REVELANDO IMÁGENES TAURINAS MEXICANAS Nº 28.

POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE.

    En el historial de la plaza de toros del Paseo Nuevo, puede recogerse un pasaje además de curioso, escandaloso. Resulta que el sábado 25 de septiembre de 1858, fueron ejecutados a las afueras del coso de Bucareli, cinco reos, acusados de haber cometido tremendo asesinato. Veamos.

Aviso de la ejecución. La Sociedad, D.F., del 25 de septiembre de 1858, p. 4.

    En la Defensa leída el 5 de agosto de 1858, en los estrados de la Exma. Tercera sala de la Suprema Corte de Justicia, por Luis M. Aguilar y Medina, abogado defensor de Trinidad Carrillo y Quirina Galván, acusados en la causa relativa a los robos y homicidios que se verificaron en la hacienda de Chiconcuac, la noche del 17 de diciembre de 1856, y en la de San Vicente Zacoalpan, la mañana del 18 del mismo mes y año. México: 1858. Imprenta de Manuel Castro, calle de las Escalerillas número 7. 64 p.

   La famosa causa llamada de “San Vicente” comenzó a armar revuelo desde que ocurrió la noche del 17 de diciembre de 1856 por el sitio llamado “la Hoyadel Socavón”, cerca de Chiconcuac, y en la madrugada del 18 del mismo mes y año en la hacienda de San Vicente Zacoalpan, donde

Trinidad Carrillo, de la hacienda de Dolores, casado, labrador de 40 años; Miguel Herrera (a) Cara de Pana de Amacusac, soltero, azucarero, de 33 años; Inés López (a) El Maromero de la hacienda de San Nicolás, soltero, jornalero, de 24 años; Camilo Cruz Barba (a) El Chato, de la hacienda de Chiconcuac, soltero, jornalero, de 18 años; Nicolás Elite (sic) de Xochi, soltero, jornalero, de 43 años fueron condenados a la pena de muerte, luego de cometer (véase p. 3) asesinato en la persona de D. Nicolás Bermejillo y Víctor Allende, quien separó de a Trinidad Carrillo de su trabajo por los perjuicios que causaban sus animales y quien, al parecer, quedó bastante resentido, junto con su esposa Quirina Galván, la cual llegó a decir “que había de tener (el dicho Bermejillo) más consuelo sino que los españoles de la hacienda se habían de revolcar en su sangre: que supieran que a ella se debía haberse contenido un suceso, porque ella y su familia les servía allí de mucho; pero que una vez separados de allí, pronto sabrían los resultados”.

   “Nos corren por don Víctor, y no he de tener más gusto que verlo revolcado en su sangre” remató diciendo doña Quirina.

   Tales declaraciones las negó, aunque fueron contundentes en la causa porque en su juicio o en él, el hecho es que comenzaba a escribirse la sentencia. Casualmente ya no se le vuelve a citar en el juicio.

   Por su parte Trinidad, para cometer los asesinatos, también se ayudó de María Sabina Coria, amasia de élite, de 26 años que fue condenada a un año de reclusión en la cárcel de Cuernavaca. Igual con Isidro Carrillo, de Xochi, casado, labrador, de 41 años, prófugo y de Mariano Marcelo Bernal (a) Chelo, portero de la hacienda de San Vicente, condenado a 10 años de presidio con retención.

   En medio de un incierto juicio se fue desahogando el caso, donde Luis M. Aguilar y Medina cuestiona que estos personajes, sobre todo Trinidad Carrillo hayan sido los culpables de todo aquel asunto, y afirma la probabilidad de que por coincidencia se haya hecho presente una gavilla de delincuentes, bien organizada para cometer el asesinato. Claro, hubo un reparto del botín por parte de los acusados que no les niega –en consecuencia- su participación. ¿Estos cometieron robo o asesinato o ambas acciones de manera concertada?

   Además de Bermejillo y Allende, también fueron victimados Juan Bermejillo, Ignacio Tejera, León Aguirre (españoles).

   Todo parece indicar que quien encabezaba aquella desagradable cuadrilla de bandidos y asesinos fue producto de la reunión celebrada en el cerro de Zayula el 17 de diciembre de 1856, dos gavillas de malhechores que regenteaban, una Matías Navarrete, y la otra Nicolás élite que de inmediato se dirigieron a Chiconcuac a consumar sus bajas pasiones.

