Archivo mensual: noviembre 2012

JOSÉ GUADALUPE POSADA EN LOS TOROS (VI)

EL ARTE… ¡POR EL ARTE!

 POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE

    En cada uno de los dibujos, en cada uno de los grabados que José Guadalupe Posada dejó testimonio estrictamente en el asunto taurino, se perciben características relacionadas con la evolución y madurez de estilo. Al igual que Manilla ambos y en circunstancias muy singulares realizan una obra que, a los observadores nos crea un conflicto, pues diversos trabajos pasan por el duro aspecto de determinar quién es el autor de tal o cual obra. Esto desde luego no impacta en forma definitiva ni en uno ni en otro. Ambos hicieron trabajo donde los toros se convirtieron en tema de desarrollo estético, creativo, que es lo que importa al fin y al cabo.

 CARTEL_22.02.1885_AHMT_TOLUCA_JOSÉ MACHÍO_ATENCO

 Cartel para la tarde del 22 de febrero de 1885 en la plaza de toros de Toluca. Archivo Histórico del Estado de México. Fondo: Diversiones Públicas.

    Sin embargo, al margen de establecer más que lo cuantitativo, conviene aquí lo cualitativo con todo el posible valor y representatividad de sus trabajos, ya sea de aquellos que hayan sido producto del encargo o de los surgidos por creación propia, espontánea. Muchos impresos, sobre todo carteles de la época que va de 1887 a 1920 recogen su obra. Habiendo muerto en 1913, la imprenta de Vanegas Arroyo seguía usando las planchas que dejó ya buriladas o preparadas el aguascalentense. Incluso, por ahí he visto el ejemplar de un cartel fechado el 19 de marzo de 1933, en que todavía puede apreciarse un grabado no de Posada, sí de Manilla, lo cual permite suponer que aquellas planchas emigraron a otras imprentas, no solo de la capital, sino de la provincia, con lo que quedaría demostrado que, al cierre o desaparición de aquellos talleres, se vendieran todo o en partes.

 CAPITULAR MANILLA

 Elemento numérico con que se indicaban la cantidad de toros a lidiarse en una tarde de toros. La composición es de Manuel Alfonso Manilla.

    Es, en los carteles, que hay pocos al respecto como para sustentar mi teoría, donde pueden apreciarse las obras del célebre grabador. Pocas, pero suficientes como para decir que se involucró en su producción, realizando para ello una serie de conceptos que por ningún motivo abandonaban el estilo y además fueron espejo de una dinámica taurina que se registra bajo los novedosos síntomas de expresiones que están cambiando en forma por demás acelerada. Pero también tiene presente otro registro, el de las formas convencionales que perviven –ya amenazadas-; y perviven gracias a la influencia de Bernardo Gaviño, Ponciano Díaz y un buen conjunto de otros toreros locales (¿feudales?) que se apoderaban de un territorio específico donde desplegaban lo que para ellos era “su” tauromaquia.

   Pues bien, ese es el trabajo que interpretó Posada quien, a sus ojos, significa una tauromaquia más mexicana que española aunque luego, en el gran ejemplo de la “Oca taurina”, fueron a depositarse todas sus visiones y recreaciones, precisas por otro lado, de la que fue aquella nueva época, misma que he definido como la del toreo de a pie, a la usanza española en versión moderna.

   Al hacer una revisión entre los carteles de que dispongo en reproducción digital, y que son el resultado de un acopio de años y años, encuentro el siguiente balance:

   Que los primeros ejemplos donde aparecen grabados, ya sea de Manuel Alfonso Manilla o José Guadalupe Posada, se ubican en algunas muestras que hoy conserva el Archivo Histórico del Estado de México, donde se publicitan festejos en la plaza de toros de Toluca a partir de 1885. Allí está un cartel que corresponde a la tarde del 22 de febrero de aquel año, donde se reproducen dos grabados de Manilla, tal y como puede apreciarse en la primera ilustración que acompaña estas notas. La abundancia de este tipo de trabajos, pero sobre todo la forma original en que fueron elaborados debe haber sido bastante notoria. Sin embargo  buena cantidad de esos carteles y de los que hoy sobreviven unos cuantos, se manufacturaron utilizando como soporte un papel sumamente delgado (que conocemos, por lo menos en este país como “papel de china”), lo que con el tiempo hace riesgosa su conservación.

 GRABADO MANILLA_1933

 Cabecera del cartel correspondiente al festejo celebrado en la plaza de toros “Ponciano Díaz” en Tula, Hidalgo, para el domingo 19 de marzo de 1933. Col. del autor.

 CONTINUARÁ.

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MORIR DE SENTIMIENTO… UNA VEZ MÁS.

EL ARTE… ¡POR EL ARTE!

POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE

Maestro José Antonio Luna Alarcón:

 Sigo sus trabajos en forma hebdomadaria, religiosa. Esta vez, me dejó atónito al ver uno de esos textos que, como los suyos, son inusitadas resurrecciones, aliento y esperanza en este mar de lugares comunes. Por lo tanto, “Morir de sentimiento” debe volverse un texto de culto para muchos que, como un servidor, estamos a la búsqueda de eso que se llama “duende” o “soplo”, que dijera en su momento Rafael de Paula. Y el “duende”, el “soplo” existen también en la escritura, en el buen decir, como usted lo expresa al referirse a la más reciente de las obras de arte que trascendieron, obra de ese pedazo de torero que se llama “Morante de la Puebla”.

