Archivo mensual: julio 2012

CURIOSIDADES TAURINAS DE ANTAÑO, EXHUMADAS HOGAÑO. BERNARDO GAVIÑO.

POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE.

 REMEMORANDO A BERNARDO GAVIÑO y RUEDA. A DOS SIGLOS DE SU NACIMIENTO. 1 de 31.

    A partir de hoy y hasta que termine el mes de agosto, dedicaré esta sección a recordar pasajes de la vida y obra de Bernardo Gaviño y Rueda quien, como ya sabemos, para el próximo 20 del mismo mes, se cumplirá el segundo centenario de su nacimiento, ocurrido en Puerto Real, Cádiz, España el 20 de agosto de 1812.

   Hasta hoy, no queda claro cuando llegó a nuestro país. Se manejan dos fechas: 1829 y 1831, pero en cuanto a registros de sus primeras actuaciones, se puede asegurar que el primero de ellos es el que nos presenta El Mosquito Mexicano, D.F., del 23 de septiembre de 1836, p. 2 y 3. Al respecto de una actuación de Bernardo Gaviño el 11 de septiembre y con toda seguridad en la Plaza Principal de toros de San Pablo, se dice lo siguiente:

    México setiembre 10 de 1836.-Sres. editores: ¿Han visto vds. el cartel de la corrida de toros para mañana? Pues ya habrán visto la singular, la inaudita, la jamás vista suerte que ofrece el torero Gaviño de presentarle al toro un relox en lugar de muleta para darle muerte, ¡qué inventiva tan particular! Qué suerte tan vistosa, tan divertida, tan filosófica, tan instructiva y tan propia de los ilustrados concurrentes del espectáculo a que se dedica. ¡Vaya, si no hay voces para alabarlo! Presentarle al toro el relox para que vea la hora en que va a morir, sí, debe causar un gusto universal, y al mismo tiempo el público podrá aprovecharse de la moralidad que encierra la valiente acción del sin igual torero, recordando que también ha de llegarse la última hora en que cada concurrente ha de acabar esta triste vida para ir a ver los toros que le esperan, al dar cuenta de las acciones de su vida.

El personaje de la imagen es José Delgado “Pepe Hillo”. Sin embargo, el modelo de la “hazaña” referida y cuestionada aquí, sirvió para que Bernardo Gaviño lo recreara en ruedos mexicanos, al menos en sus primeras actuaciones ya registradas.

    Pero hablando seriamente. Confieso a vds. Sres. editores, que no puedo ver con indiferencia esos carteles en que parece que sus autores tienen prurito en insultar al público mexicano, ofreciéndole como muy dignas de su expectación ilustrada, paparruchadas de tal tamaño. Vamos, que esto solo entre nosotros se tolera; pues aunque los concurrentes a semejantes boberías, bien dan a conocer aún están por conquistar, estos no son todo el público, y no es bien que a todos nos racen con un racero. Al ofrecerle como digna de atención una bobada como la del relox, y otras infinitas que ofrecen los toreros, no puede menos que ofenderse al público, juzgándolo tan necio que pueda tener por cosas dignas de admirarse, las que solo ofrecen la idea de compadecerse de la tontería de sus inventores, y de la audacia de estamparlas en carteles con grandes letras y pinturas alegóricas.

   Lo mismo digno de los empresarios del teatro de los gallos que nos ofrecen con la recomendación de ser digna de la ilustración de los espectadores las piezas como la degollación de los inocentes, el diablo predicador, el hijo pródigo, etc., etc. Que anuncien sus diversiones sin esos arremuecos insubstanciales, es el fin de este comunicado de su siempre afectísimo servidor.-Argos.

NOTA: Todos los datos que aparecerán desde hoy y hasta el 31 de agosto, proceden de mi libro “Bernardo Gaviño y Rueda: Español que en México hizo del toreo una expresión mestiza durante el siglo XIX” del que muy pronto espero dar noticias más concretas sobre su publicación.

1º de agosto de 2012.

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GLOSARIO y DICCIONARIO TAURINOS. XXVI.

POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE.

    Conforme avanza el tiempo, puede apreciarse que la labor emprendida por Julio Bonilla no fue una casualidad, mismo empeño que permite entender la trascendencia de este “diletante” de la pluma taurina, mismo que al cabo de los años, fue convirtiéndose en referente junto con Eduardo Noriega “Trespicos”, Pedro Pablo Rangel, Carlos M. López, Pedro González Morúa y otros de aquella época de fines del siglo XIX y comienzos del XX, tiempo suficiente que sirvió para preparar a varias legiones de buenos aficionados a los toros, mismos que comprendieron a la tauromaquia desde diversas perspectivas, superando así el estado primitivo en que se encontraban, por lo menos hasta el año de 1884, justo cuando surgió El Arte de la Lidia, primer publicación con ese propósito.

   En el Diccionario Taurino Mexicano, Bonilla siguió desarrollando desde una perspectiva eminentemente nacionalista, pero sin hacer menos toda la influencia española, el significado de una serie de términos que se apegaban a la más correcta de las definiciones que por aquellos años pretendían permear e ilustrar a dicha generación de aficionados en cierne. Lamentablemente el intento de dicho Diccionario no prosperó, primero porque era muy ambicioso. Segundo, por el hecho de que aunque sólo conozco la edición en papel de esta “Revista taurina y de Espectáculos” hasta su edición del 16 de octubre de 1887, tengo conocimiento de que al menos existen otros tres o cuatro volúmenes, mismos que han de comprender los años 1888 y hasta por lo menos 1891, año en que se registró una nueva prohibición a las corridas de toros, motivo suficiente como para desistir de una empresa editorial que no habría de redituarle a Bonilla Rivera más que dolores de cabeza y las pérdidas económicas consiguientes. Por lo tanto, hubo un repunte entre 1900 y 1901. Luego, para continuar con la labor de la “Agencia Taurina” de la que era responsable “Recortes”, este tuvo que distribuir sus informaciones a periódicos tales como: El Chisme, El Diario del Hogar, El Enano, El Imparcial, El Monitor Republicano, El Mundo, El Nacional, El Popular, El Toreo, La Iberia, México Taurino, El Demócrata, entre otros. Publicaciones cuyos lugares de edición fueron México y España.

Colección del autor.

   Pues bien, al seguirle los pasos a don Julio, y para lo cual realizo actualmente un trabajo de investigación,[1] no puedo omitir tan interesantes apreciaciones que hoy forman parte de este cuerpo temático: el del glosario y diccionario taurinos.

   Por lo tanto, en el Nº 15, año II, del domingo 11 de abril de 1886, y siguiendo con el tema de la definición del arte del que ya se daba cuenta en la colaboración pasada,[2] aquí continua la exposición.

   Las funciones de toros llevan ventaja a la música.

   Para justificar esta aseveración, creemos bastante aducir lo que respecto de este particular dice el Sr. Sánchez de Neira:

   ¡La música! dice: ¿Puede negarse la importancia que siempre ha tenido, y el puesto que hoy en el mundo ocupa el arte divino? Sería locura dudar de lo que es evidente; pero aunque parezca atrevida la pregunta, ¿la música por sí sola es o puede constituir un espectáculo que por espacio de dos, tres o cuatro horas, entretenga, divierta o entusiasme a cuatro mil o más personas sin cansarlas?

   Contéstese desapasionadamente, y la respuesta no es dudosa.

   No es posible tener quieta una gran muchedumbre tanto tiempo sin interrupción, sin hablar y mirándose unos a otros, por muy educado que tengan el oído a las fusas, corcheas y compases. Queremos conceder que algún notable aficionado, un profesor entusiasta, en ocasiones dadas, sienta excitada hasta tal punto su sensibilidad con los preciosos acordes que escuche, que se enajene de deleite, siquiera sea por poco tiempo; pero ¿sucederá otro tanto a la mayoría inmensa de los concurrentes?

   Con perdón de los filarmónicos, tenemos precisión de decir que no llegará a un diez por ciento el número de los que, pasada la primera media hora, presten atención a las notas musicales con preferencia a los ojos o a las galas de una mujer.

