CRÓNICA. UN RITUAL INEXTINGUIBLE: LA TAUROMAQUIA.

POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE.

    La plaza de toros “México”, a pesar del cartel que hoy conjuntaba a tres toreros con amplio poder de convocatoria: Julián López “El Juli”, Arturo Saldívar y Diego Silveti, apenas pudieron reunir aproximadamente a unos 35 mil aficionados, lo que significaba casi tres cuartas partes en un recinto cuyo aforo rebasa las 42 mil localidades. Sin embargo, el punto donde pudo apreciarse hasta un peligroso sobrecupo fue el callejón. El lleno era hasta la bandera hay que decirlo. Pero, y ¿quién permite el paso a tanta gente que no tiene maldita la cosa que hacer en ese espacio tan estrecho? Quiso Dios o quien quieran ustedes que ninguno de los ejemplares saltara al mencionado lugar, pues de haber ocurrido esto no sólo se habría desarrollado el incidente descrito, sino que la cosa podría haber sido todavía más riesgosa. Burladeros que deben estar ocupados por autoridades en su conjunto, o hasta el de los picadores de pronto se vieron invadidos por gente que con toda seguridad no tenía nada, absolutamente nada qué hacer. Y a todo lo anterior vuelvo a preguntar: ¿Quién autoriza el paso de toda esa gente?, o es que la empresa asume y hace suyo un derecho que ahora se convierte en privilegio y hasta convida a amigos para que se alojen en tal sitio, y no conforme con eso, tienen el servicio de cantineros, por lo que hasta esa bebida generosa circula y se distribuye sin ninguna discreción en cuanto lugar la solicitan. Lo que inquieta es una actitud pasiva y tolerante por parte de la autoridad, pues para ello se genera, supongo un listado en el que aparece todo aquel personal autorizado que ingresa para cumplir ciertas funciones. Acreditada dicha justificación, todos y cada uno saben qué sitio deben ocupar durante la lidia. Pero hoy, durante el desarrollo del festejo era simplemente imposible el paso normal de las cuadrillas o del personal que está cumpliendo en esos momentos con una función específica. Esperemos que las autoridades de la Delegación Benito Juárez se desempeñen mejor y con ello se evite en lo futuro cualquier incidente de gravedad.

   Es bueno recordarle a la autoridad que para eso hay un reglamento taurino en vigor, y que el artículo 54 dice lo siguiente:

 Durante la lidia sólo podrán permanecer en el callejón las personas siguientes:

I. El Inspector Autoridad, tres inspectores autoridad auxiliares y dos médicos veterinarios;

II. Los alternantes, los sobresalientes y subalternos que actúen en el festejo;

III. Los apoderados de los diestros, quienes permanecerán dentro del burladero correspondiente, excepto en las novilladas, en las que podrán aconsejar a sus poderdantes con la discreción adecuada;

IV. Dos mozos de espadas por cada matador;

V. Dos delegados de la Asociación Nacional de Matadores de Toros, Novillos y similares y dos de la Unión Mexicana de Picadores y Banderilleros;

VI. Los monosabios actuantes y los encargados de puertas;

VII. El encargado del zarzo de banderillas y dos garrocheros;

VIII. Dos encargados de caballos debidamente uniformados;

IX. Dos alguaciles;

X. Seis médicos cirujanos a cuyo cargo esté el servicio médico de la plaza;

XI. Tres torileros;

XII. Los fotógrafos y camarógrafos que autorice la Delegación a sugerencia de la empresa, considerando uno por cada medio de información;

XIII. Comentaristas y técnicos de radio y televisión para transmisiones en vivo o diferidas, debidamente autorizados por la Delegación a sugerencia de la empresa;

XIV. El ganadero y cinco acompañantes, mismos que ocuparán el palco correspondiente, y

XV. El empresario o su representante, acompañado hasta de siete personas, quienes permanecerán en el palco respectivo.

El Inspector Autoridad será directamente responsable del cumplimiento de este artículo y no permitirá circular por el callejón ni apoyarse en la barrera a ninguna persona ajena a la lidia.

    Otra circunstancia incómoda es la de que a diestra y siniestra todos los vendedores de todas las cosas que se ofrecen en la plaza para el consumo de los aficionados simplemente no están sujetos a ningún control y lo que sucede durante la lidia es que aquello se encuentra convertido en un auténtico mercado, lo cual ocasiona diversas molestias. ¿Qué intereses hay detrás de todo estos como para no poner orden? Esperamos una respuesta razonable de la propia autoridad, así como de la delegación, pero sobre todo la aplicación del Art. 56 del Reglamento Taurino vigente que, a la letra dice:

 A la hora anunciada en los programas para el inicio del festejo, el Juez de Plaza dará orden de que suenen clarines y timbales y la función comience. En ese momento suspenderán sus actividades los vendedores en los tendidos y los alquiladores de cojines y ni unos ni otros podrán ejercer su comercio, sino en el lapso que va del apuntillamiento del toro al toque que ordene la salida del siguiente.

    Se debe recordar que este Reglamento Taurino está vigente y la última fecha en que fue sujeto de modificaciones es la del 25 de octubre de 2004.

   Pues bien, mencionados estos dos puntos que me parecen deben atenderse en forma puntual por la autoridad competente, es bueno dar paso a los apuntes e impresiones generados durante el sexto festejo de la temporada taurina 2012-2013.

