Archivo mensual: diciembre 2012

EDITORIAL.

POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE.

   Duele decirlo, pero este 2012 termina, en lo taurino bastante mal, con un peso enorme de fallas, pendientes y otras circunstancias que harían posible, en otro momento su posible recuperación. Ya no estamos en tiempos de subdesarrollo, pero tal parece que quienes intervienen y participan directamente en su “puesta en escena”, se empeñan en mostrar el “cobre” en forma por demás descarada.

   La tarde de hoy, en la plaza de toros “México”, última del año fue una especie de espejo de la realidad pues ante una pobre, muy pobre entrada parecían quedar muy bien reflejadas las maneras en que la empresa tiene creado ese “poder de convocatoria”, es decir: un puñado de gente que además salió profundamente molesta por ese balance en que lo disparejo de un encierro, su escasez de bravura y luego esos otros aspectos que daban al espectáculo tintes patéticos –como el hecho de que el segundo de la tarde, un inválido de marca, causara un tumbo frente a un jamelgo que no tenía condiciones para la lidia-. Pues bien, todo eso y otros detalles, parecían mostrarnos que una vez más la empresa capitalina y las empresas de provincia no quieren cumplir con el mínimo de calidad… ya ven, así les va. Este recuento es desolador y no se viene planteando a la sombra de amarguras y sordas o ciegas necedades, sino de la realidad tal cual es; y ha de ser ese balance del año que mañana se nos termina.

   Bien a las claras puede observarse que no han aprendido la lección, ni ellos, pero tampoco las autoridades, ni los ganaderos, ni la prensa (y no me refiero a todos en su conjunto, siempre habrá excepciones a la regla). Pero la media es y se ha convertido en denominador común de situaciones que dominaron el panorama a lo largo de los doce meses que han transcurrido.

   Hoy por ejemplo, llamó la atención el limitado desempeño de Lupita López que, si hay que tasarla en el mismo rasero que sus demás compañeros, es preciso decirle que no supo resolver su compromiso. Se dedicó a ser un “pegapases” más, como hay muchos, y que si no hay alguien detrás de ella, insistiendo, aconsejando como es y debe materializarse la tauromaquia, tendremos a una torera que, aunque favorecida por el elogio popular, este pronto se puede acabar, como sucedió en el desencanto en el segundo de su lote, por cierto el más potable de la tarde, y donde hasta perdió los papeles. Ya no supo cómo resolver el compromiso. Pues este mismo tipo de comportamiento no es privativo en la torera, sino en muchos que se visten de luces, y pasan a hacer de su quehacer una copia de la copia del otro que también viene a resolver la situación sin mayores cambios, como si su trabajo en el ruedo fuera hacer lo que indica un “scrip” o guión perfectamente aprendido de memoria. Por eso se parecen tantos entre unos y otros que por lo tanto, no se nota o no destaca la figura que desearíamos ver y que urge, de verdad.

   También, y sucedió esta misma tarde, vimos desfilar un encierro disparejo en tipo, presentación, y juego. No ha habido hasta ahora, salvo algunos ejemplares de un encierro de Los Encinos, lidiado domingos atrás, algo qué definir como buena presentación, lidia ejemplar, bravura que son atributos ganados hasta el sacrificio y que la afición termina reconociendo. Pero cuando salen al ruedo lo que aparentemente dicen que son toros, y si a esto agregamos con escasa dosis de bravura que muchos confunden con nobleza, tenemos una equivocada visión de las cosas. Y uno se pregunta: ¿qué el veedor no tuvo suficiente criterio para elegir los encierros? ¿La autoridad está limitada en capacidades de decisión para aceptar o rechazar toros o remedo de toros cuando estos no tienen, ni por asumo, la presentación que exige una plaza como la capitalina? ¿La empresa en qué medida influye o somete para que sucedan tantos desaguisados que no son nada deseables? Y la prensa, ¿dónde queda el papel de la crítica –dejemos a un lado la de informadores-, sí una honesta y deseable crítica que abone el terreno por y para la dignificación del espectáculo?

  Nosotros, aficionados nos convertimos una tarde sí, y otra también en víctimas de ese sistemático proceder que va a terminar en producir una fuerte e incómoda sacudida si se empeñan en seguir organizando espectáculos bajo tales procedimientos que parece ser, les funciona muy bien. Pero no se dan cuenta que, con entradas tan pobres como las de hoy una vez más, a la afición se le tomó la medida. Pero eso qué importa. Vendrán nuevas tardes, sobre todo las del próximo aniversario de la plaza “México”, y entonces los tendidos del coso capitalino se verán colmados de… espectadores, atraídos por el canto de las sirenas y dirán entonces que los aficionados, como siempre, estamos equivocados, que somos unos amargados y que somos los primeros en dañar la fiesta con nuestras actitudes. Ya lo dijo, y lo ha dicho bien el empresario capitalino: ¡Para qué queremos antitaurinos, con los taurinos tenemos!

   Esa lección nos tiene que enseñar a superar el subdesarrollo en que está metida la fiesta. Si así están bien, pues que con su pan se lo coman… pero la realidad sigue estando muy lejos de lo que para nosotros, los aficionados es un espectáculo digno de ser admirado, empezando por el toro. Si esta figura protagónica sigue corriendo el riesgo de que la conviertan en un desplazado más, seguiremos presenciando mentiras que parecen verdades… y así, ¡que siga la fiesta!

   No señores, no estamos dispuestos a seguir por esas falsas veredas, y más aún cuando siguen vigentes una serie de pretensiones por darle al espectáculo taurino la categoría de patrimonio cultural inmaterial, (PCI por sus siglas) que tanto trabajo ha costado articularlo en este país, donde ya es hora de que los gobiernos no “se tapen”, como ocurrió con el del sexenio pasado (que por fortuna ya se fueron) pero que no tuvieron la capacidad de involucrarse en circunstancias que tienen que ver con la memoria histórica de un pueblo. Hasta ahora, son todavía muy pocas las poblaciones o estados que han declarado en nuestro país a la tauromaquia como PCI, estando de por medio la increíble lentitud con que esto ocurre. Tales declaraciones deben generar, en automático compromisos y responsabilidades que, en consecuencia asumen todos los participantes directos o indirectos en el espectáculo, pretendiendo con ello legitimar y defender un legado, un patrimonio que no es tampoco una casualidad. Ha sido producto de siglos y acabárselo, como pretenden las fuerzas oscuras que siguen caminando a sus anchas y aparentemente sin ninguna preocupación, no saben, es como sentenciarlo a muerte.

   ¿Qué sucederá en 2013? Lo menos que esperamos es que vuelva a repetirse la triste historia del 2012.

30 de diciembre de 2012.

Deja un comentario

Archivado bajo EDITORIALES

LOS NÚMEROS DE 2012.

Los duendes de las estadísticas de WordPress.com prepararon un informe sobre el año 2012 de este blog.

Aquí hay un extracto:

4,329 films were submitted to the 2012 Cannes Film Festival. This blog had 51.000 views in 2012. If each view were a film, this blog would power 12 Film Festivals

Haz click para ver el reporte completo.

Deja un comentario

Archivado bajo RECOMENDACIONES Y LITERATURA

MARÍA AGUIRRE “LA CHARRITA” MEXICANA, FUE EN EL SIGLO XIX UN “GARBANZO DE A LIBRA”.

EFEMÉRIDES TAURINAS DEL SIGLO XX.

 POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE.

    El 30 de diciembre de 1963, muere María Aguirre La Charrita Mexicana. Cerca de cumplir un siglo de vida, habiendo nacido en 1863, le dedico a continuación la siguiente semblanza, hoy que se cumplen 49 años de su desaparición.

    María Aguirre (1865-1963) decidió seguir una línea poco común en cuanto a la presencia que la mujer tuvo en México a finales del siglo XIX, asumiendo y haciendo suyo por tanto un papel protagónico donde la podemos ver participando activamente en quehaceres al parecer solo privativos del sexo masculino en eso de montar a caballo y realizar suertes arriesgadas.

   Había estupendas actrices, cantantes, autoras, pero una que se distinguiera manejando las riendas, sentada al estilo de las amazonas, y colocando un par de banderillas a dos manos, como lo muestra el impecable grabado de José Guadalupe Posada, francamente era un “garbanzo de a libra”. De ahí que la “Charrita mexicana” escalara rápidamente hacia una cima, en la que, si no se mantuvo por mucho tiempo, lo hizo en cambio con bastante consistencia.

 AHT24RF167

 José Guadalupe Posada. Un par de banderillas a caballo colocado por “La Charrita mexicana”. Grabado en relieve de plomo. Fuente: Carlos Haces y Marco Antonio Pulido. LOS TOROS de JOSÉ GUADALUPE POSADA. México, SEP-CULTURA, Ediciones del Ermitaño, 1985.

    Esposa en primeras nupcias con Timoteo Rodríguez.[1] El “acreditado artista” Timoteo Rodríguez era un consumado gimnasta, que para eso de los “trapecios leotard, el bolteo en zancos o los grupos piramidales” en que participaba no tenía igual, pues era de los que arrancaban las palmas en circos como el de la INDEPENDENCIA, ubicado en la calle de la Cruz Verde Nº 2.Precisamente, el admirable vuelo conocido con el célebre nombre LEOTARD, fue la última invención de este, suerte ejecutada por un solo individuo en dos trapecios, lo cual “causa admiración y sobresalto ver al artista salvar tan largas distancias cual lo puede hacer solo un ave”. A la muerte de este, ocurrida luego de padecer una cornada el 10 de marzo de 1895 y en la plaza de Durango, festejo a beneficio de su esposa, cornada que le causó un toro de Guatimapé. Por alguna razón, que llamaría descuido, se declaró la gangrena con tal rapidez que 4 días después falleció el que fue acróbata y torero al mismo tiempo. Curada la herida de la primera viudez, María casó una vez más, ahora con el cubano José Marrero, quien ostentaba el remoquete de “Cheché”. Este era otro torero de la legua, por lo que pronto se entendieron. Ambos continuaron sus andanzas, sobre todo al norte del país, sin dejar de hacerlo también en más de alguna plaza del centro del país.