   No puedo más que rendirme a la tentación de publicar, porque así lo merece el que es ahora uno de esos apuntes de los que ya pueden llamarse de referencia y lectura obligada. ¡Vaya por usted!

017_DE PURÍSIMA Y ORO_MORIR DE SENTIMIENTO

  Y quien quiera verlo en directo, este se encuentra disponible noviembre 30, 2012 en: http://www.sabiosdeltoreo.com/Salidas_asp/Noticias/noticiasTaurinas.asp?Numerador=7276

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EDITORIAL.

POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE.

    El año de 2011 fue, para México, especialmente crítico, pues se vivió una de las sequías más extremas de que se tenga memoria, lo que ocasionó daños irreversibles, sobre todo en el campo, de ahí que cosechas y ganados sufrieran tremendo golpe, así como sus propietarios, quienes tuvieron que adaptarse a uno más de los nuevos efectos del cambio climático. Hoy día, superada y en parte estabilizada dicha crisis, permite a todos aquellos afectados fincar esperanzas de recuperación, cosa que tomará, en algunos casos, buen número de años.

   En circunstancias muy parecidas, sólo que desde la cosa taurina, todo parece indicar que con lo que viene aconteciendo en la plaza de toros “México”, se salvará –en buena medida-, esa otra sequía, la de valores que no se veía desde hace un buen rato.

   Todo parece indicar que comienzan a vislumbrarse sólidas esperanzas al ver desfilar a una serie de toreros que están dando la “nota” en la actual temporada capitalina. Desde luego, este balance sólo corresponde a los primeros festejos, lo que no significa tener la visión de conjunto, sino apenas un porcentaje, mismo que servirá más adelante para las conclusiones. Sin embargo, allí están Alejandro Talavante, Daniel Luque, “Morante de la Puebla”, José Mauricio, “El Juli”, Arturo Saldívar y Diego Silveti. De seis carteles restantes, ya se dará razón más adelante, e incluso, de esos nombres dependerá lo que pueda ocurrir en la segunda etapa de la temporada, a punto de ponerse en marcha a partir del domingo 13 de enero de 2013.

   Lo que interesa también es todo aquello que resulte con la comparecencia de otros tantos encierros faltantes: Marco Garfias, Marrón, Villa Carmela, Rancho Seco, La Punta y San Mateo, en espera de que su presentación represente alientos de esperanza, no sólo en cuanto al trapío y la edad que todos esperamos, sino a su juego. Lo que sí ha quedado en duda es el papel y desempeño de los jueces de plaza, que no han mostrado rigor, sino que, a la hora de resolver sobre la marcha los diversos conflictos o situaciones que se han dado durante los primeros seis festejos ese ejercicio ha dejado mucho que desear, lo que ha causado sospecha de sus capacidades. No es posible que ante lo manirrotos en sus otorgamientos de orejas que no se corresponden con ciertas faenas y labores de los toreros, tengan que “doblar las manos” en cuanto el público reacciona en forma por demás irreverente. Allí está el caso de la concesión de una vuelta al ruedo al tercer ejemplar de Los Encinos lidiado este último domingo, y donde inicialmente la decisión de la autoridad fue la de arrastre lento. Si los jueces no asumen su verdadero papel, el que les ha conferido la delegación Benito Juárez, luego de la sugerencia que, para el caso haya hecho del mismo la Comisión Taurina del D.F., no estamos en consecuencia ante nadie que sea confiable. También es de esperar una mejor postura a la hora de aprobar los encierros y en su caso, de ser necesario, la aplicación del reglamento en aquella circunstancia que tiene que ver con el examen post mortem. En la medida en que la Autoridad, así con mayúscula, demuestre su presencia es posible que el desarrollo del espectáculo encuentre una mejor razón de ser.

   Con el desenlace de este 2012, y en el territorio estrictamente taurino apenas empieza a levantarse algo bueno de la cosecha que como bien decía al principio de estas notas, resulta ser espejo de una prolongada sequía, aquella en la que a pesar del empeño de cierta maquinaria publicitaria o mediática intentan decirnos sobre las maravillas de tal o cual torero, pero el hecho es que un refresco con aires de renovación le vienen muy bien a un espectáculo que ha estado de capa caída. Y no es para menos. La crisis mundial también ha sido un factor macro que ha afectado los sistemas de funcionamiento en el espectáculo, no sólo en nuestro país. También en Europa, en centro y Suramérica. A ello debe agregarse el sistemático propósito de los contrarios en seguir alentando, desde su trinchera, la posibilidad de que las corridas de toros sean eliminadas. En nuestro frente, se hace algo, no del todo equilibrado y organizado, lo que demuestra fuertes señas de debilidad, más que de articulación con lo que puedan quedar garantizadas una serie de circunstancias que le den ese toque de permanencia. En opinión de algunos especialistas se ha llegado a una idea que compartimos: la fiesta de toros se va a morir en algún momento. Dejémosla morir dignamente, pero no forcemos su agonía, no apliquemos ningún procedimiento en que puedan quedar desconectadas esas posibilidades artificiales de prolongar la vida, o de acelerarla con el procedimiento de la eutanasia. Como parte de un proceso natural, la fiesta de los toros nace en algún momento, se desarrolla a lo largo de muchos siglos y tiende a morir, que no es eterna. ¿Cuándo va a ocurrir esto? No tenemos ninguna certeza.

