A 114 AÑOS DEL NACIMIENTO DE CARMELO PÉREZ…

EFEMÉRIDES TAURINAS DEL SIGLO XX.

 POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE.

    Hoy, 1° de julio se recuerda el nacimiento de Armando Pérez, mejor conocido como Carmelo Pérez, ocurrido un 1° de julio pero de 1909. El mejor homenaje es recordarlo con el portento de las siguientes cuatro poesías escritas en distintos tiempos, y que rememoran las hazañas de aquel valiente torero, cuya vida fue marcada por Michín o Mechín de San Diego de los Padres la tarde del 17 de noviembre de 1929, con lo que comenzó ese largo camino de desgracia, mismo que terminó el 18 de octubre de 1931.

   La selección, apenas una pequeña muestra de otras tantas creaciones en esta expresión literaria, provienen de mi trabajo (inédito): Tratado de la poesía mexicana en los toros. Siglos XVI-XXI.

 SINAFO_31074

Carmelo Pérez, Ídolo de multitudes.SINAFO_N° de Catálogo: 31074. 

1931

 GLORIA Y PASIÓN DE CARMELO PÉREZ

 Confunda Dios a “Michín”,

el marrajo de San Diego

que una tarde de noviembre

acribillara a Carmelo.

 

El sol se viste de gala

y derrama su oro nuevo

sobre la gente apiñada

en las gradas de “El Toreo”.

De las lumbreras abajo,

de las barreras al cielo,

ruedan las aclamaciones

y estallan los clamoreos.

Dianas suceden a dianas

y un pasodoble torero

canta a la fiesta gallarda

con voces de plata y hierro.

 

Y después del frenesí

un espantado silencio

se enseñorea de la plaza

al ver torear a Carmelo.

¡Torero de non, coloso!

¡Loco perfilado en genio!

En el silencio espantado

sólo se oye el martilleo

de la sangre en las arterias

y el corazón en el pecho.

 

Cuando un pase natural,

-alegre como un requiebro,

solemne como la misa-,

esculpe en un solo cuerpo

al toro y al matador,

huye acosado el silencio

por los vítores y aplausos

que festejan a Carmelo.

¡Pasmo de los redondeles!

¡Pauta, arquetipo y portento!

 

Dispensador de belleza,

emperador de los ruedos,

eras hecho de emoción.

¡Poeta del rostro negro

y el corazón encarnado,

de la tragedia unigénito,

la Muerte te dio la Vida,

la Gloria te crió a sus pechos!

 

Mas ¡ay que su vida estaba

a merced de algún berrendo!

¡Ay, que la Muerte envidiaba

prendida con alfileres

y oscilando entre los cuernos,

las hazañas de Carmelo,

señor de las multitudes,

su afirmación y su ejemplo!

Y una tarde de noviembre

un torillo de San Diego

despedazó la leyenda,

bordó de coral el ruedo

y al héroe nubló los ojos

con un velo rojinegro.

 

Las águilas de los montes

ya remontaron el vuelo;

crespones prenden al sol

y gimen su amargo duelo.

Los árboles de los bosques

sus penachos abatieron.

En las tierras de Texcoco

querellas cortan el viento,

como si Netzahualcóyotl

pulsara el laúd de nuevo.

El día se trueca en noche,

la noche llora luceros

y a la Gloria se le ponen,

de llorar, los ojos negros

porque un torillo retinto

quitó la vida a Carmelo.

 

Desde entonces los domingos

hay en el cielo jaleo

porque los ángeles corren

a ver torear a Carmelo.

¡Torero de non, coloso!

¡Pauta, arquetipo y portento![1] 

 SINAFO_31078

Carmelo convalenciendo de la terrible cornada.

