ILUSTRADOR TAURINO. PARTE XXIV. DATOS NECESARIOS SOBRE ATENCO. 4 de 7.

POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE.

 ATENCO: 484 AÑOS DE HISTORIA Y UN MITO A CUESTAS.

    Por otro lado, encontramos ganaderías como El Cazadero, de la que Raimundo Quintanar adquirió lo menos dos toros andaluces que estuvieron en dicha ganadería de toros criollos desde 1794, así como en Guanamé propiedad a principios del XIX de D. Matías Gálvez, sobrino del virrey D. Bernardo Gálvez quien adquirió por esas épocas toros salmantinos desconociéndose otro tipo de detalles.

   Con la ayuda de Heriberto Lanfranchi, y su obra La fiesta brava en México y España. 1519-1969 vol. I veremos a continuación otro buen grupo de haciendas ganaderas que enviaron toros, fundamentalmente a la capital del país:

   En 1815, y justo en abril se realizaron fiestas a beneficio del vestuario de las tropas realistas en que se jugaron toros de «Atengo» escogidos y descansados, con la divisa de una roseta encarnada, y seis de Tenango que son de muy buena raza, también escogidos, y se señalarán con roseta blanca».

   Tales corridas resultaron un total fracaso, por lo que, el virrey Calleja autorizó en junio del mismo 1815 otras cuatro corridas en que se lidiaron toros de «Atengo, con divisa encarnada, y cinco del Astillero y Golondrinas, con divisas de color caña».

   1816. En San Pablo y para celebrar las fiestas de la Pascua se escogieron «seis toros despuntados, de ganado escogido de Durango, Tepustepec y Puquichamuco, que se distinguirán por las divisas azul, encarnada y amarilla, y el último será embolado para los aficionados».

   En 1824 se lidiaban toros de Atenco en la Plaza Nacional de Toros.

   Continuando con la presencia de otras ganaderías, aparte de la de Atenco, tendrá que pasar un largo receso para que en 1839 volvamos a saber de referencia en cuanto a ganado y es el 1 de septiembre cuando en la Plaza Principal de Toros de San Pablo se lidian bureles de Huaracha y Tlahuililpa. El 12 de diciembre siguiente y en el mismo coso se jugaron astados del Astillero. Sin lugar a dudas, Atenco surtirá con toros las distintas y continuas corridas que se efectuaron en la plaza de San Pablo, en la cual un 26 de octubre de 1851 volverán los de La Huaracha y se presentan los de Molinos de Caballero.

Cabecera de un cartel, fechado el 13 de diciembre de 1857. Es copia del original. Col. del autor.

    El Infierno que es una fracción de Atenco se presenta en la misma plaza el 21 de diciembre de 1851.

   Con el 23 de noviembre de 1851 se inicia la etapa de una plaza más como fue la del Paseo Nuevo. Aquella tarde Bernardo Gaviño y Mariano González «La Monja» se las entendieron con cinco toros de El Cazadero.

   En San Pablo y el 11 de enero de 1852 fueron de Sajay (Xajay) los toros e incluso volvió a lidiarse «El Rey de los Toros!» que habiéndose jugado el día 1 de aquel mes fue indultado de morir, por su incomparable bravura, y el cual fue el que inutilizó en pocos momentos a todos los picadores de la plaza y a uno de los chulillos, en dicho día.

   Guatimapé vuelve a lidiar luego de conquistar un triunfo el 8 de febrero de 1852 en la de San Pablo.

   Queréndaro se presentó el 25 de julio de 1852 en la misma plaza.

   El 29 de mayo de 1853 y en el Paseo Nuevo se lidiaron toros de Queréndaro, San José del Carmen y San Cristobal .

   De la hacienda de Tejustepec [sic] fueron los estoqueados el 13 de agosto de 1854 en el Paseo Nuevo.

   En la tarde del 13 de febrero de 1859 la del Paseo Nuevo fue escenario para la lidia y muerte de toros: uno del Rincón de San Gaspar y así, respectivamente uno de: la Isleta, del Tulito, del Tomate, de las Fuentecillas y del Tejocote, todos de las estancias de Atenco. Estas estancias contenían cabezas de ganado que no alcanzaban a llenar los requisitos establecidos por don José Juan Cervantes. Tan es así, que en 1864, en pleno imperio  el dicho señor  se compromete bajo algunas bases á dar a D. José Jorge Arellano (entonces empresario de la plaza de toros El Paseo Nuevo), los mejores toros del ganado de la Hacienda de Atenco para que se jueguen en las corridas que el Sr. Arellano tenga a bien dar en esta capital. Dicen algunas de estas bases:

1a. El Sr. Cervantes dará a Arellano los toros que este señor le pida para que se jueguen en esta capital.

2a. El Sr. Cervantes se obliga a que por su cuenta y riesgo sean conducidos los toros hasta ponerlos en la Plaza, mandando para cada corrida uno más del número que se le tenga pedido, por si acaso no agradara al público alguno de los toros de la corrida y tenga que dejarse de lidiar. Sin embargo Cervantes no queda obligado al cumplimiento de esta cláusula siempre que por algún caso fortuito los toros se huyesen o murieren (sic) en parte o en todo. (…)

5a. El Sr. Arellano pagará al Sr. Cervantes 30 pesos por cada uno de los toros que hubiese servido para mojiganga, o como embolados o si habiéndose picado, se hubiese indultado a petición del público. Si algún toro embolado o de mojiganga muriere o fuere matado queda la carne a beneficio de Cervantes. (…)

9a. Cuando S.S.M.M.Y.Y. (refiriéndose a Maximiliano y Carlota) asistan el regalo de moñas será hecho y por cuenta del Sr. Cervantes como dueño del ganado.

10a. Si el Sr. Arellano desgraciadamente perdiera en la primera o siguientes corridas que ha de dar, queda rescindido este contrato y no tiene el Sr. Cervantes derecho a demandar a Arellano daños, perjuicios ni a deducir acción alguna.

México, Diciembre 19 de 1864.

José Jorge Arellano (Rúbrica)

   Surge aquí un nuevo dilema. Se trata de explicar hasta donde me sea posible la hipótesis de que Bernardo Gaviño haya sido el encargado de sugerir y hasta de traer el ganado español con el fenotipo del navarro. O lo que es lo mismo, los toros de Zalduendo o Carriquiri como un pie de simiente moderno a la hacienda de Atenco, propiedad por entonces de don José Juan Cervantes y Michaus, último conde de Santiago de Calimaya y con el que guardó profunda amistad. Asimismo no debemos descuidar otro aspecto probable, el que se relaciona con el hecho de que en 1888 los Barbabosa adquieren un semental de Zalduendo, típico de la línea navarra, poniéndolo a padrear en terrenos atenqueños, aunque sin los resultados apetecidos. 

CONTINUARÁ.

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