Archivo mensual: febrero 2013

LA FIESTA ES MUCHO MÁS QUE UN ESPECTÁCULO…

EDITORIAL.

POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE.

   El día de hoy, 28 de febrero, el reconocido periodista español, don Antonio Petit Caro, ha publicado en su portal de internet “Taurología.com” una interesante, interesantísima reflexión acerca de los últimos acontecimientos, donde luego de que la Comisión Consultiva Nacional de Asuntos Taurinos presentó recientemente su Plan Nacional de Tauromaquia, esto hace que nos aproximemos a la textura de una serie de propuestas más terrenables en el ámbito de todo aquello que supone responsabilizarse e involucrarse con el desarrollo y permanencia; con todas las gestiones posibles de protección destinadas a la preservación del espectáculo de los toros. No sólo en España. Me parece que tales propósitos se hacen extensivos hacia el resto de los otros siete países que mantienen entre sus tradiciones materiales o inmateriales, la de la tauromaquia.

   Por tal motivo y con la venia de tan entrañable amigo, me permito compartir con ustedes sus reflexiones que son, en buena medida punta de lanza de una mirada al horizonte que no debe perderse de vista. 

 LA FIESTA ES MUCHO MÁS QUE UN ESPECTÁCULO..._28.02.2013

   En el orden de los conceptos, lo más usual es que cuando nos referimos a la Fiesta estamos poniendo la vista primordialmente en el desarrollo de un espectáculo; como mucho, miramos también hacia el campo bravo, como exigencia necesaria para que el espectáculo tenga lugar. Sin embargo, cuando se afirma que “la Fiesta es mucho más que un espectáculo” se está traspasando esa frontera concreta, para entrar en un ámbito más rico y mejor fundado a la hora de establecer las bases del Arte del Toreo. Es lo que viene a realizar en uno de sus epígrafes el Informe de la Comisión asesora, que en este campo expone una de sus consideraciones más certeras, en la medida que sirve de fundamento para todas las demás.

 Antonio Petit Caro

    “La Fiesta es mucho más que un espectáculo”. La sentencia es sencilla y aparentemente, tan sólo aparentemente, podría concluirse que reconocer esa realidad nada o poco aporta al debate taurino. En este sentido, podríamos decir que está anotada en el capítulo de lo ya sabido y casi obvio. Sin embargo, si se analiza con un cierto detenimiento se comprueba que viene a ser una especie de nudo gordiano que permite abordar el hecho taurino bajo una perspectiva diferente, más amplia y mejor fundada.

   La primera vez que la leí en esos mismos términos –no quiere ello decir que alguien no la hubiera manejada antes– fue 1998 en un breve artículo del abogado Arsenio Lope Huerta, en un libro de homenaje a Manolete, pero que incluía también otras cuestiones, editado por la Unión Taurina de Abonados de España. La aducía su autor a la hora de abordar cuanto encierra la Fiesta de  relevancia social. Quizás por eso, antes había citado al profesor Tierno Galván, para recordar cómo le gustaba referirse a la Fiesta como un acontecimiento, sobre todo bajo esa concepción orteguiana de entenderla como un buen termómetro de la situación social de España.

   Mas tarde esa definición la vi reaparecer en otros textos, el último de los cuales es la exposición de motivos de la ILP, que ahora se tramita en la Comisión de Cultura del Congreso, cuando con mayor o menor fortuna se hace referencia al deber del Estado de fijar criterios en dos campos inseparables: su componente cultural  y sus aspectos económicos.

   Ahora la encuentro de nuevo en el epígrafe dedicado a “La regulación de la Fiesta”,  en el informe elaborado por la Comisión de Trabajo que presidió Juan A. Gómez Angulo. Quizá sea influencia de los juristas que formaron parte de ella, pero el enfoque de este punto que se da en el Informe merecería la pena que se le declarara “vinculante”, no sólo asesor.

   Quienes hayan leído estas 48 páginas –ejercicio muy recomendable–, se acercaran en unos pocos párrafos a una visión más amplia y trascendente de cuanto se encierra en tan escueta definición de la Fiesta. Sin acudir a un mayor aparato jurídico, con un lenguaje accesible a  todos, tal definición se ubica en su contexto más propio.

   Como bien recuerdan los comisionados, la Fiesta de los toros ha sido durante dos siglos la gran ausente de la legislación básica española -Constituciones incluidas-, vacío que se interrumpe con la ley de 1991 sobre potestades administrativas. Sin embargo, esta ley se dedica de manera específica a la ordenación del espectáculo; como tal, abunda en el régimen sancionador, en las labores de policía, en cuestiones de ordenamiento administrativo, etc. Por eso, su gran fruto fue el Reglamento de 1996.

Es cierto que no olvida defender los derechos de los aficionados, pero lo hace precisamente para garantizar la integridad de la Fiesta como espectáculo y en consecuencia pormenorizar las condiciones y requisitos que deben cumplirse en su celebración. Años más tarde, todo ese volumen competencial sería en gran parte transferido a las Comunidades autónomas, en virtud del cual se produce la  diversidad de los Reglamentos, por ejemplo.

   Frente a estas realidades, el Informe propugna con buen tino que la Fiesta sea considerada, primera y primordialmente, como patrimonio cultural y sobre esta concepción debiera construirse toda su arquitectura legal, que los comisionados cifran en un Ley Nacional sobre la Tauromaquia.