   La vigorosa ejecución de tan arriesgada suerte, el buril firme y seguro de Posada hacen que el resultado de la colocación de ese par a dos manos desde el caballo, siga levantando carretadas de ovaciones, a más de un siglo de haber ocurrido. Cuarenta años después, una guapa peruana recuperó –con otro estilo- la presencia femenina en los ruedos. Me refiero a “Conchita” Cintrón, de la cual se guardan gratos recuerdos.

    Una calavera le fue dedicada en 1894 así: 

La Charrita.

 La cojió un toro de Atenco

al poner las banderillas

y al caerse del caballo

se deshizo la Charrita. 

 AHT24RF1780

María Aguirre “La Charrita Mexicana” en una de tantas imágenes ya en plena época madura. La Lidia. Revista gráfica taurina. México, D.F., 26 de febrero de 1943, Año I., Nº 14.

   Un año más tarde, la prensa trataba su caso en los siguientes términos:

    Con motivo de un posible viaje por parte de María Aguirre a España, el Suplemento a El Enano, Madrid, del 18 de julio de 1895, p. 4, expresaba lo siguiente:

    De El Arte de la Lidia, de México:

   “Es un hecho que en este año, emprenderá viaje a España con el objeto de trabajar en las principales plazas de la Península, la popular y aplaudida Charrita mexicana, María Aguirre de Marrero.

   En su viaje le acompañará su esposo el valiente matador de toros José Marrero “Cheché”, quien piensa tomar la alternativa en Madrid para después regresar al país”. 

Ya verá la Charrita

y ya verá Cheché

que aquí los cornúpetos

no son de Guanamé. 

   Todavía, a principios de siglo XX, María Aguirre seguía actuando con cierta frecuencia, hasta que su nombre poco a poco fue perdiéndose… Con los años, algunas publicaciones periódicas, como Revista de Revistas la “desempolvaron” del olvido, trayendo desde aquel territorio, y en varias entrevistas de nuevo a la “palestra” a quien fuera famosa amazona, esposa de dos toreros, Timoteo Rodríguez y José Marrero, a quienes vio morir con motivo de percances en el ruedo con muy pocos años de diferencia. Así, la valiente “charra” fue soportando la vida, hasta que, llegado el año de 1963 y casi con un siglo de vida, terminaron sus días, rodeados de recuerdos y amarguras…

NOTA: El presente texto, proviene de mi libro (inédito): “Las Nuestras. Tauromaquia mexicana con toque femenino (Desde los siglos virreinales y hasta nuestros días)”. Serie: Aportaciones Histórico-Taurinas Mexicanas Nº 77, 2. Subserie: Curiosidades taurinas de antaño, exhumadas hogaño, y otras notas de nuestros días, Nº 26. 325 p. Ils., fots., grabs., facs.


[1] María actuaba como amazona en el circo “Toribio Rea”, donde conoció a Timoteo Rodríguez, casándose con él hacia 1885. Montaba de amazona y ponía los dos palos a la vez, con una mano, a la media vuelta.

Deja un comentario

Archivado bajo EFEMÉRIDES TAURINAS DEL SIGLO XX

ALBERTO BALDERAS A LOS 72 AÑOS DE SU MUERTE. (1940-2012)

DE FIGURAS, FIGURITAS y FIGURONES.  

POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE

    ÍDOLO TAURINO DE UN PAÍS EN PLENA RECUPERACIÓN, CUANDO LAS HERIDAS DE PASADOS REVOLUCIONARIOS EMPEZABAN A CICATRIZAR.

   A SUS 23 AÑOS CABALES (HABÍA NACIDO EN 1910), BALDERAS OSTENTA EL TÍTULO DE “TORERO DE MÉXICO”, ESPECIE DE PRESEA MORAL QUE LA AFICIÓN DE ESTE PAÍS LE OTORGABA LUEGO DE LAS INTENSAS DEMOSTRACIONES TORERAS QUE PARECÍAN NO TENER FIN, GRACIAS A TENER LA VIRTUD Y EL PRIVILEGIO DE PLANTEAR TARDE A TARDE EL SÓLIDO CIMIENTO DE SU FORMACIÓN, APOYADO POR UN REPERTORIO RICO Y VARIADO, PERO SOBRE TODO POR ESA PECULIAR ENTREGA CAPAZ DE CONVENCER A LOS MÁS EXIGENTES.

   ESE BRILLO LO APAGÓ COBIJERO DE PIEDRAS NEGRAS, EL 29 DE DICIEMBRE DE 1940, ASESTÁNDOLE TREMENDA Y MORTAL CORNADA EN UN MALDITO E INESPERADO IMPREVISTO…

ALBERTO BALDERAS

 ALBERTO BALDERAS. COL. DEL AUTOR.

 1940 

CORRIDO DE LA COGIDA Y MUERTE

DE ALBERTO BALDERAS EN LA

PLAZA DE “EL TOREO”

 

En diciembre veintinueve

año cuarenta de veras

en la Plaza del Toreo

fue muerto Alberto Balderas.

 

Con terno canario y plata

iba vestido el torero

guapo y erguido, valiente

de figura, un pinturero.

 

Ni siquiera imaginaba

que la muerte traicionera

oculta muy bien estaba

en palco contrabarrera.

 

“Estoy muy triste” le dijo,

a uno que le preguntó

cómo le iba en esa tarde

en que la vida dejó.

 

Salió del corral “Rayao”

buen toro que hará memoria

Balderitas en la brega

cubierto quedó de gloria.

 

Pobre de Alberto Balderas

mala suerte le tocó

en la última del año

que aquí en México toreó.

 

Quién había de decir,

tan valiente como estaba;

era domingo en la tarde.

ya la muerte lo acechaba.

 

Con “Rayao” se había lucido

y hasta una oreja cortó,

cuando salió “Cobijero”

ése que lo asesinó.

 

Negro, meano, grande y hondo

era tal bandido fiero,

que antes de morir luchando

lo empitonó traicionero.

 

Le paró pies Carnicero,

los de a caballo picaron

y los de las banderillas

al asesino adornaron.

 

Carnicero brinda el toro

cerca de la Presidencia.

más “Cobijero” lo vió

con mucha mala tendencia.

 

Se le arranca por detrás

y Balderas, buen amigo:

“No lo agarres a la mala.

métete mejor conmigo”.

 

Y se le fue derecho al toro

con la capa a medio abrir,

mas “Cobijero” no quiso

al nuevo engaño acudir.

 

¡Ay, Virgen de Guadalupe!

¡Madre nuestra del Consuelo!

En menos que se los cuento

Alberto estaba en el suelo.

 

Fue tan adentro el pitón

que el hígado le rompió

así como las arterias

por cerca del esternón.

 

Señores, de que me acuerdo

me dan ganas de llorar

Balderitas quedó herido

y se pudo levantar.

 

¡Que venga mi hermano Pancho!

¡Que estoy muerto de verdad!

¿Qué será de mis hermanas?

Se quedan en la orfandad.

 

Un monosabio lo agarra;

Balderas no podía andar,

lo llevaron para adentro

echando sangre, la mar…

 

Cuando Rojo de la Vega

vio que Balderas… caía

se fue junto con Ibarra

corriendo a la enfermería.

 

Primero fue un tropezón

pero ese toro maleado

le tiró una puñalada

en el merito costado.

 

Ibarra corrió a su lado

la herida quiso tapar;

pero la sangre brotaba

como un pozo al reventar.

 

Rojo de la Vega, Ibarra

con Herrera y otros más,

lo acostaron en la mesa

donde lo iban a operar.

 

Dijo Vega a la enfermera:

-Una aguja de inyección

¡Pronto, pronto señorita!

Esto me huele a panteón.

 

Pidió Ibarra adrenalina

en bastante cantidad,

para inyectarla en el pecho

era grande la gravedad.

 

Ya Balderitas no hablaba,

era tanta la emoción

que hasta le inyectaron sangre

buena pa´la transfusión.

 

Luego me salí, señores,

por montañas y praderas

pa´decir cómo murió

el diestro Alberto Balderas.

 

A poco entró un sacerdote

y le echó la “absolución”.

ya estaba pa l´otra vida…

se le paró el corazón…

 

Dijo Francisco Balderas:

Alberto ya falleció…

Ahora nos quedamos solos

mis hermanitos y yo.

 

Alcázar y sus muerteros

a poco se lo llevaron

dentro de caja de mimbre

en donde lo colocaron.

 

Por la noche en el velorio

llegaron muchos toreros,

los de la “porra” y amigos

así como revisteros.

 

De la raya nadie pasa,

tampoco Alberto pasó;

murió por buen compañero,

a “Carnicero” salvó.

 

Adiós Alberto Balderas,

ya te llevan a enterrar,

te acompañan tus amigos.

todos te van a llorar.

 

Mandó Francisco Balderas:

“Lo entierran junto a mi padre.

allí en el Panteón Moderno,

a las cinco de la tarde”.

 

Ya murió Alberto Balderas,

el Torero Mexicano.

aquí se acaba el corrido

que le escribí muy temprano.

Otra versión de esta cuarteta aparece de la siguiente manera:

Ya murió Alberto Balderas,

el torero mexicano,

aquí se acaba el corrido

pues lo escribió un mexicano.

Y no se olviden, amigos,

lo que acabo de cantar,

murió el torero Balderas

por un amigo salvar. 

                                                           “Jacobo Dalevuelta”

 1940

 Ha muerto Balderas.

 

Veintinueve de diciembre,

tarde de luto y tragedia;

en la historia de los ruedos

queda grabada esta fecha.

La afición viste de luto,

la fiesta llora de pena,

la muerte se pasea muda

por tendidos y barreras.