   La música es innegable que deleita como pocas cosas en el mundo; hasta dicen que produce éxtasis en muchas personas cuya sensibilidad es o debe ser muy exquisita. En cambio, otras seguramente se verán molestadas por el ruido de un piano, que tal vez les estorbe oír palabras de amor o promesas de empleos, y renegarán de ella. Cada uno tiene sus gustos, y no todas las ocasiones son oportunas para oír música. Es un arte que da gran realce a cualquier espectáculo no sólo tome parte el oído, sino también la vista, bien sea religioso, bien profano.

   De manera que la música cuando hace mejor papel es acompañada a otra cosa, a otro acto, a otra función, como a la ópera, al baile o a las corridas de toros. En éstas últimas, sin embargo, es donde juega más insignificante papel; está reducida a aumentar el ruido y la algazara, sin que nadie se cuide de las acordes notas que producen los bellísimos sonidos que dicen causan arrobamiento.

   Pero en la ópera, que es donde se ve lo sublime del arte, hay que alegrarse, entristecerse o sentir, como el autor del Spartito quiere que el auditorio sienta.

   Esto debe ser verdad, porque lo dicen muchos y no hay por qué negarlo. Pero afirman los antifilarmónicos, que no es verdad que la música conmueva las fibras del corazón humano, como aseguran sus apasionados, y para probarlo dicen: que se han visto muchas personas amantísimas del arte musical, inteligentes, profesores distinguidos, asistir a la audición de los mejores trozos de música de cuantos autores se conocen. Todos, absolutamente todos, prestando una atención extraordinaria, aguzando el oído, abstrayéndose de cuanto a su lado habría, abriendo los ojos desmesuradamente, encarnándose, digámoslo así, en la composición musical, cuyas melodías tristísimas, según ellos, debían conmoverlos. Notas dulcemente sensibles y tristemente penetrantes. Pero nada, ninguno lloraba. Más aún, lejos de verlos tristes, bajo la impresión de aquella sonata, o lo que fuere; al acabarse se les ha observado entusiasmados, eso sí, pero contentísimos y alegres. Luego la música hace en ellos el efecto contrario al que el autor se propuso.

   Podría decirse, que los secretos de la música no son para comprenderlos gente profana al arte. Perfectamente; y como la inmensa mayoría de los habitantes de todos los pueblos, no están educados para apreciar todas las bellezas de la música, y como en su audición no se goza más que relativamente y por poco rato, han de confesar los apasionados al arte musical que ésta no es bastante para entretener a un pueblo entero, y que como función pública, es necesario limitarla a corto número de espectadores, de esos que la entienden, al menos hasta que la educación musical cunda y se propague a todas las clases sociales. Estas se recrean más con las corridas de toros, no hay que dudarlo. Es más perceptible para ellas el encanto que les produce lo real y positivo, que lo figurado e ideal. Sienten y gozan con lo que a la vista tienen, y no se alimentan con ilusiones. Y tanto demuestran su sentimiento, que si en la corrida de toros hay una desgracia, el terror en unos, la pena en muchos y el disgusto en todos, se refleja inmediatamente. Porque en esto hay verdad; y en la música, si no se idealiza el oyente, si no se transporta a los espacios imaginarios, no experimentará nunca terror ni pena. En la música habrá mérito, pero hay ficción; y la comprensión humana instintivamente separa en el acto la verdad de la mentira.

   Así, aquellos para quienes la música es un entretenimiento al que fácilmente renuncian, afirman que no es verdad que el corazón sienta lo que dicen que quiere decir la composición musical, sino que es una cosa agradable en algunas ocasiones, sobre todo, no cuando se oye, sino cuando se escucha; que ni hace reír ni llorar, y de que se prescinde por mirar un traje las mujeres, o por hablar de éstas los hombres.

   En los toros, ¿se habla de otra cosa que de la lidia? Nada es más cierto. Ni los hombres, ni las mujeres, ni los niños piensan en otra cosa que en los múltiples accidentes de aquélla. Allí se olvidan todas las penas. La no interrupción del espectáculo contribuye mucha a esto, porque no permite que la imaginación se aparte un momento de lo que tiene a la vista y tan poderosamente la preocupa. Concedernos que deleita, agrada, gusta la buena música, que puede escucharse un rato sin que moleste; pero al mismo tiempo no podrá negársenos que la fiesta de toros tiene más de magnífica, ostentosa e interesante, que el mejor concierto de las mejores obras. Prueba de esto es que si éste se ejecutase en un lugar en que los oyentes no puedan lucir sus galas, ni entretenerse en conversación alguna amorosa o política, sería muy escaso el número de los concurrentes, lo cual ha demostrado la experiencia con amarga decepción para el arte de Orfeo. ¿Sucede esto con las corridas de toros? Hasta aquí el autor citado; y aun cuando creemos que lo expuesto es más que suficiente para la justificación de nuestro aserto, permítasenos agregar lo que le consta a todos los habitantes de la República, es decir, que en todos los Estados se dan corridas de toros, que en la capital se ha dado el caso de que en un solo día, 21 de marzo de 1886, se dieron corridas en el Huisachal, Tlalnepantla y Texcoco[3] y que lejos de disminuir la concurrencia, el entusiasmo, etc., etc., de día en día se multiplica de una manera prodigiosa. ¿Sucede lo mismo con la música? Para no fatigar más a nuestros lectores, los enviamos con la música a otra parte.

 Continuará.                                                                                                     J.M.B.


[1] José Francisco Coello Ugalde: Aportaciones Histórico-Taurinas Mexicanas Nº 101: “Julio Bonilla Rivera y El Arte de la Lidia. (Un guardado secreto de la prensa taurina en México. 1884-1909). Pertenece a la serie: Curiosidades Taurinas de antaño, exhumadas hogaño y otras notas de nuestros días Nº 47.

[3] Se refiere a los siguientes festejos: Plaza del Huisachal: Gran corrida para esta tarde. Ganado de Santín. Primer espada: Ponciano Díaz y Felícitos Mejías “El Veracruzano”.

Plaza de Texcoco: Gran corrida para esta tarde. Magnífica cuadrilla. Primer espada, Juan León El Mestizo. Nueva ganadería del Volcán.

Nueva plaza de Tlalnepantla: Quinta corrida. Ganado del Cazadero. José Machío y “Frasquito”.

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EFEMÉRIDES TAURINAS DEL SIGLO XX.

POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE.

 Esta efeméride ocurrió el 21 de junio de 1903.

 LOS TOROS EN CHAPULTEPEC. REAPARICIÓN DE “LA CHARRITA”.

    Para hoy anuncia la Empresa Fernández-Prieto, una corrida de toros mixta, la cual empezará a las tres y media de la tarde, en punto.

   Se lidiarán seis toros de la acreditada ganadería de San José Atlanga, que tan buen juego han estado dando en las corridas anteriores.

   Estoquearán José Marrero “Cheché” y Diego Rodríguez “Silverio Chico”.

   Dadas las simpatías que tiene (María Aguirre) “La Charrita”, es seguro que la plaza se verá llena de bote en bote. (El País, D.F., del 21 de junio de 1903, p. 2).

   Transcurrida la friolera de 109 años puede observarse en la integración de este cartel lo que se veía como una clara continuidad del siglo XIX con personajes cuya trayectoria comenzó al menos en la última década de este espacio secular. “Cheché” y “La Charrita” se habían casado tiempo atrás, luego de que María Aguirre había enviudado luego de la muerte de Timoteo Rodríguez, su primer marido, y también torero. En cuanto a Diego Rodríguez, su figura quijotesca seguramente daba un toque peculiar en sus actuaciones. En tanto, la plaza de toros de Chapultepec estaba convertida, en esos momentos, en la competidora directa de la plaza de toros “México” de la Piedad y por parte de quien redactó la nota, se apreciaba un escenario optimista con lleno de plaza garantizado.

   ¡Ay qué tiempos, señor don Simón…! que tanta falta hace un entusiasmo de ese tipo en nuestros días, mientras la desolación en la plaza “México”, la que se encuentra actualmente en la colonia Nochebuena, no da ni para calentar los ánimos.

