DE FIGURAS, FIGURITAS y FIGURONES. Nº 31. “MANOLETE” 2 de 2.

POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE.

Manuel Rodríguez Sánchez Manolete, in memoriam. 65 aniversario de su muerte.

   Comparto con ustedes otro manojo de versos, salido de mi “Tratado de la poesía mexicana en los toros. Siglos XVI-XXI” que, como mencionaba la entrega pasada, contiene en sus más de 2500 páginas, cerca de 1750 poemas, muchos de los cuales se reúnen en esta ocasión para sumarme a la obligada evocación por Manolete.

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 1976

¡MANOLETE!

 He querido cantar la valentía en todos los órdenes, sin despreciar ni omitir ninguno.

   Este romance, lo dediqué a un grande y admirado amigo, señor de los ruedos, pontífice de la fiesta brava y arquetipo del sacrificio en aras del arte:

 Manuel Rodríguez, “Manolete”. 

¿Por qué no bulle Sevilla?

¿Por qué está triste el ambiente?

¿Por qué están solas las plazas

y, en la calle de las Sierpes,

háblanse medias palabras

tras los forjados candeles,

entre castas celosías

y morunos ajimeces?

 

¿Por qué no cortan las niñas

los reventones claveles

que pierden densos olores

en los maceteros verdes?

¿Por qué en Córdoba, la blanca,

el sol sus luces convierte

en llamaradas de fuego

que dan al tomillo muerte

y agostan los alelíes?

 

¿Por qué el alto minarete

de las torres de Granada

entre las nubes se pierde

en vez de mostrarse airoso,

cual se mostraba otras veces?

¿Por qué están tristes los hombres

y sollozan las mujeres?

¿Por qué se ocultan las mozas?

¿Por qué no corta el ambiente

el gracioso tintineo

de las campanas alegres…?

 

Porque en Linares, un toro

de Miura, hirió a Manolete.

 

Iba vestido de oro

con una rosa de muerte

que abrió pétalos de sangre

sobre el rosa de su veste.

Cayó en la suerte suprema.

Cayó como los valientes,

entre filigranas de arte

de su creación, su suerte.

Jugó con la astada fiera,

burló su furor cien veces.

 

Estaba con sangre escrito

su cruel destino de muerte.

Su sangre tiñó la arena

iris de dolores crueles

que levantó el alarido

ronco y triste de la gente.

Era un legítimo Miura

con divisa negra y verde,

como el toro que a Espartero

dio el noventa y cuatro muerte.

 

¡Llora, llora Andalucía!

Ya no volverás a verle…

Ya están velando en Linares

el cuerpo de Manolete…

Las danzarinas campanas

su alegre canto convierten

en llanto de bronce vivo

con intervalos de muerte.

 

Las blondas se tornan negras.

los mantones se obscurecen,

lloran perlas de rocío

los andaluces claveles…

Al Cristo de los faroles

temblor de cirios conmueve;

están más tristes sus ojos,

su dolor más imponente…

 

¡Llora, llora, Andalucía!

Ya no volverás a verle!…

¡Ya están enterrando en Córdoba

el cuerpo de Manolete!

 

México, D.F., 19 de agosto de 1947.

 

Delfín Sánchez Juárez.

1980

    Aquí vienen unos versos majestuosos, los de un gran escritor español que encontró en México su segunda patria, legándonos aquí lo mejor de sus experiencias. Me refiero a Carlos Fernández Valdemoro, “José Alameda”, quien escribió un soneto hermoso dedicado a Manuel Rodríguez Sánchez MANOLETE así: 

Estás tan fijo ya, tan alejado…

Estás tan fijo ya, tan alejado,

que la mano del Greco no podría

dar más profundidad, más lejanía

a tu sombra de mártir expoliado.

 

Te veo ante tu Dios, el toro al lado,

en un ruedo sin límites, sin día,

a ti que eras una epifanía

y hoy eres un estoque abandonado.

 

Bajo el hueso amarillo de la frente,

tus ojos ya sin ojos, sin deseo,

radiográfico, mítico, ascendente,

 

fiel a ti mismo, de perfil te veo,

como ya te verás eternamente,

esqueleto inmutable del toreo.

