Archivo mensual: julio 2013

LUIS MAZZANTINI METIDO EN UN DESLIZ POR ORIZABA.

MINIATURAS TAURINAS.

 POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE.

    Cuando tuve oportunidad de leer el libro de Juan Miguel Sánchez Vigil y Manuel Durán Blázquez: Luis Mazzantini. El señorito loco. Madrid, Librería Gaztambide, 1993. 314 pp. Ils., fots., retrs., me convencí de la gran personalidad del torero de Guipúzcoa, que supo forjarla gracias a un protagonismo agregado, planteándolo muy bien para hacer de los ruedos un gran escenario, por lo que al asumir ciertas actitudes no comunes con la rudeza de los toreros de la época, se le veía como “bicho raro”. De modo ascendente fue acomodándose en sitios de privilegio, hasta alternar con la torería mayor.

   Para el de Elgoibar, la tristemente célebre jornada del 16 de marzo de 1887 era solo un mal recuerdo, luego de que en la plaza de “San Rafael” tuvo que vérselas con un pésimo encierro de Santa Ana la Presa. La reacción popular se desató en una “bronca” de pronóstico que devino retirada por pies, hacia la estación del ferrocarril, donde su famosa frase: ¡¡¡DE MÉXICO, NI EL POLVO…!!! se convirtió en un estigma que solo se borró con las famosas “temporadas de Mazzantini” que comenzaron desde 1888 y continuaron hasta los primeros años del siglo XX.

nadar-sarah-bernhardtLa hermosísima Sara Bernhart. Disponible julio 27, 2013 en: http://www.allposters.es/-sp/Sarah-Bernhardt-Posters_i4055835_.htm

    Don Luis, por aquellos tiempos cortejaba a la famosa diva Sara Bernhart. De seguro, en ese afán de conquistar mujeres, tuvo la oportunidad de presentarse en el mes de enero de 1888 en Orizaba, donde ocurrió este interesante episodio, relatado en

   El Monosabio, T. I, Nº 9, del 21 de enero de 1888:

 MAZZANTINI EN ORIZABA.-El martes último tuvo lugar la corrida de aficionados y el gran banquete que los admiradores del diestro Mazzantini le ofrecieron en Orizaba. La corrida fue lujosísima y concurrió a ella toda la crema de las damas orizabeñas. Mazzantini mató dos toros, y el banderillar a uno de ellos (bicho muy joven y con los pitones recortados) sufrió una cogida, habiéndolo revolcado a todo su sabor pero sin producirle lesión ninguna. El banquete fue en el Teatro Llave con asistencia de señoras y estuvo soberbio. Tomás Mazzantini acompañó a D. Luis en la excursión.

“La Mulota” entusiasmada, aplaudió desde aquí por telégrafo.

 SUERTE DE ARTE

El Monosabio. Periódico de Toros. Ilustrado con caricaturas, jocoso e imparcial, pero bravo, claridoso y… la mar! Tomo I, Ciudad de México, sábado 4 de febrero de 1888, N° 11, p. 4-5. Col. del autor. ¿Sería esta la recreación de los incidentes arriba mencionados?

    El desliz que se agrega a esta anécdota es lo que vemos en la parte central de la nota, cuando descubren que uno de sus enemigos fue un “bicho muy joven y con los pitones recortados”, que por la circunstancia de la ocasión podría haberse tratado de un momento de comodidad, propicio por el asunto de que se trataba. Pero el hecho es que “El rey del volapié” cayó en la tentación que celebró, como podemos comprobarlo “La Muleta”, vocero del prohispanismo que iba en ascenso y que daba a estos casos un acento significativo, aún tratándose del “pecadillo” que traemos para ustedes, no con el afán morboso de hacer ruido sobre un determinado torero, sino de entender que en todas las épocas ha habido estas libertades, y la presente no fue la excepción.

   Desde luego que al terminar el festejo donde participó, tuvo la suficiente energía de acudir al Teatro Llave para congraciarse, en compañía de su hermano Tomás, de los mimos de las “damas orizabeñas”, a las que de seguro provocó un muy buen ramillete de suspiros, y una que otra ilusión…

Adenda.

    Mi estimado amigo, Xavier González Fisher, acaba de enviarme estas “ligas” para dar mayor certeza a aquellos deslices amorosos del de Elgóibar, y que además fueron motivo de sonados rumores, como estela no sólo de sus triunfos en los ruedos… sino fuera de ellos… con el “escándalo” consiguiente.

http://www.cubahora.cu/blogs/hablando-en-cubiche/el-mejor-mazzantini#.UfSeeo3rzCI

http://www.lajiribilla.co.cu/2007/n336_10/memoria.html

http://www.eldiariomontanes.es/20090711/opinion/articulos/sarah-luis-morir-bailar-20090711.html

http://www.cubarte.cult.cu/periodico/opinion/la-actriz-y-el-torero/4938.html

Por lo demás, agradezco tan inmediata como oportuna intervención de quien es, por otro lado, el responsable de un blog de “referencia”:

http://laaldeadetauro.blogspot.mx/ el cual todo aquel interesado, puede “navegar” por sus interesantes como documentadas colaboraciones.

¡Gracias Xavier!

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ANTONIO LLAGUNO: HOMBRE DEL RENACIMIENTO…

DE FIGURAS, FIGURITAS y FIGURONES.

 POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE.

 ANTONIO LLAGUNO: HOMBRE DEL RENACIMIENTO Y DE LA MODERNIDAD JUNTOS PARA EL TOREO MEXICANO.[1]

    Al andar ENTRE HUIZACHES con la presencia de la ganadería de SAN MATEO que José Antonio Trueba inició con mucho acierto, considero que debemos ocuparnos del principal protagonista de esta historia maravillosa. Me refiero a ANTONIO LLAGUNO GONZALEZ, con quien nos encontraremos en las siguientes colaboraciones que amablemente me permiten realizar quienes forman MATADOR. A todos ellos, muchas gracias.

   Nació en Valparaíso el 29 de agosto de 1878. Sus padres son José Antonio Llaguno y Haza y Dolores González y Anza quienes casaron el 11 de junio de 1873 en Valparaíso. Tuvieron once hijos, de los cuales sólo cinco vivieron.

   Su infancia y primera juventud se desarrollan en medio de un ambiente en el que la marca del progreso se consolida bajo un régimen porfirista que coquetea con modelos que nos llegan del extranjero.

   Con el correr de los años, toda aquella forma de vivir que el joven Antonio encontró a su paso la asimiló y puso en práctica tan luego tuvo edad para iniciar su educación. Comenzó acudiendo al Instituto de San Luis Potosí y luego al “West End” de San Antonio, Texas. Más tarde hizo estudios como veterinario y amplió conocimientos de genética y nutrición animal en Suiza aplicando toda aquella experiencia en el ganado vacuno en sus diversas modalidades.

SINAFO_19988

Antonio Llaguno González, ganadero. INAH-SINAFO N° CATÁLOGO 19988

    A fines del siglo XIX apoya a su padre en las tareas cotidianas de las haciendas de el Sauz, Pozohondo, Cuevas y San Mateo, ocupándose junto con su hermano Julián (quien nació en 1882), de actividades muy concretas como fueron las de seleccionar ganado de raza para destinarlos a concursos importantes. También descubre los misterios de una de las actividades que más tarde lo colocarán en la cima del éxito, al calificársele sin ningún empacho como el mejor ganadero de bravo que ha habido en México. Hombre de recia personalidad, tipificada bajo la huella de los hacendados porfiristas, influye en mucho para la futura definición de su perfil. Antonio era un hombre muy orgulloso, de pocas palabras, pero con una personalidad bien trazada pues siempre puso el triunfo como propósito fundamental, sin que asomaran las banderas del fracaso en su camino. Enfrentó el duro golpe de la revolución, y el hecho de perder casi en su totalidad las tierras de san Mateo -al concluir el movimiento armado- no le impidieron reubicarse en Pozohondo, donde reinició el milagro bajo el nombre de uno de los cuatro evangelistas.

   Antonio fue una especie de ranchero rejego, de esos altivos, de trato duro para quien se acercaba a él por vez primera. Cosa que se propuso, cosa que lograba. Nada dejaba a la suerte.

   No queda la menor duda de que Antonio fue un genio de la intuición genética. Sus primeras lecciones in situ -allá en san Mateo– le dan clara idea del porvenir que se trazó. Pronto se va al extranjero y acumula experiencias en el campo de la genética y la zootecnia para ponerlas en práctica felizmente tanto con ganado de engorda y lechero, de los cuales obtuvo numerosos premios; entregándose con todo empeño en lo que resultó ser su verdadera pasión: los toros.

   Para 1906 lo que criaba Antonio Llaguno González eran toros criollos, frutos seguramente de aquellas reses facilitadas por su propio padre y por vecinos del Barranco y Santa Cruz, seleccionándose finalmente 30 vacas a las cuales cruzaron con un toro criollo, del Barranco. Todo esto a fines del siglo XIX. Volvemos a reiterar: tal esfuerzo demostró que el señor Llaguno era tan buen ganadero de criollo como lo fue más tarde con el ganado de bravo.

   En ese mismo año de 1906 se encuentran dos destinos: el de Antonio Llaguno González y de Ricardo Torres Bombita.

   Surgirá a partir de ese momento entre Ricardo Torres y Antonio Llaguno González una gran amistad, puesto que Bombita se convirtió además de asesor, en confidente y guía moral de las cuestiones ganaderas emprendidas por Antonio Llaguno González. Entre ambos fue posible que se consiguiera el perfil de un toro apto para faenas hoy recordadas por famosas e históricas a manos de casi toda la torería mexicana y de muchos otros españoles en este siglo XX.

