Archivo mensual: marzo 2012

EL ARTE… ¡POR EL ARTE! (TERCERA VERÓNICA DE LA SERIE).

POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE.

    Conforme se desarrollan los primeros lances de esta ejemplar suerte, se ha podido comprobar que, al paso de los años se refinó, a tal grado que, ya evolucionado el toreo, ya superada la guerrera lidia emprendida por la torería de entresiglos, otros diestros, los que vendrían después de la famosa trilogía formada por Gaona, Belmonte y Joselito, pudieron expresar, bajo la poderosa influencia de estas columnas fundamentales del toreo. Sin ellos, la tauromaquia quizá no habría tenido el poderoso influjo de un cambio radical en forma de interpretación, pero sobre todo de ejecución en ciertas suertes, aún en momentos en que el toro seguía siendo un elemento protagónico importantísimo, y en momentos también previos a la instauración del peto (1928 en España; 1930 en México), lo que supondría un “antes y un después” en los significados específicos en la lidia.

   Así que significados como los que vemos a continuación…

Manuel Domínguez capeando al natural. Ilustración aparecida en los Anales del Toreo.

 …pasaron a formar parte de un evocador pasado, no necesariamente lleno de nostalgias sino como ingrediente perfecto de la evolución misma en todo el contexto de la tauromaquia. La “verónica” pasaba de buscar el horizonte a encontrarse con los artistas, cuya obra creadora hoy revisaré, al compás de varios poemas mexicanos que, en sus distintas épocas aquí reunidas, citan el lance como elemento incorporado a la literaria expresión. Por cierto, esos poemas, provienen de mi Tratado de la poesía mexicana en los toros. Siglos XVI al XXI, obra que está a punto de reunir 1, 700 poemas.

Manuel Jiménez Chicuelo quien, más que una “verónica” plantea un lance a pies juntos denominado “parón” o “delantal”, cercanos uno y otro de aquel otro venido desde el camino del Calvario…

 1887

Amor Taurómaco

A una ella

Te ví una vez ya no recuerdo donde,

te confesé lo que por ti sentía,

hiciste una verónica María…

que tu fingido llanto me encantó.

(. . . . . . . . . . )

Nos volvimos a ver y hablamos mucho,

tú con palabras a mi ver sencillas

con sesgo me pusiste banderillas

que prudente el bolsillo resistió.

 

Manuel Pérez Aguado.

 

¡Genial de toda genialidad! este otro momento, captado por la sensible retina de Urbina. Es Francisco Vega de los Reyes Gitanillo de Triana, con el toro Como Tú, de San Mateo la célebre tarde del 3 de febrero de 1929, en la plaza de toros el Toreo de la Condesa.

 1921

Tarde de toros

 Sevilla: Tarde de toros.

limpio cielo de zafir

con relámpagos de sol.

Lluvia de púrpuras y oros

que al herir

simulan hacer hervir

el gran crisol

del Guadalquivir.

 Verónicas y gaoneras

 Y tras el cambio de rodillas

que levantó una polvareda,

para engranar vistosas suertes

Gaona clávase en la arena:

De la verónica los tiempos

mide con gracia y gentileza,

y estremecer hace la plaza

cuando ejecuta la gaonera,

esa gaonera cuya fama

es la mejor de sus proezas,

esa gaonera que en cantares

al son de la guitarra vuela…

 

Juan B. Delgado.

 Obsérvese que, hasta ahora, las maestras manos han bajado tanto, que el despliegue de la capa se ha tornado otra cosa totalmente distinta a lo que el pasado indicaba. He aquí a Victoriano de la Serna.

 1935

JESÚS SOLÓRZANO.

SONETO.

En el ruedo hace derroche de valor

Sacando de los cuernos la silueta;

Cuando torea como un esteta,

Consiguiendo que le aclamen con fervor.

 

En la plaza su espada reluciente

Semeja filigrana de luz al recortar

El viento, en la tarde esplendente;

En que gallardo se tira a matar.

 

Alcanzando ruidosas ovaciones

El orfebre de la verónica magistral,

En un apoteosis de victoria;

 

Que haces estremecer los corazones

Con su temeraria faena triunfal;

¡Que le da el resplandor de la gloria!

