EDITORIAL.

POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE.

    En esta ocasión, y por tratarse de un tema de actualidad, me permito hacer la réplica a las observaciones y puntualizaciones de la fotógrafa Elideth Fernández Villegas, quien fue entrevistada por Elena Poniatowska, y cuya interviú aparece publicada en La Jornada de enmedio (Cultura), del 14 de abril de 2012, en su página 4a. El asombro en sus diversas manifestaciones, ante la serie de expresiones, descalificaciones, sentencias y acotaciones delimitadas a que nos reduce como taurinos, es parte de su planteamiento, mismo que fue resuelto a partir de la que, a mi parecer, representa una entrevista equilibrada por parte de una de las mejores periodistas y escritoras en nuestro tiempo: Elena Poniatowska, quien, desde mi punto de vista no manifestó ninguna parcialidad al respecto del tema, salvo el párrafo introductorio que veremos. En todo caso, su imparcialidad dejó ver el tono profesional en el que fue marcando y estableciendo cada uno de los cuestionamientos que además, respondió de manera rotunda y contundente quien ahora empuña la bandera de defensa pública en contra de la crueldad contra los animales. Procuraré ir parte a parte, segmento a segmento tratando de entender ya no tanto la pregunta, sino la respuesta, de ahí que sea necesario replantear una propia y fundamentada actitud contestataria –o como ya lo dije, en calidad de réplica- en términos de mi postura como taurino, sin ambages de ninguna especie, pero también con el elemento de razón que se necesita para los contrapesos. (Nota: Mis comentarios y acotaciones aparecerán en cursivas). Veamos.

 LOS TOROS TIENEN EL MISMO SISTEMA NERVIOSO QUE NOSOTROS, DICE ELIDETH FERNÁNDEZ VILLEGAS. POR: ELENA PONIATOWSKA.

    Apoyada por múltiples personalidades de los ámbitos académico, intelectual, empresarial y cultural, el domingo 22 de abril se reunirá una coalición de asociaciones y organismos diversos, en el Zócalo de la ciudad de México, a las 10 de la mañana, para exigir a las autoridades la abolición inmediata de las corridas de toros en el D.F.

   Según la fotógrafa Elideth Fernández Villegas, 70 por ciento de los ciudadanos han manifestado el deseo que termine la fiesta de los toros y asociaciones como el Pupra (México Unido por el Respeto a los Animales) y Entrelacemos las Garras, Arte por los Animales, El Instituto Napoleónico que dirige Eduardo Garzón Sobrado, quien acaba de ingresar a la Academia de Geografía e Historia, así como 170 asociaciones más.

   Lo que digo como taurino es lo siguiente: En efecto, dicha encuesta se llevó a cabo entre el 5 y el 7 de abril pasados, con 600 entrevistas en viviendas. La población elegida fue mayor de 18 años residentes en el Distrito Federal, donde el 69% está de acuerdo en que se prohíban las corridas de toros en el Distrito Federal. El levantamiento de este ejercicio se redujo sólo a 600 viviendas, lo que apenas da una pequeña, pequeñísima referencia sobre el mencionado rechazo, mismo que se sustenta en las siguientes variables: que ese 69% piensa que las corridas no son parte de la cultura mexicana, mientras que el 76% opina que no son un espectáculo sano. Asimismo, el 73% respondió que nunca ha asistido a un evento de este tipo.[1]

   Que ese 69% haya opinado que no forma parte de la cultura mexicana es negar rotunda y contundentemente la forma en que tal cultura se formó a partir no sólo de la conquista, sino del proceso concentrado en los tres siglos coloniales. Nuestra cultura en cuanto tal, es en esencia, una amalgama de otras tantas que se sumaron en su configuración hasta forjar lo que hoy somos. Por lo tanto, no percibo que exista una razón fundada en realidades concretas y sí una negación que quiere borrar de “su” pasado lo que ya participó en esta integración de lo mexicano, que no se reduce al mero significado indígena que per se es parte del ingrediente que nos constituye.

   Que el 76% opinara sobre que los toros “no son un espectáculo sano”, me temo que esa respuesta bien pudo integrarse al porcentaje de la otra en la que refieren que, por el hecho de que “nunca ha asistido a un evento de este tipo”, no le da al encuestado ningún peso específico, puesto que el grupo elegido contestó sin tener conocimiento de causa y supongo que sólo respondieron ateniéndose a la mera percepción o una panorámica general, pero no el detalle de todo su contenido.

   Por tanto, me parece que 600 entrevistas pueden generar, como se generó, un resultado apenas perceptible, cuando el valor de hogares, por lo menos el que proporciona el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI, por sus siglas) nos dice que la población total en 2010 el D.F. era de 8,851,080 y que el valor en Hogares corresponde, para el mismo lugar y fecha a 2,388,534, así como que el total de viviendas particulares habitadas en 2010 era de 2,453,031.[2]

   Finalmente se menciona en dicha respuesta que Eduardo Garzón Sobrado “acaba de ingresar a la Academia de Geografía e Historia”, también puedo mencionarle a Elideth Fernández que mi ingreso a la Academia Mexicana de Geografía e Historia (Sección Historia), ocurrió el 13 de noviembre de 2000 con el tema: “Discurso historicista y humano de la tauromaquia”.

