EDITORIAL.

POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE.

   Retomo el asunto con la entrevista de Elena Poniatowska a Elideth Fernández Villegas.[1]

LOS TOROS TIENEN EL MISMO SISTEMA NERVIOSO QUE NOSOTROS, DICE ELIDETH FERNÁNDEZ VILLEGAS. POR: ELENA PONIATOWSKA.

   Pregunta Elena Poniatowska: ¿Es mentira que el toro de lidia sea bravo por naturaleza?

   La respuesta de Fernández Villegas fue como sigue: El toro es dócil. Las imágenes de Fadjen han dado la vuelta al mundo. Ambos se tiran en el pasto para demostrar que el toro, por naturaleza, no nació para embestir ni matar.

   Sin embargo, en las haciendas ganaderas, los toros están detrás de (las) alambradas y jamás se les ve en la calle de algún pueblo conviviendo con las personas como lo hacen los caballos, los burros, los perros, las gallinas.

   ¡Justificaciones hay muchas, pero no argumentos ni razones para considerar que los toros de lidia son bravos y su destino es morir en la plaza!

   Cesáreo Sanz Egaña planteaba en su clásica obra Historia y bravura del toro de lidia que

 (…) el toro representa a su vez un ejemplar admirable. Es animal doméstico, en cuanto admite la presencia del hombre y sigue sus órdenes; goza, sin embargo, de una vida salvaje pura. La zootecnia recurre a los métodos de selección que exaltan sus instintos e impulsos naturales, procurando rodearle de condiciones de ambiente favorables para conseguirle una máxima eficacia sin modificar la espontaneidad de su comportamiento. El toro de lidia es el único animal doméstico que conserva el dominio completo de sus actividades funcionales, de sus instintos primitivos, sin ninguna doma ni amansamiento. Animal criado para veinte minutos de espectáculo, llega a la plaza sin preparación y sin adiestramiento. Las observaciones psicológicas recogidas en el toro de lidia son reacciones naturales, espontáneas, en un ambiente natural cuando se exteriorizan en el campo, y en un medio experimental, en ambiente adverso, cuando se encuentra en la plaza.

    Y agrega poco más adelante:

   El toro como todos los animales ungulados[2] es un animal de tipo defensivo; su alimentación, exclusivamente herbívora, le libra de luchar para vivir; los vegetales no se mueven. Por eso los rumiantes, a cuyo género pertenece el toro, carece de garras, de colmillos, piezas para sujetar las presas, órganos para desgarrar las carnes, al modo de los carnívoros y fieras cuya vida exige matar.[3]

    Creo que no se podía encontrar mejor respuesta en una voz tan autorizada como la del especialista español.

   ¿La tradición?

   También era tradición sacar el corazón al enemigo en las guerras floridas.

    Y aquí detengo mi transcripción para objetar el hecho de que un ritual tan específico como el sacrificio humano sea visto, por ojos tan sensibles como los de Fernández Villegas como una tradición, lo que genera un equívoco en su interpretación. Me atengo nuevamente al DRAE para traer hasta aquí la primera de las acepciones:

Trasmisión de noticias, composiciones literarias, doctrinas, ritos, costumbres, etc., hecha de generación en generación.

   En efecto, si extraer el corazón al enemigo se pudo convertir en tradición ello no refleja el significado original que tuvo tal acontecimiento, que además representaba una forma de demostración del poderío por parte de cualquiera de las culturas prehispánicas que sometiera a otras en condiciones bélicas que las hubo, y muy cruentas, como es el caso de las “guerras floridas”.

   (…) A lo largo del tiempo, la cultura nos enseña a tener conciencia de las barbaridades que hacemos. Son muchas las tradiciones que el hombre necesita cambiar. Ninguno de los argumentos de los taurinos es aceptable. Sólo en algunos países existe la tauromaquia: España, México, Colombia, Portugal, Francia, Perú, Venezuela, cuatro de América Latina y tres de Europa.

   ¿Colombia?

   Medellín, Colombia, es de las ciudades más seguras para los animales; incluso los policías tienen una conciencia animal absoluta; no hay perros en la calle, hubo reconversión de los antirrábicos que ahora son centros de bienestar animal. Hay estudios criminológicos que comprueban que el matrato animal genera violencia social.

  Precisamente esa cultura de la que habla Edileth Fernández Villegas ha logrado permear en esa otra aculturación que nos permite entender lo que fuimos, somos y seremos en término de diversas sociedades que han habitado por ejemplo, este territorio específico llamado México, el cual, desde los tiempos en que registra la dinámica en el asentamiento y/o florecimiento de las culturas prehispánicas, así también hemos entendido la forma en que pretendieron dominar, y conquistar por consecuencia. Lo mismo pasó en el periodo de la conquista, y durante la etapa colonial, o los siglos en que México ya es visto y considerado como un estado-nación, y así hasta nuestros días.

