Archivo mensual: enero 2012

EFEMÉRIDES TAURINAS DECIMONÓNICAS.

POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE

 Esta efeméride ocurrió el 31 de enero de 1886. 

   Con la cornada que Bernardo Gaviño y Rueda recibió hoy hace 126 años, y de la cual sobrevino la infección que le causó finalmente la muerte, cumplo con el propósito de informar a ustedes sobre esta lamentable efeméride para lo cual, comparto con ustedes todo lo que a continuación he podido recabar al respecto de tan lamentable acontecimiento.

 PLAZA DE TOROS DE TEXCOCO, EDO. DE MÉXICO. 31 de enero. Toros de Ayala. Bernardo Gaviño, Francisco Gómez “Chiclanero” y José de la Luz Gavidia. El gaditano fue herido por el tercer toro CHICHARRÓN de nombre. El periódico EL SIGLO XIX reporta la noticia de la siguiente manera: El Capitán Bernardo Gaviño fue herido por el tercer toro y parece que de gravedad; igualmente lo fue un torero en el momento de clavar unas banderillas, quien probablemente perderá el brazo que le hizo pedazos el animal; y por último, una mujer cuyo nombre se desconoce, quien recibió una ligera cornada también en el momento de banderillar. El toro “Chicharrón” fue despachado “a la difuntería por el intrépido torero Carlos Sánchez”. Bernardo murió a las nueve y media de la noche del jueves 11 de febrero.[1]

Grabado que recrea al toro “Chicharrón”, de la ganadería de Ayala, ejemplar que propinó la cornada mortal al diestro español Bernardo Gaviño el 31 de enero de 1886 en la plaza de toros de Texcoco, edo. de Méx. La leyenda dice: “Diseño de la cabeza del toro “Chicharrón” que se conserva en México como recuerdo”. Contraportada del libro RECUERDOS DE BERNARDO GAVIÑO. Rasgos biográficos de su vida y trágica muerte por el toro CHICHARRON en la plaza de Texcoco el 31 de enero de 1886. Versos de su testamento y canción popular a PONCIANO DIAZ. Orizaba, Tip. Popular, Juan C. Aguilar, 1888.

 LA VOZ DE MÉXICO, D.F., del 7 de febrero de 1886, p. 1 con algunas imprecisiones informaba que:

    Bernardo Gaviño, el célebre torero conocido en toda la república, fue gravemente herido por un toro en la corrida que el domingo último se dio en Texcoco. Algunos días después falleció.

   Hacía medio siglo que Gaviño ejercía el peligroso oficio de primer espada en nuestro país. Por su mano ha dado muerte en casi todas las plazas de las capitales de la república a cerca de cuatro mil toros, y aunque herido varias veces, nunca lo fue tan gravemente como ahora. Fue maestro de multitud de toreros mexicanos, pues cuando vino de España ya era buen banderillero. A muchos picadores y chulillos les ha salvado la vida en el largo periodo de años que ha sido capitán de cuadrilla.

   Multitud de hazañas tauromáquicas se cuentan de él. Recordaremos una, porque fue acompañada de circunstancias especiales. El suceso pasó en la época de la presidencia de D. Anastasio Bustamante.se trataba de una lucha entre un toro de Atenco y un tigre traído aquí por un francés. En la plaza de toros de San Pablo debía tener lugar tan terrible espectáculo, el cual aunque sin razón se caracterizó por una especie de rivalidad nacional. El patriotismo popular se puso acaloradamente del lado de nuestro toro; el dueño del tigre representaría probablemente el patriotismo bengalí, a nombre del tigre. La excitación en la capital era grande y la plaza de San Pablo se llenó totalmente de espectadores. En el centro del redondel se había levantado una gran jaula formada de fuertes maderos. Esta jaula comunicaba al toril por medio de un estrecho pasillo por el cual, a su debido tiempo, saldría el toro para encontrarse con su formidable enemigo, que ya esperaba dentro de la jaula. Salió por fin el toro y saltando se plantó ante el tigre. Este se encogió mostrando los blancos y afilados colmillos y preparándose a embestir al valiente toro de Atenco. Antes que el tigre hubiese saltado sobre su presa, le arremetió furiosamente la res y se trabó un combate a muerte entre las dos fieras. Separadas para tomar aliento, volvió el toro un instante después a arrojarse sobre el tigre, hasta que jadeantes y chorreando sangre, de nuevo se separaron los combatientes. Ambos estaban heridos, pero el tigre lo estaba mortalmente.

   En este momento el público prorrumpió en gritos y vivas y aplausos por el toro, pidiendo que fuese sacado de la jaula y no se prolongase más tiempo la lucha salvando la vida al bicho. La dificultad para sacarlo era casi invencible. Por su propia voluntad no quería salir y en vano se le llamaba por fuera de la jaula y por medio de capas para atraerlo a la salida. Bernardo Gaviño entonces se metió por el toril, atravesó resueltamente el pasillo penetró en la jaula y agitando su capa sin cuidarse del tigre, se atrajo la atención del toro, que se precipitó tras de él por el pasillo y entró al toril. El estupor del público al ver tan temeraria tentativa coronada de éxito, duró un instante, y se resolvió en seguida por una tempestad de vivas, y de aplausos, frenéticos por Gaviño.

   A poco más, lo saca en triunfo al público y lo pasea por las calles.

   También combatió Gaviño con bestias humanas. Una vez, hace muchos años, fue asaltado entre Durango y Chihuahua por algunos indios bárbaros, a los cuales hizo frente y se defendió, recibiendo varias heridas, hasta que los indios, creyéndole muerto, huyeron y lo dejaron maltrecho en el sitio, pero con vida.

   Matar toros en una plaza a los ochenta y dos años de edad (sic), seguramente solo le ha sido dado a Bernardo Gaviño, quien, con evidencia, era el decano de todos los toreros de España y las Américas.

   Murió en el peligro. Dios le haya perdonado.


[1] Jorge Gaviño Ambríz: “Semblanza de un torero en el siglo XIX” (Trabajo Académico Recepcional en la Academia Mexicana de Geografía e Historia), (pp.353-375), p. 365-367.

   El último domingo de enero de 1886, en la Plaza de Texcoco, el empresario Enrique Moreno presentó como primer espada a Bernardo Gaviño de 73 años.

   La gente de la ciudad de México acudió a esa diversión, a pesar de lo incómodo, inexacto y mal servicio de los trenes del ferrocarril, -narra el periódico El Siglo XIX- la plaza de toros de la histórica Texcoco estaba henchida de numerosa concurrencia. El empresario Sr. Lic. Enrique Moreno ofrecía presentar como primer espada a Bernardo Gaviño, ese viejo torero que hizo la delicia de nuestros abuelos.

   La función comenzó a las cuatro y media: el primer toro fue prieto, bien encornado y de regular alzada.

   Entró perfectamente a la capa, aguantó varios puyazos y fue bien banderillado.

   Bernardo tomó la espada y la muleta para darle muerte; pero el bicho no le quiso entrar y después de una estocada mal dada hubo necesidad de lazarlo para que el cachetero lo matara.

   El segundo toro fue josco del mismo juego y condiciones que el anterior.

   Al tocarse banderillas se presentó una mujer, y empuñándose un par, se dirigió a la autoridad, varias voces gritaban que no se le permitiera banderillar y otras que sí.

   La intrépida mujer se dirigió al toro y después de citarlo varias veces pudo clavarle el par sufriendo un ligero agarrón en la pretina de las enaguas de donde al salir el asta del toro le causó un rozón en un brazo.

   Este toro fue bien matado por Carlos (Sánchez); el segundo espada. Vino el tercero toro negro, ligero y bien encornado.

   Desde que salió del toril reveló su ley y viveza. Perseguía con feroz encarnizamiento al bulto y se disparaba furioso contra el encuentro de los caballos de los picadores y persistía en la garrocha hasta tocar los ijares, no dejando con vida a ninguno de los flacos resistentes que salieron a la plaza.

   Se tocó a banderillas y al ponerle el primer par persigue al banderillero, lo alcanza cerca del burladero, pega la embestida y le quiebra un brazo que le agarra contra la pared de la plaza donde el cuerno deja una profunda huella.

   La compañía continúa banderillando al bicho con gran temor.

   Bernardo decía satisfecho: este toro sí es de los buenos. Toma la espada y la muleta, lo cita muy cerca de la valla y el toro le da una cogida causándole una herida profunda y peligrosa.

   Se mandó lazar a la fiera pero el público insistió en que la matara Carlos, hubo que ceder, tomó la espada y le dio muerte con una estocada en que le dejó puesta el arma.

   Gaviño “todavía caminó por su propio pie hasta el cuartucho de adobe improvisado para enfermería, dejando un reguero de sangre pálida. La herida cerca del ano era profunda, incurable… sobre el camastro el pobre Gaviño respiraba dificultosamente después de la curación bárbara, en un cuarto mal oliente, un montón de heno en el rincón, unos frascos y unas vendas… sobre la silla de tule, los treinta pesos que cobró por actuar en esa tarde gris y polvorienta”.