El torero consentido,

el gran ALBERTO BALDERAS,

como mártir ha caído

sangrante sobre la arena…

 

Murió cuando el sol brillaba

aureolando su cabeza,

y las flores eran lluvia

Y alfombra de su faena…

Fue su última jornada

pletórica de belleza,

prodigio de arte y valor,

de pundonor y vergüenza…

¡Qué artista con el capote!

Con banderillas ¡qué esteta!

¡Qué genial con la muleta!

 

Los aplausos en su honor

aún se escuchaban con fuerza

cuando salió “Cobijero”

marrajo de Piedras Negras.

Recogido de pitones,

en ellos llevaba impresa

la guadaña de la Parca

alevosa y traicionera.

Carnicerito de espaldas

saluda a la Presidencia,

cuando el toro se le arranca

con intenciones arteras…

Y fue Balderas al quite;

su alma generosa y buena

no tembló ante el sacrificio

y ofrendó su vida entera…

 

¡Alma gigante y hermosa

que siempre estuvo serena!

¡Corazón de oro y acero

que solo tuvo nobleza;

Ya no veré en tu sonrisa

el gesto de tu franqueza,

ni tu imagen atrevida

llena de vida y guapeza.

Ya descansas para siempre

bajo la tumba severa

Y teje la gloria coronas

que ciñen tu sien morena…

 

¡Adiós torero genial

romántico de la fiesta!

¡Artista de corazón,

Bohemio de las arenas!

Abra sus puertas el cielo,

tu Alma de gloria sea llena

y que descanses tranquilo

gozando la paz eterna.

 

Mientras, la gloria del mundo

con tu sangre siempre fresca,

en la historia del Toreo

marca tu nombre ¡¡¡BALDERAS!!!

 

MERCEDES SEGURA.

30 de diciembre de 1940.

 1940 

“BALDERAS” (PASODOBLE)

(por Juan S. Garrido 1940)

 

Balderas,

tú eres torero

por tu arte y valentía

por tu gracia y gallardía

en el ruedo eres el As.

 

Balderas,

genial torero,

haces vibrar de emoción

cuando clavas el acero

entregando el corazón.

 “CAMPANAS DE CATEDRAL”

PASODOBLE DEDICADO A ALBERTO BALDERAS.

(por Rafael Plaza Balboa 1940)

 Campanas de Catedral,

redoblad con sentimiento

la  tierra de los aztecas

acaba de perder a un diestro.

 

Querida afición

por su elegancia y hombría,

un toro muerte le dio

por mostrar su valentía.

 

Fue Balderas gran torero

de inagotable valor,

que en diciembre veintinueve

un toro muerte le dio.

 

México perdió un torero,

una estrella la afición

que dio su vida en el ruedo

sirviendo a otro de peón.

 

Alberto Balderas,

torerazo de verdad,

todo México te llora.

 

Descansa,

descansa en paz…

 1941

 CLASICISMO

(Posiblemente, letra de un pasodoble, dedicado a Alberto Balderas)

 

Sabor que el ambiente llena,

lidiador de cuerpo entero,

cuando tú pisas la arena

la plaza huele a torero.

 

Astro que al torear reflejas,

bajo los rayos de Febo,

el brillo de joyas viejas,

que guarda un estuche nuevo.

 

Sabor que el ambiente llena,

lidiador de cuerpo entero,

cuando tú pisas la arena

la plaza huele a torero.

 

¡Salve, artista prodigioso!

Cuando el público te aclama,

evocas a aquel grandioso

que es de León de los Aldamas.

 

Sabor que el ambiente llena,

lidiador de cuerpo entero,

cuando tu pisas la arena

la plaza huele a torero.

 

Astro que al torear reflejas,

bajo los rayos de Febo,

el brillo de joyas viejas,

que guarda un estuche nuevo.

                                                            Anónimo.

  1941 

A LA MUERTE DE BALDERAS. 

I 

Desfloran los Cielos

su lluvia de oros;

y vuelven con ellos

la tarde triunfal!

 

La tarde de arena,

la tarde de toros,

la tarde de aplausos,

la tarde de gloria,

la tarde rumbosa

de trajes de luces

que cantan victoria,

nimbada en el Orto

de un claro arrebol.

 

La tarde de triunfos,

la tarde de quites,

de picas,

de estoques,

de seda y de Sol.

 

El coso taurino

-racimo viviente-

de gente apiñada,

es disco de fuego,

-moneda acuñada-

que enciende reflejos

y viste de brillos

los ojos morunos,

los negros justillos,

las capas de raso,

las finas mantillas,

las bocas de rosa que son maravillas

sonriéndole al diestro,

que firme,

gallardo,

recibe de todo el enorme tendido

torrentes de aplausos

que son cataratas,

-raudales de perlas-,

que bajan,

y bajan

con furia no escasa,

al ruedo de arena

que forma la plaza.

BALDERAS

gentil y airoso,

clavado en el suelo con esa su gracia,

tan grande,

tan suya,

en pleno derroche de arrojo y bravura,

tendida la capa

se enfrenta a la bestia…

 

Y las manos magistrales

del torero temerario,

van plasmado entre dos astas

acuarelas vespertinas,

que semejan filigranas,

con verónicas muy finas,

con sus pases de muleta

que dibuja el gran artista,

sobre el oro de la tarde,

sobre el ocre de la arena…

 

Las almas se encienden

y rasgan las horas

los “olés” que arranca

la recia emoción…

Y en palcos,

en gradas,

en sol y barreras,

cortando los aires retumban las voces

de todas las gentes,

que rugen,

y rugen

lo mismo que fieras,

lanzando a lo alto

los gritos potentes de:

¡VIVA BALDERAS!

 

La Gloria del Triunfo,

al héroe taurino

cobija amorosa,

sembrando de flores su corto camino. 

II 

Y en el hueco de la sombra,

burladero imaginario,

asecha y asecha la muerte traidora…

 

¡La Muerte!

Esa muerte ladrona de vidas,

ladrona de glorias,

ladrona de triunfos,

ladrona de olivas.

¡La Muerte, metida en el ruedo,

pues quiere para ella,

los timbres de gloria

que dio el primer toro al gran triunfador…

y afila su negra

guadaña homicida,

que habrá de llevarse un brote de vida,

toda ella cuajada

de abriles en flor.

 

El floreo de los capotes, mariposas de colores,

prenden visos en los aires,

y las horas se desgranan, como pétalos de flores…

 

En el fondo del gran ruedo,

con bramidos de coraje,

el pujante “COBIJERO”,

buena estampa que a la empresa

le mandara Piedras Negras.

Hace polvo entre la arena,

ruge y rabia,

se revuelve traicionero

y arremete empitonando,

en mortífera cogida…

y es la Muerte y “Cobijero”

los que al filo de la tarde,

consumaron alevosa la tragedia del torero…

 

¡Y muere Balderas!

El héroe, a la vida, pagó su tributo…

La noche aproxima crespones de luto…

Y a trueque de aquella gigante ovación,

se hace un silencio preñado de llanto,

el llanto que sube

del alma de un pueblo

y envuelve a BALDERAS,

como una oración… 

Morelia, Mich., dic. 30 de 1940. 

Sara Malfavaund.

  SINAFO_119560

INAH_SINAFO_119560

 1943

 AÑORANZA. REPONSO A ALBERTO BALDERAS. 

29 de diciembre

Del 940;

La afición troncha sus manos

En la crisis de la pena.

Llora el papelero; llora

Lupe, lloran Ellas;

Lloran los hombres valientes;

Y llora la ciudad entera,

¡Que “Cobijero” hundió el asta

En la vida de Balderas!

 Se moría el torero honrado; por eso, porque quiso darlo todo al público que lloraba ahora su muerte. Allí, entre los médicos impotentes, estaba la carne sangrienta, hecha símbolo ya: de una época y de un sentido de deber…

 PRIMERA JORNADA

 

El sol, en todo México:

En el tendido, ella;

Y en medio del aplauso

Está Alberto Balderas,

Con el alma de bronce,

Con el traje de seda

Solitario en el círculo

Que la muerte rodea.

 Fue la última hora de emoción y de gloria. La muerte ya venía escondida en los burladeros, en las sombras grises y en los gestos raros…

 SEGUNDA JORNADA

 

Y el cuerno entró en la carne

De la afición entera;

Lo sintieron agudo,

Taladrando la pena.

No fue un torero herido

Fue una multitud yerta,

Sollozando en la angustia

Del anillo de arena.

La sonrisa se helaba

En la boca desierta,

Y un muñeco gemía

Detrás de la barrera.

 Una mujer gritaba escondida la cara en las manos. El picador cerraba los puños. Y Balderas, entre los brazos de los hombres, los resortes rotos, era un muñeco de trapo. Dentro en los toriles, un toro indiferente bramaba…

 TERCERA JORNADA

 

Flores y manos calientes;

Flores en la tumba azteca;

Símbolos de amor al símbolo

Que deja sola a la Fiesta.

Con el corazón partido

Lloras los trajes de seda

Y los ojos de los charros

Que escapan por las laderas… 

Y la tumba del torero se llenó de flores, y las regaron las lágrimas; las flores murieron pero sobre la tumba queda algo que no ha podido borrar el tiempo, algo invisible y eterno: el recuerdo.

   Este es uno más de los recuerdos a Alberto Balderas; este de los TRES TERCIOS. 

LUMO REVA.

 1946 

CORRIDO DE ALBERTO BALDERAS

 

Veintinueve de Diciembre;

una tarde dominguera

llena de sol. Fue en el año

mil novecientos cuarenta.

 

Cuando herido por las astas

de un toro de Piedras Negras,

la vida perdió un torero

de pundonor y vergüenza.

 

Entre vítores y aplausos

las cuadrillas se presentan;

al choque del sol, titilan

las doradas lentejuelas.

 

El gladiador sonriente

saluda con la montera,

y las voces se amalgaman

al gritar: ¡Viva Balderas!

 

Rasga el lienzo de la tarde

las notas de las trompetas,

y las miradas se clavan

en la fatídica puerta.