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EFEMÉRIDES TAURINAS DECIMONÓNICAS.

POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE.

    Llama la atención en la presente efeméride que Toluca y su valle, fuesen consideradas en su momentos como “la Andalucía de México en cuanto al toreo”. Veamos qué nos comenta el “Corresponsal”, colaborador en EL DIARIO DEL HOGAR, D.F., del 19 de mayo de 1887, p. 3:

 CORRESPONDENCIA DE TOLUCA.

 Toluca, mayo 17 de 1887.-Sr. D. Filomeno Mata, director del “Diario del Hogar”.-México.

    Muy señor mío y respetable amigo:

   A reserva de hablar a vd. del Toluca político y social y de la brillantez con que fueron celebradas en la Capital del Estado de México y en todos sus distritos, principalmente en Tenancingo, las fiestas del aniversario del 5 de Mayo, en las cuales fiestas se realizaron importantes mejoras materiales, voy ahora a hablarle de un asunto en el cual todo México tiene la palabra, al menos el México taurófilo, pues nada menos que de corridas de toros se trata, por ser esta la diversión más popular en México y por creer este humilde corresponsal suyo que pueden los lectores de su ameno Diario leer con algún interés los detalles de la última función habida en esta tierra que puede considerarse como la más antigua y famosa ciudad taurófila de la República, pues en las haciendas y ganaderías del Estado en donde se cría y de dónde ha salido y sale el mejor ganado de lidia, y donde se han celebrado las más famosas corridas de toros, en cuyo sentido puede considerarse esta tierra como la Andalucía de México en cuanto al toreo.

   La fama de las corridas de Toluca, tan antigua como justificada, tanto por su bravo ganado como por sus picadores y toreros que en esta Plaza han lidiado, no ha sido desmentida en las últimas temporadas, creciendo cada vez más, como lo prueba el hecho de haberse contratado por las primeras plazas de México ganado de estas haciendas y el favor de que gozan las corridas de esta ciudad en el público de la Capital de la República, el cual llena los trenes de ferrocarril siempre que se anuncian corridas en esta plaza.

   El último domingo, mucho antes de comenzar la corrida en que iba a torear el tan arrojado como popular matador Juan León el Mestizo, que es el niño mimado de los toluqueños, la plaza estaba ya completamente llena de público de aquí y de esa Capital.

Recreación de alguna de las suertes practicada

Por Juan León El Mestizo.

    A las cuatro en punto y con buen tiempo y mucha animación se abrió al son del metal la puerta de los encapillados y salió el primero de ellos, que así como los demás, dieron oportunidad a Juan León de lucir su atrevido y limpio capeo. Pero donde el Mestizo lució su valor y sangre fría con las fieras, así como su arte, fue en el cuarto toro, al cual cambió de rodillas como sólo él lo hace, mereciendo una completa y espontánea ovación, justo premio a su valor y destreza.

   El público, entusiasmado, pidió que Juan cambiara con banderillas al mismo toro; accedió el diestro con la galantería que acostumbra con el soberano público, y tomando los palos ejecutó la suerte pedida, con gran limpieza, plantando los palos en el morrillo como lo manda el arte. Los aplausos se prolongaron con mucho entusiasmo.

   Al salir el quinto toro, el público pidió al Mestizo que hiciera el cambio, y accediendo nuevamente el valiente diestro, ejecutó otro magnífico cambio de rodillas, dejando completamente satisfecho y contento al público. Pero aún hizo más el Mestizo, pues de los muchos sombreros que le arrojaron al redondel tomó dos charros, y empuñándolos como para parear al toro, citó al bicho cambiándolo y marcando con los charros sombreros la posa de banderillas hasta llegar al morrillo. Hablar de la nueva ovación sería de sobra.

   En los dos toros que mató Juan León, dio al primero dos pinchazos y una estocada en su sitio, y al segundo lo despachó de un superior metisaca, cayendo muerto el toro a sus pies. Entonces fue la gran ovación, y el Himno patriótico mexicano resonó en honor del bravo torero, que debe haber quedado satisfecho con el éxito que alcanzó en toda la corrida, una de las mejores que aquí se han dado por su cuadrilla.

   Sabemos que el Mestizo va a torear próximamente en Puebla con el Habanero, por lo cual felicitamos a los zaragozanos. El Corresponsal.

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EFEMÉRIDES TAURINAS NOVOHISPANAS.

POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE.

    Regresa por aquí, con nuevas notas el cronista exclusivo de esta casa, don Antonio de Robles quien deja apuntes de lo apreciado durante 1701 en su Diario de Sucesos Notables:

 -Fiesta en Santiago Tlatelolco. Asistió el virrey (16 de enero).

-Pregón de luto por el rey Carlos II (16 de marzo).

-Tarasca nueva de siete cabezas que anduvo dentro de la Catedral (26 de mayo).

-Auto en el Santo Oficio (22 de julio).

-Toros por el virreinato del señor arzobispo en la plazuela de San Diego (13-15 de diciembre).

    Ahora bien, ese mismo año sucedieron otras tantas celebraciones, de las que comparto con ustedes sus diversos títulos y contenidoses. Por ejemplo, es hora de atender los esquemas poéticos como el de los Vuelos de la Imperial Águila Tezcucana, 1701, (…) descríbelos, con una pluma de la sobredicha Águila de su patrio nido, José de Isla: 

Jura de D. Felipe V, en Texcoco, 1701.

 (Del Cortejo y el Tocotín)

 En un Melado bruto, en encarnada

silla de fondo carmesí lucido,

con hebillaje y clavazón dorada,

jaez amarillo y encarnado unido,

Juan de Vergara lleva en agraciada

color roja los cabos del vestido,

a que la plata dio bordadas haldas,

y el cintillo y la joya de esmeraldas…

 

Francisco de Bañuelos, una Aurora

por joya lleva, de oro en esplendores;

filigrana el cintillo le labora,

y en blanco, negros cabos superiores;

una trenza Morisca le mejora

a la Jineta silla las labores;

aderezos que viste su cuidado

a un veloz Alazán, bruto Tostado.

 

Juan Pérez, de diamantes una Rosa

por joya de su pecho va luciendo,

con el cintillo igual; tela costosa

cabos de encaje blanco guarneciendo;

de plata sobre azul, silla vistosa,

brida, luz Milanesa repartiendo;

y da de movimiento a un Moro bello

morisca trenza, que le adorna el cuello…[1]

   La anterior expresión de octavas nos lleva de seguro a un juego de cañas o al alanceamiento de toros, o a la danza de moros y cristianos, que es un producto de la época medieval. Su origen puede precisarse, temporal y geográficamente, alrededor del siglo XII en alguna parte del oriente de España, posiblemente Aragón, ya libre de la dominación sarracena. El combate fingido, antecedente formal de la danza de moros y cristianos, es uno de los temas más antiguos de la historia de la danza en Occidente. Y por tanto, la danza de moros y cristianos fue seleccionada como parte de la cultura de la conquista. No lo fue por ser anónima ni por típica, sino porque desempeñaba un papel en el proceso de la conquista.

   Pero –aun sin ditirambos-, resultan deleitosos, y miliunanochescos en su pueblerino teatro “Imperial”, sus gallardos jinetes, rigiendo sus “melados” o “alazanes”, con sus galas verdes y oro o plata y azul, fúlgidas de diamantes o esmeraldas.

Del mismo autor y del mismo año 

El Alférez Real.

 El Pegaso corrido

vuele veloz, pues queda deslucido

y su color nevado

de más cándida piel se ve burlado,

cuando Alpe se previene

aquél en que el Real Alférez viene:

¿con qué brío, qué gala, qué donaire

huella ligero, no la tierra, el aire!

A la Brida ensillado

de verde tela está, clavo pasado,

de oro a flores lucida

y de los mismos fluecos guarnecida;

a que le dio el cuidado

freno, estribera, hebillas de oro ahumado

jaez sobre espumilla

pajiza, verdes flores de bandilla;

y en la frente a los vientos arboladas,

un penacho de plumas encarnadas…

…de teletón vestido,

por de color de Príncipe escogido,

costosamente brilla

a la Española gala de golilla

que sobrepone hermosa

realzada de Milán franja curiosa,

a que dio peregrina

la hechura de fino oro y plata fina.

