1º de febrero de 1823. En ella se desborda sobre los acontecimientos cotidianos que narra de la siguiente manera:

 Llegamos al tercer mes de la tercera revolución; quisiera abrir la escena dándote, hermana muy querida, una sinfonía tan alegre, como la que precede a la ópera del Barbero de Sevilla; pero no es dado a mi lira, ni tampoco a mi pincel trazarte un cuadro divertido; sin embargo, tu imaginación muy apta para fingirse monos, podrá trasladarse hasta la plaza de toros de México (ubicada en la ahora Plaza de la Constitución, y a un costado de la estatua de Carlos IV), que verá presidida de un Emperador por la Divina Providencia(si tal puede llamarse la voluntad del sargento Pío Marcha, Marqués del Bodegón, Conde S. Pedro del Alamo y chusma de borrachos del barrio del Salto del Agua), más gordo y cebón que un gato viejo del refectorio… porción de banderilleros y picadores, puestos de hinojos ante su Majestad Imperial implorando su bendición; no de otro modo que los hidalgos de Castilla, de los días de Sancho el Bravo, prestaban pleito homenaje; o sea como un Provincial del Carmen a quien saludan diciéndole su fraile: Benedicite… y él les responde, con gentil continente y gran mesura: id en paz… Tal es, pues, la escena que ha visto la gran México en estos días y que ha arrancado lágrimas a corazones sensibles, precisándolos a decir con un romano: ¡Oh! pueblo inmoral, encenegado en la apestosa cuitla (cuitla en idioma mexicano equivale a suciedad) de los vicios, formados en la escuela de los españoles, ¿cómo toleráis esta escena de ignominia?… ¡Ah!, mientras esto pasa a vuestra vista, los Bravos, los Guerreros, los Castros, los Espinosas, los Santa Anna, los Victorias y los Gómez, sostienen los derechos de vuestra libertad en los campos, y desafían a la tiranía cuerpo a cuerpo; esto hacen, mientras que vos, presidido de lo que llamáis nobleza magnaticia de los Leoneles y Cervantes, os humilláis a las plantas de un tirano, y quemáis vuestros inciensos ante ese ídolo de fatuidad… ¡Mexicanos! mirad el papel que representáis en la escena del mundo ilustrado! ¡conoced por estos trazos de mi torpe pluma todo el fondo de vuestra ignominia!… ¡Ah! ¡llenáos de mengua y confusión! Desaparezca México del rango de los pueblos libres… Húndase en el fondo de sus lagunas, y paseése por sobre ellas el lívido y espantoso genio de Maxtla y de Tezozomoc, de aquellos tiranos que cuatro siglos ha que la enseñorearon, y cuyo espíritu anima a sus degradados hijos… Basta de digresión y digamos que lo que está en boca de todos y de quienes sólo soy un eco.[1]

La Plaza Nacional de Toros, ubicada en la plaza mayor, hacia 1825.

    Don Carlos representa la figura de aquellos mexicanos deseosos de nuevos destinos, su espíritu es semejante al de fray Servando Teresa de Mier. Solo que la presencia obstaculizadora de un “tirano” como Iturbide en las aspiraciones en el nuevo destino de México, inspiraron en Bustamante un ambiente de animadversión y desacuerdo que iba moldeándose en cada una de las páginas del DIARIO durante el periodo reinante de Agustín I. Por supuesto que las notas relativas al acontecimiento reseñado, dejan ver también su rechazo a la costumbre y tradición española de los toros, que pasa a ser parte de “aquellos tiranos (también) que cuatro siglos ha que la enseñorearon, y cuyo espíritu anima a sus degradados hijos…”, escuela y escena de ignominia, tremendas y pesadas razones establecidas por los hispanos.

   Al mencionar la “plaza de toros de México” se refiere, como ya nos ha dicho, a la que se instaló de 1822 a1825 aproximadamente en el espacio imponente de la “Plaza de la Constitución”, compartiendo hasta 1823 con la famosa estatua de Manuel Tolsá, conocida popularmente como “El Caballito” en que fue enviada al claustro de la Universidad. Delos pocos datos existentes al respecto del coso “efímero”,[2] y uno de ellos nos remite a la corrida efectuada el domingo 15 de agosto de 1824[3] mientras sirve como sucedánea de la plaza de San Pablo, misma que se quemó en 1821 y desmantelada de nuevo en 1823, como lo anota el propio autor zacatecano:

 Jueves 3 de Julio de 1823 (Lluvioso).