   Una notoria incompetencia de los jueces llevó el caso a tener en Trinidad Carrillo a un reo cada vez con más cargos y acusaciones. El responsable de aquella acción, Nicolás élite, todavía tuvo oportunidad de pedir se le nombrase nuevo defensor.

“ACTO DE EJECUCIÓN DE LOS CINCO REOS CONDENADOS A MUERTE por los asesinatos y robos cometidos en las Haciendas de S. Vicente y Chiconcuac, cuya Ejecución se verificó el día 25 de Septiembre de 1858, entre 9 y 10 de la mañana”. Este curioso grabado presenta toda la escena a las afueras de la plaza de toros El Paseo Nuevo. Aquel sábado que quedó marcado para los cinco reos no nos indica si al día siguiente, 24 de septiembre, las puertas del coso abrirían sus puertas normalmente.

Fuente: Salvador Novo: Hoy día, hace ciento. México, editorial Porrúa, 1971.

Además, esta escena, proviene del siguiente libro:

Acusación fiscal que en la tercera sala de la Suprema Corte de Justicia pronunció el Sr. Ministro Fiscal de ella don José María Casasola, en la causa instruida a varios reos, por el asalto, robos y asesinatos cometidos la noche del 17 y mañana del 18 de diciembre de 1856, en las haciendas de Chiconcuac y S. Vicente del partido de Cuernavaca, perteneciente al departamento de México. México, Imprenta de A. Boix, a cargo de Miguel de Zomoza. Cerca de Santo Domingo número 5. 1858. 87 p. Ils., retrs.

    Luego fueron dictándose una a una las sentencias, por parte de los licenciados José Antonio Bucheli, Ignacio Sepúlveda, Ignacio Aguilar, Miguel Atristain. José María Bocanegra, Marcelino Castañeda y Teodosio Lares. Hubo también diligencias practicadas de orden del supremo gobierno en la capilla de la ex – acordada, contra los reos Carrillo, Cruz Barba, Inés López y Miguel Herrera, a consecuencia de la solicitud que hizo el Presbítero D. Francisco J. Aguilar y Bustamante, a nombre del reo Trinidad Carrillo para que se le indultara de la pena capital a que quedó condenado.

   Casualmente, sólo el Teatro Nacional programó una función para el día siguiente.

La Sociedad, D.F., del 26 de septiembre de 1858, p. 4.

    Mientras tanto, la actividad taurina que registró la plaza, tuvo efecto hasta el martes 5 de octubre. 5 toros de Atenco. Cuadrilla de Bernardo Gaviño, aunque no hay cartel publicado en la prensa, salvo del que da razón del siguiente festejo, ocurrido el domingo 10 de octubre siguiente:

La Sociedad, D.F., del 10 de octubre de 1858, p. 4.

    Por circunstancias con fuerte trasfondo político, este cartel que celebraba el “memorable y glorioso día 27 de septiembre de 1821”, no pudo realizarse como era de esperarse el lunes siguiente, que fue 27, contando con la presencia del Sr. Presidente de la República, Gral. D. Félix Zuloaga. Se sabe que quien cargaba con un fuerte sambenito era el Gral. Juan Álvarez, uno de los principales sospechosos en este grave y delicado asunto, el cual se consumó con la ejecución al viejo estilo de los tiempos de la Inquisición; es decir aplicando garrote vil. Por esos meses, se establecieron una serie de garantías procesales en las materias civil y penal, y se prohibieron la tortura, los azotes y las penas trascendentes o infamantes, pero se conservó la pena de muerte para causas graves como la traición a la patria, el parricidio y el homicidio con alevosía, premeditación y ventaja.

   Sin habérmelo propuesto, me parece que además de recordar algunos hechos relevantes, dentro o fuera de la histórica plaza del Paseo Nuevo, estos pasajes se convierten en una buena oportunidad para evocar a dos importantes personajes de aquel momento. Su constructor, el Arq. Lorenzo de la Hidalga y el torero Bernardo Gaviño, dos españoles que se metieron en la entraña de la forma de ser y de pensar de nuestro pueblo mexicano.

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