Al desgaire la capa

al brazo asida, casi nada tapa,

y en nevado decoro

los cabos le releva plata y oro.

Es la joya una Rosa

y de diamantes Flor de Lis costosa,

que sobre el noble pecho pone ufano

el signo de Filipo soberano;

y el cintillo no escaso

de esmeraldas ajusta con un lazo,

que da al sombrero francos

vuelos al aire, con penachos blancos…

…doradas las espuelas

son, del nevado Mar, no remos, velas;

y un espadín aseado

sobre plata también lleva dorado;

y en Armas de Castilla y de León muestra,

cogido el Real Pendón con mano diestra…[2]

El Pegaso (el caballo blanco)[3] del Alférez, se compara a un Alpe (a un picacho nevado), y luego (por su color, y la agitación, y las espumas con que tascaría el freno) a un nevado Mar… Y notar la rima de escaso y lazo… –la narración de la Jura, culmina con las salvas y regocijos, en que hay buenos rasgos:

 El Alférez Real fauces desata

en monedas que son lenguas de plata…

    De 1701 son las siguientes publicaciones:

 1701. Montoya y Cárdenas, Ambrosio Francisco: Diseño festivo del amor. Obstentativa muestra de la lealtad, acclamacion alegre Con que la muy noble, Augufta Imperial Ciudad de la Puebla de los Ángeles en el dia diez de Abril del año de 1701. Juro por fu Rey, y Señor natural al Invinctiffimo Señor D. Phelipe V. de efte nombre, Monarcha Supremo de dos Mundos. Que efcrivia D. (…) Clérigo Presbytero defte Obifpado de la Puebla. Impresso: En la Puebla, poa (sic) los Herederos del Capitan Juan de Villa Real, en el Portal de las flores.[4]

1701. Amescua (Miguel de): RAMILLETE Compuefto de las mas hermofas fragantes flores, que en varias y diverfas eftaciones de tiempos llevó la antigüedad en fus mas floridos Heroes, Y EN NVESTRO TIEMPO En el Parayfo de Efpaña, y en los huertos de las Indias fe juntaron EN LAS ROSAS DE CASTILLA, Y FLORES DE LIS, QUE FORMAN La Amenifsima Persona, y Floridifsima Mageftad del Fuavifsimo Señor Rey de Europa, y Emperador de la America D. PHILIPO QUINTO, (QUE DIOS GUARDE) A quien con Real aparato y fumptuosa pompa el Lunes 25 de Iulio de efte año de 1701, aclamó por Rey en nombre de todo efte Reyno, Don Ivan Baptista Pandvro nuevamente electo por Alferes Real, con assistencia de la Real Audiencia, y Cavildos Ecclefiaftico, y Secular. Y autorifado del muy illuftre Señor DOR. DON ALONSO DE CEVALLOS Y VILLAFUTIERRE del Orden de Alcantara del Confejo de fu Mageftad, Fifcal que fue del Tribunal del Santo Oficio de la Inquifision de la Nueva Efpaña, Governador actual defte Reyno de la Nueva Galicia, y Prefidente de la Real Audiencia que en él refide. Sacada a Luz Por el Capitán DON MIGUEL DE AMESQUA Tehforero de la Santa Cruzada, quien por fi, y en nombre de etta Ciudad de Guadalaxara la dedica, y confagra como á fu dueño, y Señor A la Sacra Catholica, y Real Mageftad del Rey nueftro Señor. Con licencia: en México por los Herederos de la Viuda de Francifco Rodríguez Lupercio, en la puente de Palacio. Año de 1701.[5]

 1701. MENDIETA REBOLLO (Gabriel): SVMPTUSO, Festivo Real Aparato, en que explica su lealtad la fiempre Noble, Illuftre Imperial, y Regia Ciudad de México, Metropoli de la America y Corte de fu Nueva-Efpaña. En la Aclamación del Mvy Alto, Mvy Poderoso, Mvy Soberano Principe. D. PHELIPE V su catholico dveño. Rey de las Españas. Emperador de las Indias (que Dios Guarde, quanto la Criftiandad ha menefter) Execvtada Lunes quatro de abril del año de 1701. Por D. Migvel de Cvevas Davalos y Lvna, Alferez Mayor en Turno Annual de México; Assistida de Sv Real Audiencia, y Tribunales. Auytorizada por el Exmo. Sr. D. Joseph Sarmiento Valladares, Cavallero del Orden de Santiago, Conde de Moctezuma y de Tula, Visconde de Ylucan, Señor de Monte-Rozano de la Pefa, Alguacil Mayor, propietario de la Inquificion Mexicana, Virrey, Governador, y Capitan General de la Nueva-Efpaña, y Prefidente de fu Real Audiencia. Escriviala Don Gabriel de Mendieta, Revollo, Hijo de efta Imperial Ciudad de México, y Efcrivano Mayor de fu Ayuntamiento. Impreso, en México, en la imprenta de Juan Joseph Guillena Carrafvofo. Año de 1701.[6] Citado en: ROMERO DE TERREROS, Manuel (C. De las Reales Academias Española, de la Historia y de Bellas Artes de San Fernando).[7]

 1701. Festivo y Real Aparato, conque explicó su lealtad, la muy Noble e Ilustre Ciudad de Pátzcuaro, Provincia de Michoacán, en la aclamación de la Católica Majestad de Felipe V, Rey de las Españas y de las Indias, que Dios guarde, como la Cristiandad ha menester, ejecutada el jueves 5 de mayo de 1701, por el Regidor, Don Antonio de Cabrera que hizo el oficio de Alférez Mayor, por Superior Secreto del Real Acuerdo, que dio la facultad al Ilustre Cabildo de esta Ciudad en caso de legítimo impedimento del Alférez Mayor de esta Ciudad que lo es Don Miguel de Peredo, Caballero de Orden de Calatrava. En Archivo General de Indias (Sevilla, España). Sección Audiencia de México, legajo 1116, Índice de cédulas que se hallan en los libros de Cámara de 1670 a 1719, folio 376.[8]

 1701. Noticia de la Real acclamacion, que debió hazer, é hizo la muy noble, y muy leal Ciudad de los Ángeles en la Jura de la Cesarea, y Cathólica Magestad del Señor D. Philipo V. Rey de ambas Españas.[9]

   Relación de las fiestas con que la ciudad del puerto de la Veracruz aclamó por su rey al señor don Felipe V, Puebla, 1701, y cuya fecha es tenida por lo menos hasta hoy, como la más antigua de las que corresponden a obras históricas veracruzanas, impresas en su tiempo. Aunque este documento no se ha podido localizar, JOAQUÍN DÍAZ MERCADO cita en su Bibliografía del Estado de Veracruz, México, 1937, p. 319, la referencia que, a su vez, hace de aquella obra ANTONIO RODRÍGUEZ DE LEÓN PINELO en su epítome, T. II, Col. 857, con el nombre de Carta de la Veracruz, en que se contienen las fiestas, i aclamación del Rei N. S., Don Felipe V, debiendo advertirse que en este último dato se asienta como fecha de publicación la de 1601, la cual se supone equivocada ya que el rey Felipe V ascendió al trono en el año de 1700.[10]

Reales preceptos ejecutados en Acreditadas observaciones de afectos, con que la muy Noble, Insigne, y Leal Ciudad de Tlaxcala manifestó desempeñó, assí en los sentimientos por la falta de nuestro Rey, y Señor DON CARLOS SEGUNDO de gloriosa memoria, como en el crecido júbilo a la Jura de la católica Magestad de nuestro Rey, y Señor DON PHELIPPE QUINTO, Que Dios guarde. Celebrada El Primero día de Mayo de este año de 1701. al cuydadoso desvelo del Capitán y Sargento mayor D. MARTÍN DE HERRERA Y SOTO MAYOR. Gobernador y Theniente de Capitán General de dicha Ciudad y Provincia por su Magestad A quien El capitán ANTONIO CARLOS DE CASTAÑEDA, originario de ella D.C.O. Impreso: En la Puebla en la Imprenta de los Herederos de el Capitán Juan de Villa-Real, en el Portal de las Flores.[11]

