EDITORIAL.

POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE.

 UNA APRECIACIÓN SOBRE LOS MEDIOS MASIVOS DE COMUNICACIÓN ALREDEDOR DE LA FIESTA DE TOROS EN MÉXICO.

    Estas apreciaciones, escritas hace 10 años cabales, no dejan de tener su tono de actualidad, sobre todo, por el hecho de que los síntomas allí expuestos siguen percibiéndose en nuestros días. Comparto con ustedes un tema que de suyo, me parece tan actual, tan importante y tan preocupante a la vez.

    Lejos de recordar los fundamentos originales o la génesis del periodismo taurino, cuyos registros podemos encontrarlos en las descripciones de fiestas publicadas durante el periodo virreinal, así como en el Diario de Sucesos Notables de Martín de Guijo, la Gaceta de México y durante el siglo XIX, donde hasta antes de 1884, algunas publicaciones se ocuparon más o menos del espectáculo taurino bajo una dimensión específica; entre otras: El pájaro verde, El Monitor Republicano, El siglo XIX y El Orden alguna labor hicieron, pero sin alcanzar las proporciones que fueron absolutamente terrenables, con El Arte de la Lidia, publicación que circuló de 1884 a 1903 con un corte forzoso de 1892 a 1894, debido a una más de las prohibiciones que se impusieron a las corridas de toros en el Distrito Federal. Esta publicación mantuvo la primera esencia del periodismo taurino, a la que siguieron un importante número que creció notablemente desde 1887 y hasta 1916, año en el cual el Gral. Venustiano Carranza prohibió nuevamente las corridas de toros, decreto que se extendió hasta 1920. En esa primera gran época del periodismo taurino en México, surgieron títulos como: El Arte de la Lidia, La Muleta, El Correo de los Toros, El Monosabio, El Toreo Ilustrado, El Zurriago Taurino, Ratas y Mamarrachos, México Taurino, El Imparcial Taurino y otra larga lista que ascendió, hasta casi las 120 publicaciones.

   En el fondo, la mayoría de estas publicaciones plantearon una novedosa postura educativa, como réplica de algunas otras que circularon en periodo tan significativo como fue el porfiriato, término que para unos es adecuado; para otros no lo es. Pero lo fundamental, es que se tuvieron a la vista las primeras semillas que fueron utilizadas para formar y constituir a la nueva afición que tendrá ya otra visión del significado del toreo en México, un toreo de a pie, a la usanza española y en versión moderna.

   Luego de esa primera época, la segunda surge a partir de 1920 y hasta 1924 o 1925, en que comenzaron a darse las primeras transmisiones por radio, medio que generó un poder de convocatoria, ya que era posible que un receptor de frecuencias hertzianas lo mismo estaba en el ambiente urbano que en el rural; lo mismo en la casa de una familia de altos o bajos ingresos; lo mismo que en un pueblo o en una ranchería, donde al menos se tuviera el privilegio –en aquellas épocas-, de la electrificación. Las publicaciones periódicas: diario, semanarios o revistas dirigieron sus propósitos en ejemplares hechos ex profeso, ocupándose íntegra y absolutamente al tema o compartiéndolo con otros espectáculos. Los grandes diarios nacionales incluían en secciones especiales una página completa dedicada a plumas consagradas que colaboraban como anejo de los otros espacios donde eran “dueños” privilegiados.

   La tercera generación va de 1924 o 1925 a 1948, año en que comenzaron a darse las primeras transmisiones, ahora por televisión, pero que alcanzaron un auge notable iniciada plenamente la quinta década del siglo XX. Allí se adhirieron personajes consagrados como Francisco Rubiales Paco Malgesto, José Alameda, columnas vertebrales hasta 1978, en que muere Malgesto y algunos años más tarde en que Alameda dejó de hacerlo en medio de las turbulencias generadas por múltiples intereses creados en el medio.

   En ese mismo periodo se dio la última gran época de publicaciones taurinas que ya no conservaban la misma esencia de las de otros tiempos, pero que al menos circularon, eso sí, en un concepto más restringido o limitado al solo medio taurino, con lo que perdieron radio de influencia, pero que tampoco, a excepción de Multitudes y El Redondel, no ofrecían demasiadas garantías en cuanto al cuadro de colaboradores. Esa pérdida, en buena medida se dio por el apabullante buum de la reacción acaparadora de la televisión. Las transmisiones por radio, en tanto, se mantuvieron estables con la llegada de un grupo más bien de cronistas con alguna formación y facilidad de palabra, pero escasos de juicio crítico. Es decir, los sitiales de Malgesto y Alameda siguen sin ocuparse. Ha habido en estos últimos años dos casos excepcionales: el de Francisco Terán, un buen alumno de Alameda, pero que se alejó de esto quizá por su falta de tacto o prudencia. El otro caso es el de Heriberto Murrieta.