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 1982

 Corrido de “Platino”.

 Voy a cantar un corrido

que me aprendí allá en Tlaxcala,

de un torito presumido

que a todos trajo de “un ala”.

 

De pinta era colorao

de allá de Coaxamalucan;

no hubo caporal montao

que se le acercara nunca.

 

Tampoco las alambradas

le impidieron a “Platino”

tener sus enamoradas,

con las que siempre convino.

 

Una vez un caporal,

Agustín que se llamaba,

quiso meterlo al corral

pero nomás, nunca entraba.

 

Otro día tocó a Tomás

que era un vaquero afamado,

arrearlo con los demás,

pa’ quitarle lo ufanado:

 

Y “Platino” se voltea

con su casta y su bravura,

agujereando la zalea

del caballo y su montura.

 

Don Felipe el ganadero

desde ahí lo sentenció:

ora de veras que en enero

tu suerte, ya te cambió.

 

El cartel era de muerte:

Luis Procura el mexicano,

el cordobés “Manolete”

y Vázquez el sevillano.

 

En suerte tocó a “Platino”

que lo lidiara Manolo;

y el toro antaño ladino

parecía torearse solo.

 

¡Qué nobleza y qué bravura

del gran toro tlaxcalteca!;

no había en la plaza cordura

desde la ceca a la meca.

 

Año del cuarenta y seis

cómo o recuerdo yo;

“Platino”, sin un arete

al carnicero se dio.

 

Lentamente las mulillas

lo arrastraban sin dolor.

Hoy nomás mis estribilllas

te recuerdan con amor. . .

 Hachegé

 1985

 MANOLETE.

 Al Lic. Óscar Realme.

 

Andar es muy fácil.

Lo difícil es andar sin premura.

Pasear por el miedo del ruedo

grave y con figura.

 

Cuando un cordobés es torero

su capa es la túnica.

 

Esencia y decencia:

las dos cosas juntas.

 

¿Quién ha visto, si no es entre sueños,

la estatua segura,

arriscada de gracia, de arte y de celo,

crispada de angustia,

caminar paso a paso, despacio,

buscándole sitio a su tumba?

 Pedro Garfias.

 1997 

Manolete en México.

 (……….)

 II

 La plaza de “EL TOREO” recibe la embajada

que de su brava fiesta la noble ESPAÑA envía:

Calientes voces mezclan su extraña algarabía

cruzando el sol azteca de la arena dorada.

 

¡Qué suavidad al viento la verónica alada!

¡Qué dominio en el pase de inmóvil valentía!

¡Qué nudo en las gargantas al fulminar la espada

con su ciclón de aceroa la fiera bravía!

 

¡MANOLETE está herido! Se funden sangre y sol

formando el invencible pabellón español,

y en los ojos del diestro una lágrima brilla…

 

¡En el clamor de triunfo que al torero acompaña,

va el abrazo que México envía a nuestra España,

la madre generosa que espera en la otra orilla…!

 Antonio García Copado.

 1997 

 “El corrido de rentoy” (dedicado a “El Redondel”)

Es el rentoy de la muerte

un corrido popular…

se refiere a “Manolete”

y se lo voy a cantar.

 

“Manolete” y el “Islero”

se iban a jugar la vida,

como en palenque de gallos

se hizo grande la partida.

 

El juego se concertó

en la ciudad de Linares

un día 28 de agosto,

a las cinco de la tarde.

 

Llegaron aficionados

de muy lejanos lugares,

a presenciar el encuentro

de enemigos tan mortales.

 

Antes de sonar la hora

el lleno era ya completo,

la gente sufrió estrujones

por conseguir un boleto.

 

Al comenzar la corrida

algo ya se presentía,

mas nadie se imaginó

que Manolo moriría…

 

“Manolete”, muy erguido

enfrentóse a aquella fiera,

¡Yo nomás quiero matarte!

¡Yo también a ver si puedo!

 

El diálogo se entabló

en la plaza de Linares.

