MÁS QUE SOBERBIA HAY SOLVENCIA. MÁS QUE ALARDE, PRUDENCIA.

CRÓNICA.

POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE.

   Tuvieron que pasar muchos domingos para que al fin, en el noveno de ellos, se declarara una señal firme con que evitar la catástrofe. El tono iba ya de la mediocridad a la pesadumbre más terrible. Salvo chispazos aislados que luego terminaban en el olvido, Juan Pablo Llaguno vino a poner una bocanada de esperanza a esta temporada que parecía irse ya por los abismos del desencanto. Su presentación en la plaza capitalina, la “que da y quita” como se decía de ella hace mucho tiempo, era ya un acontecimiento esperado. Diversos capítulos que preceden este hecho, hablan de su ascendente preparación que, desde luego incluyó dos años clave en España, además de mantenerse cerca de las voces de la experiencia, comenzando por su padre, del mismo nombre y apellido, que procurando llevarlo por los caminos más apropiados posibles ha conseguido meterlo por el que parece el más correcto. En su paso que va de la adolescencia a la juventud no puede dejar de ocultar un sello vagamente infantil, que le ayuda en mucho en un punto clave y medular: “caerle bien a la gente”, y eso en muchos, es una gran ventaja a su favor.

 JUAN PABLO LLAGUNO_SERGIO HIDALGO

Disponible septiembre 1°, 2013 en: http://altoromexico.com/2010/index.php?acc=galprod&id=3142- Fotografía: Sergio Hidalgo.

    Más que soberbia hay solvencia. Más que alarde, prudencia ya que no llegó a la “México” despotricando con gritos de “¡Me he de comer el mundo a bocados!” o cosas por el estilo. Pero él se lo come a su manera.

   Pues sí, en efecto, la suya fue una presentación afortunada. Se le percibía desde el paseíllo mismo cuando es público y notorio ese sello de suficiencia. Siempre la cara en alto y el paso firme, liado el capote de paseo con majeza, sello distintivo entre los toreros pero que no abunda por estos tiempos.

   ¿Qué se bebió las tauromaquias antes de tiempo? Puede ser. ¿Qué en su precisa condición de niño prodigio asimiló los más complejos y misteriosos secretos del toreo? Quizá.

   Y es que Juan Pablo es la suma de vertientes que trae atadas con una especie de cordón umbilical. Es heredero de un apellido emblemático: Llaguno lo que significa traer el legado de Antonio y Julián Llaguno González, es decir de San Mateo y Torrecilla, lo que ya es para la historia reciente la afirmación del toreo moderno en este país. Se agrega el hecho de que su padre fuera también novillero y luego matador de toros, castigado por estos en forma dolorosa, al punto de tener que retirarse antes de tiempo.

 XAJAY_01.09.2013_P. de T. MÉXICO

Fuente: El Programa taurino. Año 27, N° 920, del 1° de septiembre de 2013, páginas centrales. Llama la atención que las imágenes de este encierro no hayan sido divulgadas de manera normal en ninguno de los portales de internet. ¿Se deberá al hecho de que no querían causar escándalo por la falta de trapío y por lo justitos en edad?

    Eso sí, con un ganado que parecía no proceder de Xajay, ganadería que nos tiene acostumbrados a otros parámetros, estos seis eran un conjunto de novillos justitos en presentación, de lidia varia y de bravura escasa, lo que vino a ser un factor en contra para el desarrollo de la novillada, ese festejo cuyo cúmulo de detalles siempre resulta ser más atractivo por su contenido que un festejo de corrida grande, por ejemplo, sin hacer menos la ocasión en que los “maestros” se disponen dictar “cátedra”.