 

Joaquín Herrera.

  

No es precisamente Jesús Solórzano, pero sí un torero contemporáneo a él: Paco Gorráez, quien nos deslumbra con otro lance a la “verónica” espolvoreado de estética y aplomo al mismo tiempo.

 1942

EL MILAGRO DE LA VERÓNICA

 A Ernesto García Cabral

 Los brazos pordioseros, como péndulo doble,

arrastran por la arena la comba del percal,

y se diría que avanza con su ropaje noble,

en procesión hierática, un rojo cardenal.

 

Cuentan que la verónica, en bíblico desdoble,

enjuga con el paño la sangre de coral

de una herida de adorno; mientras el pasodoble

se deshoja en el aire como flor de metal.

 

Las piernas, en estacas, para cargar la suerte,

dejan a la cintura la burla de la muerte;

y cuando pasa el bruto, hendiendo el carnicol,

 

Se lleva en los pitones que un leve esguince libra,

hilos de seda y oro, entre los cuales vibra,

pimienta de la fiesta, el reflejo del sol.

 

Xavier Sorondo.

 

Ni más ni menos que Pepe Luis Vázquez. Felix Mendelsshon concibió hace casi 200 años una pieza musical denominada “Canción sin palabras”. Esta parece ser una “verónica sin palabras”.

 1949

Negro toro.

 II

 Como un pétalo rojo, reluciente,

único desde el lirio del torero,

desmaya la verónica primero

su tibio beso hasta la arena ardiente.

 

Ritmo del movimiento omnipotente

de cautivar al toro en el engaño

con el lento capote o con el paño

que su recia muleta le consiente.

 

Se agitanta el torero de repente,

y enloquece en sus giros a la gente

que adora al hombre como un dios del ruedo.

 

(Cuando se pasa en pases naturales

a la muerte en sus sedas principales,

es Príncipe y es Rey, Héctor Saucedo).

 

Rodolfo Siller. 22 de junio de 1949.

Fermín Espinosa, el Joselito mexicano también se subió al “carro” de los artífices. En su poder incalculable cabía detener el tiempo para delinear su “verónica”.

1981 

Villancico torero.

 A Ignacio Mariano de las Casas.

 (. . . . . . . . . .)

De ti verónicas sueñan

los toros en el potrero,

cuando los vaqueros duermen

lejos del agostadero.

 

Y con qué fino sentido

das tu luz al mundo entero,

cuando el farol invertido

te convierte El Calesero.

 

Capote de verde trigo

que llevas en tu esclavina,

gracia de Manuel Jiménez

convertida en chicuelina.

 

Eduardo Ruiz Gutiérrez. 

A toda serie portentosa por “verónicas” viene el hierático remate… la “media” sublime. El que la prodiga aquí es Alberto Balderas.

 1997

Manolete en México.

 (……….)

 II

 La plaza de “EL TOREO” recibe la embajada

que de su brava fiesta la noble ESPAÑA envía:

Calientes voces mezclan su extraña algarabía

cruzando el sol azteca de la arena dorada.

 

¡Qué suavidad al viento la verónica alada!

¡Qué dominio en el pase de inmóvil valentía!

¡Qué nudo en las gargantas al fulminar la espada

con su ciclón de aceroa la fiera bravía!

 

¡MANOLETE está herido! Se funden sangre y sol

formando el invencible pabellón español,

y en los ojos del diestro una lágrima brilla…

 

¡En el clamor de triunfo que al torero acompaña,

va el abrazo que México envía a nuestra España,

la madre generosa que espera en la otra orilla…!

 

Antonio García Copado.

 

Y no solo hierático, sino mayestático… atrevido también. Es Jesús Solórzano, hincando una rodilla en la arena y dando cara a un Miura… ni más ni menos.

 Calesero

 Junto a su capa.

había un andar.

En banderillas.

La geometría precisa.

Del cuarteo.

La pausada cima.

Del par al quiebro.

 

Había una figura.

Silueta de un pase.

Natural. Hermano.

De aquella esbelta luz.

Que componía.

A la verónica.

El Calesero.

 

Robert Ryan.

 

Por si faltara algo…

 CONTINUARÁ. 

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