   Qué contraste, cuando en una función extraordinaria, ofrecida por el Presidente de la República General Santa Anna al Príncipe Nassau, entró en la arena de la Plaza una elegante carretela abierta, tirada por frisones, y en cuyos asientos posteriores iban dos preciosas niñas vestidas de azul y blanco. La carretela, a todo correr de los caballos, dio una vuelta por el circo y se detuvo cerca del lugar en que se hallaba el primer espada Bernardo Gaviño. Las niñas descendieron del carruaje y se acercaron a éste para ofrecerle una hermosa corona cuajada de monedas de oro, en los momentos en que los atronadores aplausos y los vivas de la multitud espectadora se mezclaban con los alegres acordes de la música. Bernardo subió al carruaje con las niñas e hizo su paseo triunfal en aquella plaza, durante la cual no cesó el palmoteo y el entusiasmo del público. Día de un triunfo espléndido para aquel que millares de veces expuso su vida luchando con el toro”.

   Pero ahora ello parecía un sueño, o una pesadilla, pues todo había terminado. Después de varios días de agonía trajeron a Gaviño de Texcoco a México. El periódico “El Siglo XIX” del día 8 de febrero publica el estado de gravedad y las condiciones miserables en que se encontraba:

   “El decano de los toreros en México, el octogenario Bernardo Gaviño, sabido es que no ha muerto, pero sí se halla grave y casi al borde de la tumba. Algunos amigos que hemos estado en su casa a informarnos de su salud, nos conmovimos profundamente por la miseria horrorosa en que se encuentra. La pieza en que está es baja, oscura, húmeda, casi es un sótano El Dr. Vicente Morales lo asiste con ese empeño y solicitud que todos le conocemos y más los exagera, tratándose de heridos en lides tauromáquicas. Dados los sentimientos humanitarios que ha mostrado el buen viejo con propios y con extraños en iguales circunstancias las que hoy lo agobian, así como el deseo de algunos de sus buenos amigos para favorecerle, ahora que carece de los indispensables elementos para su curación, no hemos vacilado en promover una suscripción que pudiera acaso servirle de mucho en estos momentos.

   “Es un deber de humanidad el que invocamos, así de sus paisanos los españoles, como de sus amigos del país. Los donativos se reciben en la peluquería de la calle de los Rebeldes, junto al baño”.

   El día 11 de febrero a las 9:30 de la noche en el Callejón de Tarasquillo número 5 1/2 bajos, falleció de gangrena del recto el célebre torero Bernardo Gaviño a los 73 años de edad, durante su carrera dio muerte a 2950 bichos.

   Fue inhumado en el Panteón Civil, en una fosa de tercera clase, ocupando la Nº 1763, línea 23, sepulcro 2.

   Al cumplirse un mes del fallecimiento del ilustre torero, el Sr. Ponciano Díaz, su banderillero de confianza, su discípulo más querido le organiza una corrida de toros en la plaza El Huisachal, en beneficio de la familia del finado señor Gaviño, que se encontraba sin recursos de ninguna clase, la corrida se celebró el día 25 de abril presentándose la cuadrilla de Ponciano Díaz y la ganadería de las mejores razas.

   El recuerdo del matador estaba latente, “al sur de la capital, por el rumbo de los canales de Jamaica se levantó con tablones y estacas una placita que llevaba el nombre de “Bernardo Gaviño”.

   En el Canal de la Viga, muy cerca a aquel sitio, se encontraba la Quinta Corona, en donde su propietario tenía una especie de museo en el cual se exhibían multitud de curiosidades especialmente taurómacas y entre ellas la que llamaba mucho la atención de la concurrencia, era el traje azul y negro que llevaba el afamado torero hispano Bernardo Gaviño, al ser embestido por el toro en la plaza de Texcoco.

   Por su parte, Julio Bonilla “Recortes” anotó al respecto del percance lo siguiente:

   “En tercer lugar salió un toro negro zaino, meleno, bien encornado y de pocas libras perteneciente a la ganadería de Ayala. El toro resultó bravo, tomó ocho puyazos, mató dos caballos, pasando a banderillas con mucho poder y ligereza de patas. El viejo Gaviño estaba contentísimo y hacía elogios de la nerviosidad del burel.

   “Tocaron a matar, y el diestro de Puerto Real, que vestía terno negro, con adornos de seda negra, armó la muleta y se dispuso a estoquear a aquel toro (…), se fue hacia la res, presentando la muleta, que el toro tomó bien, pero al tomar el pase se revolvió, y como el caduco torero no tenía ya el vigor necesario para afirmarse en las piernas, fue cogido por la espalda, suspendido y engatillado (…) en la región anatómicamente llamada por los facultativos hueco isquio rectal”.

   Además:

   El arte de la lidia, año II, Nº 9, del 28 de febrero de 1886.

PARTE FACULTATIVO de las heridas que recibió Bernardo Gaviño en Texcoco, la tarde del Domingo 31 de enero de 1886 por un toro de la ganadería de Ayala, que ocasionaron su muerte.

   Bernardo Gaviño tiene una herida de bordes irregulares contusos, de cuatro centímetros de extensión situada en la margen derecha del ano hasta la parte posterior, que interesa en algunos puntos la piel y el tejido celular y en otras la mucosa y dicho tejido. En la parte posterior de la herida penetra en la fosa isquio-rectal a una altura de10 centímetros, perforando el recto en una obertura superior de y centímetro y ½ de diámetro. Tiene en la parte anterior e izquierda de la margen del ano otra herida de bordes irregulares de2 centímetros½ de extensión que interesa la piel y la mucosa hasta el tejido celular. Al nivel de los trocánteres, sobre todo en el izquierdo, grandes equímosis como de20 centímetrosde diámetro.

   La primera curación se la hizo en Texcoco el Dr. Osorio, y el día 1º de Febrero y 1, los Doctores Osorio, Icaza y Casasola.

   El día 2 al medio día tuvo un calosfrío intenso, principios de la infección que causó su muerte; desde ese momento calentura y síntomas graves, sed inextinguible, y delirio constante con asuntos de toros y en momentos de lidia; hipo casi desde ese día y parálisis de la vejiga; fetidez notable del pus de la herida que era sanguinolento y abundante. En el momento de la herida hemorragia abundante que le produjo varias lipotimias. Su muerte ocurrió a las 9.30 de la noche del día 11 de febrero estando tranquilo, muy frío y con la respiración muy frecuente y estertorosa.

   Se le curaba dos veces al día, con curación antiséptica y muy cuidadosa.

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EFEMÉRIDES TAURINAS NOVOHISPANAS.

POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE

 1684

 Estas noticias nos las reporta Antonio de Robles en su Diario de Sucesos Notables:

 -Toros en la plazuela dela Trinidad. Cañas y máscaras (segunda quincena de junio).

-Los años del hijo del virrey (5 de julio).

-Años del rey (6 de noviembre).

    Aunque representan un número menor de pretextos esto puede referirse por un lado, al impacto de alguna de las muchas condiciones climáticas a las que quedaba expuesta una ciudad de México todavía vulnerable en términos de su solución urbana, sobre todo en lo que se refiere a las inundaciones. Por otro lado, puede estar presente algún otro aspecto como el de cierta sequía, aspectos naturales cuyo embate pudo haber puesto en vilo la condición general de aquella sociedad novohispana. Por fortuna, existen algunos estudiosos e investigadores que han ido formulado a través de sus trabajos una afortunada reconstrucción de posibles desastres que pudieron haber cambiado el giro de la vida en aquellas épocas. Uno de estos libros es de Arij Ouweneel: Ciclos interrumpidos. Ensayos sobre historia rural mexicana. Siglos XVIII-XIX. En dicha obra, uno de los ejes es el que se produjo a fines del siglo XVIII cuando las sequías no se convirtieron en la única variable, sino el efecto que produjeron fenómenos como “el niño” y la “niña”, acompañados de una serie de fuertes temblores, efectos naturales que causaron un cambio radical en la forma de vida. Recordemos cómo, en 1692 también se registró una fuerte sequía que incluso ocasionó no sólo la protesta, sino el levantamiento social al punto de la rebelión.

 Trabajos de esta naturaleza nos permiten entender que hay otras circunstancias mismas que pueden generar desviaciones importantes- a la hora de entender qué sucedía en épocas que, para algunos resultan oscuras pero que, en la medida en la que se producen los análisis respectivos, es posible recuperar el pulso de otros tiempos. De ese modo, con Antonio de Robles hemos seguido paso a paso sus reportes, y gracias a sus noticias, las del discurrir cotidiano en una ciudad capital como la de México, no sólo se percibe lo que en ella pasaba. También lo que de las provincias y otros puntos lejanos del vasto territorio novohispano ocurría en términos de aquellas noticias que generaban impacto y eran susceptibles de ser recogidas por ese sector de interesados. Sin ellos y sus quehaceres cotidianos sería muy difícil entender, aunque no imposible, ese síntoma que vengo comentando en la presente colaboración.

