Archivo mensual: julio 2012

EFEMÉRIDES TAURINAS DEL SIGLO XXI.

POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE

 La presente efeméride ocurrió el 14 de julio de 2012.

    Fue en Alpuyeca, Morelos distante unos 22 kilómetros de la capital del estado, donde se celebró un festejo por demás peculiar. A continuación pueden ustedes apreciar el cartel:

   Para empezar, una mujer emprendedora, Lilia Abarca se convirtió, no sé si es la primera vez que ocurre en México, en empresaria taurina, lo que ya es un cambio radical, sobre todo cuando la presencia del género masculino ha dominado este tipo de “negocios” o “empresas”. Pues bien, doña Lilia tuvo la ocurrencia de apostar en este tipo de riesgos y programó en el “Rancho Agua Salada” el festejo donde además de los actuantes, también participó la rejoneadora Karla Sánchez, fungiendo como “juez de plaza” (jueza si cabe el término correcto). Al final, Lupita López resultó triunfadora con el corte de una oreja benévola, a lo que parece por el conjunto de su actuación en el último del festejo, mismo que fue presenciado por poco más de 2000 personas, cuando la plaza tiene una capacidad de 6 mil localidades.

Fotografía de Jorge Raúl Nacif

Disponible julio 21, 2012 en: http://www.altoromexico.com/2010/index.php?acc=noticiad&id=12616

    Lo anterior me lleva a complementar esta efeméride, con algunos datos donde se registran las primeras noticias taurinas ocurridas en Cuernavaca, mismas que se remontan hasta 1868. Así, en mi tesis doctoral,[1] encuentro los que siguen:

 PLAZA DE TOROS DE CUERNAVACA, MORELOS.

Biblioteca Nacional. Fondo Reservado. Fondo: Condes Santiago de Calimaya, CAJA Nº 40

127)s/n Cuernavaca, septiembre 14 de 1868

   Sr. Dn. José Juan Cervantes

   Apreciable Sr. respecto de lo que habló con D. Antonio Camacho respecto del ganado para jugarlo en Cuernavaca respecto a ello estoy en esta y solo deseo saber a qué precio me puede U. dar una corrida de toros puestos en esta pues me he arreglado con la empresa y solo deseo me considere U. comodida que U. considere proporcionándomelo respecto del dinero que importe el ganado lo haré como U. me contestó con mi compadre Camacho dicho dinero lo tendrá U. después de jugado a los ocho días por no tener un conducto más biolento cuanto antes será puesto en casa de U. Suplico a U. indique por quien es dirigirme sus letras a la panadería del Vapor.

   Soy y Sr. grato

Rafael Alvarrán (Rúbrica)

   Como se podrá notar, median entre estos festejos y el de Alpuyeca, la friolera de ¡144 años!

 PLAZA DE TOROS EN CUERNAVACA. Del 6 al 13 de diciembre DE 1868, se dieron ocho corridas con la presencia de la acreditada ganadería de ATENCO. Según el cartel, se lidiaron ocho encierros de Atenco.

GRAN FERIA EN LA CIUDAD DE CUERNAVACA.-(…) TOROS DE ATENCO.-Se darán cuatro corridas de la acreditada ganadería de Atenco, los que serán lidiados por el célebre espada Bernardo Gaviño y su cuadrilla (del 23 al 29 de diciembre DE 1869), quienes han tomado con decidido empeño a su cargo la empresa.[2]

 

   ¡Enhorabuena por lo ocurrido en la pre inauguración de este coso morelense!

   ¡Que sean muchos los festejos por venir!

Disponible julio 21, 2012 en: http://www.altoromexico.com/2010/index.php?acc=noticiad&id=12570


[1] José Francisco Coello Ugalde: “Atenco: La ganadería de toros bravos más importante del siglo XIX. Esplendor y permanencia”. México, Universidad Nacional Autónoma de México, Facultad de Filosofía y Letras, División de Estudios de Posgrado. Colegio de Historia. 2006. 251 p. + 660 de anexos. Ils., fots., grafcs. (Está pendiente su presentación y aprobación).

[2] El siglo diez y nueve, del 26 de diciembre de 1869, p. 4.

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DE FIGURAS, FIGURITAS y FIGURONES. ENTREGA Nº 29.

LA ARMONÍA DE UNA “T” –OBRA DE JOSÉ GUADALUPE POSADA-, DOMINA EL EQUILIBRIO DEL ESPACIO.

 POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE.

    El próximo 20 de enero, pero de 2013, José Guadalupe Posada (1852-1913) cumplirá un siglo de su desaparición física, mas no intelectual. Conforme se acerca la fecha conmemorativa, que será motivo por parte de este autor, de abundante material con objeto de mantener viva su memoria y su legado, me permito comenzar el merecido homenaje a este genial grabador no sólo aguascalentense. No sólo mexicano en cuanto tal. También un artista popular que ya puede ser visto y comprendido en su dimensión universal, a pesar de cierta renuencia de no considerarlo ni concebirlo como el artista cuyo trabajo es una caudalosa obra que comenzó a desbordarse desde muy tempranas fechas, en su natal Aguascalientes, justo en los momentos en que encamina su destino a partir del ingreso a la Academia Municipal de Dibujo de Aguascalientes y poco más tarde al taller litográfico de Trinidad Pedroza. Por miles se pueden contar los grabados que desplegó en diversas publicaciones periódicas y hasta en aquellas legendarias “hojas de papel volando” donde manos prodigiosas portando un buril lograban sus peculiares rasgos los cuales se convirtieron en la impronta que hoy a casi cien años de su muerte, sigue fascinando, sin dejar de ser considerado como el artista que creó y recreó a figuras de todo orden, sin que faltara en su quehacer, el tema taurino…

   Este es uno de los capitulares más bellos que he visto, y vaya que he revisado infinidad de fuentes donde el capitular es un objeto de arte de la tipografía que por siglos ha adornado bellas ediciones salidas de las más reconocidas imprentas, que de sencillos talleres.

José Guadalupe Posada. Bellísimo capitular de un cartel taurino. Grabado en relieve de plomo.

Carlos Haces y Marco Antonio Pulido. LOS TOROS de JOSÉ GUADALUPE POSADA. México, SEP-CULTURA, Ediciones del Ermitaño, 1985.

    Con José Guadalupe Posada no fue la excepción. La armonía de esa enorme “T”, gallardamente rematada, domina el equilibrio del espacio donde ha sido plasmada. No conforme con haber tomado como modelo el tipo correspondiente a este elemento tipográfico, José Guadalupe, que se descubre aquí una vez más como un estupendo aficionado a los toros, no dudó en enriquecer el motivo con un planteamiento taurino, donde el diestro destocado agradece la ovación, mientras yace a sus plantas el toro recién liquidado por esa espada, símbolo de la culminación exacta y certera de la “suerte suprema”. No faltaron los peculiares sombreros, como el jarano, el de piloncillo, el bombín y la chistera, con que iban tocados aquellos aficionados asistentes a las corridas de entre siglos (finales del XIX y comienzos del XX), a las que con frecuencia, Posada abrevó y dibujó apenas algún esbozo en el cuadernillo de apuntes que habría llevado consigo, que luego acababa dándole vida y forma a su estilo en las planchas de la imprenta de Antonio Vanegas Arroyo, sita en Calle de Santa Teresa Nº 1.

