CURIOSIDADES TAURINAS DE ANTAÑO, EXHUMADAS HOGAÑO. BERNARDO GAVIÑO.

POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE.

REMEMORANDO A BERNARDO GAVIÑO y RUEDA. A DOS SIGLOS DE SU NACIMIENTO. 23 de 31.

CON BERNARDO GAVIÑO EN MÉXICO, LO ESPAÑOL NO FUE AJENO EN LA NUEVA NACIÓN.

    Sin embargo, Gaviño fue capaz de contener y de controlar el ambiente, siendo un torero que se convirtió en ídolo. Con la emancipación del influjo español, el mexicano en cuanto tal no rechazó a Bernardo Gaviño. Es más, mutuamente se identificaron y al paso de 40 años aproximadamente (los últimos 11 de su trayectoria son apenas metáfora de “polvos de aquellos lodos”) su figura fue imprescindible, siendo constantemente requerido por empresas no solo de la capital; también de la provincia. Incluso él mismo hizo empresa en Puebla y Cuautitlán, así como en buena cantidad de tardes en la plaza del Paseo Nuevo de la ciudad de México. Hizo viajes a Cuba y al Perú fundamentalmente donde dejó testimonios de grandeza, lo cual es seña de afán e interés por internacionalizar y extender sus territorios de dominio. Su imperio.

   Con 150 años de por medio no es fácil entender el protagonismo del gaditano El espectáculo de toros sin la actuación de Gaviño era importante, pero con él, estaba garantizado cada festejo por la magnitud con que concibió, inventó, recreó y le dio magia a la corrida de toros.

   España y México pasaban por una etapa de semejanzas en cuanto al modo de concebir y entender el toreo. Sin embargo creo que en nuestra nación hubo emanaciones de declarado nacionalismo, el cual se debatió en una batalla permanente protagonizada por hombres que aspirando el poder, se lo arrebataban día con día en un ambiente sin orden ni concierto.

   El toreo era algo similar, solo que no había banderas políticas. La plaza era fuente receptora de aquel caos y cada acto se convertía en símbolo y homenaje al permanente intento por gobernar sin tempestades encontradas en aquel México decimonónico, caracterizado por eso, por una historia de bandazos que hoy podía tener un régimen republicano, luego de que ayer fue centralista y quizá mañana se someta al militar. Eso nadie lo podía predecir. Por eso el toreo, en su ininteligible interpretación fue espejo de aquella sociedad combativa y decidida a lograr la paz, anhelo de generaciones que llegó compartiendo destinos con el progreso, justo en el momento en que Juárez arriba a la capital del país, restaura la república y de paso, se prohíben las corridas de toros.

   Todo esto en 1867.

   Bernardo Gaviño sigue siendo Bernardo Gaviño, dijo Pero Grullo. Su presencia dejó admirados a propios y extraños. Madame Calderón de la Barca y Mathieu de Fosey, entre otros, lo vieron en 1840 y 1844 respectivamente. Luis G. Inclán se inspiró en él y dedicó buen número de páginas de su ya clásica novela de costumbre ASTUCIA. El pueblo lo sigue aclamando. Las plazas de San Pablo y Paseo Nuevo viven jornadas de intensidad solo comparable a conmemoraciones regias donde lo efímero y lúdico del acontecimiento transcurrían sin que se agotara el cimiento de la armonía y de la invención (una disculpa a Vivaldi por tomar prestado una vez más ese su grandioso fruto de creación estética y artística).

   La historia del toreo en México durante el siglo XIX tiene en el gaditano a un personaje que puede llenar páginas y páginas sobre un acontecer alucinante en cuanto modo de expresión, muy característico en esas épocas donde la creatividad fue señal de efervescencia magnificada. Quien no haya visto por lo menos los carteles que anuncian todas aquellas corridas de toros no podrá entender lo que pretendo decir en estas líneas, por lo que cada vez es más fascinante ese entorno, ese mundo mágico y distinto del ritmo taurino mexicano durante el siglo que aún nos precede, pero que será, dentro de poco “antepasado”.

Bernardo Gaviño. Grabado de Manuel Álvarez Manilla.

 AL RELANCE…

 Vivan México y España, ambas naciones unidas. ¡Vivan España y México! Si España es la cuna de la Tauromaquia y ha dado toreros como Pedro Romero, “Pepe-illo” y “Costillares” y los tiene actualmente como “Lagartijo”, “Frascuelo” y “El Tato”, México tuvo a BernardoGaviño que siendo español fue maestro de Pablo Mendoza, Ignacio Gadea, Mariano “La Monja” y tiene actualmente a Ponciano Díaz, también discípulo de Gaviño. ¿Qué tiene pues de extraño que de esa tierra heroica de España proceda la enseñanza del Toreo, a que son tan afectos nuestros compatriotas? Así es que llevando a cabo nuestros propósitos de UNIÓN Y FRATERNIDAD entre los toreros mexicanos y españoles, la Empresa (de la plaza de toros El Paseo) ha conseguido la formación de una EXCELENTE CUADRILLA HISPANO MEXICANA, en la que hay siete españoles y seis mexicanos.

    Este cartel publicado en el año de 1888 reunió a la cuadrilla española formada por: Diego Prieto “Cuatrodedos”. Los banderilleros Manuel Mejías “Bienvenida”, Ramón López, Ramón Márquez. Picadores: Manuel Rodríguez “Cantares” y Enrique Sánchez “El Albañil”. Además Juan Moreno “El Americano” que fungió como segundo espada.

   En cuanto a la cuadrilla mexicana, esta se integró con el concurso de: Carlos Sánchez, Tomás Vyeira, Francisco Lobato de banderilleros. Picadores: José María Mota “El Hombre que ríe” y José María Meza. Puntillero: José María Reyes “El viejo Reyes”.

 NOTA: Todos los datos que aparecerán desde hoy y hasta el 31 de agosto, proceden de mi libro “Bernardo Gaviño y Rueda: Español que en México hizo del toreo una expresión mestiza durante el siglo XIX” del que muy pronto espero dar noticias más concretas sobre su publicación. 

23 de agosto de 2012.

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