   Por estos días salió publicada una nota en La Jornada (Ciencias) que nos dice que “Expertos creen posible medir cuánto tiempo vivirá una persona”, y esto a través de la prueba de sangre para determinar la velocidad del envejecimiento.[1] Si tal procedimiento científico fuese posible aplicarlo en el caso de una representación ritual tan antigua como lo es la tauromaquia, y si de todo esto tuviésemos el diagnóstico en nuestras manos, así nos quedaríamos más tranquilos. Hasta dónde llegue la extensión natural de la vida de la tauromaquia seguirá siendo un misterio.

   Sin embargo, y para terminar, no es válido que según ciertas acciones, deliberadas o no. Intencionadas o no también, sirvan como razones específicas para su más pronta eliminación, sea desde el interior o desde el exterior del territorio emblemático de la tauromaquia. El que ocho países sigan detentando y conservando ese patrimonio, ese legado no es ninguna casualidad. Tal representación permeó en sus culturas, estas hicieron suya sus representaciones y significados, de ahí que sea conveniente conservar, hasta donde sea posible el profundo lenguaje de sus raíces, relacionadas todas con un ritual que es el gran aglutinador de una suma y entrecruzamiento de otras tantas culturas a través de los siglos.

 28 de noviembre de 2012.


 

[1] La Jornada, Nº 10169, del martes 27 de noviembre de 2012. La Jornada de enmedio. (Ciencias), p. 2a.

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FESTEJOS TAURINOS EN LA CIUDAD DE TOLUCA DURANTE MAYO DE 1887.

CURIOSIDADES TAURINAS DE ANTAÑO, EXHUMADAS HOGAÑO.

 POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE

    Hubo un tiempo en que la ciudad de Toluca, pero sobre todo su excelente y fértil valle fueron considerados como la “Andalucía de México”. “Algo tiene el agua cuando la bendicen…” dice el dicho, pero más aún, la forma en que ese bellísimo lugar debe haber constituido para quien lo comparó en su momento, como el espacio que recordaba y alentaba las nostalgias de más de algún español que pasara por los diversos “caminos reales”. Un punto obligado en una de esas rutas fue la hacienda de Atenco.

   Pues bien, es en EL DIARIO DEL HOGAR, D.F., del 19 de mayo de 1887, p. 3 donde se publica la siguiente y amplia nota:

 CORRESPONDENCIA DE TOLUCA.

 Toluca, mayo 17 de 1887.-Sr. D. Filomeno Mata, director del “Diario del Hogar”.-México.

    Muy señor mío y respetable amigo:

   A reserva de hablar a vd. del Toluca político y social y de la brillantez con que fueron celebradas en la Capital del Estado de México y en todos sus distritos, principalmente en Tenancingo, las fiestas del aniversario del 5 de Mayo, en las cuales fiestas se realizaron importantes mejoras materiales, voy ahora a hablarle de un asunto en el cual todo México tiene la palabra, al menos el México taurófilo, pues nada menos que de corridas de toros se trata, por ser esta la diversión más popular en México y por creer este humilde corresponsal suyo que pueden los lectores de su ameno Diario leer con algún interés los detalles de la última función habida en esta tierra que puede considerarse como la más antigua y famosa ciudad taurófila de la República, pues en las haciendas y ganaderías del Estado en donde se cría y de donde ha salido y sale el mejor ganado de lidia, y donde se han celebrado las más famosas corridas de toros, en cuyo sentido puede considerarse esta tierra como la Andalucía de México en cuanto al toreo.

   La fama de las corridas de Toluca, tan antigua como justificada, tanto por su bravo ganado como por sus picadores y toreros que en esta Plaza han lidiado, no ha sido desmentida en las últimas temporadas, creciendo cada vez más, como lo prueba el hecho de haberse contratado por las primeras plazas de México ganado de estas haciendas y el favor de que gozan las corridas de esta ciudad en el público de la Capital de la República, el cual llena los trenes de ferrocarril siempre que se anuncian corridas en esta plaza.

   El último domingo, mucho antes de comenzar la corrida en que iba a torear el tan arrojado como popular matador Juan León el Mestizo, que es el niño mimado de los toluqueños, la plaza estaba ya completamente llena de público de aquí y de esa Capital.

   A las cuatro en punto y con buen tiempo y mucha animación se abrió al son del metal la puerta de los encapillados y salió el primero de ellos, que así como los demás, dieron oportunidad a Juan León de lucir su atrevido y limpio capeo. Pero donde el Mestizo lució su valor y sangre fría con las fieras, así como su arte, fue en el cuarto toro, al cual cambió de rodillas como sólo él lo hace, mereciendo una completa y espontánea ovación, justo premio a su valor y destreza.