SINAFO_N° Catálogo: 31078 

LA MUSA POPULAR: EL PASODOBLE “CARMELO PÉREZ”

   Por sabido se tiene que nuestro pueblo es en extremo sentimental, y que con facilidad que asombra a propios y a extraños, lleva a la música, en forma sencilla pero emotiva, ya el raudal y de sus penas o la explosión de sus alegrías. En esta consideración siendo Carmelo Pérez ídolo de las clases populares cuando este portentoso torero recibiera graves heridas ocasionadas por los pitones del toro Michín de la ganadería de San Diego de los Padres, fue Pedro Álvarez, notable guitarrista y compositor mexicano quien con motivo de tan espantosa jornada, escribiera la letra y música del siguiente pasodoble:

 1931-1932

CARMELO… 

Carmelo de grana y oro,

con garbo cita a “Michín”

un toro de gran trapío,

que como rayo, le vino a herir.

 

El torero, casi un guiñapo,

fue fácil presa para “Michín”,

ni Márquez ni el gran Ortiz

se lo pudieron quitar de allí.

 

En brazos de los “monosabios”,

va el ídolo de la afición…

¡Carmelo, pobre Carmelo!

La muerte fuiste a encontrar.

 

Pero lo salvaron de los brazos de la parca

esos dos portentos que merecen una estatua,

los sabios doctores Ibarra y Rojo de la Vega…

y fue la Madre España, quien lo vio morir.[2]

 COMPOSICIÓN CARMELO PÉREZ_1

Heriberto Lanfranchi: La fiesta brava en México y en España 1519-1969, 2 tomos, prólogo de Eleuterio Martínez. México, Editorial Siqueo, 1971-1978. Ils., fots., T. I., p. 355.

1936

Carmelo.

Elegía mexicana.

 

Oh milagroso torero indiano,

temperamento de sobrehumano

gran lidiador;

habla la historia

de aquel monarca timbre de gloria

por su valor;

de aquel monarca que fue tu hermano,

“rayo del cielo” que en el lozano

campo de anáhuac, fue el soberano

y emperador.

 

Y fuiste

triste

como el indiano, parco en el modo, grande como él;

gesto arrogante, nervios de acero,

y en la alegría como el guerrero,

fue tu sonrisa deshecha en hiel.

 

Cruzaste al paso

por el fracaso

de nuestro siglo como un torrente,

alta la frente,

fiero arrebol;

luces del Sol

finjían tus lances maravillosos

llamas que el viento prendía en los cosos

de Nueva España, fuego y ardor.

 

Alma torera

que ingente brilla,

desde los machos de la montera

a donde es negra la zapatilla.

 

Fue en una tarde que se alumbraba

con la fogoza luz de Castilla,

cuando a mi vera triste pasaba

y amargas coplas así cantaba

mi Carmelita la gitanilla.

 

Torea Carmelo

la negra muerte,

carga la suerte

con genio y brillo,

pasan rosándole los puñales el frágil vuelo

del capotillo.

 

Fuiste Toledo,

último ruedo…

blanco santuario de inspiración;

y fue su temple tan grande y fiero,

como tu acero

de fundición.

 

… … … … … … … … … … … … … …

 

Y era gris la tarde que muerto viniste,

todo sollozaba

todo estaba

triste,

trajeron tu cuerpo marchito, marchito…

brotó de mis ojos un lloro infinito,

tañeron los vientos dolientes plegarias

y en las altas torres siempre solitarias,

doblaron a muerto los bronces sonoros…

se vistió de duelo

el azul del cielo

el rey de los astros la corte y su luz;

y allá en los pastales

bramaron los toros

y en las soledades de negros picachos las águilas reales,

sus alas potentes abrieron en cruz.

 

Desde que las sombras del negro cortijo

cubrieron las glorias y triunfos del hijo

de mis patrios lares que lejos cayó;

nadie ya a la tumba del audaz que ha muerto

a regar con rosas gragantes ha vuelto,

está su sepulcro huérfano de flores…

falto de cariños y falto de amores…

y en torno a su loza la flor del olvido su nombre cubrió.

