EDITORIAL.

POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE.

   Sobre la entrevista que Elena Poniatowska realizó a Edileth Fernández Villegas, que aquí concluye. Veamos.[1].

LOS TOROS TIENEN EL MISMO SISTEMA NERVIOSO QUE NOSOTROS, DICE ELIDETH FERNÁNDEZ VILLEGAS. POR: ELENA PONIATOWSKA.

   La fiesta brava… Hay quien dice que le dan oportunidad al toro de demostrar su bravura y le ofrecen una muerte gloriosa.

   Una de las recomendaciones que Hizo (Rudolph) Guiliani cuando vino, invitado por Marcelo Ebrard (sic; fue durante el gobierno de Andrés Manuel López Obrador), es que México pusiera atención al matrato animal. De ahí nació la Brigada de Protección Animal.

   ¡Y qué bueno que haya surgido con la visita del mismo Giuliani dicha brigada! ¿Pero fue necesario hasta ese momento tomar cartas en el asunto y cobrar conciencia sobre ese aspecto? ¿Por qué no antes? Por tanto, ¿había que tomar como modelo la recomendación de un norteamericano para que, bajo el principio que tiene ese país, fuese posible en el nuestro tal iniciativa?

   Sobre todo porque no sólo son los toros, también están todo un conjunto de animales domésticos cuyas vidas corren peligro, en mano de personas que a veces no cobran conciencia de tener, en su hogar un compañero, un ser animal que terminará adaptándose a esa forma de vida, que no es la suya, por supuesto, pero que se sujeta a tales principios o condiciones. Pero son tantos, y tantas las problemáticas que surgen en torno a ese tipo de razas, pero sobre todo de culturas para su conservación, que no alcanzaría a entenderse el problema si la gente común y corriente no entiende que contar con un animal en casa tiene un significado muy especial. Por eso, creo que ese tema en particular tiene suficientes elementos como para dedicarse a legislar en la materia, misma legislación con la que ya cuenta la fiesta de los toros, seres animales que en todo momento, salvo en el que ya se encuentran en el ruedo, son sujetos de esa protección a la que aducen, como desprotección quienes creen que sucede un atentado al quedar desprotegidos. Si no hacemos una lectura correcta de estos aspectos legales, el asunto se polariza. En ese sentido, las declaraciones del Lic. Julio Esponda son más que determinantes, al explicar –bajo el principio de la legalidad-, cuáles son esos derechos y deberes a que estamos sujetos nosotros, integrantes de una sociedad para su protección. Por lo tanto, sugiero a los interesados, a hacer una revisión del contenido del programa “Toros y Toreros” del lunes 16 de abril pasado,[2] en el que, apelando al derecho positivo mexicano, explicó con toda claridad esos otros significados que muchas veces, taurinos y no taurinos no entendemos, porque están sustentados a partir del derecho mismo, y no por la especulación ni tampoco por la mala interpretación que podría caber en términos de explicar y explicarse los elementos allí contenidos.

   María Félix, Dolores del Río, Silvia Pinal, Agustín Lara, Paco Malgesto, Renato Leduc eran fanáticos de los toros. Cuando entrevisté a Manuel Benítez El Cordobés, hace años, recuerdo haber visto a muchos niños aficionados.

   En algunos países no se acepta que entren niños a los toros. Sólo en México los niños ven este espectáculo.

   Si en otros países han limitado la entrada de los niños a una plaza de toros, esto significa el corte generacional que puede causar no solo brecha, sino un abismo hasta el punto en que se distancien y sean ajenos a una cultura que le es propia a la población de esos países, en cuya constitución histórica, social, religiosa, política o ideológica, por mencionar los términos de formación y consolidación de un estado en términos de sus creencias, estas podrían vulnerarse ante lo que casi representa un juicio sumario, alentando los principios ajenos y no los propios, condenando también a sus integrantes a alejarse del significado espiritual y cultural que ha significado la condición aglutinante de esas sociedades a lo largo de siglos de existir y convivir entre ese conjunto de ingredientes intangibles o inmateriales pero que son el conjunto de principios que le dan esencia a la forma de ser, pues han cargado con todos esos saberes que, indudablemente deben llegar a todos, incluyendo a los niños. Negarles, de alguna forma un pasado como forma de vida, es negarles el conocimiento, sin más.