Panorámica de Toluca, hacia 1930. Col. del auor.

   El público, entusiasmado, pidió que Juan cambiara con banderillas al mismo toro; accedió el diestro con la galantería que acostumbra con el soberano público, y tomando los palos ejecutó la suerte pedida, con gran limpieza, plantando los palos en el morrillo como lo manda el arte. Los aplausos se prolongaron con mucho entusiasmo.

   Al salir el quinto toro, el público pidió al Mestizo que hiciera el cambio, y accediendo nuevamente el valiente diestro, ejecutó otro magnífico cambio de rodillas, dejando completamente satisfecho y contento al público. Pero aún hizo más el Mestizo, pues de los muchos sombreros que le arrojaron al redondel tomó dos charros, y empuñándolos como para parear al toro, citó al bicho cambiándolo y marcando con los charros sombreros la posa de banderillas hasta llegar al morrillo. Hablar de la nueva ovación sería de sobra.

   En los dos toros que mató Juan León, dio al primero dos pinchazos y una estocada en su sitio, y al segundo lo despachó de un superior metisaca, cayendo muerto el toro a sus pies. Entonces fue la gran ovación, y el Himno patriótico mexicano resonó en honor del bravo torero, que debe haber quedado satisfecho con el éxito que alcanzó en toda la corrida, una de las mejores que aquí se han dado por su cuadrilla.

   Sabemos que el Mestizo va a torear próximamente en Puebla con el Habanero, por lo cual felicitamos a los zaragozanos. El Corresponsal.

   No conformes con esta nota, incluyo a continuación otra que se publicaba en otro periódico de la época:

 

    Estos eran los síntomas de gozo que se vivieron por entonces, cuando ya estaban más que reanudadas las corridas en el Distrito Federal, pero que en Toluca venían desarrollándose desde buen número de años atrás.

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EL TERCERO DE “LUNA TURQUESA”…

RECOMENDACIONES y LITERATURA.

POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE

    Circula ya el tercer libro de una serie que, en portada lleva el emblemático nombre de Luna Turquesa. Escrito por Mónica Bay, la autora se ha fijado el propósito de generar sus propias reflexiones en torno a las tres más recientes temporadas taurinas que se han desarrollado en la capital del país. Y no es la excepción en los datos que constituyen al subtítulo: “Temporada Grande. Plaza de Toros México 2011-2012… y otros apuntes”.

 

    Con un estilo peculiar, que ya es impronta en su quehacer como escritora, ha hecho de estos trabajos una particular tarea: darla a la luz en un esfuerzo que supone un alto grado de heroicidad, sobre todo en tiempos como los que corren, que son tan difíciles para publicar un libro, y más aún si es de toros. Doblemente heroico. A eso hay que agregar que la voz y las ideas emanadas de sus páginas son las de una mujer, lo que implica para ella otro alto grado de riesgo en un ambiente dominado por el género masculino, y donde la proclividad a la misoginia exacerbada, así como a todas sus expresiones (patriarcal, fálica, represiva y demás lindezas) convierte este medio en una pesada losa en intentos como el suyo que ya se ve, han logrado que se posicione gracias a sus publicaciones.

   La primera parte del pequeño volumen –apenas 71 páginas-, refleja frescura, la que da el propósito de manufacturar crónicas bajo el principio de una capacidad de síntesis que nos dice en apenas dos páginas lo que, a sus ojos significó el balance de este o aquel festejo, mostrándonos que lo suyo es generar apreciaciones absolutamente imparciales, echando mano por momentos, a diversos recursos coloquiales que, con toda seguridad irán puliéndose. No son, ni mucho menos, mensajes doctrinarios, donde pudiese abundar el lenguaje técnico o estético que exige el ejercicio mismo de la crónica, como tal. En lo suyo hay incluso una sobrada sinceridad en juzgar a los actores todos de los festejos, sin que se vea por ningún lado el propósito de verse condicionada a decir tal o cual cosa, porque ha “recibido línea”. Nada de eso. Por tanto, puede haber más de uno que se incomode. Y es que los toreros son como los libros: en cuanto se convierten en centro de atención de todas las miradas y de todos los juicios, allí comienza la valoración de cuantos se acercan a conocer en detalle el significado del contenido para saber si cuentan o no con lo que se dicen de ellos.

   Y hay una segunda parte, mucho más reflexiva, que analiza aspectos sólo posibles a la luz del reposo, donde la idea, el contexto se someten a un ejercicio en el que uno, como escritor debe estar consciente en entregar un texto compacto, sólido. Allí, la sensibilidad aflora en forma por demás extrovertida, galante. El resultado es un nuevo conjunto de apreciaciones que desbordan afición, la de una mujer que encontró en casa no sólo el empeño de sus padres por apoyarla para salir adelante y enfrentar la vida como toda profesional que es, sino también ese otro legado que no es otra cosa que la fiesta brava. con todas sus implicaciones. De eso nos da cuenta ahora en la materialización de ideas, sentimientos y demás formas de ver a la tauromaquia.