   Noticia de la Real acclamación, que debió hazer e hizo la muy noble y muy leal Ciudad de los Angeles en la Jura de la Cesarea y Catholica Magestad del Señor D. Philipo V, Rey de ambas Españas, el día nuebe y diez de Abril de este año de 1701, siendo Alférez Mayor el Señor D. Bartolomé Antonio Joseph Ortíz de Casqueta, Cavallero del Orden de Santiago, Marqués de Altamira [13 hojas sin foliar y adornos tipográficos]. Texto publicado por José Toribio Medina en Adiciones a la Imprenta de la Puebla de los Ángeles, 1640-1821, Santiago de Chile, 1908, t. III, pp. 91-97 [Reprint series of J. T. Medina’s bibliographical works, Amsterdam, 1965].[12]

 Puebla de los Ángeles

    “Quejosa y con razón quedara nuestra república si la región del olvido sepultara la Real acclamación que hizo el año de 1701 ala Cathólica y Cesarea Magestad de N. Señor Philipo V (que Dios guarde) pues haviendo recevido la Cédula de su Magestad de la Señora Reyna y Governadores, combocó el Sr. D. Juan Joseph de Veytia Linaje, Caballero del Orden de Santiago, Contador mayor del Tribunal y Real Audiencia de quentas de esta Nueva España a los Regidores desta Ciudad que juntos el día veinte y siete de Marzo en la capitular sala de la Real Cédula se le hizo notoria al Señor D. Bartholomé Antonio Joseph Ortíz de Casqueta, Cavallero del Orden de Santiago, Marqués de Altamira, Alférez mayor de esta Ciudad, a cuyo exercicio pertenece privativamente la función, [y] respondió estaba promta a hazer luego función tan grave sin admitir, como no admitió, la ayuda de costa que le ofrecía la Ciudad.

   Y designó Comissarios del mismo concurso de sus Capitulares. Fueron los primeros los dos Alcaldes Ordinarios, General D. García Fernández de Córdova Coronel y Benavides, Cavallero del Orden de Calatraba, el Dr. D. Diego de la Veguilla Chávez y Sandoval, Abogado de la Real Audiencia de México y dos Regidores, que lo fueron, D. Miguel Vázquez Mellado y D. Joseph de Urosa y Bárcena, a cuya diligencia se encomendó el combite de los Cavalleros no dexando la providencia desta Ciudad de nombrar otros dos Comissarios del cuerpo del mismo Cavildo, que lo fueron los Regidores D. Domingo de Ladeheza Verástegui y D. Antonio de Ribas y Servantes para que su cuydado desfogase el efecto que se precia tener a su Señor y Rey esta muy leal Ciudad en las imbenciones de fuegos.

   En consecución de lo dispuesto el día siete de Abril los dos Alcaldes Ordinarios, y los dos Regidores Diputados salieron por las calles acostumbradas, y al son de tímpanos, atambores, clarines y demás músicos instrumentos que se acostumbran en pregones Reales, notificaron en todas las esquinas el que el día nuebe y diez de Abril adornasen las calles con tapices y banderolas, y entrambas noches ocupassen las calles con luminarias y ensendiessen hachas en los balcones.

   Amaneció más temprano que nunca el día Sábado, porque aun antes que saliesse la Aurora ya havía dispertado a sus vezinos con la diversidad de acordes instrumentos que se oían con agradable concorde disonancia por todas las calles y azoteas. Entróse el Sol por la casa del Señor Marqués, que estuvo abierta desde antes del Alva, dando franca entrada todos estos tres días a diversidad de personas que venían a mirar y admirar lo bien compuesto de sus piezas. Túvose por milagro que el Sol no se parara a ver lo bien compuesto que estaba la casa por defuera con los gallardetes y banderolas, tapices y colgaduras, que llenaron sus azoteas, puertas y balcones; mas juzgó la discreción que el haver proseguido en su carrera la luz fue por entrarse en las salas del Señor Marqués pues siendo tantas las piezas que componen aquella gran casa, que es de las mayores que tiene esta Ciudad entre sus primorosos edificios, estaban todas ricamente aderesadas con tapices y colgaduras, sin que desde la escalera hasta la última sala diessen las telas ricas que encubrían las paredes lugar a otra cosa que a la admiración que ponderava las colgaduras, que alabava las finas alfombras que se estendieron por los corredores y por las salas y las piezas pendían llenas de cera de Venecia, tan costosa como inucitada. Mas donde se parara el Sol y se espantó la curiosidad fue en la principal sala, no por la espejería que como a todas las demás le adornaba, sino porque en ella estaba colocado el sitial de damasco carmesí con fluecos de oro fino levantado tres gradas en alto a quien le servía de alfombra una colgadura del riquíssimo brocato de oro y terciopelo, que fue presea estimada de nuestro Señor Philipo IIII (que Dios aya). En el medio del trono estaba una silla de tercipelo carmesí con clavos y remates de oro fino, superior a ésta el Retrato a el vivo de nuestro Philipo V (que Dios guarde) a su lado siniestro el Pendón Real con que esta muy noble Ciudad hizo las acclamaciones y juras del Señor Emperador Carlos V y demás Reyes succesores.

   Llegó el feliz día que debe señalar con piedra blanca la Puebla, en sus azoteas y balcones, ventanas y portales, tablados y lonjas, no se encontraba aun muy temprano lugar, aunque a fuerza de reales lo quisiesse contrastar el interés, pues aun el largo espacio de la plaza (que es ancha y hermosa), le ocupó de tal suerte la plebe que ni el rigor de los ministros pudo desalojarlos de sus puestos, en cuyo medio se levantó un tablado de cinco baras en alto, diez de longitud y de latitud ocho, con gradas hermosas y barandas todas de oro y azul retocadas, superior a este otro en segundo asenso de bara de alto y dos de ancho, en cuyo medio se obstentaba un sitial magestuoso carmesí con fluecos de oro fino en él colgada la efigie de nuestro Señor Philipo V debajo de cortina, cuyo pavimento desde lo inferior del tablado hasta el asiento del trono se advertía alfombrado con coladuras de seda quanto pudo buscar la curiosidad y exagerar la estimación. En el superior asiento a los lados del trono magestuoso se encontraban veinte y cuatro sillas de fondo carmesí y clavasón dorada. Y quando divertida la multitud en ponderar con sus confusos rumores tanta Magestad, magnificencia tanta, les llevaron los ojos y las atenciones las compañías de el vatallón que empezaron a entrar con tanta diversidad de galas, con tanta hermosura de plumas, con tanta variedad de colores, que tendidas en la plaza, juzgó el menos advertido que o havía ídose en espíritu a los Pensiles de Chipre, o se havían pasado a la plaza de la Puebla las hermosuras de los Eliseos campos, y con razón, porque en una multitud de más de seiscientos hombres que entraron de marcha, ni huvo gala que no fuesse rica, ni persona que no fuera bizarra. Alabando estaban lo galante de la soldadesca y lleno de las compañías, quando las chirimías y tambores, tímpanos y clarines, dulzaynas y otros instrumentos dieron a entender que ya salían de Palacio, para ir por el Real Pendón, los Cavalleros y la muy noble Ciudad, debajo de sus Maceros, que llegó en forma a la casa del Señor Marqués de Altamira, y entrando en la principal sala destocada toda, hizo profunda reverencia al Retrato de la Magestad Cathólica, de cuyo sitial cogió el Señor Marqués, Alférez mayor, el Pendón Real, que puso al lado derecho del Señor Alcalde mayor, montando a caballo empezaron a caminar para la plaza en esta forma:

   Ivan los ministriles y atambores vestidos con gualdrapas de el mismo género, flueco de oro y plata, seguíanse los Maceros con la misma gala, y Reyes de armas con vestiduras de terciopelo encarnado, sobrebordadas las armas de nuestro Cathólico Monarcha y las de esta Ciudad nobilíssima. Seguíanle las güellas sesenta y dos Cavalleros vestidos de negro con joyas al pecho, cadenas al cuello, cintillos y penachos en los sombreros, jaeses y aderezos de diversas telas y realzadas de sedas, todos con lacayos en copioso número cuya vizarría y gala no sólo competía, sino que excedía mucho a la de los Señores y Caballeros. En el lugar último, al lado dercho del Señor Alcalde Mayor, que iva vestido de terciopelo labrado con una venera de diamantes pendiente, cintillo y joya de la misma preciosidad en el sombrero.