   La presencia de la sangre de Saltillo se da a partir de 1887, y adquiere una resonancia que se suma al hecho mismo de la reanudación de corridas de toros en el Distrito Federal. Es decir todos los elementos para una nueva época confluyen en un punto para lograr cambios radicales en el quehacer taurino de México. La sangre de Saltillo vino a demostrar poco a poco que sus condiciones en la lidia eran las propicias para el toreo que practicaban diestros españoles, acostumbrados al juego de toros de diversas ganaderías y en el cual era necesario sobreponerse al exceso de bravura, casta, fuerza que seguramente no les permitía un lucimiento más que aguerrido. Esta sangre en nuestro país pasó por un proceso de depuración que fue lográndose poco a poco, proceso que en cada nueva generación de toreros se iba moldeando para tener como resultado frutos en lo artístico por encima de lo estrictamente técnico, imprescindible en toda faena moderna; factor que desde luego no se perdió. Mejoró la expresión de arte y en este sentido, la ganadería de san Mateo ya consolidada como tal permitió ese concepto que fue dando como resultado el lento pero seguro alejamiento de las formas primitivas del toreo a pie -que por ningún motivo soslayamos, pues pertenecieron a su época- tanto como el feliz arribo del arte de torear en su expresión contemporánea.

   Puede decirse que la sangre de Saltillo siendo un ejemplo del coeficiente de nobleza, en México dicho factor fue rebasado “aun antes que se lograra en muchas vacadas españolas” (dice Filiberto Mira). En ello pudo haber influido: clima, pastos y forma de crianza así como el criterio de los ganaderos, un criterio que más bien se podría interpretar como el sello de su propia sensibilidad.

   Pero la revolución que había iniciado en noviembre de 1910 seguía devastando al país. Todas las existencias pertenecientes a la hacienda de san Mateo se perdieron durante el movimiento armado, desde julio de 1913 a diciembre de 1919. San Mateo estuvo intervenida entre 1914 y 1915 por las fuerzas revolucionarias y en ese tiempo el Gobierno Provisional de Zacatecas echó mano de todo cuanto se le puso por delante, así como de los pocos animales que quedaron al desocupar dicha hacienda a fines del año 15. La mayor parte de cabezas de ganado se las llevaron las fuerzas revolucionarias en los años de 1916 a 1919, al grado que en este año no quedó un solo animal en toda la hacienda de san Mateo, por lo que desde agosto de 1913 tanto Antonio como Julián se dedicaron exclusivamente a defender lo poco que quedó en pie.

   Desde luego que esta no fue la puntilla al destino asegurado que, como ganadería de toros bravos mantuvo san Mateo gracias a la firmeza y vehemencia demostradas por Antonio Llaguno en esos años cruciales de un México que se conmovió en todas direcciones por donde apuntaba el movimiento armado.

  En los toros de san Mateo pre y post-revolucionarios queda grabada la marca de fuego que Antonio Llaguno supo imponer a pesar de los obstáculos que enfrentó, llámese invasión de sus tierras por el ejército constitucionalista o acomodo forzoso de ganado bravo escogido previa y rigurosamente, tanto en el rancho de Sotelo como en su casa de la colonia Roma. Pérdida de algunas vacas y toros en el mismo rancho de Sotelo que se robaron y comieron los zapatistas o hasta lo ocurrido en aquel incidente en la plaza de Valparaíso, Zacatecas cuando un grupo de improvisados quiso torear a CONEJO, bravísimo sanmateíno, cuya fiereza incomprendida acabó por provocar que los “diestros” terminaran liquidándolo no de una estocada; pero sí a balazos.

   Y si Antonio Llaguno en vida no permitió más que algunos toros para que se constituyeran unas cuantas ganaderías, su hijo José Antonio Llaguno García abrió las compuertas por donde fue arrojada al campo bravo mexicano la sangre sanmateína la cual logró darle vida a más de un 85% de nuevas ganaderías, conservando todas ellas un sello distintivo que aun no se pierde. Al contrario, se consolida cada vez más bajo la custodia de sinfín de criadores que por supuesto imprimen a sus desvelos un propio criterio sin que esto ocasione la pérdida de la esencia misma de la sangre saltillo-san Mateo que corre por las venas de toros bravos mexicanos. Por fortuna la propia ganadería no ha desaparecido, recayó en otras manos, las del señor Ignacio García Aceves y más tarde en las del Arq. Ignacio García Villaseñor quien pone también todo su empeño para que continúen sumándose a su historial nuevos y memorables triunfos.

   La actitud de Antonio Llaguno no puede considerarse egoísta. En su época existe una competitividad que se da con las otras tres columnas vertebrales del toro bravo en nuestro país: Atenco-san Diego de los Padres, Santín (familia Barbabosa). Piedras Negras-Coaxamaluca, La Laguna (familia González) y La Punta-Matancillas (Francisco y José Madrazo).

   Hasta aquí, dos son los grandes acontecimientos de esta historia:

Primero. La personalidad y carácter de Antonio Llaguno, gente de pocas palabras y sí de hechos contundentes para lograr lo que se propuso: una verdadera hazaña de la ganadería brava mexicana. Era un hombre muy orgulloso, de personalidad definida y siempre buscando ser un triunfador en todo aquello donde pusiera su atención.

Segundo. Los aspectos particulares en que radica la influencia de Ricardo Torres en el marqués del Saltillo y luego la presencia de Antonio Llaguno para que buena parte de la actual ganadería se sustente en valores genéticos y de fenotipo que hacen del toro mexicano fácil de distinguir por su estampa, juego y bravura.

   La aprehensión más sólida que ocurre con la sangre de Saltillo va a darse a partir de la fusión amistosa de Ricardo Torres y Antonio Llaguno; el uno torero, el otro, ganadero en búsqueda del ganado ideal para el ejercicio y arte de torear.

   Los toreros españoles se compenetraron tanto en la ganadería que, basándose en elecciones y de correcciones afinaron el estilo de muchas de ellas y hasta la liquidación de otras tantas, en aras de lograr un acomodo técnico y estético, concibiendo el término acomodo en lo que significa desde su raíz misma.

   Nos parece que sobre don Antonio se puede seguir escribiendo una historia a la misma altura de la historia que se merecen el padre y la madre intelectuales de la casi totalidad de las ganaderías de bravo en México. Se trata, evidentemente de SAN MATEO, la ganadería a la que dedicaremos nuestra atención en las siguientes entregas.

   Lleno de particulares enigmas como ser humano, Antonio Llaguno sigue forjando el perfil de su historia. Este hombre quiere convertirse en el renacimiento mismo para el toreo. Logra romper con una época a la que el mismo Rodolfo Gaona se negó a abandonar, aun y cuando el propio “indio grande” obtuviese un resonante triunfo con QUITASOL y COCINERO, pupilos de don Antonio en la recordada fecha del 23 de marzo de 1924. Esa tarde el leonés tiene un enfrentamiento consigo mismo ya que, logrando concebir la faena moderna sin más, parece detenerse de golpe ante un panorama con el que probablemente no iba a aclimatarse del todo.

   ¿Por qué?

   Precisamente por estar dentro de una generación que se formó al amparo de las experiencias que vertieron gentes cercanas a Lagartijo, Frascuelo, Guerrita o Mazzantini. Toreros de esa dimensión dejaron un legado que hizo suyo todo aquel grupo integrado por Machaquito, Bombita, Rafael el Gallo y desde luego, Joselito el Gallo, Juan Belmonte y por supuesto Rodolfo Gaona. El comportamiento de todo esto nos deja entender que nuestro “indio grande” fue fiel a los principios donde tuvo origen y desarrollo. No podría claudicar y mucho menos traicionarlos por lo que un grito lanzado desde el tendido aquella tarde primaveral de 1924: “¡Gaona: por abajo!” no le impidió al diestro cumplir ese mandato popular pero no rendirse ante algo que no sentía como propio.

   Los toros de san Mateo no significaron para Gaona más que una nueva experiencia, pero sí un parteaguas resuelto esa misma tarde: Me quedo con mi tiempo y mi circunstancia, en ese concepto nací y me desarrollé, parece decirnos. Además estaba en la cúspide de su carrera, a un año del retiro y a esos niveles de madurez donde es difícil romper con toda una estructura perfectamente diseñada y levantada al cabo de los años.

ANTONIO LLAGUNO y DAVID LICEAGA

Don Antonio Llaguno acompañando a David Liceaga la tarde del 13 de diciembre de 1942, luego de que el gran torero inmortalizara a “Zamorano”, conquistando la oreja y el rabo. Col. del autor.

    Se dan en ese justo momento la transición y camino definitivos hacia el toreo contemporáneo. El toreo moderno fue abanderado por Gaona y toda su generación, un toreo que moldeó y afinó viejos quehaceres de auténticos gladiadores y al entregarlo Rodolfo y su generación a la que les sucede en el camino, promueve en consecuencia, el toreo contemporáneo que sigue produciendo un arte consumado, hermoso, arte a un paso del ballet mismo, tan ajeno cada vez más a los rigores del tecnicismo, corpus de toda faena, corpus vestido del alma efímera, estética de gozos privilegiados que surge en los momentos de inspiración.

   Antonio Llaguno con la intención de consolidar el propósito, su propósito como nuevo ganadero, tuvo que luchar a brazo partido frente a una sólida tradición que detentaban familias como los González de Tlaxcala y los Barbabosa en el estado de México.

   La sangre de toros bravos de SAN MATEO se regó por los campos y tierras mexicanas, una sangre que Antonio Llaguno a base de celosos cuidados supo moldear a su propio gusto y también al gusto del toreo que maduró estética y técnicamente particularmente en México, donde adquirió aparte una sensibilidad, una interpretación donde a los tiempos citar, templar y mandar se les agregó el de ligar. No solo fueron nuestros toreros los privilegiados. También de España y otras nacionalidades asimilan esa grata experiencia que da el temple, un temple producto de la nobleza y bravura juntas del toro mexicano; luego se lo llevaron experimentando y proyectando ese logro depurado entre otros elementos, al de la influencia de san Mateo.