   Como en todo libro, puede haber errores y defectos… que para eso no hay libro perfecto.

   A lo que se ve, tendremos en lo sucesivo muchos otros ejemplos de creación materializados en libros como los que Luna Turquesa, Mónica Bay ya comparte con nosotros. Celebro desde aquí la novedad con que vino a anunciarnos sus más recientes escritos. El estilo es… la mujer, ya dicen por ahí.

 Mónca Bay (Seud. Luna Turquesa): Temporada Grande. Plaza de toros México. 2011-2012… y otros apuntes. Prólogo de José Antonio Luna. s.a. y l.d.e. (2012). 71 p.

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JOSÉ GUADALUPE POSADA EN LOS TOROS. (V).

EL ARTE… ¡POR EL ARTE!

POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE

    De José Guadalupe Posada y los sentimientos reflejados en la mayoría de su obra, sabemos casi nada. Se tienen datos que lo ponen en la difícil y complicada situación de aprietos económicos, desde que nace hasta que muere. Otros, le ubican en la incómoda realidad de un alcohólico. Sin embargo, no sé si estos dos factores entre otros muchos, se reflejen en la obra, como una impronta más. Lo que sí es un hecho es que al elaborar desde un pequeño hasta un grabado de gran formato lo hace en buena medida para garantizarse un ingreso, pero también y en lo político, el riesgo de persecución o encarcelamiento.

A lo anterior, hay que agregar la terrible desgracia de que muchos de los trabajos que en vida realizó para este o aquel encargo, para esa o aquella publicación efímera hoy no perviven, siendo en realidad un número quizá menor al que pudo producir en su totalidad.

   En otra faceta suya, la de darse a entender en sus quehaceres cotidianos como caricaturista o grabador, hay un trabajo muy amplio que se decanta a favor de Porfirio Díaz. Buena parte de su vida creadora comprende los años del régimen del general Díaz, de la que Vera Estañol[1] establece una clara división al respecto:

 El gobierno tuxtepecano, 1876-1880.

El de gestación porfirista, 1880-1884.

El de desarrollo y culminación del porfirismo, 1884-1900.

El de decadencia del porfirismo, 1900 en adelante

 Así que nada difícil es que se haya convertido en un afecto de la causa del oaxaqueño, al punto de que con los años, y durante la constitución del Taller de Gráfica Popular, con Leopoldo Méndez a la cabeza, si bien existió el buen propósito de compilar en aquellas épocas la obra completa del grabador, en realidad desistieron por haber encontrado demasiados signos de lo reaccionario en Posada, con lo que habrían alterado la imagen de artista comprometido con el pueblo. Por tanto, ciertos juicios o prejuicios han sido suficiente materia para deformar la imagen del personaje que, en tanto artista no corresponde con ciertas realidades, de ahí que sigamos viéndolo como el “artista comprometido con el pueblo”. Creo que en nada habrían dañado la memoria del grabador si este, antes que como hacedor, hay que verlo como un hombre de carne, hueso y espíritu, desarrollando su vida de conformidad a sus convicciones y no a otra cosa. Un hombre que social o económicamente no tuvo esos privilegios en toda su vida, debía tener muy claro qué rutas seguir, sobre todo en unos momentos en que el país se debatía en una serie de nuevos conflictos no sólo militares. También sociales y económicos que deben haber marcado profundamente a la sociedad de esa época.

   Por todo lo anterior es importante comprender la siguiente reflexión:

 Posada asume estas posiciones como suyas, y el sentido de las estampas sólo se entiende en su contexto editorial original. Los estudiosos que llegan a leer las hojas volantes como piezas integradas, ven estos dibujos antirrevolucionarios como accidentes en la trayectoria del pintor o contradicciones provocadas por la confusión de una era turbulenta.[2]

    Por lo tanto, y como en muchas ocasiones lo he repetido, siguiendo el sabio consejo de Jacob Burckhardt: “No regañemos a los muertos. Entendámoslos”.

   En ese prejuicio por tanto, puede verse a un José Guadalupe Posada ambiguo, quien de seguro y ante la posibilidad de amenazas por parte de una prensa totalmente orientada a favor del régimen, e incluso de la que no lo era tuviera que verse obligado a contenerse, por un lado. A liberarse por otro, en función del tipo de publicación con la que colaboraba en el instante preciso en que pudieran estarse dando ese tipo de debates. Sin embargo, y como vuelve a decir Barajas Durán:

 La idea de que el caricaturista carece de ideología precisa o de opiniones o lealtades políticas no se ajusta a las normas éticas y de conducta de los periodistas de fines del siglo XIX; además hay piezas llenas de pasión que hacen pensar que el grabador es un hombre comprometido con ideas y causas; finalmente, una primera ojeada al conjunto de sus caricaturistas revela que el dibujante es un hombre de principios, que su posición política cambia y evoluciona con el tiempo, que su obra tiene ambivalencias y contradicciones –típicas del momento- pero también una gran coherencia.[3]

    En ese contexto, Posada legó una serie de grabados en ciertos periódicos,, de los denominados “de a centavo”, sometida, como en otros casos de la época a la persecución ideológica, típica muestra de represión periodística durante el Porfiriato. Esa prensa “del arrabal” estaba dirigida a los sectores obreros a partir de esquemas de propaganda política e ideas de unión y solidaridad de los mismos trabajadores quienes, en el uso conveniente de cierta doctrina gozaban o disponían del arma intelectual para defender sus intereses. Una de esas publicaciones era El Fandango, del que en alguno de sus números se elaboró aquel denominado El Fandango Taurino, no faltaba más.