   Hoy día el cambio climático o el calentamiento global mantienen en vilo a las sociedades modernas todas, pues lamentablemente ya entramos a un momento en el que si nuestra actuación no deriva en acciones concretas, la fuerza desatada de la naturaleza seguirá ocasionando daños severos e irreversibles. La lenta reacción del estado demostró con ese síntoma su inoperancia y falta de respeto a la inyección de recursos en forma inmediata, pero sobre todo negarse a escuchar la voz de los expertos, que en este país deben ser muchos y muy buenos, pero que predican en el desierto a la hora de que nadie los escucha. Creo en la capacidad de nuestros profesionales.

   La demostración de estos datos comparados, como habrán podido notar, tuvo que irse por un sendero inesperado pero pertinente, para entender cómo la historia no puede quedar desvinculada con otras ciencias. De ahí que resulte fascinante la explicación de diversos hechos a la luz de estudios como el que ha venido a sumarse en la presente colaboración.

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EDITORIAL. UNA ESTAFA, TAN FINAMENTE BORDADA QUE PARECE REALIDAD.

POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE.

 I

    Si analizamos a detalle el comportamiento de la temporada taurina que viene ocurriendo en México entre los últimos meses de un año y los primeros del que sigue, ello marca una costumbre que ha venido desarrollándose en forma más o menos equilibrada desde fines del siglo XIX y hasta nuestros días. Ello se debe a que al concluir la que se desarrolla en España (más o menos entre Fallas de Valencia y San Miguel en Sevilla), los diestros hispanos y algunos franceses se suman al contingente de lo que alguna vez se consideró “hacer la América”, con lo que no termina ahí su profesional quehacer.

   Ese contingente de matadores de toros es sujeto de una temporada española en la que su exhibición de facultades y defensa de tan infranqueables territorios, destaca el enfrentamiento con toros, sin más. Las imágenes fotográficas, de cine, televisión o video dan cuenta de que al dar cara a ese ganado, sus afanes –los de estos personajes-, se convierten en auténticas gestas.

   Se creería por tanto que el común denominador de esas hazañas tendría continuidad en América; pero particularmente en México. Sin embargo, y hasta aquí con el inicio de nuestras tribulaciones, en la mayoría de los casos y salvo honrosas pero muy aisladas excepciones, ocurre lo contrario que en España. En la mayoría de los casos, son los empresarios quienes se empeñan en conceder privilegios, programando a las “figuras” en un plan en el que esas mismas “figuras” vienen a poner condiciones; o por lo menos es la impresión que tenemos todos quienes percibimos que su presencia es bajo presión, con las mejores condiciones económicas, de seguridad y hasta de comodidad.

   Los empresarios mismos no ven por el toro, se les impone el “toro” que es del gusto de esos toreros. Los empresarios en ese sentido, no tienen el menor afán de molestar a las “figuras”, imponiéndose como empresarios en potencia, con ganas de llenar las principales plazas de nuestro país, bajo el rasero de dar cada tarde carteles muy parejos, apretados y comprometidos. Por eso es común que nos remitamos al pasado para dar como parámetro las antiguas temporadas que se organizaban lo mismo en la plaza “México” que en el desaparecido “Toreo” de Cuatro Caminos. O también al actual ejemplo de la famosa feria de San Isidro, donde tarde a tarde, durante 31 que tiene el mes de mayo, la plaza, con casi 25 mil localidades, se apunta el “No hay billetes”. Con esto, reafirmo el hecho de que el empresario si quiere “hacer fiesta”, debe ser capaz de programar carteles muy parejos, redondos diría yo, para que  un domingo y otro también, la “México”  luzca llena hasta la bandera.

   A lo anterior debe agregarse la dispersión de comentarios habidos con la prensa, mismos que no guardan ni proporción ni equilibrio, lo que genera ideas encontradas, sobre todo por el hecho de que con el apoyo de la tecnología digital, el número de comentaristas se ha elevado considerablemente, con lo que se pierde la esencia de una realidad que ahí está, y muchas veces se niegan a referirla en su real dimensión.

   Han comenzado desde el pasado 22 y ahora 29 de enero, los carteles que van encaminados a unirse a los del 4 y 5 de febrero con lo que la plaza de Insurgentes celebra orgullosamente su 66 aniversario. Pero esos carteles, de tan redondos que son, atraen a una masa informe más de espectadores que de aficionados, dispuesta a ser tema de notas sociales y no de crónicas taurinas. Masa que no se desperdiciaría si asistiera de igual forma al resto de los festejos como para ir conformando criterios más amplios al respecto de lo que el 5 de febrero no sólo significa en el calendario de las celebraciones. Son tardes en que el ganado es especialmente escogido, llegándose al grado de convertir esa materia prima en signo de confianza para los toreros, pues por su tamaño, su edad y su trapío, invitan a la tranquilidad. En ello, los jueces de plaza también se convierten en cómplices de una estrategia que invariablemente se repite sin que haya, a la vuelta de estos festejos, ningún tipo de sanción. Y no los hay porque simple y sencillamente no quieren problemas. Su presencia es más bien de adorno y cortesía que demostración auténtica de ser la autoridad en la plaza. En esos términos, se produce lo que yo considero ausencia de la autoridad de la autoridad… y punto.

   Con asuntos como los que aquí vengo planteando, asuntos que para muchos a quienes nos interesa el destino del espectáculo, sabemos que si “la ropa sucia se lava en casa”, es momento de que actúen los directamente involucrados, e incluso que se denuncien las mañas que deberían ser motivo de escándalo y castigo, pero que al final, son elogiadas y celebradas sin más. En el entendido de que el toro es la figura a defender, como figura protagónica del espectáculo, al final se convierte en un elemento secundario (o lo convierten) debido a que privan intereses en que la estafa es tan finamente bordada que parece una realidad. No me parece justo lo que vienen haciendo en nombre de una organización del espectáculo cuando lo que se muestra es improvisación, improvisación que fascina y seduce.

   Y miren lo que son las cosas. Hace 109 años se publicaba en El Popular la siguiente nota que, por otro lado, guarda una auténtica semejanza con lo que he venido apuntando. Aquí lo que se decía por entonces en aquel diario:

El Popular, 14 de abril de 1903, p. 1.

 II

    Habiendo concluido el II Coloquio Internacional LA FIESTA DE LOS TOROS: Un patrimonio inmaterial compartido, mismo que se celebró en Tlaxcala del 17 al 19 de enero pasados con resultados bastante favorables, muchos se preguntan: ¿Qué sigue?

   El proceso que busca la nominación de la UNESCO para que la tauromaquia se considere patrimonio cultural inmaterial de la humanidad comenzó desde 2003. De entonces a la fecha, diversos aficionados y grupos en los ocho países que conservan esta representación, han contribuido para avanzar en la consolidación e integración de los elementos que justifiquen tal declaratoria, partiendo de fichas de registro para el inventario, declaratorias de “Bien de Interés Cultural” en los órdenes locales, estatales o nacionales (cuyo único caso hasta ahora recae en Francia) de las diversas manifestaciones expresadas en el toreo.

   Entre otras agrupaciones, se han articulado la Coordinadora Internacional de la Tauromaquia, la Mesa del Toro o el Observatorio de Culturas Taurinas de Francia. En 2009, la ciudad de Sevilla acogió el primer coloquio con la misma estructura de este segundo celebrado en Tlaxcala y en ambos eventos, participaron académicos y reconocidos aficionados cuyas aportaciones sirven en este momento para darle sustento al expediente que habrá de entregarse en el curso del 2012 a la UNESCO. ¿Pero qué estado-parte habrá de hacerlo?

   Si el asunto recayera en México, o en cualquiera de los otros siete países, es pertinente seguir sin mayores cambios el modelo del Observatorio de Culturas Taurinas de Francia, mismo que cuenta con un comité científico que avala cualquier circunstancia en la que deben aclararse elementos del orden histórico, antropológico, sociológico o filosófico, sólo por mencionar algunos de los que pueden acompañar a los de corte científico, emitidos en su caso, por reconocidos médicos veterinarios zootecnistas, teniendo con ello resuelto el contrapeso del cuestionamiento impuesto por los contrarios. Para que ese “Observatorio” pueda funcionar concretamente en México, es preciso que se formalice su creación y esta sea apoyada por el estado, por la iniciativa privada, por alguna institución académica, e incluso adquirir la figura de ONG, que como sabemos, es una entidad civil con derecho y disposición de participar en una comunidad, a través de una acción autorregulada, inclusiva, pacífica y responsable, con el objeto de optimizar el bienestar público o social.

   Pero también es importante que al interior de nuestras estructuras, se articulen de mejor manera los principales actores o estamentos, apostando por una cultura en la que los “privilegios” de la modernidad no atenten una costumbre inveterada como es el toreo. Lamentablemente ese propósito no ha tenido los resultados deseables, pues intereses de todo tipo están por encima de un espectáculo que cada día pierde credibilidad. Hasta hoy, la tauromaquia no encuentra en las nuevas generaciones un síntoma de atractivos simultáneos porque los jóvenes tienen la certeza de que no están ante una realidad. Mucho se esperaría también de la educación que muchos padres taurinos puedan inculcar en sus hijos, pero también mucho se esperaría de que la prensa jugara un papel más comprometido con la honestidad, y de que las empresas forjaran toreros. De que los ganaderos dediquen todo su esfuerzo a la crianza de un toro, finalmente el emblema principal de esta fiesta, de la que no podemos negar que se encuentra en etapa terminal. Mientras las plazas permanezcan semivacías, y sigan apareciendo remedo de toros, y las “figuras” no quieran ser “ídolos”, no tendríamos muchos elementos con qué justificar un espectáculo que, por otro lado, se defiende solo.