Los dos tenían buena casta,

¡los dos jugaban iguales!

 

Con sorpresa para todos

el juego quedó empatado,

“Manolete” al cementerio,

el toro descuartizado…

 

El Cristo de los Faroles

haya acogido a Manolo,

ya que siempre fue creyente,

hasta el último momento.

 

Aquí termina el corrido

del rentoy y de la muerte…

Dediquemos un recuerdo

al querido “Manolete”.

 

Manuel Mendoza Flores.

 2001

 2003 

CUANDO LLORAN LOS CAPOTES

 Pregunto:

 Escucho aún las voces

lejanas de un raro cortejo

que anuncia callado

la muerte del día

espacio despierto

radiante sentido

hallado sin pasos

buscando la pálida

altura del sueño.

Pregunto:

Mitad vacío del río

en donde se hunde la noche

por qué sollozan las piedras

no cantan las aves

se agitan los campos

y trepan los montes

retazos de toros

buscando sosiego?

 

Estoy sólo, ya sin lágrimas

ni expresiones desbordadas

por los triunfos en el ruedo

o la pena de fracasos

inundados por el llanto.

 

Son acaso los tendidos

solitarios de la plaza

quienes miran por las noches

las faenas del silencio?

 

O quizás son las barreras

de los ruedos quienes lloran?

Mas que nadie cuando mueren

en la arena los toreros.

 

Banderilla que penetra

desde el sueño de la vida

hasta el alma de la tierra

que sublima los recuerdos

son acaso los rocíos

temblorosos de la sangre

quienes pintan cada tarde

las aristas de las flores?

 

Manolete. Quietas lágrimas

toro “Islero” fue en Linares

paseíllo de la muerte

paseíllo de la gloria

redondel, pandereta de contornos

transparentes, encendidas por las iras

de la sangre y la muleta.

Manolete.

No hay preguntas, no hay respuestas

ay toreros como lloran

los capotes, como lloran,

como lloran los luceros!

 

Conchita Cintrón

inmóvil estoy mirando la arena

que un día tus pasos llenaron de sol

espejos dormidos recuerdos y magia

que en Acho se hicieron

retoños de luz.

 

Estoy sólo acostado

con las manos sobre el pecho

y los ojos entreabiertos

recordando sin apuros

en silencio mi pasado.

 

Plaza del pueblo

llanto en escombros

luto del cielo quieres decirme

como es que vino

tan pronto la Muerte.

 

Un capote recostado

en la sombra de mis manos

que penetra en la tierra

lentamente me acompaña

no me olviden, hasta luego.

 Dr. Carlos Tapia.

 2010

 CON UN SENTIDO POEMA GASTON RAMIREZ RECUERDA A MANOLETE EN MEXICO. Por Mario Carrión. 27 de octubre, 2010.

   Antes de incluir en este espacio el poema Mi Manolete explicaré como esta composición poética, escrita por nuestro colaborador, el periodista mexicano Gastón Ramírez, casualmente llegó a mi poder, y haré un resumido compendio de las grandes hazañas taurinas que el fenomenal diestro Manuel Rodríguez “Manolete” logró hacer en los ruedos mexicanos en la década de los años cuarenta. El impacto dejado por El Monstruo en la tauromaquia mexicana fue tan potente que aun  aficionados como mi amigo Gastón quien, por su edad, no tuvo ocasión de verlo torear, el ser conocedor de tales extraordinarios hechos le inspiran para expresar sus sentimientos sobre El Califa de Córdoba en versos.

   Con Gastón y mi cuñado Antonio Mihura y, de cuando en cuando con otros amigos más, mantenemos lo que pudiera denominarse una tertulia cibernética a través de mensajes. Uno sugiere un tópico y sobre eso opinamos. Tengo que decir que de los tres, Gastón es el más inquisitivo por lo que tiene la tendencia de traer a colación nuevos temas. Así que, sin venir a cuento, pues que yo sepa no se recodaba ninguna efemérides especial del torero, Gastón sacó a relucir el tema de la trayectoria de Manolete en México y, como hace a menudo, además de opinar envió dos enlaces del Intenet, Burladerodos y Laaldeadetauro, que informaban sobre el asunto. Así que investigando esos enlaces recordé algunos datos que ya sabía más aprendí otros nuevos sobre las dos extensas y deslumbrantes campañas de Manolete en el país hermano.