  

Rafael Barajas Durán (seud. “El Fisgón”): POSADA. MITO y MITOTE. La caricatura política de José Guadalupe Posada y Manuel Alfonso Manilla. México, Fondo de Cultura Económica, 2009. 548 p. Ils., facs. (Colección Tezontle)., p. 172.

    Evidentemente detrás de cada grabado hay un mensaje social y político que, hermanados sufrían el mismo embate de aquellas condiciones de represión, por lo que además de la primera mirada al dibujo debe existir una segunda, para encontrar el mensaje subliminal y decodificarlo en consecuencia. Por ejemplo, una caricatura que salió publicada en El Fandango con fecha del 8 de abril de 1894, da cuenta de un toro que embiste a un hombre del pueblo quien, con un sarape en el brazo, el que hace las veces de capote, y además sirve al perseguido para “lancearle a una mano”, como aquellos lances que Antonio Fuentes o Antonio Reverte hicieron célebres: recorte capote al brazo.

   Pero hay más. La carrera que emprenden toro y “torero” improvisado, sucede a las afueras de la cárcel de Belen, célebre porque allí fueron confinados buen número de periodistas. Y es que esto es entendible a la luz de la siguiente opinión de Rafael Pérez Gay:

 La segunda prensa de esos años fue la del entusiasmo; va de la llegada de los “científicos”, en 1888, a la cuarta reelección de Díaz -1893-. Los diarios fueron entonces cada vez menos libres, la figura presidencial era monárquica y su autoritarismo feroz. El comentario crítico desaparece de los periódicos y la oposición vive el trajín de las persecuciones, las demandas y las visitas a la cárcel de Belén. Los diarios que alcanzaron mayor vuelo en esos años fueron El Partido Liberal, (1880) y El Universal (1890). Si la voz política se esfuma de las columnas, la literatura aparece con una fuerza inopinada, las páginas de estos diarios son muchas veces auténticas lecciones de periodismo cultural.[4]

    La única expresión de descargo que puede expresar, por tanto aquel ciudadano, que no es otro que uno más de los redactores de El Fandango fue la que aparece al pie del grabado: “Que te torié Juan Diego, Vale”.

 

 Rafael Barajas Durán (seud. “El Fisgón”): POSADA. MITO y MITOTE. La caricatura política de José Guadalupe Posada y Manuel Alfonso Manilla. México, Fondo de Cultura Económica, 2009. 548 p. Ils., facs. (Colección Tezontle)., p. 175.

    ¿Qué nos dice ese mensaje? El toro, convertido en política -término que queda grabado en la divisa-, y al más puro estilo porfirista no es de porfiar. Por lo tanto, si tiene malas intenciones, pues entonces allí está “Juan Diego” para que lo toree. 

CONTINUARÁ.


 

[1] Jorge Vera Estañol, La Revolución Mexicana. Orígenes y resultados, México, Porrúa, 1957, p. 74.

[2] Rafael Barajas Durán (seud. “El Fisgón”): POSADA. MITO y MITOTE. La caricatura política de José Guadalupe Posada y Manuel Alfonso Manilla. México, Fondo de Cultura Económica, 2009. 548 p. Ils., facs. (Colección Tezontle)., p. 24.

[3] Op. Cit., p. 25-6.

[4] Disponible noviembre 26, 2012 en: http://www.nexos.com.mx/?P=leerarticulo&Article=267120 “Prensa Porfirista”.

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CRÓNICA. UN RITUAL INEXTINGUIBLE: LA TAUROMAQUIA.

POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE.

    La plaza de toros “México”, a pesar del cartel que hoy conjuntaba a tres toreros con amplio poder de convocatoria: Julián López “El Juli”, Arturo Saldívar y Diego Silveti, apenas pudieron reunir aproximadamente a unos 35 mil aficionados, lo que significaba casi tres cuartas partes en un recinto cuyo aforo rebasa las 42 mil localidades. Sin embargo, el punto donde pudo apreciarse hasta un peligroso sobrecupo fue el callejón. El lleno era hasta la bandera hay que decirlo. Pero, y ¿quién permite el paso a tanta gente que no tiene maldita la cosa que hacer en ese espacio tan estrecho? Quiso Dios o quien quieran ustedes que ninguno de los ejemplares saltara al mencionado lugar, pues de haber ocurrido esto no sólo se habría desarrollado el incidente descrito, sino que la cosa podría haber sido todavía más riesgosa. Burladeros que deben estar ocupados por autoridades en su conjunto, o hasta el de los picadores de pronto se vieron invadidos por gente que con toda seguridad no tenía nada, absolutamente nada qué hacer. Y a todo lo anterior vuelvo a preguntar: ¿Quién autoriza el paso de toda esa gente?, o es que la empresa asume y hace suyo un derecho que ahora se convierte en privilegio y hasta convida a amigos para que se alojen en tal sitio, y no conforme con eso, tienen el servicio de cantineros, por lo que hasta esa bebida generosa circula y se distribuye sin ninguna discreción en cuanto lugar la solicitan. Lo que inquieta es una actitud pasiva y tolerante por parte de la autoridad, pues para ello se genera, supongo un listado en el que aparece todo aquel personal autorizado que ingresa para cumplir ciertas funciones. Acreditada dicha justificación, todos y cada uno saben qué sitio deben ocupar durante la lidia. Pero hoy, durante el desarrollo del festejo era simplemente imposible el paso normal de las cuadrillas o del personal que está cumpliendo en esos momentos con una función específica. Esperemos que las autoridades de la Delegación Benito Juárez se desempeñen mejor y con ello se evite en lo futuro cualquier incidente de gravedad.