   No se trata ya de ceñirse a una norma reguladora del desarrollo de un espectáculo determinado; sino de una legislación básica, dentro de la específica área de Cultura de la Administración del Estado, que establezca y asegure la preservación y la unidad de cuanto supone este patrimonio cultural, en el que la celebración de un espectáculo específico no es más que una manifestación entre otras; de esta forma, se incorporaría a la legislación todo cuanto encierra la Fiesta, desde los componentes propios de todo hecho cultural y artístico  hasta cuando sucede en torno al toro bravo.

   En el fondo, se trataría colocar la Fiesta en su lugar más propio, que viene definido por el artículo 46 de la Ley del Patrimonio Histórico Español, de 1985, donde se afirma: “Forman parte del Patrimonio Histórico Español los bienes muebles e inmuebles y los conocimientos y actividades que son o han sido expresión relevante de la cultura tradicional del pueblo español en sus aspectos materiales, sociales o espirituales”. Una concepción que, a su vez, engarza perfectamente en el artículo 46 de la Constitución, por el que los poderes públicos vienen obligados a garantizar y enriquecer todo el patrimonio histórico, cultural y artístico de la nación y de los bienes que lo integran.

   Bajo un punto de vista como el anterior, estaríamos ante la definitiva consagración de la Fiesta como una realidad cultural, frente a la cual el simple ejercicio de las actuales competencias taurinas, que fueron transferidas de un ministerio a otro, no pasarían de ser meras cuestiones de orden administrativo, en su concepción más simple. Por eso, la gran diferencia con el nuevo diseño que se dibuja en el Informe es clara: no se trata de pintar de otro color nuestra casa común, que es lo que se viene a hacer con la referida transferencia interministerial de 2010; lo que se defiende, y con razón, es que se construya una nueva casa, más amplia y confortable, para todo el Toreo concebido como arte y como cultura.

   En paralelo, esa Ley permitiría salvar perfectamente la situación casi contrapuesta de hoy en cuanto se refiere a las competencias legales propias del Estado y las de orden regulatorio de las Comunidades Autónomas. Al primero le corresponderían, como manda la Constitución, cuanto se refiere al patrimonio cultural e histórico, así como la legislación básica, como son el ordenamiento laboral, las actividades empresariales y mercantiles, etc. A las instituciones autonómicas debieran corresponder el desempeño específico de cuestiones que le son propias por sus Estatutos: la labor de policía, el régimen de autorizaciones, la vigilancia del cumplimiento reglamentario, las peculiaridades y costumbres populares, etc.

   Se trata de una opción que de forma natural nos llevaría a reforzar y trasladar a la Fiesta  el concepto de la unidad de mercado,  más allá de su mera significacion en el orden económico. De  suyo tal es la Fiesta en sus aspectos fundamentales: una es la profesión, una es la lidia, una la crianza del ganado bravo, uno es, en fin, el Arte del Toreo. Se trata de una realidad básica que no entiende de competencias fraccionables en 17 regulaciones diferentes.

   Por lo demás, con independencia del futuro que pueda tener esa Ley, en el Informe se localizan en esta materia jurídica aspectos concretos que podrían y deberían de ser de gran utilidad a la hora de enriquecer y matizar el texto de la ILP que ahora se tramita en el Congreso. A los señores diputados le dan ya resuelto buena parte de su trabajo.[1]


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JOSÉ GUADALUPE POSADA EN LOS TOROS. XVI.

EL ARTE… ¡POR EL ARTE!

POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE.

    El México que vive José Guadalupe Posada, es el mismo que el artista refleja en sus grabados. De eso no nos debe quedar la menor duda, aunque parezca una perogrullada, independientemente de sus posturas o ideologías políticas. Tan cercano a la condición del pueblo,[1] José Guadalupe tuvo la capacidad de entender lo mismo el sentir de la vida urbana, lo que sucedía a la vista de todos y en las calles, como los traumas y las condiciones más extremas de determinados seres que de la vida privada, pasaron a convertirse en tema de sus grabados o dibujos. Lejos de esas descarnadas circunstancias, a las que nunca faltó el toque de humor, Posada tenía que nutrirse de todos los asuntos posibles que pasaran por su mirada, y con toda seguridad el acudir a las plazas de toros, sirvió también como un tema recurrente del que nos deja sinnúmero de evidencias, en las que no sólo destaca su estética, sino la propia condición que, para esos momentos (los de fines de siglo XIX y comienzos del XX) se convierten en el de una transición, en el cambio definitivo de procedimientos para una tauromaquia que dejó de ser ese muestrario de conceptos monopolizados por Ponciano Díaz y sus huestes, para convertirse en la materialización del toreo de a pie, a la usanza española y en versión moderna, de cuya nueva experiencia en las plazas, encontramos buen número de ejemplos, concebidos al más puro estilo “posadiano”. 

 EL POPULAR_03.12.1907_p. 1_GRABADO JGP

Con toda seguridad, esta composición, pertenece a alguna serie de Tauromaquia que Posada pretendía publicar en cuanta oportunidad se presentara. El Popular, D.F. del 3 de diciembre de 1907, p. 1.