 

Anda salamera riesga con tu llanto

mi amargo quebranto,

y hablándole quedo, quedito, en voz baja,

dile que en su caja

desde que murió;

sin heberle estado siquiera esperando,

sin saber de dónde ni cómo ni cuando…

le estaba guardando

dentro de mi pecho, la rosa en botón.

 

Anda mexicana

reina soberana,

póstrate de hinojos

entre los abrojos

rézale en silencio mística oración;

pon

sobre su fosa

mi lida

serrana,

la rosa

más guinda

la rosa de grana,

la rosa marchita de mi corazón.

 

Oh la azteca raza de vieja solera

bravo fue aquel noble que pujanza diera,

gran magnificencia de tu audaz valor;

fue aquel esforzado sin igual guerrero

que corriendo el tiempo se sintió torero

porque ahí en el pecho tenía un sol entero

si en el ancho ruedo no brillaba el sol.

 

Paladín augusto de la torería,

fuiste el alma bruja de la patria mía,

para ti estos versos, tu la raza azteca, la elegida y brava,

para ti los versos que mi mente graba

lo que ha mucho tiempo grabara un pitón,

lo que no se borra, lo que siempre queda…

grabado en el rojo capote de seda

de mi corazón.

 

Febrero de 1936.

 COMPOSICIÓN CARMELO PÉREZ_2

Heriberto Lanfranchi: La fiesta brava en México y en España 1519-1969, 2 tomos, prólogo de Eleuterio Martínez. México, Editorial Siqueo, 1971-1978. Ils., fots., T. I., p. 370.

 1979

 Elegía en romance libre

a Carmelo Pérez.

 ¡Ya murió Carmelo Pérez

Un toro lo amortajó

Desnudo de cera y plata

Entre claveles cruzó!

 

Toro melado y ardiente

Torero todo labrado

en cera flor de Campeche.

Cera del llanto más triste

ni al agonizar sonriente

Manos de barro caliente

Ojos, oscuros, de tigre

Largo vestido amarillo

Con cascabeles de lana

Corbata verde-membrillo

La capa de brillo rojo

sobre los cuernos, la capa

y el torero lento, frío.

¡Ai viene el toro, Carmelo!

Y Carmelo arrodillado

en cera y listó bordado.

Virgen cairel de la gloria

entre la muerte y los cuernos

muerto, sin morir, templado

el capote de Carmelo

lento sueño de oro y barro.

 

¡Ya murió Carmelo Pérez

Un toro lo amortajó

Desnudo de cera y plata

Entre claveles cruzó!

 

Con la flor del aire limpia

el sudor de su sudario

Sangre en los ojos tenía

y en la sonrisa cansancio

Viene en su busca la muerte

-él solo salio a encontrarla-

máscara sobre silencio

festón de luto la faja

Imagen todo ceniza

color de cera y de plata.

Cascabeles que no suenan

la tragedia

sencilla, simple, sin gritos,

gota de sangre y de tierra

(Consumido oropel de banderilla

de la arena levantan su madera

que la sangre apolilla

grito a grito…)

 

¡Ya murió Carmelo Pérez

Un toro lo amortajó

Desnudo de cera y plata

Entre claveles cruzó!

 

Bernardo Ortiz de Montellano.[3]


[1] Mario Colín: El corrido popular en el Estado de México. Dibujos de Jesús Escobedo. México, Imprenta Casas, S.A., 1972. 556 p. Grabs., ils. (Biblioteca Enciclopédica del Estado de México, XXV)., p. 448-450.

[2] Martínez Remis: CANCIONERO POPULAR…, op. cit., p. 32.

[3] Bernardo Ortiz de Montellano: Sueño y poesía. Nota preliminar de Gilberto Cantón. México, Universidad Nacional Autónoma de México, Coordinación de Humanidades / Dirección General de Publicaciones, 1979. 325 p. (p. 304-305) (Colección Poemas y ensayos).

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