EXHUMACIÓN DE LOS RESTOS DE PONCIANO DIAZ. 1994.

DE FIGURAS, FIGURITAS y FIGURONES.

POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE.

ULTIMO CAPÍTULO DE LA VIDA TORERA Y DE LA VIDA DEL SER HUMANO QUE SE LLAMÓ PONCIANO DÍAZ.

    Haciendo honor al encabezado de nuestros artículos, han sido «exhumados hogaño» los restos del popular torero mexicano Ponciano Díaz Salinas. Fallecido el 15 de abril de 1899, reposó durante 95 años en el panteón del Tepeyac, de la villa de Guadalupe y tras las gestiones administrativas del caso ocurrió el evento que tuvo como epílogo la reinhumación en Santiago Tianguistenco, México precisamente el 15 de abril de 1994.

 054_JFCU_PANTEÓN TEPEYAC_NOV. 1988_2 El autor de estas notas al pie de la tumba de Ponciano Díaz, en el panteón del Tepeyac, ciudad de México. Noviembre de 1988.

    Durante años he investigado su trayectoria profesional, pero también su perfil como ser humano logrando encontrar datos y más datos que nos llevan a entenderlo más en su tiempo y en su circunstancia. En breve biografía diré que vino al mundo en la hacienda de Atenco un 19 de noviembre de 1856. Nace, crece y se desarrolla en un medio propicio para que sus conocimientos no se quedaran solo en el campo. Él va más allá y logra colocarse en el ambiente taurino mexicano a partir de 1876. Abreva de la enseñanza del gaditano Bernardo Gaviño y lo pelea Lino Zamora. Con Ignacio Gadea mejora las suertes desde el caballo, pero él es ya un perfecto jinete que solo necesitará de experiencias para conquistar los anhelos que se propuso conseguir. Pronto alcanza la cumbre y es solicitado por casi todas las empresas del país. Es el torero que mejor se da a conocer durante su periodo de plenitud (1880-1890) y lo aplauden las aficiones provincianas exhaustas ya de limitantes en sus toreros locales o feudales. Plazas como El Huisachal, Cuautitlán, Puebla y luego El Paseo, Coliseo, Colón, Bucareli serán el escenario de sonoros triunfos al grito de «¡Ora Ponciano!». Luego países como España, Estados Unidos, Cuba y Portugal también aplaudirán el quehacer del charro-torero. Los grandes problemas que tuvo que enfrentar fueron tres: Luis Mazzantini quien, junto a Diego Prieto son punta de lanza en la nueva expresión del toreo de a pie, a la usanza española en versión moderna, que enfrentan, en gran medida su quehacer y que poco a poco lo han de desplazar. El público mexicano que, aleccionado por una prensa influyente pronto aceptó las nuevas formas de torear, cuestionando las que Ponciano seguía practicando. Y, finalmente, la bebida, consecuencia esta de las dos anteriores. Pero nada de esto demerita los logros, el nivel de fama y popularidad, su hegemonía, el número de actuaciones que sumó en su vida torera (713, según las últimas revisiones) y ese estar a la altura y a la estatura de otros motivos y personajes públicos vigentes por entonces.

    Su paso por la tauromaquia mexicana deja huellas que casi a un siglo de haber muerto, siguen causando expectación y una gran necesidad de conocerle mejor en su tiempo, una época con particulares connotaciones que solo se entienden por haber ocurrido en un momento que nos es ajeno, pero no por ello desconocido.

    Por todo esto es que se le ha venido a valorar su trayectoria, que no ha quedado olvidada y, en medio de sus personales características, hoy, Ponciano Díaz vuelve a ser noticia en el medio de los toros. Como charro y como torero vive una época que lo define perfectamente. La enseñanza prodigada por Bernardo Gaviño es asimilada por el de Atenco, pero este quiere (y lo logra), trascender a niveles de expresión que muy pocos de los diestros feudales de entonces pueden obtener. «Su fama no demerita…» canta alguno de los muchos versos a él dedicados y siempre va a más. Gustaba mucho por entonces la actuación envuelta en géneros de lo campirano y lo torero con sellos de genuino sello nacional. Es decir, sintiendo y diciendo el hacer taurómaco sin atender las bases españolas, que no por ello eran desdeñadas en las muchas jornadas que se efectuaron al reanudarse la fiesta de toros en la capital del país (esto es, en 1887).

