UN DOCUMENTO TAURINO DE 1766.

RECOMENDACIONES y LITERATURA.

POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE.

    Agradezco al Lic. Julio Téllez quien me ha invitado a participar en esta publicación considerando mi actividad para con la fiesta de toros desde una posición independiente, pero perfectamente vinculada con la formación académica.[1]

   Guardada por varios años entre máquinas de imprenta y el olor característico de la tinta, pronto saldrá a la luz Un documento taurino de 1766 (inédito).[2]

   En la biblioteca del Lic. Julio Téllez se conserva un interesante documento que es la cuenta de gastos donde se da detalle de todo cuanto desembolsó el Cabildo para celebrar los desposorios del Príncipe de Asturias (el futuro Carlos IV) con la “fogosa” María Luisa de Parma, metida años más tarde en aventuras de amor en la corte con Godoy.

   Ese año de 1766 vísperas de la expulsión de los jesuitas, es el que marca el probable arribo de Tomás Venegas “El Gachupín Toreador” a la Nueva España y que en la mencionada cuenta se le llama “El Gachupín Valenciano”. Por otro lado es interesante considerar que entre la numerosa bibliografía que se ocupa del toreo en México, dicho año no aparece por ningún lado. Para ese entonces el toreo de a pie ya se había dejado sentir pero aún compartía protagonismo con el de a caballo.

   ¿Qué se sabe de las cuentas de gastos?

   ¿Qué son esos documentos?

   Desde 1722 existe evidencia de estos aunque ya en 1713 el Cabildo solicitaba la elaboración de dichas reseñas o relaciones minuciosas y desglosadas de todos los componentes que intervenían en las funciones taurinas ocurridas por un motivo determinado. Vemos: gastos, por pequeños o grandes que estos sean enunciados de un modo progresivo y hasta por partida doble, sin tomar en cuenta su valor directo dentro de un proceso o diferenciación jerárquica dentro del suceso en sí. Se reiteran cifras, las firmas de todos aquellos que reciben o entregan dineros en un cotejo exhaustivo de información, lo que no da pie a ninguna duda o suspicacia (claro, un fraude como el de los “confiteros” es la mejor muestra de que “al mejor cazador se le va la liebre”). Entra además en terrenos oficiales y administrativos y manifiesta frente a las altas autoridades -incluyendo al virrey- el rigor y destino de los dineros en juego. Por cierto, el gasto ascendió a $17,533 7 rs. 6 grs. y el alcance de que son deducidos los gastos a $7,173 3 rs. 6 grs.

   El escenario fue la plaza del “Volador” y detrás del mismo una estela interminable de componentes que nos dan idea de la magnificencia, del aparato y boato alcanzado en varios días de fiestas, celebradas en mayo de aquel año. En el ambiente se respiran ideales reformistas y un patriotismo criollo que se elevaba amenazante, de cara al sistema colonial que ya se degeneraba y era anacrónico frente al nuevo orden de ideas. Era este “el siglo de las luces”, las luces de la razón.

   Junto con el “Gachupín” salieron Luis, Mondragón y Becerra quienes cobraron $175.00 y $110.00 aquellos; $60.00 estos dos respectivamente. Datos como los anteriores se incluyen en un estudio preliminar que acompaña a la paleografía y al facsímil, trabajo por demás relevante pues nos proporciona además, un marco histórico y un marco técnico para entender el movimiento de esas fiestas en su momento, destacándose entre las curiosidades el uso de luminarias, fuente de barquillos cuya nieve era traída -para sofocar el calor de mayo- desde el mismísimo Popocatépetl. Asimismo hace referencia de “dominguejos” figuras alegóricas formadas de carrizo y con base redonda donde se colocaba plomo o material pesado consiguiéndose así que el toro embistiese fúrico aquel monigote que también, en diversas ocasiones lo aderezaban de cohetes estallando al menor derrote del astado.

   90 toros propiedad del Dr. y Mtro. don Agustín de Quintela (“La Goleta”) ganadería situada en el hoy estado de Querétaro, a 8 pesos cada uno y 30 del “Salto” al mismo precio de D. Pedro Lorenzo Rodríguez se concentraron quizás en algún anexo al Volador para ser jugados. Hubo rejones de quebrar, banderillas de fuego, “liebres corridas”, perros y una diversidad de cosas que, para no confundirlos más, esperemos la pronta circulación de este trabajo el cual proporcionará y enriquecerá una idea del toreo dieciochesco en la Nueva España, y apunto novohispano pues logró adquirir un sello sintomático y propio al que se desarrollaba del otro lado del mar. 