   Manuel Rodríguez Sánchez “Manolete” confirmó su alternativa en la Plaza de Toros “El Toreo” de México DF el 9 de diciembre de 1945, en la llamada Corrida de la Concordia. Este festejo se apela así por ser la primera corrida dada en la que diestros españoles y mexicanos alteraban juntos, después de varios años de no hacerlo ni en México ni en España, por haberse roto el convenio sindical que permitía que eso sucediera.

   En la corrida se lidiaron astados de la famosa ganadería de Torrecilla. Actuó de padrino el gran maestro mexicano Silverio Pérez y de testigo Eduardo Solórzano. Manolete triunfó con su primero,  cortando orejas y rabo, y desafortunadamente fue herido de gravedad por su segundo toro cuando lo toreaba con el capote.

   Esa tarde comenzó el idilio del torero español con la afición mexicana y viceversa, convirtiéndose Manolete en un ídolo, como ya lo era en España, y en dondequiera que había actuado. Confirmó en su primera actuación, no solamente la alternativa, sino también todo lo bueno que se había hablado y escrito sobre él en esas tierras.

   Se debe anotar el hecho de que cuando Manolete pisó el suelo mexicano por primera vez, se estaba viviendo allí la era dorada de la historia del toreo local, habiendo extraordinarias figuras que, sin competición de lo españoles, estaban escribiendo páginas gloriosas en los ruedos nacionales. Entre ellos Luis Castro “El Soldado”, Luis Procuna, Armillita Chico, Lorenzo Garza, David Liceaga, El Calesero, Antonio Velásquez, Jesús y Eduardo Solórzano y Silverio Pérez, quien era el diestro con quien más veces Manolete compitió, en 16 corridas. Esos toreros se motivaron aun más con la presencia de Manolete y reaccionaron con casta, ofreciéndole una fuerte competición, de la que el público se benefició al ser testigo de grandes tardes de toros. Aun  los pocos y buenos aficionados que quedan de esos tiempos comentan con entusiasmo esas hazañas, y han transmitido a través de la tradición oral esos recuerdos legendarios, tal vez ya idealizados, a aquellos que no tuvieron la suerte de presenciarlos.

   Desde la fecha de su confirmación hasta el 9 febrero de 1947, cuando en Mérida toreó su última corrida en el continente americano, Manolete actuó en 37 corridas de toros, entre las dos plazas capitalinas y otros cosos de las principales ciudades del territorio mexicano, en donde cortó numerosas orejas y rabos.

   Aunque los triunfos fueron muchos y dignos de anotar, es de especial importancia recordar, por la relevancia histórica en la tauromaquia mexicana, el hecho de que Manolete formó parte del trío de maestros que inauguró la Plaza Monumental México. El hecho aconteció el martes 5 de febrero de 1946 y el cartel lo compusieron Luis Castro “El Soldado”, Manuel Rodríguez “Manolete” y Luis Procuna, lidiando toros de San Mateo. Manolete tuvo el honor de ser el recipiente de la primera oreja otorgada en el nuevo coso, al matar a “Fresnillo”, el segundo toro de la tarde, y de haber dado dos vueltas al ruedo, a pesar de haber matado de cinco pinchazos y una estocada a “Monterillo”, el quinto bis, un sobrero de la misma ganadería, que salió en lugar de “Peregrino”, el toro de turno que fue devuelto a los corrales bajo la protesta de un público que se oponía a la devolución.

   Una prueba de la vitalidad del toreo que entonces existía en la nación es que se siguieron dando festejos con grandes entradas, tanto en la antigua plaza El Toreo como en la recién inaugurada. Ejemplo, el 16 de febrero de 1946, Manolete sostuvo un reñido a mano con Silverio Pérez en La México y al día siguiente actuó con Pepe Luis Vázquez, el mexicano no el sevillano, y con Luis Procuna en El Toreo. Esa tarde fue grandiosa ya que los tres espadas les cortaron las orejas y rabo a un toro. Los nobles y bravos astados pertenecían a la ganadería tlaxcalteca de Coaxamalucan. Por el contrario, en la actualidad aun con buenos carteles a menudo hay apenas una decena de millares de espectadores en La México, el único coso de la capital y en el que caben unas 45.000 personas.

