EL NEOZAPATISMO SE DESBORDÓ EN LA CIUDAD DE MÉXICO… MARZO DE 2001.

A TORO PASADO.

 POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE.

 EL NEOZAPATISMO SE DESBORDÓ EN LA CIUDAD DE MÉXICO, REBASANDO UN FESTEJO POR DEMÁS MEDIOCRE DE LA “OREJA DE ORO”. CRÓNICA DE LA CORRIDA DEL DOMINGO 11 DE MARZO DE 2001.

    La hoy conocida “plancha” de la “Plaza de la Constitución” o “zócalo” capitalino, fue escenario de una recepción impresionante, con la que la “Marcha por la dignidad de los pueblos indígenas”, encabezada por 23 comandantes y un subcomandante de la Comandancia General del Ejército Zapatista de Liberación Nacional, hizo su entrada formal y triunfal a la ciudad de México, el domingo 11 de marzo de 2001, luego de haberla iniciado 15 días atrás, desde la Realidad, Chiapas, recorriendo al efecto 10 estados de la república. Esta ha sido una movilización que ha despertado conciencias por varias razones. Se trata de recordar la existencia de pueblos indígenas marginados, los que a más de 500 años del descubrimiento y casi 400 de colonización, vindican y reivindican su presencia, a pesar de los excesos cometidos sobre muchas de las etnias desaparecidas por esa razón, de sus pésimas condiciones (mas en unas que en otras). El olvido a que se han hecho acreedoras y su falta de presencia y decisión en momentos donde se deciden los grandes problemas nacionales.

 LA JORNADA_12.03.2001_PORTADA

Disponible agosto 10, 2013 en: http://www.jornada.unam.mx/2001/03/12/

    Esta marcha con sus diferencias pero también con sus semejanzas, se aproxima a la que culminaron Francisco Villa y Emiliano Zapata, que entraron a la capital del país justo el 24 de noviembre de 1914 bajo un solo, pero gran principio: “Pelear por tierra y por libertas. Libres, sin capataces, sin amo. Para todos”.

 DESFILE ZAPATISTA_06.12.1914

Esta maravillosa imagen, fue obtenida por el fotógrafo Manuel Ramos.

    Hoy, el llamado asimismo “rebelde” subcomandante “Marcos”, aprovechando toda la circunstancia mediática que ha trascendido hasta lo no imaginado, es vocero de la causa indígena, no solo de un grupo al que comenzó respaldando. Lo es ahora de todos aquellos que se sienten llamados a integrarse a esta gran cruzada, no a enturbiarla o a obstruirla, como se han empeñado en hacerlo personas, grupos, empresarios, algunos gobernadores y todos aquellos contrarios a aceptar la presencia indígena en el marco de la vida nacional.

   Al rechazarlos en cualquiera de sus modalidades, niegan que el indígena forma parte primordial en la historia y desarrollo de nuestro país, como si no bastaran vejaciones, maltrato, explotación y muerte de quienes a lo largo de casi cinco siglos ocupan un submundo, como “los de abajo”. Es cierto, ha habido etnias más afortunadas, y una de ellas, localizadas precisamente en el estado de donde surge el estallido: Chiapas, ha servido como mano de obra de primera, aplicada al sistema de cultivo donde el café brinda y ofrece ingresos y beneficios para todos. Esto es ejemplar en un espacio y un tiempo que siguen viendo al indígena como algo que perturba, obstruye, estorba, porque no han merecido de muchos gobiernos la confianza para integrarlos a los mismos beneficios del resto de la sociedad mexicana. Y todo por su pobreza que sumada a la ignorancia, hacen de muchos indígenas a los menos.

   Hecho sin precedentes que ahora espera tener presencia en el Congreso para resolver sus puntos esenciales, basadas en la iniciativa de reformas legales elaborada por la Cocopa en materia de derecho y cultura indígena. Siete años de lucha por fin ven una luz en el túnel para que sean cumplidos los acuerdos de San Andrés, con objeto de que puedan concluir los ataques de fuerzas reaccionarias racistas, intolerantes y antidemocráticas que no sólo pretenden perpetuar las actuales condiciones de opresión y marginación de los indígenas sino que constituyen el principal obstáculo para la transición democrática en la que están empeñados la sociedad y el Ejecutivo federal.

 ORLAS

    De no ser por el estupendo par de banderillas –de poder a poder-, ejecutado por el banderillero Pablo Miramontes, hecho ocurrido en el último toro de la tarde, estábamos condenados a salir de la plaza con meros esbozos de una tarde que en nada cumplió con las expectativas para las que fue convocada. Se trataba de la corrida de la “oreja de oro”, trofeo que quedó inédito, en virtud de que los alternantes: el rejoneador Rodrigo Santos. Y a pie: Alfredo Lomelí, Óscar San Román, Alfredo Ríos “El Conde”, Alfredo Gutiérrez y “Jerónimo” apenas si pudieron apuntar alguna cosa, pero no más. Rodrigo Santos expuso demasiado sus cabalgaduras ante un toro justo de presentación, proveniente –como todos los del encierro- de las dehesas de Celia Barbabosa, que además hizo deslucir a un caballero en plaza precipitado en sus ejecuciones, que arriesgó, e incluso hizo pasar un mal rato a dos de sus preciados caballos, cosa que molestó a los asistentes, que apenas cubrieron un cuarto de la plaza en tarde soleada, muy torera, pero ventosa.

   De lo demás, Alfredo Lomelí, que parecía tener ganado el áureo trofeo, encontró la ubicación de su trasteo cuando ya pasaba de la mitad de la faena, limitando las series a dos o tres pases, además muy bien rematadas, pero sin trascender, lo que no provocó la estruendosa emoción de un público que supo esperarlo, e incluso corriendo con la suerte de atizar una estocada casi entera, de rápidos efectos pero que no fue suficiente argumento para que la autoridad otorgara una oreja que el público pidió tibiamente. La debilidad de los pupilos de doña Celia Barbabosa, dieron al traste con las ilusiones del resto de los matadores, que se concretaron a cumplir honrosamente.

   Como ya apunté en su momento, la premiación para el triunfador de la tarde quedó desierta, por lo que tendremos que espera un próximo festejo para ver si ahora sí hay un triunfador que merezca tan importante presea.

   Y con esto, la temporada 2000-2001 llegó a su fin, teniendo como promedio un resultado de tintes grisáceos, eclipsados, eso sí, por la enorme movilización zapatista que por estos días sigue y seguirá causando un profundo estado de conciencia, del que solo esperamos una pronta respuesta.

17.03.2001.

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