    El artista, en buena medida siempre dispuso del espacio en diversas publicaciones periodísticas, lo que permite un despliegue caudaloso de material que se convierte en una de las mejores evidencias, para entender ese toreo, el que también ya está bajo la mirada de la fotografía. Sin embargo, su trabajo es complementario a toda aquella visión de la modernidad, que incluye al cinematógrafo. Difícil momento en el que se confrontan aquellas técnicas, pero gracias al hecho de que ciertas costumbres y hábitos de lectura arraigaron, esto permite su permanencia. Por aquellas épocas el número de periódicos y revistas era notable, aunque el analfabetismo seguía siendo un gran problema en la sociedad, de ahí que quienes no gozaban del privilegio de la lectura, se conformaban con las ilustraciones, muchas de las cuales siendo de Posada mismo, deben haberse identificado con quienes en la sola lectura gráfica, se permitían el privilegio de entender, y a su manera, el arte. Por ende, los toros.

   Como ya se ha venido comprobando, también el cartel o las “hojas de papel volando” sirvieron como elementos complementarios de información. Aquellos materiales sueltos, de poco valor, impresos en papel bastante vulnerable (papel de “china” le llamamos por aquí), hicieron que esa memoria también se sometiera al mismo rasero de riesgos, pues lo que ha llegado hasta nuestros días no es sino una pequeña parte de lo que en su momento circuló por las calles y llegaba a manos de los interesados. 

CONTINUARÁ.


[1] Para mí el concepto “pueblo” es utopía al no existir una razón que lo defina como tal. Las luchas civiles entre señores -durante el siglo XIX, el XX y el que ya transcurre-utilizan las masas humanas como instrumento para conseguir intereses personales, sustentados en el término pueblo, el mismo que funciona para satisfacer -sí y solo sí- los intereses. Cubierta esa necesidad, el pueblo vuelve a su estado utópico, en tanto que terrenable es o son masas (todo ello bajo el entorno latinoamericano).

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DISECADO UN FAMOSO TORO DEL ASTILLERO. 1838.

MINIATURAS TAURINAS.

POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE.

     A invitación expresa del buen aficionado Eduardo Campos, acudimos hace unos días a la casa del buen amigo Paco Maldonado, “especialista en cabezas de toro de lidia”, y quien realiza excelentes trabajos de taxidermia, herencia de su padre, el famoso torero y también taxidermista “El Tato”, a quien conocí en su antigua casa de las calles de Esperanza, en Azcapotzalco hace ya más de 30 años. En torno a una deliciosa e inolvidable comida, preparada por el anfitrión, Paco Maldonado y su esposa, nuestra conversación giró sobre todos los temas posibles, habidos y por haber relativos a la historia y técnica de la tauromaquia. Entre otros asuntos, surgieron los comentarios sobre antiguos ejemplos de taxidermia. Les comenté que el caso del toro El Garlopo, de Santín, lidiado en Puebla hacia 1880 por la cuadrilla de Bernardo Gaviño se convertía no sólo en importante precedente, acompañado de una fuerte carga simbólica y anecdótica. Es más, hoy día es posible apreciarlo, y para ello dediqué en su momento unas notas que salieron publicadas en este mismo blog (véase: https://ahtm.wordpress.com/2012/02/24/revelando-imagenes-taurinas-mexicanas-no-31/).

   Pues bien, al cabo de una larga labor de búsqueda en la prensa del XIX mexicano, hallé la siguiente nota, que viene a ser un importante antecedente y que pone a El Garlopo en segundo término, aunque dudo que en nuestros días se conserve algo sobre aquel toro que perteneció a la hacienda de el Astillero, y el cual fue motivo de una curiosa ceremonia, de la cual nos da “santo y seña” la nota que publicó

 EL COSMOPOLITA, D.F., del 31 de octubre de 1838, p. 4:

 AVISO.-Para el jueves 1º del próximo Noviembre, ha dispuesto el empresario una excelente corrida de seis escogidos Toros de los que acaban de llegar de la hacienda de Atenco, con los cuales los gladiadores de a pie y de a caballo, ofrecen jugar las más difíciles suertes que se conocen en su peligrosa profesión. Luego que pase la lid del primer toro, se presentará en la plaza sobre un carro triunfal, tirado por seis figurados tigres el cadáver disecado, pero con toda su forma, y la corona del triunfo del famoso toro del Astillero, que en el memorable día 29 de Abril de este año, después de un reñido combate venció gloriosamente al formidable tigre rey, con general aplauso de un inmenso concurso que sintió la muerte de tan lindo animal, acaecida a los dos días de su vencimiento, como resultado de las profundas heridas que recibió de la fiera; y a petición de una gran parte de los que presenciaron aquella tremenda lucha, así como de muchas personas que no se hallaron presentes, se le dedica esta justa memoria, por ser muy digna de su acreditado valor.

   Este célebre toro, adornado con todos los signos de la victoria y acompañado de los atletas, será paseado por la plaza al son de una brillante música militar, hasta colocarlo sobre un pedestal que estará fijado en su centro; cuyo ceremonial no deberá extrañarse, mayormente cuando saben muchos individuos de esta capital, que iguales o mayores demostraciones se practican con tales motivos en otros países, y que sin una causa tan noble, existe por curiosidad en el museo de Madrid la calavera del terrible toro de Peñaranda de Bracamonte, que en el día 11 de mayo de 1801 quitó la vida al insigne PEPE-HILLO, autor de la Tauromaquia.

