ALTERNATIVA DE LEOPOLDO CAMALEÑO. MAYO 20 DE 1894.

EFEMÉRIDES TAURINAS DECIMONÓNICAS.

POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE.

    Hoy, 20 de mayo se recuerda la ceremonia de alternativa que recibió Leopoldo Camaleño en la plaza de toros de Mixcoac, con el siguiente cartel:

 PLAZA DE TOROS “MIXCOAC”, DISTRITO FEDERAL. Domingo 20 de mayo de 1894. Inauguración de la plaza. José Centeno, Juan Moreno “El Americano” y la alternativa de Leopoldo Camaleño, con 6 toros de Atenco y San Diego de los Padres.[1]

    La escasa información al respecto por ahora, se reduce a ciertos datos aparecidos en La Patria, D.F., del 22 de mayo de 1894, en cuya página 2 se tiene la oportunidad de encontrarse con la columna “Revista de espectáculos” de la que leemos lo que sigue.

    El domingo ha sido una continua fiesta tauro-trágica-dramática y lírica.

   Los toros fueron los que llevaron a Mixcoac gran concurrencia, aunque no la que se esperaba, dado el entusiasmo que parecía reinar por el restablecimiento del permiso para que se verifiquen las corrida. Ello es que las entradas costaban un ojo de la cara, y si hemos de ser justos, no está en relación el precio con la bondad del espectáculo.

   No cabe duda que la cuadrilla Centeno, es trabajadora y sabe cumplir, pero los toros que se lidiaron en la corrida del domingo y que pertenecían a la ganadería de Atenco, desdijeron mucho de su fama, pues casi todos ellos aunque de bravura y de pies, son de menguada estampa y se van al bulto.

   Desgraciadamente, la corrida de que tratamos, se señaló por una continuada serie de percances, algunos de ellos irreparables.

   Salió el primer bicho, y al quererle pasar los pies el Americano, sufrió una tremenda cogida de una gravedad tal, que desde luego fue retirado a la enfermería, donde el médico que lo reconoció manifestó que era difícil que se salvara.

   Sería prolongar demasiado esta crónica hacer una descripción suscinta de ella. Baste decir que Centeno y Camaleño que recibió la alternativa, se portaron como veremos.

   Centeno, en los tres toros que estoqueó, estuvo feliz, especialmente en el quinto que fue el de la tarde, pues se prestó perfectamente a todas las suertes. En pases de muleta se distinguió Centeno. En parear se distinguió Cortés,[2] que ha dado pruebas de que es torero y sabe lo que trae entre manos.

   Camaleño mató al segundo y cuarto. Al empuñar los trastos para matar a aquel, sufrió la primera cogida que fue sin más consecuencias que una herida… al pantalón.[3] Con coraje y valentía siguió la faena y dio al bicho una media estocada que le hizo caer, rematando el puntillero. El sexto toro debió haber sido estoqueado también por Camaleño, pero no fue posible, porque sufrió una cogida que tuvo consecuencias, recibiendo una herida cerca de la ingle, que aunque no es de gravedad, lo dejó inútil. Centeno tuvo que matarlo, pero desmoralizado por tanta desgracia, no pudo dar más que pinchazos que echaron al cornúpeto, rematando el cachetero.

   La gente montada, de desgracia también.

   Mota sacó una contusión.[4] A otro picador,[5] le atravesó un pie el toro, que habrá que amputárselo.

   En resumen, la corrida no se puede decir que haya sido mala, pero desgracias sí las hubo.

   La presidencia en algunos casos desacertada, como cuando mandó tocar a banderillas estando un picador en suerte. Por lo demás, pasadera.

    La reseña anterior se encuentra colmada de datos interesantes. Entre otros, nos confirma la alternativa que recibió Camaleño, personaje cuyo perfil he tenido la oportunidad de conocer, gracias a la consulta que me remite hasta “La voz de río seco.com”, página virtual de la que es responsable Teresa Casquete Rodríguez, Historiadora del Arte, y de la cual me permito traer hasta aquí lo que de su trabajo resultó una grata información. También es de mencionar el apunte que complementa las notas de Teresa Casquete Rodríguez, y que corresponden a la labor de Ángel Cabello Rubio, quien realizó un auténtico rastreo sobre este misterioso personaje, del que por ahora, sólo se cuenta para ilustrar, el par de imágenes que sirvieron para elaborar el registro de entrada a nuestro país, mismo que fue elaborado en 1937 por las autoridades de la Secretaría de Relaciones Exteriores.

 LA VOZ DEL AYER.

 UN RETRATO DEL TORERO RIOSECANO LEOPOLDO CAMALEÑO.

 Es fantástico el trabajo que están realizando los Archivos Estatales en los últimos años con la digitalización de sus fondos. Gracias a esta labor muchos historiadores que vivimos alejados de sus sedes, podemos continuar con nuestras pesquisas y encontrar de vez en cuando entre los cientos de miles de documentos guardados, curiosidades históricas relacionadas con Rioseco como ésta que publicamos hoy.

 LEOPOLDO CAMALEÑO

Imagen que aparece en el portal de la colega Teresa Casquete Rodríguez, Historiadora.

    Dentro de las fichas de los emigrantes españoles a Sudamérica, nos topamos con la del torero riosecano, Leopoldo Camaleño, del que apenas conocíamos unos pocos datos gracias al libro de Alberto Pizarro “De Enríquez a Manrique…”. La fotografía no es de gran calidad, pero los datos que guarda este registro nos aportan un mayor conocimiento de su biografía, a los que podemos unir los conseguidos a través de un pequeño rastreo por las hemerotecas de Méjico.

