EDITORIAL ¡OTRO FRAUDE…, AHORA EN PACHUCA!

POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE.

    Fraude, según el Diccionario de la Real Academia Española (DRAE, por sus siglas) es una acción contraria a la verdad y a la rectitud, que perjudica a la persona contra quien se comete. Además, es un acto tendente a eludir una disposición legal en perjuicio del Estado o de tercero.

   Fraude, según la empresa taurina instalada en Pachuca, Hidalgo, es equivalente a lo que sigue:

Disponible octubre 15, 2012 en: http://www.altoromexico.com/2010/index.php?acc=galprod&id=2578

    Por más empeño que se pone en hacer las cosas “como dios manda”, no hay forma de que quienes se lo proponen, no apliquen en sus intenciones ni la seriedad ni el profesionalismo. Y si al proponérselo no tienen el menor de los empachos en presentar materia prima que no se corresponde con lo anunciado, ni tampoco con lo esperado, es de suponer que los resultados no van a ser, ni con mucho, los que una afición a los toros sigue y seguirá deseando. Como si de pronto la promesa se apoderara de las pacientes esperanzas de ese sector que, a lo que se ve, ha sido engañado en forma por demás descarada y abusiva.

   El día de ayer, domingo 14 de octubre, las víctimas fueron todos aquellos quienes acudieron a la plaza de toros “Vicente Segura” en Pachuca, Hidalgo. Un cartel que ofrecía atractivo e interés vino a convertirse en el deprimente resultado de un festejo en el que se lidió ganado que por su sola apariencia (véanse las imágenes que acompañan las presentes notas), delatan que detrás de todo esto hubo engaño y abuso de confianza.

   El primer y más grave error fue haber adquirido para tal festejo un encierro de ocho ejemplares que notoriamente dejan ver su condición de novillos (a menos que el examen post morten demuestre lo contrario y es ahí donde la empresa tendría la mejor respuesta posible si es que quiere demostrar y defenderse en forma legítima). El segundo, y ya va creciendo la cadena, es el que un “veedor” se haya encargado de elegir esos ocho animales, suponiendo que la de Pachuca no es la “México” y que, por tanto, no habría motivos suficientes para la reclamación. El siguiente eslabón fue que la “autoridad” aprobó el conjunto sin anteponer el que seguramente es un criterio muy particular establecido en el reglamento que rige para esa plaza del vecino estado de Hidalgo. Y en consecuencia, si el público no hizo aspavientos de ninguna especie, tenemos como resultado un fraude consumado que luego, si la prensa tampoco fue capaz de poner en evidencia, tenemos que el balance fue otra muestra más de la forma en cómo pretenden “hacer fiesta” todos aquellos componentes que intervienen en el desarrollo de una feria, a la cual se le viene dando el “plus” de que sucede en el marco de la declaratoria que, como Patrimonio Cultural Inmaterial acaba de darse con el visto bueno del gobernador, Lic. José Francisco Olvera Ruiz, apenas el 23 de agosto pasado, lo que contradice todas las buenas intenciones del decreto, poniendo en entredicho sus propósitos.

   Y es que en el ruedo, comparecieron cuatro matadores de “toros” que no merecían ese trato, ni tampoco la afición. Allí se presentaron Uriel Moreno “El Zapata”, Pedro Gutiérrez “El Capea”, Arturo Macías y Luis Gallardo. Sin embargo, tanto toreros como afición, se convierten en este lamentable caso, lo quieran o no, en cómplices. Según los primeros reportes, hubo casi un lleno y se cortaron 6 orejas, lo que deja ver que la actuación del juez de plaza tuvo muy poco que ver con el principio fundamental para el cual se le confió el papel de “Autoridad”. Por lo demás, y ante la presencia misma del gobernador, se cometieron esos excesos que deben evitarse a toda costa, sobre todo porque en breve, comenzará en la plaza de toros “México” una temporada que podría ser víctima del mismo síntoma, lo que daría al traste con una serie de avances en la búsqueda de una imagen y un reconocimiento legítimos al espectáculo de los toros en nuestro país, hoy que se necesitan tanto para poder comprobar no sólo su pervivencia, sino para demostrar que su funcionamiento es el correcto. Con hechos como los ocurridos ayer, una vez más, se pone en riesgo la credibilidad de toda la maquinaria taurina que funciona en México.

   Lo que aquí viene apuntándose no es sino el resultado de un asunto sumamente grave y delicado, pues deja ver en su epidermis la notoria y descarada forma en que se hacen las cosas en el entramado taurino, cuando no hay profesionales, solo improvisados. La plaza de Pachuca ha tenido en años recientes algo que podría definirse como “mala suerte”: entradas muy pobres, credibilidad por los suelos y otras circunstancias que no han terminado ni siquiera por afirmarla como una plaza seria y consistente. Mucho menos una feria que, de seguir así, la convertirán o condenarán a otro largo periodo de marginación.

   El fenómeno, con los mismos síntomas acaba de ocurrir recientemente en Querétaro, y ahora brota con total y peligrosa desmesura en Pachuca. ¿Quién sigue: la plaza más importante del país? A ese paso, lo único y lo último que puede suceder es que la fiesta de los toros pierda toda credibilidad.

   Apenas hace unos días se presentaba en Madrid el mexicano Arturo Saldívar, y lo hizo en forma por demás digna, aunque en el balance del festejo sólo quedara, para la estadística: silencio en el primero de su lote y saludos tras un aviso en el que cerraba el festejo. Pero lo que sucedió previamente es la muestra de que quienes organizan el espectáculo allende el Atlántico, lo hacen en forma por demás seria y rigurosa, exagerada si les parece, pero con el propósito bien claro de hacerlo… y bien.

   Entre las cosas que pueden percibirse, se encuentra el punto donde se ventilaron las imágenes de los toros, siendo tres de Samuel Flores y tres de Manuela Agustina López Flores, con su correspondiente información al orden en que saldría cada uno de los ejemplares, la procedencia, el número y guarismo con el que fueron marcados a fuego, la fecha (mes y año) de nacimiento, el nombre, capa o pinta, el peso y finalmente con el detalle de cada una de las comparecencias de los toreros actuantes. Ese reporte quedó consignado en la forma siguiente:

Disponible octubre 15, 2012 en: http://www.las-ventas.com/noticia.asp?codigo=5053

    Entre esos toros y los de Pachuca, por ejemplo, marcan una diferencia abismal. Es cierto, aquellos tienen otra presencia, una diferente y peculiar morfología, pero la edad es la edad. Y si a todo lo anterior agregamos el hecho de que si se hace valer todo principio fundamental establecido en un reglamento que aplica, los resultados habrían sido otros. Claro, “los hubieras no existen en la historia”, de ahí que el juicio aquí sostenido, es el resultado de los lamentables acontecimientos de ayer domingo en la “bella airosa”.

Disponible octubre 15, 2012 en: http://www.toroestoro.com/xoop/

    No se vale lo que allí acaba de suceder, pero es buen momento para pedirles a los responsables o involucrados en dicha feria que eviten, en la medida de lo posible, repetir algo que simple y sencillamente se denomina “fraude”. Pronunciar esa palabra tiene, en tiempos recientes una connotación bastante sensible en nuestra sociedad, sobre todo si contemplamos sus efectos en el ámbito político o económico. Procuremos que no suceda en lo taurino.

 15 de octubre de 2012.

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