   Manolete cerró su primera campaña mexicana en la Plaza de Toros El Toreo el 3 de marzo de 1946, volviendo a España inmediatamente, en donde únicamente actuó en Madrid en la prestigiosa Corrida de la Beneficencia, celebrada el 19 de septiembre.

   De nuevo regresó a México el 10 de noviembre del 1946, para esa tarde actuar y triunfar en la Plaza El Toreo de la capital. Luego, los triunfos se sucedieron durante el resto de ese año y del siguiente. Son ejemplos de estos éxitos, el cortar cuatro orejas y dos rabos en El Toreo el 16 de enero, y otro rabo el 30 del mismo mes en el mismo ruedo, y entre medio el obtener su último rabo en La México el 19 de enero de 1947. Después de esto festejos toreó cuatro corridas más, una en Puebla, otra en La México, la penúltima en Aguascalientes, el 26 de enero y el 2 y el 5 de febrero, respectivamente. Finalmente, como ya mencioné, en Mérida el 9 de febrero actuó por última vez en América.

   Unos días después de su última actuación en México, Manolete regresó a España, para hacer allí lo que él planeaba sería su última campaña, para luego retirarse y disfrutar durante el resto de su vida de la fortuna conseguida en los ruedos y con las memorias de sus grandes triunfos. Sus planes, como bien es sabido, los truncó un homicida Miura que le infirió una mortal cornada en el ruedo de la plaza de toros de Linares el 28 de agosto del 1947.

   En su última temporada en España, la que comenzó tardíamente en junio, actuó solamente en veintiún festejos, recibiendo un par de serias cornadas aparte de la que le quitó la vida.

   Mi primo, el excepcional torero Pepín Martín Vázquez alternó a menudo con El Monstruo, incluyendo algún festejo en México durante la primera temporada del cordobés en esa tierra. Con él mantenía una cordial relación profesional y personal. Pepín me comentaba que el legendario diestro en sus últimas temporadas se quejaba amargamente de que en España un sector de los espectadores le exigían que en los ruedos hiciera lo imposible. Además, yo también recuerdo, aunque entonces aun era un chiquillo que soñaba con ser torero como mis ídolos mi primo y Manolete, que en la prensa y los corrillos taurinos se mencionaba tanto sobre la grandeza torera de El Monstruo como de las enormes cantidades de dinero que ganaba en sus actuaciones, y esto último causaba la envidia de los taurinos y del público en general, en una España aun empobrecida por las secuelas de la Guerra Civil. Así que cuando en el ruedo, el maestro, aunque lo intentara, no podía hacerle a un mal toro lo que el público le exigía, era común que muchos de los espectadores, ondeando en el aire las costosas entradas, le gritaban repetidamente denigrantes insultos.

   Por el contrario, parece ser que en México esa hostilidad no era tan evidente. Tal vez por eso, cuando allí actuaba, el maestro sintiera el calor de un entregado y apasionado público que lo admiraba sin importarle demasiado sus merecidas ganancias. He oído comentarios en España de personas que se relacionaban con el grandioso torero, que afirmaban que incluso la personalidad de Manolete, una persona en sí modesta, discreta y algo introvertida, durante su estancia en México cambió haciéndose más alegre y abierta.

   Cuando elaboramos sobre los logros taurinos de Manolete en su país, Gastón mencionó casualmente que había escrito un poema en su honor. Entonces, le mencioné que me gustaría leerlo. Me lo envió, lo leí y me gustó, por lo que le pedí que me permitiera publicarlo. Consintió, y a continuación lo hago: 

Mi Manolete…

 Mi Manolete

En el confuso trajín de la memoria

estás hecho de nobleza, majestad y un gran silencio.