   Es bueno recordarle a la autoridad que para eso hay un reglamento taurino en vigor, y que el artículo 54 dice lo siguiente:

 Durante la lidia sólo podrán permanecer en el callejón las personas siguientes:

I. El Inspector Autoridad, tres inspectores autoridad auxiliares y dos médicos veterinarios;

II. Los alternantes, los sobresalientes y subalternos que actúen en el festejo;

III. Los apoderados de los diestros, quienes permanecerán dentro del burladero correspondiente, excepto en las novilladas, en las que podrán aconsejar a sus poderdantes con la discreción adecuada;

IV. Dos mozos de espadas por cada matador;

V. Dos delegados de la Asociación Nacional de Matadores de Toros, Novillos y similares y dos de la Unión Mexicana de Picadores y Banderilleros;

VI. Los monosabios actuantes y los encargados de puertas;

VII. El encargado del zarzo de banderillas y dos garrocheros;

VIII. Dos encargados de caballos debidamente uniformados;

IX. Dos alguaciles;

X. Seis médicos cirujanos a cuyo cargo esté el servicio médico de la plaza;

XI. Tres torileros;

XII. Los fotógrafos y camarógrafos que autorice la Delegación a sugerencia de la empresa, considerando uno por cada medio de información;

XIII. Comentaristas y técnicos de radio y televisión para transmisiones en vivo o diferidas, debidamente autorizados por la Delegación a sugerencia de la empresa;

XIV. El ganadero y cinco acompañantes, mismos que ocuparán el palco correspondiente, y

XV. El empresario o su representante, acompañado hasta de siete personas, quienes permanecerán en el palco respectivo.

El Inspector Autoridad será directamente responsable del cumplimiento de este artículo y no permitirá circular por el callejón ni apoyarse en la barrera a ninguna persona ajena a la lidia.

    Otra circunstancia incómoda es la de que a diestra y siniestra todos los vendedores de todas las cosas que se ofrecen en la plaza para el consumo de los aficionados simplemente no están sujetos a ningún control y lo que sucede durante la lidia es que aquello se encuentra convertido en un auténtico mercado, lo cual ocasiona diversas molestias. ¿Qué intereses hay detrás de todo estos como para no poner orden? Esperamos una respuesta razonable de la propia autoridad, así como de la delegación, pero sobre todo la aplicación del Art. 56 del Reglamento Taurino vigente que, a la letra dice:

 A la hora anunciada en los programas para el inicio del festejo, el Juez de Plaza dará orden de que suenen clarines y timbales y la función comience. En ese momento suspenderán sus actividades los vendedores en los tendidos y los alquiladores de cojines y ni unos ni otros podrán ejercer su comercio, sino en el lapso que va del apuntillamiento del toro al toque que ordene la salida del siguiente.

    Se debe recordar que este Reglamento Taurino está vigente y la última fecha en que fue sujeto de modificaciones es la del 25 de octubre de 2004.

   Pues bien, mencionados estos dos puntos que me parecen deben atenderse en forma puntual por la autoridad competente, es bueno dar paso a los apuntes e impresiones generados durante el sexto festejo de la temporada taurina 2012-2013.

   Independientemente de la actuación de Mónica Serrano que salió por delante para, como rejoneadora enfrentar un novillo de Santiago, no hay gran cosa que apuntar. Se le notó precipitada, yéndose por derecho en contadas ocasiones, de extremo a extremo del redondel, lo que no resta interés a su actuación, pero que dejó ver el hecho de que no lució el arte del rejoneo en su mejor expresión. A ratos hizo brillar a su cuadra, pero no pasó de algunos momentos. Caballeros en plaza como Pablo Hermoso de Mendoza o Diego Ventura nos están acostumbrando a una puesta en escena diferente, arriesgada, lucida, empeñosa, y hasta breve y eso es lo que quisiéramos ver en otros rejoneadores. No fue el caso de Mónica Serrano quien, para culminar su actuación tuvo que echar mano de dos estoques o de los también llamados “hojas de peral”, siendo el segundo el que, colocado en mal lugar, produjo una fuerte hemorragia con la que aquel ejemplar terminó doblando en forma que disgustó a las mayorías. Fue despedida entre fuertes muestras de desacuerdo… y entre que se arreglaba el ruedo y se tenían condiciones para la lidia de los de a pie, el festejo fue comenzando hasta las 5 de la tarde y casi diez minutos.