   Lo que vimos en Juan Pablo fue un sello diferente, aprovechando con rara inteligencia hasta esos tiempos muertos lo mismo para torear por la cara que rematar por la cara, dos expresiones que aunque parecidas tienen un efecto distinto en el desarrollo de la faena. Bien, muy bien con el capotillo, desplegándolo con solera que de inmediato dispersó olor de torería. Llamó la atención un detalle que quizá para muchos paso desapercibido. Juan Pablo estuvo muy atento en el momento en que se desarrollaba el tercio de banderillas (cosa que sucedió en sus dos ejemplares), al punto de que en su primero, desbordándolo la impaciencia de ver tanto capotazo, él mismo tomó el suyo, y en un-dos-por-tres puso al pupilo de Sordo Madaleno en terreno apropiado para que el banderillero de turno colocara los garapullos. Es decir, Juan Pablo asumió su papel protagónico en esta obra y comenzó a poner orden como todo buen matador lo tiene que hacer, sea o no precisamente director de lidia, aspecto que se ha perdido desde mucho tiempo y que se recupera de vez en vez. Y vino el “cante grande” con la muleta. En general, la actuación entre el tercero y el sexto tuvieron una gran similitud, pues brilló con luz propia ese toreo que le es muy peculiar, matizado de una verticalidad que asombra, de un equilibrio y consumación de los tres tiempos esenciales: citar, templar y mandar, y luego culminar las series con pellizcos de arte, lo mismo para el “desdén”, que ese remate en la jeta del novillo para despedirlo en forma elegante. Con inteligencia supo meterse y hasta consentir a su segundo ejemplar, yéndose ambos a la querencia natural, donde se desarrolló lo más interesante de su puesta en escena. Con detalles así, la faena iba subiendo de tono e interés. De pronto los aires sevillanos, tan a lo “Pepe Luis Vázquez” aparecieron en esa serie de remates de los que vengo hablando y con rumores de San Bernardo, y con los de la Sultana del Norte, con aquello de que también se invocó a “Manolo” Martínez. Con sendos “martinetes” que causaron delirio, no podía rematarse de mejor forma su trasteo, el que también y a lo clásico lo hizo con el “pase de pecho” por uno y otro lado.

 CARTEL_P. de T. MÉXICO_01.09.2013

Para que no se nos olvide y sepamos en algún momento cuál fue el cartel. Será porque Juan Pablo “borró” a sus alternantes…

    Que después del pinchazo, y con algunos pases “del perdón” viniera la estocada, con ligero defecto de colocación, la asistencia, escasa como ha sido común denominador en una plaza de toros “México” que, para evitar semejante escenario, se prefiere tener cerrado el tendido general, en vez de que estos espacios estuviesen a reventar, con eso de la falta de astucia, inteligencia y habilidad publicitaria. Y bien, mientras apuntaba esto, daba tiempo suficiente para que el de Xajay, como ocurrió, y enhilado a las tablas, sellaba su destino en medio de una desgranada ovación de los asistentes que percibieron en aquel momento la agonía y muerte de un valiente, escena que siempre que ocurre levanta un común alarido que se contiene hasta que sucumbe el bravo aquel. Cuando esto ocurría, los que seguían en la plaza, demandaban la oreja, pues luego del pinchazo, todos a no ser que la excepción haya sido el Juez de Plaza, concluíamos que con el segundo y afortunado viaje tendría más que asegurada la justa entrega de una oreja. Pero hete aquí que aquel gran banderillero que fue “Chucho” Morales se despachó con la cuchara grande, otorgando las dos orejas, protestadas desde luego, lo que no hizo “ruido” justo a la hora en que Juan Pablo fue levantado en andas para salir en calidad de héroe para ser paseado por las más cercanas calles del coso de la colonia Nochebuena.

   ¡Lo queremos ver pronto! Ojalá que la empresa no desperdicie tan grande oportunidad para repetirlo a la brevedad. De no ser así, las cosas tienden a enfriarse, a quedar bajo los efectos de aires enrarecidos…

 JUAN PABLO LLAGUNO_JORGE RAÚL NACIF

Disponible septiembre 1°, 2013 en: http://altoromexico.com/2010/index.php?acc=noticiad&id=16795. Fotografía: Jorge Raúl Nacif.

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