   El artista aguascalentense dejó una larga saga de grabados taurinos, que aún no se tiene idea exacta y cabal de su dimensión, puesto que se encuentran dispersos la mayoría de ellos en las muchas publicaciones donde colaboró. Otro tanto está en poder de particulares que, celosamente guardan en sus colecciones muchos que hoy siguen siendo trabajos desconocidos. El resto, se perdió en medio de la destrucción o en la falta de sentido común de quienes no supieron valorar ni la obra, ni tampoco el documento. Sin embargo, quedan evidencias tan extraordinarias como el Capitular de un cartel taurino que viene a dar en esta ocasión auténtico “sabor al caldo”.

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CRÓNICA… ÉSTA NO ES CUALQUIER CRÓNICA.

POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE.

 LA PROHIBICIÓN DE FIESTAS TAURINAS y PARATAURINAS EN TEOCELO, VERACRUZ.

    Casualmente, a unos pocos días de haberse celebrado elecciones en diversas partes del país, lo mismo para elegir presidente de la república, que para gobernadores, diputados y senadores, y habiendo pasado los tiempos electorales que se convirtieron para este país, durante casi todo el primer semestre de 2012 en una especie de camisa de fuerza, pues tantas y tantas cosas quedaron suspendidas en el aire. Bueno, al grado de que más de alguna persona me decía “estamos nadando de a muertito” lo que da una idea del ambiente en el que nadie se comprometía con nada, vino a suceder un caso curioso que trataré de decodificar.

   En Teocelo, municipio veracruzano, colindante con Xico y Coatepec, y también muy cerca de la población de la Estanzuela, donde estuvo asentada una antigua hacienda ganadera, acaban de declarar la anulación de toda posibilidad de realizar cualquier tipo de evento (parataurino en este caso) de encierros callejeros similares a la “Pamplonada” o las “Vaquilladas”. Esto, quedó asentado en el acta Nº 127, firmada por el alcalde Cristian Horacio Teczon Viccon, así como por el resto del cuerpo edilicio. Por tanto, con esta decisión, Teocelo se declara como el primer municipio antitaurino del país, evitando con ello cualquier “maltrato animal”. La mencionada medida comprende eventos de tauromaquia, fiestas, corridas callejeras, pamplonadas, encierros o vaquilladas. Con tal medida se cumple con la Ley Federal de Sanidad Animal que no busca “generar una polémica, ni atacar a nadie”, como asegura el presidente municipal, Ing. Cristian Horacio Teczon Viccon, quien llegó “a la presidencia con apoyo del Partido de la Revolución Democrática (PRD)” pero sin dejar de estar presente en actos políticos en apoyo a candidatos priistas (Partido Revolucionario Institucional). Para diversos pobladores de este particular sitio provinciano, Teczon Viccon “ya es priista”, mientras que el alcalde aduce “no ser militante del PRD y tampoco se ha afiliado, pero agradece al PRD Municipal y estatal el apoyo para llegar a ser Alcalde. Su postura política lo tiene en vilo, pues ciertos encuentros con políticos de otras facciones, devienen “desencuentros”. Por ejemplo: “…el alcalde le reprochó al partido (PRI) no realizar trabajo en estos tiempos electorales. Además de señalar que tampoco los militantes perredistas lo han apoyado en acciones que ha generado controversia como el suspender las vaquilladas. Otros militantes que se encuentran en el Movimiento de Regeneración Nacional (MORENA), manifestaron que se está dando la división entre ellos cuando hace falta unificarse. Y aquí, parte de los reclamos:

   Al final del encuentro (encuentro de naturaleza política celebrado el 23 de mayo de los corrientes), la postura expresada por  el dirigente del PRD, Vicente Guzmán, es reprobar la actitud del alcalde, dijo entender su postura, pero estos candidatos sólo se les ve en tiempos electorales y poco han ayudado al municipio, desde su punto de vista. Dejó ver que a lo mejor dijo que en un futuro haría una propuesta, la postura del PRD es que el alcalde no debe por ningún motivo presentarse a los actos proselitistas. Por su parte el alcalde, Cristian Teczon dijo que ha sido cuestionado por perredistas que no hacen valer su bandera. Al llegar al poder está gobernando para todos, no sólo para perredistas, sino a todos los ciudadanos que lo llevaron al poder. Dijo buscar lo mejores beneficios para el municipio de Teocelo, entre ellos el agua, pues su función es la de servir. Agregó que de las arcas municipales no ha salido ningún apoyo para candidatos. Como ciudadano y como alcalde, dijo saber reconocer los apoyos recibidos. Con respecto a la postura del PRD de que no debe acudir a los acto políticos, dijo que lo va analizar y verá hasta dónde se lo impide o no la ley. Pide a los perredistas trabajar, y que cada quien se haga responsable de sus actos, el comité municipal tiene sus responsabilidades, como los actos de apoyo a los candidatos de su partido, tanto del distrito y la senaduría, como de la presidencial.[1]

   Por otro lado, se percibe una fuerte presencia de grupos ecologistas o de organizaciones no gubernamentales como por ejemplo “Abogados de los Animales” (filial del organismo estadounidense Animal´s Advpcates in USA), mismo que otorgó una placa de reconocimiento al municipio de Teocelo “por su compromiso y respeto a la vida animal”.

   Buena parte de los postulados que manejan estos grupos no son propios de las culturas hispánicas. En España, se alega un europeísmo y en América, es evidente el intento de asimilarse a la cultura de los Estados Unidos de América, sin que haya una relación de continuidad, ni de causa a efecto en la historia, entre esos postulados y la herencia cultural que como pueblos hispánicos tenemos.

   A los anteriores argumentos se ha agregado, con gran fuerza, una corriente que se apoya en organizaciones transnacionales como Equanimal, Anima Naturalis o la Fundación Franz Weber, que financian a quienes implementan y diseminan las ideas filosóficas de quien fuera profesor de la Universidad de Princeton, Peter Singer, quien es el inspirador de las ideas contrarias al especismo y que entre otras cuestiones defienden el supuesto derecho de los animales al placer igual que el que tienen los humanos. Esto indica un síntoma de transculturación, fenómeno que se intensifica con la globalización donde, en lo particular, los grupos antitaurinos han creado una falsa noción de alteridad entre el hombre y los animales (propiciando que al animal se le trate en todos los aspectos como “otro” de nosotros”). Incluso, “llegan al extrema de transmitirnos una idea de lo “disneyano” de ver a los “pobres animalitos”, antropomórficos, en lugar de darles su justa dimensión dentro de la naturaleza (recuerda a Ferdinand, the bull with the delicate ego o al Gitano de El Niño y el Toro).[2]

   Es importante saber que cualquier instrumento legislativo que conceda derechos a los animales – y que en el caso de la tauromaquia, lleve a su prohibición – estará viciada en su origen, pues aunque de manera formal, por haberse cumplido las etapas del proceso legislativo que corresponda, ese o esos instrumentos lleguen a tener vigencia, materialmente carecerán de todo sustento, dado que los supuestos sujetos destinatarios de esos derechos, por su propia naturaleza, no pueden aspirar ni acceder a ellos.

   En Teocelo, apenas con 25 años de tradición, cada 27 de enero y 15 de agosto, cuando se celebran las fiestas del Santo Entierro de Cristo y de Nuestra Señora de la Asunción, respectivamente, había corrida de toros. No olvidar que en la tradición, existen algunos santos como Marcos, Juan, Roque y Fermín que son considerados como “patronos” de la tauromaquia. Sin desligar el significado religioso, allí están las figuras del Santo Entierro de Cristo y el de Nuestra Señora de la Asunción, y cuyo cartel ya anuncia las próximas fiestas:

   Hay que reconocer el hecho de que representaciones como las “pamplonadas” o “vaquilladas” fueron eliminadas pero no prohibidas por el Ayuntamiento de San Miguel de Allende, donde la representación de la “Sanmiguelada” ya estaba adquiriendo tintes verdaderamente trágicos.

