EDITORIAL. LA FIESTA EN TANTO ANACRÓNICA, ES MODERNA Y VITAL.

POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE.

   Ahora que tenemos puestos los ojos en la celebración de una versión más de la feria de San Isidro, en Madrid, pueden apreciarse entre otras cosas, lo bien que está organizada. Eso ya es un aliciente en medio de la tremenda crisis y recesión que enfrenta España en los actuales momentos, estado de cosas que afecta severamente la economía y el poder adquisitivos de los hispanos, quienes han sido víctima de contracciones, restricciones y demás vilezas, resultado de la brutal embestida de la globalización y todos sus efectos, en los que Grecia se convirtió en la primer gran víctima. Esperamos que un milagro de la economía sea el golpe de timón para ese deseado respiro, pues también México es otro país bajo los mismos síntomas, pero la resistencia puede agotarse en cualquier momento.

Llama la atención la presentación de este novillo, Melenitas, lidiado en cuarto lugar, la tarde del 14 de mayo de 2012 en la primera novillada de la feria de San Isidro, en la plaza de toros de Las Ventas. Perteneció a la ganadería de Fernando Peña. Fue anunciado como utrero. Llevaba marcado el número 131, con el guarismo 9. La nacencia presentaba el registro de octubre de 2008. Su pinta: un burraco, y 473 kilos de peso. Fue lidiado por la novillera Conchi Ríos. Foto: Juan Pelegrín.[1] Ejemplares de esta “catadura” pasan en México como toros.

   Pues bien, conforme avanzan los festejos, y si usted, amable lector o “navegante” ha podido acceder a más de un portal de internet, o a los blogs que son esas otras opciones complementarias de la información, cuya cobertura permite entender el desarrollo de esa sola feria desde diversas aristas, podrá comprobar que, en términos de ganado, hay excelentes presentaciones (aunque las apariencias engañan) y sólo, al final de las tardes que ya se han convertido en registro histórico, apenas se tiene un balance favorable en cuanto a las condiciones del juego en cada uno de esos toros.

   Apenas unas tardes atrás, me entristecía al admirar unos tendidos semivacíos, sobre todo en el festejo goyesco, lo cual, sin ser anuncio del escenario de la crisis, todo pareciera prestarse para ello. De igual forma, el conjunto que dio forma a la famosa feria de “San Marcos” en Aguascalientes, deja ver, en principio un cálido panorama, posibilidades y esperanzas de nuevos referentes y posicionamientos entre la torería nacional e internacional, así como el muestrario de ganaderías que ahora están circulando. Sin embargo, el común denominador fueron “toros” que nos dejaban ver esa falta de responsabilidad entre todas las partes que intervienen para conformar un serial de semejante envergadura. Los indultos también fueron esa otra forma de expresión en que, bajo engañosas situaciones y condiciones, dieron cauce a facilitar determinados intereses, mismos que en nada favorecen el futuro de la fiesta. De seguir así, bajo el mismo común denominador, sin buscar ni apostar por calidades en muchos sentidos, se darán condiciones nuevamente para que, entre otros argumentos, los contrarios vean y hagan notar estas debilidades. Ya sabemos que la fiesta en tanto anacrónica, es moderna y vital, pero requiere de unos elementos capaces de causar impactos, como suficiente razón para que llegue a surtir efecto entre las sociedades, y si a esos complejos elementos agregamos –por ejemplo-, la dinámica de las redes sociales es que ya no podemos sustraernos del ritmo que están estableciendo esas articuladas composiciones, capaces de integrarse en un todo, en forma vertical y sin posibilidad más que de unas pocas salidas. Es decir, los componentes de nuestra modernidad han puesto en juego o una calidad total o el despeñadero.

   Diversos patrones han generado escenarios en los que ya no es posible la apariencia, ni las medias tintas. Eso ya es cosa del pasado. Las nuevas condiciones del mercado que ha venido estableciendo la globalización ponen en entredicho a la fiesta de los toros, de ahí que sea necesario que quienes organizan y ofrecen un espectáculo de tal naturaleza, tengan que hacer un esfuerzo muy especial, pretendiendo la calidad, sin más. Esa calidad se soporta, como ya sabemos, en la presencia del toro o del novillo, según sea el caso. También es importante que los diestros actuantes se conviertan en una alternativa afortunada. El empresario que podría dar con ese resultado debe programarlos permanentemente, puesto que son creadores, hacedores y no simples forjadores de técnica o estética. En su quehacer les va la vida, y torear se convierte para ellos en el único espacio posible, que le viene tan semejante a un escritor cuando produce literatura y esta se difunde en diversas ediciones hasta convertirlo en referencia. En el momento en que los aficionados perciben esto, y se dan cuenta que no es ningún oasis engañoso, retornan a la plaza alentados nuevamente por la esperanza. Cuando eso sucede, otros sectores de interesados acuden a los toros y quieren convencerse de semejantes maravillas. Es allí cuando la fiesta taurina recupera sus valores.

   Tarea nada fácil, pero que puede tomarle a quien haga suyo el compromiso, retos y dificultades. El aquí y ahora ya no permite deficiencias, quien se atreva, está condenado a marginarse. El nuevo orden de ideas que ha venido estableciendo la modernidad, con sus virtudes y sus defectos ya han causado síntomas muy radicales. Por eso, si vemos a la tauromaquia como un producto, el consumidor determina si acepta o rechaza la calidad. En el proceso, la intervención de aquella estructura soportada por el factor mediático debe ser capaz de divulgar correcta y concretamente sus bondades, sus privilegios y ahora, en estos tiempos, sus lógicas razones para pervivir y convivir entre sociedades heterogéneas. Está visto que sus pareceres son tan vulnerables que en cuanto sucede un comportamiento que rompe con la cadena, esas mismas sociedades se integran y actúan en consecuencia. En los toros, la mencionada “cadena” se rompe permanentemente, de ahí que seamos muy cuidadosos en consolidarla, evitando con ello la intranquilidad. Si cualquier empresario taurino se encuentra dispuesto a ofrecer calidad, me parece que tiene a su alcance todos los elementos posibles para hacerlo. Pero antes, debe pensarlo dos veces. Si su apuesta es por la “libre”, no se le garantiza ningún porvenir. Acceder por el camino correcto, que es el más difícil, pero no imposible, nos permite entender hacia donde van sus pretensiones. Celebraremos, cuando esto sea lo más lógico, el momento en que esa labor se ponga en práctica, produciéndose, en consecuencia, unos resultados que habrán de convencer incluso a la más extremosa de las resistencias.

12 de mayo de 2012.


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