   En parte tendría razón en decir que “ninguno de los argumentos de los taurinos es aceptable”. Lamentablemente en estos precisos momentos, salen a flote muchos lugares comunes y ya vemos, nuestra apuesta debe ir bien sustentada con los argumentos con que ellos, los contrarios esperarían para convencerlos de que los propios, los que tenemos los taurinos también tienen valor. Con su afirmación, perdemos. Si ella plantea que es sólo con cultura, cultura vamos a demostrarles no sólo en término de nuestra actitud respetuosa y tolerante, sino en tanto fundamentos y razones de peso que permitan el fiel de la balanza. Pero no sólo eso, sino que represente también una balanza en la que esos “argumentos” dignifiquen y justifiquen las razones de por qué defendemos la permanencia de la fiesta de los toros.

   Y así es. Hoy día, sólo ocho países siguen detentando en sus costumbres o tradiciones a la tauromaquia, y esos ocho países precisamente, y sus aficionados estamos haciendo defensa legítima, y estamos organizándonos y preparando los elementos de defensa para integrar un expediente, mismo que, en su debido momento será canalizado a la UNESCO, para solicitarle formalmente analice la petición de nuestra parte, para que la Tauromaquia sea considerada como patrimonio cultural inmaterial de la humanidad ya que, cumple con los ocho requisitos para tal propósito. La UNESCO exige 8 requisitos para declarar una actividad como Patrimonio Inmaterial de la Humanidad, de los cuales por lo menos uno tiene que cumplimentar un aspecto cultural.

   El caso de Colombia lamentablemente tiene que enfrentar en estos momentos situaciones políticas tirantes y extremas que también han tomado el asunto de los toros hasta convertirlo en mero botín de intereses, al grado de que la afición prácticamente ha quedado maniatada y con pocas posibilidades de movilización. Ahora bien, como dice la fotógrafa, en otro sentido, la presencia de perros en el escenario urbano ya casi desapareció, y esto se debe a una correcta política de control y saneamiento que permite percibir las calles desde otra perspectiva. No es el caso para México, donde al parecer sigue estando fuera de control la presencia de perros. Pero si la autoridad no se empeña en hacerlo no como campaña sino como sistema y además controlado, sucedería lo mismo que en Colombia o en cualquier otro país sensible a este tipo de situaciones.

   Y si hay estudios criminológicos que comprueban que el maltrato animal genera violencia social, sería razonable nos explicaran en qué segmento porcentual se encuentra la fiesta de los toros. El término “criminológico” per se es bastante radical, y etiqueta a cualquier sujeto, en este caso a una comunidad de aficionados, al hecho de que somos potencialmente criminales, y de que por el hecho de presenciar un espectáculo como el taurino se consuma en la generación de violencia social, en donde también nos convertimos en agentes que capitalizamos esa misma violencia. Aunque la siguiente declaración todavía es más extrema. Veamos.

   En México olvidamos fácilmente a San Francisco, nada de hermano lobo, hermano cordero…

   Un estudio de la FBI demuestra que casi todos los asesinos seriales maltrataron animales en la infancia. Eso no quiere decir que un niño que maltrata un animal se vuelva un asesino, pero sí es un punto rojo. En una familia donde hay un animal maltratado, siempre hay violencia intrafamiliar; la mujer es maltratada por el esposo y el niño acaba maltratando al perro, se desquita con él. Casi todos los criminales han maltratado animales.

   En casas de ricos, las mascotas suelen tener vida de reyes. Lo demuestran todos los artículos que se venden en las tiendas de autoservicio.

   No siempre, hay niños malcriados en todas partes. El niño malvado con los animales no le importa ver cómo sufren, se insensibiliza con el tiempo y se convierte en un delincuente, un criminal en potencia, está comprobado. El dominio sobre el débil siempre ha sido una fuente de violencia y no intervenir cuando se ve que un animal está sufriendo es una cobardía.

   Si lo anterior está comprobado científicamente, considero que es esta comunidad en la que participa activamente Fernández Villegas la encargada de diseminar entre la sociedad las formas de cultura para el trato de animales domésticos. Si la preocupación de su parte lleva a pensar que se presenta violencia intrafamiliar y no sólo terminan siendo blanco del atacante la esposa o los hijos, sino también él o los animales que habitan ese espacio, entonces el aspecto de cultura tendría mucho que ver, precisamente para que la ignorancia junto a las pasiones desatadas sean un punto a tratar entre los especialistas, y esa cultura permee entre adultos y luego entre los niños. Primero entre los atacantes, que de alguna forma entenderán la situación y luego entre los afectados que tendrán que pasar por un proceso de recuperación ante el daño ocasionado. Pero mucho cuidado, el planteamiento que formuló la fotógrafa sólo está enfocado, por ahora, en animales domésticos.

 18 de abril de 2012.

CONTINUARÁ.


[1] Solo recuerdo a mis lectores que los comentarios emitidos por este servidor, los haré haciendo uso de cursivas.

[2] DRAE. adj. Zool. Se dice del mamífero que tiene casco o pezuña.

[3] Cesáreo Sanz Egaña: HISTORIA Y BRAVURA DEL TORO DE LIDIA. Madrid, Espasa-Calpe, S.A., 1953. 207 p. (Colección Austral, 1283)., p. 43-6.

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