QUÉ PASABA EL 17 DE ABRIL DE 1887 EN LA CIUDAD DE MÉXICO…

MUSEO-GALERÍA TAURINO MEXICANO.

 POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE.

 EL 17 DE ABRIL DE 1887, LA CIUDAD DE MÉXICO FUE PLAGADA DE TAURINAS PROPUESTAS, EN LA PLAZA Y EN EL TEATRO.

    Hacía dos meses que las corridas de toros habían sido reanudadas en la ciudad de México, luego de haber superado el periodo de prohibición que por cerca de 20 años, impuso la Ley de Dotación de Fondos Municipales, aprobada, en su momento por los licenciados Benito Juárez y Sebastián Lerdo de Tejada, Presidente de la República y Secretario de Gobernación, respectivamente.

   Diversos particulares pusieron especial empeño e importante capital para la pronta construcción de varias plazas, siendo la de San Rafael, la primera inaugurada; precisamente el 20 de febrero anterior, contando con el concurso de Ponciano Díaz y su cuadrilla, quienes lidiaron un encierro de Parangueo. Lo mismo ocurrió con las plazas de Colón y Paseo, recientemente estrenadas con estos interesantes carteles:

   Domingo 10 de abril de 1887. Plaza de toros “Colón”. 5 toros de Atenco para Juan León “El Mestizo” y como sobresaliente, Antonio González “Frasquito”.

   Plaza de toros “Paseo”. 6 toros de Cieneguilla. Diego Prieto “Cuatro dedos” y la alternativa de Juan Moreno “El Americano”. 

 PLAZAS DE TOROS DEL COLISEO Y DEL PASEO_PLANO DE 1889

Plano de la época con ubicación de las dos plazas aquí referidas.

    Ese mismo auge se notó en la circulación de varias publicaciones, siendo El Arte de la Lidia una de las que ya contaban con la aceptación de los lectores que, desde 1884 ya podían enterarse de los diferentes acontecimientos ocurridos en diversas partes de la república, junto con las noticias que llegaban de España. Meses más tarde comenzarían a circular La Muleta, El Monosabio y La Verdad del Toreo entre otros.

   Tal clima de efervescencia comenzaba a invadir y a ocasionar un clima sin igual en el género teatral, que se colmó del entusiasmo taurino. Todo parecía indicar que la pasión despertada en los tendidos de las plazas se desplazaba a las secciones, palcos, plateas y lunetas de los principales teatros, como el Nacional, el Principal y el Abreu.

   De las muchas citas recogidas en El Arte de la Lidia, publicación periódica que pude consultar en la Biblioteca “Lerdo de Tejada”, se encontraron los siguientes asuntos que aparte de conmover, movieron al palique, a las conversaciones; al rumor y al chisme. Y todo porque mientras Isidoro Pastor y el escenógrafo José G. Segura anunciaban la representación del “¡Ahora Ponciano!”, en el teatro Nacional, Manuel Estrada Cordero hacia lo mismo en el Principal, pero con un propósito deliberadamente mal intencionado, copiando lo que, para el autor de la nota parece ser lo mejor, pero ocurriendo lo que la sentencia popular siempre ha dicho: Nunca segundas partes han sido buenas. Y así se puede comprobar con la siguiente cita:

El Arte de la Lidia, año III, Nº 24, del 17 de abril de 1887.

 ¡Ahora Ponciano!

   El chistosísimo juguete cómico-lírico, para cuya representación se ha pintado una decoración nueva por el escenógrafo D. José G. Segura, y que hará un verdadero furor en el Teatro Nacional, es original de un aplaudido poeta y de un inspirado compositor. El juguete es delicado y chispeante y aumentará la popularidad del valiente diestro mexicano, a quien tanto ha felicitado nuestro periódico.

   No hay que confundir el “¡Ahora Ponciano!” que será tan aplaudido en El Nacional, con un papasal del mismo título, que para el Principal anuncia Manuelito Estrada y Cordero.

   Ya es costumbre en esa Compañía dar Maximiliano, si el Sr. Servi ú otra compañía, anuncia su Maximiliano, por lo que hoy no nos extraña ponga en escena un Ponciano, plagiando la idea original de la compañía de zarzuela.

   El Principal está en decadencia.

    D. José G. Segura debe haberse inspirado perfectamente en el argumento escrito por Juan de Dios Peza, -“el aplaudido poeta”- y por la música de Luis Arcaraz –“inspirado compositor”- para montar la escenografía más adecuada, logrando así que las representaciones tuvieran un agradable ambiente, aplaudidas frenéticamente por numerosas asistencias en las diversas noches en que fue presentado el juguete cómico-lírico de marras. Desafortunadamente no existe ni el argumento ni la música de tal obra, pero todo parece indicar que Ponciano Díaz fue notoriamente exaltado, echando mano de aquella afortunada arenga que fue grito de batalla en infinidad de plazas donde el diestro atenqueño tuvo oportunidad de torear, consolidando su fuerte presencia, lo que hizo crecer aún más su popularidad.