   A todo lo anterior es que debemos generar una sinergia, evitando los falsos protagonismos. Se entiende que este es un movimiento ciudadano movido por intereses y reacciones propias de un profundo significado que fácilmente se percibe en el imaginario colectivo de nuestra sociedad, al grado de que no todo el conjunto de habitantes en este gran país comulga con la fiesta de los toros; una buena parte se identifica con tal forma de expresión; y de conformidad con los usos y costumbres lo hace suyo.

   Si la UNESCO va a dar su visto bueno, asunto que podría ocurrir en dos o tres años más, es porque va a encontrar los elementos suficientes para declarar a la tauromaquia patrimonio cultural inmaterial de la humanidad. De eso depende nuestro esfuerzo y trabajo también por un blindaje seguro.

 30 de enero de 2012.

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CRUZADA CONTINUIDAD Y SEGURA PERMANENCIA DE LA DINASTIA SILVETI.

DE FIGURAS, FIGURITAS y FIGURONES. ENTREGA Nº 24.

 POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE.

    En la historia del toreo un conjunto de dinastías han sido representativas en el acontecer de este maravilloso espectáculo. Nada más mencionar algunas, mueve a las emociones y a los recuerdos. Los “Gallos”, los “Bienvenida”, los “Armillita” o los Silveti. Estos últimos se sostienen desde Juan Silveti mejor conocido como el “tigre de Guanajuato”, “el hombre de la regadera”, “el meco”. También de Juan Silveti hijo, “el tigrillo” y en nuestro tiempo Alejandro y David del mismo apellido. Encontramos en estos cuatro personajes más que diferencias, enormes similitudes. Así como David sigue la expresión apolínea que impulsó su padre, Alejandro se acerca al espíritu dionisiaco del viejo Juan Silveti. Cruzada continuidad y segura permanencia de tan significativa dinastía.

Juan Silveti Mañon

    Evidentemente los cuatro  (con Diego, ya son cinco) Silveti son representativos del alma que satisface el gusto de la afición mexicana, tan aclimatada a las líneas del toreo-arte y del toreo-tregua.

   Todo torero es un artista y, por tanto, sometido al giro de los sentimientos, agobios, desesperaciones y soledades. Angustias y riesgo permanente del percance o de la muerte, porque así se concibe su quehacer, indefectiblemente. Es cierto, en nuestros días el riesgo se ha atenuado bastante, pero sigue estando tan presente que por tanto, no se le puede soslayar. La explicación anterior da un perfil de la torería en general así como de los Silveti en particular.

Juan Silveti Reinoso

    David, “el rey David” ha sufrido en carne propia graves postraciones (osteoporosis fundamentalmente). Tras la rehabilitación, lenta y dolorosa, es otro ser humano. Por supuesto, es otro torero por su aspecto renovado y hasta refinado también. Si el toreo era en sus manos arte, hoy lo ha llevado a una expresión más acabada que la afición termina por incomprenderlo, y me refiero a la capitalina que aún no le ha visto una tarde de verdadera apoteosis.

David Silveti Barry. Foto: Alfredo Florez.

    No podemos vituperar calificando al torero de apático. Es un ser humano como cualquiera de nosotros, solo que su voluntad trasciende a niveles que no cualquiera puede remontar. Es cierto que hay toreros que encubren o encapuchan su abulia o su descaro en esa “desazón” y solo van a la plaza para cobrar lo convenido con la empresa. El público, “el público, bien gracias”.

Alejandro Silveti Barry

    David Silveti, específicamente nos referimos a él, es un torero que la afición espera (la paciencia puede cansarse) y toreros como Enrique Ponce o Manolo Mejía se han puesto por delante, en un sitio envidiable al que muchos aspiran y pocos llegan. Y si me apuran, pocos, unos cuantos, se sostienen.

Diego Silveti del Valle

    David es heredero de dos fuerzas importantes en el toreo, y en ningún momento el apellido es un sambenito o estorbo a sus pretensiones. Tiene una recia personalidad, y sabe mantener ese prestigio en la calle como paisano, o desde el patio de cuadrillas donde hay esencia, huele a torero, y va, como debe de ser, a por todas.

   ¡Que haya mucha suerte!

   Este texto, escrito en 1993, y puesto al día en este 2012, incluye, no podía ser la excepción al último de los exponentes de la saga Silveti: Diego, quien ha venido a posicionarse en sitio de privilegio apenas ha comenzado a andar por estos caminos y cuyo destino parece guiñarle el ojo con relucientes y prometedoras esperanzas. ¡Que así sea!

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PONENCIAS, CONFERENCIAS y DISERTACIONES.

AMBIGÜEDADES Y DIFERENCIAS: CONFUSIONES INTERPRETATIVAS DE LA TAUROMAQUIA EN NUESTROS DÍAS. 1 DE 6.

 POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE.[1]

 I

   El uso del lenguaje y este construido en ideas, puede convertirse en una maravillosa experiencia o en amarga pesadilla.

   En los tiempos que corren, la tauromaquia ha detonado una serie de encuentros y desencuentros obligados, no podía ser de otra manera, por la batalla de las palabras, sus mensajes, circunstancias, pero sobre todo por sus diversas interpretaciones. De igual forma sucede con el racismo, el género, las diferencias o compatibilidades sexuales y muchos otros ámbitos donde no sólo la palabra sino el comportamiento o interpretación que de ellas se haga, mantiene a diversos sectores en pro o en contra bajo una lucha permanente; donde la imposición más que la razón, afirma sus fueros. Y eso que ya quedaron superados muchos oscurantismos.

   En algunos casos se tiene la certeza de que tales propósitos apunten a la revelación de paradigmas, convertidos además en el nuevo orden de ideas. Justo es lo que viene ocurriendo en los toros y contra los toros.

   Hoy día, frente a los fenómenos de globalización, o como sugieren los sociólogos ante la presencia de una “segunda modernidad”, las redes sociales se han cohesionado hasta entender que la “primavera árabe” primero; y luego regímenes como los de Mubarak o Gadafi después cayeron en gran medida por su presencia, como ocurre también con los “indignados”, señal esta de muchos cambios; algunos de ellos, radicales de suyo que dejan ver el desacuerdo con los esquemas que a sus ojos, ya se agotaron. La tauromaquia en ese sentido se encuentra en la mira.

   Pues bien, ese espectáculo ancestral, que se pierde en la noche de los tiempos es un elemento que no coincide en el engranaje del pensamiento de muchas sociedades de nuestros días, las cuales cuestionan en nombre de la tortura, ritual, sacrificio y otros componentes como la técnica o la estética, también consubstanciales al espectáculo, procurando abolirlas al invocar derechos, deberes y defensa por el toro mismo.

   La larga explicación de si los toros, además de espectáculo son: un arte, una técnica, un deporte, sacrificio, inmolación e incluso holocausto, nos ponen hoy en el dilema a resolver, justificando su puesta en escena, las razones todas de sus propósitos y cuya representación se acompaña de la polémica materialización de la agonía y muerte de un animal: el bos taurus primigenius o toro de lidia en palabras comunes.

   Bajo los efectos de la moral, de “su” moral, ciertos grupos o colectivos que no comparten ideas u opiniones con respecto a lo que se convierte en blanco de crítica o cuestionamiento, imponen el extremismo en cualquiera de sus expresiones. Allí está la segregación racial y social. Ahí el odio por homofobia,[2] biofobia,[3] por lesfobia[4] o por transfobia[5]. Ahí el rechazo rotundo por las corridas de toros, abanderado por abolicionistas que al amparo de una sensibilidad ecológica pro-animalista, han impuesto como referencia de sus movimientos la moral hacia los animales. Ellos dicen que las corridas son formas de sadismo colectivo, anticuado y fanático que disfruta con el sufrimiento de seres inocentes.

   En este campo de batalla se aprecia otro enfrentamiento: el de la modernidad frente a la raigambre que un conjunto de tradiciones, hábitos, usos y costumbres han venido a sumarse en las formas de ser y de pensar en muchas sociedades. En esa complejidad social, cultural o histórica, los toros como espectáculo se integraron a nuestra cultura. Y hoy, la modernidad declara como inmoral e impropio ese espectáculo. Fernando Savater ha escrito en Tauroética: “…las comparaciones derogatorias de que se sirven los antitaurinos (…) es homologar a los toros con los humanos o con seres divinos [con lo que se modifica] la consideración habitual de la animalidad”.[6]

   Peter Singer primero, y Leonardo Anselmi después, se han convertido en dos importantes activistas; aquel en la dialéctica de sus palabras; este en su dinámica misionera. Han llegado al punto de decir si los animales son tan humanos como los humanos animales.

