EDITORIAL.

POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE.

   Trampantojo, a decir del Diccionario de la Lengua Española significa: “Trampa o ilusión con que se engaña a alguien haciéndole ver lo que no es”.

   Pues bien, para entenderlo en forma más clara sería como aquella acción que, con frecuencia representan los magos haciendo aparecer y desaparecer cosas y objetos durante su actuación, o como aquella frecuente actitud de ciertos taurinos que dicen manejar la situación con el mejor de los aciertos y a su alrededor se respira incluso, un ambiente de hedor que sólo ellos pueden soportar. Y me refiero a “taurinos” a todo un sector de diversos personajes cuya imagen es centro de polémica, desconfianza e incertidumbre por el simple hecho de que sus tareas no vienen cumpliéndolas cabalmente.

   Resulta ilógico en estos momentos en que la modernidad todo lo comprende y todo lo avasalla, en que pudiéndose manejar un espectáculo de orden y carácter eminentemente tradicional, no se haga en plena convivencia con los dictados de esa misma modernidad, sin alterar la esencia de las estructuras taurinas que conservan esencias particulares y peculiares también. Por el contrario, los encargados de darle suficiente peso y presencia prefieren hacerlo de “mala leche”, intencional, deliberada y abusivamente mal, al grado de que todavía, bajo un ensoberbecimiento que admira y que ofende, dicen que es así como hacen “fiesta”, y entonces, los resultados de sus malos manejos saltan a la vista en forma por demás evidente y clara.

   Ya es hora de que muchos de ellos se pongan a la altura de las circunstancias y realicen su trabajo con el simple propósito de profesionalizarlo, lo que significa dejar atrás esquemas viciados por intereses que solo benefician a unos cuantos pero no a la totalidad de quienes, como muchos de nosotros, deseamos ver un espectáculo redignificado. Un escenario así se sigue viviendo en México desde muchos años atrás, y pocas señales de mejora se siguen percibiendo en el medio, lo que significa el estancamiento de muchas cosas, la nula posibilidad de avanzar en la actualización del pasado pero sin alterar esencias, como ya dije, e incluso seguir dando pie o motivo a los contrarios para que encuentren en este estado de cosas, las razones suficientes para seguir pregonando que la fiesta sigue siendo barbarie, y que por tanto debe desaparecer, cuando precisamente uno de los motivos más fuertes de nuestra “cruzada” es justificar el enorme peso de este legado, el de un patrimonio inmaterial que sigue vivo entre nosotros. Pero eso no le confiere posibilidades de permanencia. Es posible que incluso en alguna acción perfectamente articulada, se realice alguna embestida de efectos tan contundentes que no nos dé tiempo de generarle a toda la infraestructura del toreo en México un escudo para defenderla dignamente.

   Eso de que muchos de los partícipes directos en el entramado taurino se “prorfesionalicen” es un hecho contundente, no hay vuelta de hoja. Cada vez más y más, otros espectáculos que atraen multitudes están teniendo mucho mejor capacidad de audiencia o asistencia, en la medida en que sus organizadores tienen tan claro que la ganancia es general, cuando el fin es la calidad, sin más. La experiencia de cuantos festejos se han celebrado en lo que va de este 2013, tanto en las capitales más importantes del país, como de sus provincias, las más taurinas, por supuesto, es que en muchos casos, la organización está dejando qué desear. Se anuncian toros y ¡oh… un trampantojo más!, aparecen en el ruedo novillos. Todo lo demás es figuración, remedo, mentira.

   Para que lo anterior tenga certeza debe contar con la presencia de los medios masivos de comunicación, así como del uso pertinente de las tecnologías de información y comunicación (TIC, por sus siglas). En nuestros días, llama la atención el hecho de que en el medio taurino participan infinidad de voces, lo que supone un ejercicio selectivo para tener, en los más indicados, a quienes se conviertan en nuestros consejeros. Una cosa es informar y la otra es analizar, lo que significa decantarse por quienes realicen esta segunda labor, sin despreciar aquella, pero que termina por no comprometerse, ni utilizar el sentido de la lógica ni de la veracidad como banderas apropiadas justo en el momento en que deben levantarse las voces para combatir contra todo aquello que represente alentar los lugares comunes, las banalidades y hasta aquellas mentiras, trampantojos que es mejor llamarlo por su nombre. De las “verdades” que pretenden imponernos ciertas fuerzas oscuras, empeñadas en seguir haciendo de su labor, aplicación de la ley del mínimo esfuerzo, pero también imposición de su propia ley, como si con ello tuviesen derecho de arrogarse, o “apropiarse indebida o exageradamente de cosas inmateriales, como facultades, derechos u honores”. Y esto no lo digo yo, lo vuelve a apuntar una vez más, ese maravilloso recurso del DRAE, que mucho nos ayuda a entender significados de ciertas cosas que pretenden manipular, hasta llegar a convertirlas en penosa muestra de trampantojos.

   Finalmente, considero que ya no estamos para seguir tolerando un espectáculo de ínfima calidad, hecho como a la medida de quienes lo producen o lo ponen en marcha, pensando que con sus “honrosas” acciones se le da impulso y vigor a la fiesta de los toros en México. 

5 de abril de 2013.

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