HUMBERTO ÁVILA, IN MEMORIAM.

REVELANDO IMÁGENES TAURINAS MEXICANAS. Nº 46.

 POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE.

    Observen ustedes la siguiente imagen:

 LANFRANCHI T. II_p. 542_BIS

    Fue obtenida por el fotógrafo Genaro Olivares, la tarde del 2 de abril de 1950, en la plaza de toros “México”, mientras un entusiasta grupo de aficionados lleva a hombros al inolvidable Rafael Rodríguez, quien fue uno de los alternantes en el festejo de la “Oreja de Oro”, disputado por Fermín Rivera, Silverio Pérez, Antonio Velázquez, Luis Procuna, Raúl Ochoa “Rovira” y el propio “Volcán de Aguascalientes”. Al final, quien obtuvo tan preciado trofeo fue Antonio Velázquez, pero a decir de Heriberto Lanfranchi, “muchísimos espectadores hubieran querido que fuera para el segundo [es decir, para Rafael Rodríguez]”.[1]

   De dicha “instantánea” ha escrito la Doctora Rebeca Monroy Nasr[2] lo siguiente:

 “…Paradigmática resulta la imagen de Jenaro Olivares cuando capturó con su cámara el momento climático en que

un fanático lleva en los hombros al torero Rafael Rodríguez a dar la vuelta al ruedo, sin importarle que hubiese perdido la faena. Olivares sucumbe en entusiasmo mientras un ladronzuelo toma hábilmente su cartera, ahí frente a la nariz de un policía distraído, y otras escenas que se entrecruzan en el momento decisivo de esta fotografía bruegueliana.

Estas instantáneas como muchas otras esperaron el sueño de los justos y no pudieron ver las paredes del Palacio de Bellas Artes ni las páginas de un catálogo. Los motivos de la cancelación de la exposición no fueron públicos. Antonio Rodríguez escribió en 1962:

 Cuando hace dieciséis o diecisiete años inauguramos en el Palacio de Bellas Artes, bajo el discreto patrocinio del licenciado Gabriel Ramos Millán, la primera exposición de fotógrafos de prensa, nos encontramos con una muestra extraordinaria de lo que pueden y son capaces los humildes fotógrafos de los periódicos y las revistas de México… Por desgracia la exposición que pretendía repetirse cada seis años, no volvió a realizarse, por lo cual los trabajos de prensa, muchos de ellos dignos de ser valorados en especial se pierden en el torbellino de la prensa diaria y semanal.[3]

    Entendida toda la justificación sobre el fotógrafo, intentaré decodificar parte de este registro, para concentrarme en el feliz personaje que lleva overol y una gorra, muy al estilo con el que las películas de corte melodramático en que figuró Pedro Infante, fueron creando una especie de estereotipo popular que arraigó desde entonces.

  HUMBERTO ÁVILA AL LADO DE UNO DE SUS ÍDOLOS...

Humberto Ávila al lado de uno de sus ídolos… Rafael Rodríguez.

    Ese muchacho feliz, que levanta su mano izquierda, y que tiene una expresión de elevadas emociones es, ni más ni menos que Humberto Ávila que, con el paso de los años se convertiría en notable fotógrafo del medio taurino, pasando mucho tiempo al lado entre otros famosos diestros, del mismísimo “Manolo” Martínez.

   Humberto, que en ese entonces lo conocían popular y cariñosamente como La Tripa, quizá un apodo más que, convertido en sinónimo le habría acomodado también en esos años al popular cómico “Palillo”, quien, con el paso de los años decía: “Ya no soy “Palillo”. Soy “Bolillo” con eso de que embarneció, y bastante.

   Humberto Ávila se nos fue la mañana del 23 de diciembre de 2012, quizá pensando la víspera que hoy domingo, tendría que ocupar, como lo hizo por décadas su sitio de costumbre en el callejón de la plaza de toros “México”, uno de tantos espacios en que su trabajo trascendió por diversas redacciones de la prensa escrita, ya que su trabajo lo siguió realizando bajo la costumbre de los “viejos tiempos”, tal y como lo mandan, o lo mandaban, los cánones y principios del periodismo tradicional, ese de andar haciendo entregas en diversos diarios, como era la rutina, su rutina.

   Tuve la oportunidad de conocerlo. Un hombre que se hizo respetar, melómano –me contaba sobre el privilegio de tener en casa muchos de aquellos discos de pasta (78 r.p.m.) o de acetato, inconseguibles hoy día-. Entusiasta en todo momento, o por lo menos eso era lo que se percibía en los momentos en que sucedía el encuentro para los acostumbrados saludos que desde hoy serán desde este espacio terrenal, mientras él va camino de lo inmortal.

   Su jovial personalidad nunca la abandonó, ni aún a sus 72 años, tal y como queda “retratada” en ese maravilloso testimonio del que jamás se separó.

   ¡Va por usted, don Humberto…!

El 13 de octubre de 2013, el Sr. José Luis Quintero me envió este mensaje:

“Tengo entendido que el joven de gorra y overol en realidad es quien en vida llevo el nombre de Francisco Quintero Quiz conocido en el medio como el PÁJARO”.

Mi respuesta es la siguiente:

Estimado Sr. José Luis Quintero:

 Agradezco su comentario en el blog de mi responsabilidad: APORTACIONES HISTÓRICO TAURINAS MEXICANAS. Espero siga teniéndolo en cuenta.
   Sobre el dato del personaje de la “gorra”, debo decirle que, en lo personal siempre he tenido en conocimiento que se trata o trataba de Humberto Ávila, y así es como lo manejé en el material ya publicado). Si fuese Francisco Quintero Quiz, es la primera ocasión que tengo acceso a dicho dato, lo cual lleva a hacer, en su momento alguna rectificación al respecto. De lo que deduzco, pudo haberse tratado de algún familiar suyo, lo que me pone en un entredicho. Yo espero que tal circunstancia sea útil para enmendar lo que a veces resulta difícil o complicado a la hora de identificar materiales fotográficos que datan de por lo menos, 50 años para atrás, y más aún, cuando quienes se presentan son, en lo general, entusiastas aficionados que llevan en “volandas” al torero triunfante, como es el caso de Rafael Rodríguez. Desde luego, que la fotografía circuló en términos de su contenido “tunesco”, a la hora en que el otro personaje aprovechando las circunstancias, arrebata materialmente la cartera de quien lleva a hombros al otrora “Volcán de Aguascalientes”.
   En espera de que estos apuntes sirvan como una rectificación de mi parte, haré lo pertinente en un agregado más, para que sirva como parte de ese permanente correctivo que significa tener una mejor visión de detalles tan puntuales como el de personajes anónimos que poco a poco van adquiriendo su propia identidad y esto, gracias a precisiones tan puntuales como la suya.
   Sin otro particular, le envío un cordial saludo.
 
José Francisco Coello Ugalde
Maestro en Historia.

[1] Heriberto Lanfranchi: La fiesta brava en México y en España 1519-1969, 2 tomos, prólogo de Eleuterio Martínez. México, Editorial Siqueo, 1971-1978. Ils., fots., T. II., p. 542.

[2] Rebeca Monroy Nasr: Ases de la Cámara: historia del fotoperiodismo en México. México, Instituto Nacional de Antropología e Historia, 2011. 304 p. Ils., fots. (Colección Científica).

[3] Antonio Rodríguez, Antonio, “Ases de la cámara. Fotógrafo admirable, compañero ejemplar, hombre excepcional. XIX. Enrique Díaz”, en Mañana, núm. 165, 26 octubre de 1946, pp. 30-31.

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