   Leopoldo Camaleño Obregón nació en Medina de Rioseco un día de San Juan de 1868, hijo de Gabriel y Jacoba, siendo bautizado en la parroquia de Santa María. Los apellidos no son oriundos de nuestra ciudad, por lo que es fácilmente deducible que sus padres eran inmigrantes en el Rioseco de esos años.

   En 1882, se trasladó a Méjico junto a un hermano suyo, llegando al puerto de Veracruz el 22 de enero de ese año con apenas 14 años de edad. Comenzó trabajando de empleado de comercio en una empresa, pasando más tarde a desempeñar el puesto de cajero en otra diferente. Su actividad taurina tuvo su inicio como banderillero, tomando la alternativa el 20 de mayo de 1894 de manos de José Centeno. Además de éxito como matador gozó en este país americano de un no menor reconocimiento social, que le llevó a actuar incluso en una obra musical -un sainete lírico titulado Niña Pancha[6] en el que Camaleño hacía el papel principal. También fue el inspirador de la personalidad de Jarameño, en la novela de Federico Gamboa, Santa y se le dedicó un corrido mexicano titulado La alternativa de Camaleño, que comienza en sus primeras estrofas diciendo:

A Leopoldo Camaleño
Le tocó banderillear
Tomando la alternativa
En la plaza de Mixcoac.

 

Tiempo hace que se alternó
Aquel Cayetano Leal,
Y por cierto que esa tarde
Al pobre le fue fatal…

   La ficha de su entrada en México, fue realizada en 1937, estando ya retirado de los ruedos, y en ella se le describe como un hombre de complexión media, de 1,76 de altura, ojos castaños, pelo blanco, cejas pobladas y mentón plano. Casado, comerciante, de origen español y residiendo en la Calle Zaragoza, Nº 49 de San Luis Potosí.

   Precisamente murió en esta misma ciudad poco tiempo después, el 16 de septiembre de 1939, sin haber regresado nunca a su tierra natal.

 La carrera taurina de Camaleño; por Ángel Gallego Rubio

    Algunos datos más, de los pocos que se conocen, sobre este cuasi desconocido paisano que fue el primer matador de toros que dio la provincia de Valladolid. Inició su carrera saltando como espontáneo en la plaza de Colón de México D.F. iniciando allí su vida torera como banderillero y figurando después como segundo espada, dando elocuentes pruebas de valor en la Ciudad de México, San Luis Potosí, Pachuca, Puebla, Guadalajara, Veracruz, Mérida o San Pedro de Zacatecas.

   El día de su alternativa se inauguraba la Plaza de Toros de Mixcoac, con él torearon José Centeno y Juan Moreno El Americano. Los toros lidiados fueron de Atenco y la tarde fue sangrienta ya que El Americano fue corneado de gravedad, Camaleño y el subalterno Sebastián Gil Pimienta también fueron heridos aunque de menor gravedad, y al picador Irineo García le atravesó el pie un toro y le tuvieron que amputar la pierna, muriendo en septiembre de ese año.

   Otras corridas en las que actuó y de las que he podido localizar reseñas en antiguas revistas son la del 18 de octubre de 1891 en la plaza de toros Colón, a la que asiste el general Porfirio Díaz. La del 11 de noviembre de 1894 en Tacubaya como testigo de la alternativa del bigotudo matador mejicano Ponciano Díaz. La del 17 de enero 1897 en Guanaciví (Durango),[7] donde dicen que está muy recuperado de una cornada anterior. En esa misma plaza el 6 de diciembre de 1897 le propina una grave cornada, tanto que corrió el rumor de que había muerto, un toro de Ramos que tenía ¡10 años! El 16 de octubre de 1898 se encierra en San Bartolo Naucalpan con cinco toros de la ganadería Espíritu Santo. En Puebla actuó a su manera el 22 de enero de 1899. El 9 de diciembre de 1901 lidió en solitario cuatro toros en Tamalimpa (quizá debe decir Tamaulipas). En Torreón el 14 de diciembre de 1902 se resiente de otra cornada reciente y en esa misma plaza el 21 de diciembre de 1903 sufre otra muy grave cogida en el vientre, que posiblemente significara el final de su carrera.

   Los públicos de México vieron en él un buen matador, pundonoroso, arrojado y cumplidor, aunque, al parecer, no era un virtuoso con los engaños. También debió de organizar alguna corrida ya que en 1896 cursó una solicitud para que se le devolviera el valor de una licencia por un espectáculo taurino que no realizó en la plaza del Buen Gusto por falta de concurrencia.[8]


[1] Heriberto Lanfranchi: La fiesta brava en México y en España 1519-1969, 2 tomos, prólogo de Eleuterio Martínez. México, Editorial Siqueo, 1971-1978. Ils., fots., T. I., p. 221.

[2] Probablemente el autor de la crónica aluda a León Prieto Cortés.

[3] Dice “pantalón”… Debe decir, “taleguilla”.

[4] Quizá se trate de José María Mota.

[5] Se trata de Irineo García.

[6] Representada muy probablemente durante el curso del mes de enero de 1901 en el teatro Principal, justo cuando se presentaba la Compañía Española de zarzuela “La Aurora Infantil”, formada por  la tiple Pilar Ramírez, de 12 años, y la bailarina Isabel Díaz, de la misma edad. Entre las obras que presentan en dicho Coliseo se encuentran El anillo de Hierro, La verbena de la paloma, Niña Pancha y Marina.

[7] Dice Guanaciví… debe decir: Guanaceví.

[8] Disponible mayo 19, 2013 en: http://www.lavozderioseco.com/?p=38497

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