EDITORIAL.

POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE.

    Con bombo y platillo anuncian en forma por demás riesgosa, un festejo que se desarrollará el próximo sábado 8 de diciembre en la plaza de toros “Armillita” de Saltillo, Coahuila. Si no han visto los “pavos” que van a lidiarse allí, y que pertenecen a Real de Saltillo, pueden ustedes apreciarlos a continuación: LOS DE REAL DEL SALTILLO...

Disponible diciembre 4, 2012 en: http://www.torosenelmundo.com/noticias.php?id_noticia=3029

   No hay ninguna necesidad de que se engañe a la afición saltillense, como lo pretenden quienes se encuentran detrás de todo este asunto. Una y otra vez se ha repetido aquí, y en otros sitios donde suele haber independencia de opinión, que no se entiende la forma en que muchas empresas siguen empeñadas en organizar espectáculos taurinos sin la materia prima adecuada.

   La terna se encuentra formada por: Arturo Macías El Cejas, Pedro Gutiérrez El Capea y Juan Pablo Sánchez. Temo que, consumado el engaño, los tres espadas queden considerados como novilleros, y no matadores de toros, que para eso entonces, hay un abismo considerable. “Fraile Mostén, tú lo quisiste, tú te lo ten…”

   En este país que sigue siendo de notorios atrasos y subdesarrollos se vuelve a demostrar una vez más la forma en que pueden organizar un festejo y donde desde la empresa, pasando por el propietario del ganado y hasta las autoridades y la prensa –quien quiera entrar en el círculo vicioso-, van a festinar el hecho de que se está haciendo fiesta, y de que contribuyen con su trabajo y su esfuerzo en los propósitos de la deseada mejoría de la calidad del espectáculo, así como de sus posibles intenciones en sumarse a todo aquel otro esfuerzo, ese sí quizá realizado con un poquito más de dignidad, y cuya sola intención es la de buscar se reconozca a la fiesta como patrimonio cultural inmaterial, lo que no es poca cosa, desde luego. Ello implica la cabal demostración de que quienes participan en toda la celebración de un espectáculo deben hacerlo pensando y orientando sus esfuerzos en lo que todavía no se da en términos de excelencia en este país: la calidad total. Y no estoy diciendo o alentando que las corridas de toros pasen por el proceso de certificación –lo que por otro lado es absolutamente imposible, dada entre otras cosas, su condición de elementos intangibles que intervienen en su puesta en escena-, de una ISO9000, 2000 por ejemplo, sino que impere el sentido común, el de querer hacer bien las cosas. Por eso las plazas de toros no se están llenando, la afición no encuentra los suficientes elementos para acudir de manera entusiasta, aún pagando lo que tenga que pagar por ver un buen espectáculo.

   Ya que ha sido posible mostrar la materia prima, es curioso ver el resultado, como lo fueron estas imágenes, donde prácticamente la cámara se cierra sobre el objetivo (o las imágenes fueron editadas y recortadas en su punto más justo, para mayor apariencia del ganado),  que son esos ejemplares a los cuales yo no llamaría precisamente TOROS, así con mayúsculas, pues no lo son, evidentemente (esperemos que, en la medida de que apliquen el reglamento estatal correspondiente, si es que lo quieren aplicar, se tenga evidencia clara y científica de sus edades, para evitar toda sospecha).

   Enoja, y mucho la terquedad de varias organizaciones en su conjunto. de seguir por la senda menos indicada. Por eso insisto, los aficionados no se “retratan” en las taquillas. Mi ejemplo, del que he insistido no una, sino varias veces, es el mejor contrapeso de comparación. Veamos.

   Si en el Auditorio Nacional por ejemplo, anuncian en algún momento una “corta temporada” de 3 o 5 conciertos de algún artista de moda, la certeza asegura que dicho espacio se llenará durante las 3 o 5 ocasiones, a pesar de los costos elevados en que se vende el boletaje. Eso significa que la empresa encargada de ofrecer tales espectáculos busca garantías de que la gente vaya, se llene el auditorio y salgan a gusto luego de haber visto una representación que compensa el valor de cualquiera de las localidades. Pero en la fiesta de los toros, muy pocos tienen una visión así y hasta lo llevan a uno a imaginar que lo hacen de manera deliberada o mal intencionada, o de plano no lo saben hacer. Por eso es tanto nuestro insistir en que para hacer un poquito mejor las cosas, vale la pena un esfuerzo más. Y ya verán, lo demás se va a dar por añadidura.

   Ahora bien, si pretenden insistir, como se puede notar en este caso concreto en Saltillo, Coahuila tal situación significa que el respeto al público vale bien poco. Que el respeto a una tradición también, y que todo lo demás simple y sencillamente se queda o podría irse a la deriva.

   Señores, por favor ya no insistan.

   Por lo que más quieran: hagan las cosas como lo manda, al menos el sentido común.

   Tanto va el cántaro a la fuente… hasta que se rompe.

4 de diciembre de 2012.

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