ILUSTRADOR TAURINO. PARTE XXV. DATOS NECESARIOS SOBRE ATENCO. 5 de 7.

POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE.

ATENCO: 484 AÑOS DE HISTORIA Y UN MITO A CUESTAS.

   Bernardo Gaviño (1812-1886) lidió, a lo largo de muchos años toros de Atenco, y con ellos triunfó rotundamente. Ante la necesidad de mejorar la raza atenqueña, que conocía muy bien el diestro gaditano, es muy probable que haya intervenido, decidiéndose por algún tipo de toro español, que por entonces, se manifestaba como el mejor. A mediados del siglo XIX Nazario Carriquiri ya poseía la hacienda y fue  desde 1868 que la administró en sociedad con su pariente el conde de Espoz y Mina. Hacia 1852 don Nazario había echado un toro de Picavea de Lesaca a algunas vacas, teniendo muy buenos resultados. Gaviño hizo varios viajes a Perú y Cuba para cumplir con diversos contratos. Así pues, bien pudo haber abierto varios paréntesis realizando viaje hasta la península ibérica con objeto de lo que acabo de mencionar, puesto que su jerarquía y su influencia determinaron y decidieron varias condiciones del toreo en México. Las crónicas de la época poco nos dicen al respecto sobre la “bravura” de los toros. Sin embargo, la presencia de Gaviño en Atenco no es una casualidad y a el se debieron diversas selecciones de toros para las corridas por entonces efectuadas.

  Ganado criollo en su mayoría fue el que pobló las riberas donde nace el Lerma, al sur del Valle de Toluca. Y Rafael Barbabosa Arzate -que la adquiere en 1878- al ser el dueño total de tierras y ganados atenqueños, debe haber seguido como los Cervantes, descendientes del condado de Santiago de Calimaya, las costumbres de seleccionar toros cerreros, cruzándolos a su vez con vacas de esas regiones. Si bien, restablecidas las corridas de toros en el Distrito Federal de 1887 en adelante, algunos toros navarros -ahora sí- llegaron por aquí, pero la ganadería adquirió relevancia a comienzos de nuestro siglo mezclándose con sangre de Pablo Romero, consistente en cuatro vacas y dos sementales.

12 de octubre de 1910: desencajonamiento de las vacas y sementales españoles de D. Felipe de Pablo Romero en la ganadería de Atenco.

Heriberto Lanfranchi: Historia del toro bravo mexicano. México, Asociación Nacional de criadores de toros de lidia, 1983. 352 pp. ils., grabs., p.86.

    En la ganadería de Atenco convive un torero nacido allí mismo en 1856. Ponciano Díaz Salinas. Casualmente, su fecha de nacimiento coincide con la creación de la hacienda misma, es decir, el 19 de noviembre. Ponciano aprende rápidamente las tareas campiranas practicadas -entre otros-, por José Guadalupe Albino Díaz “El Caudillo”, su padre, o por José María Hernández “El Toluqueño”, o Felipe Hernández “El Brujo”, toreros de la casa a quienes se  deben las mejores lecciones que el futuro y popular diestro atenqueño pondrá en práctica en los años de su esplendor. Pero Ponciano, además de todo, conocía perfectamente el ritmo de vida en la ganadería de Atenco, por lo que también sus conocimientos fueron esenciales para intervenir en las decisiones tomadas por el nuevo dueño, don Rafael Barbabosa Zárate, quien desde l878 adquiere el control de tan importante complejo ganadero. He de decir, para terminar con la participación de Ponciano Díaz, que no solo era buen torero, al grado de alcanzar los máximos niveles de popularidad, sino también un excelente charro, maestro de las suertes campiranas que llevó incluso, a las plazas de toros de todo México, Estados Unidos de Norteamérica, Cuba, Portugal y España.

   Rafael Barbabosa Zárate surge a la fama como ganadero de Santín. El lic. don José Antonio Barbabosa y Díaz de Tagle poseedor de la hacienda de Santín,  que hereda a sus hijos D. Jesús María y  D. José Julio Barbabosa. Este último, desde 1835 formó dicha ganadería con ganado criollo de la región para posteriormente legarla a su hijo D. Rafael Barbabosa Arzate. Años más tarde -en 1853- adquiere la hacienda de san Diego de los Padres -que lindaba con Santín- adquiriendo vacas criollas y sementales de “El Salitre” hacienda ubicada en sierra de Pinos (Zacatecas).  Su magnífica posición económica le permite adquirir en julio de l878 la hacienda y ganadería de Atenco que administra hasta el 21 de marzo de l887, fecha de su muerte. En esos momentos, todos sus bienes quedaron en propiedad de su esposa, Dña. Luz Saldaña, Viuda de Barbabosa, y sus siete hijos: Aurelio, Herlinda, Antonio, Concepción, Juan de Dios, Rafael y Manuel Barbabosa Saldaña. De ese modo quedó conformada la sociedad “Rafael Barbabosa Sucesores” que administró tanto san Diego de los Padres como Atenco.

Recoge la foto un grupo de señores mexicanos vestidos a la moda del año 1928, que es la fecha en que el fotógrafo la hizo. Pero no es lo peor que los trajes se hayan pasado un poco de moda. Lo lamentable es que los usos de estos caballeros, su modo de hacer, su celo y su afición para las tareas a que se dedicaban, se está perdiendo lamentablemente. ¡Se ha pasado de moda ya…!

   Como el prestigio ganadero muerto era muy minucioso en sus cosas, podemos copiar nosotros la nota que respalda la cartulina. Dice así: De izquierda a derecha, don Juan de Dios Barbabosa, y don Manuel Barbabosa, de Atenco. Don Lubín González, de Piedras Negras, y La Laguna, don Antonio Barbabosa, de San Diego de los Padres. Don Antonio Llaguno (hijo de don Julián). Don Julián Llaguno, de Torrecillas; don Aurelio Carbajal de Zotoluca; don Antonio Llaguno, de San Mateo, don Wiliulfo González, de Piedras Negras.

El Ruedo de México. Fundador y director: Manuel García Santos. Año IX N° 109, México, D.F., 26 de febrero de 1953, p. 5.

    En 1910 se agregaron vacas españolas de Felipe de Pablo Romero, 2 sementales de la misma procedencia, así como varios de san Diego de los Padres. Posteriormente se agregó sangre de Saltillo -en 1925-, y en 1977 se adquirieron 2 sementales más de don José Julián Llaguno.

   Luego de contar con extensiones inmensas de terrenos, hoy en día se ve reducida a unas cuantas hectáreas (80 que nos confirmó José Antonio, hermano de don Juan Pérez de la Fuente). Con 110 años de control por parte de la familia Barbabosa, es efectuado un contrato de compra-venta entre estos últimos y el Ing. Juan Pérez de la Fuente, mismo que la tuvo bajo su control de 1962 a l988, año de su muerte. De esa fecha y hasta nuestros días se encuentra administrada por el Sr. Jaime Infante quien ha tratado, por todos los medios, de perpetuar la memoria y el nombre de la ganadería más antigua en México.

   Los colores azul y blanco de su divisa se han elevado a sitios preponderantes. Se cree que los toros llevan la moña con dichas tonalidades en honor de la Purísima Concepción, patrona de Atenco, pero en realidad, los señores Barbabosa los escogieron para esta ganadería, por ser los de la divisa de una de las vacadas españolas que refrescaron la sangre original de los toros de Atenco (es decir, la de Pablo Romero). 

CONTINUARÁ.

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