ÚLTIMO REPORTE DE BLOQUEO EN TEOCELO: 16:20 HORAS; LOS MANIFESTANTES SIGUEN EN EL SITIO Y NO HAN REABIERTO LA CIRCULACIÓN. COMIENZAN A MULTIPLICARSE QUEJOSOS DE ESTE BLOQUEO EN REDES SOCIALES. “NOSOTROS NO TENEMOS LA CULPA DE SUS DIFERENCIAS”, SEÑALAN LOS USUARIOS. Redacción//12:00 horas//19 de julio de 2012//.- Fue a las 11 de la mañana cuando un grupo que se identifica como “Patronato de la Vaquillada de las fiestas de Teocelo” se plantó exactamente en el Arco de entrada a Teocelo, manifestándose por la posición del presidente municipal Cristian Horacio Teczon Viccon, de impedir la realización de una vaquillada que año con año se realiza en el marco de las festividades titulares de la cabecera municipal. Los Manifestantes están encabezados por el señor Antonio Martínez Hernández quien solicita que el presidente municipal acceda a la realización el domingo 22 de julio o el domingo 29 de julio, una consulta ciudadana para saber si el grueso de la población efectivamente está en contra de esta práctica. Al sitio del conflicto los primeros en llegar fueron los representantes de la Delegación de Política Regional en Coatepec, encabezados por el titular Arturo Andrade Díaz, quienes insisten en el diálogo y acuerdo entre las partes para el restablecimiento de la circulación, lo cual hasta las 12:20 horas de este jueves, no se había logrado.[3]

   Por otro lado, la sanción contenida en el acta Nº 127 expone que detrás de la celebración de los festejos ahora prohibidos existe una “venta clandestina de alcohol”. Por eso es importante no olvidar que

 Esta tradición recientemente arraigada en el municipio, desde hace ocho años despertó una fuerte oposición de un sector de la población, quienes cada año se manifestaban en contra del maltrato de los toros durante las fiestas patronales.

   Anteriormente, ese municipio veracruzano celebraba en el mes de enero la fiesta del Santo Entierro de Cristo, con un encierro taurino en la calle Rubén Darío, donde algunos ciudadanos bajo el influjo del alcohol ingresaban al redil para torear a las vaquillas. Pero también, y a decir del propio Teczon Viccon “estos eventos ocasionaban desmanes para el pueblo y visitantes, así como más pérdidas que ganancias en las cuentas del Ayuntamiento” pues ello obligaba a desplazar mayor número de elementos de seguridad e infraestructura de protección civil. Las “vaquilladas”, siguen aquí las declaraciones, al realizarlas, se contraponía con la política de cuidado al medio ambiente que el Municipio de Teocelo practica, desde el inicio de su programa de recolección y reciclaje de basura.

   La segunda festividad se celebra en el mes de agosto, cuando conmemoran a la santa patrona Nuestra Señora de la Asunción, donde el encierro ocurría sobre la calle 5 de mayo.

El interés mostrado por este municipio por la protección animal, originó que las organizaciones internacionales “Abogados de los Animales” y AnimaNaturalis” reconocieran la labor para evitar el maltrato.

   A esta serie de reconocimientos se sumó la asociación Movimiento Ético en el Trato con los Animales (META).

   Antes, el ayuntamiento de Teocelo firmó en el mes de marzo con la Universidad Veracruzana (UV), el Proyecto de Sustentabilidad del Municipio, donde uno de los ejes de trabajo se centraba en la protección de los animales, principalmente durante las fiestas patronales.

   Aunque la medida ha despertado alguna incomodidad en comercios que durante las festividades del pueblo comerciaban con bebidas alcohólicas, de acuerdo con la dirigente de Educación y Protección Animal de Teocelo, el grueso de la población apoya la decisión tomada por el cabildo.

En este sentido, ahora las autoridades municipales impulsarán que durante las fiestas patronales se desarrolle un Festival Artístico Cultural que acerque distintas expresiones de este tipo a la ciudadanía”.[4]

    Lo que sorprende, entre las declaraciones hechas por el propio presidente municipal de Teocelo es que “Antes se vendían mujeres, se sacaba el corazón a las personas por tradición o culto, y eso se tuvo que acabar. Pues eso es pertinente para el maltrato a los animales, algo que definitivamente tiene que acabarse como evolución digna de la humanidad”, lo que pone en evidencia viejas prácticas de culto o brujería, así como de la trata de mujeres o de blancas, lo que en la población debe haber tenido signos muy marcados de comercio clandestino por un lado. Y del otro, la situación de haber permitido la presencia de sectas, lo cual ya ha sido eliminado.

   Los nombres de Marcela Vargas, Gerente de Programas de la Sociedad Mundial para la Protección Animal, WSPA para México, Centroamérica y el Caribe, el de Ángela Méndez García, responsable de la asociación civil Educación y Protección Animal de Teocelo así como el de la organización “Abogados de Animales de Estados Unidos” deben dejar en claro la presencia ideológica de aquellas personas y aquellos países u organizaciones cuya cultura –sajona- no se corresponde con la hispánica, lo que las ha llevado a diversos enfrentamientos entre quienes están a favor o en contra de cada una de las posturas que hoy son motivo de estas reflexiones.

Imagen de la representación festivo-taurina en Xico, Veracruz.

    Al contrario de Xico que el 4 de marzo pasado declaró a la tauromaquia como patrimonio cultural, en estas poblaciones, junto a Tlacotalpan, son ya una costumbre las celebraciones que se denominan “vaquilladas”, que al margen de su significado ritual, sus habitantes dan a esa festividad una diferente interpretación la cual, si bien debemos de reconocer, llega a tener expresiones violentas y de crueldad hacia los animales, ello deja entender que el pueblo es la personificación de la inconsciencia. Por eso en el pueblo no hay sabiduría. Y por eso no se puede decir saber popular, porque el Pueblo no sabe. A lo sumo, conocimiento popular, porque desde luego, el Pueblo conoce (parafraseando a José María de Navascués).

   De pronto, olvidan que ante el principio ritual y sagrado que contienen las celebraciones religiosas, como las de Tlacotalpan, el día de la Candelaria, o las del Santo Entierro de Cristo o el de Nuestra Señora de la Asunción en Teocelo, pasan los habitantes no solo al entorno profano, sino que en su raíz, llegan a un extremo desmedido: la profanación y el maltrato colectivo hacia los toros, como si el ganado se convirtiese de pronto en la figura o blanco de un desahogo mismo que llega al de un martirio colectivo (me recuerda la lapidación y ejecución de asaltantes o violadores en algunos poblados mexicanos, donde sus habitantes se cobran justicia por propia mano, ante la ausencia de la autoridad –o en presencia de esta también-, y al amparo de las campanas de la iglesia del lugar que se han convertido, de pronto, en el aglutinador social del que se sabe, con el lenguaje de las campanas mismas, la forma en que ha de proceder la población, ya sea instalando un consejo supremo o determinando con juicio sumario de por medio, las acciones a emprender que son además, inmediatas y contundentes).

