EDITORIAL.

POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE.

    Luego de haber visto las imágenes que ilustran la presente editorial, imaginé que se trataba de otro de esos hechos cotidianos de reclamo con que nos amanecemos a diario. Pero no. Era el resultado de un verdadero desbordamiento popular con que se alienta entre el pueblo la figura de ídolos, esa especie en peligro de extinción. Los miles de asistentes a la “Plaza de la República”, querían estar cerca de una figura que, no siendo propia, la hicieron suya. Se trata del pugilista filipino Manny Pacquiao, campeón welter de la OMB, quien va a enfrentarse con su similar, el mexicano Juan Manuel Márquez, el próximo 12 de noviembre, en una pelea estelar, que ocurrirá en las Vegas, Nevada.

http://www.jornada.unam.mx/2011/09/09/contraportada.pdf

    El hecho es cuán ausentes están del imaginario colectivo ese tipo de figuras emblemáticas, capaces de causar honda afirmación de credo, de respeto, de admiración hacia una figura que aliente fe, incluso esperanza.

http://www.jornada.unam.mx/2011/09/09/deportes/a17n1dep

 Lamentablemente el asunto tiene tiempo que no despierta ese tipo de reacciones en el medio taurino, tanto que los últimos grandes “ídolos” fueron Manolo Martínez, así como los efímeros David Silveti y Valente Arellano.

   Desde el siglo XIX se construyeron en torno a Bernardo Gaviño, Lino Zamora y Ponciano Díaz este tipo de estructuras (que yo llamaría de afirmación social), siendo Ponciano el que alcanzó elevadas cotas que luego se deformaron en un fervor no solo patrio, sino patriotero y chauvinista, causante de actitudes colectivas fuera de control.

   En pleno siglo XX, Rodolfo Gaona escala hasta la cima del pedestal idolátrico que aún, a más de 80 años de su despedida sigue causando en las nuevas generaciones, efectos de ese radio de influencia. Junto a él hubo otros muchos casos, como el de Fermín Espinosa, Pepe Ortiz, Alberto Balderas -a quien consideraron el “torero de México”-, Silverio Pérez que se convirtió en “compadre” de todos. Lorenzo Garza, Luis Castro “El Soldado”, Gregorio García, Carlos Vera “Cañitas”, Fermín Rivera, Alfonso Ramírez “Calesero”. Entre los españoles encontramos casos como los de Ignacio Sánchez Mejías, Joaquín Rodríguez “Cagancho”, Manuel Rodríguez “Manolete”, Luis Miguel Dominguín, Paco Camino, Diego Puerta o Pedro Gutiérrez Moya.

   Como puede verse, la nómina es importante, pero los hechos tienen mucho tiempo de no repetirse, por eso quizá uno de los más importantes reflejos sea el de las plazas vacías.

   No habiendo figura torera en quien mostrar su veneración, se aparecen otros tantos personajes que, como estos dos señores, las multitudes los celebran y exaltan.

http://www.jornada.unam.mx/2011/09/09/deportes/a17n1dep

    El fenómeno José Tomás aún no consolida en México, quizá por la intermitencia con que sucede o se ha presentado, pero ya no hay más a qué aferrarse.

   Como en el cine Charles Chaplin o María Félix. Como en el canto y sus estereotipos aledaños Jorge Negrete o Pedro Infante, de quien hace unos años, alguna publicación sensacionalista y escandalosa publicaba una foto a página entera de la portada, y otra más al centro del impreso “innombrable”, pero que se convirtió en fuente de noticias y hechos de carácter sangriento. Pues bien, en esa portada, aparecía el cantor y el pie de imagen decía palabras más, palabras menos: “¡Pedro Infante… no ha muerto!”. Uno tenía que ir hasta las páginas interiores para saber el resto de la noticia, y se encontraba que en otra fotografía del doble del tamaño de aquel tabloide se contaba el resto de la historia: “¡… pero del corazón de los mexicanos!”

   Me parece que hoy, los toreros tienen muchos elementos mediáticos a su favor, pero no han sabido valerse de ellos, y es una prensa rosa o tras el escándalo la vertiente más frágil pero más fácil en hacerles si no el favor, sí el daño de involucrarlos en auténticos “chismes de lavadero”. Ese no es el caso.

   Lo sucedido con seguidores del boxeador filipino, que además es legislador en su país nos deja una enorme carga de reflexiones y preocupaciones, además de un sentimiento de culpa o hasta de pena ajena, pues el territorio taurino da o tiene suficientes motivos para detonar razones que constituyan estos fenómenos. La cosa es que sus protagonistas abran los ojos y no desperdicien una oportunidad así. De suceder o materializarse bajo esa fórmula, podríamos estar hablando sobre auténticos casos de mitificación popular. Solo que los “hubiera” no existen en la historia.

   Por lo tanto, es pertinente una revisión, la que cada uno de los matadores o novilleros pueden hacer frente al espejo, no para engrosar el ego sino para apostar por un tipo de aventura como la que aquí se plantea. Recuerdo, y ya para terminar, como hace unos años yendo por la calle, caminaba por ahí una figura viviente del boxeo mexicano, Raúl Macías, mejor conocido como el Ratón Macías. Pues vieran qué de saludos y elogios recibía ese deportista en el retiro, ya con bastantes años de cargar sus viejas glorias, pero que para muchos no era ningún desconocido. ¡Adiós mi ratón! era lo menos que recibía en elogiosa veneración de los del pueblo que le saludaban a su paso.

   ¡Cuánto de esto se extraña entre la afición de los toreros!

 12 de septiembre de 2011.

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