   Ocupaba su diestro lado el Señor Marqués de Altamira, Alférez mayor, llevando en la mano el Pendón Real, vestido de tela encarnada color de fuego, lleno todo de encajes lenseados, capa de gorgorán forrada toda en la misma tela, mangas de la tela misma con los encajes llenas todas de diamantes hermosos, la bota de rodillera con cañones de los mismos encajes y espuela dorada. Y quando guzgaron que no havía más que ver, ni que esperar, dieron los ojos en un golpe de brillos que despedían ocho lazos de diamantes que el principal de ellos cogía todo el pecho corriendo con disminución su fábrica hasta llegar a la cintura, en donde quedaba pendiente la venera. A esta bizarría, a esta gala, a esta magestad, a esta pompa, assistían veinte lacayos vestidos de paños de Inglaterra verde de primera suerte con forro y franjas de terciopelo verde y amarillo con fluecos de seda de los mismos colores, chupas de tela encarnada, espadines dorados y penachos de pluma fina. De esta manera caminaba el Señor Marqués llevando por detrás un forlón, tiro largo de cuatro brutos. Era la fábrica del forlón vestida de tercipelo verde amarillo por dentro y por fuera, con fluecos de seda de los mismos colores, maderas, clavasón y herramientas doradas. Le acompañaba la estufa del Señor Alcalde mayor con cuatro vidrieras, forrada de terciopelo encarnado y blanco, con un valiente tiro que sólo competía consigo propio. Y si [a] sus huellas seguía tanta riqueza, sus personas se llevaban los ojos de los que más distantes les iban contemplando los movimientos; hasta que llegando el passeo al tablado, desmontaron todos los de brutos y subiendo a lo alto, el Regimiento ocupando las sillas que estaban en el segundo asenso colocando debajo del sitial el Señor Marqués el Real Pendón, sentado a la diestra del dicho Señor Alcalde mayor y sentada de la misma manera toda la Ciudad, mandó el Señor Marqués a los Reyes de Armas que assistían en las esquinas del inferior tablado dixesen al pueblo en voz alta: Oyd, Oyd, Oyd, Silencio, Silencio, Silencio y por tres vezes dicho, bajó al medio del tablado inferior e hizo la primera acclamación de modo que la percibió todo el pueblo exaltando el Pendón Real dixo en esta forma: Castilla y Nueva España, por el Rey nuestro D. Phelipe V de este nombre, que Dios guarde muchos años. A voces tan deseadas de los nobles y plebeyos, repondió el pueblo con rumor festivo: Viva, Viva, Viva, e hizo eco la infantería con carga cerrada abatiendo las banderas. A cuyo movimiento soltó la Catedral sus esquilas, dando un solemne repique que duró toda la tarde. Pasó al lado diestro del tablado el Señor Marqués, a donde hizo en la misma forma la acclamación, exaltando el Pendón Real. De allí fue al lado siniestro, donde hizo la tercera acclamación y exaltación del Pendón Real del mismo modo, correspondiéndole la vocería del pueblo y la infantería con sus armas. Subióse al trono, donde colocando el Pendón Real en signo de posesión debajo del sitial, cogió su aiento y entonces se empezó a demostrar más gallardo, pues quando el pueblo estaba acclamando a su Príncipe soberano, y ponderando la circunstancia de ser la primera jura que Señor de Título hazía en este Reyno. Entonces se levantó de una silla que ocupaba en el tablado bajo D. Joseph Nicolás Antonio de Cazqueta, primogénito y heredero de el Señor Marqués de Altamira, que en el passeo salió tan galán como bizarro, cortándole el vestido el terciopelo negro con encajes lenceados, mangas de tela azul con los mismos encajes, joya de esmeraldas en el pecho, cadena de oro al cuello, cintillo de esmeraldas y joya en el sombrero, cavallo obscuro, silla de tela azul con fluecos de plata, jaéz de ricas ligas de colores y encajes blancos. Acompañabánle seis lacayos vestidos de paño de Inglaterra verde de primera fuerte con forros y franjas de terciopelo verde y amarillo, fluecos de los mismos colores, chupas de tela encarnada, espadines dorados y penachos de pluma fina. A quien administrándole una fuente de plata curiosamente sincelada, en cuyo fondo estaban gravadas las armas del Señor Marqués con más de ocho marcos de plata de peso, un gentilhombre le ofreció en ella diversidad de monedas que importarían más de quinientos pesos, que tirándolas al pueblo causó el rumor de la muchedumbre que cuando estaba más ofuscada en coger la moneda, vido que no sólo a ella se estendía la magnificencia quando la daba, sino que tirando también la fuente, se echó el resto a la bizarría. Esto se miraba y se hazía en el un lado del tablado, quando en el otro (por orden de dicho Señor Marqués de Altamira) estaba en el exercicio propio D. Juan Gómez Vasconcelos y Luna, primogénito del Señor Marqués de Monserrate, que salió en dicho passeo vestido de rico terciopelo con guarnición de oro y plata, mangas de tela encarnada con su guarnición misma, joya de diamantes en el sombrero, cavallo tordillo, silla de tela encarnada con flecos de oro y plata, jaéz de listonería y franxas de oro que de la misma manera que el otro primogénito del Señor Marqués de Altamira ministrándole un gentil hombre la fuente, esparció al pueblo otra cantidad de quinientos pesos, mostrando también en tirar la fuente la liberalidad y Real ánimo del Señor Marqués de Altamira, a cuya acción alborotado el pueblo y alegre con el interés de las monedas y fuentes ricas, en confusos ecos daba unas vezes a nuestro Rey y Señor acclamaciones y otras a la magnificencia de el Señor Marqués los victores. Y no era menos digna de nota la buena disposición del Señor Marqués de Altamira en haver escogido los Primogénitos de dos casas tituladas para que esparciessen las monedas. Cesó el rumor, y no el júbilo, pues montando a caballo los galanes Cavalleros del Passeo: el Señor Alcalde mayor y el Señor Marqués de Altamira en la misma forma que havían entrado en la plaza, salieron por las calles acostumbradas, en cuyas esquinas todas repitió la lealtad del Señor Marqués la acclamación y exaltación del Pendón Real. Entraron de buelta en la plaza desmontando los salió a recibir con Cruz alta el Cavildo Ecclesiástico y Cleresía [y] entrando en la Iglesia entonó el Te deum laudamus la música. [Termina la Noticia con un Soneto]”


 

[1] Alfonso Méndez Plancarte: Poetas novohispanos. Segundo siglo (1621-1721). Parte segunda. Estudio, selección y notas de (…). Universidad Nacional Autónoma de México, 1945. LXXIII-229 p.(Biblioteca del Estudiante Universitario, 54)., p. 151-152.