   Y con la profanación, se materializa también la inmolación, que al ser practicadas en forma colectiva y desmedida haría pensar en una especie de violación colectiva que, desde luego conmueve a la sociedad. Los habitantes que participan en dicha representación dejan notar que cierta mayoría puede o podrían estar alcoholizados, factor este último que acelera, deforma y revierte sin lugar a dudas, la condición original que la fiesta, con alto grado de elementos religiosos convocaba con otras intenciones, cuyo peso sagrado se violenta a partir de la transición estimulada por las bebidas embriagantes, invitados forzosos pero acomodaticios en cualquier celebración.

   Estas, en efecto, son formas anacrónicas y violentas de expresión mismas que pueden depurarse antes que sancionarse como se hizo en Teocelo.

   Más que alentar, hago aquí un detenido análisis de un tipo de celebraciones o conmemoraciones, mismas que, en la parte popular deben ser sometidas a profunda depuración. En tanto que la autoridad debe ser capaz de posibilitar la continuidad de su desarrollo, en el entendido de que reúnan valores y significados que den, a la población veracruzana el referente de una tradición, y no de una degeneración.


[1] Disponible julio 20, 2012 en: http://periodicoaltavoz.blogspot.mx/2012_05_27_archive.html

[2] En palabras de mi buen amigo el Lic. Xavier González Fisher.

[3] Disponible julio 19, 2012 en: http://lavozdelaregion.blogspot.mx/2012/03/duro-comienzo.html

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MUSEO GALERÍA-TAURINO MEXICANO. PIEZA Nº 25.

POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE.

 DOS BARBIANES, O LA PERFECTA AMALGAMA DE LA TEORÍA Y LA PRÁCTICA.

    Un barbián[1] es demasiado. Dos Barbianes[2] un exceso. Pero ahora no es con ese sentido además de alzados, bragados o violentos con que toca describir el presente grabado, que forma parte de un viejo manual, o para mejor expresarlo, de una TAUROMAQUIA que circuló en los rumbos de San Luis Potosí en 1887, como respuesta inmediata a las ya publicadas tanto en la ciudad de México[3] y Orizaba,[4] respectivamente, y que se daban a la luz en un país que muy pronto se enteraría del despliegue reconstructivo del toreo mexicano a manos de espadas hispanos y de un buen número de obras provenientes de la misma latitud europea que operaron en un auténtico caldo de cultivo, no sin los exabruptos de rigor que rechazaban esa inminente invasión, que luego, con el paso de los años, se convertiría en expresión cotidiana perfectamente aceptada. Dicha aceptación ocurrió luego de la perfecta amalgama de la teoría y la práctica, para lo cual hubo necesidad de distribuir una literatura necesaria como didáctica. El encanto de este peculiar tratado que no es solo su nombre, es también porque el impresor lo ilustró al menos con tres grabados, uno de los cuales es este, muy al estilo de la época, aunque de autor anónimo, donde vemos insinuada la suerte de citar no para el pase natural en sí, sino solo para pasar de muleta, estilo que esas mismas tauromaquias, junto al tiempo y la consiguiente evolución, se encargarían de modificar.

 Esbozos de la faena de muleta que comenzaba a hacerse moderna en México. Autor anónimo. Grabado que aparece en EL ARTE DE MAZZANTINI o MANUAL PARA ASISTIR A LAS CORRIDAS DE TOROS, por DOS BARBIANES. San Luis Potosí, 1887.

  El estilo que quedó plasmado en el grabado, marca claramente la tendencia que la academia no pudo superar plenamente, puesto que la forma en como está embistiendo el toro es un error de apreciación en la perspectiva, puesto que el toro parece estar suspendido en el aire, perdiéndose toda posibilidad de ilustrarle con los movimientos peculiares, tal y como empezaban a aparecer ya, fundamentalmente en el formato de albúmina. La técnica fotográfica se convirtió en enemigo declarado para diversos artistas en el género pictórico que consideraron esto como una amenaza latente al sentirse desplazados por dicho método.

EL ARTE DE MAZZANTINI o MANUAL PARA ASISTIR A LAS CORRIDAS DE TOROS, por DOS BARBIANES. San Luis Potosí, 1887. (Facsímil).


[1] Barbián, na (Del caló barbán, aire) adj. fam. Desenvuelto, gallardo, arriscado.

[2] EL ARTE DE MAZZANTINI o MANUAL PARA ASISTIR A LAS CORRIDAS DE TOROS. CONTIENE LA EXPLICACIÓN DE TODAS LAS SUERTES DEL ARTE DEL TOREO. por DOS BARBIANES. San Luis Potosí, Litografía E Imprenta de M. Esquivel y Compañía, 1887. 58 p. Ils.

[3] INCLÁN, Luis G.: ESPLICACIÓN DE LAS SUERTES DE TAUROMAQUIA QUE EJECUTAN LOS DIESTROS EN LAS CORRIDAS DE TOROS, SACADA DEL ARTE DE TOREAR ESCRITA POR EL DISTINGUIDO MAESTRO FRANCISCO MONTES. México, Imprenta de Inclán, San José el Real Núm. 7. 1862. Edición facsimilar presentada por la Unión de Bibliófilos Taurinos de España. Madrid, 1995.

DELGADO, José (Seud. Pepe Hillo): LA TAUROMAQUIA O ARTE DE TOREAR. OBRA UTILÍSIMA PARA LOS AFICIONADOS DE PROFESIÓN, PARA LOS AFICIONADOS, TODA CLASE DE SUJETOS QUE GUSTEN DE TOROS. POR (…). México, Imprenta de I. Cumplido, Calle del Hospital Real Nº 3, 1887. 58 p. + II de índice.

[4] José Delgado (Seud. Pepe Hillo): Tauromaquia ó arte de torear. Orizaba, Imprenta “Popular” de Juan C. Aguilar, 1887., 58 p.

DELGADO, José (Seud. Pepe Hillo): La Tauromaquia o Arte de Torear. Obra utilísima para los toreros de profesión, para los aficionados y toda clase de sujetos que gustan de toros. Por (…). Primera edición mexicana, Corregida al estilo de las suertes del país y aumentada con el uso del manejo de la reata y el jaripeo. Añadido con un vocabulario alfabético de los nombres propios de la Tauromaquia para la mejor comprensión de las suertes. Orizaba, Imprenta “Popular”, Juan C. Aguilar, 1887. 72 p. + 2 de índice.

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RECOMENDACIONES y LITERATURA. ALGO MÁS AL RESPECTO DE “LA PANTORRILLA DE FLORINDA…”

DESARROLLANDO UN POCO MÁS LA DISCUSIÓN SOBRE LA “ANTECEDENTITIS” PLANTEADA EN LA PANTORRILLA DE FLORINDA Y EL ORIGEN BÉLICO DEL TOREO.

 POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE.

    José Alameda plantea pero se limita también a dar más allá de sus detalles lo que ha sido una larga discusión de siglos. Es decir, la presencia de un argumento que, en su opinión, desmerecía dedicarle con mayor desarrollo y entereza un frente común para “desmitificar” el dicho de que el toreo surge bajo una fuerte influencia mora, sobre todo si se atiene este principio al hecho de la fuerte presencia musulmana que estuvo presente en territorio español entre los siglos VIII y hasta su expulsión a finales del XV, decisión que se aplicó de manera contundente a partir de 1492. Pues bien, vale la pena generar algunas ideas al respecto para que el sólo término de “antecedentitis” no quede vacío o falto de explicación.