    Justo este acontecimiento marca un parteaguas en la vida torera de México y en la de Ponciano específicamente. Él, que venía actuando bajo el esquema aquí trazado de cuestiones campiranas y la tauromaquia de a pie -aunque bastante relajado-, enfrentará a partir de 1885 la incómoda presencia de los toreros españoles. Con Bernardo Gaviño las posibilidades de una competencia estaban liquidadas pues el torero español avecindado en México desde 1829, va a morir víctima de una cornada en Texcoco el 11 de enero de 1886. Es con José Machío, Luis Mazzantini, Diego Prieto, y también Ramón López con quienes ha de medirse competitivamente hablando, asentando aquellos un toreo que lograron gustara a partir de lo que puedo llamar «reconquista de la tauromaquia española en México» que no se llevó a cabo violentamente. Antes al contrario. Fue toda una revelación y revolución también el hecho de la incorporación de ese conjunto de expresiones que venían a refrescar el ambiente mexicano, falto de elementos que le diesen solidez a ese «modus vivendi» y que por circunstancias muy especiales, comenzó a sufrir la mudanza de su esquema. Entre los muchos que tenían y debían de aceptarlo estaba Ponciano. A mi parecer no fue fácil que aceptara lo que atentaba sus intereses, pues eso significaba simplemente dejar de ser lo que se había sido para comenzar a transformarse en un nuevo fundamento.

    A mi parecer, Ponciano Díaz asume dos actitudes: una, la de tener que condescender con esa nueva tauromaquia y, la otra, siguiendo su línea tradicional ya establecida lo que ocasionó un conflicto en su forma y estilo, así como en la aceptación de los públicos quienes entendieron ese nuevo amanecer a partir de la influencia periodística y del constante mostrar esa nueva versión del toreo, en las varias plazas que se levantaron a partir de 1887. Pero Ponciano con toda esta contradicción encima, siento que no supo con que corriente aliarse, es algo así como una traición a sí mismo, o dicho en otras palabras, es la fuerte actitud de protesta que mostró Gerardo Santa Cruz Polanco, quien comandando una cuadrilla formada netamente al estilo mexicano, la llamó «Cuadrilla Ponciano Díaz». Allí quedaba impresa una muestra de reclamo, de cuestionarle al de Atenco del porqué de su actitud, si como era, así debió haber seguido. En medio de esa tormenta se desató el último capítulo de la vida torera y de la vida del ser humano que se llamó Ponciano Díaz.

   Lo que parece el fin de una novela, de un drama está en el perfil del torero con bigotes quien continuó sufriendo desgracias, como la de la muerte de su madre ocurrida el 24 de abril de 1898, hasta que él mismo casi un año después, también da cuentas al creador, un 15 de abril de 1899.

    En Ponciano Díaz encontramos la más rica e intensa explicación del toreo a la mexicana, digno representante de esa expresión que alcanzó su esplendor total al ser elevado a estaturas de popularidad sin igual que, como ya se sabe, quedó impresa en música, zarzuelas, versos y corridos, incluso hasta en el cine, como el primer protagonista de un material que desafortunadamente se encuentra perdido, pero cuyos registros lo consideran junto a don Porfirio Díaz, el viejo soldado, que aspirando a la presidencia de la república, lo logra desde 1876, convirtiéndose en uno de los primeros protagonistas del cine, al aparecer en escenas filmadas por los representantes de la casa Lumière, y probablemente por los señores Churrich y Maulinié, que fueron hasta Puebla en agosto de 1897, para filmar las virtudes de Ponciano como torero de a pie y de a caballo.

    Junto a todo esto que es bien poco de lo que podemos consignar en este artículo, queda ese grito, considerado un llamado a la exaltación y que volvió a escucharse en Santiago Tianguistenco, la tarde del 15 de abril de 1994, cuando sus restos fueron reinhumados en la «Galería de los hombres ilustres» del Panteón del municipio para que comenzara a contarse una nueva historia, ahora, bajo el cielo que le vio nacer hace casi 157 años.

   Ese grito se escuchó así: ¡¡¡Ora Ponciano!!!

JGP_GRABADO_PDS_UNO MÁS...

Grabado de Manuel Manilla recreando la figura de Ponciano Díaz.

Deja un comentario

Archivado bajo FIGURAS, FIGURITAS Y FIGURONES

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s