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MÉXICO ES UN PAÍS SUI GÉNERIS…

ILUSTRADOR TAURINO.

POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE.

    México es un país sui géneris. Su importancia ha trascendido fronteras del curso histórico. Quedaron atrás los acontecimientos que la definen como una suma de culturas indígenas y su representación cultural, política, económica, militar, pero sobre todo religiosa. Todo este entorno fue agredido a la llegada de los españoles quienes, luego de la conquista, impusieron un nuevo modelo a seguir mismo que no destruyó, sino que modificó al anterior. Este, de modo rebelde -en algunos casos-, y sumiso en otros se fue acoplando y fusionando al nuevo esquema que se extendía floreciente en toda la Nueva España.

   En esa fusión que se refiere están reunidos varios caracteres de orden bélico, estético y religioso que, en conjunto, determinaron la vereda por donde ha transitado una de las expresiones vaciadas en el crisol del ser americano en general; mexicano en particular. Me refiero a las corridas de toros.

   El toreo ha logrado en nuestro país una variedad de expresiones depositadas lo mismo en el toreo de a caballo que en el de a pie.

   Ahora bien, el mexicano en cuanto tal ha recreado tanto el arte taurino que ya no sólo es privativo del español -como lo dijera en algún momento José Daza. Lo ha hecho universal y le ha añadido su propio carácter.

   Me atrevería a atentar diciendo que las famosas escuelas rondeña, sevillana, castellana o hasta mexicana del toreo se reduzcan a un estilo impuesto por sus propios diestros, representantes del país o la región a que me refiero. En todo caso se ha convertido en una costumbre establecida al definirse cada uno de estos sentimientos o modelos de inspiración y ejecución. 

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Grabado de Manuel Manilla para confección de un cartel de toros, a fines del siglo XIX. Col. del autor.

    El ejercicio o arte de torear ha evolucionado tanto que los gustos se han modificado también. Por eso decía al iniciar que México es un país donde su carácter como ente y como ser se refleja de modo en que, por ejemplo la “barbarie” del espectáculo taurino es presenciada por un pueblo que lo integra y lo hace suyo tomando en cuenta la variedad de ideas, principios, mentalidades y sentimientos acumulados en siglos de presencia y experiencia hasta darse una concentración que viene a dar en lo que somos.

   Esto es lo que no entienden otras naciones al sorprenderse de nuestras sensaciones y emociones luego de gozar con el arte efímero del toreo. No les cabe en la cabeza que nos vuelva locos un lance de capa o un pase de muleta donde su particular expresión está determinada en factores como la embestida del toro o los tiempos que el diestro imprima en cada una de sus fases, pero también por la circunstancia temporal o emocional del momento.

La fiesta de los toros per se, es bárbara y salvaje porque las circunstancias que la han moldeado, son factores aportados por las diversas culturas y acontecimientos, de guerra y de conquista del pueblo español al cual, se suman las de otros tantos en América, llenos de los contrastes más variados.

 Y si hay que buscar orígenes de esta realidad, Porfirio Arroyo nos dice:

Imposible saberlo…; pero es indudable que ya, en una remota antigüedad, hombre y toro constituyen los elementos complementarios -a la par que antagónico de un impulso irresistible que les lleva a enfrentarse con toda la violencia de sus fuertes instintos, para crear un todo bello y armónico y que esas fuerzas contrarias, lo son más por mutua y paradójica atracción que por odio o repulsión, sentimientos estos que no existen entre ellos. Así comienza a crearse un juego trágico y grandioso, que proporciona a los protagonistas un goce supremo, y así comienza (lo que llama Ortega y Gasset) como “esa vieja amistas, tres veces milenaria, entre el hombre español y el toro bravo…”

    Desde esos remotos tiempos la relación de enfrentamiento del hombre y el toro ha quedado grabada en la entraña de estas sociedades tan heterogéneas en su modo de ser y de pensar, pero tan homogéneas a la hora de conjugar y compartir con un espectáculo que ha encontrado a lo largo de todo ese enorme espacio, su definición gracias a que es una estructura cuya vestimenta es, y ha sido concedida de modo generacional. Me refiero al hecho de las aportaciones técnicas y estéticas que han proporcionado todos los protagonistas cuyo peso en el espectáculo ha sido determinante y decisivo también.

El público, la afición, el espectador, la “rebelión de las masas” ha sido otro factor -independientemente de doctrinas y de las plumas que han pretendido orientarlos-, un conjunto activo de respuestas encontradas que lo mismo favorecen una postura dignificadora, que la liquidan.

   No es posible dirigir por un mismo sendero a multitudes cuyo sólo propósito es divertirse y gozar; o reclamar y repudiar algún acontecimiento que surge desde la entraña misma del ruedo, eje en cuyo derredor transitan esta multitud de opciones. 

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¡YA SALIÓ EL ZURRIAGO TAURINO!

EFEMÉRIDES TAURINAS DECIMONÓNICAS.

 POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE

    Esta efeméride, antes de que pase más tiempo, corresponde al 23 de febrero de 1890.