   Así que, con la penumbra encima, Julián López “El Juli” demostró unas capacidades increíbles. Es un torero dotado del privilegio de la maestría y desbordó todo eso en el ruedo de Insurgentes, al grado de prodigarse desde los primeros lances, los de recibo, que luego fueron enriquecidos por un conjunto de chicuelinas al más puro estilo del maestro José Mari Manzanares, echando pa´bajo los vuelos del capote y girando con singular ritmo en el mismísimo centro del redondel. Con muleta en mano el prodigio fue por ambos lados, pero sobre todo en un mismo terreno donde comenzó y culminó el trasteo, lo que habla del dominio del torero, muy al margen de la generosa faena y sus diversas representaciones, que las hubo y con mucha gracia, destacando aquellos pases de pecho, o los forzados, sin menospreciar ese o aquel desdén que fueron rúbrica de una u otra serie. Que la estocada tuvo un puntito de defecto (antes, y en el primer intento había pinchado), y por lo cual el de Los Encinos tardó en doblar, fue un factor que influyó en forma decisiva a la hora de que el público y la autoridad se ponían de acuerdo, pues el premio de las dos orejas se convirtió, además, en el parámetro para el resto del festejo, un festejo de brillantes circunstancias que sólo alcanzó las más altas cotas hasta el tercero de lidia ordinaria. Con el cuarto, quinto y sexto, cada uno de los espadas terminaron por cumplir, de ahí que obvie el resto de sus comparecencias con este telegráfico agregado en el párrafo que aquí culmina con un punto y aparte.

   Arturo Saldívar seguramente no iba a conformarse con lo que estaba sucediendo, así que también tuvo que ponerse a las alturas de las circunstancias y consiguió otra gran faena a un toro noble, como lo fueron esos tres primeros ejemplares, criados con celo y templanza por Eduardo Martínez Urquidi, el cual, recibió fuertes ovaciones. Saldívar repitió la receta de otra serie de lances por “chicuelinas”, lances que en alguna ocasión, José Alameda decía que hasta se veían en la sopa. Con una misma consigna, aquella que reza “el que manda en el ruedo soy yo”, Arturo vino a demostrarle a la afición de qué pasta está hecho y dióse a torear con placer y entrega, levantando de sus asientos a una buena porción de asistentes que terminaron por entregarse a su faena. La estocada también fue de las que garantizan un triunfo grande, y así fue. Otras dos orejas que paseó en olor de santidad.

   Faltaba, para completar la primera y única gran parte de la jornada, Diego Silveti. Es hora en que varios sectores todavía no se ponen de acuerdo con su estilo, que de seguro tiene como patrón de referencia a su padre, David Silveti, por lo que muchas veces dicha comparación viene a convertirse en una carga, más que en un distintivo. Diego, tiene lo suyo, lanceó del tercio a los medios con aplomo y reposo de toreros que afrontan, en momentos como el suyo, el peso de dos triunfadores que ya lo eran, para entonces “El Juli” y Arturo Saldívar.

   Y si de labor muleteril hay que hablar, pues el chaval se plantó en los medios y allí aguantó la embestida de “Ocote” que así se llamó el ejemplar de Los Encinos, prodigándose en los primeros pases por alto, para luego darse a correr la mano y rematar las series con galantería y valor. Otro prodigio, fue el suyo, el de ser quien decía donde había que iniciar y terminar la o las series, rematado con el hecho de que el toro quedaba en ese punto para reanudar la siguiente serie, signo de nobleza nuevamente. Y si bien la estocada tuvo la falla de tener efectos retardados, el de Los Encinos se iba muriendo demostrando una resistencia y un deseo de vivir que impresionó a los asistentes, al punto de que estallaron en una ovación que celebraba de manera muy particular un ritual, el de la agonía y muerte de un toro en el ruedo, símbolo que en esos instantes, concentraba la suma milenaria de todas las experiencias vividas en esa otra summa, la de la tauromaquia.

   Dos orejas paseó por el ruedo este gran torero en potencia, mientras aficionados y el juez de plaza se debatían en la decisión de si era justo premiar los restos del toro con un arrastre lento o una vuelta al ruedo. Ganó el segundo criterio, ganó la masa, y pasaron por encima de la decisión original del que presidía en el biombo, hasta hacerlo a un lado, como si su opinión no contase para ello. ¿Esto es bueno o es malo para la fiesta? Evidentemente si la autoridad no se impone como tal en la plaza, pueden pasar esas cosas y ser el público, en consecuencia el que tome las verdaderas decisiones, como en un juicio popular.

   Como decía hace algunas líneas, con el cuarto, quinto y sexto apenas tuvimos oportunidad de contemplar este o aquel detalle, de tal forma que el festejo, el gran festejo terminó pasadas las seis y media de la tarde, cuando la tarde en realidad, ya era la noche.

 25 de noviembre de 2012.

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