007_1994              Portada de la obra aquí reseñada.

    Por último es de hacerse notar la presencia de don Tomás Venegas, prófugo al parecer de la justicia española, que escapó con destino a Nueva España en 1766 (o quizás un año antes, en septiembre). Su vigencia y trascendencia ocupa el último tercio del siglo XVIII, pues si ya en 1792 se sabe de su última actuación, en 1794 le piden parecer en un proyecto para la construcción de una plaza de toros, de madera, como todas las que se levantaron en la época colonial.

   Y bien, pronto daremos la bienvenida a un trabajo que aclarará dudas sobre el curso de la fiesta de toros en México en una época que podríamos llamar oscura pero, que no por ello deja de proyectar su manera de comportarse y latir en el entorno del espectáculo que nos ocupa, que nos atrae y nos fomenta (ya no la obsesión) un interés por estudiar su trayectoria a lo largo de varios siglos de convivir entre nosotros.

   A continuación incluyo la PRESENTACIÓN del libro.

    Con la publicación de UN DOCUMENTO TAURINO DE 1766. INTERPRETACION HISTORICA Y REPRODUCCION FACSIMILAR, el CENTRO DE ESTUDIOS TAURINOS DE MEXICO se presenta por primera vez al público en general y en especial en el ámbito de la fiesta de los toros, considerada como una de las más importantes manifestaciones de cultura popular.

   Esta publicación es un trabajo interpretativo que nos acerca a entender el espectáculo durante el siglo de las luces americano, a partir de una cuenta de gastos que rememoran los desposorios del futuro rey Carlos IV y su esposa María Luisa de Parma en 1766.

   Gracias al Instituto Politécnico Nacional es posible haber realizado este esfuerzo que se convierte, a su vez en el primer acercamiento de una institución de educación superior con lo taurino, incluyendo desde ahora, en su amplio catálogo de publicaciones, la presente obra que nos permite entender el sentido del espectáculo taurino durante el siglo XVIII mexicano, al mismo tiempo que nos da la oportunidad de escarbar en las más profundas raíces de nuestro origen nacional.

   Nos complace que sea el Politécnico la instancia cultural que apoye la presente edición, cuyo contenido se acerca a una fiesta netamente popular, hecho cultural desde el momento en que distintos pensamientos la juzgan y le dan su interpretación en medio de valores históricos y tradicionales.

   De esa forma, el documento que ahora se publica viene a ser un importante soporte que nos entera del carácter propio del espectáculo en los momentos de una de sus más contundentes variaciones; esto es la posesión definitiva de la fiesta por los que, poco a poco se irán convirtiendo en profesionales: los toreros de a pie.

   De nuevo reiteramos nuestro agradecimiento al Instituto Politécnico Nacional esperando volver a gozar de su apoyo con más publicaciones de este género que enriquezcan el conocimiento de nuestro pasado histórico y nos den nuevas luces sobre el origen de nuestra mexicanidad.

 EL DIRECTOR

Lic. Julio Téllez García

 CENTRO DE ESTUDIOS TAURINOS DE MEXICO

COORDINADORES

Julio Téllez García

José Francisco Coello Ugalde

COMISION EDITORIAL

Benjamín Flores Hernández

Pablo Pérez y Fuentes

Leonardo Páez

José Luis Carazo

Marco Antonio Ramírez

Salvador García Bolio

COMISION DE CINE Y T.V.

Pedro Candór

Marisol Reyes

Arturo Avila

Ulises Martínez

Eréndira Márquez

JEFATURA DE PRODUCCION Y REALIZACION

DE PROYECTOS EDITORIALES

Manuel Toral Azuela

“Nina” Maldonado


[1] Las presentes notas fueron redactadas en 1994, recién que salió publicada esta obra.

[2] Un documento taurino de 1766. Interpretación histórica y reproducción facsimilar. México, I.P.N., 1994. 132 p. Ils., facs. (Coautor). Colaboración de: Julio Téllez García, Benjamín Flores Hernández y José Francisco Coello Ugalde.

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