   ¿En el box no entran niños?

   En el box, no sé si entren niños. Hay quien dice que también debería desaparecer el box, la lucha libre y otros espectáculos de violencia. En el box, dos personas deciden que quieren golpearse, en el caso del toro, la decisión es de uno contra el animal.

   En efecto, yo también desconozco si entran o no niños a una función de box. En cambio, véase y entiéndase la conmoción que pueden crear las luchas libres entre el sector infantil, y se entenderá de qué forma, los medios masivos de comunicación han trascendido entre los niños. Las transmisiones se encuentran en horarios permitidos y si no fuera así, las restricciones se harían notar de inmediato.

   Que en el caso del toro, la decisión es de uno contra el animal, no, en efecto no puede ser entendido en esos términos, puesto que al intervenir el matador con una espada y consumar el sacrificio y muerte, este no actúa en términos de cómo piensa Fernández Villegas o como piensan los contrarios. Esto implica la participación y materialización no sólo de un aspecto que podría verse aplicado con premeditación, alevosía y ventaja. Allí culmina la invocación a un estado, el más primitivo, el que demuestra cómo en la caza, como en los toros, la muerte sigue siendo demostrada como un sacrificio, o sea, como el vestigio deformado y ritual de un acto religioso ancestral, de un acto primigenio de la era del nacimiento de los humanos.

   ¿Cree usted que ver toros o luchas afecte el desarrollo del niño?

   El niño se insensibiliza. “Yo desde niño he ido a los toros y no soy violento –suele alegar el aficionado- el toro sufre 15 minutos porque tiene la piel muy gruesa”. No se da cuenta de que es insensible.

   Creo que Edileth Fernández Villegas tomó, para responder, el tópico o lugar común más obvio, como para descalificar nuevamente la opinión de los aficionados. Primero, el niño no es que se insensibilice, puesto que en su aprendizaje va entendiendo los significados de la vida. Otra cosa es que la parte tutoral de los padres entre en juego influyendo en sus decisiones, al punto de que se deforma el proceso cognitivo de o en su conciencia, quedando marcada la aceptación o repugnancia de por vida, lo que con los años va a definirse claramente hacia qué lado incline su gusto o rechazo; en este caso concreto, por todos los significados de la tauromaquia.

   ¿La protección de los animales?

   Si rechazamos los espectáculos violentos nos hacemos más sensibles con nosotros mismos.

   Espero que esa respuesta tenga la misma afirmación en cuanto el común denominador de la vida en estos momentos, es la violencia en general. Hemos llegado a tal grado de insensibilidad que la muerte ya no nos conmueve. Es terrible decirlo, pero en la forma en que están ocurriendo todos los casos en que la presencia de la muerte es un hecho, viene provocando un fenómeno de indolencia. En el caso de que la muerte de un toro pueda ser gloriosa, cumpliéndose así con el principio ritual a que está sujeta por contener ese ingrediente incómodo, pero inherente y propio desde el pasado mismo, esa misma carga de glorificación es celebrada en forma conmovedora por el público que presencia en la plaza tal circunstancia. Que los contrarios tomen como ejemplo –y es que los hay-, en que los toros son masacrados, no significa que este sea el común denominador de la corrida. Y si además, han tomado como suya esa misma escena, me parece inoportuna y tendenciosa la forma de hacer creer a los demás de que eso es el toreo y no otra cosa.

   ¿Cree usted que vaya a pasar la ley a favor de la abolición de las corridas de toros en la ciudad de México?

   Sí y además sería un parteaguas para proteger a otros animales, como los perros y los gatos. A veces sufren más los perros en las familias que los que son callejeros. Hace tres años, 35 mil familias en el D.F. decidieron llevar a su perro de compañía al antirrábico. Imagínate la formación de niños capaces de desprenderse de un ser vivo después de tenerlo tres, cuatro, cinco años. a muchos niños les regalan una mascota en Navidad y en marzo el abandono de cachorros latosos es impresionante. Los sacan a la calle y a las asociaciones ya no les cabe un animal más. Salvar cualquier animal es simbólico. Si se prohíben legalmente las corridas de toros va a haber más conciencia.