Sólo te vi en La Salud, tu cementerio,

vestido de mármol afilado,

torero, senequista y legendario.

 

Pero te oigo en la voz de mi familia

manoletista siempre,

que dejaba de comer para ir a verte.

Te veo en carteles y boletos heredados,

en las fotos de mil y uno naturales

y estocadas como augurios de Casandra.

 

Eres el que sonríe desde la imagen mexicana

cantando con Silverio, El Ciclón y Armilla el Grande.

También te oigo tararear Las Golondrinas

como un himno contra las pinceladas del olvido,

cuando sonó la hora de la verdad, la de Linares.

 

Te adivino en un diálogo final

quizá descabellado:

-Si me matas bien, te dijo Islero, te daré paz y tendrás gloria

-Gracias amigo, estoy cansado, contestaste montando la espada ahí en

la cuna.

 

Y te sueño joven y fantasma,

como un niño precoz resucitado.

Toreando feliz, cada noche, de salón,

junto al Cristo secular de los Faroles,

sin cuidarte de tu sombra de gigante.

               Gastón Ramírez Cuevas.[1]

   Gastón Ramírez Cuevas. 14 de octubre del 2010. Ciudad de México. (Poema escrito a petición del académico y conocido escritor español Fernando Claramunt López).   Gastón, continuó nuestra tertulia proveyéndonos a mi cuñado y a mi con detalles más triviales sobre la inauguración de la México, con ejmplos como estos:

   El alguacilillo que partió plaza fue el famoso “Chalío”, don Rosalío Rodríguez. El primer capotazo y el primer par de banderillas corrieron a cargo de Román Mancibáez Guzmán, “El Chato Guzmán”… La plaza fue idea de don Neguib Simón, uno de los personajes olvidados de la Fiesta (murió en la ruina y muy amargado), y el chistecito le costó tres millones seiscientos mil dólares. Ese día memorable de la inauguración, Manolete cobró $25,000 dolarotes de aquellos buenos tiempos por matar dos toros. Y que no les extrañe que se haya dado una corrida en martes. Es que en México el 5 de febrero es día feriado. Se festeja la promulgación de la Constitución de 1917…

  Y dirigiéndome a mí me recordó que yo debería saber que el toro “Peregrino”, que le retiraron a Manolete en la corrida de la inauguración de La México lo mató el novillero mexicano Manolo Loera López en un pueblo cortándole las orejas, como Loera lo expuso en el poema Manolo Loera y Peregrino.   Loera era un novillero, que se anunciaba como Manolo López, con quien toreé en Francia la última novillada sin picadores de mi carrera en 1954. No tuvo suerte como torero, pero al retirarse de los ruedos, a Manolo le fue mejor como hombre de se inspiró para escribir poemas de temas taurinas, recopilándolos en el libro TARDE DE TOROS, publicado en el 2007 [actvivenciaprologo08.htm], del que yo escribí el prólogo, y en el que incluye el poema dedicado al toro “Peregrino”.   La verdad es que si Gastón no me lo hubiera indicado, yo no habría hecho la conexión de que este animal era precisamente el que, tal vez, Manolete hubiera podido inmortalizar en una tarde importante como era la de la inauguración de La México, y que el destino quiso que muriera olvidado en una plaza de un pequeño pueblo a manos de un novillero principiante.

   Esto fue el fin del coloquio sobre Manolete en México con Gastón Ramírez y Antonio Mihura, y este es el relevante poema de Loera que esclarece el fin de “Peregrino”: Manolo Loera y Peregrino: 

Imponente y bravo toro de San Mateo…

 Imponente y bravo toro de San Mateo de don Antonio Llaguno,

apareciste en la plaza más grande del mundo,

eras para Manolete,

tu nombre fue Peregrino.

 

El Monstruo te rechazó

y por cosas del destino

fuiste a parar a una fiesta de pueblo;

llegaste a Guadalupe Victoria,

y te enfrentó un torerillo,

más él no te rechazó,

pues soñaba con la gloria.

 

Y contigo se enfrentó

en aquel ruedo pequeño,

sin auxilio de cuadrillas,

a cara o cruz con la muerte jugó,

las orejas te cortó.