   El esfuerzo de Antonio Llaguno se cubre de gloria permanentemente pues abundan los toros bravos y sobre todo de “bandera” que se lidian tanto en la capital como en provincia. Desde el mismo momento de su aparición en 1912 con sangre de Saltillo en sus venas se proyecta la ganadería como el fruto y búsqueda de la modernidad. La búsqueda de un nuevo toro da como resultado características muy particulares. Partimos del hecho de que no es un toro monumental en cuanto a alzada se refiere. Es más bien de un tamaño regular que incluso se les llamó de modo peyorativo “toritos de plomo”. Pero don Antonio tan cuidadoso de sus actos realizaba minuciosos apuntes donde llevaba registro de todo su ganado, desde fecha de nacimiento, nota de tienta y hasta su juego en la plaza, de ahí que la constancia en datos es abundante en todos sentidos.

   Sin Antonio Llaguno no sabemos qué camino o derrotero tendría la fiesta. Es seguro que surgiría alguien como don Antonio puesto que en todas las épocas ha habido grandes criadores de toros bravos tan capaces como él. Sin embargo es el estilo, es el hombre a quien nos referimos puesto que los empeños que se lograron fueron producto de una búsqueda permanente para resolver los misterios que encierra el toro de lidia en su conjunto.


[1] Publicado originalmente en la revista MATADOR Año 2, N° 7 y 8, abril y mayo de 1997.

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NUEVO CAPÍTULO SOBRE GANADO ESPAÑOL EN MÉXICO.

A TORO PASADO.

POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE.

NOTA: Los siguientes apuntes fueron redactados en 1996.

    A escasos años de la transición de siglos se da una importante noticia cuyo significado viene a representar el inicio de un nuevo ciclo para el espectáculo taurino en nuestro país: la llegada de

 GANADO ESPAÑOL A MÉXICO

 Los ganaderos de san Martín, Marcelino Miaja y José Chafic; de los Encinos, Eduardo Martínez Urquidi y de San José, Arturo Jiménez traerán a México este miércoles, un total de 78 cabezas de ganado bravo español, de las sangres de Saltillo y Santa Coloma, se informó ayer.

Dichos astados ya cumplieron con los requisitos de sanidad en España y deberán guardar 60 días más, una vez arribados vía aérea a nuestro país.

Desde 1945 no se ha importado ninguna cabeza de España y ahora estas reses adquiridas en suelos peninsulares en 1994, han sido probadas en tentaderos y novilladas hispanas. En total serán 23 machos y 55 hembras, los cuales estarán en los pastos de las dehesas de san Martín y Los Encinos, tras los permisos expedidos por las autoridades sanitarias de Querétaro.

OVACIONES, del 21 de noviembre de 1996.

    Este nuevo capítulo correspondiente a un territorio histórico común en el pasado, vuelve a repetirse. De nuevo llegan procedentes de España cabezas de ganado (78 en número exacto),  pura sangre de Saltillo y Santa Coloma.

   La pureza hoy en día ha alcanzado -diríase que la perfección-, e incluso se han podido controlar los aspectos estrictamente sanitarios que interfieren en el intercambio comercial entre España y México, al salvarse -en buena parte-, el problema de la fiebre aftosa que ataca al ganado en la península ibérica.

   Tuvo que transcurrir medio siglo para que pudiera darse este nuevo paso que por supuesto enriquecerá el sentido de la fiesta en el alumbramiento de un nuevo siglo.

   Luego de la conquista, el proceso de colonización permitió la extensión y continuidad de muchos aspectos de la vida cotidiana común en España y ahora, a partir de 1521 en la expresión de esta otra Nueva España. En lo relativo a fiestas, su punto de partida tiene fecha de nacimiento el 24 de junio de 1526. Sin embargo el concepto estrictamente utilitario de la fiesta estaba destinado a factores que en nada se parecen a los dominantes en nuestros tiempos. La fiesta la hacían los estamentos, la burguesía al servicio de motivos monárquicos, de carácter civil, religioso o hasta militar. Entre muchos otros elementos se contaba con el toro, un toro que ni por casualidad es el que vemos lidiar hoy. Aquel ganado cuya procedencia es la de los campos españoles y que, de igual forma se aprovecha su casta y bravuconería para disfrutar de los lances en donde lucen sus habilidades los nobles y caballeros, llega a estas tierras luego de hacer escala en Santo Domingo, las Antillas y Cuba.

Lo que es un hecho es que toros no los había en esos momentos, no existe el toro de lidia en cuanto tal, aclaro. Eran más bien vacunos asilvestrados, destinados en buena parte al abasto y que estaban controlados por los señores de ganados, antecesores de los toros de lidia y los ganaderos o criadores de toros de lidia. Ganadero y toro tal y como hoy se les define no los podemos ubicar en ese contexto hacia los siglos XVI, XVII y XVIII. Existen en su raíz más primitiva. De ese modo, sus características de cierta bravuconería, fueron aprovechadas por los viejos exponentes del toreo a caballo.

   En 1526, Hernán Cortés ya se encuentra bastante ocupado en la crianza de ganado como lo refiere a su padre en carta del 16 de septiembre de 1526. El conquistador nos revela un quehacer que lo coloca como el primer ganadero de México, actividad que desarrolla en el valle de Toluca mismo. Hernán se dirige a su padre Martín Cortés indicándole de sus posesiones en Nueva España y muy en especial “Matlazingo, donde tengo mis ganados de vacas, ovejas y cerdos…”

   Así que desde esas tempranas fechas existe ganado vacuno que ha sido traído ex profeso por el propio conquistador para su reproducción.

   Luego de establecido el género de la ganadería en sus bases de fomento y reproducción del ganado, se rebasaron estos mismos valores y el control se perdió. Fue tal el crecimiento de los hatos ganaderos en sus diversas modalidades, que bien pronto invadieron otras extensiones, llegando a poblar cerros y bosques, regiones que no eran propicias del todo para la buena reproducción, ocasionándose con ello que los ganados se distinguieran por ser “cerreros” y “montaraces”, es decir con la característica de ser casi salvajes. Ello movió al deslinde obligado de las ganaderías lográndose así, el reconocimiento de terrenos y ganados propios de cada señor dueño de “estancias” o “sitios”. De allí es posible elucubrar las posibles tareas de una selección primitiva, cuyos fines no conseguían alcanzar lo que luego se establecería con los principios de la ganadería desde un punto de vista netamente profesional.

   Durante buena parte de la colonia no es posible pensar en la dedicación de los ganaderos cercanos a la fiesta de toros al concepto de crianza, y más aún de la destinada para la lidia, que va a darse en el último tercio del siglo XVIII en España con la de García Aleas Carrasco (desde 1788). Es un entuerto pensar que Atenco -cuya antigüedad data de 1528-, pueda asumir el privilegio de ser la primera en donde se manifestó el carácter de crianza cuyo fundamento es ya el de la reproducción y el de la selección que ocurriría durante el curso de la segunda mitad del siglo pasado en sus mismas extensiones.

   Con el paso del tiempo la propia reproducción masiva de cabezas de ganado permite garantías de abasto, pero también la indispensable para surtir las innumerables fiestas que solían necesitar de 100 o más toros corridos en varios días.

   A lo largo de la época virreinal el toreo se llenó de esplendor, gracias a una ganadería pujante de la que no existe evidencia del intento por dedicar a los toros destinados para fiestas, un sentido de selección aplicada a modo de antecedente que manifieste las intenciones de los hacendados, que no de los ganaderos de bravo, mismos que comenzarán a desarrollarse en el último cuarto del siglo XIX.

   Con este planteamiento no estoy dando por un hecho lo anterior, pero tampoco liquidándolo. En todo caso es preciso acercarnos un poco más a la vida que se daba en la casa y en la hacienda, pues dado el número tan amplio de toros corridos o lidiados en el periodo de dominación española y en gran medida del siglo XIX también, una gran parte de este grupo de señores pudo haber aplicado criterios de elección y selección muy primitivos pero que, al fin y al cabo, sirvieron para ir definiendo características particulares de cada hacienda.

  Por ejemplo, encontramos que en las fiestas organizadas en honor del conde de Revillagigedo en noviembre de 1789 en la capital del reino, participan don Pedro Antonio de Azebedo y Calderón con 32 toros. Don Antonio María de Hierro, con 57 toros “escogidos” y don Antonio Retonda con 70 toros también “escogidos”. Los tres comparten propiedad de una misma hacienda: YEREGE que se ubicaba en Real de Minas de Temascaltepec (hoy estado de México).

   Hubo otras haciendas como El Jaral, la Goleta, san Nicolás, San Pablo, El Salitre, Enyegé, Astillero, Atenco, Tenería, Tlahuelilpan, Xaripeo, Bocas, Gogorrón y Zavala, Bledos, Rincón, Bellas Fuentes o Tenango.

   El sólo nombre funcional y utilitario de “corrida de toros”, tiene ya profundas implicaciones de un objetivo concreto con fines públicos que la ponen en el nivel de un espectáculo profesional, que exige cada vez, con mayor frecuencia, la participación de elementos cuya aportación signifique madurez para con esta diversión. Y el papel del toro en cuanto tal, es definitiva.

