EDITORIAL.

POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE.

   Una sociedad como la nuestra en tanto moderna, no es, ni será madura hasta el preciso instante que se haga consciente no sólo de sus actos individuales, sino colectivos. El reciente y vivísimo síntoma del cambio climático es una muestra evidente de que nos distanciamos para evitar más daños (aunque contribuimos con nuestra falta de voluntad contundente), y al no hacerlo se genera un acto de complicidad, pero también de desprecio al no considerar nada sobre una deseable estabilidad en el modo de vida en su conjunto.

   Con la primera revolución industrial,[1] el planeta comenzó a ser otro, pero sobre todo, comenzó a resentir una serie de cambios radicales en sus sistemas y ciclos que el globo terráqueo venía mostrando hasta entonces. Hoy, una segunda “revolución industrial”[2] transgrede con impactos más contundentes, hasta provocar que el equilibrio se vulnere a cotas muy peligrosas. De hecho, ya vivimos esos cambios e incluso, nos vamos adaptando a ellos, pero con la salvedad de que el crecimiento de los mares, la pérdida de glaciares, sequías, incremento de temperaturas, escasez de agua y alteración en otros sistemas provoca respuestas inéditas cuyo ritmo de adaptación nos puede tomar a los humanos un corto tiempo de respuesta; pero no a la naturaleza, la cual incluso responde de manera descontrolada. De ahí, por ejemplo las lluvias o las sequías atípicas.

   En ese sentido, la ganadería, y en particular la destinada a la crianza del toro de lidia, así como contribuye, así también se ve golpeada por estos fenómenos en forma muy radical. Desde luego hay quien se encuentra a favor, pero también en contra de su presencia. Para unos, el sistema es sustentables, para otros un perjuicio. Lo que sí es un hecho, es que su aportación a la ecología es también otra de sus cartas fuertes en estos tiempos. En ese sentido, el MVZ Pedro Martínez Arteaga[3] sostiene:

 En México existen 284 explotaciones ganaderas que crían (Bos taurus); Raza de  Lidia, muchas establecidas en el centro y altiplano mexicanos, caracterizadas por su aridez, escasa precipitación y producción de biomasa. La FAO afirma: “Un 60% de las tierras del mundo están sometidas al pastoreo directo extensivo, sosteniendo 360 millones de bovinos y 600 millones de ovejas y cabras”. Eso ha propiciado que nuestros ganaderos de bravo mexicanos hayan implementado un manejo holístico de su rancho, consistente en la toma de decisiones que establecen metas concretas, incluye calidad de vida, favorecen la rotación de potreros y establecen una visión futura de conservación de la biodiversidad. Mediante investigaciones realizadas sobre biodiversidad, encontramos una distribución distinta en porcentajes, tanto vegetales como animales silvestres, al hacer una comparación de ranchos dedicados a cría de toros bravos vs. ranchos ganaderos dedicados al ganado domestico. La vegetación mixta (matorral) fue mayor en ranchos de bravo, cuantificamos una cobertura aérea de (14.2%) contra (6.7%) de ranchos de ganado para carne. La cobertura basal del pastizal fue mayor para ranchos de bravo (12.9%) contra (7.7%) de ranchos distintos. Respecto a la fauna silvestre encontrada en ranchos bravos fue de 42 especies, mientras que para ranchos productores de ganado distinto se encontraron sólo 29 especies silvestres. Las condiciones de los ranchos bravos han contribuido a mantener la biodiversidad en equilibrio (homeostasis) del ecosistema, por la mayor cantidad de biodiversidad encontrada, contra aquellos ranchos distintos. Los ranchos de bravo garantizan la interacción entre flora y fauna, proporcionando estabilidad del hábitat de sus especies. Sumémosle que nunca se sobre pasa la carga animal sobre el terreno; solo se crían los toros que son demandados, lo que a su vez nos garantiza una conservación del ecosistema, mientras que otros ranchos  sufren  sobre pastoreo y pérdida de biodiversidad.[4]

    Las posiciones encontradas entre taurinos y quienes no lo son dejan ver ausencia de información sólida que permita, en ambos casos, una mejor visión de las cosas. En México, existen alrededor de 300 ganaderías, cuyo desarrollo ya no se produce en las grandes extensiones del pasado. Más bien, se han ido adecuando a ranchos o ejidos, muchas de las cuales además, se encuentran en zonas áridas, semiáridas o extremadamente sometidas a los rigores a que se ha visto obligada la naturaleza.

   Es un hecho, estamos ante un caso de readaptaciones sin precedentes. En el norte y centro del país, y de unos años para acá, las sequías han causado un grave daño a la agricultura y la ganadería, como ocurrió en el pasado con la erosión, el agotamiento en la capacidad de las tierras o el paso y concentración de grandes manadas de ganados mayores o menores.

   Estas notas solo han aludido uno entre muchos factores afectados en esa especie de “efecto dominó” que significa no liberarnos o no saber cómo hacerlo, de una serie de eslabones de la cadena natural, hoy día sumida en un enredo en el que las grandes potencias han venido soslayando el asunto. Donde estados-nación como México aún no son capaces de consolidar una recuperación a nivel forestal, campo, selvas, mares si con proyectos como el de “Programa contra el hambre” (que recientemente ha originado polémica y escándalo) por ejemplo, está demostrado el bajo perfil en torno a ideas para superar ese nivel de patetismo que ofende y deja ver la otra “pobreza”, la de un estado incapaz de apoyar proyectos de calidad, hechos sobre todo por profesionales mexicanos que escapan a la vista –miope por cierto- de funcionarios hijos de la ironía y la perversidad, quienes para su desgracia el sentido común no existe en sus cabezas.

7 de mayo de 2013.


[1] Segunda mitad del siglo XVIII y principios del XIX.

[2] Que comienza aproximadamente en 1850 y se extiende hasta nuestros días.

[3] Médico Veterinario Zootecnista, pertenece al Departamento de Cirugía Experimental y Medicina Comparada de la Facultad de Medicina Humana y Ciencias de la Salud de la Universidad Autónoma de Zacatecas. Entre sus más recientes participaciones, se encuentra la del III Congreso Iberoamericano de Veterinarios Taurinos. Autor del libro: Lesiones anatómicas producidas en el toro por los trebejos empleados en la lidia, entre otros estudios científicos.

[4] Texto que forma parte de su ponencia: El toro de lidia (bos taurus; Raza Lidia), una especie animal que garantiza la homeostasis del medio ambiente, presentada en el Coloquio Internacional “La Fiesta de los toros: Un patrimonio inmaterial compartido”. Ciudad de Tlaxcala, Tlax. 17-19 de enero de 2012.

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