   Respecto a las no muy buenas intenciones de D. Manuel Estrada y Cordero, esperamos que el plagio cometido a la idea original de la compañía de zarzuela de Isidoro Pastor haya tenido buena aceptación entre quienes acudieron al teatro Principal y presenciaron lo que para la crítica fue una muy mala réplica. Cosas veredes.

   Por su parte la sección de ESPECTÁCULOS publicada en el mismo número, registra otras tantas funciones ocurridas para el mismo día, lo cual hizo de aquel 17 de abril de 1887 uno de los días más taurinos que haya vivido la capital del país en mucho tiempo. Escoja usted, amable lector lo que mejor le agrade:

 Teatro Principal.-Compañía Dramática Manuel Estrada y Cordero.-Representación del drama titulado: “La Aldea San Lorenzo”, concluyendo con la exhibición del juguete cómico en un acto, “Una corrida de toros en el Teatro Principal”.

 Plaza de Toros San Rafael.-Espadas: José Machío, Manuel Díaz Lavy, “El Habanero”, y Francisco Jiménez “Rebujina”.-Gran corrida. Muchas novedades.

 PLAZA DE TOROS DE SAN RAFAEL_PLANO DE 1889

Ubicación de la plaza de toros de San Rafael, en la ciudad de México, en un plano de 1887.

Gran Plaza de Toros de Colón.-2ª corrida. Cinco toros de Atenco. Espadas: Juan León “El Mestizo” y Antonio González “Frasquito”.

 Plaza de Toros del Paseo.-2ª corrida de la temporada. Toros de “Cieneguillas”. Espadas: Diego Prieto “Cuatrodedos” y Juan Moreno “El Americano”.

 Noche

 Gran Teatro Nacional.-Compañía de Zarzuela. Empresa Isidoro Pastor y Compañía. 5ª función de abono. “Crispín y la comadre” y “¡Ahora Ponciano!” 

GRAN TEATRO NACIONAL_15.02.1880 Cartel de la época. Tomado de: Armando de María y Campos: El programa en cien años de teatro en México. México, Ediciones Mexicanas, S.A., 1950. 62 p. + 57 ilustraciones. (Enciclopedia mexicana de arte, 3).

 Teatro Abreu. Compañía Dramática.-“Dos Fanatismos” y “Luis Mazzantini”.

 ARBEU22.02.1880

Cartel de la época. Tomado de: Armando de María y Campos: El programa en cien años de teatro en México. México, Ediciones Mexicanas, S.A., 1950. 62 p. + 57 ilustraciones. (Enciclopedia mexicana de arte, 3).

    Tres corridas de toros matizadas con la actuación de siete toreros españoles, lo que significa que la penetración definitiva de la tauromaquia hispana iba en serio, fueron las que se programaron para aquella tarde primaveral de 1887, mientras que en los teatros, y con esas tres funciones, las virtudes escenográficas e histriónicas se pusieron a prueba para satisfacer las exigencias del público asistente que, religiosa y hebdomadariamente asistía a los programas ofrecidos lo mismo en el Teatro Principal, el Gran Teatro Nacional o el Abreu.

   Independientemente de la nueva y fresca propuesta taurina que emergía en la ciudad de México, luego de aquel receso de magnitudes importantes, nos encontramos con una época donde se intensifican los pretextos teatrales que hicieron suyo el fenómeno protagonizado por nuestra principal figura: Ponciano Díaz, quien enfrentaba el difícil reto del ingreso y arraigo impuesto por el grupo de diestros hispanos que recién habían llegado a nuestro país, para establecer vía una “reconquista espiritual” el carácter de la tauromaquia de a pie, a la usanza española y en versión moderna. Tal expresión ganó la batalla, se extendió victoriosa en los ruedos de la geografía taurina mexicana y desplazó, por no decir que aniquiló en un lapso de 10 años aproximadamente, todo vestigio del toreo practicado en México desde que este alcanzó su independencia y hasta que Ponciano se convirtió, no solo en abanderado del mismo; también en su último reducto, defendiéndolo hasta su muerte misma, ocurrida el 15 de abril de 1899. Aquel día concluyen dos fuertes manifestaciones: el toreo a la mexicana y Ponciano Díaz, mismo que no claudicó ante el avasallamiento que representó la magnitud de lo establecido por los diestros hispanos, que como ya vimos, se impusieron rotundamente y desde su primera etapa, ocupando y acaparando los puestos designados para diversos carteles diseñados por las empresas. El ejemplo de aquel 17 de abril de 1887 no puede ser más que evidente. 

 GRAN TEATRO NACIONAL_14.03.1880

Cartel de la época. Tomado de: Armando de María y Campos: El programa en cien años de teatro en México. México, Ediciones Mexicanas, S.A., 1950. 62 p. + 57 ilustraciones. (Enciclopedia mexicana de arte, 3).

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