  La mañana del domingo 23 de febrero de 1890, la afición taurina mexicana se despertaba con la aparición de una nueva opción periodística, en la figura de la revista semanal El Zurriago Taurino, de la que si bien no se tienen muchos datos sobre su editor responsable, sí los hay en torno a sus diversos colaboradores, entre quienes se encuentran: “Nemo”, “El Bebé”, “Joseíto”,  “Carolus” y “El Bole”. Con estos seudónimos tampoco salimos de grandes dudas, pero puede deducirse que, entre ellos se encuentran el Dr. Carlos Cuesta Baquero y Carlos M. López. 

 ZURRIAGO TAURINO

De la colección del autor.

   Zurriago, según el Diccionario de la Real Academia Española es aquel látigo con que se castiga o zurra, el cual por lo común suele ser de cuero, cordel o cosa semejante, de ahí que se entienda que al llevar esta publicación tan singular título, es porque no estaba dispuesta a ser condescendiente con nadie. De vida muy corta, se llegó a publicar hasta el 3 de noviembre de 1890, lo cual es síntoma de lo efímero en ediciones como aquellas, vulnerables a pervivir, sobre todo en un año en que los festejos taurinos estaban pasando por una serie de reacciones muy violentas, sobre todo por parte de diversos sectores de aficionados en cierne que se veían permanentemente “tomados por asalto” por cuanto empresario, torero o ganadero intentaba sorprenderlos. De ahí que la quema o destrucción de varias plazas, se convirtiera en síntoma común por entonces. Quizá por estas y otras razones, era conveniente que, desde la tribuna del periodismo, se atizaran de pronto medidas mucho más contundentes, que trascendieran el radio de influencia, permitiendo con ello que quienes participaban directamente en el espectáculo corrigieran sus excesos y abusos de confianza.

   Con esa razón debe haber nacido El Zurriago Taurino, para lo cual traigo hasta aquí la portada del primero de sus números, con objeto de que, sobre todo, en NUESTRO PROGRAMA, pueda observarse el propósito con el que surgió dicha edición, siendo tan claro el primer párrafo, del que me gustaría hacer eco, por sus semejanzas con los tiempos que hoy día corren, por lo que entre aquella y esta época parece no haber habido grandes cambios al respecto.

   Veamos:

 Verdaderos aficionados y entusiastas admiradores de las lides taurinas, vemos con sentimiento que el toreo marcha, en nuestro país, por una pendiente resbaladiza al final de la que se hallan el descrédito y la ruina de nuestra diversión favorita.

    De lo demás, conozcan ustedes mismos algunos detalles más que ofrece el número de su presentación en sociedad.

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FUEGOS DE ARTIFICIO EN LAS PLAZAS DE TOROS.

REVELANDO IMÁGENES TAURINAS MEXICANAS.

 POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE.

    Nada más fue apreciar dos interesantes fotografías nocturnas que obtuvo Pepe Pelayo para remontar su contenido y su discurso a otras épocas, las de mediados del siglo XIX en donde la costumbre de ciertos festejos taurinos incluía, en todo el despliegue de atractivos, la de los fuegos de artificio. 

JOLGORIO LUMINOSO Disponible febrero 19, 2013 en: http://www.altoromexico.com/2010/index.php?acc=galprod&id=2846

 PIROTÉCNIA FESTIVA Disponible febrero 19, 2013 en: http://www.altoromexico.com/2010/index.php?acc=galprod&id=2846

   Pues bien, entre el enorme conjunto de festejos, sobre todo de aquellos ocurridos hace dos centurias, fue una costumbre el que en su parte culminante, se incluyeran los fuegos de artificio, aquellos en los que personajes como Severino Jiménez se convirtió en toda una institución, como por ejemplo de aquellos sucesos ocurridos la tarde del 3 de enero de 1858, o la del 27 de enero de 1861 y luego la del 2 de diciembre de 1866. Plaza de toros del Paseo Nuevo. Entre otros participantes, se encontraba el famoso pirotécnico D. Severino Jiménez, especialista en representaciones y puestas en escena de fuegos artificiales.. D. Severino incluso, llegó a publicar un manual sobre pirotécnia, lo que en su época debe haberse convertido en una expresión de imponente admiración, pues para ello se necesitaban conocimientos sobre el uso de la pólvora para luego, generar todo un despliegue de figuras que, al paso concertado de la llama, con los muy puntuales movimientos que adquirían o que daban aquellas armazones, una pequeña flama, pasando por el punto apropiado era suficiente para encender otra más de las piezas y así, sucesivamente, hasta alcanzar la espectacularidad de aquellas efímeras figuras que causaban admiración. Entre otros festejos, que debieron ser muchos, aunque queden pocos registros, se tienen los de las tres tardes mencionadas:

 PLAZA DEL PASEO NUEVO / MAGNÍFICA / Y / EXTRAORDINARIA FUNCIÓN, / PARA EL / DOMINGO 3 DE ENERO DE 1858. / TOROS DE ATENCO. / CUADRILLA DE B. GAVIÑO. / MAGNÍFICOS FUEGOS ARTIFICIALES. / ILUMINACIÓN GENERAL.

   Deseando inaugurar el año nuevo de 1858, con una fiesta amena y digna del buen gusto del ilustrado público mexicano, la empresa ha dispuesto un espectáculo que por su combinación y variedad, no podrá menos que agradar a los espectadores de ambos sexos y de todas clases.

