EDITORIAL. ¿ACASO ESTOY SOÑANDO?

POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE.

    Ante un tardío posicionamiento de los Bibliófilos Taurinos de México[1] (véase: AltoroMéxico.com), grupo cuyo componente general es un sector de aficionados que se caracterizan por poseer, leer y discutir en torno a libros sobre tema tan específico, apenas hace unos días ha declarado sus razones –además bastante lógicas y legítimas-, al respecto de la controversia que viene maquinándose desde la Cámara de Representantes del Gobierno del Distrito Federal, entre cuyas decenas de esos “Representantes sociales” se encuentran unos cuantos que pretenden, movidos por pasiones, más que por razones, prohibir las corridas de toros en la capital del país. Recuerden, señores representantes populares, recuerden todos que, para bien o para mal, este es un año electoral. Cosa que digan, propongan, juren, prometan o amenacen cumplir, todo eso se les tomará en prenda por parte de la población en este país. Las elecciones incluyen presidencia de la República y, para como están las cosas, todos quienes se van a lanzar a la aventura de representarnos en alguna de las condiciones habidas en la política, tienen que estar muy seguros de lo que digan o hagan. Como se ha venido comprobando, los costos de al menos estos dos últimos sexenios son terribles, dolorosos. A las 50 mil muertes por la guerra contra el narcotráfico, a los miles y miles de desempleados se viene a unir un nuevo enemigo: la sequía. 28 de 32 estados de la república mexicana guardan situaciones muy próximas a la condición de desastre en unos. De calamidad en otros y esto puede agravarse en el curso de 2012. A lo que se ve, los problemas nacionales tienen una dimensión impresionante. Lo suyo, señores representantes políticos en cierne es resolver –entre otros-, este tipo de conflictos y otros tan esenciales como la educación o la cultura. En cuanto al asunto de la fiesta de los toros yo, en lo personal les aconsejaría que lo dejaran en paz. Meterse en la entraña del sentimiento, de la forma de ser y de pensar de una sociedad como la nuestra, contravenir los usos y costumbres y pretender afectar el imaginario colectivo no tiene en este momento ningún sentido. Las posturas de los contrarios, en lo personal me parecen respetables, pero sus planteamientos discurren entre el extremismo y la compasión, olvidando que lo de la tauromaquia no es casualidad, no es de ayer a hoy. Ha tomado para su constitución e integración varios siglos de intercambios culturales, religiosos, políticos, religiosos, ideológicos entre las naturales condiciones de sincretismo, de aceptación y asimilación que llevan a entenderla tal y como es hoy día.

   Eso sí, al interior de su engranaje suceden cosas que, si en estos momentos aplicara el criterio de la Agencia Fitch, la organización del espectáculo de toros en México sufriría una baja sensible, tal y como acaba de ocurrir en algunos países de la eurozona (concretamente España de AA pasa al nivel A; Italia de A+ queda en A-).

   Por estos días se celebran las fiestas de aniversario de la plaza de toros “México”. A sus 66 años de existencia se han organizado sendos carteles que, para no ir más lejos, deberían ser el denominador común en toda la temporada, con objeto de que un público ávido de presenciar buenos espectáculos vea, desde el principio y hasta el final de esta y otras temporadas, un conjunto de acontecimientos que llevarían a entender el grado de calidad que puede alcanzar la fiesta de toros en nuestro país. Pero no es suficiente que esto suceda en tres o cuatro tardes. Y voy a los ejemplos. El “Auditorio Nacional” es un espacio en el que al programarse diversos artistas con la debida anticipación, con buenas campañas mediáticas y de publicidad –cosa de la que no tienen clara idea los empresarios taurinos-, ese espacio presenta llenos en todas las ocasiones en que programan, por ejemplo, a Vicente o a Alejandro Fernández, a Luis Miguel y otros artistas cuyo renombre se encuentra presente en buenos sectores de la sociedad. ¿Qué hay que pagar buenas sumas de dinero? En efecto, hay quien lo haga, pero toda esa gente sabe que se les va a ofrecer una función que por sí misma “paga” el boleto de sus entradas. ¿Y en los toros? ¿No sería posible aplicar criterios como los de este tipo?

   Si las empresas se empeñan en seguir funcionando con patrones de comportamiento que ya no responden a una expectativa, es conveniente cambiar la estrategia. No es necesario hacerlo si para ello se afectan las razones convencionales o tradicionales del espectáculo. Sólo es suficiente de que quien lo haga, tenga que hacerlo buscando efectos sorprendentes, y si para ello programan carteles tan equilibrados como el del 4 o 5 de febrero, pero sus miradas y alcances no van más allá que al borde de las narices, estamos perdidos. Para los domingos 12, 19 y 26 de febrero, si es que continúa la temporada 2011-2012, los tendidos de la plaza de Insurgentes volverán a verse semivacíos, tal y como sucedió en los festejos anteriores, pero aún más durante los sucedidos entre los dos últimos domingos de diciembre y los dos primeros de enero, en que aquello (la desolación en los tendidos) daba una idea clara de falta de actitud como empresarios. Nada les cuesta “echar la carne al asador” un domingo sí y otro también. Pero para que esos elementos tengan que dar certeza y confianza, debe haber toros, toros sin más; desde la primera y hasta la última de las tardes. Lo demás viene por añadidura. Es decir, jueces honrados, prensa e informantes confiables y enterados… ¿Acaso estoy soñando?

   No dudo que con esos elementos, la afición se retrataría una y otra vez en las taquillas, como no dudo que habría algún empresario que desee reactivar antiguas formas por medio de las cuales se estimulara a la afición así como otros elementos aledaños en los que la prensa se convertiría en su caja de resonancia perfecta. Pero de seguir como siguen las cosas hasta ahora, no veo remedio alguno. Por eso, razones de tal naturaleza dan pie al alejamiento de los aficionados, al ensoberbecimiento de los contrarios y al hecho de que los medios masivos de comunicación dediquen los pocos espacios a los toros sólo cuando sucede un grave percance o aparece por los tendidos una figura de telenovelas o de otra índole, lo que significa dedicarles a ellos ese espacio y no a los toros, que sólo se convierten, en esos casos, en telón de fondo, pero no en el tema central de las notas y espacios destinadas a dar cuenta de lo ocurrido en un ruedo, donde también suceden, de vez en vez, verdaderas hazañas. Nutriente perfecto para fomentar la afición a los toros entre todos los sectores de la sociedad, sin que ello afecte el hecho de que asistan los niños a presenciar ese acto festivo. Como también es de esperarse la presencia de los jóvenes, convencidos todos, junto a la afición cautiva, a la de siempre, de que lo que verán en la plaza habrá de ser un buen espectáculo, sin más.

   ¿Acaso estoy soñando?

 5 de febrero de 2012.


Deja un comentario

Archivado bajo EDITORIALES

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s