[2] Op. Cit., p. 153-154. Proviene de: 1701 Isla (José Francisco de): BUELOS de la Imperial Aguila Tetzcucana, A las radiantes Luzes, de el Luminar mayor de dos Efpheras. Nuestro Ínclito Monarca, el Catholico Rey N. Sr. D. Phelippe Qvinto [Que Dios guarde] Cuia fiempre Augufta Real Mageftad, aclamó jubilosa la Americana Ciudad de Tetzcuco, el día 26 de Junio de efte año de 1701. Siendo Alferes Real en ella El Cap. don Andrés de Bongoechea y Andvaga, Alcalde, que fue de la Santa Hermandad, por los Hijofdalgo de la Villa de Oñate, fu Patria en la Noble Provincia de Guipufca, en la Cantabria. Descrivelos [Con vna Pluma de fobredicha Aguila, de fu Patrio nido] Joseph Francisco de Isla: Dedicándolos Al Cap. Don Miguel Velez de la Rea, Cavallero del Orden Militar de Santiago, Diputado Mayor de la Contratación de la Flota de Efpaña, etc. De cargo del Almirante General D. Manuel de Velasco. Con licencia: En México, por los herederos de la viuda de Bernardo Calderón. Guillermo Tovar de Teresa: Bibliografía novohispana de arte (Segunda parte) Impresos mexicanos relativos al arte del XVIII. México, Fondo de Cultura Económica, 1988. 414 p. Ils., facs. (p. 11-16).

[3] Véase: Guillermo Tovar de Teresa: Pegaso o el mundo barroco novohispano en el siglo XVII. México, Editorial Vuelta-Ediciones Heliópolis, 1993. 99 p. Ils.

[4] José Toribio Medina: La imprenta en la Puebla…, op. Cit., p. 156-158.

[5] Op. Cit., p. 17-19.

[6] Ibidem., p. 19-25.

[7] Manuel Romero de Terreros (C. De las Reales Academias Española, de la Historia y de Bellas Artes de San Fernando): APOSTILLAS HISTÓRICAS. México, Editorial Hispano Mexicana, 1945. 236 p. Ils., retrs.

[8] Enrique Soto González: FIESTAS REALES Y PONTIFICIAS EN PATZCUARO. Pátzcuaro, Michoacán, Talleres Gráficos del CREFAL, 1991. 107 p. Ils., grabs.

[9] Felipe Teixidor: Adiciones a la imprenta en la Puebla de los Ángeles. Primera edición facsimilar. México, Universidad Nacional Autónoma de México, Instituto de Investigaciones Bibliográficas, 1991. 620 p. Facs., p. 91.

[10] Op. Cit., p. 12.

[11] Alejandro González Acosta: Crespones y campanas tlaxcaltecas en 1701. México, Universidad Nacional Autónoma de México, Seminario de Cultura Literaria Novohispana, Instituto de Investigaciones Bibliográficas, Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología, 2000. 241 p. Ils., facs. (Estudios de Cultura Literaria Novohispana, 14)., p. 9-10.

[12] En Internet, http: //maytediez.blogia.com/2007/040601-fiestas-en-honor-de-un-rey-lejano,-la-proclamacion-de-felipe-v-en-america.php: Marina Alfonso Mola: FIESTAS EN HONOR DE UN REY LEJANO. LA PROCLAMACIÓN DE FELIPE V EN AMÉRICA. Universidad Nacional de Educación a Distancia.UNED/España.

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RECOMENDACIONES y LITERATURA. CRÓNICA DE SANGRE. 400 CORNADAS MORTALES y ALGUNAS MÁS.

POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE.

    La incómoda condición que refiere el tratamiento a detallar cornadas o percances que diversos toreros han sufrido a lo largo de buen número de años, adquiere aquí una dimensión que no se corresponde necesariamente con la nota roja, sino con el afortunado toque literario del que gozaba Alameda. Logra hacer de Crónica de sangre un libro en el que se pueden entender las desafortunadas condiciones que pasaron los toreros reseñados a la hora de enfrentar tal o cual herida. O que incluso, murieron a consecuencia de las mismas, al instante o al cabo de horas o días, pero sin afanes escandalosos, como si se tratara de poner este delicado ejercicio a disposición de las revistas del corazón.

   Alameda, en principio se ocupa de dos personajes que, si bien, desconocidos pues no trascendieron más que en esos momentos centrales de trágico protagonismo, no deja de mencionarlos, por tratarse en uno de ellos, al de un hombre empeñoso, convencido de que aunque ya privado parcialmente de una de sus extremidades, quiso demostrar a dónde podían llegar sus capacidades, y el otro, por haberlo visto morir apenas a unos metros de donde nuestro autor se encontraba apostado en los momentos del percance durante uno de los típicos encierros en Pamplona. El relato de uno y otro caso se convierten en dramatis personae que hacen de Rocky Moody e Ignacio Eraso dos héroes arrancados del anonimato.

  Luego, se ocupa, en sentido opuesto de dos grandes: Alberto Balderas y Carmelo Pérez, de los que sus tragedias los convirtieron y siguen convertidos, en iconos de la tauromaquia entendida desde una perspectiva en que “El torero de México” y “el torero que asusta”, siguen siendo elementos emblemáticos en la historia de la tauromaquia mexicana del siglo XX, trascendidos, gracias a la memoria en lo que va del XXI, dudando mucho que esos capítulos se diluyan fácilmente.

   Tras el largo recuento de esas “400 cornadas mortales”, se detiene en casos muy particulares y donde puntualiza, hasta ese punto del libro en una “extensa nómina de sangre, que no pretendemos total, pero que certifica la constante presencia del riesgo en la fiesta de los toros”.[1]

   Y con “los que volvieron de la muerte”, no deja de destacar las tragedias que vivieron –en carne propia-, diestros como Luis Castro “El Soldado”,[2] Silverio Pérez,[3] Antonio Velázquez,[4] Manuel Capetillo,[5] Joselito Huerta,[6] Paco Camino, Manolo Martínez,[7] Antonio Lomelín,[8] recordados cada uno por haber sufrido terribles heridas provocadas, en el mismo orden por: “Calao” de Piedras Negras, “Zapatero” de la Punta, “Escultor” de Zacatepec, “Camisero” de La Laguna, “Pablito” de Reyes Huerta. De igual forma, el percance de Paco Camino en Aranjuez, el 30 de mayo de 1980 y la terrible cornada moral tras haber perdido a su hermano Joaquín quien, con su desaparición, provocó en Paco la decisión de retirarse momentáneamente. Recordemos la sentencia de Conchita Cintrón al respecto de lo establecido en el título de uno de sus libros: “¿Por qué vuelven los toreros?”[9]

   ¿Cómo no recordar la terrible cornada que Borrachón de San Mateo le pegó a Manolo Martínez?

   ¿O la que Bermejo de Xajay puso al borde de la muerte al valientísimo Antonio Lomelín?

   En todos estos casos, el recuento es puntual, se agregan incluso algunas declaraciones de los toreros heridos para que no quede la menor duda de que fueron ellos quienes “volviendo de la muerte”, y no se arredraron ante lo que significaba ese renacimiento vital; para contarnos, con sus propias palabras y emociones aquellos terribles momentos. En los que habiéndoles retirado su toque escandaloso, José Alameda pudo tratar cada capítulo como si se tratara no de casos clínicos. Si el de toda una experiencia humana que representa poner en riesgo la vida tarde a tarde.

Este otro retrato de José Alameda aparece en la contraportada del libro aquí reseñado.

    Como autores invitados, cada uno se sumó a la tarea de hacer memoriosa reseña de otros tantos casos emblemáticos. Allí está lo escrito por “Giraldés” sobre Félix Guzmán, el caso de Eduardo Liceaga, por Jorge Fosado –a la sazón, otro de los compañeros permanentes de Alameda en las cotidianas tareas de El Heraldo de México-. Allí está también un poema que Manuel Martínez Remis dedicó a la gloria del propio Eduardo Liceaga y luego el caso de José Rodríguez “Joselillo” por quien quizá lo haya conocido mejor que nadie: Esperanza Arellano “Verónica”.

   La nómina de toreros heridos mortalmente sigue su curso, y en las páginas finales de dicha obra aparecen los perfiles de José Delgado Pepe Hillo, sin que queden algunos espacios para incluir parte de las normas que el diestro analfabeta dictó a don José de la Tixera, a finales del siglo XVIII. También se encuentra el caso de Francisco Javier Herrera Rodríguez, mejor conocido como Curro Guillén. Unos apuntes más, que complementan lo ya dicho y escrito en Los Heterodoxos del toreo, sobre Manuel García El Espartero, la llorada muerte de Ignacio Sánchez Mejías, la de Joselito o Gallito, aquel enorme José Gómez Ortega, a quien sólo Bailaor de la Viuda de Ortega, un toro pequeño, según cuentan las crónicas, fue capaz de segarle la vida, en Talavera de la Reina, el 16 de mayo de 1920. Sigue con Manuel Rodríguez Manolete, de quien el mismo José Alameda colgó un epígrafe que lo dice todo: “El cansancio de la gloria”, todos estos hombres, transformados en toreros, en mártires, en glorias perdidas que la historia recoge en su más dolorosa manera de recordar, y que Alameda en alarde más que puntual, respetuoso y colmado de nostalgias intensifica en un libro donde se trata “el duro tema de la muerte”.