   La función tendrá lugar en el orden siguiente:

SEIS ARROGANTES TOROS / del CERCADO DE ATENCO, enteramente iguales a los sobresalientes que se jugaron en la corrida de la apuesta.

   En el intermedio se lidiará otro / TORO DE ATENCO EMBOLADO, / por una divertida / MOJIGANGA EN ZANCOS / Y BURROS, / cuya diversión tanto entretiene y agrada a los espectadores; concluyendo la corrida con otro / TORO EMBOLADO / para los aficionados. / Acto  continuo aparecerá la Plaza / BRILLANTEMENTE ILUMINADA, / para lo cual se ha encargado el inteligente artista D. Francisco Bardet; y tendrán lugar unos / MAGNÍFICOS Y VISTOSOS FUEGOS DE ARTIFICIO; / ejecutados por el mismo ingenioso pirotécnico mexicano D. Severino Jiménez, que tantas veces ha dado muestras en esta Plaza, de su habilidad en el arte, siendo las piezas principales

El Pabellón chinesco,                                            La copa encantada

El Laberinto                                                              La rueda de la fortuna. 

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Toros en la plaza del PASEO NUEVO para el domingo 27 de enero de 1861.

TOROS / EN LA / Plaza del Paseo Nuevo. / Domingo 27 de enero de 1861 / GRAN FUNCIÓN EXTRAORDINARIA / DEDICADA AL EXMO. SR. PRESIDENTE INTERINO / DE LA REPÚBLICA / D. BENITO JUÁREZ / Quien la honrará con su asistencia. / TOROS DE ATENCO. / BERNARDO GAVIÑO Y SU CUADRILLA. / GRACIOSA MOJIGANGA / Y Magníficos Fuegos Artificiales, / DIRIGIDOS POR EL AFAMADO PIROTÉCNICO D. SEVERINO JIMÉNEZ.

   Deseando esta empresa que la corrida que hoy dedica al eminente patriota que con tanto valor y abnegación ha sabido conservar el gobierno legítimo constitucional de la República, tenga todo el lustre y brillantez posibles, ha procurado con esmero que los toros destinados a ella sean los más bonitos y valientes del cercado de Atenco.

   Asimismo no ha omitido gasto alguno para el aseo de la plaza que estará decentemente adornada. / ORDEN DE LA FUNCIÓN / A las dos de la tarde se abrirán las puertas de la plaza para mayor comodidad del público, y luego que el Exmo. Sr. Presidente se presente en su palco, comenzará la corrida, en la que se lidiarán / SEIS ARROGANTES TOROS / de la raza expresada. / Una graciosa / MOJIGANGA / cubrirá uno de los intermedios, y en los otros, la música tocará las más modernas y escogidas piezas. / Después de los toros de muerte habrá uno / EMBOLADO / para los aficionados, y terminará la función con los / FUEGOS ARTIFICIALES / anunciados. / (…) / La empresa.

Tip. De M. Murguía.

 PLAZA DE TOROS DEL PASEO-NUEVO. / GRAN FUNCIÓN EXTRAORDINARIA / A BENEFICIO / DE BERNARDO GAVIÑO, / PARA EL / DOMINGO 2 DE DICIEMBRE DE 1866. / Cuadrilla del beneficiado.-Toros de muerte de la muy acreditada hacienda de Atenco.-Novillos / para coleadero, por parejas, con sus premios.-Torete para la mojiganga denominada: UN / CASAMIENTO DE INDIOS EN TEHUANTEPEC.-Banderillas a pie por el be- / neficiado, alternando con los picadores.-Banderillas a caballo.-Magní- / ficos FUEGOS ARTIFICIALES, por el hábil pirotécnico D. / Severino Jiménez.

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PERSPECTIVAS DEL TOREO EN MÉXICO EN ESTE 2013.

EDITORIAL.

 POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE.

    Una tradición secular difícilmente puede desaparecer. El toreo en México va a llegando a este 2013, a sus 487 años de desarrollo y evolución. Durante todo ese tiempo se han manifestado distintas expresiones que van del toreo a caballo al de a pie. El primero cubrió 289 años, de 1526 a 1815 (esto es, cuando en el invierno de 1814-1815 se celebran torneos de cañas y alcancías para celebrar el advenimiento de Fernando VII al trono de España), aunque comenzó a perder importancia tan luego los borbones se mostraron contrarios al carácter español y afectaron, en consecuencia a los nobles que detentaban el toreo de a caballo en sus dos expresiones: a la jineta y a la brida. Al sentirse afectados en su protagonismo que comenzó a desmembrarse desde el segundo tercio del siglo XVIII, entran a escena de manera más contundente los toreros de a pie. Un extraño deseo por evitar el desplazamiento fue el de aparecer como primeros actores en los carteles que se publicaron de la segunda mitad del siglo XVIII hasta el comienzo del XIX. Su necesidad de participación se trocó en el papel de varilargueros, de picadores de toros que es como ha quedado establecido en el orden de la lidia y en la estructura de las tauromaquias concebidas primitivamente desde la “Noche fantástica, ideático divertimento…” y luego en las dos columnas que levantaron José Delgado con ayuda de José de la Tixera; y de Francisco Montes lograda junto con Santos López Pelegrín “Abenamar”. Fueron dos momentos que compartieron la misma búsqueda bajo distinta interpretación. Una de 1796 continuada con la de 1836, concentran la evolución del toreo que dejó de ser primitivo para convertirse en profesional, y moderno en consecuencia.