(…) Se está echando abajo la plaza de Toros, de orden del Gobierno, porque se denunció una conspiración, en cuyas operaciones horribles entraba como la primera a incendiar esa enorme montaña de madera.[4]

    Respecto a algunos datos dela Real Plazade toros de San Pablo me encuentro con un dilema: en 1815 se reconstruyó -en una de sus permanentes rehabilitaciones-, a partir del maderamen que dejó disponible el desmantelamiento de la plaza del Volador, ocurrido un año atrás. Fue durante el mes de abril de 1821 y luego el 9 de mayo de 1825 cuando la plaza sufrió sendos incendios, y no se tiene más noticia que la de su reinauguración, ocurrida en 1833. Bustamante aporta un dato interesante:

 Domingo 4 de enero de 1824 (Bello tiempo).

Esta tarde ha habido una excelente corrida de Toros en la Plazuelade S. Pablo, cuios productos serán aplicados al reparo de la Plazamayor. La función ha estado muy concurrida.[5]

 Es decir, el Ayuntamiento interesado en la continuidad del espectáculo o por parte del asentista, que en aquella ocasión era el coronel Manuel dela Barrera, se propusieron remozar el coso y así dar continuidad a las fiestas, para permitir con ello el arreglo dela Plazamayor misma que, seguramente, presentaba un panorama de descuido.

El “Trono” de Iturbide.

    Se ubicaba la plaza de toros en la manzana formada al norte, por la Iglesiade San Pablo el Nuevo, al oriente, callejón del Topacio, hoy tercera calle del Topacio, y por el poniente, con la segunda calle de Cuevas, hoy novena de Jesús María.[6]

 CONTINUARÁ.


[1] Lauro E. Rosell: Plazas de toros de México. Historia de cada una de las que han existido en la Capital desde 1521 hasta 1936. México, Talleres Gráficos de EXCELSIOR, 1945. 192 p. ils., fots., p.18.

[2] Puede hablarse de un cambio de concepciones en cuanto a la posibilidad de hacer permanente el espectáculo en plazas que no guardan el síntoma de la permanencia-, debido a que se construyeron sus edificios a partir del apoyo de madera y nunca como posible escenario definitivo, sea este de mampostería, piedra u otros materiales.

Se trata, en todo caso, de algo que puede ser calificado como de arquitectura efímera. Véase de Guillermo Tovar de Teresa: “Arquitectura efímera y fiestas reales. La jura de Carlos IV en la ciudad de México, 1789”. Artes de México, nueva época, No. 1, otoño de 1988, p. 42-55.

Otras plazas.-Sin afán de profundizar con detalles y minucias en plazas efímeras, dedicaré un poco de atención a aquellas que prestaron sus servicios de manera provisional.

Datos tomados del trabajo de Benjamín Flores Hernández: “Sobre las plazas de toros en la Nueva Españadel siglo XVIII”. México, ESTUDIOS DE HISTORIA NOVOHISPANA, vol. 7. (México, 1981). pp. 99-160, fots. (p. 158-160).

[3] PLAZA NACIONAL DE TOROS Domingo 15 de agosto de 1824 (Si el tiempo lo permite)

La empresa, deseando tomar parte en los justos regocijos por los felices acontecimientos de Guadalajara, no menos que en la debida celebridad del EXMO. SR. D. NICOLAS BRAVO, á cuya política y acierto se han debido, determina en la tarde de este día una sobresaliente corrida, en la que se lidiarán ocho escogidos toros de la acreditada raza de Atenco, incluso el embolado, con que dará fin.

Con tan plausible objeto las cuadrillas de á pie y á caballo ofrecen llenar el gusto de los espectadores en cuanto les sea posible, esforzando sus habilidades.

ENTRADAS

Sombra: Con boletines que se espenderán á cuatro reales en la primera casilla

Sol: Con boletines que se espenderán á 2 reales en las casillas 7ª y 8ª, y se entregaran en la puerta.

Las lumbreras por entero se arrendarán a cuatro pesos cada una con boletines de ocho personas en la alacena de D. Anacleto González en el portal de Mercaderes, desde el día anterior hasta la una de este, y de esta hora en adelante en la puerta principal de la misma plaza.

[4] Bustamante: Diario Histórico de …, op. cit., Tomo I, Vol. 2. Julio-Diciembre de1823, p. 8.

[5] Bustamante, Carlos Ma. de: Op. cit., T. I., Vol. 2, enero-diciembre 1824, p. 11.

[6] Carlos María de Bustamante: DIARIO HISTORICO DE MEXICO. DICIEMBRE 1822-JUNIO 1823. Nota previa y notas al texto Manuel Calvillo. Edición al cuidado de Mtra. Rina Ortiz. México, SEP-INAH, 1980. 251 p. T. I, Vol. 1., p.123.

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