 

¡Alarido de entusiasmo…!

al empuje de la fiera

un caballo se desploma

y un capotillo flamea.

 

Banderillas de colores;

bulle la roja franela

y el bovino se desangra

de una estocada certera.

 

Como un trofeo al valor

dan al matador la oreja

y el público grita a una:

¡Torero! ¡Ese es Balderas!

 

Sobre la arena candente

“Cobijero” se presenta;

los matadores comparten

las palmas, con gran nobleza.

 

¡Ruge el monstruo! El entusiasmo

la invernal tarde caldea

y un hálito de terror

del ambiente se apodera.

 

Claveles rojos que caen,

sangran la amarilla arena;

amalgama de colores

de los trapos y las sedas.

 

Triste ¡ay! De un moribundo

a nuestros oídos llega,

y en la arena… expira un hombre.

¡El bravo Alberto Balderas!

 

En la estancia del dolor

recogen las enfermeras

los encajes destrozados

de la bordada pechera.

 

Ante la fatal verdad,

guarda silencio la ciencia,

y unas manos enguantadas

al tentar el cuerpo tiemblan.

 

Bajo la seda rasgada

la herida se abre siniestra

como una roja amapola

sobre la carne morena.

 

Se oyen sollozos de angustia

y el eco de la tragedia

en nuestros oídos dice:

¡Silencio! ¡Murió Balderas!

 

La Madre Guadalupana,

la virgencita morena,

dejó correr por su rostro

dos lágrimas como perlas.

 

Y fue tan grande el dolor

de las vírgenes toreras,

que hasta en España lloró

de pena la Macarena.

 

Cuando a la paz de su tumba

vamos a llevar la ofrenda

de una oración que perfuman

lirios, nardos y azucenas.

 

entre aquellas flores vemos

un clavel rojo que tiembla,

porque aún late entre nosotros

el corazón de Balderas.

 Ángel Rabanal.

 SINAFO_119642

 INAH_SINAFO_119642

 NOTA: La presente selección, procede de mi trabajo Tratado de la poesía mexicana en los toros. Siglos XVI-XXI, que actualmente alcanza ya, las 2000 muestras.

Deja un comentario

Archivado bajo FIGURAS, FIGURITAS Y FIGURONES

EL COLEADERO: PRETEXTO PARA UNA SOLUCIÓN.

CURIOSIDADES TAURINAS DE ANTAÑO, EXHUMADAS HOGAÑO.

 POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE

    Sirviendo como un pretexto que ocasionaba cierta incomodidad, la suerte del “coleadero”, que la costumbre, por encima de la ley seguía permitiendo, se buscó la forma de ir buscando los medios adecuados para movilizar no sólo a la afición, sino la conciencia de quienes pudieran hacer algo por atender el asunto relacionado con la prohibición a las corridas de toros en el Distrito Federal, impuesta desde el 28 de noviembre de 1867 y que, para el 18 de enero de 1885, seguía en vigor, como lo declaraEl Arte de la Lidia (año III, Nº 8), de ese mismo día, cuando en sus páginas aparece la siguiente afirmación:

 EL COLEADERO

    ¿Es permitida esta diversión por la ley? Si lo es, ¿por qué cuanto antes no se permiten las corridas de toros en México?

Fue la Segunda Comisión de Gobernación del Congreso Décimo tercero (con período del 15 de septiembre de 1886 hasta igual fecha de 1888), la que en sesión del 29 de  noviembre de 1886, presentó un Dictamen, exponiendo: que a su juicio era de aprobarse la solicitud que pedía la derogación del artículo número 87 de la Ley para Dotación de Fondos Municipales, expedida en 28 de noviembre de 1867. 

019_CHARRERÍA NACIONAL_AÑO 1_Nº 1_01.07.1963_p. 3

Revista Charrería Nacional, año 1 Nº 1, del 1º de julio de 1963, p. 3.

   Si bien, el anterior congreso rechazó la propuesta y heredó en la siguiente la posible solución, ésta en cambio, en el primer trimestre de ejercicio presentó el dictamen con respaldo de los diputados Abogado Tomás Reyes Retana y Ramón Rodríguez Rivera.

   Los elementos de que dispusieron ambos diputados se basó en tres considerandos, a saber:

   Primera.-Solamente en un sentimentalismo exagerado y exclusivo a unos cuantos, puede fundarse la prohibición de un espectáculo del que la mayoría afirma debe señalarse como una costumbre nacional, determinada por una afición peculiar en nuestra raza. Afición en que se marcan nuestros predecesores históricos y el carácter e índole de nuestro pueblo.

   Segunda.-El ejemplo del Distrito Federal al abolir las corridas de toros en 1867, no fue secundado, por largo tiempo, en los Estados de la Federación ni aun siquiera en los más limítrofes; y es ridículo para esa Ley que existan plazas de toros a inmediaciones de la Capital, favorecidas y concurridas por los habitantes de ésta, cuyo Tesoro Municipal paga en una de ellas -la del Huisachal- el servicio de policía, haciéndolo con sus propios gendarmes.

   Tercera.-Las corridas de toros, consideradas bajo el punto de vista utilitario, tienen dos ventajas: son una diversión preventiva a los delitos porque proporcionan al pueblo distracción y la apartan de los sitios en que se prostituye, y además son fuente de recursos para los municipios.

    Luego entonces, la Comisión Dictaminadora se concentró en un cuidadoso y preferente estudio que resolvió con la siguiente primer formulación:

   Primera.-Deróguese el artículo 87 de la Ley para Dotación de Fondos Municipales expedida en 28 de noviembre de 1867.

   Segundo.-Concédase licencia para dar corridas de toros pagando los empresarios por cada licencia la cantidad de cuatrocientos y ochocientos pesos.

   Tercero.-Dedíquese el producto de estas licencias exclusivamente a cubrir parte de los gastos que originan las obras para hacer el desagüe del Valle de México.[1]

   Solo fue leído e impreso para un nuevo análisis el 4 de diciembre de 1886. Pero tres días después se discutió severamente y quienes tomaron la palabra para impugnarlo fueron los ciudadanos Emilio Pimentel y Gustavo Baz.

   El primero dijo:

que no consideraba cierto que las corridas de toros fueran una costumbre nacional, porque ni aun son primitivas de nuestros conquistadores y progenitores los españoles, sino que entre ellos las introdujeron los romanos. Además, que nuestra verdadera fisonomía nacional no debía serla de la raza Hispana, sino la de la Azteca.[2]

   Es un hecho que las corridas de toros han arraigado tanto en el pueblo y sus costumbres que se convierten así en una tradición cuyo recorrido parte desde el fin de la conquista de los españoles, hasta nuestros días. Sin embargo, los matices del nacionalismo y más aún, los del neoaztequismo hacen pronunciar a Pimentel un juicio vindicador que comienza a gestarse poderosamente cuando se decide por la conservación de lo prehispánico, con la idealización de ese mismo pasado

forma de crear una alternativa culta pero a la vez popular, como parte de la ruptura ya evidente entre campo y ciudad, industria y arte popular, obreros y campesinos.[3]

   Esto es que ya configuraban una razón de ser que para algunos significaba el alumbramiento de nuevos esplendores en el campo de la nacionalidad, discusión esta que no podía darse mejor que en la Cámara de Diputados.

   El segundo (Baz) dijo:

que no consideraba el asunto como digno de ocupar el tiempo de un parlamento civilizado, porque era ridículo, y protestaba que se afirme que la opinión pública pida el restablecimiento de una diversión sanguinaria y bárbara. Cree que si algunos hacen tal petición no serán ciertamente los padres de familia y las mujeres honradas, sino los solterones y las hembras que importa en sus vapores la compañía naviera “ANTONIO LOPEZ”.[4]

   Gustavo Baz antepone el progreso como auténtico valor que se soslayó en esa discusión, asomando para placer de la polémica los propios de un ambiente netamente popular el cual se manifestaba en forma que nada guardara proporción a los principios civilizados.

   Por eso Reyes Retana y Rodríguez Rivera más conscientes de aquello que sucedía a nivel del pueblo se lanzaron a la ofensiva y expusieron ideas como de que:

   El legislador, para dictar las leyes, debe de tener en consideración las costumbres e índole de los pueblos que legisla, y está demostrado que las corridas de toros son una costumbre en el pueblo mexicano, porque le son habituales y las prefiere a todas las otras diversiones. Además, están acordes con su índole belicosa e influyen en ella, conservándole la valentía necesaria para militar.

   Si las corridas de toros deben estar prohibidas por considerarlas diversión indigna de pueblos civilizados, igual reto tendrá que imponerse a otras, también sangrientas y que son admitidas y ninguno impugna.

   Es mejor que las corridas de toros sean fuente de recurso para aumentar los fondos de los municipios, y no que sean causa de que ellos menoscaben su tesoro, gastando en cuidar el orden público en una diversión que no les produce rendimiento, pero a la que tiene que vigilar por celebrarse en puntos próximos a su jurisdicción, la capital, y repercutir en esta los desórdenes que hubiera.[5]

   Claro, es de notarse la búsqueda por los beneficios en obras públicas proporcionada por espectáculos masivos como este. Pero también señalan el hecho de que la propia policía de la capital se tuviese que apostar en las cercanías con plazas del estado de México las muchas veces en que se celebraron corridas, implicando este asunto gastos excesivos que no producían ganancia alguna a las arcas públicas. Antes al contrario, gastos indebidos.

   Siguieron interviniendo otras personas a favor de Pimentel y Baz y se pusieron de su lado el Coronel Francisco Romero y D. Julio Espinosa. De ahí en fuera no hubo más opinión al respecto por lo que se procedió a la decisión por el planteamiento. De esa forma los resultados fueron de 81 votos a favor y 41 en contra para la derogación del art. 87, consiguiéndose así la recuperación de las corridas de toros en el Distrito Federal.