   México no es ajeno a lo que pasa en España, absorbe las experiencias que nos llegan desde la península pero se les imprime un carácter que no sólo es español. También es mexicano. Es cuando el quehacer campirano se respira en las plazas pero sobre todo, es la abierta expresión de independencia que permite inventar y recrear la fiesta durante buena parte del siglo decimonónico.

   Todo esto es posible entenderlo si nos remitimos al momento atendiendo las circunstancias y el espíritu que imperaban entonces. Cuán divertida era la fiesta, explosiva como pocas, llena de invenciones y siempre dispuesta a las creaciones efímeras. Fue un momento en que se dio como un aislamiento de México con respecto a España hasta que fue posible ver un horizonte en el que comenzaron a aparecer figuras como Manuel Hermosilla, José Machío -primer modelo del torero con arte visto en México-, Antonio Díaz Lavi que, aunque fugaces, dejaron una estela de influencia. De Bernardo Gaviño y Rueda, ya lo hemos dicho muchas veces: terminó mexicanizándose, terminó siendo una pieza del ser mestizo y si no es por su nacionalidad hispana, en este momento lo estaríamos considerando como un mexicano más. Quizás hasta como una gran figura, anterior a Ponciano Díaz.

   Al llegar Luis Mazzantini los puntos de apreciación se modificaron radicalmente y él, como punta de lanza de un gran proyecto se enfrentó a Ponciano Díaz. El atenqueño intentó hacerle frente al güipuzcoano enarbolando una fuerza nacionalista que se hizo condescendiente al toreo recién instalado en México. Con el se dio la fiesta española a la mexicana. Sin embargo -Ponciano Díaz- con ese intento tuvo que materializarlo (y más que esto creo que tuvo que capitalizarlo) en alguna medida por lo que, navegando en él se fue a la deriva, siendo el olvido su refugio mejor.

   El toreo de a pie, a la usanza española y en versión moderna quedó fincado de por vida en nuestro país. Lo demás es esa maravillosa experiencia con episodios magistrales como Rodolfo Gaona, Fermín Espinosa, Jesús Solórzano, Alberto Balderas, Lorenzo Garza, Luis Castro, Silverio Pérez, Alfonso Ramírez, Luis Procuna, Rafael Rodríguez, Capetillo, José Huerta, Alfredo Leal, Manolo Martínez, “Curro” Rivera, Eloy Cavazos, Mariano Ramos, Jorge Gutiérrez, David Silveti, llegando hasta el momento con Manolo Mejía (ya retirado), junto a los “aires de renovación” como Diego Silveti, Arturo Zaldívar, “El Payo” y muy en especial, Fermín Rivera.

   Nuestra época, marcada y definida por las más avanzadas tecnologías no debe separarse de una tradición que permanentemente se promueve, y que forma parte ya de una programación televisiva y radiofónica muy importante. Toma, por lógica, distinto camino al que estábamos acostumbrados los aficionados hasta hace algunos años quienes seguíamos, y estábamos al pendiente de reducidos espacios de estos dos importantes medios de información y desde luego, a la prensa escrita, misma que también abarca en mayor dimensión la nota y la crítica. Lo que no debe descuidarse es que demasiado apoyo, en manos de diversas opiniones puede ser contraproducente, puede dispersarse, pues no siempre opinan los conocedores, sino también otras personas que por el entusiasmo con el que se dejan llevar, simplemente expresan su emoción, pero una emoción que puede ser superficial, alejada de todo razonamiento y conocimiento del que hacen gala aquellos que hoy se acercan al espectáculo para comentarlo en cualquiera de estos medios de comunicación.

   Un perfil que sigue haciendo falta es el de una enseñanza permanente que bien puede fundamentarse en historia, técnica, estética o moral como elementos básicos de aprendizaje. La televisión, con su poderoso influjo puede ser el instrumento eficaz para proyectar estos y otros temas, a partir de programas perfectamente estructurados, sin pretensiones académicas ni dogmáticas cuyo último fin sea el de enseñar, instruir, orientar y dirigir grupos masivos de aficionados que hoy acuden a la plaza con una ligera idea de lo que es, para ellos, el misterioso espectáculo de las corridas de toros, siempre lleno de embrujo, de encantos especiales. El respaldo técnico de los ordenadores debe aliarse al sustento bibliográfico, hemerográfico, así como de filmoteca o fonoteca con claras intenciones de realización y producción dirigidas, como hemos dicho, al grueso de un público -tele-espectador o radioescucha- interesado en seguir la secuencia de programas, series o temas especiales dedicados a la temática propuesta, y toda aquella que, por añadidura va resultando de encontrar en el camino nuevas inquietudes por resolver el amplio espectro de la tauromaquia.

