Archivo mensual: enero 2012

TIMOTEO RODRÍGUEZ: DEL CIRCO A LA PLAZA.

DE FIGURAS, FIGURITAS y FIGURONES. ENTREGA Nº 23. TIMOTEO RODRÍGUEZ: DEL CIRCO A LA PLAZA.

 POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE

 NOTA: El presente escrito es de septiembre de 1998.

    Este es el caso de Timoteo Rodríguez, que siendo trapecista en sus años mozos decide abrazar la tauromaquia ya en plena madurez artística.

   Estando en el Centro de Estudios de Historia de México, mejor conocido como archivo “Condumex”, y al revisar la colección de impresos que fue de Armando de María y Campos, surgió un cartel del año 1880 del cual sobresale el nombre de Timoteo Rodríguez, personaje que seguramente supo en su niñez del circo ecuestre, gimnástico, acrobático y aeronauta de los señores Albisu y Buislay, que se presentaron en los restos de la plaza de toros del Paseo Nuevo allá por junio de 1869. Claro, si Timoteo había nacido en Sinaloa hacia 1860, aunque él mismo aseguraba ser natural de León, Guanajuato las noticias de este acontecimiento deben haber llegado como ráfagas de calor a la paz provinciana. Sin embargo, para 1880 y quizás un poco antes, Rodríguez ya se encuentra en la capital del país. Pero fue con el circo Chiarini, donde se identifica con el público de México, el cual empieza a integrar sus programas con elementos mexicanos. En la función, que se celebró en honor del “modesto patriota C. General Vicente Riva Palacio y de los valientes jefes y oficiales de la división mixta de Toluca” (hacia 1872), se formó un programa variado de acróbatas extranjeros y del país, y se hizo figurar al “señor Timoteo Rodríguez”, como clown -no payaso o gracioso- para que animara los actos de equitación de Sebastián Guaglieni y de sus hijos Romeo y Josefina.

Timoteo Rodríguez antes de dedicarse enteramente al toreo anduvo como miembro del “Circo dela Independencia”, donde ejecutaba suertes en los “trapecios leotard”, allá por 1880. Casó con María Aguirre “La Charritamexicana”. Fuente: ”Revista de Revistas. El semanario nacional”, año XXVII, Nº 1439, 19 de diciembre de 1937.

    Como puede comprobarse en la tira de mano, que se ha localizado, para conocer los orígenes circenses del futuro diestro mexicano, el “acreditado artista” Timoteo Rodríguez era un consumado gimnasta, que para eso de los “trapecios leotard, el bolteo en zancos o los grupos piramidales” en que participaba no tenía igual, pues era de los que arrancaban las palmas en circos como el de la INDEPENDENCIA, ubicado en la calle de la Cruz Verde Nº 2. Precisamente, el admirable vuelo conocido con el célebre nombre LEOTARD, fue la última invención de este, suerte ejecutada por un solo individuo en dos trapecios, lo cual “causa admiración y sobresalto ver al artista salvar tan largas distancias cual lo puede hacer solo un ave”.

   El cartel -copia- que llega a mis manos, tiene la fecha del 4 de enero de 1880. Como sabemos, Timoteo y el “güerito” Pedro Nolasco Acosta se encuentran en la legua y aquel se integra en la cuadrilla de este, quien era el señor feudal, en los rumbos de san Luis Potosí. De algún circo itinerante se separó para siempre el acróbata Timoteo Rodríguez.

   Ya metido en correrías taurinas, fue en el año 1887 cuando decide incorporarse de lleno al toreo mexicano, año que además carga consigo con todo un acontecimiento que tiene que ver con la llegada masiva de los toreros españoles, quienes implantaron el toreo de a pie, a la usanza española en versión moderna. Y así, desde ese 1887 y hasta 1895 Timoteo probó las mieles o las hieles que suele haber en el medio.

Timoteo Rodríguez, matador de toros mexicano de fines del siglo XIX.  Fuente: Heriberto Lanfranchi. La fiesta brava en México y en España. 1519-1969, T. I., p. 222.

    El feudalismo taurino acaparado en el centro por Ponciano Díaz, en el occidente por Gerardo Santa Cruz Polanco, en el bajío por Valentín Zavala, más al norte por Nolasco Acosta; Morelia y Guanajuato por Braulio Díaz le insinuó a Timoteo que el norte del país era una veta muy rica, por lo que hasta allá fue a dar. Por aquellos lares, y por azares del destino conoce a la que será más tarde su esposa, María Aguirre “La Charrita mexicana”, émula de Ponciano Díaz en eso de poner banderillas a caballo, en la monta característica de las amazonas.

   Sus únicas participaciones en la capital del país se dan el 3 y 17 de junio de 1894, cuando la afición capitalina se reunió en la plaza de MIXCOAC para verle torear. Ese 3 de junio Francisco Villegas “Naranjito” novillero como Timoteo, se dio el lujo de concederle una alternativa sin valor, porque no se estilaba, a pesar de que Ponciano había regresado muy señor y muy torero con alternativa en Madrid, a fines de 1889, luego de que Salvador Sánchez “Frascuelo” le concedió el grado de “doctor en tauromaquia” el 17 de octubre anterior.

   Timoteo Rodríguez se hizo un retrato vestido de luces que nos revela a un hombre de estatura más bien baja, regordete, de rasgos indígenas característicos, y con su bigote que distinguía a los toreros españoles -patilludos-, de los mexicanos -bigotones-.

   Quiero imaginar que en las muchas tardes en que vistió el terno de luces no olvidó la fuente de donde surgió y algún acto circense debe haber incluido en sus actuaciones, ya que fue una época, a fines del siglo pasado, que permitió tales libertades, aunque comenzaba a dominar el puro estilo español que llegó con una fuerza contundente a establecerse en los redondeles mexicanos, que fueron escenarios, como ya dije, de los últimos reductos de un conjunto de representaciones extrataurinas del que fue representante no solo el diestro de Atenco (Ponciano Díaz) sino también el mazatleco o leonés Timoteo Rodríguez.

   Sin embargo, al cumplir un contrato más, esto el 10 de marzo de 1895 y en la plaza de Durango, festejo a beneficio de su esposa, recibió una herida en la pantorrilla derecha que le causó un toro de Guatimapé que estaba pronto a embestir al picador José María Mota “El hombre que ríe”. Por alguna razón, que llamaría descuido, se declaró la gangrena con tal rapidez que 4 días después falleció el que fue acróbata y torero al mismo tiempo: Timoteo Rodríguez. Por supuesto, el avance de la medicina no era el mismo de hoy día (y ya vemos que Jorge Benavides, luego de sufrir una cornada en Mexicali estuvo al borde de la muerte a causa de que una de las trayectorias no fue descubierta, lo que ocasionó una rapidísima infección que se declaró en gangrena gaseosa. Por tan “pequeña omisión”, el joven pasó un martirio traducido en cortes y más cortes para eliminar el daño en su cuerpo, hasta que al término de aquella pesadilla, le fueron aplicados ¡300 puntos de sutura!, de los que puede decirse que no solo marcan de por vida su cuerpo, sino más aún, nos enseñan a valorar que lo insignificante no puede soslayarse. La vida de un ser humano estuvo en juego).

   Con la muerte de Timoteo murió también un capítulo de aquellas fascinantes expresiones, tanto  que es necesario convocar a la imaginación para poder entenderlas mejor.

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LA MISTICA DE “EL CALESERO”: TORERO MAYOR DE AGUASCALIENTES.

EL ARTE… ¡POR EL ARTE!

 POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE.

NOTA: Este es un escrito del año 1996. 

