UN ENCIERRO DE RANCHO SECO LIDIADO EN CELAYA.

EFEMÉRIDES TAURINAS DE SIGLO XX.

 POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE

 UN ENCIERRO DE RANCHO SECO LIDIADO EN CELAYA. EFEMÉRIDE DEL 4 DE FEBRERO DE 1940.

    Digamos que la apreciación para este pequeño pasaje, nos da la posibilidad de observar tres diferentes ángulos. Uno, el que nosotros tenemos al admirar, como en perspectiva lo que el acercamiento de los otros dos nos da sobre un motivo específico: el encierro de esos cuatro ejemplares que pertenecieron a la ganadería de Rancho Seco, lidiados en la plaza de toros de Celaya, Guanajuato, el 4 de febrero de 1940. Con estos auténticos toros se las «entendieron» Jesús Guerra “Guerrita” y “Joselito” Campos, novilleros cuyo arrastre y popularidad se desplegaron en el coso de la calle de Aldama, de la todavía provincia población del bajío mexicano.

   Desconozco qué fue de aquella tarde, pero el hecho es que con seguridad hubo cosas muy interesantes. La segunda imagen fue obtenida por mi padre, el señor Jesús Gustavo Coello Ramírez quien al unísono, mejor dicho al alimón, logró coincidir con la tercera, tomada al mismo tiempo por mi abuelo, el señor Pedro Coello Urenda, con lo que estas tres dimensiones, la nuestra, la que hoy planteamos, nos acercan al detalle de las otras dos y casi acariciar; admirar en una palabra, el trapío, la corpulencia, la cornamenta también de un encierro anunciado como novillada, pero que resultó ser una corrida de toros, que ¡oh casualidad!, cada vez se ven menos.

   Son dos fotografías que reúnen la esencia de un acontecimiento ocurrido hace poco más de 70 años, con una carga de evocación maravillosa, porque una corrida de toros en Celaya levantaba impresionante expectación, que solo el recuerdo es capaz de sacudir a la memoria.

Frente y reverso con notas manuscritas.

Detalle del encierro de Rancho seco lidiado en la plaza de toros de Celaya el 4 de febrero de 1940. Fotografía tomada por Pedro Coello Urenda. Fuente: colección del autor.

    Me atrevería a decir que no debe quedar nadie que nos dé un fiel panorama de lo que representó para los aficionados celayenses, la jornada del 4 de febrero de 1940, día que pasó entre celebraciones, pues conforme a calendario religioso, el día de la Candelaria, además de recordar que es el fin de la pascua, “al levantar al niño”, es una fiesta cuyo poder de convocatoria reunía a la de toros, en una cada vez más lejana conmemoración, reducida a sitios como Cañadas, Jalisco, donde siguen ocurriendo, como desde hace ya varios siglos esas intermitentes celebraciones.

Encierro de Rancho Seco lidiado en la plaza de toros de Celaya el 4 de febrero de 1940. Fotografía tomada por Gustavo Coello Ramírez. Fuente: colección del autor.

    No quiero decir que la sola fiesta de la Candelaria haya desaparecido del calendario festivo en Celaya. Durante buen número de años los toros hicieron acto de presencia, armónica compañía que los nuevos tiempos, los cambios propios de diversas generaciones, sus diferentes sustentos culturales y hasta un desinterés evidente han hecho que una celebración más se pierda en el mar de la indiferencia o en la todavía aún más triste situación de falta de recursos para seguir estimulando ciertas tradiciones como el día de la Candelaria.

   Finalmente, si observamos las tres imágenes, -porque la tercera la estamos creando nosotros, desde nuestra perspectiva-, como si fuera el conjunto que se dirige a un mismo objetivo, se tiene entonces una metaficción.

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