   En 1734 hubo otro conjunto de corridas en celebridad del ascenso al Virreinato de la Nueva España, del Excmo. Yllmo. Sor. Dr. Don Juan Antonio de Vizarrón, y Eguiarreta, Dignísimo Arzobispo de México. Fue necesario para la ocasión, pedir los servicios de Tomás Navarijo -toreador de a caballo- quien se trasladó a la hacienda de la Goleta (en el estado de Querétaro), “a reconocer el ganado”. En tanto que otras gentes tuvieron a bien ver “ciento y diez y seis toros, que se encerraron de cuenta de la Novilissima Ciudad por el Caporal, y Vaqueros”.

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Esta es una de las cuatro imágenes de la “Serie mexicana”, copia de 4 ejemplares de la serie de Víctor Adams. Julio Michaud y Tomás, Editores, México (ca. 1857, aunque pudiera tratarse de una época anterior, debido a que Víctor Adams realizó un dibujo estampado por Godard, en Paris hacia 1835). Dimensiones 24-5 x 34 cms. En su descripción original aparece la siguiente leyenda: Nº 3. “Cuando el matador se pone delante del toro y lo llama con la capa para matarlo”. De lo que sí se puede asegurar, es que el personaje que aparece en dicha estampa, es Bernardo Gaviño. // Aquí cabe destacar la desproporcionada “catadura” del toro que el diestro tiene enfrente, lo que significa que este representante del bos taurus muestra un elemento nuevo en la perspectiva pictórica del artista con mirada y mentalidad latina, uno más de los viajeros extranjeros que estuvieron en nuestro país y que observaron con curiosidad las diversas escenas de vida cotidiana. Es posible que ese “impresionante toro” sea un ejemplar atenqueño, ya que en ese año de 1857, de las 29 actuaciones registradas por parte del gaditano, 27 son con toros de Atenco, como lo demostraré al final de estos apuntes. // Fernando Berckemeyer y Pazos: El arte y los toros. Museo taurino de arte de Lima. México, Litoarte, S. de R.L., 1966. XI-155 p. Ils., retrs., facs., p. 118.

 

    Existe en la misma cuenta de gastos que consultamos otro dato: “se dieron treinta pessos al Caporal del Obligado (independientemente delo que este le pagó por los encierros) por premio delo vien que desempeño el especial encargo que por los Comisarios se le hizo, a fin de que trabaxara en apartar el mejor Ganado para los encierros en la plaza; y porque siendo estilo asignarle una lumbrera de Sol, no se le dio por no haverla”.

   En aquella ocasión se contabilizan 208 toros dispuestos para la ocasión.[1]

   Evidentemente al estar constituido el espectáculo con unas formas cada vez más profesionales, no podía quedar distante de una suma de condiciones necesarias para su desarrollo. Por esto la evolución va haciendo suyos varios principios donde lo relacionado con “escoger” o “seleccionar” toros para las fiestas se va haciendo cosa cada vez más común.

 El ganado de aquéllas épocas seguramente era criollo es decir: a aquél que, a partir de las primeras vacas y sementales importados de España o de las Antillas, se había reproducido libremente en el campo mexicano, desarrollando algunas características propias -especialmente de bravura y estilo- que lo diferenciaban un tanto de sus antepasados peninsulares. Inclusive, es muy probable que en la misma capital del virreinato muchas veces se corriera este tipo de ganado bravucón el cual, por otra parte, fue el que posibilitó, con su peculiar forma de ser, el nacimiento de la charrería con sus aspectos típicamente nacionales.[2]

    Así, en el último tercio del siglo XIX se va acentuando una actividad destinada, en su gran mayoría, a hombres de confianza del “l´ amo” o dueño de la hacienda. Un caso específico es el José Guadalupe Albino Díaz y su hijo, Ponciano quienes ponen su mejor empeño en “escoger y seleccionar” toros para las corridas dados sus amplios conocimientos del ganado puesto que conviven muy cerca de él.

   La llegada en 1887 de cabezas de ganado español a México de forma masiva, abre totalmente las puertas de un quehacer que ya se hará totalmente indispensable entre los nuevos ganaderos de bravo, quienes se exigen una forma de ejercer su misión como criadores de toros de lidia con todo el radio de acción que les exige una fiesta recuperada tras los 20 años de prohibición del espectáculo en la capital del país (de 1867 a 1887); y renovada también luego de la llegada del toreo de a pie a la usanza española en versión moderna.

   Lo que en el pasado fue una lenta evolución encauzada a conseguir la prosperidad en las haciendas con cabezas de ganado vacuno, se fue tornando en una misión más concreta que significó destinar toros -sin más- a las fiestas caballerescas. Al paso del tiempo comenzó a participar un grupo definido de personajes quienes fungieron como “reseñadores” de toros al escogerlos y seleccionarlos; tales principios los hicieron suyos infinidad de ganaderos que vieron en todo esto un futuro confiable. Capitalizable también.

   Sin duda, la fiesta evolucionaba, y uno de esos aspectos fue el de la ganadería como aporte cuyo fin era mejorar día con día las condiciones del espectáculo taurino mismo que necesitaba prosperar en medio de su natural desarrollo.

   Según hemos visto, los propósitos de selección en cuanto tal fueron dándose de manera aislada, pero permanente también, dado que el número de fiestas siempre era constante y exigía mayores condiciones, por lo menos de grandiosidad a la hora de celebrar el espectáculo vinculado a la ostentación y al boato; durante la época de dominación. De invención y espectacularidad durante buena parte del siglo XIX.

   Bajo estas premisas era importante la presencia del toro, mismo que debe haber poseído cierta presencia, una casta (no como linaje sino como manera de sus embestidas) y quizás otra buena porción de bravura, condición natural y de defensa a la hora de ser agredidos o atacados.

   Escribí en algún momento sobre la certeza de que fuera de Atenco el toro de la imagen que acompaña el presente texto. Pretendiendo comprobar el dicho, traigo de mi libro sobre Bernardo Gaviño,[3] las actuaciones que tuvo el portorealeño en 1857.

1857

 PLAZA DE TOROS DEL PASEO NUEVO, D.F. Domingo 4 de enero. Bernardo Gaviño y cuadrilla, con 6 toros de Atenco. La valiente mojiganga de Fantasmas montados y enanos en carretillas, que con la maestría de que ha dado repetidas pruebas, lidiarán un toro del cercado de Atenco, y de la misma raza que los de la corrida, concluyendo con el toro embolado.

 PLAZA DE TOROS DEL PASEO NUEVO, D.F. Domingo 11 de enero. Toros de Atenco. Cuadrilla de Bernardo Gaviño. Un toro embolado picando los jinetes en elefante y camello figurados. Toro embolado.

 PLAZA DE TOROS DEL PASEO NUEVO, D.F. Domingo 18 de enero. Toros de Atenco. Cuadrilla de Bernardo Gaviño.

   “En uno de los intermedios se presentará la divertida Comparsa de la Castañera, que en los trajes conocidos de estudiantes, majos, etc., lidiará un valiente toro embolado, poniendo un par de banderillas la Maja sobre un barril y los estudiantes picarán montados en unas cebras figuradas”.

 PLAZA DE TOROS DEL PASEO NUEVO, D.F. Domingo 25 de enero. 6 Toros de Atenco. Cuadrilla de Bernardo Gaviño.

 PLAZA DE TOROS DEL PASEO NUEVO, D.F. Domingo 1 de febrero. 6 Toros de Atenco. Cuadrilla de Bernardo Gaviño.

 PLAZA DE TOROS DEL PASEO NUEVO, D.F. Domingo 8 de febrero. 6 Arrogantes y bravos toros de Atenco. Beneficio de Bernardo Gaviño. Hermosos fuegos de artificio.

 PLAZA DE TOROS DEL PASEO NUEVO, D.F. Domingo 15 de febrero. 6 Toros de Atenco. Cuadrilla de Bernardo Gaviño. Mojiganga, toro de Atenco embolado y dos toros para coleadero.

 PLAZA DE TOROS DEL PASEO NUEVO, D.F. Domingo 22 de febrero. Toros de Atenco. Cuadrilla de Bernardo Gaviño.

 PLAZA DE TOROS DEL PASEO NUEVO, D.F. Martes 24 de febrero. Toros de Atenco. Cuadrilla de Bernardo Gaviño.

 PLAZA DE TOROS DEL PASEO NUEVO, D.F. Domingo 1º de marzo. Gran función extraordinaria a beneficio de la cuadrilla de Bernardo Gaviño. Cuatro toros de Atenco así como la presentación de la mojiganga Sargento Marcos Bomba, un toro embolado, el que será banderilleado en competencia por Ángela Amaya y Mariana Gil, mexicanas las dos.

 PLAZA DE TOROS DEL PASEO NUEVO, D.F. 15 de marzo. Bernardo Gaviño y cuadrilla. 6 toros de Atenco. Cuadrilla en Zancos, toro de cola y toro embolado. Nuevo espectáculo de jovencitas. Gaviño brindó uno de los toros a Ignacio Comonfort que hacía, apenas unas semanas había promulgado la Constitución.

 PLAZA DE TOROS DEL PASEO NUEVO, D.F. Domingo 10 de mayo. Toros de Atenco. Función extraordinaria a beneficio de la cuadrilla de Bernardo Gaviño.

 PLAZA DE TOROS DE TOLUCA, EDO. DE MÉX. Domingo 17 de mayo. Cuadrilla de Bernardo Gaviño. Toros de Atenco.

 PLAZA DE TOROS DEL PASEO NUEVO, D.F. Domingo 24 de mayo. Toros de Atenco. Cuadrilla de Bernardo Gaviño.

CORRIDA / DE TOROS / EN LA / PLAZA DEL PASEO NUEVO, / PARA / EL DOMINGO 24 DE MAYO DE 1857. / TOROS DE ATENCO.

   Deseando la empresa complacer a las muchas personas aficionadas a esta diversión, que le han manifestado su deseo, de que se dieran algunas corridas en la presente temporada, ha logrado venciendo algunas dificultades, poder anunciar la primera para la tarde de este día.

