EL VALEDOR TAURINO… EN 1888.

CURIOSIDADES TAURINAS DE ANTAÑO, EXHUMADAS HOGAÑO.

POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE.

    Gracias a las Efemérides Taurinas Mexicanas,[1] obra que publicara el Lic. Luis Ruiz Quiroz, recientemente desaparecido, es posible ir entendiendo y conociendo la enorme gama de hechos y acontecimientos que ocurrieron en un pasado que en buena medida, constituye el presente y define el futuro de la tauromaquia en nuestro país. Teniéndolo como una auténtica herramienta, me he estado apoyando en su consulta y lectura para localizar, y en su caso documentar diversas efemérides, como las más recientes que he venido presentando y compartiendo para ustedes. Precisamente la de hoy, 29 de enero, corresponde a un hecho de suyo, interesante. Tiene que ver con la génesis del periodismo taurino en México. Veamos.

EL VALEDOR_01.12.1884_PORTADA

Segunda edición de El Valedor, que salió a la luz el 1º de diciembre de 1884.

Col. Julio Téllez G.

    Durante los primeros días del año 1888, la actividad taurina en la ciudad de México estaba alcanzando unos niveles fuera de lo común. Para entonces, ya circulaban publicaciones como El Arte de la Lidia, La Muleta, El Monosabio y algunas más que, por su efímera condición se convirtieron en fugaces medios de difusión. Así que, uniéndose a este despliegue, los editores de una curiosa edición denominada El Valedor. Periódico joco-serio, ladino, chismoso, médico, loco y de todo un poco, lo que se llama entró de altiro! también se sumaron a aquella amplia cobertura, dando a conocer en forma bastante coloquial, su opinión al respecto del ambiente taurino. Fue por eso el que el 29 de enero salió el primero y parece que fue el único de los ejemplares de El Valedor Taurino, pequeña publicación en papel de trapo (muy parecido al papel que conocemos por aquí como tipo “revolución”), con cuatro páginas, costando la fabulosa cantidad de un centavo. Digo que con un lenguaje muy coloquial, próximo al habla que, de seguro era la que se escuchaba en las calles y los barrios de la otrora ciudad de los palacios. Entre otras cosas, el redactor de la presentación, anunciaba así su aparición:

   ¡No se pandeen! Aquí está su valedor.

   Aquí está, recebido tal vez con muncho gusto por algunos vales y con muncho disgusto parotros, pero que seadeaser, pacencia, por el escrebidor tiene que se reata y no apersogarse por que sea mal recebido por algunos rotos.

   No trae mas ojeto que defender los derechos de los vales en los toros, y decir la pelada siempre, onque les arda a más de cuatro.

   Con el entusiasmamiento ques consiguiente se presenta al público y muy refantaisiosamente á de hacer josticia tanto a los mexicanos como a los gachupines pos el arte no tiene patria y en versaciones de cuernos todos tenemos las cabezas iguales, para poder tratar dellas y no pandearnos.

   Lo mesmo hemos de tratar a nuestros paisanos que alos que no lo son porque todos semos iguales y naiden tiene de más y de menos, pos cualquiera la brilla onque sea de noche y este lloviendo y no nos hemos de agorzomar.

   Nosotros nos plantaremos siempre donde esté la josticia y la verda y no hemos de respeitar a naiden porque semos muy claridosos y a cualquiera lo versamos.

   El Valedor Taurino, visitará a sus contlapaches los Domingos y en él podrán devisar las relaiciones de las corridas y todas las notificaciones consernientes al ramo.

LA REDAICIÓN.

 CABECERA DE EL VALEDOR_29.01.1888

    Como puede comprobarse, era este un tipo de periódico que se identificaba con la forma de ser y de pensar en ciertos sectores de la sociedad de aquella época, sobre todo, y a no dudar, de los miles de integrantes del segmento marginal, con fuerte carga de analfabetismo, aunque no habrá faltado quien con alguna noción del abecedario y la lectura, formara una peculiar ronda para ir leyendo, más bien deletreando poco a poco lo que podía ir entendiendo en aquella “difícil” lectura que, al ser dada a conocer desde su ronco pecho, generaba que los otros, los curiosos que le rodeaban, desataran sus pasiones y sus “ismos” a favor o en contra de sus diversas preferencias entre los varios “ídolos” que estaban de moda por entonces. Ídolos como Ponciano Díaz o Luis Mazzantini, que sólo con esos dos personajes había suficientes razones para volcar las pasiones por las calles de la ciudad.

   Agradezco al Lic. Julio Téllez me haya permitido reproducir algunos de los ejemplares que, reunidos en un volumen, pertenece a su biblioteca taurina.


[1] Luis Ruiz Quiroz: Efemérides Taurinas Mexicanas.  México, Bibliófilos Taurinos de México, A.C., 2006. 441 p.

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