EDITORIAL.

POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE.

    Ha terminado en forma por demás lamentable la temporada “grande”, celebrada en la plaza de toros “México” entre los meses de noviembre de 2011 y marzo de 2012. Y afirmo que “lamentable” a pesar de un cierre afortunado en el que triunfaron los tres alternantes, debido al hecho de que el común denominador de este serial tuvo marcadas crestas y preocupantes valles. Si la empresa esperaba llenos cada tarde, este objetivo o propósito nunca se materializó debido a que fueron notorias las patéticas escenas de tendidos semivacíos. Incluso, la tarde celebratoria del 5 de febrero, convertida en “tabla de salvación” para la empresa misma que piensa y ha pensado que esa fecha concreta tiene un encantador poder de convocatoria no pudo conceder ese deseo y la zona de general dejaba ver enormes huecos.

   Si la intención de todo empresario es llenar su plaza una tarde sí y otra también, esto se deberá en buena medida, a la orquestación de un conjunto de elementos que permitan ese propósito. Toros con garantía de edad e impecable presentación, y buenos toreros, lo que supone poner en el cartel figuras y promesas. El resultado que siempre es relativo, y que no puede pronosticarse sino en todo caso estimarse en función de elementos que dependen de las virtudes de los maestros o del juego ofrecido por el ganado –“los toros no tienen palabra de honor” (Antonio Llaguno, dixit)-, son variables que luego podrían permitir, como ha ocurrido en otras épocas, que el cartel del siguiente festejo sea el resultado de volver a programar al torero que mayor interés haya producido en esa tarde (interés que puede ser motivado por su buena o displicente actuación, que siempre hay que buscar un elemento atractivo, de “jalón” publicitario). Tengo presente que el Dr. Alfonso Gaona repitió varias tardes de manera consecutiva, tanto a Rafael Rodríguez como a Manolo Martínez, hayan estado bien o mal, lo que significa crear un ambiente y una expectativa que por sí misma ya representa elementos que se integran en la caja de resonancia, en el atractivo que ya va siendo el sólo desarrollo de una temporada.

   El reciente fenómeno de crisis económica se refleja en buena medida cuando cada tarde de toros no se “retratan” en taquillas los más aficionados que el empresario desearía. Pero estoy convencido que si el responsable de la organización apuesta por ofrecer atractivos cada tarde, la mejor forma de verse correspondido en con asistencia masiva en las plazas. Pero si está sucediendo todo lo contrario, deben hacer un balance serio para analizar dónde está la falla o dónde están fallando. No me explico cómo, en el caso concreto del Auditorio Nacional por ejemplo, se garantizan llenos, a pesar de los elevados costos. Y menciono dos casos concretos. Por ejemplo, se encuentra anunciado Chano Domínguez y su programa Flamenco Sketches (sábado 24 de marzo, 21 horas, Auditorio Nacional). El evento representa vender boletaje con valores que van de $950.00 a $550.00 Por otro lado, y aunque ya se realizó, pero lo presento en calidad de ejemplo, es el concierto de Elton John, en el mismo foro, para lo cual hubo dos audiciones, el viernes 2 y sábado 3 de marzo pasados. El costo de las entradas fluctuaba entre $3,800.00 y $400.00

   Por cuanto difunden los medios masivos de comunicación, se tiene claro que la celebración de este tipo de actividades, convoca a miles, miles de personas que asisten al Auditorio, al grado de que puede llenarse. Si él o los empresarios que montan dichas actividades están conscientes de ofrecer un producto de calidad, la gente, los aficionados o fans de estos músicos acuden no importando el precio que tengan que pagar por una localidad. Al final, saldrán convencidos de que se les ofreció lo prometido y de que estarán conformes con el resultado. Pero en el caso de los toros ocurre todo lo contrario. Hace mucho tiempo que las plazas lucen semivacías, lo que es muy mal signo si ahora se tiene toda una idea de encaminar a la tauromaquia al deseado nombramiento como patrimonio cultural inmaterial de la humanidad, por parte de la UNESCO. El trabajo en este sentido es asumir responsabilidades, significa recuperar la confianza del aficionado que, en buena medida se siente defraudado y prefiere no ir a la plaza, ni tampoco pagar una cantidad si lo que se le ofrece es un producto de mala calidad, cuyo significado se encuentra tan cerca del fraude mismo. Pero, ¿cómo lo denuncia? Lo hace precisamente con el más duro de sus afanes: alejándose de las plazas. Pero tampoco, y eso es lo preocupante llegan o se hacen presentes de manera efectiva, contundente o definitiva las hornadas de jóvenes o niños de quienes se esperaría como los sucesores naturales de una presencia que mayoritariamente se manifiesta en personas adultas y no una amalgama de estos tres elementos: niños, jóvenes y adultos. En algún sentido, alguien me comentaba una vez que le llamaba la atención el hecho de que buena parte de la asistencia a una plaza se debía a personas adultas, lo que significa que en algún momento puede haber un salto generacional pero hacia el vacío, lo que representa otra condición no deseable. De esto parece que no se han dado cuenta muchos de quienes se encargan de la organización de un espectáculo como el taurino. Si cabe la posibilidad de que sus asesores en mercadotecnia valoren elementos como los que ahora han quedado sobre la mesa, bueno fuera que los tomaran como razones reales que yo no digo, asiento o sentencio. Allí están, a la vista de todos. Por lo tanto, ¿qué conviene hacer si la fiesta en verdad se está yendo en picada hacia el punto en que sin necesidad de los contrarios, termine por fenecer en nuestros brazos?

   Cada uno de quienes estamos ofreciendo una posible solución, debemos ser conscientes del papel y la responsabilidad que jugamos en ese empeño. A título personal, y con palabras breves digo que lo mío es la difusión de la historia y la cultura taurinas mexicanas y en eso estaré trabajando empeñosamente. De igual forma, ese es el papel del empresario, el ganadero, el torero, la prensa y de todos cuantos pretendemos recuperar glorias perdidas de un espectáculo cada vez más devaluado. Espero, por ejemplo, que la prensa taurina, al término de la temporada capitalina, haga un balance serio, que se valga no sólo de lo cuantitativo, sino de lo cualitativo y que genere un juicio de valores no condescendiente con la empresa, ni que conviertan empresa y los de la prensa sus intereses y comentarios en sociedad de elogios mutuos. Ya no estamos para eso, creo que ya superamos el subdesarrollo, pero si lo alientan, créanme que allí seguiremos, inevitablemente.

   Por otro lado, conviene prever el futuro. Si no se alientan a los niños ni a jóvenes que vienen mostrando virtudes y capacidades, no veremos sino algún caso aislado de novilleros que podrían interesar o atraer. Las escuelas taurinas que ya funcionan en Tlaxcala, Aguascalientes o Zacatecas por mencionar los casos conocidos, deben ser vinculadas en este tipo de propósitos. Si los “veedores” también hicieran su trabajo conforme a los principios elementales de calidad, estaríamos en condiciones de que se nos ofrezca el producto ofrecido. Si son novillos, novillos serán. Si son toros, toros serán. Lo demás, viene por añadidura.

   Como ven, por elementos de mejora no quedamos. Soñar no cuesta nada, pero en estos tiempos, soñar en esa forma puede convertirse en amarga pesadilla.

 19 de marzo de 2012.

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