EDITORIAL.

POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE.

Julia R. Cela[1] plantea que el “siglo XXI será por excelencia el siglo de la sociedad de la información y del conocimiento”, lo que significa etiquetar de manera contundente el que, hasta ahora, es un síntoma preciso que opera tanto en el desarrollo económico de las naciones, como en la afirmación de la personalidad individual. La denominación en cuanto tal surgió hace pocos años y fue el resultado de un vigoroso mecanismo impuesto para bien o para mal, por el desarrollo de la tecnología informática que hoy alcanza dimensiones inimaginables. Todo ello pensado en función del crecimiento que cada estado podría tener, porque significa que en el concierto de las naciones, ninguna escapa a ese proceso; por más desarrollada o subdesarrollada que se encuentre. Desde luego, los modelos o referencias se imponen a partir de planes como el que, en 1993 propuso el vicepresidente de los Estados Unidos y que se conoce como Plan Gore. En su parte sustancial propone:

 La medida más importante de nuestro éxito será nuestra capacidad para marcar diferencias en la vida del pueblo americano, para aprovechar las tecnologías de modo que mejoren la calidad de sus vidas y la fuerza económica de nuestra nación (…) Estamos caminando en una nueva dirección que reconoce el papel trascendental que debe representar la tecnología en la estimulación y el sostenimiento económico de larga duración, que cree puestos de trabajo de elevada cualificación y proteja nuestro entorno.

    Ciencia y tecnología se convierten en paradigma de nuestro tiempo. A lo planteado por Al Gore siguió el Plan Delors con propósitos semejantes, con la diferencia que agregan a su esquema el teletrabajo o educación a distancia, lo que significa por otro lado materializar un escenario ya previsto: realizar actividades que se reducen al espacio doméstico, como complemento del espacio laboral. Ambos no tenían previsto el panorama actual que pesa fundamentalmente en la eurozona, lo que significa no perder la dirección, pero con desviaciones que sólo van a producir retrasos. Si planes como el Gore y Delors no son suficientes, se suma a este propósito el Informe Bangemann, el cual plantea al respecto de las TIC (tecnologías de información y comunicación):

 Es una revolución basada en la información, la cual es en sí misma expresión del conocimiento humano (…). Esta revolución dota a la inteligencia humana de nuevas e ingentes capacidades, y constituye un recurso que altera el modo en que trabajamos y convivimos (…). La educación, la información y la promoción desempeñarán necesariamente un papel fundamental.

    El reflejo de todo lo anterior queda marcado en que a la sociedad de la información ya se integró en un todo la del conocimiento. Pero ambas quedan sujetas a una economía fundada en el conocimiento, lo que significa en el escenario actual un comportamiento inestable, entre repuntes y caídas. Por eso, sorprende que dentro de los postulados, se pretenda pasar de la diseminación a sembrar el conocimiento, lo que representa una labor que debe consolidar o materializarse de manera profunda, debido a que grandes sectores sociales no están utilizando las herramientas con los fines o propósitos planteados entre los grandes planes. De la teoría a la práctica todavía hay un gran abismo. Y en todo caso, lo que pudo haber llegado a plantear Armand Mattelart se enfoca más en un proceso académico. Mattelart ve en la sociedad de la información una forma de liderazgo del desarrollo frente a modelos como los que siguen en países comunistas, de ahí que eso y una dosis de mercado le han permitido establecer tres niveles:

-Los saberes fundamentales;

-Los saberes de los expertos y contraexpertos, y

-Los saberes ordinarios surgidos de los aportes de las experiencias cotidianas vividas.

   Desde 1995 con la propuesta del G-7 acerca de la “sociedad global de la información” se preparó el terreno para un nuevo panorama de operaciones que, en principio se impondría como el mecanismo apropiado para este mundo globalizado. Surgió a la par una especie de adversario: la sociedad civil global. Por tanto, la internet se volvió una especie de panacea que si bien ha funcionado en forma desproporcionada, fuera de control, el hecho es que firmas como las de la “Carta sobre la sociedad global de la información” implican la defensa de la propiedad intelectual, la lucha contra la piratería y el terrorismo del ciberespacio como una manera de encontrar el equilibrio.

   Me parece que el fenómeno de los “indignados” es una muestra clara de articulaciones no previstas en el uso de estos servicios, siendo este uno de los grandes pasos que se perciben en la sociedad de la información en España, lo cual no fue incluido por la autora, al tratarse de un texto elaborado en 2005 y que siete años después manifiesta otras reacciones.