   El ganado que en ellas se lidie, será siempre de la acreditada raza de Atenco, no solo por ser el mejor que se conoce, sino por ser también el que más agrada a la concurrencia.

   La cuadrilla se ha formado con el mismo personal de la temporada pasada, exceptuando a Bernardo Gaviño y alguno otro que se hallan fuera, y se han reemplazado con otros de conocida habilidad y destreza.

   En esta primera función se lidiarán / SEIS TOROS / de la mencionada raza de Atenco, que se han elegido de lo mejor que se encuentra en el cercado, y terminará la corrida con un / TORO EMBOLADO / para los aficionados.

-Imprenta: Tip. de M. Murguía.

 PLAZA DEL PASEO NUEVO (PUEBLA, PUE.). 22 de agosto. Bernardo Gaviño y cuadrilla. Toros de Atenco.

 PLAZA DE TOROS EN LA HABANA, CUBA. Se registran diversas actuaciones en la isla, probablemente entre los últimos días de agosto y los primeros de septiembre. (Quizá convenga fijar un mínimo de tres festejos).

 PLAZA DE TOROS DEL PASEO NUEVO, D.F. Domingo 20 de septiembre. Toros de Atenco. Cuadrilla de Bernardo Gaviño. Función dedicada al Exmo. Sr. Presidente de la República Don Ignacio Comonfort.

 PLAZA DE TOROS DEL PASEO NUEVO, D.F. Domingo 27 de septiembre. Cuadrilla de Bernardo Gaviño. 6 toros de Atenco.

   “Sabedores algunos amigos míos de mi regreso de la isla de Cuba a esta capital, declara Bernardo Gaviño en septiembre del 57, se han empeñado para que diese alguna corrida y accediendo yo gustoso en un tanto a sus peticiones, he dispuesto dar una en la tarde del día de hoy, en obsequio al Excmo. señor Presidente de la República don Ignacio Comonfort, a quien tengo el honor de dedicarla, y el que la honrará con su presencia”. La función debe dar principio “tan pronto como el Excmo. señor Presidente se presente en su palco, le harán los honores y partirá la plaza una de las compañías de rifleros que para el efecto estará en el local con anticipación. Uno de los toros será banderilleado por mí alternando con los picadores, y otro también floreado y banderilleado a caballo por Pilar Cruz. Habrá suertes de “manganear y jinetear potros cerreros, que tanto ha divertido al público las veces que se ha verificado”.

 PLAZA DE TOROS DEL PASEO NUEVO, D.F. Domingo 4 de octubre. 6 Toros de Atenco. Cuadrilla de Bernardo Gaviño. Gran Coleadero y toro embolado.

 PLAZA DE TOROS DEL PASEO NUEVO, D.F. Domingo 11 de octubre. 6 Toros de Atenco. Cuadrilla de Bernardo Gaviño. Mojiganga en volador y toro embolado.

 PLAZA DE TOROS DEL PASEO NUEVO, D.F. Domingo 18 de octubre. 6 Toros de Atenco. Cuadrilla de Bernardo Gaviño. Becerro y zancos. Globo con fuegos artificiales, jinetes en zancos y toro embolado.

 PLAZA DE TOROS DEL PASEO NUEVO, D.F. Domingo 25 de octubre. 6 Toros de Atenco. Cuadrilla de Bernardo Gaviño. Becerro y zancos. Palo ensebado y toro embolado.

 PLAZA DE TOROS DEL PASEO NUEVO, D.F. Domingo 15 de noviembre. 6 Toros y el embolado de Atenco. Cuadrilla de Bernardo Gaviño.

 PLAZA DE TOROS DEL PASEO NUEVO, D.F. Domingo 22 de noviembre. Toros de Atenco. Cuadrilla de Bernardo Gaviño. Ángela Amaya. Fantasmas, Muertes y enanos. Toro embolado.

   “En uno de los intermedios se presentará una divertida comparsa de Fantasmas, Muertes y Enanos, que con todo valor y destreza lidiarán un soberbio toro embolado de Atenco; a la vez tendrá el gusto de presentarse la aficionada y atrevida Ángela Amaya y ejecutará la suerte de jinetear el mismo toro; cuya diversión disfrutará la concurrencia por primera vez en esta plaza”.

 PLAZA DE TOROS DEL PASEO NUEVO, D.F. Domingo 29 de noviembre. Cuadrilla de Bernardo Gaviño. Seis toros de Atenco. Mojiganga de Patos y chinanecas en burros. Toro embolado.

 PLAZA DE TOROS DEL PASEO NUEVO, D.F. Domingo 6 de diciembre. Cuadrilla de Bernardo Gaviño. Seis toros de Atenco y un valiente burro dispuesto a luchar con los perros.

 PLAZA DE TOROS DEL PASEO NUEVO, D.F. Domingo 13 de diciembre. Cuadrilla de Bernardo Gaviño. Toros de Atenco y de El Cazadero (competencia).

 PLAZA DE TOROS DEL PASEO NUEVO, D.F. Viernes 25 de diciembre. Bernardo Gaviño y cuadrilla, con 6 toros de Atenco. Toro embolado.

 PLAZA DE TOROS DEL PASEO NUEVO, D.F. Domingo 27 de diciembre. Bernardo Gaviño y cuadrilla, con 6 toros de Atenco. Divertida farsa de D. Quijote y Sancho. Rifa del aguinaldo de 3 onzas de oro. Toro embolado.


[1] Salvador García Bolio: “Plaza de Toros que se formó en la del Volador de esta Nobilísima Ciudad: 1734. [Cuenta de gastos para el repartimiento de los cuartones de la plaza de toros, en celebridad del ascenso al virreynato de esta Nueva España del el Exmo. Sor. Don Juan Antonio de Vizarrón y Eguiarreta]”. México, Bibliófilos Taurinos de México, 1986. XX + 67 p. Ils., facs.

[2] Benjamín Flores Hernández: “Con la fiesta nacional, por el siglo de las luces. Un acercamiento a lo que fueron y significaron las corridas de toros en la Nueva España del siglo XVIII”, p. 206. Tesis para pretender el título de licenciado en Historia. México, Universidad Nacional Autónoma de México. Facultad de Filosofía y Letras, 1976. 339 p.

[3] José Francisco Coello Ugalde: Bernardo Gaviño y Rueda: Español que en México hizo del toreo una expresión mestiza durante el siglo XIX. Prólogo: Jorge Gaviño Ambríz. Nuevo León, Universidad Autónoma de Nuevo León, Peña Taurina “El Toreo” y el Centro de Estudios Taurinos de México, A.C. 2012. 453 p. Ils., fots., grabs., grafs., cuadros.

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LA ÓPERA ANDALUZA “CARMEN” REPRESENTADA EN MÉXICO EN EL AÑO 2000.

A TORO PASADO.

POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE.

    Apenas hace unas cuantas semanas (ya estamos en las postrimerías del mes de abril del año 2000), llegó a México la compañía de teatro “La cuadra de Sevilla”, dirigida magistralmente por Salvador Távora para presentar una magnífica puesta en escena que rememora las andanzas y tragedias de Carmen, la cigarrera que trabajó en la Fábrica de Tabaco de Sevilla; la gitana, mujer que hizo vivir, entre las primeras dos décadas del siglo XIX una leyenda que hoy sigue viva gracias a la labor de gente tan entusiasta como el director andaluz que acaba de visitar nuestro país.

 ÓPERA CARMEN

Cartel de la representación de la ópera Carmen, en el teatro de las Bellas Artes, en el curso de junio y julio de 2003.

    Habiendo estrenado la obra, la noche del miércoles 4 de agosto de 1999, en la plaza de toros “El Puerto” de Santa María, acompañada con la lidia y muerte en la trama argumental de la leyenda de un toro de la acreditada ganadería de Guardiola, lidiado por el caballero en plaza Álvaro Montes, esta obra ha generado desde aquella nocturna jornada diversos síntomas, que van de la crítica más aguda, mostrada fundamentalmente por las autoridades y algunos antitaurinos, en quienes el rechazo a la diversión popular es una de sus consignas, hasta las de la aclamación popular en la plaza y en el teatro. Aquí no fue la excepción.

   De hecho, al preferir ver este espectáculo un domingo por la tarde (el 2 de abril para mayor detalle), domingo de toros en una desolada plaza “México”, fue porque decidí dejarme llevar por el embrujo de un enorme espectáculo, “opera andaluza de cornetas y tambores”, que además se enriqueció con la aparición, precisamente, de la Banda de Cornetas y Tambores “Santísimo Cristo de las Tres Caídas”, así como del siguiente reparto:

 Lalo Tejada, como Carmen

Marco Vargas, como don José Lizarrabengoa

Juan Romero, en evocación a Rafael de Riego

Ana Peña, Nuria del Rocío y Macarena Giraldés, al cante.

Carmen Vega, Antonio Delgado, Amador Rojas y José Galán, bailaores.

 SALVADOR TÁVORA EN EL TEATRO

De las más recientes imágenes de Salvador Távora en el teatro.

    Así como por la efímera pero entusiasta aparición de Jaime de la Puerta, montado en caballo de alta escuela, que levantó fuertes ovaciones desde los tendidos del teatro “Julio Castillo”, sitio donde se representó la obra.

   Aunque es un buen esfuerzo, no es la gran producción operística que pudieran exigir aparte de los melómanos, teatros como el Metropolitan Opera House, la Scalla de Milán o el propio teatro de las Bellas Artes en México. De ahí que no llegara a dicho sitial, y solo se quedara en un buen foro como el mencionado “Julio Castillo”.