   Dijo hace algunos años el ilustre maestro y compositor Carlos Chávez que “Un día, en términos de pura fisiología, se explicará bien por qué el hombre no puede pasarse sin la nutrición espiritual que la belleza, en una gradación infinita de matices y de categorías, proporciona a la vida intelectual y psíquica del hombre”. De ahí que el arte es un fenómeno natural, totalmente indispensable a la vida del hombre y de la sociedad.

   Grande entre los grandes, Alfonso Ramírez “El Calesero” fue conocido también como “el poeta del toreo”. De trayectoria irregular, parece encontrar semejanza con artistas que crean por inspiración, no por producción. Por eso, cada momento suyo, auténticamente íntimo, revelaba un fuerte sello de identidad capaz de elevar a esferas de lo sublime todos aquellos sentimientos que son capaces de causar emoción. Y si esta es colectiva, es porque ya la individual logró cautivar plenamente.

   Veo en Alfonso Ramírez traducido ese trauma de los artistas que de pronto ignora la humanidad y de pronto surgen en medio de la resurrección. Es un maestro en su género que se eleva a sí mismo (por eso, el arte eleva, vuelvo a una cita de Carlos Chávez), que no ha necesitado de la exaltación para lograr trascender.

Fotografía de Carlos González, tomada el 1º de enero de 1962 en la plaza de toros “El Toreo” de Cuatro Caminos. Alfonso Ramírez “Calesero” en artística revolera a “Jacalero” de Pastejé.

    Muchos otros toreros han quedado eternizados en pintura, escultura, pintura o literatura. El cine y la música son una más de las extensiones para evitar el olvido.

   Sin embargo, “El Calesero” ha sabido recrearse bajo el pleno convencimiento de que su esfuerzo se integra al sentido perecedero de que no lo absorberá el olvido.

   Solo una ocasión le ví torear, vestía de corto y los años se habían acumulado de forma tal que podía ver a la eternidad toreando. Es y ha sido una figura dueña del difícil encanto de producir la conmoción. Todavía le recuerdan, quienes le vieron, aquella tarde del retorno de “Armillita”, en enero de 1954 en que descubrió el placer del toreo y se encontró con él para fusionarse. Y desde luego, lo que han dicho de su ya eterna oración al concebir “llena eres de gracia” la larga cordobesa. Bendito lance entre los lances, que por eso resulta un cántico celestial: ¡Por Dios!, ualah, olé, aleluya. ¡Torero!

   Worringer ha dicho de la belleza que “El valor de una obra de arte, aquellos que llamamos belleza, reside, hablando en términos generales, en sus posibilidades de brindar felicidad”. De todo eso nos habló con su capote y su muleta el gran torero mexicano.

   El diestro de Aguascalientes no puede quedar confinado al solo registro de fechas -muy importantes sí-, pero que no nos dicen gran cosa como ese otro carácter, el humano, el que da a luz su expresión que proviene de los abismos donde el aquelarre de lo apolíneo y lo dionisiaco preparan fuegos de esencias para derramarlos en plazas, como escenarios en búsqueda del misterio que solo “El Calesero” sabe el momento en que han de producirse.

   De hecho este año de 1996 cumplirá 63 de vida profesional misma que no ha renunciado al encanto de romper con toda una tradición que marca con letras de fuego el nombre de Alfonso Ramírez, diestro que virtió su manantial de modo pausado, sin prisas, el que de un manso oleaje pasaba a la tempestad más embravecida para dejar señales que todavía muchos aficionados recuerdan y nos obligan a entender el significado del torero, y del hombre también. No sé como definir al “Calesero” sin haberlo visto más que una ocasión.

   Quedan las crónicas que no son más que un testimonio de su quehacer que trastornó y quizás transformó mucho de la tauromaquia que pervive gracias, entre otras cosas, a las aportaciones realizadas por toreros como “El Calesero”.

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EFEMÉRIDES TAURINAS NOVOHISPANAS.

POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE.

 1683

 -Fiesta de la Universidad(21 de febrero)

-Años de la reina (21 de abril)

-El Corpus (17 de junio)

-Bautismo del hijo del virrey (14 de julio)

Víctor o toma de grado de un bachiller (22 de julio)

-Entrada del arzobispo (4 de octubre)

-Fuegos de la cruzada y sarao con asistencia de los virreyes (28 de noviembre).

-Toros en el Volador (2, 9, 13, 23, 28 y 30 de diciembre).

   Ese mismo año, también hubo ocasión de otros festejos, quizá no en lo taurino, pero que quedaron plasmados en una de las tantas obras de sor Juana Inés de la Cruz. Se trata ni más ni menos que de Los Empeños con su loa, sainetes, letras y sarao, mismo que se representó en la casa del Contador don Fernando Deza, en Méjico, el 4 de octubre de 1683, con motivo de un festejo ofrecido a los virreyes Condes de Paredes y en ocasión de la entrada pública del nuevo arzobispo don Francisco de Aguiar y Seijas.

   Común denominador de decenas de festejos fueron en aquellas épocas los taurinos. Con pretextos como los aquí referidos, tales celebraciones no escapaban a la organización de incontables ocasiones de boato en que los toros se sumaban a dichas conmemoraciones. Lo mismo la plaza del Volador que los grandes espacios buscados para el caso, o los atrios de alguna iglesia o convento, servían magníficamente para el desarrollo de torneos, alanceamiento, juegos de cañas, y el uso y lanzamiento de bohordos, estafermos, alcancías y otros elementos complementarios servían a darle lustre a tanta magnificencia.

Muy cercano a estas fechas se encuentra el acontecimiento ocurrido en Puebla, el año de 1689. Precisamente de mi trabajo: Tratado de la poesía mexicana en los toros. Siglos XVI-XXI, 3ª ed., (p. 172-3) tomo las siguientes notas.

   El Br. Pedro de Soto Espinosa en sus Villancicos de navidad, en Puebla (1689) hace una brevísima alusión indirecta con probables ejecuciones taurinas puesto que al grito de

Hagan plaza, hagan plaza…

Hagan plaza, hagan plaza,

despéjense las calles,

cuelguen las ventanas,

que sale el Príncipe Sumo

de la Apostólica Escuadra

a darle a Roma más glorias

que le concedió de gracias!

Háganle la salva

con piezas, con mosquetes y bombardas!

Cántenle la gloria

con pífanos, clarines y tiorbas!…[1]

   La intervención de los villancicos en la poesía taurina no es curiosa puesto que, en la Ensaladilla de Navidad de José de Valdivieso, muestra el interés vivo por presentar en composiciones, más propias de un momento muy especial que en las muy propias del medio taurino, sucesos y realidades cantados con la permanente asociación de los elementos religiosos o con la del encanto del momento navideño, siempre vestido de filigranas y adornado con devoción sin igual.


[1] Alfonso Méndez Plancarte: Poetas novohispanos. Segundo siglo (1621-1721). Parte primera. Estudio, selección y notas de (…). Universidad Nacional Autónoma de México, 1944. LXXVII-191 p.(Biblioteca del Estudiante Universitario, 43)., p. 145-146.

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DEL ANECDOTARIO TAURINO MEXICANO. Nº 16.

POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE.

 DE TOROS INDULTADOS (SU ORIGEN EN MEXICO Y UNA COINCIDENCIA).

    El 12 de noviembre de 1994 fue lidiado en el «Toreo de Cuatro Caminos» un bravísimo toro de Garfias, que se llamó «El Rey». Su matador: Enrique Garza. Aunque no tuve el privilegio de presenciar dicho acontecimiento, si quiero exponer aquí un hecho histórico que nos remonta hasta el año de 1852, con el objeto de encontrar ciertas semejanzas y también, dejar sentados ciertos criterios respecto a la transformación de la fiesta entre ayer y hoy.