   El trabajo de agrupaciones en donde está integrada Edileth Fernández Villegas es descomunal. Podrían ser un verdadero referente en divulgar una cultura y una conciencia que represente el trato correcto de los animales a nivel doméstico. Primero entre los padres, que no tienen porqué satisfacer un gusto o un capricho, si luego las consecuencias pueden ser las del abandono. En ello tiene que haber unos significados en que se crea la responsabilidad, y aplican los derechos y los deberes que las personas tendrían que tener hacia y por los animales que estarán en casa, como un integrante más de la familia. Así, se obtendría un beneficio por añadidura: el que los niños ya educados, convivan correctamente, junto con sus padres, con esos animales y hasta se pueda crear un ámbito entrañable que signifique, entre otras cosas, el cuidado y la preservación. Suficiente trabajo tienen en eso. Lo de los toros se convierte en una expresión que va más allá de nuestras propias realidades. Es una representación cuyo peso específico, a lo largo de muchos siglos, ha adquirido y consolidado una cultura que, como tal, comparte sus andanzas, venturas y desventuras al lado de diversas sociedades a las que les queda claro que es un legado proveniente de otros tiempos y que se sigue integrando a usos y costumbres que nuestra modernidad y los tiempos que ahora corren, ya no corresponden porque es muestra de su evolución. Pero en la evolución caben también los principios de un pasado que cohabita en forma natural, se integra, en otra forma y con otro ritmo al pulso de estas sociedades que van al paso de lo que esa modernidad avasallante va dictando, queramos o no, como puede ser el caso de la globalización y todos sus efectos, por ejemplo.

   El colombiano Álvaro Múnera, quien fue torero y vive en Medellín, es de los principales defensores de animales. Por una cornada se quedó paralítico y cuenta cómo vio llorar al toro cuando él lo toreaba. “Yo ahorita valgo más que cuando era torero”

   En los Viveros se juntan jóvenes a torear. Llevan su capote, una carretilla con cuernos y practican. Supongo que ahora tendrán que torear ardillas.

   Un matador de toros es víctima de una cultura machista y de una masculinidad mal entendida, Elena.

   Y hasta aquí las declaraciones de Edileth Fernández Villegas, no sin antes referirme al hecho de que, en el caso particular de Álvaro Múnera se tomó un referente como de conversión entre alguien que primero se integró a los toros y que, a causa de un percance fue víctima directa, negándose ahora a su pasado. Al margen del ejemplo que tiene sus matices, el hecho es que tomarlo y decir por tanto que el toreo es así, o porque por el toreo ocurrió algo así, no es suficiente explicación, e incluso me parece vaga y poco obvia, si no se tienen claras las expresiones de que ese, además de ser un elemento aislado, no dan suficiente información para entender la dimensión infinitamente mayor que puede tener, desde diversas aristas, lo que comprendemos como fiesta de toros, como tauromaquia en la que no necesariamente debe pensarse que entonces surgimos o dependemos de una cultura “machista” para identificarnos como seres en los que incluso existe una masculinidad mal entendida.

   Y si se ha tratado de explicar (nunca para entrar en polémica o en provocaciones) todo lo anterior en términos de la cultura, nada mejor que reafirmar ese conocimiento, porque eso es cultura, se ha hecho haciendo ver a todo el conjunto de modos de vida y costumbres, conocimientos y grado de desarrollo artístico, científico (incluso industrial) en una época, grupo social, etc. Por lo tanto, esta es nuestra defensa hacia la cultura de los toros y apelo, como sé que todos los taurinos sabrán hacerlo, al principio elemental de la tolerancia, virtud de y entre humanos, para hacerles saber a quienes no comparten esta “cultura” que no alentamos en ningún momento la tortura como se cree desde la otra postura a la que respeto, pero con la que no comparto sus opiniones. En apego a la libertad de expresión, las anteriores han sido mis opiniones que nunca partieron de otra cosa que no fuera apelar a la cultura como el único medio posible para hacerlo. 

22 de abril de 2012.


[1] Recuerdo a mis lectores que los comentarios emitidos por este servidor, los haré haciendo uso de cursivas.

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