   Del segundo aspecto que propuso la Comisión Dictaminadora se le hizo una objeción, la cual aducía que “Se presta a predilecciones y arbitrariedades, porque a unos empresarios les cobrarán por licencia el mínimo de la cuota y a otros les exigirán el máximun. Por lo tanto, este artículo debe ser reformado”.

   Dentro de la comisión se encuentra Alfredo Chavero quien, al enterarse de lo propuesto en la objeción, propuso que el artículo fuera modificado bajo el siguiente planteamiento:

   “Los empresarios pagarán por la licencia para cada corrida, el quince por ciento de la entrada total que haya”.

   Todo ello acarreó nuevos debates y fueron los diputados Dr. Francisco García López y Guillermo Prieto quienes declararon furibundos su reacción en el estrado.

   El artículo tercero se aprobó sin mayores dificultades (118 votos a favor; 15 lo fueron en contra).

   Y  para confirmar que todo quedaba lógicamente definido, todavía el diputado Baz pidió que el dictamen -ya para entonces decreto de ley- le fuera agregado la petición de que “En la reglamentación de la presente ley se observará lo prevenido en el Código Penal”.

   No fue discutida la petición y fue posible entonces que se canalizara el asunto; pero en la Cámara de Senadores, para que lo revisara y dictaminara, acatándose de ese modo los trámites Constitucionales.

Leyes prohibitivas que los enemigos de la Tauromaquia tienen siempre en los puntos de la pluma y por las que dedican ardiente alabanza a los gobernantes. Sin considerar que esos decretos nacieron, mejor que de la voluntad de sus autores de las críticas circunstancias en que los mismos se encontraban con la relación a sus gobernados.[6]

   Esta idea parte de considerar si las leyes elaboradas para liquidar un espectáculo como el taurino son bien vistas por los oponentes al mismo, y es cierto también que se da a notar el estado que guarda cada régimen que, en su esquema político, económico y social enfrenta circunstancias de esta índole.

    Tras los debates y discusiones se inició una época distinta para el toreo en México, donde conceptos y especificidades diversas permitieron orientarlo por rutas más seguras.

   Y bien, bajo esta revisión minuciosa, no me queda establecer más que lo ya muchas veces señalado: que el espectáculo gozó de continuidad provinciana mientras la capital se veía relegada y nada más que a la espera. Una espera que dicho sea de paso, no colmó la paciencia de los afectos a las corridas de toros. Estos acudieron a las cercanas de estados próximos a la capital, sin que los evolucionistas dejaran de seguir su campaña de repudio,[7] lo cual viene a mostrarnos que aquella conseja manejada por el pueblo, a propósito de “lo que el viento a Juárez” es un juego de palabras donde la fiesta, prohibida en el Distrito Federal y bajo el régimen del oaxaqueño, “le hizo lo que el viento a Juárez” en la provincia.

   La reanudación -en tanto- de las corridas de toros en el Distrito Federal ocurre el 20 de febrero de 1887 con el estreno de la plaza de San Rafael. El único espada fue Ponciano Díaz lidiando 6 toros de Parangueo.

   Independientemente de toda la exposición que se mostrado para entender las razones por las cuales, las corridas de toros recuperaron su ritmo en el Distrito Federal, vemos como las breves notas sobre “EL COLEADERO”, junto a otro conjunto de manifestaciones que fueron publicándose en la prensa del momento; así como por la iniciativa tomada en la Cámara de Diputados, sirvieron para derogar el decreto de prohibición y retirar, por consecuencia, el castigo impuesto a las corridas de toros en la capital del país.


[1] Centro de Estudios de Historia de México (Condumex) [C.E.H.M.]

Desagüe, México=ciudad.

082.172.521

V.A.                        JOHNSTONE, F.W.

 1886.=Proyecto para el desagüe de la ciudad y el valle de México propuesto por el Sr. F.W. Johnstone, y dictamen de la comisión nombrada por la Secretaría de Fomento.=México, Oficina Tip. de la Secretaría de Fomento, 58=(I) p. 13.2×20.7 c. Enc. rúst. (Miscelánea Ciudad de México No. 6, Folleto No. 7).

III=6=1973                  A.=No. 35352=c.

[2] Carlos Cuesta Baquero (Seud.) “Roque Solares Tacubac”. Historia de la tauromaquia en el Distrito Federal 1885-1905, T. II., p. 7.

[3] Daniel Schávelzon. La polémica del arte nacional, p. 13.

[4] Cuesta Baquero, op. cit.

[5] Ibidem., p. 7-8.

[6] Ibid., p. 9.

[7] Luis González y González, y Guadalupe Monroy. Historia moderna de México. República Restaurada (Vida social), p. 618.

   Los grandes esfuerzos de los hombres pensadores y sencillos de la Unión, están ya nulificados con la plaza de toros de Tlalnepantla… parece que después de tanto trabajar, sólo se dictaminó que no hubiera toros en el patio de una casa, y por consiguiente, ha quedado en pie, con una burla terrible; pues burla es la que a las puertas de México exista la plaza de toros, y que los convites para ellos se fijen en las esquinas de la Capital y se repartan a los transeúntes de ella… Recordemos lo que el poeta Selgas dijo a los españoles: Tres bestias entran en la plaza de toros: una va a fuerzas, la llevan a lazo; la otra va por cobrar y la tercera paga por entrar… ¿Cuál de las tres es la mayor?

Deja un comentario

Archivado bajo CURIOSIDADES TAURINAS DE ANTAÑO, EXHUMADAS HOGAÑO.

UN HECHO ALTRUISTA EN 1862, DESCRITO AL ÓLEO.

MINIATURAS TAURINAS.

POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE.

    Por sí sola, esta imagen es de una belleza misteriosa y absoluta. Pintura que permanece o permaneció en la hacienda de Pastejé desde el siglo XIX, nos somete a las interrogantes sobre si el acontecimiento registrado aquí, sucedió en la plaza del Paseo Nuevo, en virtud de que las características del coso son las mismas que las de tan entrañable escenario decimonónico. Existe una leve insinuación con el parecido de la plaza de Morelia, puesto que la perspectiva que nos ofrece a primera vista es que el ruedo de la plaza no tiene callejón. ¿O será la plaza de Toluca?

   Si el hecho descrito al óleo se refiere a la actuación de un grupo de personajes como Eustaquio Barrón, Alberto Rivas Mercado, Pedro Rincón Gallardo, Joaquín Adalid, Javier Torres Adalid, Eustaquio Barrón y Córcoles, no en 1867 como lo anota el pie de foto, sino en 1862, con motivo de la corrida a favor de los “Hospitales de sangre”, en 1862, luego de los acontecimientos ocurridos en Puebla, tras la invasión francesa, estamos contemplando la culminación de un gesto altruista para estimular y condescender al auxilio que tanto se necesitaba en tiempos de guerra, que por cierto, para el país significaba de un enorme orgullo, luego de haber enfrentado a la fuerza extranjera, misma que quedó vencida en el campo de batalla.

   Este tipo de festejos entre particulares tuvo durante diversas épocas una repercusión y también una respuesta inmediata, en la que dejando a un lado las distinciones políticas o la posición social, se compartía una tarde de toros para participar por la causa de la república.

 AHTM_24RF_45

 Esta pintura que adornaba uno de los muros de la finca de PASTEJÉ evoca la fiesta brava de hace más de siglo y medio. El toreo, que ha sufrido lenta transformación al paso del tiempo nunca ha perdido su colorido ni su sabor auténticamente valiente. Es la incógnita de siempre: la arena que puede cubrirse de flores o de un clavel de sangre. Col. del autor.

Deja un comentario

Archivado bajo MINIATURAS TAURINAS

FIESTAS DE NAVIDAD EN CUERNAVACA. 1869.

EFEMÉRIDES TAURINAS DECIMONÓNICAS

 POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE

    Para 1869, a dos años de haberse impuesto la prohibición a las corridas de toros en el Distrito Federal, Bernardo Gaviño, quien en esa época pasaba por ser el más importante de los toreros extranjeros en nuestro país, aunque ya, por su prolongada estancia en el mismo, podríamos considerarlo más mexicano que español (aunque nunca se nacionalizó mexicano). De ahí que los siguientes datos, que además coinciden con los de estas fechas con que finaliza un año más, sólo que de 1869, aparecieron en EL SIGLO DIEZ Y NUEVE, del 26 de diciembre de 1869, p. 4: GRAN FERIA EN LA CIUDAD DE CUERNAVACA.-(…) TOROS DE ATENCO.-Se darán cuatro corridas de la acreditada ganadería de Atenco, los que serán lidiados por el célebre espada Bernardo Gaviño y su cuadrilla (del 23 al 29 de diciembre), quienes han tomado con decidido empeño a su cargo la empresa.

   De esos cuatro festejos, existe apenas una pequeña evidencia, la inserción que se hizo en el mismo periódico de la publicidad de aquella feria, la que, entre otras cosas, contaba con la realización de otras tantas y atractivas circunstancias, por lo que no dudo en incluir el facsímil del mencionado aviso. 

 CARTEL_23-30.12.1869_CUERNAVACA_BGyR_ATENCO

 

Como podrá apreciarse, además de los toros, se incluyeron peleas de gallos, funciones de teatro, fuegos artificiales, iluminaciones, y la mar de cosas… sin faltar la visita a las grutas de Cacahuamilpa, claro está.

Deja un comentario

Archivado bajo EFEMÉRIDES TAURINAS DECIMONÓNICAS

EFEMÉRIDES TAURINAS NOVOHISPANAS. DE 1717 A 1721.

POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE

  Toca el turno a los años que van de 1717 a 1721, y donde los registros y noticias apenas nos dan una vaga idea de los grandes acontecimientos ocurridos durante aquel periodo de tiempo. Como he insistido en esta serie, considero que las fiestas y celebraciones, dada la naturaleza y comportamiento en aquellos años, es de que el ritmo de lo festivo debe haber dado para más, en número de ocasiones en que la sociedad novohispana –así como las autoridades políticas o religiosas- dedicaba buena parte de su tiempo al divertimento, en el que, con toda seguridad, no faltaron las corridas de toros. Sin embargo, llegan a nuestros días sólo este número de registros, ya muy cercanos también a la fecha en que habrá de contarse con una fuente de indudable valor: la Gazeta de México.