   En términos de lo rigurosamente histórico cabe apuntar el hecho de que si bien, los moros aparecen como los inventores del toreo esto, por su sola referencia tiene, en el fondo un propósito: otorgar orígenes nobles y heroicos a la corrida, sin que ello evite el hecho de que tal circunstancia posee un contrapeso: lo bárbaro y pagano concebido en la misma demostración o puesta en escena. Pero al lado de los árabes, también hay presencia de los caballeros cristianos. De esto me ocuparé más adelante.

   Durante el reinado de los Austrias existió la idea del origen moro en la fiesta de los toros, pero habrá que entender bajo qué principios le dieron ese valor, que no necesariamente son concluyentes para aceptar la hipótesis aquí planteada. Era común en aquella época que los integrantes de las cuadrillas, lo mismo a caballo que a pie saliesen vestidos con indumentaria utilizada por los árabes, lo que habrá dado a aquellos festejos un significado ya no tanto de conflicto o invocación de este, sino de la posible estela de influencias que estaban vigentes en la forma de ser y de pensar de muchos españoles durante el periodo que va de 1580 y hasta 1700.

   Imposible olvidar aquella famosa composición de Francisco de Quevedo escrita en 1650, versos contenidos en la Epístola satírica y censoria

Jineta y cañas son contagio moro;

destitúyanse justas y torneos,

y hagan paces las capas con el toro. 

   Varios de los supuestos pueden estar sustentados en la narración de diversos viajeros, como el legado por María Catalina Jumel de Berneville, condesa D´Aulnoy, la que tuvo oportunidad de presenciar algunos festejos donde los protagonistas vestían bajo la moda o el influjo árabe. Un autor contemporáneo a la condesa, Nicolás Noveli escribió en sus Reglas para torear a caballo (1726) que el entonces imperante ejercicio de la jineta, y que por aquellos años vivía sus últimos capítulos de grandeza, del que podían ejecutarse entre otras evoluciones el juego de cañas, “se debió a la destreza de los Moros, y la tiene acreditada la experiencia, en justa desestimación de la brida, mucho menos a propósito de estos casos”.

   También se suma a este debate el dicho de Nicolás Fernández de Moratín y que terminó afirmado en las 33 estampas que Francisco de Goya dejó para la posteridad en 1815.[1] Moratín decía en su Carta histórica sobre el origen y progreso de la fiesta de toros en España (1777), y en buena medida que los moros impulsaron el toreo, pero que para ello lo habían tomado de los cristianos. Y si en algún momento hubo caballeros musulmanes, también apareció un caballero cristiano en la figura de Rodrigo Díaz de Vivar que fue, ni más ni menos que la razón emblemática ejemplificada en el Cid Campeador, vencedor en algún momento luego de dar muerte a un toro cuya bravura rebasó a los moros que intentaron enfrentarlo.

   No es posible olvidar que en el cambio habido por la asunción de los borbones en 1700 con Felipe V al frente del reinado, sucede que este monarca, aunque en algún momento apoyó a ciertos personajes, como fue el caso –citado casualmente por Alameda- de Juan Rodríguez, “padre del célebre “Costillares”, concediéndole una pensión de cien ducados después de que lo vio torear en Aranjuez en 1734”.[2] Decía, que el monarca no siendo afecto a dichas funciones –seguramente por su origen francés- orilló a que estas quedaran olvidadas por la nobleza. Ante tal “olvido” el pueblo hizo suyo el espectáculo matando, como afirmaba el propio Moratín “los toros a pie, cuerpo a cuerpo con la espada, lo cual no es menos atrevimiento, y sin disputa es hazaña de este siglo”.

   Para el siglo XIX el tema seguía estando vigente y no sólo se le veía, sino que se le creía a “pie juntillas” por algunos de los más representativos pensadores del ambiente taurino, como fue el caso de Santos López Pelegrín en cuya obra Filosofía de los toros quedan algunas evidencias de su forma de pensar las que, en algunos casos va más allá de los árabes mismos, pues llegó a afirmar que “El África, esa Nación desconocida y a la que sin embargo se le apellida bárbara, ha debido ser la madre, o como si dijésemos, la fundadora de las corridas de toros”. El propio autor, a quien se le atribuye haber sido el coautor de la Tauromaquia de Francisco Montes en 1836, cae de pronto en algunas especulaciones que pierden credibilidad y hasta menciona haber adquirido un documento en hebreo que llevaba el título Historia de las corridas de toros, y hechos y suertes famosas del célebre lidiador Ali-Murin, el de atravesada vista, obra que luego terminó destrozada entre las fauces de su gato.

   El contrapeso de toda esta idea de que los moros fueron los creadores del toreo, también encontró personajes que fueron anteponiendo sus opiniones. Allí está el caso de Diego Ramírez de Haro quien en 1551 y en su Tratado de la brida y gineta y de las caballerías en entrambas sillas se hacen y enseñan a los cauallos y de las formas de torear a pie y a cauallo pone al mismísimo Julio César, primer emperador romano, alanceando toros. Y en esos términos, querer dar un origen cristiano también se encuentra en lo dicho por el padre Juan de Mariana el que, antecediendo la postura de Melchor Gaspar de Jovellanos, ya en plena influencia iluminista de finales del XVIII, apuntaba en 1609 que si bien Constantino había prohibido la presencia de los gladiadores, fue el propio Flavio Valerio Aurelio Constantino, emperador de los romanos a partir del año 306, quien permitió que permanecieran los juegos taurinos, en España por ser esta nación “muy aficionada a este espectáculo, siendo los toros en España más bravos que en otras partes, a causa de la sequedad de la tierra y de los pastos”.

   A la ya larga lista de tratadistas y teóricos, debe agregarse el nombre de un personaje cuyo peso fue influyente a partir de la segunda mitad del siglo XIX, no sólo en España. También en México. Me refiero a Fernando G. de Bedoya, el que en su Historia del toreo y de las principales ganaderías de España pone al circo romano como el génesis de la fiesta taurina, y luego al Cid Campeador como el primer caballero en alancear un toro y más tarde, en lugar de preferencia a Francisco Romero, cuando el toreo de a pie está tomando forma.

   Rodrigo Caro en Días geniales o lúdicos (1626) afirmaba contundente: “Yo he tenido los juegos de cañas y toros, que son las fiestas más frecuentes de que hoy usamos en España, por invención nuestra, y me fundo en la afición notable y propensión que todos tenemos”.

   Pero al margen de que se tratara en su época de un espectáculo o una demostración con fuerte carga de elementos considerados como “bárbaros”, el hecho es que esa condición fue una herencia adquirida por la presencia e influencia del largo periodo de duración de esa guerra, la de los ocho siglos que, casual o accidentalmente presenta la confrontación no sólo de los dos frentes ya conocidos: moros y cristianos, sino el hecho de que cada una, en su momento, representaba o detentaba la razón suficiente para, en eso de las batallas ganadas, engrandecer el espíritu del frente vencedor al grado de que dichas victorias quedaran grabadas en el imaginario colectivo, como así lo concibieron, ya desde sus tratamientos teóricos no sólo Pascual Millán, sino también José Sánchez de Neira, quienes seguían sosteniendo la idea de que, muy al margen de los acontecimientos militares, fue posible que en España de desarrollaran, arraigaran, crecieran, se extendieran o se propagaran las fiestas o corridas de toros que habían nacido en ese territorio.