   El hecho a que me refiero, ocurrió en la plaza de San Pablo, el 11 de enero de 1852. En la valiosa obra: LOS TOROS EN MÉXICO Y EN ESPAÑA. 1519-1969 (vol. 1) de Heriberto Lanfranchi (y decir Lanfranchi -en México- es como hablar del Cossío -en España-. Así de importante es la obra del buen amigo don Heriberto) encuentro el siguiente pasaje:

    «Gran función de toros en obsequio del público.

   «¡Por la mitad de los precios de costumbre!

   «Se lidiarán seis toros de muerte, cinco de ellos de la segunda partida de la acreditadísima ganadería de SAJAY, a los cuales capitaneará: ¡El rey de los Toros!, cuyo valiente animal fue indultado de morir en la corrida del día 1º. [ojo con este dato] del presente, a petición del público, por su incomparable bravura, y el cual fue el que inutilizó en pocos momentos a todos los picadores de la plaza y a uno de los chulillos, en dicho día.

Pág. 4 de El Monitor Republicano del 1º de enero de 1852.

Allí aparece anunciado el festejo que se refiere en estas notas.

    «Dos para el coleadero y uno embolado para los aficionados, el cual servirá antes para el ¡Monte Parnaso!

   «Se presentarán a picar uno de los toros de la lid los célebres personajes: Abdul el-Kader y el Gran Sultán, perfectamente representados con trajes de sus países por los valientes picadores de la plaza: Caralampio Acosta y Vicente Guzmán.

   «También se presentará el muy divertido entremés: ¡El Hombre más feo de Francia…!»

He aquí el cartel de la segunda ocasión. Col. del autor.

   Tiempo más tarde, justo el domingo 25 de julio y en el mismo escenario volvió a lidiarse el bravísimo toro indultado, «que tantos daños causó a la empresa por los caballos que mató e hirió y por las contusiones que hizo a los picadores. Este hermoso y arrogante toro, que será distinguido con una flor blanca, saldrá en tercer lugar al combate, en donde lo esperan los lidiadores para triunfar de su belleza». Solo un dato más para no caer en confusiones de interpretación: la tarde del 25 de julio se corrieron ocho toros de Queréndaro que lidió la cuadrilla de Pablo Mendoza, en función extraordinaria en celebridad del cumpleaños del Exmo. Sr. Presidente dela República, don Mariano Arista.

Este es el tercer cartel, donde El Rey… salió victorioso.

   ¡Tres veces salió al ruedo de San Pablo el «Rey de los Toros» y dos para ser indultado. ¡¡Caso increíble!! Pues bien, imaginemos que aquella tarde del 11 de enero, fría pero soleada, la cual auguraba una corrida tan sobresaliente y entretenida como las muchas que se efectuaron por entonces, estructuradas a partir de un esquema deliberadamente festivo y el cual prometía ofrecer alguna mojiganga, monte parnaso o jamaica. Actuación de saltimbanquis o el obsequio de «un toro embolado» para los aficionados en fin de fiesta que ya habían presenciado alguna ascensión aerostática. Así se las gastaban los antepasados de este nuevo concepto de empresarios tan ligados a su presente, a una publicidad de fin de siglo, con el apoyo de la potencia informativa de prensa, radio y televisión en dimensiones por demás impresionantes.

   Tras el regocijo, otra oleada de nuevas sorpresas permitió el comienzo de la lidia. Saltó a la arena «El Rey de los toros» causando constantes sobresaltos que terminaron por provocar en la concurrencia el lanzamiento de un grito unánime: ¡indulto! condescendiendo la autoridad a consumarlo.

   Este indulto debe recordarse quizá como el primero concedido en nuestro país. No vamos a hacer recuento del retiro de la condena de muerte de que han sido motivo cientos, cientos de toros, quizás con sobrada razón, o faltando mucho de ésta. Para los toreros, el indulto puede ser un baldón, porque se demostraba que el toro estuvo por encima de su presunto matador; para otros una salvación el que ocurra; justicia de la que no se encarga el torero, sino que esta va revelándose en los tendidos, en medio de una carga de sentimientos y que avala el juez de plaza.

   Nuestra historia de «reyes» nos ha permitido ingresar al incómodo terreno de las discusiones, sustentadas en el juicio de valor que debe dominar para perdonar la vida a un toro. Por cierto, ¿qué dice el actual reglamento taurino en vigor? (Notas recogidas de la versión del reglamento de 1987).

ARTÍCULO 73.-Cuando una res se haya distinguido por su bravura, fuerza y nobleza a lo largo de la lidia, a criterio del Juez de Plaza podrá recibir cualquier de estos tres homenajes:

I.-Arrastre lento por el tiro de mulas;

II.-Vuelta al ruedo a sus restos, y

III.-Indulto.

   El Juez de plaza manifestará su decisión por medio de un toque de clarín, dos toques de clarín o un pañuelo blanco, respectivamente. Asimismo, podrá exhibirse una pizarra desde el palco de la autoridad indicando por escrito la decisión.

   En el pasado, un indulto era algo insólito y además, tenía que pasar mucho tiempo para que sucediera otro. Hoy es común habiendo de por medio muchos intereses que a veces pueden ser positivos; pero que también pueden ser negativos en la medida en que todo pudiera confundirse, aunque no necesariamente, con lucro. No estamos contra el indulto, sí del exceso en que ha caido. Probablemente una estadística del caso podría aclararnos el panorama.

   La fiesta de toros es mutante, cambian sus conceptos y las ideas que de ella emanan y sin embargo, sigue formando parte de la vida cotidiana en un mundo cada vez más próximo al tránsito de siglos, ostentando su anacrónico encanto como fenómeno multitudinario en el cual todos sus protagonistas, al cabo de muchos siglos, se han encargado de modificar, corregir, alterar o hasta de desaparecer situaciones de su propio contexto. Sin embargo, nos sigue pareciendo un espectáculo estacionario (que no estático), el cual arrastra siglos de constante movimiento y parece no pertenecer a nuestro momento, pero que se integra a él permeándose de las cosas que como aportaciones van dejando todos quienes intervenimos en ella.

   La barbarie de la muerte de un toro -previo sacrificio- es la perfecta razón de exponer a la fiesta como reaccionaria o conservadora en su estricto sentido. Sigue sorprendiendo, fascinando, alucinando y hoy, al paso de nuevas generaciones, estas se acercan para ser «víctimas» del encanto o del desencanto también.

   De aquel rey a este otro rey las diferencias son, diríamos que diametralmente opuestas en muchos conceptos, aunque de una sorprendente historia paralela en la que solo ha cambiado la forma pero no el fondo de las cosas.

   México capital, ha dejado de ser la ciudad con 200,000 habitantes (estimación para 1852) para convertirse en una megaciudad de más de 20 millones de pobladores. En aquellas fechas un periódico era centro de discusión de muchos lectores reunidos en algún café de moda. Hoy, multitud de publicaciones que están a nuestro alcance en cualquier estanquillo, y noticias que se conocen casi al instante de ocurrir los hechos, nos dan idea del crecimiento de los medios de comunicación (todos en general), con pretensiones de dominar el panorama sin ningún miramiento.

   Pues bien, entre estos «dos reyes» quisimos dar apenas una escasa idea en los cambios y en las formas bajo las cuales se ha sujetado el maleable espectáculo de los toros que no por lo expuesto líneas atrás, ha perdido su esencia. Antes al contrario, permanece y contra ciertos adelantados pronósticos pesimistas, me parece que continuará. La enorme infraestructura montada en torno al espectáculo tiene ya la solidez suficientemente capaz de no permitir su derrumbe.

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EDITORIAL.

POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE

   Antes de iniciar el Coloquio Internacional La Fiesta de los Toros: Un patrimonio inmaterial compartido. Ciudad de Tlaxcala, Tlax., del 17 al 19 de enero de 2012, cuyo balance fue notoriamente positivo, y del que este blog se irá ocupando en dar cuenta de algunas de sus partes sustanciales, el C.P. Luis Mariano Andalco López, Director General del Instituto Tlaxcalteca de Desarrollo Taurino, emitió un COMUNICADO, mismo que a continuación se anexa. Pero en realidad, cuando conocí su contenido, más que Comunicado me pareció un MANIFIESTO, lo que significa en términos concretos, según lo afirma el Diccionario de la Lengua Española, un escrito en que se hace pública declaración de doctrinas o propósitos de interés general. Por eso lo que ustedes tendrán oportunidad de leer, es un mensaje de los verdaderos propósitos de una defensa legítima: la de la tauromaquia, con fines de promoverla como candidata a ser considerada por la UNESCO, como patrimonio cultural inmaterial de la humanidad. Espero coincidan conmigo.

20 de enero de 2012.

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DEL ANECDOTARIO TAURINO MEXICANO. Nº 15.

POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE.

 PONCIANO DÍAZ, ¿ENCARCELADO EN PASO DEL NORTE?

    Tenía conocimiento de que Ponciano Díaz, luego de armar un escándalo, y no propiamente en la plaza, sino fuera de ella, fue a dar a la cárcel del poblado de Valle de Santiago, Guanajuato en junio de 1894. Pero ahora, se une a ese testimonio oral, proporcionado gentilmente por José Velázquez Díaz, el ocurrido a finales de 1886, luego de que concluyeran sus actuaciones por Villa Lerdo, estado de Durango, cuando circuló la siguiente versión registrada en El arte de la Lidia, año III, Nº 9 del 26 de diciembre:

 Es enteramente falso lo que han dicho varios periódicos de esta capital, respecto a que Ponciano Díaz, por cuestión personal había sido reducido a prisión en Paso del Norte o Texas. Los que conocen o han tenido ocasión de tratar en lo particular al popular diestro mexicano, están convencidos de las buenas cualidades que lo adornan y han creído como es natural, que las falsas noticias que continuamente se han dado en su contra, no provienen de otra cosa sino de la calumnia o envidia, etc. Ponciano ha trabajado últimamente en paso del Norte, y como en México y en todas las plazas dela República, ha sido frenéticamente aplaudido, no teniendo ningún contratiempo que citar.

    Es claro que El arte de la Lidia haya salido en defensa de Ponciano, puesto que Julio Bonilla, su director, era su “apoderado”, y lógicamente la tribuna no podía desprestigiarlo, como lo hicieron, seguramente El diario del hogar, La Patria Ilustrada, El Globo, El Monitor Republicano o alguno de esos panfletos que no dejaban de circular, como hoy lo hacen cuando pretenden regodearse de algún incidente de nota roja, para solaz y esparcimiento de ávidos lectores del escándalo.

Ponciano Díaz, hacia 1885. Retrato de estudio. Fuente: “Revista de Revistas” Nº 1394, del 7 de febrero de 1937. Fotografía probablemente tomada en el gabinete de Romualdo García. Col. del autor.

    No puedo dejar de apuntar que estos incidentes en la vida profesional de los toreros le dan “sabor al caldo”, como ingrediente anecdótico, y basta con anotar los pasajes ocurridos con Joaquín Rodríguez “Cagancho”, a quien se le recuerda con aquel sabroso capítulo de la celda donde un ratón mira el reloj y entre sorprendido y admirado comenta: “Las seis y “Cagancho” no ha llegado”.

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RETRATO TAURINO EN LA CIUDAD DE MÉXICO. 1835 y 1867. 6ª y última parte.

PONENCIAS, CONFERENCIAS y DISERTACIONES.

 POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE.

 RETRATO TAURINO EN LA CIUDAD DE MÉXICO. 1835 y 1867. (Cohesión social entre lo urbano y lo rural). 6ª y última parte.

 ACTIVIDADES COTIDIANAS Y QUEHACERES CAMPIRANOS EN LA HACIENDA DE ATENCO A MEDIADOS DEL SIGLO XIX, CON UN SÓLO PROPÓSITO: CREAR EL PERFIL DEL TORO BRAVO.

    La hacienda de Atenco sigue siendo el mejor ejemplo de lo que significaba la búsqueda y definición del toro bravo durante el siglo XIX en México. No soslayamos al resto de las ganaderías por entonces en circulación, pero los datos con que nos hemos encontrado son sumamente ricos, por lo que nos dan un perfil y una idea por demás exacta de lo que fue el criterio de “selección” bajo el cual se sustentaron los personajes de la hacienda citada. Así tenemos como resultado la consulta y revisión hecha a la colección de documentos denominada: CONDES SANTIAGO DE CALIMAYA, reunida en el Fondo Reservado de la Universidad Nacional Autónoma de México.

   Por ejemplo, para 1852, en plena época de influencia ejercida por Bernardo Gaviño, encontramos este interesante dato:

 18/2 Cervantes, José Ma. le informa a su hermano del éxito de una corrida de toros y del entusiasmo de su afición a esa clase de diversión. Méjico, enero 26 de 1852. 1f.

    “Con mucho gusto te participo que la corrida de toros ayer ha sido tan sobresaliente que por voz general se dice que hacía mucho tiempo que no se veía igual: los toros jugaron como uno leones y á cual mejor, diez y ocho caballos hubo entre muertos, heridos y lastimados Magdaleno y otros dos picadores”.

(…)Tu hermano José María.

    El asunto reseñado es muestra de una perfecta armonía que se encontró con los toros atenqueños, pues del resultado que nos indica José María Cervantes, aficionado y de los buenos, es que el toro salido de las dehesas del valle de Toluca encajaba perfectamente en el gusto común de aquel momento.

   Lo mismo pasó el 22 de febrero, con la pequeña diferencia de un incidente.

 18/6 Lebrija, José Manuel, le comenta una corrida de toros.-Méjico, febrero 23 de1852, 1f.

    “…la corrida de ayer fue muy buena, pero como el público a la vez de ignorante imprudente, hicieron meter el 5º toro porque no le entraba a la pica, que para los de a pie hubiera sido asombroso; según lo que vi fueron (…) nomás como 14 caballos”.

   José Manuel.

    Lo anterior indica que el 5º toro no fue del todo propicio para la suerte de varas, pero a pesar de que el público se mostró “ignorante e imprudente”, hubo “nomás como 14 caballos” muertos, cuando sólo era común ponerles anqueras a los caballos. La anquera es una cubierta de cuero (timbre) a manera de gualdrapa, que suele ponerse a los potros que se están amansando para la silla; cubre las ancas y la parte media de las piernas; tiene por objeto quitarles las cosquillas, asentarles el paso y educarles el tercio posterior. Suele forrarse interiormente con alguna tela de lana o de algodón; de su parte inferior penden unas piezas de hierro o de bronce calado o vaciado, de caprichosas formas, las cuales piezas se llaman higas (más comúnmente ruidos).

Ilustración de la época que muestra la cabalgadura acompañada de la anquera. Col. del autor.

    En la carta que a continuación mostraré, se encuentra un dato de suyo importante. Se trata de la permanencia excesiva de los toros en los corrales durante varios días, lo cual ocasionaba una baja considerable de peso y presencia, e incluso, el inconveniente de que ese “último toro” enviado a los corrales fuera o no de los enviados desde la hacienda, significaba un baldón para los señores hacendados, quienes así manifestaban, junto con el empresario, -a la sazón Vicente Pozo- su preocupación por lograr siempre complacer a la afición de entonces.

 18/3 Cervantes, José María, Sr., a su hijo (José Juan Cervantes) informándole de la venta de 8 toros para una corrida.-Méjico, enero 19 de 1852. 1f.