   Sin embargo no podemos olvidar, volviendo a nuestros argumentos, que el toreo es cúmulo, suma y summa de muchas, muchas manifestaciones que el peso acumulado de siglos ha logrado aglutinar en esa expresión, entre cuyas especificidades se encuentra integrado un ritual unido con eslabones simbólicos que se convierten, en la razón de la mayor controversia.

   Singer y Anselmi, veganos convencidos reivindican a los animales bajo el desafiante argumento de que “todos los animales (racionales e irracionales) son iguales”. Quizá con una filosofía ética, más equilibrada, Singer nos plantea:

   Si el hecho de poseer un mayor grado de inteligencia no autoriza a un hombre a utilizar a otro para sus propios fines, ¿cómo puede autorizar a los seres humanos a explotar a los que no son humanos?

   Para lo anterior, basta con que al paso de las civilizaciones, el hombre ha tenido que dominar, controlar y domesticar. Luego han sido otros sus empeños: cuestionar, pelear o manipular. Y en esa conveniencia con sus pares o con las especies animales o vegetales él, en cuanto individuo o ellos, en cuanto colectividad, organizados, con creencias, con propósitos o ideas más afines a “su” realidad, han terminado por imponerse sobre los demás. Ahí están las guerras, los imperios, las conquistas. Ahí están también sus afanes de expansión, control y dominio en términos de ciertos procesos y medios de producción en los que la agricultura o la ganadería suponen la materialización de ese objetivo.

   Si hoy día existe la posibilidad de que entre los taurinos se defienda una dignidad moral ante diversos postulados que plantean los antitaurinos, debemos decir que sí, y además la justificamos con el hecho de que su presencia, suma de una mescolanza cultural muy compleja, en el preciso momento en que se consuma la conquista española, logró que luego de ese difícil encuentro, se asimilaran dos expresiones muy parecidas en sus propósitos expansionistas, de imperios y de guerras. Con el tiempo, se produjo un mestizaje que aceptaba nuevas y a veces convenientes o inconvenientes formas de vivir. No podemos olvidar que las culturas prehispánicas, en su avanzada civilización, dominaron, controlaron y domesticaron. Pero también, cuestionaron, pelearon o manipularon.

   Superados los traumas de la conquistas, permeó entre otras cosas una cultura que seguramente no olvidó que, para los griegos, la ética no regía la relación con los dioses –en estos casos la regla era la piedad- ni con los animales –que podía ser fieles colaboradores o peligrosos adversarios, pero nunca iguales- sino solo con los humanos.[7]


[1] José Francisco Coello Ugalde: De 1985 a la fecha ha dictado 60 conferencias. Su más reciente participación fue con el tema: “Ambigüedades y diferencias: Confusiones interpretativas de la tauromaquia en nuestros días” (Mesa Nº 4: Eventual reconocimiento institucional de la fiesta de los toros como patrimonio cultural e inmaterial de la humanidad por la UNESCO, en pro de su salvaguarda), dentro del Coloquio Internacional “La Fiesta de los Toros: Un patrimonio inmaterial compartido”. Tlaxcala, Tlax., 17-19 de enero de 2012.

[2] Aversión obsesiva hacia las personas homosexuales.

[3] Rechazo a los bisexuales, a la homosexualidad o a las personas bisexuales respectivamente.

[4] Fobia a las lesbianas.

[5] Odio a los transexuales.

[6] Fernando Savater: Tauroética. Madrid, Ediciones Turpial, S.A., 2011, 91 p. (Colección Mirador)., p. 18.

[7] Op. Cit., p 31.

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EL ARTE… ¡POR EL ARTE!

POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE.

 NO SOY METÁFORA DE LO QUE ERA…

    Quién iba a pensarlo. Apenas unos meses antes de la extinction de Luz y Fuerza del Centro, empresa a la que orgullosamente pertenecí, andaba yo escribiendo estas cosas, prediciendo situaciones de desempleo y que aquí, como premonición quedaron expuestas en un desesperado intento por encontrar lo que siempre he querido llegar a ser. Comparto con ustedes esa sensación que sin proponérmelo, quedó rematada como digna labor literaria, o al menos eso es lo que creo ahora…. No sé que piensen ustedes al respecto de esta “faena” en el ruedo de la escritura.

    Los términos de la literatura en tiempos de recesión hacen que se produzca la tremenda sensación de crisis, como efecto paralelo de aquella sobre esta. Ha transcurrido ya buena parte del año 2009 y mi producción en términos de escritos y otros quehaceres relacionados con actividades de esa naturaleza andan “a la baja”, como acciones en quiebra. Soy, ante el maravilloso mundo de las letras un desempleado más que intenta acomodarse en una u otra oportunidad de las diversas que ofrece el espectro que no es solo un simple mundo. Es el universo todo. Ya me veo con la hoja en blanco, o el cuaderno abierto. También frente a la página digital de un archivo Word totalmente desnuda, sólo con el cursor guiñándome intermitentemente…

   No logro concebir un texto coherente, ni como ensayo, ni como poema, ni como prosa, ni como nada que no sea maldita la cosa. Voy a las librerías buscando un pretexto coherente que me permita destapar el frasco de los misterios que por ahora cargo sin oficio ni beneficio. Explicaría que las ideas que vengo pergeñando son parte de ese desesperado y desértico panorama en que me hundo. Salgo a las calles a buscar algo, por insignificante que sea para transformarlo en palabras y aunque a mi alrededor sucedan infinidad de cosas en un mismo instante, las palabras se limitan a no darme la mano. Me deshago en meditar a profundidad la forma en que debo entonar las primeras ideas del texto anhelado. Pero como un desempleado más me van negando la posibilidad de instalarme en cualquier actividad. Eso de andar por la ciudad, deambulando por ella bajo circunstancias de absoluto abandono me llevan a pensar en todos los delirios que produce tanto fantasma que se ha puesto a mi lado, hablándome al oído, susurrando las más obscenas ideas que van desde clavarme las más plumas atómicas que pueda en el cuerpo, como un harakiri inevitable, o lanzarme al río de los Remedios, sin saber ellos que de ese afluente no queda nada que no sea el mero recuerdo. Otro me lanza la idea de asaltar una tienda comercial y tomar todas las bolsas de sopa de letras que haya en el mueble destinado a las pastas. Hay quien se le ha ocurrido la bendita idea de buscar en el “Metro”, en esa oficina de objetos perdidos todas las letras que estén por ahí, ya que son uno de los artículos que menos reclaman los usuarios… Hasta es probable que entre todo aquel extraño apretujamiento de cosas, las más inverosímiles, anden un buen conjunto de palabras, suficientes para iniciar, junto a una taza de café lo que tanto anhelo…

   En eso llevo casi medio año, por tal motivo nadie se acuerda de mí. No me han llamado para concertar la colocación de una editorial, o un interesante artículo sobre el espíritu de la ocasión, que no ha terminado de pasar… La espero como un camión que ya no pasa por aquí desde que quitaron la placa que marcaba parte de una ruta que ha desaparecido del panorama. ¿Será también a causa de tanta crisis y recesión?

   No me produce ninguna sensación de tranquilidad el hecho de que abra periódicos y revistas sin que aparezca –ni por casualidad-, algo en relación a mi trayectoria. No existo para los demás. ¡Y claro!, ¿cómo no vas a existir? si en realidad lo último que escribiste aquella ocasión, -¿te acuerdas?- fue tan malo, que provocó bostezo en unos y sensación de lástima en otros.

   Habrá que creer en la resurrección como la mejor posibilidad del último aliento, antes de morir de verdad. Al menos tengo para mis adentros que esa podría ser la razón postrera que me sostiene en esta vida para creer en algo. Sé que ya no puedo seguir dando lástimas. Fueron muchos días de soportarlo, de ser el blanco de las peores críticas y descalificaciones lo que he hizo sentirme en todo momento como un apestado. Quizá por esa razón dejé de frecuentar el mundo, quizá por todo ese peso que me abrumaba hasta la desesperación, tuve que tomarme un nuevo aliento que es con el que salgo de nueva cuenta, como si fuera una rata necesitando el alimento de cualquier desperdicio para iniciar lo que tanto deseo. Pero esa rata peligra ante el hecho de que pueda ser motivo de una caza, o de persecuciones terribles. Sometida quizá a las ingenuas como antiguas trampas para ratones (¡esos sí, que se jodan!).

   No puedo dejar de pensar en el exterminio…

   En fin, a tanto he tenido que llegar a compararme, luego de que en otros tiempos que fueron mejores, no lo puedo negar, me codeaba con lo mejor de la sociedad, esa que ahora me ha sentenciado al juicio sumario de desaparecer, de que te conviene mejor que vayas despidiéndote… ¡que no te queremos volver a ver!