   Es curioso que uno de los libros que intensifican esa idea, haya sido el concebido por el tío del propio José Alameda. Me refiero al de Juan Gualberto López Valdemoro y de Quesada, Conde de las Navas: El Espectáculo más Nacional, cuya primera edición data del año 1899. Este personaje debe haber influido de manera determinante a su propio sobrino quien consideró el conjunto de postulados de la obra como de peso convincente, pues el conde decía: “para mí es casi indudable, que, originario de España, romanos y árabes aprendieron a torear en nuestra Península, particularmente en el territorio comprendido desde el Ebro al Guadalmedina”. Además, enriqueció sus argumentos con hipótesis que planteaban esta atrevida proposición: “Los toreros de oficio elevaron su profesión a verdadero arte” y eso fue posible suprimiendo condiciones o elementos “bárbaros” que poseía de suyo la expresión desde siglos atrás. El mismo toreo, ya sometido a las regulaciones que se establecieron en los tratados y tauromaquias no pudo eliminar, o lo ha hecho en forma demasiado lenta, los antiguos resquicios que poseía en sus orígenes. Finalmente, Héctor H. Medina Miranda[3] ha dicho que “El deseo por consolidar una élite exigía que al toreo de a pie se dejara de pensar como un ejercicio bárbaro, lo cual consiguieron a través de su reglamentación y remitiendo el pasado primitivo a la alteridad más inmediata. De manera que el origen “primitivo” de las corridas se atribuyó a los habitantes originales de la Península Ibérica, aquellos que, según el mito fundacional español, eran descendientes de Noé y fueron “civilizados” por Hércules. Entonces, los toreros de a pie pudieron autoproclamarse protagonistas del espectáculo más nacional y civilizadores de costumbres “salvajes”.


[1] Factor cuyo despliegue editorial debe haber intensificado la leyenda popular. (N. del A.)

[2] José Alameda: La pantorrilla de Florinda…, op. Cit., p. 40.

[3] Cuya obra: “Los charros en España y México. Estereotipos ganaderos y violencia lúdica” verá la luz próximamente.

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EDITORIAL.

POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE.

    La gran mayoría de las crónicas y reseñas que ya se despliegan por medios impresos o digitales, dan cuenta de las incidencias de lo ocurrido la tarde de ayer domingo, en la plaza de toros “México”. De eso no voy a ocuparme una vez más. Cada periodista o informador, emitió su opinión al respecto. Pero creo que la gran mayoría omitió algo que es grave y que les incumbe en buena medida.

   Hubo ayer por la tarde al menos tres detalles que llamaron poderosamente mi atención y que representan el grado de desinformación que mostró la gran mayoría de los asistentes. Por un lado, quienes estuvieron, deberán recordar cómo el cuarto de la tarde, que como todos, pertenecieron a la Guadalupana, encierro impresentable por su catadura y ausencia de trapío, así como por la escasez de casta y bravura, lo que significaba de antemano, un grave error por parte de la autoridad en haber aceptado algo que no correspondía con la investidura de la plaza “México”… a últimas fechas, bastante devaluada. Pero a donde dirijo mis apuntes, es al hecho de lo ocurrido en el primer tercio del cuarto de la tarde. Como el novillo no acudía ni por casualidad a la cabalgadura, el picador en turno, colocado en contraquerencia fue prácticamente a cazarlo, lo hizo entre las dos rayas concéntricas. El picador lanzó el chuzo y entonces, se logró la reunión. Como aquello resultara favorable para el del castoreño, este al sonar el cambio de tercio, se retiró en medio de una ovación. Indudablemente los asistentes aplaudieron la ejecución, pero nunca valoraron el propósito de aquella escena de caza, donde tuvo que pisarle materialmente los talones al novillito receloso, negado a entrar en jurisdicción a la que finalmente accedió luego de aquel acoso del picador en turno (y habría sido harto interesante en esos precisos momentos, saber la opinión del ganadero). La escena de una suerte de varas como sería de esperarse, resultó todo lo contrario. Un toro, o un novillo colocado a varios metros de la cabalgadura, el sueño de cualquier ganadero para verle embestir hacia el bulto y empujar con los riñones, humillando en el peto y empujando a todo lo que da con los cuartos traseros… eso se convirtió en una imagen de leyenda que no pudo concretarse. Y el novillo seguía acusando falta de bravura y entrega…

   Pues bien, cuando César Ibelles lo tuvo enfrente, lamentablemente la “faena” no pudo ser lo esperado. Ibelles mostró un toreo ramplón, de efectos de golpe que llegaron a los tendidos, justo en los momentos en que ese novillo mostraba un cambio de lidia notable, embistiendo con calidad, pero sin bravura. Al ser arrastrado por el tiro de percherones con rumbo al destazadero, nuevamente la ovación se desató a favor del ejemplar de Juan Flores Chávez. Es decir, las palmas sonaron para un ejemplar que en rigor, no cumplió con los mínimos indispensables de presentación, casta, bravura y sólo pudo ser posible apreciar cierta nobleza. “Se toreaba solo” era la conclusión a la que llegábamos algunos en el tendido, pero seguía siendo una “hermana de la caridad”.

   El tercero y más grave de los hechos ocurrió en el sexto. Ya Ricardo Frausto había concebido una faena aseada, ligada, con toques de refinamiento, unidad y ligazón en las diversas series de muletazos que instrumentó por ambos lados. El problema vino en el momento de la “hora de la verdad”, pues colocó un espadazo caído, un “chalecazo” que derrumbó al novillo postrero del festejo y la gente, animada por aquellos momentos, los que se convirtieron en lo más sobresaliente de una novillada pasada por agua, es que, en medio de aquel heroico aguante, los asistentes se sintieron en derecho de demandar una oreja que, por ningún motivo era posible conceder desde el biombo. Y, si algún acierto tuvo ayer el juez Gilberto Ruiz Torres fue el de no otorgar esa oreja, que habría sido la debacle total en la poca credibilidad y reputación que aún conserva la otrora plaza de toros “México”, la que “da y quita”, la que es capaz de convertirse en caja de resonancia para que los contratos corran como ríos en crecida a favor de los novilleros o toreros que tuvieron ocasión de triunfar y salir del coso en olor de santidad. Y aunque algunos de estos conceptos ya no aplican, porque se perdieron en medio de tanto abuso y error, al menos quedó marcada la posibilidad de una esperanza. Claro, el juez no se salvó de una bronca injusta, rematada por insultos que no venían al caso.

   Lo peligroso en todo esto es el tipo de información, el bagaje de que están formados todos aquellos que ayer estuvieron en la plaza, y que demandaban “mentando madres” la petición de aquella oreja. Me espanta el hecho de que entonces, buena parte de la prensa no está haciendo su trabajo, no están orientando, no están diciendo las cosas en la forma más correcta posible. No están poniendo “los puntos sobre las íes” a la hora de pretender formar a nuevas legiones de aficionados. Lo sucedido ayer era suficiente materia para que corriera tinta, y se prendieran las alarmas no de uno, sí de varios de estos periodistas y comunicadores, como para advertir que lo sucedido la tarde del 15 de julio de 2012 en la plaza “México” fueron, entre otras cosas, los incidentes que aquí se han detallado con expresa preocupación. Si en una temporada como la de novilladas, donde es posible apreciar tantos y tantos detalles, no hay forma de que los desmenucen, o que estos sirvan como materia para el desarrollo de sabrosas pláticas de orientación, o diversos párrafos cuya pretensión, desde la trinchera de donde vengan sea la de educar y dar por hecho que los aficionados modernos están recibiendo los datos correctos, con los que podrán llevar a cabo un juicio equilibrado de opiniones pero no al grado de que, sin más ni más, se desataron todos los demonios y no hubo fuerza capaz de contenerlos, que no fuera el hecho de que se trataba del último novillo del festejo. De otra forma, la bronca, el disgusto (disgusto equivocado) habrían seguido causando reacciones encontradas entre quienes reclamaban esa oreja, lo cual es de agradecer en opinión del Juez de Plaza, personaje que en ese momento es la máxima autoridad en el coso, y que damos por hecho de que es y será el mejor individuo en aplicar, de manera justa y razonada, un reglamento en combinación con usos y costumbres, pero también tomando en cuenta la opinión popular. Pero aquí, aquí sí me van a disculpar los lectores: esa estocada que fue entera, pero caída, extremadamente caída, tirando a un “chalecazo” infame, no era motivo para conceder un trofeo que será simbólico, se convertirá en un manojo sangrante revestido de pelos, y será, de aquí en adelante dato para las estadísticas. Pero haberlo concedido, se habría convertido en un error muy grave. Se habría proclamado la prostitución del espectáculo. Y no exagero. Si hoy, con sensatez, con más razón que pasión vemos lo ocurrido ayer, veremos que los apasionados de la víspera, no tenían ninguna razón, sólo la que los movió por el conjunto del buen hacer de Ricardo Frausto, pero hasta ahí.