   En 2011 se presentó una iniciativa a la Asamblea Legislativa del Distrito Federal (ALDF) para prohibir las corridas de toros en la capital y se congeló. Actualmente acaba de pasar al pleno y va a votarse antes del 30 de abril, fecha en que termina la actual legislatura. Elideth Fernández Villegas es una de las más entusiastas activistas de Plataforma Meta (México Ético en el Trato con los Animales)

   En efecto, se pretende modificar al artículo 42 de la Ley para la Celebración de Espectáculos Públicos. Tal iniciativa data de 2009, propuesta por el polémico asambleísta Cristian Vargas (Partido Revolucionario Institucional) y de Norberto Ascencio Solís (del Partido Verde Ecologista de México). Ambos aducían que los toros son un espectáculo “indigno y éticamente inaceptable para quienes lo observan y quienes lo ejecutan”, durante el cual se explota una “falsa superioridad” por los toreros quienes “creen tener el derecho y potestad para disponer a su antojo de la vida de otros seres sensibles”.

   Como la iniciativa se “congeló”, no fue retomada sino hasta hace unas pocas semanas, para lo cual el asambleísta Carlos Flores Flores (del Partido Acción Nacional), uno de los que se abstuvieron de votar en la Comisión en que sí lo hicieron los diputados del Partido de la Revolución Democrática José Luis Muñoz Soria, Beatriz Roja y Víctor Varela, adujo en octubre del año pasado que la “iniciativa carecía de un estudio de impacto económico” por lo que pidió una discusión amplia para tomar en cuenta a quienes viven de dicha actividad.

   Por su parte, Gustavo Larios, presidente de la Asociación Mexicana por los Derechos de los Animales en alguna intervención al respecto, planteaba que luego de la prohibición ocurrida en Barcelona, las plazas ya cerradas se sustituyeron por centros comerciales, los cuales han generado más ingresos que antes.

   Desconozco en qué medida pueda ocurrir esa condición favorable en un país en el que los índices relacionados con bolsa de trabajo garanticen el mismo escenario, sobre todo con un representante de estado que se comprometió a convertirse en el “presidente del empleo”, y lo único que puede percibirse es un índice cada vez más restringido de esta legítima oportunidad entre muchos mexicanos.

   No puedo dejar de mencionar el cambio de postura que manifestó el diputado Cristian Vargas quien al paso de los días, llegó a afirmar que aunque “me considero un hombre seguidor y partidario de las libertades, y una ciudad como el Distrito Federal, que se considera capital de vanguardia, no debe coartar el derecho al trabajo y a la diversión de un sector de la población”. (Dicha decisión y/o afirmación fue presentada por el propio diputado el 16 de diciembre de 2009).

   Como se percibe hasta aquí, el tema tiene fuerte trasfondo político, el cual se intensifica en estos tiempos en que las campañas de los candidatos a la presidencia de la república van a toda marcha. Por lo tanto, las decisiones que puedan llegar a tomarse al respecto de esta medida, a favor o en contra, tendrán un profundo peso de cuya carga se liberará la propia medida tiempo más adelante, dejando ver lo oportuno o inoportuno de cualquier decisión tomada y ello podría tener (no lo estoy afirmado ni sentenciando) un enorme costo en el que la sociedad podría pasar factura. Eso es innegable.

   Ocho legisladores componen esta comisión –dice la coordinadora general de Plataforma Meta (colación de varias asociaciones), Elideth Fernández Villegas- cuatro son del PRD. Los del PAN y el PRI se abstuvieron de votar. Se va a votar en el pleno antes del 30 de abril, porque termina esta legislatura y esperamos que sea aprobada.

   Del contexto o escenario de las realidades, pasamos ahora sí a las preguntas.

   Pero en México, la fiesta brava es una tradición igual que la misa dominical.

   Al contrario, los toros han decaído y ya no hay aficionados.

   La pregunta de Elena Poniatowska confirma que se trata de una tradición. Sin embargo, la respuesta de Fernández Villegas en parte tiene razón y en parte no.

   Que los toros han decaído y ya no hay aficionados esta en verdad, es una afirmación que tiene sus propias razones al interior de la dinámica del espectáculo. En efecto, ya no hay aficionados porque las empresas, fundamentalmente las empresas no están organizando sus temporadas en función de ciertos elementos que consideramos como “tradicionales”: presencia del toro o del novillo en apego a lo que plantea (o recomienda la costumbre) un reglamento que la mayoría de las ocasiones no se respeta, y no se respeta por desapego de la autoridad que no quiere ponerse en su lugar. Esto también origina la ausencia de la autoridad de la autoridad, lo que permite que ciertos empresarios hagan lo que dicta su capricho, o sus intereses. Ello va en detrimento de la afición, misma que viéndose afectada en el más elemental de sus propósitos: acudir consuetudinariamente a cuanto festejo se organice, no lo hace, porque se siente engañada, afectada en sus sentimientos y porque sencillamente no se le está ofreciendo un buen espectáculo. Hace muchos años llegó a haber aficionados que reclamaban en estos términos: “¡Pagamos mucho. Seremos exigentes!”

    Independientemente de que los ganaderos se dediquen a sus labores en forma correcta. Al margen de que el “veedor” (enviado de la empresa que valora con meses o semanas de anticipación al comienzo de una temporada, la presencia de los toros en el campo), es el empresario quien no quiere apostar por buen espectáculo. No dudo que ofreciendo materia prima de calidad: toros o novillos con edad, y carteles atractivos ya de toreros de alternativa; ya de novilleros, lo demás se da por añadidura.

16 de abril de 2012.

 CONTINUARÁ.

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