EDITORIAL.

POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE.

   De nuevo, se encuentra ante nosotros el dilema y la preocupación que sobre los destinos de la fiesta de toros se tiene en nuestro país primero. En el resto de aquellos otros que conservan también el secular patrimonio después, lo que pone en riesgo el fiel de la balanza en los quehaceres que habrán de llevarse a la práctica para que, ya no tanto los aficionados cautivos, los de siempre, sino niños y jóvenes puedan formar nuevos cuadros y garantizar con ello la permanencia y preservación del espectáculo, por otro buen número de años.

   Los empresarios, a mi parecer son los primeros en atender esa emergencia, aunque para eso deben ser auténticos profesionales y no improvisados malabaristas de toros y toreros. Precisamente tengo algunos años apostando por el hecho de que la fiesta se certifique, que goce de una calidad total, pero esto parece imposible, sobre todo en un país donde ese espectáculo sigue usos y costumbres muy arraigadas, aunque también muy viciadas. Es hora de un cambio, pues si esa materia prima no se ofrece con los niveles de “calidad” que pretendemos todos los aficionados, de nada sirven tantas palabras que al final, se las lleva el viento. Por tanto, es posible que sigamos estando condenados a seguir viendo un espectáculo que no se corresponde con la realidad de los tiempos que corren. Ya lo decía Paco Aguado en su última colaboración en el portal de internet “AltoroMéxico.com”, al respecto del impecable “Modelo azoreño”[1] donde lo ocurrido en mitad del Atlántico ya ha superado, con mucho, la referencia gala de que allí, en Francia se venían haciendo las cosas en términos de impecable profesionalismo. Ya se ve que no es así, y ahora los ojos están puestos en todo lo que mostró ese territorio portugués:

“Dar al aficionado local lo que le gusta, mezclar en perfectas proporciones (es evidente que hablamos de Portugal) el toreo a caballo, la lidia a pie y la presencia de forcados, y aprovechar la vieja rivalidad ganadera entre los asolerados hierros locales que se vive en la isla con auténtica pasión (…)”

   Pero eso no es todo.

   En las islas Azores, y concretamente en Terceira sucedió un hecho natural, lejos de todos aquellos prejuicios y descalificaciones. Como sigue comentando Paco Aguado:

   (Sucedieron) Esas bellas imágenes que circulan en la red, las de cientos de niños felices mientras contemplan toros en Terceira, es toda una bofetada en el rostro de los demagogos que divagan con los supuestos perjuicios psicológicos que dicen que este espectáculo puede ejercer en la infancia”,

   Lo culminante en su apunte es cuando llega a afirmar que “Estos azoreños son capaces de cualquier cosa, incluso de convertirse en un modelo a seguir desde la que ellos mismos llaman Capital atlántica de la Tauromaquia.

   He ahí buena parte del referente, del modelo que cualquier empresario que se precie debe seguir para fomentar el espectáculo de los toros. La plaza de toros “México” reabre este domingo 8 de julio con un cartel que, en principio parece tener un atractivo importante: tres novilleros como Santiago Fausto, Efrén Rosales y Antonio Lomelín (hijo) con ganado de Los Cués, lo que hace despertar esperanzas. La empresa de la capital debe apostar por calidad, no por cantidad. Debe pensar en ofrecer elementos que garanticen buenas entradas y no buscar que sigan presentes los desoladores panoramas de tendidos semivacíos. Si el aficionado encuentra posibilidades en la presentación del ganado, si los carteles están pensados para crear una rivalidad o una continuidad, como para repetir una tarde sí y otra también a los primeros triunfadores, créanme que las condiciones de atracción van a ir in crescendo.

   Cómo no recordar aquella temporada novilleril de 1982-1983 cuando Alfonso Gaona, al frente de la empresa, repitió cuantas veces quiso a tres destacadas esperanzas como lo fueron Valente Arellano, Ernesto Belmont y Manolo Mejía, es hora en que recuerdo las largas colas que había para conseguir un boleto, mientras la intensidad de la pasión crecía a cada tarde. Y los tres, en conjunto no defraudaron a la afición. De eso han pasado 30 años y desde entonces no ha vuelto a repetirse la historia. ¿Qué está fallando? ¿Dónde se encuentra el error para que no funcione la maquinaria como sería deseable?

   Hoy, los métodos están cambiando. Aquella caja de resonancia del novillero que triunfaba en provincia se remuneraba con su presentación y en su caso, la repetición en el coso capitalino. Hoy, parece ser que la mercadotecnia o el procedimiento de alistarlos en los carteles es otra, pues buscan que el propio novillero llegue, se forme en esa fila no precisamente para buscar trabajo, pero sí para dejar sus evidencias en fotografías, videos y cuanta información permita abalar su desempeño en esas plazas de Dios.

   Desde luego, también la afición necesita otro trato. Si la empresa está empeñada en cerrar el espacio de general, tanto en sol como en sombra, es su decisión, pero es importante que aplique un precio en justa semejanza con lo que intenta ofrecer. Sería deseable que la empresa eliminara a los “cadeneros” y hasta se permitiera el detalle de aplicar un precio único. Cuánta gente en su vida, a cuantos niños no haría felices si de pronto tuvieran la oportunidad de ver un festejo desde las barreras, con esa voluntad estarían haciendo un bien para fomentar afición entre niños y jóvenes y hasta lograrían acallar las voces que siguen empeñadas en decir que esto es un factor para crear –entre los niños-, asesinos en potencia o cosas por el estilo, que en ese orden de ideas andan divulgando por el mundo sus teorías los contrarios.

   En espera de que la empresa se sensibilice, aplique métodos tradicionales para atraer afición, la de siempre y sangre nueva, que se vuelvan a aplicar aquellos criterios de que niño que no rebase la altura de los tubos apostados al pie de las taquillas pueden pasar sin ninguna dificultad. Lo del precio único no me parece una barbaridad, creo que hasta ganaría más, mucho más en ingresos una empresa en la que siempre tenemos sospechas sobre el uso de un mínimo de ingresos, cuando ha habido tardes en que estamos en los tendidos menos de mil personas, cuando el numerado en ambos departamentos tiene capacidad para cosa de 20 mil espectadores.

   ¿Qué pueden ser estas un montón de ideas descabelladas? Quizá, pero más vale pensar en la posibilidad de una recuperación y no en el lamento que podría venir cuando ya nada pueda hacerse.

3 de julio de 2012.


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