 1717

Río, Alfonso Mariano del. Aclamaciones panegyricas de gratitud, y alabanza, en la renovacion plausible de el templo primero, y mayor de la provincia de el Santo Evangelio. Por fr. Alphonso Mariano del Rio… El dia diez de diciembre del año de mil setecientos y diez y seis, que celebró, y costeó la venerable Tercera orden; tercero, y vltimo de la dedicacion, con su annual fiesta de la purissima concepcion patente el santissimo sacramento. Quien tambien lo dedica, a n. m. r. p. fr. Ioseph de Pedraza… Mexico, Miguel de Ribera Calderon [1717?].

 1718

Lucas Lascano: Palestra ingeniosa, que a la dedicación de el convento Hospital de N.P.S. Juan de Dios, celebraron los ingenios zacatecanos en el día 25 de febrero de el año 1718. Segundo de la fiesta [s.p.i.]

 1720

PISCINA ZACATECANA. Descripción de las fiestas que se hicieron en la solemne dedicación del templo de San Juan de Dios de Zacatecas. Por D. Juan Santa María Maraver, presbítero, natural de dicha ciudad. México, por Rodríguez Lupercio, 1720. 4º.

 1721

UNA APROXIMACIÓN A LOS PREÁMBULOS DE LA FIESTA TAURINA NOVOHISPANA.

    Propio de las ocasiones en que los alumnos de las instituciones educativas terminaban sus ciclos escolares, se realizaban diversas celebraciones, como la que nos refiere Francisco de Alcocer en su Tratado del juego (Salamanca, 1558, p. 295):

   En universidades famosas y adonde ay varones eminentes en letras y de grande consciencia, quando recibe alguno las insignias y grado de Doctor (…), se corren los dichos toros…

   José de Villerías y Roelas (1695-1728), natural de la ciudad de México y abogado de su audiencia. A la más fina erudición en las letras humanas y lenguas latina y griega, juntó la aplicación más incansable; siempre enfermizo y siempre entregado a los libros, murió, con gran detrimento de la literatura mexicana a los 33 años de su edad en 1728. Estudiante de jurisprudencia, alumno del agustino fray José Gil Ramírez, hombre de estudio, letras y leyes, compuso, en latín o en castellano diversas obras de carácter literario, filológico, histórico y misceláneo, como es el caso de su Descripción de la mascarada y paseo con que la Real Universidad, nobleza y pueblo de esta imperial corte de México celebró la posesión de la cátedra de Vísperas de Teología que obtuvo el Rdo. P. Fray José de las Heras… México, Herederos de Francisco Rodríguez Lupercio, 1721, obra que en sí misma no posee ninguna referencia para el presente trabajo, pero por otro lado da una completa visión sobre los participantes en el mencionado desfile, que lo mismo acudían a estas mascaradas y paseos que a los toros, con lo que es posible tener una aproximación a los preámbulos de la fiesta novohispana. De tal forma que para congregar a los referidos protagonistas, escribió un poema descriptivo que recibía el nombre latino de victor [vencedor], composición originalmente escrita en griego. Los epigramas son breves –en total, treinta versos-, que poseen importancia singular, que sirven para imaginar el boato, pero sobre todo la diversa comunidad que pudo participar en la “posesión de una cátedra” que en la plaza, recordando que fue la del Volador la que entonces daba con mayor frecuencia diversos espectáculos. Y ya que estando tan cerca la Universidad del mencionado coso, vayamos lo mismo al desfile que a los toros, porque 

Cuando a las dos y media (antes un poco;

mas miento, que las dos eran cabales),

se vieron sólo a la función, que toco,

despoblados los barrios y arrabales. 

Que ya se ve, el noble o el pueblo llano gozaban intensamente ambas demostraciones. 

Yo aquél, que hecho un Virgilio con sotana…

 

Yo aquél, que hecho un Virgilio con sotana,

aun no siendo poeta, me hice Vates,

y en latín escribí la otra semana,

porque no me entiendieran los Orates.

Y que canté trescientos disparates,

siendo cada palabra un solecismo,

ahora vuelvo aquí a cantar lo mismo.

¿No han dado en que les canten en romance?

pues yo les cantaré hasta darlos tedio;

y si cantare mal, en este lance,

aun bien, que el porfiar es el remedio

cantaré hasta ponerlos en mal trance,

que los abra mi voz de medio a medio,

cantaré hasta dejarlos enfadados,

más, que cuando les canta a los quebrados.

Tu ayuda imploro Musa, y bien echada

enfermera Talía,[1] de poquito,

que he quedado con obra tan pesada

de comer sinalefas, casi ahíto.

O una venda a lo menos, si te agrada,

que te aseguro, que el poema escrito

me tiene con sus sílabas oscuras

la vena hecha una criba de censuras.

Cantaré, pues, grandezas, bizarrías,

aderezos, jaeces, cascabeles,

galas, gualdrapas, Condes, Señorías,

rector, Doctores, Mazas y Bedeles,

y también mojigangas, fruslerías,

y retazos, y trapos, y arambeles;

todo en fin lo ridículo, y lo bello,

que esto llaman acá, dello con dello.

Érase el mes de junio, verbi gracia,

con su Alameda y su San Juan ufano;

cuando al revés el Gambaro se espacia,

y a todos amanece más temprano.

El día, si queréis saber su gracia,

fue un señor don Domingo de Lozano,

muy bizarrazo y de muy linda cara,

y la tarde señora doña Clara.

Cuando a las dos y media (antes un poco;

mas miento, que las dos eran cabales),

se vieron sólo a la función, que toco,

despoblados los barrios y arrabales.

El vulgo incierto, en sus mudanzas loco,

dividido, en corrillos desiguales,

entre confusa variedad vestía

traje de sedición a la alegría.

Unos ganan esquinas; otros dudan

cuáles serán las vías verdaderas;

para el riñón de la ciudad se mudan

los que vivían en las asentaderas;

aquí tropiezan unos; otros sudan;

a otros se les abrasan las molleras;

muchos se van acomodando aprisa,

y todos dan, a quien los mire, risa.

Las mujeres se afanan y se apuran,

solicitando asientos descombrados;

otras en los zaguanes se aseguran,

a pesar de melindres afectados;

cansadas las de a pie de andar, murmuran

a las que van en coches alquilados;

y ellas porque las hablan y las vean,

saludan, y se asoman, cecean.

Ya todas las ventanas y balcones

habían los vecinos entre tanto,

de sedas, tafetanes y listones

colgado sin ser día de su santo,

cuando empezó a llamar las atenciones,

metido casi el alborozo a espanto,

el rumor de timbales y clarines,

llenando al horizonte los confines.

Aquí fue donde el júbilo a la gente

palpitar hizo el corazón ahora,

que cual si los cogiera de repente,

así los turba la expresión sonora.

Éste alarga el pescuezo de impaciente;

inquieto aquél de puesto se mejora;

y los chicos de cuerpo al mismo instante

reniegan de los altos de delante.

El tren de la ciudad era ruidoso,

el que causaba tan alegre estruendo,

ya fatigado el bronce escandaloso,

ya los tirantes odres repitiendo,

cada cual en el hábito rancioso

de alta gorra, con sayo reverendo,

imitando en adornos y matices

imágenes antiguas de tapices.

Pasaron; mas al punto se desata

un diluvio en escuadra turbulenta,

que siendo tantos los que desbarata,

mas el mismo desorden los aumenta:

La admiración absorta se arrebata.

Cánsase ya la vista más atenta;

refriegan todos ojos y pestañas,

y la atención le sirve de legañas.

(. . . . . . . . . )

Ya la Nobleza con blasón severo

la función autoriza en larga tropa:

Cual igualando el costo y el esmero,

hace en llamas de oro arder la ropa;

cual con joyas preciosas al sombrero

todo el Oriente abrevia en una copa;

cual libreas ostenta en fin mejores,

que en otras partes galas de señores.

No digo que son hijos los caballos

del viento, porque el céfiro se holgara

de poder competirlos, no engendrarlos,

que aun Saturno destroto se alegrara;

no digo que pudiera aventajarlos

al suyo el Macedón, ni que tomara

a verlos hecho el dios del mar tampoco;

ni digo nada, porque todo es poco;

en negras mulas con alarde serio

ordena, y menos gloria no recela,

Minerva los magnates de su Imperio

en las ínfulas doctas de la Escuela:

A las letras honor, y vituperio

a la ignorancia; el número desvela;

que no contará más, quizá borlados,

la Sorbona teología en sus grados.

Va la Filosofía, taller claro

de la prudencia y norma del consejo,

de la virtud las Leyes firme amparo;

y de la Fe los cánones espejo;

las Medicina del vivir reparo,

y de la Omnipotencia fielbosquejo;

y entre todas las reina Teología,

que al mundo ilustra, y al Olimpo espía.

A pie muchos aquí, con nueva traza,

una guardia de corps fingen burlesca,

que el concurso vulgar desembaraza,

con alboroto, baraúnda y gresca,

a voces van gritando: plaza, plaza,

y con superchería soldadesca,

sin distinción de buenos y de malos.

la gente apartan y amenazan palos.

A estos mismos igual en toda era,

la lucida y faceta compañía,

que por detrás seguía caballería

como equipaje a tanta gallardía;

(cual suele a la persona placentera

del gran Virrey algún festivo día),

sin saberse a qué dar más alabanza,

si a tanta autoridad o a tanta chanza.

Con agradable majestad poniendo

fin, el Rector amplísimo a la poma

llegó, y en sus progresos añadiendo

sujeto al bronce, que su aliento rompa;

al bronce digo, que con son horrendo,

materia presta de la sonora trompa

de la Fama; mas ¿cuál habrá que baste

y que tan alto asunto no contraste?