   Un fenómeno nuevo pero tan añejo al que se enfrenta la televisión es el de establecer una tabla de valores, un racero que satisfaga una condición que antaño tardaba en darse. Me refiero al difícil aspecto de que los toreros, en general, son sometidos a un estricto juicio que los convierte en figuras potencialmente efímeras, si no dan el “ancho”, o en fenómenos fuertemente ponderados, pues los efectos de difusión son tan grandes, que en cuestión de horas se tendría resuelto el destino de un aspirante o el reinado de un matador, haya o no salido como producto de esfuerzos precedentes. Me explicaré mejor. Recordemos aquella sentencia de Rafael “el Guerra” que pronunció al retirarse: “No me voy. Me echan”. A casi cien años de su despedida, los públicos gozaron profundamente la labor profesional del “Califa”, pero se dieron cuenta que no podía eternizarse, pero tampoco eternizarlo. De ahí su respuesta cada vez más encontrada, en medio de discusiones. Por eso se dice que el público -monstruo de las mil cabezas- puede elevar, pero a la vez hundir según sus deseos, y un deseo colectivo es capaz de desatarse sin previo aviso. Raras formas de comportamiento son las que tiene la afición en masa. El torero que ayer levantaron en hombros, hoy sale a pie, por la puerta de cuadrillas en medio de fenomenal bronca o bajo el desaire del silencio.

   He ahí pues, otra forma interesante en la que interviene el poder de la televisión, instrumento de la comodidad que permite a muchos aficionados gozar, desde la tranquilidad de sus casas, una corrida buena o mala, pasada por agua o tal vez intrascendente. Desde los años 60 iniciaron una serie de transmisiones desde distintas plazas del país que favorecieron una afición doméstica, pero sin afectar los intereses de empresarios que seguían viendo llenos sus cosos. Fue en los años 70 cuando comenzaron a darse giros, surgiendo la protesta por el beneficio que no obtenían ciertos actores del espectáculo, por lo cual se vieron obligados a forzar una ruptura en la continuidad de las transmisiones, hasta que lograron la salida de cámaras y micrófonos. Poco a poco comenzó a revalorarse la situación, hasta que llegó el momento de la intervención de influencias muy poderosas y la plaza “México” se ha convertido de unos años acá en sitio atractivo de negocios que han puesto a funcionar una maquinaria (más bien parafernalia) con resultados que van de lo “muy bueno” a lo “pésimo”, resultados que se trazan en diversos puntos de la gráfica de un cambio que probablemente para ellos ya se dio; para la fiesta apenas se ha convertido en un repunte. La fiesta, el espectáculo de los toros, es una tradición secular a la cual parecen tratar como joven inexperto, cuyos destinos se encuentran en manos de unos cuantos, cuando es tan popular como cualquier otra actividad cotidiana. No menosprecio los esfuerzos, pero sobre todo TELEVISA imprime un poder de difusión “bárbaro” y tenaz, suficiente para llegar a cualquier rincón del país, e incluso, al extranjero mismo, proyectando una imagen que yo no sé si sea la más adecuada, la más digna entre otras contadas opciones, como CANAL 11, TELEVISION AZTECA, o MULTIVISION –y ahora una televisión de paga- que difunden masivamente un mismo acontecimiento, sumando cada cual resúmenes de otros festejos del país o del extranjero.

   Al verter opiniones de tal índole no es para reducir a su mínima expresión los esfuerzos que por años, han realizado diversas personas muy bien identificadas en el medio. En todo caso, se sugiere que surja entre ellos mismos una iniciativa para renovar el contenido de sus programas haciendo el uso adecuado de los medios masivos de comunicación como inyectores adecuados de una enseñanza que no puede limitarse a cuadros básicos de información. Las mismas transmisiones que en uno, u otro medio se hacen de corridas de toros son vehículos muy adecuados para transmitir conocimiento, amén de que todo el sucedido de los festejos sea un manantial de informaciones, siempre amenas e imparciales. Transmisiones como las de Alonso Sordo Noriega, Paco Malgesto o José Alameda aún no han sido superadas, al menos por la generación que hoy se encarga de hacerlo. Ponen todo su esfuerzo, sin embargo la época, el momento que nos toca vivir exige una serie de condiciones, una de ellas, quizás la más importante, es de que su imagen se proyecta en el ámbito nacional e incluso internacional y, de alguna manera, llega hasta el rincón más escondido donde puede haber un radio o una televisión, que le pertenece a alguien dispuesto a informarse de los hechos del momento.

   Durante 40 años el licenciado Julio Téllez García mantuvo su programa “Toros y Toreros” transmitido por canal 11, resuelto con inteligentes propuestas temáticas, desarrolladas, las más de ellas, a partir del apoyo de filmoteca, elemento suficiente de prueba a la hora de intentar demostrar la proyección de tal o cual torero. La imagen fue el secreto de su programa, apenas de 27 minutos, tiempo suficiente para balancear la información de actualidad, compaginada, como ya se ha dicho, con valiosas escenas recogidas por el cine.

   Creo, sin temor a equivocarme, que ya es el programa más antiguo de cuantos se dedican al tema. Y si antigüedad es un equivalente a madurez, entonces nos encontramos ante una muestra del esfuerzo por efectuar trabajos enfrentando limitaciones, pero dejando huella de planteamientos novedosos, de polémicas y de otros asuntos que siempre han navegado viento en popa en el curso de los años de este programa.

   Vayan pues, como parte de algunas reflexiones las que me he permitido compartir con todos ustedes. 

23 de febrero de 2013.

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