   La obra es un despliegue donde todos los recursos son explotados de manera versátil y no hubo durante la representación de la misma “tiempos muertos”, porque todo era intensidad honda y jonda al mismo tiempo.

   Salvador Távora aparece en escena desde 1971 para reivindicar, desde el teatro el verdadero sentir de la cultura flamenca, definitivamente sometida a una manipulación folclórica desde la década anterior, “convirtiéndose en un fenómeno teatral totalmente singular y asilado”.

   Su discurso y su propuesta están sustentados en un lenguaje peculiar que no es otra cosa sino la poética física de los sentidos, con lo cual ha logrado comunicar los sabores y sinsabores de esta maravillosa y singular cultura mediterránea. No le ha bastado con montar espectáculos que cubran un requisito convencional. Su apuesta es la de enriquecer cada uno de ellos con un permanente acercamiento a los escenarios donde ocurren las más intensas representaciones (como es el caso de sus dos últimos espectáculos: “Los toros en 1830” y esta ópera andaluza “Carmen”), donde la fiesta brava no puede deslindarse de sus proyectos. Al contrario, los hace suyos y los lleva de la plaza al teatro, en el entendido de no dejar de fascinar al espectador que admira y goza cada una de estas lecciones teatrales.

   Además, Távora –me supongo-, debe ser infalible en eso de tomar decisiones sobre si agrega o no a sus trabajos teatrales la fuerza artificial de un escenario natural. En España, desde luego, ha tenido mayores ventajas y las plazas de toros no se han negado a sus caprichos.

   La experiencia de “Carmen” en México nos ha dejado realmente “embrujados”. Pero es el propio Távora quien justifica este intenso trabajo:

 CARMEN

 La recuerdo, siempre sentada en un sillón de mimbre con el pelo blanco tirante y recogido en un moño sobre la nuca; con un grueso cigarro de tabaco negro entre los dedos y entre el humo gris que envolvía, como a las diosas que pintan entre nubes, su figura curvada sobre sus espaldas; y una cara que nos daba noticias inequívocas de la hermosura corporal que debió lucir en su juventud y madurez.

Vivía en Sevilla, en la calle Antolinez, junto a la Gavidia, y contaba más de 100 años. Se llamaba Carmen y era la madre de mi abuela Antonia y abuela de mi padre, Pilar Triano. Y en el brillo de sus ojos y entre la destreza de sus dedos amarillos de nicotina, asentaba el orgullo que acompañaba sus palabras cuando me contaba historias de su oficio: había sido, y seguía siéndolo por su gesticulación personalísima, cigarrera en la Fábrica de Tabacos de Sevilla.

De todas las historias escuchadas de su boca, en aquellos tiempos de camillas con braseros de cisco picón encima del cisco carbón, encendidos con soplillos de palmas, había una que siempre me estremecía, una que tomó de los labios de su madre, la de su tocaya Carmen; la de la cigarrera gitana que mataron por sus amores con un picaó, en la Puerta del Príncipe de la Real Maestranza de Caballería de Sevilla. La de Carmen la de Triana, orgullo de sus compañeras de trabajo por liderar cuantas sublevaciones se organizaban contra los convencionalismos sociales de la época que aplastaban la libertad y la dignidad de las mujeres trabajadoras. La historia de la trianera que murió asesinada y vivió acorralada por cinco razones que llegan hasta nuestros días: querer ser libre siendo pobre, mujer, obrera y gitana. 

 TÁVORA CON MANZANA

Távora con manzana.

 Es por todas aquellas historias que se grabaron en mi cabeza de niño, como todos aquellos recuerdos que se clavan en las mentes infantiles, por lo que el mito de Carmen, proyectado universalmente desde la visión confusa del gitanismo, enredado en lo andaluz y enmarcado en lo español por Prospero Mérimée y Georges Bizet, siempre me ha parecido un hecho necesario de reconsideración.

Hay que entender con voluntad de que, en esa época, en el clima regenerativo que viven las mujeres trabajadoras sevillanas, era imposible el comportamiento desvergonzado, delictivo y frívolo, de una gitana trianera incorporada al mundo del trabajo, que le asigna la pluma de un novelista.

De todo esto nace el atrevimiento de poner en pie, en una ópera de cantes y bailes andaluces alejada de convencionalismos, y buscando las raíces del mito y su más cercano universo musical, una Carmen más ligada a la persona y a las narraciones de mi bisabuela, a la de sus recuerdos y a la de los documentos, que a aquella otra surgida de la destreza literaria de Mérimée.

Desde el universo estético y sonoro donde vivió y murió Carmen, el nuestro, y con la mirada y los sentidos puestos en la búsqueda de la libertad por la que ella murió, ejercitamos nuestro derecho a limpiar con nuestro propio lenguaje una leyenda que forma parte de nuestra propia historia, desdibujada entre bandoleros, navajas y toreros de pitiminí, y que por su importante incidencia en el campo del arte escénico enterró la austera y grave imagen del pueblo español.

    Távora ha encontrado su mejor espacio de expresión en el teatro, reivindicando las raíces gitanas hasta el extremo de hacerlas entender como algo tan distinto a lo que una cultura comercial y una sociedad de consumo ha traducido en un mal flamenquismo, saturado, seguramente -para ellos- de “tablaos”, castañuelas y panderetas que solo perdieron su esencia en manos de malos exponentes. Por fortuna, Távora, junto con “La Cuadra de Sevilla” vienen dando aires de renovación a tan importante fenómeno artístico.

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ANTES DE LA ALARMA, 1847.

CURIOSIDADES TAURINAS DE ANTAÑO EXHUMADAS HOGAÑO.

 POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE.

    México enfrentaba desde abril de 1846 serias asperezas con el gobierno norteamericano, mismo que declaró la guerra a nuestro país el 13 de mayo siguiente, por lo que la invasión fue materializándose desde ese momento, al punto que la presencia de los “gringos” en la ciudad de México ocurrió el 20 de agosto, culminando con el izamiento de la bandera de las barras y las estrellas en Palacio Nacional el 14 de septiembre por la mañana, comenzando minutos más tarde un desfile militar el cual causó sentimientos encontrados.

   Antes de que sucediera el aviso de “alarma” que se produjo como resultado de lo ocurrido durante la celebración de un festejo taurino en la plaza de San Pablo el 21 de mayo de 1848, o del que me he ocupado en la entrega anterior, en este caso traigo hasta aquí otros datos, que se refieren a más de un festejo que ocurrió casi de manera clandestina o irregular en la ciudad de México, a pesar de que los respectivos anuncios aparecen formalmente en la prensa del momento, y que nos dan idea de que con todo y la tensión presente, la población capitalina intentaba dar curso normal a su vida cotidiana.

 

ATENCO_2010_035 Caída de la Ciudad de México durante la Guerra México-Americana, la pintura es de Carl Nebel. (Detalle de la litografía, que se reprodujo en 1851 en el libro “La guerra entre Estados Unidos y México”).

 THE AMERICAN STAR, D.F., del 20 de septiembre de 1847, p. 7:

 CORRIDA DE TOROS Y CIRCO OLÍMPICO.

    El Sr. Bensley, director de la compañía del Circo americano tiene el honor de informar al público, que el Domingo 26 del corriente, dará una función en la Plaza de Toros, para cuyo objeto ha obtenido los servicios de los mejores sortiadores de la República. Los Toros son de los más bravos.

   En el curso de la corrida de Toros se desempeñarán varias piezas ecuestres de las más sobresalientes.

    Debido a la invasión norteamericana no se efectuaron corridas en la ciudad de México, además de que la Real Plaza de Toros de San Pablo se encontraba en pésimas condiciones[1] salvo para dos ocasiones en que fue arrendada especialmente para dar los siguientes festejos:

 ATENCO_2010_036

Otro detalle de la vista anterior, justo en el momento en que el pintor recrea el izamiento de la bandera norteamericana.

 PLAZA DE TOROS DE SAN PABLO, D.F. Domingo 17 de enero de 1847. Función a beneficio de los gastos de la “presente guerra contra los Estados Unidos del Norte. Seis toros de la mejor raza. No se mencionan nombres de los alternantes.

 Biblioteca Nacional. Fondo Reservado. Fondo: Condes Santiago de Calimaya, CAJA Nº 39

 67)s/n Señor D. José Juan Cervantes

Atenco, 22 de enero de 1847

   (…) De ganado del cercado contamos hoy con 3000 cabezas, entre ellas muchos toros buenos para el toreo.

   Román Sotero (Rúbrica)

 PLAZA DE TOROS DE SAN PABLO, D.F. Domingo 17 de octubre de 1847. Corrida de toros y circo olímpico.

 CARTEL TOROS_OCTUBRE 1847

Cartel anunciador para la tarde del domingo 17 de octubre de 1847.


[1] En el periódico The American Star, del 17 de octubre de 1847 se registra, en su pág. 4 lo siguiente: “DIVERSIONES. CORRIDA DE TOROS y CIRCO OLÍMPICO. El Sr. Bensley ha dispuesto para hoy, a las tres y media de la tarde, una gran corrida de toros y circo olímpico. Con ello, queda derrumbada la idea de que no hubo corridas, puesto que también se registró una el domingo 17 de enero del mismo año. Dice el cartel: “Función extraordinaria. Los individuos del regimiento Hidalgo, de la Guardia Nacional, deseando proporcionar por su parte recursos para auxilio de los gastos de la presente guerra contra los Estados-Unidos del Norte, solicitaron del actual arrendatario de la plaza, les cediese un día festivo para dar una función de toros.

   Señalado el 17 del corriente para que se verificase la corrida, la comisión nombrada para su arreglo, tiene el honor de anunciar el programa de la función, en el órden siguiente:

   A la llegada del Exmo. Sr. vicepresidente, (a quien se ha convidado para que asista) una marcha militar dará principio al espectáculo.