 

Peregrino, no diste más gloria a Manolete

pues él ya mucha tenía,

Dios te mandó a Guadalupe Victoria

a cumplir con tu destino

que era morir en el ruedo

y darle gloria a un torero

y tu casta de Saltillo era lo que merecía.

 

Manolo Loera es el nombre de ese novillero,

que a figura no llegó,

pero esa tarde de toros

tuvo la inmensa dicha

de enfrentarse contigo,

y al cortarte las orejas

de la gloria disfrutó.

 

Manolo Loera y Peregrino

dieron brillo y emoción a la fiesta

en una feria de pueblo

cumpliendo con su destino.

 Fecha imprecisa.

MANOLETE 

Al lic. Óscar Realme.

 Andar es muy fácil.

Lo difícil es andar sin premura.

Pasear por el miedo del ruedo

grave y con figura.

 

Cuando un cordobés es torero

su capa es la túnica.

 

Esencia y decencia:

Las dos cosas juntas.

 

¿Quién ha visto, si no entre sueños,

la estatua segura,

arriscada de gracia, de arte y de celo,

crispada de angustia,

caminar paso a paso, despacio

buscándole sitio a su tumba?

Anónimo.

SINAFO_17598

 

PROYECTO EDITORIAL DEL AUTOR. 1982-2012.

 POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE.

    Deseo, a través del Blog de mi responsabilidad, poner a consideración de las autoridades universitarias, culturales, editores e impresores la obra que, hasta el momento considero se encuentra lista para su edición, sea en papel o como libro electrónico. Se trata de 84 trabajos, mismos que han sido elaborados de 1982 a la fecha y cuya propuesta temática aborda dos temas específicos: la tauromaquia en México así como aquello relativo al tema de los archivos históricos, en concreto, el de la extinta Luz y Fuerza del Centro, donde me desempeñé como Director del Archivo Histórico de 2005 a 2009.

   El conjunto todo de esas propuestas editoriales comprende un tratamiento histórico, estético, literario e iconográfico en ambas líneas de investigación. Actualmente se encuentran bajo resguardo electrónico (archivos Word), mismos que facilitarían la tarea de edición bajo las tecnologías editoriales que deben imperar en la mayoría de los casos, e incluso también pueden sujetarse a los criterios tradicionales. Son obras que pretenden dar un soporte puntual de información sobre dos muy precisas referencias históricas que han formado parte en el devenir de esta nación. Una, la tauromaquia desde 1526 y hasta nuestros días. Otra, la historia de la electricidad, desde la segunda mitad del siglo XIX y también hasta estos momentos.

   Tres son los aspectos en que se encuentran concentradas como serie:

APORTACIONES HISTÓRICO-TAURINAS MEXICANAS (y en algunos casos bajo las subseries: Curiosidades Taurinas de antaño, exhumadas hogaño, Biografías, Catálogos, Iconografía, etc); REGISTRO GENERAL DE OBRA y ANTOLOGÍAS.

   Todos aquellos interesados pueden remitirse con el autor de la obra: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE, MAESTRO EN HISTORIA y DIRECTOR DEL CENTRO DE ESTUDIOS TAURINOS DE MÉXICO, A.C.

CUALQUIER COMUNICACIÓN PUEDE SER A TRAVÉS DEL BLOG: APORTACIONES HISTÓRICO-TAURINAS MEXICANAS (https://ahtm.wordpress.com/) o DE LOS CORREOS ELECTRÓNICOS: josecoello1962@terra.com.mx y josecoello1962@hotmail.com

    Finalmente, el detalle de cada uno de ellos, puede ser revisado[1] en el archivo que se denomina:

PE_JFCU_2012 con extensión PDF que adjunto a continuación:

 PE_JFCU_2012

   De antemano, muchas gracias por su atención. 

AGOSTO DE 2012.


[1] Enviado por el propio autor a este servidor. (N. del A.).

[2] El autor se reserva algunos datos personales que omite en el “Curriculum vitae in extenso” incluido en el archivo mencionado.

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