   Ya en los últimos 20 años, con medios impresos reducidos a su mínima expresión (desaparecieron Multitudes, El Redondel, Toro, Sol y Fiesta; y se mantienen Matador, Campo Bravo y surge De Luces, sin faltar la semanal 6TOROS6 que reúne noticias de al menos cinco países: España, México, Portugal, Francia y Colombia). La radio se mantiene sin registrar cambios notables, que no sea la aparición y desaparición intermitente de más de una transmisión simultánea, quedando firme la de las frecuencias de la XEW, que parece mantener una tradición de más de 60 años. Al salir de la plaza México la televisión comercial en 19…, entró varios años después la televisión privada, que ha servido como uno de los principales vehículos de difusión, sea por Cablevisión, sea por televisión por cable, así como la de otros canales de la televisión comercial o privada, entre otras, las empresas Televisa y Televisión Azteca, así como canal 11.

   Superados los primeros dos años del siglo XXI, con un avance tecnológico y unos alcances sin precedentes, los medios de transmisión en su conjunto cumplen su misión, pero no llegan a crear un foco de atención que se traduzca no solo en receptores cautivos, sino en espectadores y aficionados convencidos, a los cuales no se les encuentra llenando las plazas de toros; la plaza de la capital del país es un parámetro definitivo donde se concentran toda serie de expectativas.

   Pero de unos años a esta fecha, los registros van de medias entradas a la desolación en los tendidos, lo que habla del limitado papel que juegan los medios de comunicación en la manufactura y desarrollo del espectáculo. A pesar de la publicidad, de los varios programas dedicados a género tan particular, y a las transmisiones directas no hay respuestas contundentes de la afición en las plazas. A eso hay que agregar una serie de factores, establecidos de la siguiente manera:

1.-Un mal desempeño administrativo de las empresas taurinas que no fomentan un espectáculo atractivo, porque en su delirio de autorregulación, descuidan factores de honestidad, los que inmediatamente perciben aficionados de toda la vida o de aquellos que se acercan a esta diversión, traducidos en desalientos y poca razón para atraer, existiendo para ello un mínimo de interés.

2.-Desaliento por la elevación de los precios de entrada, reventa abusiva, aún ofreciendo para ello un cartel atractivo, en contraste con el prejuicio de los posibles resultados, bajo la sospecha de toros poco propicios –ya sea por edad o presencia-, o de mínimas garantías para el resultado.

3.-Situaciones condicionadas que establecen la o las empresas para que los medios queden sujetos o sometidos a los caprichos de individuos caprichosos y déspotas, que defienden sus intereses bajo esos patrones. Desconozco, no me consta ninguno de ellos, pero la forma en que actúan ciertos personajes, dejan ver quién es el titiritero.

4.-Cuando la libertad de expresión queda sujeta no a su principio fundamental, sino a condiciones concretas, no resta más que resignarse, aceptar esa derrota o protestar. Y si la mejor protesta a todo ese conjunto de fechorías es el distanciamiento de los aficionados alejándose de las plazas, hasta que llegue un mejor momento superada esa crisis.

   Transcurre ya la temporada 2002-2003 en la plaza de toros “México” y hemos visto, al menos en las dos primeras corridas que la respuesta contundente de parte de los espectadores no se está dando con los llenos en el tendido. Eso no puede ser resultado más que de la suma de todos los factores que aquí se han venido citando, lo que supone que no son los únicos, ya que pueden ser de otra índole.

   Un caso por demás evidente y que refleja perfectamente el estado de cosas por el que transita el espectáculo taurino de nuestros días es que, habiendo actualmente de 20 a 22 millones de habitantes en la ciudad de México y zona conurbada, con solo una plaza de toros en funciones, esta no luzca, ya no digo buenas entradas, sino los llenos, como ocurrió, por ejemplo la tarde del 10 de febrero de 1954, cuando en “El Toreo” de Cuatro Caminos Fermín Rivera y Julio Aparicio toreaban mano a mano con plaza llena, corrida que además se transmitió por televisión. En la plaza de toros “México”, reaparecía Fermín Espinosa “Armillita”, alternando con Alfonso Ramírez “Calesero” y Jesús Córdoba. El coso de la colonia Nochebuena registró un lleno. Entonces, la ciudad de México tendría alrededor de 3 millones de habitantes. ¡Cómo cambia todo! ¡Qué contrastes tan tremendos!

México D.F., 2002 – 2012. 

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