   Las compañías de granaderos del cuerpo Hidalgo harán el partimiento de plaza, con algunas evoluciones militares.

   En seguida se lidiarán SEIS TOROS escogidos de la mejor raza.

   Los intermedios se cubrirán con TRES TOROS DE COLA, y algunas suertes de los toreros propias del arte, que no se enumeran, por no hacer más difuso el presente programa, amenizando la corrida CUATRO MUÑECOS, que al golpe del toro se iluminarán.

   El servicio todo será con la decencia posible, empleándose los mejores útiles, banderillas vistosas, y cuanto pueda contribuir al mayor lucimiento.

   La comisión cree de su deber manifestar, que tanto el arrendatario de la plaza, como los dueños de esta, la compañía de toreros, dependientes, música, y hasta los criados que se ocupan en el servicio de aquella, se han prestado co la más completa deferencia, y aun excedido a sus deseos, franqueando el primero el local, ofreciendo los dueños a los toreros y dependientes la remuneración a sus trabajos, pintando la plaza para ese día, y cooperando todos al brillo e interés del espectáculo. El objeto a que van a consagrarse los productos de éste, no necesita encarecimiento: resta al público realizar las esperanzas de los individuos del regimiento Hidalgo.

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ALARMA. 1847.

CURIOSIDADES TAURINAS DE ANTAÑO EXHUMADAS HOGAÑO.

 POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE.

    Pongo a la consideración de ustedes la siguiente nota:

 THE AMERICAN STAR, D.F., del 24 de mayo de 1848, p. 3:

 ALARMA.

    Se nos ha dicho que el Domingo en la tarde un mexicano dio en la plaza de toros el grito de “mueran los blancos, vivan los indios”. Este grito aislado en la plaza de San Pablo puede tener eco por multitud de puntos y ser inspirado de antemano de puntos distantes, que un día se levanten con barbaridad, ¡¡¡Atención!!! Las más grandes desventuras se dan a conocer por pequeñas indicaciones al parecer insignificantes, en realidad muy significativas.

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Y bien, el pueblo se divierte que para eso no falta pretexto.

Aunque cuando se trataba de elegir la diversión era mucha la inquietud que se palpaba.

   ¿A dónde vamos hoy? se preguntaban.

   Y la respuesta fue: “¡Vamos a San Pablo! ¡Vamos a los toros!”

CANCIONERO DE LA INTERVENCIÓN FRANCESA. Disco LP. México-INAH, 1986.

    Llama la atención que, dentro de la tensa situación que se vivía en nuestro país por aquellos días, posteriores a las tremendas jornadas que culminaron con la invasión norteamericana y desde luego, con la ofensa de este ejército que consumó el 14 de septiembre del año anterior, cuando izaron la bandera de las barras y las estrellas en el asta de Palacio Nacional, los habitantes de la capital del país poco a poco se reponían de aquel impacto que representó para ellos uno de los peores episodios, no solo de aquellos tiempos, sino de muchas épocas. Los resabios de la guerra, de la invasión aunque frescos, iban a menos, o así es como podría percibirse este tipo de reacción, cuando en la plaza de toros, convertida siempre en un auténtico termómetro de la sociedad, se registró aquel grito en cuyo significado pueden leerse varios mensajes.

   La presencia anglosajona trajo consigo una constante particular. Aquellos soldados de tez clara habrían tenido, en contraste con el color moreno de los naturales un importante desequilibrio que no sólo estaba marcado en la piel, sino en la firmeza de sus propósitos, que aunque desproporcionados en términos de calidad y cantidad no estuvieron a la par en los momentos de mayor tensión tanto militar como política. Así que aquel grito “mueran los blancos, vivan los indios” reafirmaba una serie de condiciones que se sumaban si no al nacionalismo criollo que ya, desde los tiempos coloniales estaba ensoberbecido y manifestado en diversos actos de la sociedad mexicana, aquí vino a tomar un sentido de afirmación diferente, el que demostraba entre la humillación del caso, el sentido de no doblegarse ante los nuevos significados de una agresión que acabó por mutilar a nuestro territorio de amplios espacios al norte del mismo.

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Registro fotográfico de la invasión norteamericana en 1847. Convivencia de soldados estadounidenses con la población india y mestiza en nuestro país.

    Cuando los “indios” y esto no es ni debe ser visto con ningún propósito peyorativo, entraron en razón y conocieron la realidad tal cual, pudieron asimilar la dimensión de aquel acontecimiento, que para la historia de este país, no era cualquier cosa. Por eso, el propio The American Star, emisario de las circunstancias con una mirada eminentemente norteamericana, que habría funcionado como una especie de agente entrometido en la sociedad mexicana de entonces, era el primero en advertir que este capítulo, el que además se concretó en un espacio público, ni más ni menos que una plaza de toros, dejaba ver el tamaño de la realidad con la que se percibía el estado de cosas entre la población.

   En una plaza de toros semidesmantelada (me refiero a la de San Pablo), que lo mismo el resto de su maderamen sirvió para armar trincheras que para ensamblar camastros en el hospital “Juárez” que funcionaba a un lado de la misma, quién sabe qué cartel se conformó ese domingo 21 de mayo anterior, cuando precisamente la fiesta de toros comenzaba a reponerse y con festejos aislados. El hecho es que queda para los anales del toreo en México un registro más de una de esas tardes en las que, con toda seguridad se incluyó la mezcla de los circos que itineraban por entonces, junto con la presencia de algunos diestros cuyo nombre y apellido no trascendió, al punto de que hoy se pierde la oportunidad de conocer datos de este orden. En cuanto al ganado, todavía resulta más difícil pues los pocos carteles publicados en la prensa de la época, y que he ido encontrando en títulos como el propio The American Star, o El Monitor Republicano no hay mayor información al respecto. Sin embargo, con la escasez de datos se puede tener alguna idea del comportamiento que ya, para finales de 1850 se recuperaría del todo en la propia ciudad de México, y más aún al siguiente año, sin olvidar que en 1850 junto con la plaza de San Pablo con carteles intermitentes, también llegó a dar funciones taurinas la plaza de Tacubaya.

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LA PLAZA DE TOROS: DEL ESCENARIO COTIDIANO A “LA GUERRA DE LOS MUNDOS” QUE NOS CUENTA H. G. WELLS.

A TORO PASADO.

 POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE.

 Este es un texto escrito en 1996 y que he rescatado del arcón de los recuerdos…

    Las plazas de toros no son escenarios exclusivos. Los domingos o días de corrida nos acercamos a disfrutar del espectáculo, pero esos otros días sin fiesta parecen abandonadas. Pero no, no es cierto. Resulta que las muchas lecturas que existen en torno a los toros nos revelan que en distintas épocas el escenario taurino se ha empleado como instalación para realizar funciones de ópera, peleas de box, conciertos de grupos musicales, cierres de campañas políticas. También, y en casos muy particulares como patíbulo, albergue o granero.

   Cuando no hay un toro en la arena, las cosas que pueden suceder son de lo más diverso y extraordinario. Ahora recuerdo que hacia el siglo pasado varios famosos aeronautas se elevaron a los cielos partiendo desde plazas como san Pablo o Paseo Nuevo. Robertson, Benito León Acosta o Joaquín de la Cantolla y Rico son célebres por sus ascensiones. En 1869 la del Paseo Nuevo funcionó como instalación para dar cabida al circo de los señores Albisu y Buislay. Evocadoras deben haber sido las imágenes de sinfín de espectáculos de varia invención celebrados en plazas que sirvieron además, como escenario de torneos monumentales, entre fuegos de artificio y combates ficticios. Pero lo ocurrido en Costa Rica no tiene precedentes. Todo un caso.

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Cartel para la tarde del 3 de abril de 1842, en la plaza de toros de San Pablo. Presentación del aeronauta Benito León Acosta.

    Ya que hice un recuento de lo fabuloso que puede ocurrir en las plazas de toros pero sin toros (o no necesariamente sin ellos), voy a permitirme recrear el pasado a partir de los testimonios que tengo al alcance.

   Son extraordinarias estas historias. Como que de repente se suma a este largo pasaje el curioso recuento de invenciones a lo Orson Wells, a lo Ray Bradvury. Es un nuevo capítulo donde los viajeros extranjeros o las crónicas de hechos curiosos dan cabida a otro que es totalmente distinto y novedoso.

   Adolfo Theodore, que se llamó asimismo “físico” pudo haber sido el primer hombre que subiera en globo y viajara por los aires mexicanos, pero sus intentos se convirtieron en una auténtica tomada de pelo, a pesar de la fuerte carga de publicidad que hubo para promover sus arriesgadas maniobras. Este personaje anunciaba en 1833 que llegaba de Cuba para disponerse a ascender por los aires de la capital, pero pretextos de diversa índole no se lo permitieron. La plaza de san Pablo fué escenario al que acudieron miles de curiosos con el fin de presenciar la hazaña anunciada para el 1º de mayo. De la admiración se pasó a la decepción. Varias peticiones para armar el globo, aparatos y compra de ácidos le costaron al Sr. general d. Manuel Barrera -a la sazón, empresario de la plaza-, pero inteligentemente manejado por el aeronauta rubio como habilitador, la suma de 8,376, 6 reales 6 granos que sirvieron para desinflar los deseos de multitudes pues, como nos dice Guillermo Prieto

 La inflazón del globo no llegó a verificarse por más que se hicieron prodigios. Los empresarios dieron orden de que nadie saliese, lo que puso en familia a la concurrencia; pero después asomó su cara el fastidio, se hizo sentir el hambre, y el sitio fue atroz. El contrabando aprovechó la ocasión: valía a una naranja un peso, y un peso un cucurucho de almendras.