 

[1] José Alameda (seud. Carlos Fernández Valdemoro): Crónica de sangre. 400 cornadas mortales y algunas más. México, Grijalbo, 1981. 195 p. Ils., fots., p. 71.

[2] Plaza de toros “El Toreo”, de la ciudad de México. Percance ocurrido el 22 de noviembre de 1942.

[3] Plaza de toros “El Toreo”, de la ciudad de México. Cornada que sufrió el diestro el 13 de febrero de 1944.

[4] Plaza de toros “El Toreo de Cuatro Caminos”, estado de México. Fue la tarde del 30 de marzo de 1958 en que ocurrió tal accidente.

[5] Plaza de toros “México”, de la ciudad de México. Tarde del 22 de marzo de 1959.

[6] Plaza de toros “El Toreo de Cuatro Caminos”, estado de México. tarde del 30 de noviembre de 1968.

[7] Plaza de toros “México”, de la ciudad de México. Tarde del 3 de marzo de 1974.

[8] Plaza de toros “México”, de la ciudad de México. Tarde del 16 de febrero de 1975.

[9] Conchita Cintrón: ¿Por qué vuelven los toreros?  México, Editorial Diana, 1977. 234 p. Ils., fots.

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EDITORIAL.

POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE.

    Las siguientes notas fueron hilvanadas por este autor hace 12 años. Por su contenido, siguen vigentes, de ahí que me permita incluirlas en esta sección.

 ¿EXISTE EN EL TOREO GARANTÍA DE CONTINUIDAD O AMENAZA DE EXTINCIÓN?

    Cada nueva generación hace posible que estén garantizadas continuidad en las condiciones de vida y su desarrollo, teniendo para ello -entre muchos otros elementos-, el recurso natural a su alcance, pero también la incertidumbre que ocasionan sus diferencias, las de las sociedades o de los países que entran en conflicto por diversas causas. Y hoy en día, a pesar de ciertas restricciones, la amenaza nuclear, o el uso de armamentos más sofisticados como aquellos que emplean químicos se mantiene vigente, sostenida sobre todo por aquellas potencias que cuentan entre sus arsenales, con “modernos” elementos de destrucción.

   El planeta que habitamos es escenario de una de las etapas de mayor índice de población (casi 6,000 millones de habitantes) y por lo tanto, sus recursos tienden a reducirse, a ser irreversiblemente afectados por el daño que la sociedad de consumo e industrial aplican a su favor, pero en detrimento de lo que nos conceden los recursos naturales regenerándose unos, y entrando en proceso de extinción otros.

   Es decir las generaciones, en tanto formadoras y continuadoras de una sociedad que cumplen un ciclo definido y delimitado, se enfrentan al reto de preservar, mantener y en su caso, buscar nuevas alternativas para vivir, adecuándose de esa manera la nueva colectividad emergente, con el ámbito heredado de la anterior, y que, por consigna debe mantener, en aras de no caer en el riesgo de caos, los desequilibrios o las alteraciones, de las que la naturaleza por un lado; y las sociedades en su conjunto por el otro, deben encontrar su mejor equilibrio, sobre todo con relación a cada época que, como nuevo escenario vive en esa persistente alianza.

   Este tema lo he traído a colación porque reflexiono si algo de esto es similar en la tauromaquia. Una nueva generación de toreros concede garantías de permanencia para el espectáculo que, contra los pronósticos, probablemente no se renueve sino quede condenado al anacronismo. Eso por un lado. Por el otro, además de que se asegura continuidad el toreo se vigoriza, se enriquece con los nuevos esplendores, echa mano de algunos cultivados en el pasado pero, ¿y el porvenir? ¿Qué porvenir se le augura a la tauromaquia, independientemente de los actuales fenómenos donde el grupo empresarial que detenta el control de la fiesta, quiere imponer una autorregulación, o lo que es lo mismo, una libertad de movimiento, sacudiéndose los grilletes de la tradición, (pero tampoco alejándose de ella) evidentemente en lo que mejor convenga a sus intereses, y hacer, por tanto, un espectáculo basado en sus propios esquemas, sumamente atrevidos, que por ahora no le garantizan nada bueno a esa presente continuidad?

   Tal afirmación, se ha visto entrecortada y cuestionada en diferentes épocas de su curso, curso que debemos seguir desde el momento en que la fiesta ingresó al terreno crematístico, adecuándose también a disposiciones que los usos y costumbres han establecido en reglas perfectamente definidas llamadas “tauromaquias” y en una legalidad que ha sido compañera de esta diversión, impuesta desde el momento que debían controlarse desmanes y abusos que pasaron el límite de la tolerancia, para convertirse en el imperio de vicios perfectamente identificados.

   Por eso, la fiesta siempre ha tendido a soportar el riesgo de dos balanzas: la de la garantía de su continuidad, o la amenaza de extinción. El fiel de esa balanza ha presentado un constante vaivén justo en estos momentos que presenta un estado de alteraciones provocadas por fuerzas que van más allá de su normalidad o de su estabilidad. Ese altibajo a que me refiero lo vienen produciendo intereses creados que pretenden hacer a un lado el principio ideal de la diversión pública, para imponer esquemas deliberados que satisfagan las profundas necesidades de unos cuantos que dicen haber encontrado la ruta apropiada para deslindarse de los patrones que un pulso cotidiano ha establecido al paso de los siglos. Me explicaré mejor. Si bien ya quedó señalado el fin de la autorregulación en apenas unas cuantas palabras, este empeño tiene obsesionados a quienes pretendiendo hacer un lado la legalidad, quieren imponer un nuevo marco de referencia, basado en principios empresariales de dar al cliente -que es el público- lo mejor. Ojalá fuera posible, pero mientras sigan aspirando a ejercer dicha autorregulación por una vía que no es la correcta, basada en ofrecer un espectáculo donde el toro no es precisamente el toro, y el torero por tanto no puede ofrecer su mejor papel, si para ello falta el toro; entonces no tendremos posibilidad de entregarnos a ese artículo de fe que pretenden, sustentado en la incongruencia, o como se maneja actualmente, gracias al nuevo lenguaje cibernético: cuando se trata de una fiesta virtual. Hacer intangible lo tangible.

   La autorregulación es posible en la medida en que quien la pretenda, debe ofrecer condiciones muy claras (y decir claras es referirse a que deberán tener total transparencia en su desarrollo). Manejar un producto empresarial que garantice su consumo, entradas sostenidas cuya tendencia sea la del lleno, cobrando un boleto que pudiera resultar caro, pero con la posibilidad de que quien lo pague recibirá a cambio unos resultados que lo orillen a convertirse en espectador consuetudinario. Ofrecer toros y toreros de primera línea, ingrediente este de las mejores calidades que provoquen el ambiente de gusto que permita la consistencia necesaria en un espectáculo que evidentemente cuenta con eso y más.

   ¿Apuestan a esto los empresarios que desean la autorregulación en estos tiempos en que la modernidad los hace entrar por la senda de la calidad total?, o simplemente prometen, pero no ofrecen dejando por ello de cotizar en el mercado de los altos valores.

   He allí la pequeña gran diferencia que marca el lindero entre lo que quieren pero que no pueden ofrecer, o que ofreciendo los resultados de sus caprichos se convierte en peligrosa promoción de una cultura autorreguladora a la que tendrán que cultivar con mucho mayor cuidado, si no quieren perder el mínimo factor de credibilidad que les queda. 

(22.10.2000 – 21.08.2012).

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