    “Mi querido hijo

   Varias veces me han visto algunas personas con el fin de que me interesara contigo para que bendieras (sic) toros; más yo siempre me he escusado de tomar parte en estos negocios para dejarte obrar con toda libertad que es necesario, pero anoche no he podido excusarme en un compromiso de esta especie, pues el ministro Ynglés (sic) y el Español personas apreciables y con quienes llevo relaciones me han sorprendido pidiéndome ocho toros de Atenco para una corrida particular que van a dar próximamente los toreros españoles (…)”

   “Al Sr. D. José Juan Cervantes.

   “Muy estimado amigo y Sor. Escribo a V. en la misma plaza, al mismo tiempo de concluir la corrida, para manifestar a U. la notabilísima diferencia que ha habido en la corrida de hoy, comparada con la del domingo pasado en términos de haberse metido el último toro por no haber jugado absolutamente. No sabemos si será porque este estuviera enfermo, o porque tal vez se haya traído equivocadamente sin ser de los del juego del cercado.

   “Pero lo que si no tiene duda es que la permanencia aquí de una corrida los ocho días que pasan después de su llegada los rebaja de tal manera que perdemos el crédito U. y yo, y solo lo podemos remediar trayéndose corrida por corrida aun cuando sea para U. más molesto, y que tengamos que erogar algún gastito en los baqueros (sic) conductores. Ese es el objeto de la presente que llegará a manos U. a tiempo de que pueda dar sus órdenes para que solo venga ahora una corrida de seis toros en lugar de los 12 pedidos. Creo que en esto además de hacernos a nosotros un servicio muy particular que agradeceremos a U. debidamente el crédito del ganado se conservará intacto, como hasta aquí y no volveremos a tener otro disgusto como el de esta tarde”.

   Vicente Pozo. (Rúbrica).

La competencia habida entre los toros de Atenco y los del Cazadero comenzó hacia 1852 y se extendió por el resto del siglo XIX con menores expectativas que al principio.

Armando de María y Campos: Los toros en México en el siglo XIX, 1810-1863. Reportazgo retrospectivo de exploración y aventura. México, Acción moderna mercantil, S.A., 1938. 112 p. ils.

    Sin embargo, los años de 1857 a 1859 resultaron para la hacienda de Atenco tiempos muy difíciles, a raíz de intensas heladas  (18/79 Ortiz y Arvizu, Antonio, carta a José Juan Cervantes en la ciudad de México, le avisa de una fuerte helada que hechó (sic) a perder todas las siembras. Atenco, 22 de junio de 1857, 1f. “(…) Tengo el grandísimo sentimiento de manifestar a U. que anoche ha caído una helada tan fuerte, que nada absolutamente quedó de las sementeras de maíz ni aún en S. Agustín”. También: 18/122 Ortiz y Arvizu, Antonio, carta a José Juan Cervantes en la ciudad de México, le avisa que la mortandad de los animales amenaza porque no han cesado las heladas. Atenco, 1 de febrero de 1858, 1f. “La mortandad de animales de toda clase, está amenazando mucho con las heladas que no sesan (sic) aún”.) que ocasionaron pérdida de las cosechas, pero sobre todo, deudas, mortandad en las cabezas de ganado en general, el retraso en el pago de la raya de los trabajadores, el posible embargo de tierras de labor como San Antonio, y la presencia de un grupo de pronunciados que amenazaban atacar la hacienda, en mayo de 1858. De la reclamación que hizo Vicente Pozo sobre los toros de Atenco, al Sr. Conde de Santiago de Calimaya, en agosto de 1857, nadie mejor que Antonio Ortiz y Arvizu para explicarnos las razones:

 18/93 Ortiz y Arvizu, Antonio, carta a José Juan Cervantes en la ciudad de México, le avisa que él no cree que falten toros que el ganado se está corriendo aún (…). Atenco, 8 de septiembre de 1857.

    “Muy señor mío de todo mi aprecio y respeto:

   “Digo a la siempre grata de V.E. que no creo que nos falten toros como está U. informado por el Sr. Pozo; lo único que hay es que el ganado no ha descoyado (sic) con la prontitud de otros años en razón de el maltrato del pasto por el yelo (sic) y por eso apruebo que se metan por ahora al potrero en los términos que usted me indica tanto por lo dicho cuanto porque todavía están corriendo con las vacas”.

    Luego vino una época de señaladas competencias, establecidas entre los ganados de Atenco y El Cazadero, mismas que ocasionaron un síntoma de orgullo entre todos quienes participaban en la crianza del ganado atenqueño. Veamos.

 18/113 Ortiz y Arvizu, Antonio, carta a José Juan Cervantes en la ciudad de México, le avisa de la remisión de 10 toros para una corrida que son de lo mejor según Cresencio, y que espera contestación con Zacarías.-Atenco, 9 de diciembre de 1857, 1f.

    “Muy Señor mío de todo mi afecto y respeto.

   “Llegó Tomás (¿Hernández?) con el objeto de que se hiciera la vaqueada (sic) de los toros para la corrida de la apuesta; pero como yo vine instruido de esa, ya con tiempo se había dispuesto todo lo concerniente para remitir los diez que hoy salen y que según Cresencio y todos es de lo mejor y aún Tomás quiso que recorriera el cercado para escoger alguno pero no encontró mejores que los expresados: se han puesto los medios: ahora falta la suerte (…)”

    Del documento aquí reseñado, destacan dos situaciones: la “vaqueada” y esa expresión de tranquilidad y satisfacción: “…se han puesto los medios: ahora falta la suerte…” Vaqueada es derivado de los trabajos que el charro tiene relacionados con el ganado mayor y que por lo común, es diestro en las faenas del jaripeo. Ya vimos que: Chilcualones=caudillo=caladores=caballerango=tentador, expresiones todas que dan en el personaje enterado de la vida del toro en el campo. Aplicados  estuvieron en el propósito por enviar lo mejor a la plaza para aquellas jornadas de competencia, misma que dejó entre aquellos que imprimieron su mejor esfuerzo donde “se han puesto los medios”. Del resultado que generara el espectáculo “ahora falta la suerte…” para sentirse complacidos de lo que significaba el juego de los toros en la plaza.

Si bien esta imagen corresponde a un encierro de Atenco enviado a comienzos del siglo XX a la plaza de toros “México” de la Piedad, por otro lado conserva el fenotipo característico de aquellos ejemplares que se lidiaron en buena parte del XIX. Col. del autor.

    Los dos documentos que a continuación reseño, tienen un profundo sentido de la realidad, y de la organización que se llevaba en Atenco para concretar con las tareas del herradero, el control de cabezas de ganado, pero también, y en el fondo, de lograr en medio de aquel quehacer, el fin último de calar y seleccionar a los toros enviados a las plazas.

 18/176 Ortiz y Arvizu, Antonio, carta a José Juan Cervantes en la ciudad de México, le avisa de los herraderos que hizo al ganado.-Atenco, 8 de septiembre de 1858, 1f.

    “El lunes y martes hize (sic) los herraderos que se compusieron de 114 vezerros (sic) incluso 18 de media señal y todo el vecerraje (sic) muy bonito y grande como nunca se había hecho sin duda alguna en razón de no haberse ordeñado. El de los potros ascendió a 37 cabezas y además 6 mulitas”.

 18/213 Ortiz y Arvizu, Antonio, carta a José Juan Cervantes en la ciudad de México, le avisa del herradero en la vaquería. Atenco, agosto 23 de 1859, 1f.

    “Hoy hice el herradero de la vaquería y asendió (sic) a 171 cabezas de fierro y 11 de media señal, todo el becerraje grande y muy gordo, de modo que me acordé mucho de U. y sentí que no lo hubiera visto”.