   Independientemente de la actuación de Mónica Serrano que salió por delante para, como rejoneadora enfrentar un novillo de Santiago, no hay gran cosa que apuntar. Se le notó precipitada, yéndose por derecho en contadas ocasiones, de extremo a extremo del redondel, lo que no resta interés a su actuación, pero que dejó ver el hecho de que no lució el arte del rejoneo en su mejor expresión. A ratos hizo brillar a su cuadra, pero no pasó de algunos momentos. Caballeros en plaza como Pablo Hermoso de Mendoza o Diego Ventura nos están acostumbrando a una puesta en escena diferente, arriesgada, lucida, empeñosa, y hasta breve y eso es lo que quisiéramos ver en otros rejoneadores. No fue el caso de Mónica Serrano quien, para culminar su actuación tuvo que echar mano de dos estoques o de los también llamados “hojas de peral”, siendo el segundo el que, colocado en mal lugar, produjo una fuerte hemorragia con la que aquel ejemplar terminó doblando en forma que disgustó a las mayorías. Fue despedida entre fuertes muestras de desacuerdo… y entre que se arreglaba el ruedo y se tenían condiciones para la lidia de los de a pie, el festejo fue comenzando hasta las 5 de la tarde y casi diez minutos.

   Así que, con la penumbra encima, Julián López “El Juli” demostró unas capacidades increíbles. Es un torero dotado del privilegio de la maestría y desbordó todo eso en el ruedo de Insurgentes, al grado de prodigarse desde los primeros lances, los de recibo, que luego fueron enriquecidos por un conjunto de chicuelinas al más puro estilo del maestro José Mari Manzanares, echando pa´bajo los vuelos del capote y girando con singular ritmo en el mismísimo centro del redondel. Con muleta en mano el prodigio fue por ambos lados, pero sobre todo en un mismo terreno donde comenzó y culminó el trasteo, lo que habla del dominio del torero, muy al margen de la generosa faena y sus diversas representaciones, que las hubo y con mucha gracia, destacando aquellos pases de pecho, o los forzados, sin menospreciar ese o aquel desdén que fueron rúbrica de una u otra serie. Que la estocada tuvo un puntito de defecto (antes, y en el primer intento había pinchado), y por lo cual el de Los Encinos tardó en doblar, fue un factor que influyó en forma decisiva a la hora de que el público y la autoridad se ponían de acuerdo, pues el premio de las dos orejas se convirtió, además, en el parámetro para el resto del festejo, un festejo de brillantes circunstancias que sólo alcanzó las más altas cotas hasta el tercero de lidia ordinaria. Con el cuarto, quinto y sexto, cada uno de los espadas terminaron por cumplir, de ahí que obvie el resto de sus comparecencias con este telegráfico agregado en el párrafo que aquí culmina con un punto y aparte.

   Arturo Saldívar seguramente no iba a conformarse con lo que estaba sucediendo, así que también tuvo que ponerse a las alturas de las circunstancias y consiguió otra gran faena a un toro noble, como lo fueron esos tres primeros ejemplares, criados con celo y templanza por Eduardo Martínez Urquidi, el cual, recibió fuertes ovaciones. Saldívar repitió la receta de otra serie de lances por “chicuelinas”, lances que en alguna ocasión, José Alameda decía que hasta se veían en la sopa. Con una misma consigna, aquella que reza “el que manda en el ruedo soy yo”, Arturo vino a demostrarle a la afición de qué pasta está hecho y dióse a torear con placer y entrega, levantando de sus asientos a una buena porción de asistentes que terminaron por entregarse a su faena. La estocada también fue de las que garantizan un triunfo grande, y así fue. Otras dos orejas que paseó en olor de santidad.

   Faltaba, para completar la primera y única gran parte de la jornada, Diego Silveti. Es hora en que varios sectores todavía no se ponen de acuerdo con su estilo, que de seguro tiene como patrón de referencia a su padre, David Silveti, por lo que muchas veces dicha comparación viene a convertirse en una carga, más que en un distintivo. Diego, tiene lo suyo, lanceó del tercio a los medios con aplomo y reposo de toreros que afrontan, en momentos como el suyo, el peso de dos triunfadores que ya lo eran, para entonces “El Juli” y Arturo Saldívar.

   Y si de labor muleteril hay que hablar, pues el chaval se plantó en los medios y allí aguantó la embestida de “Ocote” que así se llamó el ejemplar de Los Encinos, prodigándose en los primeros pases por alto, para luego darse a correr la mano y rematar las series con galantería y valor. Otro prodigio, fue el suyo, el de ser quien decía donde había que iniciar y terminar la o las series, rematado con el hecho de que el toro quedaba en ese punto para reanudar la siguiente serie, signo de nobleza nuevamente. Y si bien la estocada tuvo la falla de tener efectos retardados, el de Los Encinos se iba muriendo demostrando una resistencia y un deseo de vivir que impresionó a los asistentes, al punto de que estallaron en una ovación que celebraba de manera muy particular un ritual, el de la agonía y muerte de un toro en el ruedo, símbolo que en esos instantes, concentraba la suma milenaria de todas las experiencias vividas en esa otra summa, la de la tauromaquia.

   Dos orejas paseó por el ruedo este gran torero en potencia, mientras aficionados y el juez de plaza se debatían en la decisión de si era justo premiar los restos del toro con un arrastre lento o una vuelta al ruedo. Ganó el segundo criterio, ganó la masa, y pasaron por encima de la decisión original del que presidía en el biombo, hasta hacerlo a un lado, como si su opinión no contase para ello. ¿Esto es bueno o es malo para la fiesta? Evidentemente si la autoridad no se impone como tal en la plaza, pueden pasar esas cosas y ser el público, en consecuencia el que tome las verdaderas decisiones, como en un juicio popular.

   Como decía hace algunas líneas, con el cuarto, quinto y sexto apenas tuvimos oportunidad de contemplar este o aquel detalle, de tal forma que el festejo, el gran festejo terminó pasadas las seis y media de la tarde, cuando la tarde en realidad, ya era la noche.

 25 de noviembre de 2012.

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