   Espero que la prensa repare en estos errores, que no todo es decir esto es una “chicuelina”, un natural o un derechazo. Detalles como los aquí presentados, son tan importantes o más que todo aquello. 

16 de julio de 2012.

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EFEMÉRIDES TAURINAS NOVOHISPANAS.

POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE.

    De las noticias que nos ha venido comunicando Antonio de Robles en su Diario de Sucesos Notables, se localizan las que siguen, y que corresponden a los años de 1696, 1697, 1698, 1699 y 1700.

 1696

 -Auto en Santo Domingo (15 de enero).

-Azotados (16 de enero).

-Fiesta de San Juan Sahagún (13 de febrero).

-Entrada del virrey (27 de febrero).

-Lutos por la muerte de la reina (30 de octubre).

-Honra de la reina en Catedral (24 de noviembre).

-Honra de la reina en Santo Domingo (10 de diciembre).

-Procesión del Santo Cristo de la Columna (13 de diciembre).

 Alonso de Vargas escribió ese año su Zodíaco ilustre de blasones heroycos… gyrado del sol político… México: Guillena Carascoso, 1696.

 1697

 -Entrada del conde de Moctezuma por virrey (2 de febrero).

-Fiesta de los betlemitas en la Catedral (10 de febrero).

-Ahorcados (21 de febrero).

-Honras de la reina en Jesús María (9 de marzo).

-Ahorcados (14 de marzo).

-Ahorcados (29 de abril).

 Matías de Esquerra vio publicada su obra La imperial Aguila renovada para la inmortalidad… México: Guillena Carrascoso, 1697.

 Del mismo modo, José Gómez de la Parra, también nos participa la aparición de Ciertos, si felices, prenuncios onerosos, si honorosos, empleos de un heroyco príncipe al exemplar de la siempre virgen María… a la entrada del… señor don Joseph Sarmiento, virrey… Puebla: Her. Capitán Juan de Villa-Real, 1697.

    Como una forma de documentar algunos otros hechos de aquellos años, me parece pertinente traer hasta aquí uno de los capítulos que forman parte de mi libro: Artemio de Valle-Arizpe y los toros, que a su vez proviene del libro: RESONANCIAS ANTIGUAS.[1]

 LO QUE TRAJO UNA CAIDA.

    Transcurre 1697 y es el 2 de febrero. Ese día hizo su entrada pública a la ciudad de México el virrey don José Sarmiento Valladares, conde de Moctezuma y de Tula.[2] Ya le habían celebrado en Veracruz, Jalapa, Tlaxcala, Puebla de los Ángeles con mayor o menor boato según fuera la abundancia de cada población.

 En todos los lugares del tránsito salían a recibir al nuevo Visorrey, rendirle parias y darle la bienvenida, las autoridades y los gobernadores de los indios que le decían en su idioma arengas de cumplido. Ostentaban las divisas o banderas de sus pueblos de origen levantadas en mástiles de colores y el cuerpo de ciudad portaba sobre sus vestidos luengas mantas de algodón con los timbres policromos de sus familias y pueblos. Y los nobles caballeros indígenas llevaban los extremos de largas cintas multicolores atadas al freno del corcel braceador que montaba Su Excelencia.

    Y el virrey ya se encuentra en Chapultepec

 (…) última parada del extenso trayecto, el conde de Moctezuma recibió a los Tribunales, inclusive al temeroso de la Santa Inquisición. Hubo tocotines de los indios y corridas de toros en su honor por diestros toreadores que ejecutaron muchas, varias y riesgosas suertes, y se admiraron las no menos atrevidas de hábiles volatineros volteando en el aire sobre tirante marona (…)

    Estos hermosos y fascinantes apuntes que, a no dudar proceden de alguna “relación de fiestas…” que hasta ahora no ha sido posible localizar,[3] (sin faltar los de Antonio de Robles) demuestra que entre su inspirada pluma y la descripción misma se fue dando un hermoso equilibrio donde el detalle se desborda en gozo placentero para con toda esa expresión tener la mejor idea de aquellos acontecimientos. Y si, compruébenlo con el siguiente apunte:

    Del Palacio salieron los Tribunales y la Real Audiencia, “en forma de paseo a caballo”, para ir a la engalanada plazuela de Santa Catarina en la que desmontaron para ocupar sus asientos respectivos en un elevado cadalso con mucho adorno de tapices y espejos, para allí esperar al Virrey, quien llegó rato después en coche, del que fue a montar el caballo ruano que se le tenía prevenido, enjaezado con mucho primor; la montura un promontorio de plata, la mantilla de rojo terciopelo galoneado y reluciente de orfrés con el pomposo ornamento de grandes borlones, las riendas también de terciopelo con aljófares. Le dio el decano el parabién con frases de pulida retórica y acto seguido se organizó la vistosa comitiva con gran sonar de trompetas.

   Por delante venían hasta veinticuatro clarineros y otros tantos timbaleros del Ayuntamiento, con sus rojas libreas que llameaban bajo el sol, iban a caballo con largas gualdrapas carmesíes; les seguían los ministros de Vara, los tenientes de la Ciudad y los de Corte, el Tribunal del Real Protomedicato y el del Consulado y en altas mulas burreñas gualdrapeadas de terciopelo, los estirados bedeles de la Real y Pontificia Universidad, delante el rector, claustro mayor y numerosos maestros con sus ínfulas y becas con los colores de sus respectivas facultades; continuaban los porteros del Cabildo, al hombro sus mazas relucientes, todos los regidores, el alguacil mayor, el mayordomo, el contador, el secretario de Cabildo y los fiscales y los Alcaldes de Corte y los ordinarios. Los oidores acompañaban al Virrey.

   Daban guardia los vistosos alabarderos y detrás de ellos marchaban gentilhombres, pajes, secretarios de cámara y demás familias y cerraban la comitiva “los caballos de respecto, guardia de caballería e infantería del Real Palacio, las estufas de Su Excelencia, habiéndola estrenado muy ricas, forradas de terciopelo con guarniciones y flecos de plata y vidrios cristalinos”. La nobleza competía entre sí en la magnífica suntuosidad de los trajes, “gallardía de los caballos, en lo vistoso de los jaeces y arneses y en el número y costo de criados y libreas”. Sólo ver este séquito de ostentosos señores, era un gran espectáculo, gala de los ojos.