   Hasta antes de esta nueva condición, en España se entendía que para alcanzar el grado de eficiencia en las TIC aquí planteadas, era y es conveniente contar con usuarios efectivos y potenciales en estas tecnologías. Usuario es aquella persona o entidad que accede a los contenidos que les proporciona la sociedad de la información, a través de los medios técnicos que posibilitan su acceso. Y eso nos queda claro a todos. Que ese propósito haya sido rebasado es otra realidad. Es importante saber que entre los parámetros que analiza la autora se encuentran variables como la edad, sexo, clase social, nivel cultural, lugar de acceso y servicios utilizados de lo que resulta en un balance que el usuario medio español introducido en estas condiciones es: un varón que vive en una ciudad, de una edad comprendida entre los 25 y 34 años, con estudios superiores y de clase media. No olvidar que otros usuarios son las administraciones públicas que, en buena medida aquí y allá, han supeditado el proceso de buena parte de sus trámites vía Internet.

   Es cierto que información y conocimiento seguirán su curso. Lo que es impredecible, por ahora, es la manera en que se comportarán estas y otras sociedades en unos cuantos años más.

Disponible febrero 19, 2012 en:

http://www.altoromexico.com/2010/index.php?acc=noticiad&id=11198

   Todo lo anterior viene a colación luego de que el 5 de febrero pasado, la plaza de toros “México” fue el escenario para la presentación en sociedad del proyecto denominado “juventudEsTOROS”, del que es su responsable Adriana Sánchez Vargas, joven y entusiasta aficionada a los toros y a quien supongo totalmente enterada, entre otras cosas, de las bondades que hoy están ofreciendo las TIC, como el medio y el recurso para acceder a la tecnología digital y a través de esta, acumular conocimiento, comunicarse con el resto del mundo, ya no sólo a través del correo electrónico. También por facebook y twitter. Adriana ha puesto el empeño de que a través de “juventudEsTOROS” se reivindique entre las juventudes el aprecio hacia la tauromaquia, un aprecio que significa entenderla en todas sus dimensiones y sus misterios. En todo lo que tenga que ver con el conflicto de su denominación de origen, mismo que proviene varios milenios atrás. Por consiguiente, carga esta expresión con una serie de elementos que la convierten hoy día en blanco de duras críticas y cuestionamientos, sobre todo por dos fuertes razones:

-Una que tiene que ver con el hecho de un desprestigio ocasionado, en buena medida, por los responsables principales, llámese empresarios, ganaderos, toreros, prensa (donde por supuesto no todos son culpables), pero un buen sector de dichos estamentos, mismo que detenta el control del espectáculo no les queda claro –o no quieren ver esa claridad-, de que queriendo seguir haciendo las cosas a “su manera”, seguirá produciendo internamente un daño irreversible.

-La otra tiene que ver con la embestida de los contrarios. Cada vez se organizan y articulan mejor y van vertebrándose en auténticos muros que levantan alrededor del territorio taurino, al punto de que lo tienen perfectamente vigilado. De ahí que sigan logrando avances significativos en su propósito de oponerse a su permanencia, invocando para ello la tortura como la expresión desmesurada que se utiliza en la representación de la tauromaquia en su conjunto.

   Por estas y otras razones, son los jóvenes quienes deben enterarse o informarse a través de mecanismos o propuestas como “juventudEsTOROS”. ¿Qué apenas está naciendo? ¿Es ese acaso su mayor pecado? Yo no lo creo. En todo caso, es momento de apoyar iniciativas de esta magnitud, cuyo radio de influencia también comprende a los niños. Son ellos –niños y jóvenes- la única garantía de permanencia de un espectáculo cada vez más amenazado de desaparecer, cada vez más sometido a crisis que se producen por ignorar que hay un cliente que busca calidad y no la encuentra. Por eso, el “cliente” o, para decirlo mejor, el “aficionado” decide no pagar si no se le ofrece de antemano una calidad. Por eso hoy día, el común denominador es que las plazas de toros permanezcan semivacías, y esa es una muy mala señal, pues con ello hay una simple razón de fondo para explicar que no tiene sentido seguir apoyando o impulsando un espectáculo “decadente”.

   Por todo lo anterior, me parece oportuno el planteamiento de que desde la perspectiva de las juventudes, se entienda que existen

 -Los saberes fundamentales;

-Los saberes de los expertos y contraexpertos, y

-Los saberes ordinarios surgidos de los aportes de las experiencias cotidianas vividas.

 Así que, si la tarea ya ha sido dada a conocer en un proyecto de ambiciosas proporciones, es conveniente apoyar y orientar a los niños y a los jóvenes con una iniciativa que surge en un buen momento para fortalecer, entre quienes estén interesados no sólo en participar. También en aprender.

   ¡Paso a “juventudEsTOROS!” y suerte a “juventudEsTOROS”.

 20 de febrero de 2012.


[1] Julia R. Cela: “Sociedad del conocimiento y sociedad global de la información: Implantación y desarrollo en España”. En: Documentación de las Ciencias de la Información. Madrid, Universidad Complutense de Madrid, 2005. Vol. 28 (pp. 147-158).

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