   Yo que me codeaba con este y con aquel… y resulta que este y que aquel son los que me lanzaron hasta el precipicio en que ahora me hallo. No tengo que pedirles nada. Todo me lo dieron, pero también todo me lo quitaron. La queja, el reproche no sirven de nada, y mucho menos para generar ningún tipo de nota o escrito. Valerme ahora de mi propia desgracia para escribir el mejor de los textos literarios de todos los tiempos me parece hasta antihigiénico. Lo peor de todo es que no se desprende de mí la fuerte pestilencia de vómito, mierda y otros tufillos…

   No soy metáfora de lo que era, es decir que ahora me siento mutilado, sin posibilidad de poder escribir nada que no sea ni mi propio epitafio. Sólo quiero, antes de partir, antes de perderme y no seguir dando lástima, que me dejen vivir dos días más. Quiero humedecerme de la tristeza venida en forma de lluvia. Del rumor que soplan los vientos, iluminarme de sol y vestirme de la oscura noche. Ni siquiera pensar en un cementerio, eso me parece tan obvio. Quisiera que la tinta en que quedaré convertido, se deposite en la pluma inmortal, y pase, por obra de un estudiado mecanismo, hasta la mano de un solo individuo. Déjenme que lo elija y entonces, apenas en los instantes previos a mi muerte, confesaré su nombre…

   Mientras tanto, me aferro a la resurrección… quien quita.

 30.05.2009

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EDITORIAL.

POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE.

   Como resultado de los trabajos efectuados recientemente en la ciudad de Tlaxcala, con motivo de la celebración del II Coloquio Internacional: LA FIESTA DE LOS TOROS: Un patrimonio inmaterial compartido, quiero presentar a los lectores y “navegantes” de este blog las conclusiones, mismas que quedan enmarcadas en dos documentos esenciales. El primero de ellos se dio a conocer en la siguiente forma:

Coloquio internacional de Tlaxcala La Fiesta de los toros: un patrimonio inmaterial compartido.

Comunicado

El coloquio internacional La Fiesta de los toros: un patrimonio inmaterial compartido acaba de celebrarse con éxito en la ciudad de Tlaxcala, del 17 al 19 de enero de 2012. Los participantes, universitarios, investigadores y expertos en materia taurina, han venido de México, de España, de Francia y de Ecuador.

Además de las ponencias que han versado sobre los componentes culturales de la tauromaquia, el aporte ecológico de las ganaderías bravas, la realidad actual y la evolución deseable de la Fiesta, los participantes han centrado su reflexión en los motivos que justifican el reconocimiento de la tauromaquia como patrimonio cultural inmaterial en cada uno de los ocho países con tradición taurina – reconocimiento logrado en Francia en 2011 – y, a nivel internacional, por parte de la UNESCO.

En esta perspectiva los ponentes han reafirmado su adhesión al contenido de la Declaración internacional sobre la Fiesta de los toros como obra maestra del patrimonio cultural inmaterial, y con una declaración específica redactada al final del coloquio de Tlaxcala han hecho hincapié en el alto significado antropológico y filosófico de esta fiesta, en sus singulares valores estéticos, y en su contribución insustituible a la diversidad cultural y ecológica.

Por otra parte se han declarado dispuestos a apoyar las agrupaciones nacionales encargadas de llevar a cabo ese proceso de reconocimiento en los aspectos científicos y políticos, y han insistido en la necesidad de una coordinación internacional para preparar la presentación del dossier ante la UNESCO.

La contribución riquísima de México a la historia de la Fiesta y al arte del toreo, el lugar destacado que ocupa este país en el campo del patrimonio cultural inmaterial, y el hecho de que constituye un puente histórico entre las culturas y tradiciones de América y Europa, le confieren una vocación especial para impulsar este proceso.

   En cuanto al segundo, se afirma como la

Declaración de Tlaxcala

Los participantes en el II coloquio internacional La Fiesta de los toros: un patrimonio inmaterial compartido, que se acaba de celebrar enla Ciudad de Tlaxcala (México) del 17 al 19 de enero de 2012, provenientes de Ecuador, España, Francia, México y Venezuela.

–          Agradecen al pueblo tlaxcalteca su hospitalidad generosa; también agradecen al Gobierno del Estado de Tlaxcala, que encabeza el Lic. Mariano González Zarur, y al Instituto Tlaxcalteca de Desarrollo Taurino, dirigido por el C. Luís Mariano Andalco López, que hayan facilitado la realización de las siete mesas de discusión, así como las respectivas actividades culturales, y reconocemos su absoluta disposición para fomentar y promover las iniciativas ciudadanas en materia de reconocimiento de la tauromaquia como manifestación cultural;

 –          Entienden que México, por su contribución valiosa a la historia de la Fiesta y al arte del toreo, su posición muy destacada en el campo del patrimonio cultural inmaterial, y el puente histórico que constituye entre las culturas y tradiciones de América y Europa, tiene particular vocación para involucrarse en el proceso de reconocimiento de la Fiesta de los toros como patrimonio cultural inmaterial;

–               Celebran que, en este país, un comité científico se encuentre en proceso de elaboración de un argumentario que justifique la inscripción de la Fiesta en el inventario nacional del patrimonio cultural inmaterial, así como de su presentación ante la comisión interinstitucional competente;

–          Se adhieren plenamente a la Declaración internacional sobre la Fiesta de los toros como obra maestra del patrimonio cultural inmaterial, cuyo texto figura en anexo, firmada en primera instancia por la Asociación Nacional de Presidentes de Plazas de Toros de España (ANPTE),la Asociación Internacional Taurina (AIT) y el Observatorio Nacional de Culturas Taurinas de Francia (ONCT), y refrendada por varias plataformas para la defensa dela Fiesta en los ocho países de tradición taurina, así como por numerosas comunidades autónomas y ciudades en estos países;

 –          Reafirman en particular que la muerte del toro en la plaza – y no en el corral o el matadero– con el consiguiente riesgo asumido por el hombre durante toda la lidia y en la suerte suprema, constituye el núcleo del ritual taurino y su mayor significado;

 –          Consideran que la inscripción por parte de la UNESCO de la Fiesta de los toros en la lista representativa del patrimonio cultural inmaterial de la Humanidad constituye el objetivo último y legítimo a lograr para su reconocimiento a escala internacional;

 –          Llaman al conjunto de los ocho países taurinos, tal como lo prescribe la Convenciónde la UNESCO del 17 de octubre de 2003 para la salvaguarda del patrimonio cultural inmaterial, a inscribir previamente este elemento patrimonial en los inventarios oficiales de los estados o comunidades autónomas y, en última instancia, del estado nacional, condición que ya se ha logrado en Francia;

 –          Abogan para que, con tal fin, se constituya en cada uno de estos países una instancia adecuada que agrupe a la vez a los profesionales del mundo taurino y a los representantes de la afición y de las autoridades políticas implicadas en el desarrollo de la Fiesta– como es el caso, por ejemplo, del Observatorio francés de las culturas taurinas – y para que, en el seno de esta instancia, un comité científico pluridisciplinario elabore el argumentario adecuado para establecer la ficha de inventario;

 –          Consideran indispensable que tanto en el campo científico como en los campos procesales y políticos se consolide la Coordinación Internacional para llevar a cabo este proceso en todos sus componentes. Esta coordinación es necesaria en particular para:

. redactar un argumentario con aspectos comunes y otros específicos, relativos a la historia de la Fiesta y a su peculiaridad en cada país;

. intercambiar informaciones sobre el proceso de inscripción de la Fiesta en las listas nacionales, así como sobre las declaraciones de reconocimiento en las diferentes instancias políticas.

 –          Estiman oportuno que en el curso del año 2012 se reúnan los representantes de los diferentes comités científicos y de las agrupaciones encargadas de impulsar el proceso de reconocimiento, para preparar el paso definitivo, o sea la presentación de la candidatura de la Fiesta de los toros a su inscripción por parte de la UNESCO en la lista representativa del patrimonio cultural inmaterial de la Humanidad.

 Tlaxcala de Xicoténcatl, el 19 de enero de 2012

 Manuel Camacho Higareda. Tlaxcala, México.

José Francisco Coello Ugalde. D.F., México.

Luis Mariano Andalco López. Tlaxcala, México.

François Zumbiehl. Francia.

Araceli Guillaume-Alonso. Francia.

Beatriz Badorrey Martín. España.

Julio Martínez Moreno. España.

Williams Cárdenas Rubio. Venezuela.

María Isabel Campos Goenaga. D.F., México.

Francisco Javier López Morales. D.F., México.

América Molina del Villar. D.F., México.

Carlos Horacio Reyes Ibarra. Puebla, México.

María del Carmen Chávez Rivadeneyra. D.F., México.

Hermilo López-Bassols. D.F., México.

Marco Garfias. San Luis Potosí, México.

Pedro Martínez Arteaga. Zacatecas, México.

Esteban Ortiz Mena. Ecuador.

José Vicente Sáiz Tejero. Morelos, México.

Julio Téllez García. D.F., México.

Jaime Oaxaca García. Puebla, México.

Juan Antonio de Labra. D.F., México.

Jesús Córdoba. Querétaro, México.

Natalia Radetich Filinich. D.F., México.

José Antonio Luna Alarcón. Puebla, México.

Leonardo Páez. Estado de México, México.

Benjamín Flores Hernández. Aguascalientes, México.

Gilberto Ruiz Torres. D.F., México.

José Antonio Hernández Cortina. Querétaro, México.

   Sobre los trabajos restantes, informaré a su debido tiempo, pues esto requiere un tratamiento muy especial debido a la dimensión de la candidatura, que no es poca cosa, y ello podría tomar algún tiempo más.

