JOSEFINA VICENS: DETRÁS DE LA EXCELENTE NOVELISTA, UNA GRAN AFICIONADA A LOS TOROS.

POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE.

    La vida de Josefina Vicens se aglutina en escasas, pero no por ello, notables producciones literarias. El libro vacío (1958) es su obra mayor. Los años falsos (1982) completa el trabajo novelístico. “Petrita” un cuento y los guiones cinematográficos “Los perros de Dios”, así como “Renuncia por motivo de salud”, razones de más que la colocan en un sitio exclusivo entre los grandes creadores del siglo XX en México.

Aquí tienen ustedes a Josefina Vicens. Col. del autor.

    En apretada biografía podemos anotar que nació en Villahermosa, Tabasco el 23 de noviembre de 1911. Mujer inquieta como pocas, logra abrazar las causas sociales siendo decidida su participación a favor de los derechos humanos; en el Departamento Agrario, en la Confederación NacionalCampesina y luego como cineasta, por lo que ocupó la presidencia de la Academiade Ciencias y Artes Cinematográficas. También fue miembro vitalicio del Sindicato dela Producción Cinematográfica. Muere el 22 de noviembre de 1988.

   Solo por explorar un pequeño pasaje de El libro vacío -antes de pasar a describir una actividad poco conocida en ella- vale la pena dejarnos llevar por el vértigo de su emoción al escribir; emoción que proyecta en José García, el protagonista de la obra:

 Mi mano no termina en los dedos: la vida, la circulación, la sangre se prolongan hasta el punto de mi pluma. En la frente siento un golpe caliente y acompasado. Por todo el cuerpo, desde que me preparo a escribir, se me esparce una alegría urgente. Me pertenezco todo, me uso todo; no hay un átomo de mí que no esté conmigo, sabiendo, sintiendo la inminencia de la primera palabra. En el trazo de esa primera palabra pongo una especie de sensualidad: dibujo la mayúscula, la remarco en sus bordes, la adorno. Esa sensualidad caligráfica, después me doy cuenta, no es más que la forma de retrasar el momento de decir algo, porque no sé qué es ese algo; pero el placer de ese instante total, lleno de júbilo, de posibilidades y de fe en mí mismo, no logra enturbiarlo ni la desesperanza que me invade después.

    Y bien, ¿de qué actividad poco conocida estoy hablando?

   Resulta que Josefina Vicens, allá por los años cuarenta firmaba colaboraciones en Sol y Sombra y Torerías como PEPE FAROLES. ¿Cronista taurina? Ni mas ni menos. Y no sólo eso. Ocupó la dirección general de Torerías, revista que se codeaba con La Lidia o El Redondel, por ejemplo.

   

Aquí, dos muestras de su quehacer cotidiano en Torerías. Col. del autor.

    Josefina mantuvo en su revista una línea crítica, con un formato que iba en semejanza con La Lidia, publicación de la que era director Roque Armando Sosa Ferreiro, teniendo entre su grupo de colaboradores al recordado Dr. Carlos Cuesta Baquero.

   Torerías sustentaba su contenido en noticias taurinas, complementadas por las de espectáculos y variedades. Sin embargo, Josefina Vicens no mostró ambición en cubrir secciones importantes. Reducía su actividad a notas cortas donde establecía su opinión sobre los hechos del momento y sus protagonistas. Además, de vez en vez publicada alguna interviú acompañada del reportaje gráfico donde el fotógrafo buscaba no excluirla, haciéndola aparecer junto a sus entrevistados.

Portada de un número de Torerías. Col. del autor.

    Aficionada a los toros, supo luchar en momentos de difícil apertura a favor de la mujer y tan lo logró, que se hizo cargo de la publicación ya mencionada. En aquel entonces sobresalían junto a ella Esperanza Arellano “Verónica” y Carmen Torreblanca Sánchez Cervantes. PEPE FAROLES es el seudónimo que ocultaba a Josefina Vicens, futura creadora que logró alcanzar alturas insospechadas. ¿Por qué emplear ese sobrenombre como lo hizo en su momento sor Juana, al tener que asumir a la sociedad masculina y así ingresar ala Universidad?

   Josefina Vicens mantuvo la idea de que los toros es una actividad metafísica en la que el hombre se atavía con todo lujo y se prepara a encarar su cita con la muerte. Muerte es aniquilamiento, muerte es la danza de una belleza efímera llena de precisión, donde además, se juega con ella para salvar la vida. Por eso, la síntesis de la tauromaquia que ella pudo ver está en la vida que se matiza de riesgos y de una temeridad que quizás iba en armonía con su forma de ser.

   No acabo todavía de imaginar que los toros, con todo el significado masculino que ostenta y alterado por valores machistas y hasta misóginos dejara lugar para una mujer inteligente, que supo enfrentar el riesgo, y además demostrar que no cedía un ápice en sus esfuerzos por demostrar su afición hasta los extremos ya vistos en esta pequeña retrospectiva inédita de su vida.

   He ahí, una nueva y desconocida faceta de la Vicens, mujer ejemplar.

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