EDITORIAL.

POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE.

    Por estos días, y en Francia se acaba de dar un importante pronunciamiento a favor de la tauromaquia. Mi estimado amigo François Zumbhiel nos da una reseña bastante completa del asunto, y que ahora mismo comparto con ustedes:

LA CORRIDA ES CONSTITUCIONAL EN FRANCIA_13.01.2012     En ese contexto quiero apuntar que, la reciente decisión que favorece a los toros en Francia, pone al resto de los países que, histórica y culturalmente conservan ese importante patrimonio, en un auténtico brete. Y no es para menos. El hecho de que la Constitución francesa al avalar y proteger esta diversión popular como expresión y legado de un pueblo, demuestra que no fue ni ha sido una labor fácil. Sin embargo, el hecho de que llegara el máximo reconocimiento, le brinda y protección muy especial, la de que los grupos de antitaurinos y de todos aquellos que rechazan su manifestación y puesta en escena, ya no pueden prosperar en movilizaciones y hasta en presuntos atentados que la limitan o la cuestionan. A los taurinos de aquella nación, les queda claro el hecho de que asumen responsabilidades compartidas, sobre todo en el sur francés que linda con España y donde se celebran la mayor parte de esos festejos durante el año. Sabedores de la disposición que tienen quienes se asumen como “custodios”, se puede percibir que todos los participantes y protagonistas, directos e indirectos, seguirán realizando su labor para continuar dignificando el espectáculo. Y no sólo eso. Se percibe que tratarán de mantener los mismos estándares de calidad en el desarrollo del espectáculo que, a lo que se vé, es en la mayoría de ellos de muy alto nivel.

   Estos propósitos no han sido cosa fácil. Sin embargo hay que reconocer que quienes están manejando directamente el asunto –encabezado por cierto por dos buenos amigos: François Zumbhiel y André Viard-, tienen muy claro que el haber encaminado a la tauromaquia por la senda del PCI (patrimonio cultural inmaterial), se trazaban un propósito concreto de valorar y revalorar. Sustentar y justificar que la tauromaquia, en tanto suma de rituales y simbologías, no es, en opinión de los contrarios, esa expresión violenta, sádica, censurable que va en contra del toro, protagonista principal del espectáculo, convertido en la figura donde recae la principal representación de sacrificio y muerte, asunto este que se ha convertido por siglos en el centro de la polémica entre si es lícita o ilícita esa sola representación cargada de elementos –parece ser-, de difícil y conflictiva asimilación.

   Las sociedades modernas, en tanto sujetas a esa misma condición, parecen olvidar que nuestra constitución como seres humanos proviene de un pasado, por cierto bastante remoto. En siglos de madurez, ha evolucionado y, entre los muchos aspectos de convivencia, tuvo que domesticar especies animales, aplicar su inteligencia en el uso y consumo de diversas especies vegetales y en fin, bajo la idea de que somos lo que comemos, el hombre mismo supo integrar no sólo este hábito, sino la forma en cómo estimularlo en su condición natural para lo que esa permanente convivencia con plantas y animales, le permitieran condiciones de predominio sobre aquellos. Vinieron o se agregaron aspectos religiosos o de culto, lo cual debe haber adquirido especiales condiciones ceremoniales que son las que prevalecen en nuestros días, evolucionadas, transformadas, adaptadas a lo que hoy somos, sin olvidar sus más profundas raíces. Pero ese arraigo parece perderse en la densa nube de la polémica, misma que cuestiona el que una expresión arcaica, primitiva y “salvaje” se mantenga tan viva en intensa en nuestros tiempos.

   Esa es la razón espiritual y de fondo más compleja de los aspectos que entrañan en la fiesta y que no se corresponden con los tiempos que corren ni con sus formas de pensar. Es por eso que, acudiendo a las instancias más afortunadas, a la explicación histórica o científica del caso; y todo esto al amparo de las instituciones apropiadas; es que se busca defender y legitimar un patrimonio, un legado de esta naturaleza y constitución.

   Así, Francia ya a dado desde hace tiempo, el primer gran paso que, convirtiéndolo en modelo para el resto de las otras naciones, tendrá que ser el ingrediente principal de las concretas aspiraciones, para alcanzarla a ver y entender como un patrimonio cultural e inmaterial de la humanidad, rubricado o avalado por la UNESCO.

   Finalmente, y ante los últimos acontecimientos taurinos en este país (me refiero a México), desalentadores en gran medida por su falta de seriedad y formalismo, qué es lo que podrá defenderse si no existen condiciones apropiadas para “defender” un patrimonio del que parecen desentenderse sus partícipes directos, todos los estamentos de la fiesta que algún freno en seco deberán poner en práctica y reconsiderar su actitud que, en términos generales, no los está llevando, ni tampoco a la fiesta, por buen camino, por el camino correcto en el que por lógica y sentido común, deberemos unirnos para tomar como referentes concretos ese modelo a seguir como es el de Francia, por ejemplo.

Enero 16 de 2013.

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