    Toda esta información representa la búsqueda, el asentamiento que lograron todos los involucrados en Atenco, respecto al serio compromiso por tener un toro digno para lidiarse en las plazas. Sin embargo

 18/163-B Tomás Hernández, carta a José Juan Cervantes en la ciudad de México, le avisa sobre la existencia de unos toros que a pesar de su mal color se puede disponer de ellos.-Atenco, abril 29 de 1862, 1f.

    En Atenco predominaba el toro con pelo colorado y rebarbo, típica influencia de sangre navarra (misma que pudo reafirmarse en el siglo XVIII, cuando llegó a la Nueva España un importante grupo de población vasco-navarra) la cual debe haber venido acompañado de su correspondiente modus vivendi, en el cual pudieron incluirse ganados de esa región específica. Que Tomás Hernández se esté refiriendo a toros “…que a pesar de su mal color”: ya de pelo negro, cárdeno o berrendo (en negro o en colorado), “se puede disponer de ellos”. Muy curiosa esta ocurrencia que quizá no casaba con el común denominador de los toros enviados a las plazas.

   El documento que nos ocupa en la parte última de esta colaboración, revela una vez más el calificativo de “brabos” (sic) a toros que proceden de Atenco, en un año como el de 1869, cuando las corridas están prohibidas en la capital del país, más no en la provincia.

 6/18.8 Recibí de Dn. Pablo Mendoza la cantidad de doscientos pesos ($200) que pagó importe de cuatro toros brabos cuya cantidad dejo cargada en la cuenta del Sr. Dn. José Juan Cervantes y es correspondiente al deudo de los abonos vencidos. Y para seguridad del interesado le doy el presente en Toluca a 2 de mayo de 1869.

    Además, Pablo Mendoza es otro de los toreros que representaban a los diestros nacionales, junto a Mariano González “La Monja”, Toribio Peralta “La Galuza”, Tomás, José María y Felipe Hernández cuando Bernardo Gaviño se encuentra ausente de México, toreando en Perú.

   Con todos los datos hasta aquí anotados, tenemos ya una idea del quehacer en la hacienda de Atenco, mismo que nos ha mostrado cómo se efectuaban labores diversas tendientes a encontrar un toro con las condiciones necesarias para la lidia. La suma de experiencias que se concentraron en aquellas actividades nos dicen que el papel que jugó el administrador (en estos casos: José María Lebrija y Antonio Ortiz y Arvizu) en compañía de los ya conocidos vaqueros y caballerangos (caballericeros, o encargados de las caballerizas) fueron capaces de obtener los resultados que se traducen en datos que dan idea del acontecer cotidiano y campirano de la vida en una hacienda tan importante para la fiesta como fue, es y ha sido Atenco.

 CONCLUSIONES

    Definitivamente, la cohesión de todos los elementos reunidos y revisados aquí, dejan ver que estos funcionaron de una forma perfectamente equilibrada, a veces sin necesidad del diálogo, pues tal era la fuerza del hilo conductor que operaba en el espacio rural o en el urbano, que las puestas en escena discurrían, en efecto, bajo el dictado de un “guión” previamente establecido. Pero también, y durante su desarrollo aquello se desbordaba de manera espontánea aunque sujeta a los patrones impuestos. Tal estado de cosas se consolidó sobre todo en el centro del país. Parece que lo que ocurría en el resto, donde se estaban constituyendo una especie de feudos, tomaban y hacían suyo lo que consideraban pertinente, dándole su propia interpretación. Con la prohibición a las corridas de toros impuesta en 1867, comenzó a dispersarse ese espíritu, del que pudo recuperarse alguna evidencia luego de la reanudación de estos festejos, a partir de 1887, pero ya sin el toque peculiar de los años anteriores, cuyo análisis aquí termina.

 Ciudad de México, octubre de 2011.

 BIBLIOGRAFÍA

COELLO UGALDE, José Francisco: grandeza de la tauromaquia mexicana (Desde el siglo XVI hasta nuestros días). Madrid, Anex, S.A., España-México, Editorial “Campo Bravo”, 1999. 204 p. Ils, retrs., facs.

–: “Atenco: La ganadería de toros bravos más importante del siglo XIX. Esplendor y permanencia”. Universidad Nacional Autónoma de México. Facultad de Filosofía y Letras, División de Estudios de Posgrado. Colegio de Historia. 2006. 251 + 629 p. (Anexos). Ils., fots., retrs., tablas. (Se encuentra pendiente la defensa y lectura de tesis).

LANFRANCHI, Heriberto: La fiesta brava en México y en España 1519-1969, 2 tomos, prólogo de Eleuterio Martínez. México, Editorial Siqueo, 1971-1978. Ils., fots.

MARÍA y CAMPOS, Armando de: Imagen del mexicano en los toros. México, «Al sonar el clarín», 1953. 268 p., ils.

O´GORMAN, Edmundo: México. El trauma de su historia. México, Universidad Nacional Autónoma de México (Coordinación de humanidades), 1977. XII-119 p.

RAMOS SMITH, Maya: Los artistas de la feria y de la calle: espectáculos marginales en la Nueva España (1519-1822). México, Centro de Investigación Teatral “Rodolfo Usigli”, Instituto Nacional de Bellas Artes, CONACULTA, Litografía Cozuga, S.A. de C.V., 2010. 296 p. Ils., facs

 HEMEROGRAFÍA

Los Toros. Año II, Nº 48, Madrid, 8 de abril de 1910.

 BIBLIOTECAS Y ARCHIVOS

Universidad Nacional Autónoma de México. Biblioteca Nacional. Fondo Reservado: Condes Santiago de Calimaya.

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EFEMÉRIDES TAURINAS NOVOHISPANAS.

POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE

    Ahora que se presentan ejemplares de Arroyo Zarco en la plaza “México” (justo la tarde del 15 de enero de 2012), es bueno recordar estos datos al respecto de otros toros de Arroyo Zarco lidiados en la Jura al trono de Carlos IV en México allá por 1789.

Disponible 14 enero 2012, en: http://www.opinionytoros.com/noticias.php?Id=35465

    En el amplio trabajo que he denominado:

ARCHIVO HISTÓRICO DEL DISTRITO FEDERAL

DOCUMENTOS HISTÓRICOS SOBRE FIESTAS Y CORRIDAS DE TOROS EN LA CIUDAD DE MÉXICO, SIGLOS XVI-XX. REVISIÓN, CATALOGACIÓN, INTERPRETACIÓN Y REPRODUCCIÓN, he podido encontrar un documento que, de suyo ofrece información de primera mano. Me refiero al localizado en el

 ACERVO: AYUNTAMIENTO. GOBIERNO DEL DISTRITO FEDERAL. ABASTO DE CARNE.

PERIODO: 1683-1866. VOLUMEN: 12 VOLS.: 1-12; 292 EXPEDIENTES Y 4 LIBROS

Vol. VII, año de 1803, exp. Nº 211, en cuyo contenido se dan los siguientes aspectos:

 Con decreto del 7 de junio del año próximo anterior, pasó mi antecesor inmediato a esa junta testimonios de lo conducente del juicio que había extendido el Real Tribunal de Cuentas de la del fondo Piadoso de California, respectiva al año de 1789 para que aclarase si se habían pagado a D. Alfonso Ramón de Barburen, Administrador que fue de la Hacienda de Arroyo Zarco 432 pesos, valor de 27 toros que a 16 p.s cada uno vendió a esa misma junta para las corridas de la Jura; y no habiéndose aún cumplido dicha prevención, haciendo falta esta noticia al expresado Real Tribunal la recuerdo a V.S. a su solicitud para que sin más demora lo ejecute dándose desde luego aviso del recibo de esta orden. Dios guarde a V.S. México, 17 de diciembre de 1793. Iturrigaray.-A la Junta de Abastos de esta Nobilísima Ciudad.

