DE LA AMENAZA A LAS MUESTRAS DE CARIÑO.

MINIATURAS TAURINAS.

 POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE.

    En 1810 ocurrió el desenlace de un gran anhelo: la independencia. En 1810 comenzó para México un despertar distinto que no trajo consigo, tras la guerra, la estabilidad. Entre muchos pronunciamientos rebeldes, uno fue bandera, consigna que estremeció el enrarecido ambiente: “¡Mueran los gachupines!”

   La xenofobia siempre incurable no fue la excepción en aquellos momentos. El español en cuanto tal fue víctima de una incomprendida razón histórica, desplazada por la pasión que ciega, no se detiene a reflexionar. Es cierto, el poderío hispano encabezado por los Reyes Católicos aspiró desde la consumación de la “guerra de los ocho siglos” (en 1492) a poseer mayores extensiones territoriales -a costa de lo que fuera- para imponerse como primer potencia mundial al revelarse el siglo XVI.

   300 años después buena parte de sus colonias americanas se deslindaron, independizándose; y México fue una de ellas. Con el paso de los años, y ya en el terreno estrictamente taurino, llega a nuestro país en entre 1829 y 1835 el diestro gaditano Bernardo Gaviño, quien supo permearse rápidamente del carácter mexicano al grado de asumir con facilidad el “ser” como entidad. Así, Bernardo acabó mexicanizándose; acabó siendo una pieza del ser mestizo.

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José Francisco Coello Ugalde: Bernardo Gaviño y Rueda: Español que en México hizo del toreo una expresión mestiza durante el siglo XIX. Prólogo: Jorge Gaviño Ambríz. Nuevo León, Universidad Autónoma de Nuevo León, Peña Taurina “El Toreo” y el Centro de Estudios Taurinos de México, A.C. 2012. 453 p. Ils., fots., grabs., grafs., cuadros.

    Para 1851, dueño de importante hegemonía y popularidad, enfrenta el arribo de dos toreros españoles: “El Chiclanero” y “el Cúchares” que así se hacían llamar Francisco Torregosa y Antonio Duarte, quienes independientemente de todo eran un par de advenedizos. Ambos actúan bajo la novedad y la expectación en la plaza del PASEO NUEVO. Sin embargo, Gaviño promueve una movilización popular que termina en un pronunciamiento similar al de 1810: “¡Mueran los gachupines!” con un solo propósito: no verse afectado en su control feudal. Y los gachupines tuvieron que poner pies en polvorosa y ya no volvió a saberse más de ellos.

   Muerto don Bernardo el 11 de febrero de 1886, luego de cubrir una trayectoria profesional de 51 años, uno de sus discípulos, Ponciano Díaz contribuye participando en la corrida a beneficio de los deudos del Patriarca, efectuada el 25 de abril siguiente en la plaza de toros de El Huizachal. Los ánimos estaban caldeados y ¡cómo estarían!, que en los momentos de mayor emotividad el grito de: “¡Mueran los gachupines!” estremeció a la plaza toda. Ponciano significaba el modelo de nacionalismo, confundido muchas veces con el de la patriotería. Pero era, al fin y al cabo la fuente taurina esencial que heredó y proyectó todos aquellos valores que significaron el enfrentamiento taurino de aquellas generaciones como un afán de resolver el eterno dilema de nuestro destino.

   Gaviño, español y mexicano al mismo tiempo. Ponciano, mexicano puro que hizo suya la experiencia española con aplicaciones orgullosamente nacionales. Pero ambos, mestizos profundos que supieron valorar y estimar el significado esplendoroso que fue el toreo en el siglo XIX.

   Al desaparecer ese grito amenazador de: “¡Mueran los gachupines!” hoy solo es una frase célebre más, traducida en la plaza con la simpatía de un “¡¡Paisano!!”, grito que lanzado desde los tendidos de sol en la plaza “MÉXICO”, surgido justamente de su corazón: la “Porra Libre”, para convertirse en elogio, en homenaje al último gran torero español consentido de la afición mexicana: el “Niño de la capea”, porque Enrique Ponce y Julián López “El Juli” se encuentran en el proceso de esa rigurosa aceptación o del infamante rechazo, por lo que sólo resta esperar un tiempo, el prudente, para que las pasiones se estabilicen. Y es que ese síntoma se presentó aquella memorable tarde del 4 de mayo de 1986 en la plaza de toros “México”, cuando el torero de Salamanca inmortaliza a “Samurai” de Begoña. Esa tarde, precisamente del tendido se descargó un fuerte “¡¡Paisano!!” como demostración palpable de que comenzaba no sólo una afinidad, sino un síntoma de afectos que pervive hasta hoy.

 SAMURAI

Disponible septiembre 7, 2013 en: http://www.youtube.com/watch?v=HPGdiMsJviw

    Y como dice cierta tonadilla de “La verbena de la paloma”: “…hoy los tiempos se adelantan que es una barbaridad”.

   ¡Qué gran barbaridad!

   Lo que ha cambiado de ayer a hoy un sentido más de las pasiones en la fiesta.

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