A su siniestra, alegre, va el padrino,

Medina en sangre, que en la ilustre selva

de esta Corte no hay árbol peregrino

que en sus ramas sus vástagos no envuelva.

Su castizo bridón, bizarro vino,

porque a los otros la cuestión resuelva,

pues le dio el voto más escrupuloso

el precio del más grave y más brioso.

A la mano derecha. Mas ahora,

en vano esfuerzas, Musa, el plectro, en vano,

a explicar en tus números canora

lo que aún no cabe en tu discurso arcano.

Así observó pasar, Luna y Aurora,

trasnochado, en los campos el villano.

Hasta que el Sol, con pródiga alegría,

en los ojos le dio con todo el día.

El día de Joseph, que de hito en hito

el concurso registra circunstante,

mientras él al placer, casi infinito,

inunda grave en esplendor flamante.

No con mayor aclamación Egipto

al antiguo Joseph saludó amante,

que México al moderno, en voz festiva,

juntos el Dios te guarde, con el viva.

Vive, pues, vive, que impaciente Clío

en las burlas, y mal hallada en tanto

juego, y desconcertado desvarío,

a ti convierte ya su débil canto.

Declina de la Parca el señorío,

y de tu vida Cloto con espanto,

en vez de estambre, en rueca de piropos,

hile la misma eternidad a copos.

Vive feliz y el afán prolijo,

en honradas tareas floreciente,

asegunde del pueblo el regocijo,

cuando en premio más digno el gozo aumente:

Pues padre te ve ya, quien te crió hijo;

tu religión sagrada al mundo ostente,

entre sus altas inmortales glorias,

a los futuros siglos tus memorias.

Que si al otro Joseph aclamó padre

con voto general bárbaro el Nilo,

porque de la escasez de la gran madre,

con sus silleros fue próvido asilo:

A ti (Joseph) ¿cuál nombre habrá que cuadre,

si en mies de letras, con igual estilo,

dan a las carestías venideras

sobrados frutos tus copiosos Heras?

La fugitiva hija de Peneo,[2]

depuesta la urañía y los desdenes,

ya ronda tu persona, con deseo

de esmaltar sus pimpollos en tus sienes:

En tres laureles convertirla veo

por tu frente sus músculos perennes;

tres juntos no son dignos de ti solo.

Las Gracias todas en desnudo terno

en tus acciones Júpiter coloca;

y olvidan ellas el festín alterno,

por residir contentas en tu boca;

por ti Palas el ático gobierno

a tu mente política revoca:

Y en copia Hiblea la feliz Suada

a tus labios sus néctares traslada.

ya tu patria presume, por ti solo

(cuando no le sobrara tanto lustre)

a la preciosa arena del Pactolo

envidia dar, en su raudal palustre.

De mala gana ya amanece Apolo,

hasta mirarte en pompa más ilustre

y negará sus rayos a tu estrella,

si te negare sus influjos ella.

Ya la iglesia en vestido recamado,

de variedad cercada, el gusto muestra

y asiste en nupcial júbilo a tu lado

a la tuya alargando ya su diestra;

y tú cual suele el novio deseado,

corrida del deseo la palestra,

buscar alegre el tálamo dichoso

galán ostentas parecer de esposo.

Ya oigo al balido de la grey contento,

que en el redil de tu presente celo

los esquilmos pacíficos aumenta

al Soberano Mayoral del Cielo:

Ya activo al medio día la apacienta;

y a la noche la guarda tu desvelo

de la acechanza del león sangriento,

que rodea buscando su alimento.

¡Oh, llegue ya ese tiempo prevenido,

en que la suerte alguna vez, alguna,

esmalte lo feliz en lo entendido,

y lo dichoso con lo digno! Una,

en que dándote el premio merecido,

satisfacción dé al mundo la Fortuna,

de que tuvo enmendada al fin talento,

para elegir algún merecimiento.

Que yo en tanto la lira destemplada,

que tan mal ha sabido obedecerte,

dejaré de estos álamos colgada,

por si algún tiempo a darte gusto acierte.

Mientras la fama en ecos dilatada,

la lengua eterna en tu favor divierte

y en los distantes términos que alcanza,

con mejor voz prosiga tu alabanza.[3]


 

[1] Talía: musa de la comedia.

[2] Ángel Ma. Garibay K.: Mitología griega. Dioses y héroes. México, 5ª edición, Editorial Porrúa, S.A., 1975. XV-260 p. (“Sepan cuantos…”, 31)., p. 202.

¿Penteo?: hijo de Equino y Agave. Al regresar Dioniso de sus conquistas por el Oriente, Penteo lo desconoce y se burla de él, por la forma en que aparece. El dios seduce a las mujeres, comenzando por la madre de Penteo, Agave, y las hace ir a la montaña en forma exaltada. El rey de Tebas, que es Penteo, pretende ir a enfrenarlas. En su locura lo toman ellas por un león, o una fiera que las asalta, y es hecho pedazos por su propia madre, ayudada de las demás.

   Tal vez el mito encubre la mística de alguna manera de sacrificio humano.

[3] Francisco de la Maza: LA MITOLOGÍA CLÁSICA EN EL ARTE COLONIAL DE MÉXICO. México, Universidad Nacional Autónoma de México, Instituto de Investigaciones Estéticas, 1968. 251 p. Ils., facs. (Estudios y fuentes del arte en México, XXIV)., p. 153-156. Cfr. Roberto Heredia Correa. Albores de nuestra identidad nacional. Algunos textos de la primera mitad del siglo XVIII. México, Universidad Nacional Autónoma de México, Coordinación de Humanidades, 1991. 125 p. (Biblioteca de Letras), p. 99-105.

Deja un comentario

Archivado bajo EFEMÉRIDES TAURINAS NOVOHISPANAS

EL QUEHACER DE LA HISTORIA ANTE LOS TOROS COMO HISTORIA.

MINIATURAS TAURINAS.

 POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE.

    El acercamiento cabal que hemos tenido con la historia es de una dimensión maravillosa. Gracias a esta ciencia los valores de apreciación sobre tal o cual acontecimiento han cambiado porque ahora es posible analizar un hecho taurino con mayor profundidad, alejados de la ligereza con que muchas veces tenemos que convivir. Esto es, cabe ya la interpretación y la reinterpretación de acontecimientos sustentados en nuevas visiones que giran alrededor de la historia en su conjunto. En torno a esas historias se tejen circunstancias que constituyen o reafirman un suceso en su exacta dimensión. Vienen empujados por algo y surcan caminos, en un constante cambiar de ritmo o de pulso. Por eso la historia del toreo en cuanto tal comienza a gozar del trabajo de investigadores serios que traban compromiso con la verdad (muchas veces subjetiva) al poner en claro las cosas que han sucedido y porqué. Abunda y mucho, cierta literatura denominada como lírica, lograda con muchas ganas y afición por aquellos que, siendo aficionados al toreo y a la historia, demuestran un amor marginal por el saber, aquellos cuya afición por el saber no constituye forma de vida. Y si a sus trabajos falta el esquema básico en cuanto a formación académica o aparato erudito se refiere, ello no demerita sus esfuerzos.

   Particularmente en México, muchas historias han sido escritas partiendo de la base de trabajos ligeros, muchas veces con articulaciones positivistas que sin asumir ningún compromiso plantean simplemente “ahí está la información, ahí se las dejo. Yo ya cumplí”. Hoy en día pugnamos por una historia-vida, llena de sus vericuetos para entender el fondo de los acontecimientos. No se puede aceptar ya esa propuesta rankeiana acerca de “mostrar lo que realmente aconteció”. No están nuestros tiempos para eso.

   Colocar al toreo frente a la historia adquiere significados de una condición pocas veces valorada. Han escrito tantos autores sobre asuntos diversos y han aportado riqueza y fuente, numerosas ambas. Muchas veces esos asuntos se revaloran, se reinterpretan y las luces que se proyectan, apuntan ahora en otra dirección que a su vez nos deja admirar un nuevo y distinto panorama de las cosas.

   Me detengo para analizar un detalle interesante y apasionante también. La figura protagónica en la fiesta brava mexicana es el torero. Se le ha colocado en el pedestal, convirtiéndolo en mito, en figura de bronce cuando no es más que un hombre de carne, hueso y espíritu como nosotros. El caso de Ponciano Díaz, personaje a quien he abordado en todos sentidos, es típico. Hombre que se formó y se forjó solo en una época que le benefició por el auge de la tauromaquia mexicana (o como califica el Lic. Julio Téllez, era una fiesta española a la mexicana) es rechazado tiempo más tarde por públicos que aprendieron y aprehendieron la expresión del toreo moderno de a pie, a la usanza española y en versión moderna. Esto es, del ídolo que hizo el pueblo, acabó siendo olvidado por ese mismo entorno y del pedestal a donde se le tributaban todo tipo de elogios y exaltaciones se le pasó a la realidad terrenal de alguien que no alcanzó a lograr la celestial (valga la expresión). ¿Por qué motivo? Porque la prensa de su momento, entre otras cosas, evitó la permanencia del mito. Es cierto, a cien años de su paso por el toreo, el de Atenco continua siendo un personaje, un mandón pero más revalorado conforme avanza el tiempo. Se le ubica en su tiempo bajo la doble y recíproca función de la historia, de fomentar nuestra comprensión del pasado a la luz del presente y la del presente a la luz del pasado tal y como ha propuesto Edward H. Carr.

   Así nos acercamos del modo más inteligible a formar un consenso de ideas lógicas, adecuadas con una realidad respecto al momento histórico que estudiamos, o con el ser humano que buscamos para dialogar con el, y que sea él mismo quien nos cuente sus hazañas, aventuras y desventuras sin ayuda de falsos elementos o de alteración al construir un perfil, lo más cercano a realidades y verdades. Que la verdad en muchos casos es subjetiva, no nos impide acercarnos a los hechos de la historia, sumergirnos e interpretarlos lo más correctamente posible.