   Es copia que certifico, del documento original que se desglosó de este expediente en virtud del oficio del Ministerio de Gobernación fecha 23 del corriente en que se dispone se forme una colección de autógrafos, firmas o escritos de Hernán Cortés, los Virreyes y los héroes de la Independencia y de acuerdo fecha 23 del actual del Sr. Alcalde Municipal en que dispuso se buscasen los referidos documentos y se dejase una copia autorizada por la Secretaría en los expedientes respectivos cuyo oficio y acuerdo originales se hallan en el expediente caratulado «Archivo Poligrafía de Autógrafos, &» y para constancia firmo la presente. México, junio 30 de 1864.

   El Secretario del Exmo. Ayuntamiento.

   Lic. Luis G. Pastor.

Disponible 14 enero 2012, en: http://www.opinionytoros.com/noticias.php?Id=35465

    Llama la atención, que una vez más, como se estilaba en la época, los beneficios de aquellas fiestas, celebradas en 1789 fueron destinados al fondo Piadoso de California, lo que señala pingües ganancias, independientemente de que el Ayuntamiento efectuara rigurosas cuentas de gastos, pagando debidamente –como lo veremos-, todo lo empleado para tales ocasiones. Estoy seguro de dicha afirmación, puesto que he encontrado en diversos documentos de la misma índole detalles en pesos, centavos, reales, tomines y granos, confrontados a veces en dos cuentas que no dejaban la menor duda de que los dineros se empleaban precisamente en lo requerido, sin haber fugas, y mucho menos, dispendio. De ahí que el fondo Piadoso de California, una entidad que por primera vez se encuentra mencionada, independientemente de que entre los rubros beneficiados, -el de las obras públicas- pudo percibir y reflejar firmemente los resultados.

   Es también bastante novedoso el hecho de que se menciona una hacienda no recurrente en las fiestas: la de Arroyo Zarco (que no sabemos dónde estaba ubicada, pero que posiblemente se encontrara en lo que actualmente es el municipio denominado así, en Jilotepec, estado de México), a cuyo administrador, Alfonso Ramón de Barburen, se le debieron abonar 432 pesos, valor de 27 toros enviados a las fiestas que se celebraron con motivo de la jura del nuevo monarca, el borbón Carlos IV, rey que fue motivo de constantes pretextos para la realización de otras notables conmemoraciones, como las que se efectuaron con motivo de que Manuel Tolsá fundió en una notable pieza escultórica al rey montado en brioso caballo allá por 1796. El precio de cada uno de los toros se fijó en 16 pesos, lo que señala un monto en cierta medida prudente, si nos atenemos a las cuentas que arrojó el conjunto de corridas de toros que se efectuaron en la ciudad de México, en honor del segundo Conde de Revillagigedo, cuando éste tomó posesión del gobierno de la Nueva España en 1789. En aquella ocasión, Don Pedro Antonio de Azebedo y Calderón, cobró 512 pesos por 32 toros. Don Antonio María de Hierro, cobró 712 pesos por 57 toros escogidos a 12 pesos y medio cada uno. Don Antonio Retonda cobró 945 pesos por 70 toros escogidos a 13 pesos 4 reales cada uno. Es muy seguro que entre los toreros actuantes hayan estado Tomás Venegas “El gachupín toreador” (aunque para entonces se sabe que había decidido su retiro y solo ofrecía sus servicios como asesor, junto con Manuel Tolsá, en un primer gran proyecto –que no prosperó- sobre una hermosa plaza de toros, probablemente la primera con un ruedo en toda forma). También estaban en circulación Alonso Gómez “El Samirano”, José Bernardo Chávez, Miguel Bustamante, Julio Figueroa, Antonio Ximénez, Cayetano Blanco, Felipe Monroy y los picadores Manuel Tenorio y Josefa María de Silva y José Varaza). Algunos datos más deben estar incluidos en el Archivo Histórico del Distrito Federal, ACERVO: HISTORIA: ESTATUA ECUESTRE CARLOS IV. PERIODO: 1795-1798. 3 VOLS.: 2259-2261.

Disponible 14 enero 2012, en: http://www.opinionytoros.com/noticias.php?Id=35465

    Por supuesto que también podemos apreciar el burocratismo de ciertos asuntos, puesto que habiendo sido celebradas las fiestas en 1789, fue hasta diciembre de 1793 cuando se notificó este reclamo, como para que no se les olvidara esa deuda. Quien firma el documento es José de Iturrigaray, quien de seguro ocupaba algún cargo en la Junta de Abastos, quien años más tarde se convertiría en el virrey Nº 56 de la Nueva España, del 4 de enero de 1803 al 15 de septiembre de 1808 en que fue depuesto.

   Como una mera casualidad, este infolio quedó registrado dentro de un conjunto de otros de capital importancia, a decir del Secretario del Exmo. Ayuntamiento, Lic. Luis G. Pastor, quien en junio de 1864, se encuentra reuniendo lo que después sería (no se sabe si llegó a formarse, e incluso si existe como tal en el propio Archivo Histórico del Distrito Federal) “una colección de autógrafos, firmas o escritos de Hernán Cortés, los Virreyes y los héroes de la Independencia”, encargo que hizo el Sr. Alcalde Municipal, con la idea de constituir el expediente que fue denominado como “Archivo Poligrafía de Autógrafos, &”.

   Sería interesante seguir los pasos de dicho propósito con objeto de ver si prosperó, y si en su integración pudieron reunirse aquellas piezas documentales consideradas como “joyas” de la poligrafía, tanto del Capitán General, Hernán Cortés, pasando por toda la época virreinal, hasta llegar a la de la independencia, recogiendo las rúbricas de aquellos grandes personajes, iniciativa que parece valorar otros tantos testimonios del devenir histórico mexicano.

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EFEMÉRIDES TAURINAS DECIMONÓNICAS.

POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE

    Hace algún tiempo dediqué unas notas al respecto de la efeméride ocurrida el 7 de abril de 1833 (véase: EFEMÉRIDES TAURINAS DECIMONÓNICAS. DE LA PRIMERA A LA QUINTA, en especial la Nº 4. https://ahtm.wordpress.com/2011/02/06/efemerides-taurinas-decimononicas-%c2%a1%c2%a1%c2%a1nuevo/).

   Sin embargo, encuentro algunos nuevos datos que me parece oportuno reproducir.

 1833

La presente efeméride ocurrió el 7 de abril de 1833.

SEGUNDA PARTE.

   El sábado 6 de abril –que además fue sábado de Gloria- La Antorcha. Periódico religioso, político y literario, T. I, Nº 6, publicaba en su página 4 la siguiente nota:

DIVERSIONES PÚBLICAS.

Se ha concluido la plaza de Toros de la plazuela de S. Pablo, y mañana debe ser su primera función. La hermosa vista que ella presenta y el especial gusto y elección del empresario, nos prometen que presentará una diversión excelente y completa en su género. También hay toros de once en la de Necatitlán y Alameda. No se pone hoy la función de Teatro de mañana, por no habérsenos aún avisado por el empresario.-E.E.

   Por lo tanto, el día 7 de abril de 1833 ocurrió, en el mero día de la bendición de Catedral y S. Agustín, un interesante festejo del cual, y por supuesto, no se tienen mayores datos. A principios de 1821, unos meses antes de la consumación dela Independencia, la plaza de San Pablo fue destruida por un incendio. El monumento que la reacción había levantado durante su precaria restauración, desapareció así presa de las llamas. Así que durante algunos años, aquel incidente generó que las corridas de toros decayeran, aún y cuando hubo otras dos plazas, como refiere la nota: tanto la de Necatitlán como la de la Alameda.