   Los pollos insolventes como yo, pasaron increíbles agonías.

   Por fin el globo no subió, la gente se retiró mohína y Adolfo Theodore, después de bien silbado y de arrojar sobre su globo cáscaras y basuras, tuvo que esconderse para no ser víctima de la ira del pueblo contra el volador.

    Con todo y el ridículo, un nuevo intento. La fecha, el 22 de mayo. Y como tal, nuevo fracaso y a la cárcel. Con el tiempo se descubrió que el tal Theodore era un bandido bastante fino que se encargó de timar con elegancia a quienes, por desgracia, se le ponían por delante. El típico farsante y embaucador que prometiendo lo “nunca antes visto o realizado”, huye sin dejar huella.

   En 1835 apareció otro francés, Eugenio Robertson quien salvó del desprestigio al empresario del coso, sr. Barrera y logró ascender el 12 de febrero de aquel año. Me parece que Barrera además del aeronauta en cuestión necesitaba en aquellos momentos presentar novedades de todo tipo. Fue por ello que el 19 de abril siguiente debutaba en la capital el hasta entonces poco conocido diestro español Bernardo Gaviño y Rueda quien, con el tiempo va a convertirse en una de las figuras más importantes del toreo en nuestro país, dada la jerarquía en la que se asentó por 50 años, al monopolizar de alguna forma el toreo como expresión que supo proyectar en diversas partes de la nación.

   Otros personajes, héroes momentáneos fueron Benito León Acosta, Mr. Wilson, Cantolla y Rico. Acosta ascendió desde san Pablo el 3 de abril de 1842, dedicando su hazaña al señor general Presidente Benemérito de la Patria, don Antonio López de Santa Anna. Después lo hizo otras tantas veces en Querétaro, Guanajuato y Pátzcuaro.

   Samuel Wilson, norteamericano hizo lo mismo en 1857, justo el 14 de junio desde la plaza Paseo Nuevo en su globo “Moctezuma”. Ese mismo año ascendió desde san Pablo D. Manuel M. de la Barrera y Valenzuela, ascensión que fue seguida de “una corrida de toros bajo la dirección del hábil tauromáquico Pablo Mendoza”.

   Y Joaquín de la Cantolla logró su gesta el 26 de julio de 1863 partiendo desde la plaza Paseo Nuevo. Alternó, por lo menos en cartel con Pablo Mendoza. Otra elevación famosa de este personaje interesantísimo ocurrió el 15 de enero de 1888 cuando se inaugura la plaza de toros de “Bucareli”, lidiando toros de Estancia Grande y Maravillas el gran torero mexicano Ponciano Díaz Salinas.

   Otro aspecto es el del circo. La plaza Paseo Nuevo sirvió el domingo 13 de junio de 1869 cuando ya no era plaza de toros, sino un simple escenario bajo el rigor de la prohibición impuesta desde 1867 con la Ley de Dotación de Fondos Municipales y hasta fines de 1886, como local para una gran función de circo. Se anunciaba como sigue:

 Circo ecuestre, gimnástico, acrobático y aeronauta de los señores Albisu y Buislay con un programa variado e interesante: Gran sinfonía por la Banda; lucha de los gimnastas hermanos Buislay; parche, bola por Julio y Etiene; los hijos del aire por Montaño y niño Joaquín; los dos cómicos, Julio y Augusto y los juegos varios de Etienne y niño.

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Parte del cartel anunciador, y donde para la ocasión del 26 de julio de 1863, se presentó entre otros el aeronauta Joaquín de la Cantolla y Rico. Col. Julio Téllez.

    El caso de la plaza de toros de Celaya, parece ser único. En distintos momentos sirve como granero (a fines del siglo pasado), como albergue (durante la gran inundación de 1904) o como patíbulo (el 16 de abril de 1915 el coronel Maximiliano Kloss ejecuta a doscientos oficiales villistas en la plaza de toros de Celaya, a causa de las batallas de Celaya y Trinidad). La modernidad se ha encargado de partir en dos al coso celayense para permitir el paso vehicular en nueva calle que atraviesa a la hoy conocida “ruina romana” de esta próspera ciudad del bajío mexicano. Aprovecharía la ocasión para mencionar que otra plaza como la de Atlixco, en Puebla, también fue escenario similar al que se prestó el de la plaza de Celaya. También, durante la Revolución fue arsenal, campamento, y paredón de fusilamiento. Justo en 1919 el General Fortino Ayaquica rindió sus tropas zapatistas quienes recibieron amnistía.

   Durante la prohibición que impuso el entonces presidente de la república, Venustiano Carranza (de 1916 a 1920) la plaza “El Toreo” sirvió como escenario a los más diversos espectáculos, tales como: peleas de box, funciones de ópera, conciertos. Por ejemplo en 1919 el entonces pugilista negro Jack Johnson se presentó en dos funciones de exhibición. En las representaciones operísticas fueron anunciados tenores de la talla de Hipólito Lázaro, Titta Ruffo, y desde luego al gran Enrico Caruso. Entre las voces femeninas aparecen las de Rosa Raisa, Gabriela Besanzoni. Asimismo se presentó el gran violochelista Pablo Casals y la sin par Anna Pavlowa, figura de la danza que cautivó a un público totalmente ajeno al taurino. Desde luego, las funciones de la ópera CARMEN de G. Bizet el domingo 5 de octubre de 1919 fue célebre. En 1994 la plaza de toros “México” sirvió de escenario a una pésima representación de la misma obra del compositor francés.

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Detalle del cartel para la tarde del 26 de julio de 1863.

    Desde luego las plazas han servido como lugar ideal para cierres de campañas políticas o congregación multitudinaria de eventos organizados por esos mismos partidos. Conciertos musicales de diversa índole también se han efectuado en muchas plazas, así como peleas de box en las que se disputan cetros de diversas categorías.

   Así también, el día 26 de octubre -pero de 1996- ocurrió un caso -a mi parecer sin precedentes-. La jerarquía católica convocó a un acto religioso con que celebraron los 50 años de sacerdocio de Karol Wojtila, quien desde hace años ocupa el rango más elevado: el de Su Santidad, el Papa Juan Pablo II.

   Todo ello sucedió en la plaza de toros “México” con la asistencia de unos 30 mil feligreses. Actos de esta magnitud no los registra la historia, de ahí su importancia.

   Sin embargo, he de recordar que el 3 de febrero de 1946, su Ilustrísima, el doctor don Luis María Martínez, Arzobispo de México ofició una misa en el ruedo de la plaza que se inauguró dos días después. Y dice Carlos León:

 …vino con su hisopo y su agua bendita a espantar a los malos espíritus, para que este negocio no se lo llevara el diablo. Y después del recorrido por todo el ruedo, salpicando de agua santificada la barrera y pronunciando los exorcismos de ritual que ahuyentaran a los malos mengues, se volvió hacia los presentes y dijo: “Conste que yo dí la primera vuelta al ruedo”.

    Luego, han venido otro tipo de ceremonias que en ciertos domingos -horas previas al inicio de la corrida- se celebran dichos rituales en el ruedo y otros tantos en la capilla del propio coso.

   Otra manifestación ha ocurrido recientemente. El lunes 19 de agosto de 1996 se oficia una misa de cuerpo presente para elevar plegarias por la muerte del gran diestro Manolo Martínez que ha fallecido unos días antes. Allí se reunió una multitud que se volcó para demostrar su dolor, pero también su idolatría por el torero recién desaparecido.

   Por si mismo el ruedo de cualquier plaza de toros puede servir para efectuar acontecimientos de semejante importancia, dado que el recinto se acerca a las proporciones del carácter que tiene la plaza para la corrida en sí. La corrida encierra un contexto de cultos diversos: el más remoto: el culto heliolátrico al sol, pero también el culto a la sangre unido por esas raíces de idolatría que se encontraron desde la conquista misma donde el indígena proyecta su intensidad hecha sacrificio, en ese otro sacrificio también con abundantes testimonios proyectados en el enfrentamiento belicoso y guerrero, con tendencia a lo estético que protagonizan en la arena el caballero en plaza y el toro, que resulta atravesado y herido de muerte, con la consiguiente presencia de la sangre aspecto este que da pie a la comunión de dos culturas hondamente arraigadas en su tradición secular de distinto origen.

   Quiero terminar con dos citas que por si solas dan el carácter de cuanto encierra un pasaje de la corrida de toros para con el carácter religioso. Una es de  Juan A. Ortega y Medina refiriéndose a Brantz Mayer, viajero norteamericano en nuestro país a mediados del siglo pasado:

 (quien) estuvo a punto de apresar algo del significado trágico del espectáculo cuando lo vió como un contraste entre la vida y la muerte; un “sermón” y una “lección” que para él cobró cierta inteligibilidad cuando oyó al par que los aplausos del público las campanas de una iglesia próxima que llamaba a los fieles al cercano retiro de la religión, de paz y de catarsis espiritual.

    Y si hermosa resulta la cita, fascinante lo es aquella apreciación con la que Edmundo O’Gorman se encarga de envolver este panorama:

 Junto a las catedrales y sus misas, las plazas de toros y sus corridas. ¡Y luego nos sorprendemos que a España de este lado nos cueste tanto trabajo entrar por la senda del progreso y del liberalismo, del comfort y de la seguridad! Muestra así España al entregarse de toda popularidad y sin reservas al culto de dos religiones de signo inverso, la de Dios y la de los matadores, el secreto más íntimo de su existencia, como quijotesco intento de realizar la síntesis de los dos abismos de la posibilidad humana: “el ser para la vida” y el “ser para la muerte”, y todo en el mismo domingo.

    Nuestro vistazo por distintas épocas y con algunos ejemplos de actividades extrataurinas o parataurinas da como resultado el apunte que aquí llega a su fin.

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