   Esa es, en esencia, la tarea del historiador, oficio que ya no es de tinieblas sino de una clara intensidad, apoyado en el juicio, en el criterio que se forma al entender el momento histórico en el que discurren hechos que conforman una sociedad y le van colocando en distintas etapas de su propia evolución, desarrollo o decadencia.

   El quehacer histórico es de importancia vital en los toros, fiesta cuya trayectoria ha recorrido varios siglos, ha penetrado en sociedades de diversa condición y especificidad, y ha mantenido su permanencia a pesar de los duros golpes asestados por otros tantos personajes a veces oscuros, que no casan con el principio de la fiesta, de lo lúdico que es y como se comporta, o de su condición tangible del sacrificio y muerte del toro, ser humano en el que -a sus ojos- se depositan los más bajos instintos de barbarie y salvajismo. Todo ello, en conjunto es de un profundo interés para estudiar e historiar el curso de la fiesta torera.

   Deseo terminar con una hermosísima cita del gran maestro de tantas y tantas generaciones, maestro respetadísimo como es el Dr. Edmundo O’Gorman quien al referir cómo quiere lograr la historia nos dice:

    Quiero una imprevisible historia como lo es el curso de nuestras mortales vidas; una historia susceptible de sorpresas y accidentes, de venturas y desventuras; una historia tejidas de sucesos que así como acontecieron pudieron no acontecer; una historia sin la mortaja del esencialismo y liberada de la camisa de fuerza una supuestamente necesaria causalidad; una historia solo inteligible con el concurso de la luz de la imaginación; una historia-arte cercana a su prima hermana la narrativa literaria; una historia de atrevidos vuelos y siempre en vilo como nuestros amores; una historia espejo de las mudanzas, en la manera de ser del hombre, reflejo, pues, de la impronta de su libre albedrío para que en el foco de la comprensión del pasado no se opere la degradante metamorfosis del hombre en mero juguete de un destino inexorable.

 SINAFO_119592

© INAH_SINAFO_119592

Estamos a unos días de conmemorar el 72 aniversario de la muerte de Alberto Balderas. Un asunto de esta naturaleza, mueve a reflexionar en la forma en que han quedado hechas las presentes propuestas por y para la historia. En breve, dedicaré un homenaje al “Torero de México”.

Deja un comentario

Archivado bajo MINIATURAS TAURINAS

HUMBERTO ÁVILA, IN MEMORIAM.

REVELANDO IMÁGENES TAURINAS MEXICANAS. Nº 46.

 POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE.

    Observen ustedes la siguiente imagen:

 LANFRANCHI T. II_p. 542_BIS

    Fue obtenida por el fotógrafo Genaro Olivares, la tarde del 2 de abril de 1950, en la plaza de toros “México”, mientras un entusiasta grupo de aficionados lleva a hombros al inolvidable Rafael Rodríguez, quien fue uno de los alternantes en el festejo de la “Oreja de Oro”, disputado por Fermín Rivera, Silverio Pérez, Antonio Velázquez, Luis Procuna, Raúl Ochoa “Rovira” y el propio “Volcán de Aguascalientes”. Al final, quien obtuvo tan preciado trofeo fue Antonio Velázquez, pero a decir de Heriberto Lanfranchi, “muchísimos espectadores hubieran querido que fuera para el segundo [es decir, para Rafael Rodríguez]”.[1]

   De dicha “instantánea” ha escrito la Doctora Rebeca Monroy Nasr[2] lo siguiente:

 “…Paradigmática resulta la imagen de Jenaro Olivares cuando capturó con su cámara el momento climático en que

un fanático lleva en los hombros al torero Rafael Rodríguez a dar la vuelta al ruedo, sin importarle que hubiese perdido la faena. Olivares sucumbe en entusiasmo mientras un ladronzuelo toma hábilmente su cartera, ahí frente a la nariz de un policía distraído, y otras escenas que se entrecruzan en el momento decisivo de esta fotografía bruegueliana.

Estas instantáneas como muchas otras esperaron el sueño de los justos y no pudieron ver las paredes del Palacio de Bellas Artes ni las páginas de un catálogo. Los motivos de la cancelación de la exposición no fueron públicos. Antonio Rodríguez escribió en 1962:

 Cuando hace dieciséis o diecisiete años inauguramos en el Palacio de Bellas Artes, bajo el discreto patrocinio del licenciado Gabriel Ramos Millán, la primera exposición de fotógrafos de prensa, nos encontramos con una muestra extraordinaria de lo que pueden y son capaces los humildes fotógrafos de los periódicos y las revistas de México… Por desgracia la exposición que pretendía repetirse cada seis años, no volvió a realizarse, por lo cual los trabajos de prensa, muchos de ellos dignos de ser valorados en especial se pierden en el torbellino de la prensa diaria y semanal.[3]

    Entendida toda la justificación sobre el fotógrafo, intentaré decodificar parte de este registro, para concentrarme en el feliz personaje que lleva overol y una gorra, muy al estilo con el que las películas de corte melodramático en que figuró Pedro Infante, fueron creando una especie de estereotipo popular que arraigó desde entonces.

  HUMBERTO ÁVILA AL LADO DE UNO DE SUS ÍDOLOS...

Humberto Ávila al lado de uno de sus ídolos… Rafael Rodríguez.

    Ese muchacho feliz, que levanta su mano izquierda, y que tiene una expresión de elevadas emociones es, ni más ni menos que Humberto Ávila que, con el paso de los años se convertiría en notable fotógrafo del medio taurino, pasando mucho tiempo al lado entre otros famosos diestros, del mismísimo “Manolo” Martínez.

   Humberto, que en ese entonces lo conocían popular y cariñosamente como La Tripa, quizá un apodo más que, convertido en sinónimo le habría acomodado también en esos años al popular cómico “Palillo”, quien, con el paso de los años decía: “Ya no soy “Palillo”. Soy “Bolillo” con eso de que embarneció, y bastante.

   Humberto Ávila se nos fue la mañana del 23 de diciembre de 2012, quizá pensando la víspera que hoy domingo, tendría que ocupar, como lo hizo por décadas su sitio de costumbre en el callejón de la plaza de toros “México”, uno de tantos espacios en que su trabajo trascendió por diversas redacciones de la prensa escrita, ya que su trabajo lo siguió realizando bajo la costumbre de los “viejos tiempos”, tal y como lo mandan, o lo mandaban, los cánones y principios del periodismo tradicional, ese de andar haciendo entregas en diversos diarios, como era la rutina, su rutina.

   Tuve la oportunidad de conocerlo. Un hombre que se hizo respetar, melómano –me contaba sobre el privilegio de tener en casa muchos de aquellos discos de pasta (78 r.p.m.) o de acetato, inconseguibles hoy día-. Entusiasta en todo momento, o por lo menos eso era lo que se percibía en los momentos en que sucedía el encuentro para los acostumbrados saludos que desde hoy serán desde este espacio terrenal, mientras él va camino de lo inmortal.

   Su jovial personalidad nunca la abandonó, ni aún a sus 72 años, tal y como queda “retratada” en ese maravilloso testimonio del que jamás se separó.

   ¡Va por usted, don Humberto…!

El 13 de octubre de 2013, el Sr. José Luis Quintero me envió este mensaje:

“Tengo entendido que el joven de gorra y overol en realidad es quien en vida llevo el nombre de Francisco Quintero Quiz conocido en el medio como el PÁJARO”.

Mi respuesta es la siguiente:

Estimado Sr. José Luis Quintero:

 Agradezco su comentario en el blog de mi responsabilidad: APORTACIONES HISTÓRICO TAURINAS MEXICANAS. Espero siga teniéndolo en cuenta.
   Sobre el dato del personaje de la “gorra”, debo decirle que, en lo personal siempre he tenido en conocimiento que se trata o trataba de Humberto Ávila, y así es como lo manejé en el material ya publicado). Si fuese Francisco Quintero Quiz, es la primera ocasión que tengo acceso a dicho dato, lo cual lleva a hacer, en su momento alguna rectificación al respecto. De lo que deduzco, pudo haberse tratado de algún familiar suyo, lo que me pone en un entredicho. Yo espero que tal circunstancia sea útil para enmendar lo que a veces resulta difícil o complicado a la hora de identificar materiales fotográficos que datan de por lo menos, 50 años para atrás, y más aún, cuando quienes se presentan son, en lo general, entusiastas aficionados que llevan en “volandas” al torero triunfante, como es el caso de Rafael Rodríguez. Desde luego, que la fotografía circuló en términos de su contenido “tunesco”, a la hora en que el otro personaje aprovechando las circunstancias, arrebata materialmente la cartera de quien lleva a hombros al otrora “Volcán de Aguascalientes”.
   En espera de que estos apuntes sirvan como una rectificación de mi parte, haré lo pertinente en un agregado más, para que sirva como parte de ese permanente correctivo que significa tener una mejor visión de detalles tan puntuales como el de personajes anónimos que poco a poco van adquiriendo su propia identidad y esto, gracias a precisiones tan puntuales como la suya.
   Sin otro particular, le envío un cordial saludo.
 
José Francisco Coello Ugalde
Maestro en Historia.

[1] Heriberto Lanfranchi: La fiesta brava en México y en España 1519-1969, 2 tomos, prólogo de Eleuterio Martínez. México, Editorial Siqueo, 1971-1978. Ils., fots., T. II., p. 542.

[2] Rebeca Monroy Nasr: Ases de la Cámara: historia del fotoperiodismo en México. México, Instituto Nacional de Antropología e Historia, 2011. 304 p. Ils., fots. (Colección Científica).

[3] Antonio Rodríguez, Antonio, “Ases de la cámara. Fotógrafo admirable, compañero ejemplar, hombre excepcional. XIX. Enrique Díaz”, en Mañana, núm. 165, 26 octubre de 1946, pp. 30-31.

Deja un comentario

Archivado bajo IMÁGENES