Heredia ilustró, Cumplido publicó. Escena fascinante de la REAL PLAZA DE TOROS DE SAN PABLO. La fiesta poco a poco va mostrando signos de lo que ya es para la tercera década del siglo XIX. Fuente: Colección del autor.

    Ahora bien, es probable que el único registro de aquella ocasión nos lo proporcione un personaje del todo contrario a estos festejos. Me refiero a Carlos María de Bustamante. En su Diario apuntaba lo siguiente:

 Domingo de Pascua, 7 de abril de 1833

(Mucho calor)

Esta tarde se ha estrenado una magnífica plaza de toros en el barrio de San Pablo, construida de cuenta del coronel Barrera en el mismo lugar donde estaba la que se quemó el día que por desgracia llegó a Veracruz Mr. Poinsett. La concurrencia ha sido numerosísima y brillante con asistencia del vicepresidente Gómez Farías y el Ayuntamiento, pues dizque se hizo la función en celebridad de la instalación del Congreso y no en aumento y utilidad del bolsillo de Barrera. Excelentes caballos de los picadores, buenos arneses, pero mal ganado, sin embargo fueron despanzurrados dos caballos. También hubo toros en la plaza de Necatitlán y en la Alameda, he aquí una ciudad torera, que retrograda a la barbarie en vez de marchar a la ilustración gótica en el siglo XIX. El gobierno cree que así aleja las conspiraciones, como creen todos los tiranos cuando le hacen ruido al pueblo para que no piensen sobre su posición.[1]

Retrato de D. Carlos M. de Bustamante.

    Al citar al “coronel Barrera”, se refiere a Manuel de la Barrera, un personaje que lo mismo aplicó sus intereses por el hecho de ser “asentista” o empresario de esta plaza, que dedicarse a los negocios en el movimiento y recolección de la basura en la otrora “ciudad de los palacios”. Tal era su influencia que, como El Príncipe de Maquiavelo, o con el mismo talante de Luis XIV pudo llegar a afirmar “El poder soy yo”.


[1] CD Diario Histórico de México, 1822-1848 Diario Histórico de México, 1822-1848 Abril de 1833, p.7.

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EL GLISON: SUMA EXTRAÑA DE EPOCAS DIVERSAS DEL TOREO.

DE FIGURAS, FIGURITAS y FIGURONES. ENTREGA Nº 22.

POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE

 Nota: Las presentes líneas las escribí en el curso de 1994.

    Hace algún tiempo Jorge de Jesús Gleason anunció su retiro de los toros. Fue sorpresiva pero a la vez bien recibida su decisión como lo fue, hace ya algunos años, el de la presentación de un novillero loco y distinto, con ganas de ser torero, quien para lograrlo fue capaz de ponerse al tu por tu con los toros de modo cavernario, hasta llegar a niveles que en él mismo parecían imposibles. Esto es, conseguir cierta manifestación de arte, muy a su manera y con su expresión propia sin perder por eso la imagen rústica que siempre le acompañó (olvídense de que damos aquí una calificación peyorativa. El solo hecho de comprender al hombre no nos permite denigrarlo. Estos términos de descalificación y destrucción hacia la obra producida por un torero es muy común por aficionados dominados más por la pasión-fanatismo que por la afición inteligente).

   «El Glison», a quien calificamos de ecléctico, suma extraña de épocas diversas del toreo con las que anduvo de plaza en plaza, se expresó y pudo proyectar su modo de entender el quehacer torero a través de lecturas, de películas, pero sobre todo, con esa muy particular manera de decirlo, de practicarlo y que a muchos gustó; a otros tantos disgustó.

   Ahora dedicará su tiempo a la producción cinematográfica, y a escribir. Es un hombre con sensibilidad, un personaje alejado de los estereotipos y de lo convencional; vamos como que rompe con aquel sambenito que José Bergamín le cuelga a la fiesta con aquello del «analfabetismo».

   Sin pretender un perfil biográfico de este personaje, y bajo la recomendación de entenderlo y no regañarlo -al estilo de Jacob Burckhardt de «no regañemos a los muertos, entendámoslos»-, es que nos acercamos a lo que es y ha sido en el medio de los toros el ya popular «Glison».

Disponible 13 Enero 2012, en: http://www.opinionytoros.com/reportajes.php?Id=38

    Las fotografías que acompañan el presente texto se deben a la oportuna presencia de Armando Rosales “El Saltillense”, recientemente desaparecido. De ello acaba de hacer un buen recuento Jaime Avilés “Lumbrera Chico” en su colaboración aparecida en La Jornada. México, D.F., año 28, Nº 9847, p. 35.

   Opera su modo de ser entre un interesante «laissez faire» (dejar hacer) y la libertad de expresarse en el arte y la técnica como él quiere que se conciba y no como los prescriben costumbres o normas establecidas. Asume principios básicos a los cuales agrega su muy particular expresión, misma que genera polémica y encontradas opiniones al ejercer ese toreo entre primitivo y moderno. Ya le vemos ejecutando la suerte del «Tancredo», o la de banderillas en silla, desde el estribo o como él quiere que salga. Más tarde ejecuta pases de manufactura muy personal, siempre a merced de los toros, pero demostrando una habilidad fuera de lo común cuando se ve en aprietos pues parece hecho de una materia tan distinta a la de todos los demás. Y a la hora de matar ¡Dios mío! o es para verlo en los aires o introduciendo la espada de modo nada ortodoxo -pensemos por ejemplo en «El Africano»-; o apuntillando a sus enemigos en una representación casi rupestre que se ve concluida en un acto de tragedia teatral a medias tintas. Es decir, se arroja sobre el cuerpo de su víctima y casi la quiere abrazar y besar.

   Asume a lo largo de su quehacer una sobreactuación, sonríe viendo a los tendidos, gesticula y en el momento del drama es heroico, hecho de una pasta a la cual parecen no dañar tremendos golpes y graves cornadas que le han ido mermando sus facultades físicas al grado de casi perder una pierna infestada de septicemia gaseosa o de llevar aparatos ortopédicos en varias partes del cuerpo que lo han ido convirtiendo en una extraña mezcla de hombre y de robot.

   Parece que ha sentado cabeza y que su narciso salió a flote pues le llegó el momento de tomar una decisión concreta y tras de una serie de despedidas durante 1995, que culminarán en el adiós del mismo año, asumirá su nueva vida la cual se verá combinada con la actividad política (ha sido un incansable asistente y participante en la campaña presidencial de Diego Fernández de Cevallos).

   Es un hombre preparado, con una carrera profesional, trotamundos, clown en los rodeos estadounidenses, escritor, extraordinario administrador de su profesión torera, pero sobre todo un ser humano en busca de la permanente trascendencia, queriendo ocupar siempre lugares importantes, pues goza de un don muy especial, aureola que muy pocos pueden poseer: la sencillez.

   Felicitamos al torero, al hombre, al ser humano que ha llegado a comprenderse en si mismo bajo múltiples perspectivas de la vida, encarándolas firmemente sin nada -quizás- que no haya convenido a sus intereses, de no ser el daño irreversible que se lleva con las «caricias» de los toros. Pero por encima de todo esto, con el afecto y cariño de la afición que seguramente no lo olvidará.

  Jorge de Jesús Gleason, o “El Glison”, en una de sus últimas aventuras o locuras: convertirse en rejoneador y vestir como héroe de la independencia. La imagen corresponde a una actuación suya en Apaseo El Grande, y en el cortijo “La Rueda” la tarde del 28 de abril de 2011. En esa ocasión, dio la vuelta al ruedo con los Forcados de Celaya.

Disponible 13 enero 2012, en: http://www.opinionytoros.com/noticias.php?Id=31407

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