23 de enero de 2012.

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EFEMÉRIDES TAURINAS DEL SIGLO XX.

POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE.

 Esta efeméride corresponde al nacimiento de Rodolfo Gaona Jiménez, ocurrida en León de los Aldamas un 22 de enero de 1888. Así que en el recuento temporal, se cumple hoy el 124 aniversario de aquel alumbramiento.

    1901 amaneció para México dominado por la presencia torera española, en contraste con una floja puesta en escena de diestros nacionales, encabezados por Arcadio Ramírez “Reverte mexicano”, lo que representaba un desequilibrio absoluto, una desventaja en el posible despliegue de grandeza, mismo que se dejará notar a partir de 1905, con la aparición de Rodolfo Gaona.

   La del leonés no fue una presencia casual o espontánea. Surge de la inquietud y la preocupación manifestada por Saturnino Frutos, banderillero que perteneció a las cuadrillas de Salvador Sánchez Frascuelo y de Ponciano Díaz. Ojitos, como Ramón López decide quedarse en México al darse cuenta de que hay un caldo de cultivo cuya propiedad será terrenable con la primer gran dimensión taurina del siglo XX que campeará orgullosa desde 1908 y hasta 1925 en que Gaona decide su retirada.

   Rodolfo Gaona Jiménez, había nacido el 22 de enero de 1888 en León de los Aldamas, estado de Guanajuato. Con rasgos indígenas marcados, y sumido en limitaciones económicas, el muchacho, solo no tenía demasiado futuro. Se dice que Saturnino Frutos emprendió el difícil camino de buscar promesas taurinas en el bajío mexicano, sitio en el que estaba gestándose uno de los núcleos más activos, sin olvidar el occidente, el norte y el centro del país.

Rodolfo Gaona Jiménez. Grabado en papel de José Guadalupe Posada. Fondo: Díaz de León.

    El encuentro de Frutos y Gaona se dio en 1902, imponiéndose desde ese momento una rígida preparación, bajo tratos despóticos soportados entre no pocas disputas o diferencias por Rodolfo, único sobreviviente de una primera cuadrilla que luego se desmembró al no soportar el ambiente hostil impuesto por el viejo banderillero, convencido de la mina que había encontrado en aquel joven que lentamente asimiló el estudio. Pero sobre todo el carácter.

   El “indio grande”, el “petronio de los ruedos”, el “califa de León” y otras etiquetas determinaron y consolidaron la presencia de ese gran torero quien, como todo personaje público que se precie, también se involucró en algunos oscuros capítulos, que no vienen al caso.

   Rodolfo Gaona, el primer gran torero universal, a decir de José Alameda, rompe con el aislamiento que la tauromaquia mexicana padeció durante el tránsito de los siglos XIX y XX. Ello significó el primer gran salto a escalas ni siquiera vistas o comprobadas en Ponciano Díaz (9 actuaciones de Ponciano entre España y Portugal en su primera y única temporada por el viejo continente), no se parecen a las 81 corridas de Rodolfo solo en Madrid, repartidas en 11 temporadas, aunque son 539 los festejos que acumuló en todo su periplo por España. Sin embargo, los hispanos se entregaron a aquel “milagro” americano.

   Gaona ya no sólo es centro. Es eje y trayectoria del toreo aprendido y aprehendido por quien no quiere ser alguien más en el escenario. Independientemente de sus defectos y virtudes, Rodolfo –y en eso lo ha acentuado y conceptuado con bastante exactitud Horacio Reiba Ibarra-, sobre todo cuando afirma que Rodolfo Gaona es un torero adscrito al último paradigma decimonónico. Y es que el leonés comulga con el pasado, lo hace bandera y estilo, y se enfrenta a una modernidad que llegó al toreo nada más aparecieron en el ruedo de las batallas José Gómez Ortega y Juan Belmonte, otros dos importantes paradigmas de la tauromaquia en el siglo XX.

Rodolfo rematando una serie con la capa. Ya se nota una fuerte presencia de la escuela que recibió a través de Saturnino Frutos. Col. del autor.

    Tal condición se convirtió en un reto enorme para el torero mexicano-universal, sobre todo en un momento de suyo singular: la tarde del 23 de marzo de 1924, cuando obtuvo un resonante triunfo con QUITASOL y COCINERO, pupilos de don Antonio Llaguno, propietario de la ganadería de San Mateo. Esa tarde el leonés tuvo un enfrentamiento consigo mismo ya que, logrando concebir la faena moderna sin más, parece detenerse de golpe ante un panorama con el que probablemente no iba a aclimatarse del todo.

   Los toros de San Mateo no significaron para Gaona más que una nueva experiencia, pero sí un parteaguas resuelto esa misma tarde: Me quedo con mi tiempo y mi circunstancia, en ese concepto nací y me desarrollé, parece decirnos. Además estaba en la cúspide de su carrera, a un año del retiro, alcanzando niveles de madurez donde es difícil romper con toda una estructura diseñada y levantada al cabo de los años.

   Es importante apuntar que la de San Mateo era para ese entonces una ganadería moderna que se alejó de los viejos moldes con los que el toro estaba saliendo a las plazas: demasiado grandes o fuera de tipo, destartalados y con una casta imprecisa. El ganado que crió a lo largo de 50 años Antonio Llaguno González recibió en buena medida serias críticas más bien por su tamaño –“toritos de plomo”- llegaron a llamarles en términos bastante despectivos. Pero en la lidia mostraron un notable juego, eran ligeros, bravos, encastados; incluso una buena cantidad de ellos fueron calificados como de “bandera”.

   Volviendo con Gaona, su quehacer se convirtió en modelo a seguir. Todos querían ser como él. Las grandes faenas que acumuló en México y el extranjero son clara evidencia del poderío gaonista que ganó seguidores, pero también enemigos.

Siguiendo los patrones nacionalistas, establecidos desde la época de Ponciano Díaz, Rodolfo Gaona fue incluido en esta imagen que resalta ese espíritu, cuya dimensión real alcanzó niveles universales.

    De regreso a la hazaña con el toro QUITASOL de San Mateo ocurrida el 23 de marzo de 1924, con ella concibe el prototipo de faena moderna. Si JOSÉ ALAMEDA da a Manuel Jiménez “Chicuelo” el atributo de haber logrado con CORCHAÍTO de Graciliano Pérez Tabernero ese nivel, nosotros se lo damos al leonés con aquella obra de arte que un polémico periodista de su época, Carlos Quiroz “Monosabio” recoge en espléndida reseña que presentamos en su parte esencial. Aquella tarde sucede un hecho memorable: Rodolfo Gaona, en una de las varias vueltas al ruedo que emprendió para agradecer las ovaciones, se acompañó de don Antonio Llaguno. Fue la única ocasión en que Gaona lo hizo con un ganadero, mismo que está proporcionándole a la fiesta un toro nuevo y distinto. El toro moderno para la faena moderna que a partir de esos momentos será una auténtica realidad.

   Además, “Monosabio” logró conseguir un perfil biográfico junto con la obra humana y artística del “petronio de los ruedos” en MIS VEINTE AÑOS DE TORERO,[1] libro llevado a la prensa en dos ediciones con miles de ejemplares vendidos, y que hoy está convertido en verdadera reliquia de bibliotecas.


[1] Carlos Quiroz (Monosabio): Mis veinte años de torero. El libro íntimo de Rodolfo Gaona. México, Talleres Linotipográficos de “El Universal”, 1924. 279 p. Ils. Fots.

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EFEMÉRIDES TAURINAS DECIMONÓNICAS.

POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE.

Esta efeméride corresponde al 17 de enero de 1847.

    Conforme avanzaban los difíciles días del año 1847, la situación en el país era cada vez más compleja. Habiendo sido un asunto que se remontaba a fechas tan lejanas como 1809, momento en que los Estados Unidos declararon su pretensión expansionista, esta se fue consolidando en diferentes momentos, que lo mismo se dieron en condiciones naturales de ocupación por parte de colonos estadounidenses que por el hecho mismo de que los mexicanos considerasen dicha movilización como una invasión, vino a convertirse en una complicada circunstancia que agravó los márgenes diplomáticos que lindaban cada vez más con los militares. Este asunto prosperó de esa manera tan rápidamente que para el 24 de abril de 1846, debido a la emboscada que se produjo por parte de las fuerzas del general Anastasio Torrejón en contra de una patrulla estadounidense en el Rancho de Carricitos (muy cerca del río Bravo), fue motivo suficiente para que James Polk declarara la guerra contra México el 13 de mayo de 1846.

   Ante el grave pronunciamiento de que “Sangre estadounidense ha sido derramada en suelo estadounidense”, tales palabras fueron suficiente provocación para que el gobierno mexicano se declarase en guerra también para el 23 de mayo siguiente.

   En medio de aquel ambiente, mismo que día con día tomaba dimensiones más complicadas, nuestros antepasados tuvieron que acostumbrarse a un nuevo escenario bélico que se consumaría de manera por demás terrible aquella triste jornada del 14 de septiembre de 1847, en que se consumó la ocupación estadounidense en la ciudad de México. Fue a las 7:05 de la mañana en que fue izada la bandera norteamericana en el asta de Palacio Nacional.