   El caballo ruano que montaba el conde de Moctezuma era un alto alazán, brioso y braceador, al que regía con arte admirable, pero al pasar por el arco que estaba en Santo Domingo, tal vez al levantar Su Excelencia el brazo para agradecer las aclamaciones o bien por otra causa ignorada, se asustó el nervioso corcel y dio hacia un lado un bote rápido y con él sacó de la silla al señor Virrey, quien perdiendo los estribos salió disparado como si lo aventaran unos fuertes resortes que de pronto se distendieran y echó magnífica voltereta en el aire y con formidable golpe cayó todo despatarrado en el suelo y a gran distancia voló su pomposa peluca, quedándole ridículamente descubierta la cabeza pelada a rape…[4]

    Y quedando, como quedó fuera de juicio…

   Con lento paso, el señor José Sarmiento Valladares fue reponiéndose en su salud. Sin embargo, pronto fue depuesto del gobierno de la Nueva España por Luis I para que su lugar lo ocupara de forma provisional el arzobispo don Juan de Ortega y Montañez.[5]

Antonio Rius Facius: Relación De los más sobresalientes autores mexicanos en el pasado y presente siglos, que escribieron bellas y entretenidas obras CON LA PROSA DE LA NUEVA ESPAÑA. Reunidos y comentados por (…) hijo y vecino de la muy noble y muy leal ciudad de México. Portada del libro impreso en 1968.

 1698

 -Honras del señor arzobispo (2 de septiembre).

 1699

 -Azotados (18 de febrero)

-Fiesta de corte (14 de mayo)

-Auto de la fe (14 de junio).

 1700

 -Luminarias y fuegos (20 de octubre).

-Canonización de San Juan de Dios en la ciudad de México (16-30 octubre).

-Toros que hubo en aquellos días de la canonización.

-Máscara (6 de noviembre).

-Máscara de niños (7 de noviembre).

-Toros por las fiestas de San Juan de Dios, en la plaza de San Diego (15 de noviembre).

-Toros a mañana y tarde (16 de noviembre).

-Mulata sentada como hombre, toreó a caballo (17 de noviembre).

-Toro de once (24 de noviembre).

-Toros (13-15 de diciembre).

 Felipe V ascendió al trono en el año de 1700.[6]

    El siglo XVII concluyó con los solemnes festejos organizados para la canonización de San Juan de Dios desde el 23 de octubre al 15 de noviembre del año de 1700. En esta ocasión el entusiasmo de las autoridades civiles y religiosas, de los gremios, y de los criollos y naturales dio por resultado una de las fiestas más largas y más complejas que involucró nuevamente a toda la ciudadanía, que se distribuyó en todos los espacios, rincones y recorridos urbanos posibles.

   Los festejos incluyeron múltiples corridas de toros que se habían vuelto, para aquel entonces, el espectáculo más codiciado para la sociedad del tiempo, y el que reunía, en jerárquica distribución, a toda la comunidad novohispana que las aprovechaba para dar en el coso el espectáculo de sí misma. Asistieron tanto los virreyes como los religiosos, a pesar de las repetidas prohibiciones de concurrir a este tipo de eventos; la Audiencia, el Cabildo eclesiástico y el de la ciudad intercambiaron dulces y golosinas.

   Las corridas de toros cumplían entonces la función social que más tarde será característica del teatro dieciochesco y decimonónico, y que todavía no lograría el coliseo de comedias, considerado más bien lugar de diversión y esparcimiento de las clases populares. La realización de estas corridas llama especialmente la atención entre las diversas manifestaciones festivas de esta celebración. Según la descripción de Artemio de Valle-Arizpe, que no ha podido ser confirmada hasta la fecha por otros documentos, se conjuntaron, en esta ocasión, dos tipos de representaciones: lidia de toros y naumaquia, que desde la primera, realizada en la plaza Mayor en el siglo XVI, no se había vuelto a representar:

 Se alzó la plaza de toros donde el siniestro quemadero de la Inquisición, entre la Iglesia de San Diego y la Alameda. La plaza era cuadrada y se dejó dentro una ancha acequia para las naumaquias y las regatas que hubo con numerosos remeros vestidos todos con verdes lampazos de China. Tenía el coso diez andanadas de tablas insuficientes para contener el enorme gentío que pugnaba desde temprano para asistir a las corridas. Los palcos se forraron ya de cutí, ya de sargas listadas, ya de ruán de cofre, iluminándolas hachas de cera de Castilla o de Campeche (…)[7]

 La influencia italiana, filtrada por la corte española, es evidente en este tipo de espectáculos; de hecho desde hace tiempo era frecuente en Europa este tipo de combate, y uno de ellos se había llevado a cabo en 1589, en ocasión de la boda de Fernando I con Cristina de Lorena.[8] 


[1] Artemio de Valle-Arizpe: Resonancias antiguas. México, Editorial Patria, S.A., 1961. 255 p. (Tradiciones, leyendas y sucedidos del México Virreinal, XV).

[2] Artemio de Valle-Arizpe: EL PALACIO NACIONAL DE MÉXICO. MONOGRAFÍA HISTÓRICA Y ANECDÓTICA. México, Imprenta de la Secretaría de Relaciones Exteriores, 1936. 538 p. Ils., fots., retrs. planos., p. 469. El período del que fuera trigésimo segundo virrey de la Nueva España fue del 18 de diciembre de 1696 al 4 de noviembre de 1701.

[3] Los únicos datos de que dispongo para explicar lo apuntado, son las obras de:

Matías de Esquerra: La imperial Aguila renovada para la inmortalidad… México: Guillena Carrascoso, 1697.

José Gómez de Parra: Ciertos, si felices, prenuncios onerosos, si honorosos, empleos de un heroyco príncipe al exemplar de la siempre virgen María… a la entrada del… señor don Joseph Sarmiento, virrey… Puebla: Her. Capitán Juan de Villa-Real, 1697.

[4] Valle-Arizpe: Resonancias…, op. Cit., p. 43-53.

[5] Valle-Arizpe: El Palacio…, op. Cit., p. 469. Esta fue la segunda ocasión que Juan de Ortega Montañez, Obispo de Michoacán ocupó el cargo. La primera como trigésimo primer virrey, del 27 de febrero al 18 de diciembre de 1696 y la que nos ocupa, ya como trigésimo tercer virrey, transcurrió entre el 4 de noviembre de 1701 y el 27 de noviembre de 1702.

[6] José Pascual Buxó (Editor): La producción simbólica en la América colonial. Interrelación de la literatura y las artes. Con la colaboración de Dalia Hernández Reyes y Dalmacio Rodríguez Hernández. México, Universidad Nacional Autónoma de México, Instituto de Investigaciones Bibliográficas, Seminario de Cultura Literaria Novohispana: CONACYT, 2001. 600 p. (Serie estudios de cultura literaria novohispana, 15). Dalmacio Rodríguez Hernández:  “La imagen de Carlos II en la Nueva España: festejos reales en 1676” (p. 173-191)., p. 12.

[7] Artemio de Valle-Arizpe: Lejanía entre brumas. México, Editorial Patria, 1951, 229 p. (Tradiciones, leyendas y sucedidos del México Virreinal, IV)., p. 86-89. Se trata de “Toro de once”. Valle-Arizpe debió consultar alguna relación de fiestas, aún sin localización precisa, que describiera con tal detalle ese y otros asuntos como el que nos ocupa aquí.

[8] Giovanna Recchia: Espacio teatral en la ciudad de México. siglos XVI-XVIII. México, INBA-CITRU, 1993. 145 p. ils., fots., p. 57-58.

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