   En los inicios de 1847 gobernaba Manuel de la Peña y Peña, a cuyos oídos deben haber llegado la petición del “regimiento Hidalgo, de la Guardia Nacional”, quienes imploraban recursos para auxilio de los gastos que se presentaban a partir de la “presente guerra contra los Estados Unidos”, solicitando para ello arrendar la plaza de toros de San Pablo, para celebrar un festejo taurino.

   Seis toros cuya procedencia se ignora fueron lidiados aquella tarde del 17 de enero, festejo que no podía quedar exento de ser enriquecido por el capítulo de los “Tres toros de Cola” y suertes de los toreros propios del arte, así como cuatro muñecos, que al golpe del toro se iluminarán.

   Los toreros –cuyos nombres se ignora-, se unieron a la causa, y como se comprende, sus emolumentos cedidos para beneficio de aquel contingente –regimiento Hidalgo, de la Guardia Nacional-, cuyas acciones deben haber sido prioritarias como para generar una solicitud de tal dimensión.

   Además, a lo que se ve, “las lumbreras de sombra se han repartido a las familias a quienes se han dedicado”, es elemento en el que se puede entender que dichas “familias” deben haber sido aquellas cuya posición social permitiría algún elemento económico favorable a la causa en términos que deben haber sido bastante generosos.

   Por lo demás, se desconoce su resultado. Sin embargo, el cartel cuya inserción apareció en El Monitor Republicano del mismo día, nos deja ver la curiosidad que representó para aquel 1847, un hecho aislado con tintes taurinos. Para los efectos consiguientes, este festejo se convierte en uno más de los organizados con fines de beneficencia que hubo y ha habido a lo largo de la historia del espectáculo en México.

   Termino diciendo que el cartel aquí mostrado, fue motivo, con otros asuntos semejantes en un capítulo de estas mismas Efemérides Taurinas Decimonónicas (https://ahtm.wordpress.com/2011/02/06/efemerides-taurinas-decimononicas-%c2%a1%c2%a1%c2%a1nuevo/, la Nº 1, cuya publicación data del 24 de diciembre de 2010).

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ILUSTRADOR TAURINO. PARTE XIV. TRÉPALE QUE ES MANSITO.

POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE.

   Una vez más, me remito a mi trabajo “Tratado de la poesía mexicana en los toros. Siglos XVI-XXI”, en cuya 3ª edición (p. 324-7), se encuentran reunidos 1001 poemas, y de los cuales he seleccionado para esta ocasión uno, cuya autoría es de Guillermo Prieto, quien como autor de muy notables escritos, se refiere, en el siguiente romance al general José Santos Degollado Sánchez (1811-1861). Santitos para unos, Héroe de las Derrotas para otros, fue un militar cuya trayectoria no pasó inadvertida, sobre todo en unos momentos en que la confrontación entre liberales y conservadores se exaltó durante su corta gestión como ministro de Relaciones Exteriores, evitando en lo posible que prosperara una guerra civil que ya era inminente. Entre sus actividades extrapolíticas, se encontraba la de un muy buen jinete que, en diversas ocasiones tuvo oportunidad de mostrarse como hábil en eso de montar a pelo. Así que el romance de “Fidel” nos permite entender al político como un personaje profundamente ligado a los quehaceres campiranos, en los que, verso a verso puede apreciarse su habilidad para eso de realizar tan vistosa como comprometida suerte de montar a un toro, que aunque resultase manso, ello representa un elemento de valor que quedó demostrado a su paso por el poblado de Zapotlán, desde donde Guillermo Prieto tuvo oportunidad de corroborar ese acto de valor del que corren aquí las exaltadas letras venidas de su romancero.

   Esa representación es una de las muchas que por ese entonces comenzaba a difundir en las que hoy considero como investigaciones pioneras en el ámbito rural, realizadas por el escritor Luis G. Inclán. Así, en sus “Reglas con que un colegial puede colear y lazar” publicada en su propia imprenta en 1860, recoge la experiencia de jaripeos, coleaderos que el propio autor de la también novela de costumbres Astucia, logra que quede plasmada toda aquella práctica que durante 20 años el mismo Inclán dedicó a dichos quehaceres, destacando seis modos comunes de colear toros: a pulso, a rodilla, a arción corrida o arriba, a arción bolera para atrás, a arción bolera chica o abajo y a las apeadas o a brinco.

   Como extensión de cuanto se podía ver en las plazas de toros, la representación de Santos Degollado en el campo es una más de las formas en que se evidenció el diálogo habido entre los ámbitos urbano y rural.

Ca. 1855-60 

TRÉPALE QUE ES MANSITO

 

Como después de la lluvia

que destierra la sequía,

parece más lindo el cielo

con cara lavada y limpia,

lloran de placer las ramas,

los sembrados resucitan,

las flores alzan el rostro

saludando al Sol que brilla,

y las corrientes del suelo

se juntan, se arremolinan

y parece que retozan

pereciéndose de risa,

así en Zapotlán pasaba

tras la negra tiranía,

con la lluvia de chinacos

que hizo su poder cenizas…

 

Horita ¡Van a los toros!

Y la plaza se improvisa

con carretas y tablones

y está dialtiro maciza.

 

Forman inmenso cuadrado,

de las carretas las filas,

y dejan al medio un campo

de primor para la lidia.

 

Engalanan las carretas

arcos de ramas, cortinas,

y un celemín de rancheros

y de muchachas bonitas.

Ellos bota de campana

y botonadura rica,

con la camisa bordada

y toquilla de chaquira;

 

Y ellas de enagua encarnada

y lentejuelas que brillan,

rebozo de seda y seda,

redibada la camisa,

y como frescas manzanas

las abultadas mejillas.

 

Pero hay debajo los toldos

mil catrines y catrinas,

con tápalos de burato,

con sus mascadas de la India,

con sus peinetas de gajos

y sogas de perlas finas;

 

Y más arriba del coso

hecho de robustas vigas,

están señores y jefes

que son de primera fila.

Allí estaba el Don Santitos

asomando la carita;

pero a la verdad pelada,

que ninguno en él se fija.

Que unos le conocen muchos,

y otros no le conocían.

 

Y que comienzan los toros,

y empieza la gritería,

que es la salsa de la fiesta,

de peligro y fechorías:

 

Hay sus saltos de garrocha,

capeo de muletillas,

y sus flores delicadas,

y vistosas banderillas;

y hay también sus revolcados

entre palmadas y trisca,

que se alzan atarantados

y corren sin salida…

En esto, que sale un toro

que al redondel ilumina…

Cornicorto, grueso el cuello,

soberbio, ligero, altivo,

eran llamas sus dos ojos,

y era su conjunto lindo,

y era marrajo de genio,

y era muy matrero el bicho;

para la capa, mañoso,

para la garrocha, esquivo,

para el lazo, inconsecuente,

para la cola, tardío…

 

-¡Que lo monten!- grita el pueblo;

y entre zambras y silbidos

que con el toro en la tierra

y le trepan los más listos…

 

Pero uno y otro sucumben

y pierden el equilibrio,

quedando el toro triunfante,

y los toreros corridos…

 

-¡Apriétele ese braguero!-

gritó en lo alto Don Santitos.

Todos el catrín burlaron,

de su audacia sorprendidos…

 

-¡Túmbenlo por aquí enfrente!-

con tono imperioso dijo…

y comenzó la maniobra

del pretal, como previno…

 

-¡Triple vuelta!-…

-¡Más forzado!-

-¡Así le hiere el codillo!…

-¡Menos abierto ese nudo!…

-¡Ora bueno!…

-¡Está bien fijo!-

dijo entonces satisfecho

el catrín desde su sitio.

 

-¿Quién lo monta? –dijo entonces,

y estallaron encendidos

un “¡Móntalo tú!” en mil voces

y entre golpes inauditos…

entonces, con gran calma,

don Santos desciende al circo,

sin ambages, sin espuelas.

Muy modesto y espedido…

se afianza bien, salta al toro,

repite terribles brincos,

y el jinete sube y baja,

pegado cual con tornillos…

se alza, se sienta la bestia.

Culebrea el cuero liso.

y él, en el lomo clavado,

fuerte como un martillo…

 

-¿Quién es ese hombre? –Preguntan

los rancheros más peritos,

y responden orgullosos

los de Morelia aguerridos;

 

-¡Ese es Santos Degollado,

ese es nuestro Jefe invicto!…

-¡Viva el héroe de Zamora!-

-¡Viva, viva Don Santitos!…

Las damas le arrojan flores

los jefes le hacen cumplidos,

y suenan dianas alegres

en el aire conmovido,

el ejército y el pueblo

ensalzan a su caudillo,

mientras Comonfort le abraza

con sincero regocijo.

 

Don Santos a Colima

con mando reconocido;

y Comonfort, justiciero,

le dio el mando de Jalisco,

para bien de nuestra causa

y en premio de sus servicios.[1]

 

Guillermo Prieto.

Romancero Nacional.


[1] El Eco Taurino. México, D.F., 19 de enero de 1939, Nº 469. Este verso se encuentra fechado el 7 de marzo de 1894.

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